Encuentro con Jaime Rosales

Encuentro con el cineasta Jaime Rosales, con motivo de la presentación de su película “Petra” y del ciclo que le dedica la Filmoteca, junto a Esteve Riambau. El encuentro tuvo lugar el martes 16 octubre de 2018 en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jaime Rosales, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Petra, de Jaime Rosales

LOS LÍMITES QUE NOS IMPONEMOS.

En el cine de Jaime Rosales (Barcelona, 1970) no han nada producto al azar, todo forma parte de una estructura dramática medida y construida para cada película, consiguiendo de esta manera una película diferente cada vez, pero con rasgos definibles y conocidos que vendrían a conformar una mirada contemporánea y profunda sobre la condición humana en procesos dramáticos donde la violencia se convierte en un eje transformador de las existencias de los personajes en cuestión. En su debut, Las horas del día (2003) indagaba en la personalidad de un hombre común de una gran ciudad que asesinaba de forma fría y salvaje, en una mise en scène que aprovechaba el espacio de manera perturbadora, en que alargaba el tempo cinematográfico consiguiendo aterrorizar aún más si cabe al espectador. En su siguiente película, La soledad (2007) construía un juego visual en el que dividía la pantalla en dos, al que llamó Polivisión, en el que volvía a jugar con el espacio y los movimientos de sus personajes, para hablarnos del destino de dos mujeres en una ciudad cualquiera que deben lidiar con un hecho trágico. En Tiro en la cabeza (2008) nos introducía en la piel de unos terroristas de ETA y uno de sus asesinatos, pero vistos desde la distancia con teleobjetivos y prescindiendo del diálogo. Sueño y silencio (2012) en la que se centraba en una familia en el Delta del Ebro que sufrían un accidente que trastocaría toda su vida, supone un paréntesis en su filmografía, una película que devendría en el fin de un recorrido como cineasta, donde su comunión con el público estaba rota y Rosales tuvo que redefinirse como autor y emprender una búsqueda interior. De todo ese proceso nacería dos años después Hermosa juventud, en el que es una reinvención de su estilo, en el que la naturalidad presente se convierte n el centro de la trama, con intérpretes debutantes y equipo joven para hablarnos de las penurias económicas de una pareja que tiene que hacer porno amateur para ganarse la vida.

En Petra, sexto título de su carrera, Rosales parece haberse reencontrando consigo mismo como cineasta, construyendo un relato aristotélico en el que ha ido mucho más allá, empezando por la construcción del guión, en el que ha contado con la veteranía de Michel Gaztambide (habitual del cine de Urbizu) y la juventud de Clara Roquet (coguionista de 10.000 km e incipiente directora de estupendos cortometrajes) una mezcla interesante que ha generado un relato dividido en capítulos desordenados en el tiempo que empiezan con un Dónde conoceremos o sabremos…, como hacía Cervantes en su inmortal El Quijote…, en una trama instalada en la familia, con el pasado y la mentira como ejes centrales, un retrato naturalista, inquietante y fascinante que nos lleva a una trama repleta de mentiras, espacios ocultos y perversos, en que el tiempo hacía delante o hacía atrás consigue sumergirnos en una trama inacabable, llena de falsedades, (des) encuentros entre sus personajes y un relato que se clava en nuestro interior vapuleándonos de manera eficiente y brutal. Porque Rosales nos cuenta historias interesantes, aunque su imprenta autoral podríamos encontrarla en el Cómo lo cuenta, y aquí, consigue esa mezcla estupenda en que nos interesa tanto el qué como el cómo, abriéndonos múltiples puntos de vista en nuestra manera de mirar la película, y recolocando mentalmente las piezas desordenados del guión.

