Entrevista a Beryl Magoko

Entrevista a Beryl Magoko, directora de la película “Womanhood”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 4 de septiembre de 2019 en el hall del Hotel Evenia Rosselló en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Beryl Magoko, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, a Mercè Amat, por su fantástica labor como traductora, y a Ot Burgaya y Salima Jirari de El Documental del Mes, por su tiempo, generosidad, paciencia y cariño.

Womanhood, de Beryl Magoko

RECUPERAR LA DIGNIDAD.

“La dignidad de la naturaleza humana requiere que enfrentemos las tormentas de la vida”.

Mahatma Gandhi

Beryl Magoko sufrió a los 10 años la MGF (Mutilación Genital Femenina) en el poblado donde vivía en Kenya. Desde entonces, su vida sexual ha sufrido las consecuencias, así como muchos problemas de salud que arrastra desde aquel fatídico día en que le practicaron la ablación. Ahora, muchos años después, convertida en una cineasta afincada en Alemania, coge su cámara y emprende un viaje-búsqueda para encontrarse con otras mujeres africanas que sufrieron en su infancia la ablación para compartir experiencia, dolor y silencio, y también, para recuperar la dignidad perdida, una dignidad que se convierte en el foco de atención de la película, ya desde su título “Womanhood”, feminidad, donde Magoko emprende su propio viaje personal catártico y a tumba abierta para enfrentarse a su dolor, a su pasado y a su presente, ya que se plantea una operación de reconstrucción en la que volverá a recuperar su dignidad como mujer y su vida. Segundo trabajo de la directora en la que explora la ablación, práctica ancestral que han sufrido más de 200 millones de mujeres y niñas en 30 países del África subsahariana, Oriente Medio y Asia, como hizo en The Cut (2012) que recibió varios elogios internacionales.

Magoko nos sumerge en un viaje emocional y muy profundo, en el que se desnuda en todos los sentidos y niveles, abriéndonos su alma e investigando desde todos los puntos de vista posibles todo lo que visible e invisible de la MGF, escuchando a otras víctimas de la práctica, y explorando nuevos caminos de restitución, en un retrato femenino de gran profundidad, mostrándonos un espejo deformador donde las cosas adquieren un significado poético y sincero donde no caben medias tintas ni ningún tipo de sentimentalismo para convencer al espectador, todo se cuenta desde su crudeza, sus terribles consecuencias, desde lo más profundo del alma, sin cortapisas ni filtros, con toda la verdad y honestidad que desprenden las diferentes mujeres y la propia directora que comparten con nosotros su experiencia, su dolor y su vida, mostrándonos una realidad silenciosa y horrible que padecen tantas mujeres.

La directora kenyana habla de ella misma, de su tierra, de sus orígenes, de sus tradiciones, y lo hace desde una sinceridad apabullante, mirándonos de frente, siendo fiel a sus emociones, a todo lo pasado y todo lo que le pasa, describiendo con minuciosidad todas las emociones contradictorias que experimenta durante la película, como ese instante impagable donde el encuentro con su madre en Kenya en la que las dos mujeres hablan a tumba abierta sobre lo ocurrido, donde existía la presión religiosa, cuando es una práctica de iniciación que nació antes de la llegada de la religión, y la presión social, un diálogo entre madre e hija que resume toda la intención de la película, donde tradición y modernidad se mezclan, se funden y dialogan frente a frente, explicándose las ataduras tanto de una y otra en una sociedad tradicionalista, patriarcal y anclada en viejas y sangrientas tradiciones.

Magoko no juzga a nadie, y mucho menos a su madre, explica de manera detallada y visual un relato verbal de recuperar un pasado atroz, enfrentándose a ese dolor, a esa angustia, a esa culpa que acarrean tantas mujeres, cara a cara con aquello que ha condicionado completamente su feminidad, su sexualidad y su identidad, sin huir del dolor, sin intermediaciones, guerreando con lo que duele, con lo que no deja vivir, con esa condena. El documento se emparenta a otras exploraciones materno filiales como Stories We Tell (2012) de Sarah Polley o Amazona de Clare Weiskopf, en la que hijas inquietas, curiosas y llenas de enigmas acuden al reencuentro con las madres en busca de respuestas, de aclaraciones, de reconstruir un pasado oscuro, callado y lleno de enigmas. Womanhood se erige como un documento imprescindible, necesario, valiente y conmovedor sobre la dignidad de la mujer y las herramientas para reconstruir su vida y aquello que le arrebataron siendo niña, convirtiéndose en un retrato íntimo y profundo lleno de aristas, de búsqueda personal, de (des) encuentros que devolverán la vida y la dignidad a una mujer apaleada y violada cuando era niña, en una película catártica que ayuda a dejar de arrastrar el fatídico yunque y empezar a respirar y recuperar lo arrebatado, tanto su feminidad, su vida y su sexualidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a María Antón Cabot

Entrevista a María Antón Cabot, directora de la película “<3”, en el marco del D’A Film Festival, en el Hotel Pultizer en Barcelona, el jueves 2 de mayo de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a María Antón Cabot, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo del D’A Film Festival, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Placer femenino, de Barbara Miller

ROMPER LAS CADENAS.