Otro de los elementos de la película que más llaman la atención son sus espacios y su manera de filmarlos, con esos planos secuencia y panorámicas donde no siempre lo que está sucediendo es lo mostrado, sino que Rosales juega con el espacio convirtiéndolo en una herramienta narrativa de gran calado, en la que no sólo nos muestra a sus personajes y sus reacciones, sino el espacio en que los enmarca, que suele decirnos muchas más cosas de las que a simple vista nos muestra, con el acompañamiento musical que incide en todo lo que se muestra o no, y esos espejos que reflejan los estados anímicos de unos personajes entrecruzados en un ambiente perverso de amos y criados. La elección de la película analógica de 35 mm y su cinematógrafo Hélène Louvert (habitual del cine de Marc Recha, y también, de la reciente Lázaro feliz, de Alice Rohrwacher, filmada en 16 mm) pintan la película aprovechando la luz natural y la singularidad de sus espacios rurales, en los que la piedra y la madera están presentes en ellos, una luz fría y natural que contrastan con la oscuridad de las relaciones que allí se cuecen, y también, con esos espacios sombríos de la ciudad. Rosales es un estudioso del espacio y su forma de filmarlos, en el que prevalece la precisión y austeridad, nada que distraiga a los espectadores, construyendo narrativas de extraordinaria limpieza visual,  que constantemente interpelan al espectador en el que todo el interior de los personajes y la soledad que transmiten, acaba teniendo su materialización tanto en el espacio como en la luz que lo baña.

El cineasta barcelonés nos introduce en su película con la Petra de su título, que será ella, desde su mirada, que nos muestra la atmósfera y los personajes que la habitan, Petra es una joven pintora que llega a vivir una residencia con Jaume, un artista mayor consagrado (una llegada que recuerda a la entrada en el piso de la protagonista de La soledad). En esa casa ampurdanesa conocerá a Marisa, la madura esposa de Jaume, y Lucas, el hijo de ambos que también es un artista. En la casa, trabajan Juanjo, el guarda y Teresa, su mujer, y Pau, el hijo de ambos, que tendrán su importancia en los hechos que allí sucederán. Petra ha llegado con la excusa de pintar, pero sobre todo, conocer a Jaume y confesarle que cree que es su padre, entre medias, se tejerán una serie de relaciones difíciles y complejas entre los personajes, en el que Jaume actúa como un maléfico despiadado en el que desprecia a todos y cada uno de los que le rodean, convirtiéndose en una especie de ogro moderno en que su posición y poder lo llevan a aprovecharse de todos. Para más desazón, la violencia emocional y física, harán acto de presencia en la trama, como es habitual en el cine de Rosales, en el que veremos las diferentes reacciones hostiles de los personajes y sus posteriores acciones.

Unos personajes interpretados por un grupo de intérpretes concisos y sobrios, que sienten y mienten más que hablan, donde las miradas y sus gestos lo son todo, encabezados por una magnífica Bárbara Lennie haciendo de Petra, bien acompañada por la sobriedad de Alex Brendemühl (que ya fue el asesino abyecto de Las horas del día) Marisa Paredes como la madre que con sólo una mirada nos introduce en esa relación perversa que mantiene con Jaume, que da vida Joan Botey, debutante reclutado durante el proceso de búsqueda de localizaciones, que hace de ese artista malvado y perverso, capaz de todo, en un estudio interesante sobre el arte y los monstruos que crea, y unos actores de reparto sublimes como Oriol Pla, ese hijo que nunca tuvo Jaume, en un personaje sociable que aguarda su momento, Carme Pla en un breve pero brutal caracterización de esa mujer condenada a la perversidad de Jaume, Petra Martínez (que estaba en La soledad) como la madre de Lennie, con su secreto bien guardado, y por último, Chema del Barco como el guarda callado y ejemplar que advierte a Petra del carácter de Jaume.

El cineasta catalán comparte cuestiones formales y argumentales con el universo de  Almodóvar en su faceta más negra y laberínticos pasados familiares, cercanos al folletín, pero tratados de forma y fondo antagónicos a ese género popular, con una mirada sobria y alejada de sentimentalismos, con la serenidad del cineasta interesado en las relaciones humanas y la tragedia que a veces esconden,  pero filmados de manera diferente, y con un humor tratado de maneras distintas, con el aroma de la violencia rural al estilo de Furtivos, de Borau o Pascual Duarte, tanto la novela de Cela como la película de Ricardo Franco, con rasgos del cine de Haneke o Von Trier, en esos personajes malvados y abyectos, en que la violencia forma parte de su realidad más cotidiana e inmediata, la sobriedad de clásicos como Ozu o Bresson, que ya conocíamos en otras películas de Rosales, en un relato oscuro y terrorífico en el que nos habla de identidades, de búsquedas, de familia, y mentiras, en el que todos y cada uno de los personajes, se mueve siguiendo en ocasiones sus más bajos instintos, luchando encarnizadamente con sus emociones y sus conflictos internos, en una trama perversa y maléfica, que nos inquietará y agradará por partes iguales, y no nos dejará en absoluto indiferentes.

Entrevista a Antonio Chavarrías

Entrevista a Antonio Chavarrías, director de “El elegido”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 31 de agosto de 2016, en el vestíbulo de los Cines Verdi de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Antonio Chavarrías, por su tiempo, generosidad y simpatía, y a Sandra Ejarque de Vasaver, por su paciencia, amabilidad, y cariño, que además, tuvo el detalle de tomar la fotografía que encabeza la publicación.

El elegido, de Antonio Chavarrías

CnPpQC5XgAAB9CvUN DÍA DE AGOSTO DE 1940.

Mientras en Europa y otras partes del mundo se libraba la Segunda Guerra Mundial ocasionando destrucción y muerte, en el seno del comunismo se estaba librando la mayor de las batallas, la de Stalin contra Trotsky, los dos líderes de la revolución bolchevique, junto a Lenin,  chocaban por sus formas opuestas de entender la izquierda, tanto política como ideológicamente, situación que llevó a Trostky a esconderse a partir de 1929, primero en la Unión soviética, y posteriormente en Turquía, Francia, hasta su llegada en enero de 1937 a México, único país que lo acogió. Allí, continuó su durísima oposición a la política de terror y muerte de Stalin, promoviendo actividades, encuentros, textos y conferencias en contra del liderazgo del hombre que consideraba un traidor al movimiento revolucionario y a la patria. En el país centroamericano Trotsky sufrió dos intentos de asesinato, el primero, en mayo de 1940, los secuaces enviados por Stalin no consiguieron su objetivo, el segundo, perpetrado el día 21 de agosto de 1940 si consiguió su macabro fin, acabar con su vida asestándole un gran golpe en la cabeza con un piolet. El autor de semejante atrocidad fue un joven catalán idealista que fue captado por los servicios secretos de Stalin durante la guerra, su nombre Ramón Mercader.

CrC_0RQXEAAbPxJ

La película arranca con imágenes de archivo en la que nos colocan sobre la pista de Trotsky y el contexto histórico que vivió. Se inicia en 1937 en uno de los frentes en plena Guerra Civil en el que conocemos a Mercader, su reclutamiento por un agente soviético y su propia madre, Caridad, e inmediatamente llevado a la Unión soviética y adiestrado para convertirse en Jacques Monard, un belga adinerado con la misión de acabar con la vida del dirigente soviético opositor. El director Antonio Chavarrías (1956, Hospitalet de Llobregat) que lleva desde finales de los ochenta explorando las complejidades y oscuridad humanas a través de relatos de corte policiaco en el que somete a sus personajes en laberintos morales y emocionales, sumergiéndolos en situaciones límite en el que deben enfrentarse a sí mismos, y a los que le rodean. Ahí están títulos como Susanna, Volverás, Las vidas de Celia o Dictado, amén de su carrera como productor en el que ha levantado proyectos de autores tan interesantes como Jordi Cadena, Judith Colell, Agustí Villaronga o Marc Recha, obras de cariz internacional como las dos primeras cintas de Claudia Llosa, documentales, incluso películas de corte más comercial. Un cineasta outsider, de raza, inquieto, con vocación de contar historias emocionantes que provoquen inquietudes morales  a los espectadores, a los que coloca en posiciones difíciles.