“No conocemos ninguna religión que no discrimine (…) En ninguna de ellas a la mujer se le ha reconocido su libertad individual”.

Amelia Valcárcel

Deborah Feldman es una estadounidense que creció en el seno de una comunicada judía ortodoxa, obligada a casarse, cuando nació su hijo, rompió con su familia y su religión, y huyó para ser libre y ayudar a otras mujeres oprimidas. Vithika Yadav es una india que nació en el seno del hinduismo, aunque ella pudo casarse por amor, y ahora lucha para concienciar a las mujeres, a no permitir matrimonios forzados, y a los hombres, para que respeten a las mujeres. Leyla Hussein es una somalí criada en una familia musulmana a la que practicaron ablación, ahora, su activismo le ha llevado a ser una voz contra esas prácticas salvajes que mutilan sexualmente a las mujeres. Rokudenashiko es una artista japonesa nacida en una familia sintoísta-budista, aunque ella vive en libertad y protesta con su trabajo a una sociedad que mercantiliza el cuerpo de la mujer y la juzgó por obscena por hacer expresiones artísticas sobre su vagina. Y finalmente, Doris Wagner que creció en una familia protestante-católica de Baviera, ingresó como monja, sufrió abusos sexuales por parte de su superior, y ahora, lucha contra esos abusos e insta a otras a denunciarlos.

Cinco mujeres, cinco relatos, cinco maneras de luchar contra lo establecido, cinco miradas contra la opresión, cinco mujeres contra las formas arcaicas y patriarcales de las diferentes religiones del mundo, cinco dogmas que oprimen y encadenan a las mujeres, a someterlas en pos de Dios. La directora Barbara Miller (Zurich, 1970) dirigió en el 2012 Voces prohibidas, en la que documentaba a tres mujeres que utilizaban internet para denunciar la falta de libertad de expresión en sus países. Ahora, se sumerge en estas cinco mujeres activistas, liberadas y libres que han roto con su pasado, su familia y su religión y han empezado una nueva vida, una vida en la que continúan alzando su voz contra el machismo religioso, contra aquellos que oprimen y someten a las mujeres utilizando la religión como mecanismo. La película sigue su historia, de dónde vienen y hacia adonde van, y lo hace desde su intimidad, desde lo más profundo de su ser, desde sus emociones, y documentando su cotidianidad de lucha, de protesta y de activismo libre y decidido, realizando diferentes acciones, ya sean desde su trabajo o su compromiso social por y para las mujeres, y cómo no, concienciando también a los hombres, y a los más jóvenes, creando con muchísimo esfuerzo caminos diferentes a los establecidos, mirando de formas diferentes y sobre todo, provocando acciones de respeto hacia las mujeres, hacia sus cuerpos, hacia su sexualidad.

Miller explica con honestidad y veracidad la realidad de estas cinco mujeres, registrando los innumerables muros de intransigencia y fascismo que se encuentran diariamente, y todos sus procesos de liberalización que las ha llevado a sufrir amenazas, insultos, y violencia por parte de familiares, amigos y demás afines a la religión que criticaban con dureza, aunque, esos procesos no las han amilanado, las ha hecho más fuertes, más firmes en su decisión y su actividad, dotándola de más importancia y necesidad para alimentar y liberar conciencias encadenadas en la radicalidad y los convencionalismos religiosos, sociales y culturales. La cineasta suiza no construye ningún ejercicio manierista y mucho menos panfletario del problema de la sexualidad femenina en el mundo, sino que nos habla desde la intimidad y la profundidad de estas cinco mujeres que un día dijeron basta y alzaron su voz contra la injusticia religiosa, contra los hombres malvados y contra tantas leyes religiosas patriarcales, que un día se pusieron a caminar en otra dirección, a pensar y sentir para ellas y no para los demás.

Un documento sencillo, veraz y admirable, construido desde la sencillez, desde el alma, desde estas cinco voces femeninas que se pusieron de pie, que reivindican su sexualidad, su libertad y el respeto hacia los demás, que se sigue con intensidad e interés, sin trampa ni cartón, que logra hacernos reír, conmovernos y sobre todo, concienciarnos, haciéndonos reflexionar sobre las estructuras religiosas y su funcionamiento, y cómo no, nos hace mirar a las mujeres de formas muy distintas a las establecidas, mirándolas a sus rostros, a sus cuerpos, a su sexualidad, y su liberalización, tanto como personas como mujeres, sumergiéndonos en sus reivindicaciones, en su continua lucha y en sus armas poderosas, alzados contra todos y todo, contra viento y marea, haciendo de su sexualidad y sus cuerpos una forma de lucha para igualarlos con los de los hombres, reivindicando el mismo trato, las mismas miradas, guiándonos sobre todo a una sociedad justa, solidaria y humanista. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/322816511″>#PLACER FEMENINO Trailer Subtitulado al espa&ntilde;ol</a> from <a href=”https://vimeo.com/filmburo”>Film Bur&oacute;</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Namrud, de Fernando Romero Forsthuber

LA CANCIÓN PROTESTA.