56422885c89dd

Del asesinato de Trotsky conocíamos dos películas, la de Losey en 1972 con Delon y Burton, en que se ofrecía un retrato caricaturesco de Trotsky y superficial de Mercader, y el documental Asaltar los cielos, de López-Linares y Rioyo, un ejercicio potente y veraz que se veía con gran interés. La película de Chavarrías da una vuelta de tuerca a lo que ya sabíamos, posándose en la mirada de Mercader, investigando su espíritu y humanidad, y la complejidad que tenía, en una cinta que filma uno de los magnicidios más importantes de la historia, que no sólo marcaron el devenir político a nivel mundial, sino el de la Unión Soviética, en su película más ambiciosa tanto artística como económicamente. El director catalán maneja su película con clase, precisión e intuición, envolviéndonos en un intenso drama de gran complejidad, en el que nos va contando la captura y adiestramiento de Mercader de forma reposada y tranquila. La película tiene la textura de los títulos clásicos, aquellos que se rodaron en plena guerra o inmediatamente posterior, como Casablanca, El ministerio del miedo, Encadenados, Berlín express u Operación Cicerón… relatos de espías, de intrigas, de política, de miedo, de poder, de tramas enrevesadas, y de amores apasionados, todo contado desde una perspectiva desde el aroma policíaco con aire de romanticismo, en el que vemos lugares elegantes, automóviles de otra época, trajes cruzados beige con chaleco, sombreros claros y vestidos de seda, por el que deambulaban misteriosos personajes como agentes en cubierto, policías corruptos, femme fatales, y hombres solitarios a la caza de algún tesoro. Chavarrías construye la película de forma elegante, en el que descubrimos la naturaleza de Ramón Mercader, su juventud idealista de comunista acaba, manejado por su propia madre y los implacables servicios secretos soviéticos, convirtiéndose en un espía informador, para acabar cometiendo un asesinato a favor de no se sabe que causa, y porque motivo.

el-elegido-la-historia-del-espanol-que-asesino-a-trotsky

El cineasta barcelonés mantiene el pulso narrativo, introduciendo pacientemente los diferentes personajes que pululan por la historia, dotándolos de riqueza dramática aunque tengan poco recorrido, uno de sus mejores logros, y consigue mantener firme la mirada de los espectadores, a pesar de que conozcamos la resolución del caso, aquí la cuestión es otra, conocer y vivir la experiencia que vivió Mercader, sus dudas e inquietudes, descubrir el personaje que se inventó e hizo creible ante los demás, como la maravillosa secuencia con el General soviético, en que éste le explica que la verdad o realidad sólo son percepciones subjetivas de cada uno, y a partir de eso, se puede contar lo que se quiera, manteniéndote firme en el discurso. La poderosa luz de Guillermo Granillo (colaborador de Ripstein) que ha trabajado en las cuatro últimas películas de Chavarrías, que se mueve entre la naturalidad de los múltiples exteriores que tiene la película, en el caso de los interiores maneja una luz seca y áspera, mezclada con esa luz acogedora de los momentos que comparten Mercader con su enamorada Sylvia.

El_elegido_Los

Una película de ritmo preciso que inquieta en los detalles, que nos va sujetando con suavidad, despacio, sin prisas, que se detiene a contar todo lo que va ocurriendo, las diferentes tramas y giros que se cruzan en la cinta, con un magnífico reparto en el que destaca su pareja protagonista, el mexicano Alfonso Herrera (con cierta retirada a un primerizo Banderas) que nos sitúa la bondad y la fiera de su Mercader, y Hannah Murray, encarnando a la inocente Sylvia, secretaria de Trotsky, perdidamente enamorada de Mercader, que se mueve entre su apariencia frágil y un carácter poderoso, dando vida a aquellas mujeres idealistas que recorrían medio mundo y parte del otro para seguir sus convicciones políticas, y unos secundarios de gran calibre, los siempre interesantes Elvira Mínguez como la madre nodriza, o Roger Casamajor, el capitán Vidal, que tiene uno de los mejores momentos cuando en México le explica en la negrura que se han convertido aquellos ideales de juventud, el competente Julian Sands como Kotov el obediente e inquietante agente, y los veteranos Henry Godman como el viejo comunista y Emilio Echevarría dando vida al competente Coronel Salazar. Una película sobre la fragilidad de los ideales, de cómo unas buenas ideas pueden llegar a convertirse en la mayor de las maldades, la manipulación de los individuos, las garras del poder, y sobre todo, las complejas relaciones humanas en contextos sumamente dificiles y enquistados, sobre las identidades, la mentira, en perder quién eres y convertirte en otro, sólo por unos ideales contaminados al servicio de unos intereses personales para fines turbios y oscuros.


<p><a href=”https://vimeo.com/166943094″>TheChosen_TRL_VOSE_ProresHQ_24fps_st</a&gt; from <a href=”https://vimeo.com/oberoncine”>Oberon Cinematografica</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>