“Huele algo, no es un buen olor. /Huele como a gato muerto. /Lo he buscado, pero no he podido encontrarlo. /No puedo vivir con este olor. /Tienen un plan para mí que tengo que descifrar. Antes de que caven un hoyo y  me tiren dentro”.

Jowan Fafadi es un músico palestino-israelí que tiene como nombre artístico Namrud, término  que  hace  alusión  al  personaje  bíblico  que  construyó  la  Torre  de Babel  donde,  según  el  Génesis,  convivía  en  paz  toda  la  humanidad  antes  de  esparcirse  por  el  mundo cuando  aparecieron  los  idiomas  y  las  etnias. Namrud es un artista que hace música protesta junto a su banda “Fish Samak”, letras de crítica social que aluden directamente a la ocupación y el hostigamiento del gobierno israelí contra el pueblo palestino. Una música que le ha llevado a estar varias veces arrestado y juzgado, pero Namrud  no se amínala y sigue en sus trece, hablando de política y de todo aquello que le sacude de su alrededor con el fin de hacer una tierra mejor para él y los suyos, cantando a sus ancestros, las contradicciones y el no futuro que se respira en la zona, que desde 1948, cuando se declaró el estado de Israel,  y posteriormente en 1967, vive una situación de ocupación por parte del Estado de Israel en su afán de expulsar a todos aquellos diferentes de raza o religión.

La película de Fernando Romero Forsthuber (Sevilla, 1983) que ha crecido en Viena y se ha formado como cineasta en Austria, se estructura en forma de diario íntimo y cotidiano del músico al que seguimos incansablemente en su vida diaria, junto a su hijo adolescente Don. La cámara de Romero no juzga lo que ve, solo filma esa proximidad desde todos los ángulos posibles, sin entrar en ningún momento en el modus viviendi, tanto artístico como personal del músico, si hay respeto y admiración hacia alguien que utiliza la música como protesta y crítica contra el sistema establecido, como vía de comunicación política y social para acceder al pensamiento de la población, para arma de conciencia en una sociedad demasiado acostumbrada al conflicto y la confrontación, unas gentes que viven azotadas diariamente por el invasor israelí, y también, a todos aquellos que aplauden y apoyan esa política de aplastamiento y desaparición contra el pueblo palestino.

Quizás la frase que mejor define el espíritu de este músico underground, y muy famoso en las redes sociales, de actitud rebelde, libre e incomprendido sea la que escuchamos en un momento en la película: “Cuando la mentira es mainstream, la verdad resulta provocativa”. Jowan Safadi, alias Namrud, es un hombre-músico que vive y respira en una tierra ocupada, que años atrás, muchos más, quizás demasiado, vivió otra realidad, como se cuenta en boca de algún familiar mayor del músico, una tierra llena de sangre y muchas heridas, cercada incomprensiblemente, como demuestra el arranque de la película cuando Namrud señala, en los lugares fronterizos, las divisiones creadas y la importancia de nacer en un lado u otro, una circunstancia que modifica toda la existencia de alguien. Safadi habla en sus canciones de cualquier tema político, desde una situación e libertad y generosidad hacia aquellos que sufren o aquellos que no tienen voz, explica realidades cercanas como las políticas sangrientas y fascistas del gobierno israelí, los árabes que fueron entonces y ahora se sienten israelíes y claman a favor de las expulsiones, dispara sin piedad a todos aquellos que defienden las fronteras, divisiones y demás hostilidades de la zona, y a los que olvidaron para sentirse más israelíes y otros que se defienden de los suyos para sentirse más cercanos a los israelíes, actitudes falsas, hipócritas y viles, explicando un pasado que nunca existió y ayudando al invasor.

Safadi tiene que lidiar con un hijo rebelde y vago, un chaval que le ayuda con sus canciones, a escucharlas y opinar sobre ellas, que lo admira, pero también, quiere vivir su propia vida a pesar de su corta edad, con su boxeo y su carácter, además de todo eso, el músico hace música, toca en conciertos, ve a su familia y amigos, rueda videoclips, asiste a manifestaciones de protesta y se implica en su sociedad a todos los niveles, moviéndose bajo unos ideales en los que cree, sentimientos humanistas, un músico que cree en lo que hace y piensa en la música como herramienta necesaria y fundamental para derribar fronteras, tender puentes, aniquilar nacionalidades y construir verdades acercando a los seres humanos, a unos y otros, mirándolos en su interior, sintiéndose cercano a todos ellos, y creyendo que la música puede ser un vehículo admirable y brutal para acabar con tantas diferencias estúpidas y falsas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA