Oro, de Agustín Díaz Yanes

GRUPO SALVAJE.

“Somos lo que perseguimos”.

El arranque de la película resulta espectacular, nos encontramos en La Indias, hacia 1538, un soldado del rey, Martín Dávila, tumbado boca abajo alza la cabeza y se incorpora espada en mano, caminando entre un montón de cadáveres sanguinolentos y apestados de moscas en mitad de la selva. En un instante, uno de los indios supervivientes se levanta y el soldado le arremete con la empuñadura en la cabeza dejándolo tieso, sigue caminando y ayuda a levantarse a Doña Ana, mujer bien parecida que tendrá que sacar su fuerza para no dejarse amilanar, ni por nadie ni por su marido Gonzalo, un viejo soldado, cansado y venido a menos que encabeza esta expedición de unos 40 hombres y dos mujeres, enfrentados a las duras condiciones del entorno, el tremendo calor y humedad, los animales salvajes y tribus hostiles y caníbales, y minados por las fiebres. Todo ello con la única ilusión de hallar la ciudad de oro, esa ciudad de la que todos hablan pero nadie ha visto. Hombres duros, arrogantes y crueles, divididos por absurdas rencillas territoriales, y azotados por el hambre y la pobreza,  se embarcaban al nuevo mundo en busca de riqueza y prosperidad, toda aquella que se les negaba en España.

El quinto trabajo de Agustín Díaz Yanes “Tano” (Madrid, 1950) es una película de aventuras, de hechuras históricas, que recoge aquellas expediciones lunáticas que tantos hombres emprendieron allá por el siglo XVI por tierras salvajes, desconocidas y paradisíacas. Tano envuelve su relato en un ambiente malsano y muy oscuro, lleno de tipos que traicionan, mienten y matan sin ningún escrúpulo llegados al caso, un grupo salvaje de muy señor mío, muy en la línea del cine de Tano, como aquellos viles y canallas asesinos de Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto, o los ambientes miserables de aquellos ángeles que salvaban vidas machacadas de almas en pena en Sin noticias de Dios, o todos los soldados de baja estofa que pululaban por Alatriste, y no menos que aquellas mujeres huidas y el vil asesino de Sólo quiero caminar, ambientes desolados, míseros, donde se mueven gentuza de mal vivir, aunque Tano, consigue abrir algo de luz ante tanta oscuridad, y alguno que otro de sus personajes vislumbra algo de humanidad, aunque claro está, sea mínima, pero en ese paisaje inmundo, ya es mucho.

En Oro (basada en una historia del prolífico y exitoso Arturo Pérez-Reverte, llevado al cine en numerosas ocasiones, que Tano ya adaptó la mencionada Alatriste, y aquí comparten tareas de guionista) encontramos esa mala gente que hablábamos, como el Alférez Gorriamendi, malcarado y robusto vasco que ejerce la ayudantía de un modo represivo, o el sargento Bastuarrés, librado en mil y una batallas, desconfiado y despierto en esta travesía que le ha tocado en suerte o desgracia, o Gonzalo, el jefe venido a menos, que aunque se le pierde el respeto, no duda en agarrotar a todo aquel que hace ademán de rebelión, o el pater dominico que los acompaña, que los ajusticia de un modo partidista y represor. Una historia que escuchamos a través de las reflexiones y comentarios del Licenciado Ulzama, el escribiente del Rey que escribe en su diario todo lo que acontece y la distribución de ese ansiado “Oro” en el momento que den con él. Una película robusta, detallista y espectacular, pero no con ese aire de este tipo de producciones envueltas en caballeros atractivos que espada en mano salvan a la susodicha de turno y encabezan esas expediciones donde prevalece el bien sobre el mal. Aquí, no hay nada de eso, estamos en la parte de atrás de la aventura soñada, el sol abrasa, y las ropas se manchan y son pestilentes, las armaduras gastadas y pesadas, nos encontramos con mugre, barro y sangre, y todo se desata de forma miserable y triste, no hay heroísmo ni recompensan, los soldados actúan según su instintos y circunstancias, lo que ayer era de una manera, ahora ha cambiado.

Tano construye su película a través de un ritmo cadente, quizás alguna parte cae en el ensimismamiento y el ritmo decae, en el que todo puede pasar o no, donde la desconfianza se apodera del grupo, y no sólo por los peligros del entorno donde se encuentran, sino también, por otros que los siguen, como el grupo enviado por el Rey, que los acusa de rebelión,  o entre ellos, donde todos esperan su oportunidad de arrebatar la vida al que tienen al lado, porque así habrá más oro y menos a repartir. El director madrileño se toma su tiempo y se adentra en las entrañas de cada uno de ellos, movidos por instintos salvajes, corrompidos de ambición desmedida, en una gente de existencia durísima que no tienen inconveniente en echar mano a la muerte para sobrevivir y seguir ansiando esa riqueza que pronto encontrarán. La película sigue esas 60 jornadas, uno arriba otro abajo, donde somos testigos de todo aquello que les va ocurriendo, y con todo ello, sea humano o animal, o las dos cosas a la vez, que se van encontrando y enfrentando a muerte, en una suerte de eliminación sistemática de haber quién es más fuerte y sobre todo, quién resiste mejor en esas durísimas condiciones de vida.

Una película que nos devuelve la parte o partes más oscuras de nuestra historia pasada, lo que fuimos y lo que somos, nuestra idiosincrasia más característica, nuestras viejas rencillas que siguen manteniéndose en la actualidad, tanto de territorios, de aspectos y formas de vida. Una trama en la que se mezcla aventuras, thriller, terror, tragedia y también, porque no decirlo, alguna que otra historia de amor, pero debido a las circunstancias son de otra pasta como ocultas, mentidas, acosadas, algunas consentidas y otras, no, burdas, peligrosas y salvajes. Un grandísimo despliegue magnífico de producción con Enrique López Lavigne en la producción, donde podemos encontrar a grandes técnicos de nuestro cine como Paco Femenía en labores de cinematografía, Javier Fernández en arte, o Marta Velasco en montaje, por citar sólo algunos, y el larguísimo y excelente equipo artístico encabezado por Raúl Arévalo, Barbara Lennie, José coronado, Óscar Jaenada, Luis callejo, Antonio Dechent, Anna castillo, Andrés Gertrudix y el veterano José Manuel Cervino, entre muchos otros. Un relato negro y muy oscuro, con el asombra y la miseria de las pinturas de Zurbarán y Goya, o los ambientes de Valle-Inclán y Baroja, o las almas sucias de los desheredados y machacados pistoleros de Peckinpah o el Wayne y sus ayudantes en los ríos de Hawks, y aquellos profesionales perdidos de Brooks, con esa música flamenca, de alma rota, grito pelao, y zapateado mudo, que evoca más como un grito de desesperación que de rabia.

Una aventura sobre la soledad, la locura, y la perdición de los hombres y la maldad que nos enfrenta que, recuerda a otras epopeyas sobre conquistadores o no españoles como Aguirre, la cólera de Dios, de Herzog, filmada en 1972, quizás la película más conseguida y arrebatadora sobre la andadura de Lope de Aguirre, que también era uno de los personajes en El Dorado, dirigida por Carlos Saura en 1988, que durante mucho tiempo se convirtió en la película más cara del cine español, aunque los resultados no fueron los esperados, o incluso, Cabeza de Vaca, de Nicolás Echevarría, protagonizada por Juan Diego (que en Oro se reserva un papel, como un viejo soldado cansado de todo que se ha refugiado en un poblado indio como la parte noble del Coronel Kurtz, sí es que la tiene éste último), todos ellos conquistadores, brutales, fuertes, ambiciosos, hipnotizados por las riquezas que ansían encontrar, y agitados por esa locura enfermiza, y movidos por una vanidad desmedida que los acaba enfrentado a todos, y sobre todo, a ellos mismos. Tano ha hecho una película muy arraigada a nuestra naturaleza, llena de miserias y lodo, donde también hay tiempo para la esperanza, aunque sea mínima y casi no se vea, pero dentro de ese caos de vileza y muerte, siempre hay espacio para la ilusión y la humanidad.

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Encuentro con David Arratibel

Encuentro con David Arratibel, director de “Converso”, junto a Carlos Losilla, en el marco del D’A Film Festival. El acto tuvo lugar el jueves 4 de mayo de 2017 en Sala Raval del CCCB en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a David Arratibel, por su tiempo, conocimiento, y generosidad, a Eva Calleja de Prismaideas y Pablo Caballero de Márgenes Distribución, por su organización, generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.

Colossal, de Nacho Vigalondo

LOS MONSTRUOS QUE NOS AMENAZAN.

El cineasta Nacho Vigalondo (Cabezón de la sal, 1977) irrumpió en el año 2005 con 7:35 de la mañana, una pieza de 8 minutos que mezclaba con acierto el thriller de psicópatas con el musical, en un trabajo que le valió una nominación a los Oscar. Y esa mezcla de géneros en apariencia antagónicos y difíciles de casar, se han convertido en sus señas de identidad en su cine. En su debut, en el 2007, con Los cronocrímenes, suerte de ciencia ficción, con viajes en el tiempo y mundos paralelos incluidos, introducía en el relato lo romántico, en el que el amor se convertía en un estimulo emocionante para sus personajes. En su segundo largo, Extraterrestre (2011), lo romántico, pues se centraba en una pareja que no se conocía, pero amanecían en la misma cama, y se enfrentaban a una invasión extraterrestre, los alienígenas aparecían en su cine de forma doméstica, vistos desde la televisión, invisibles y amenazantes, en una situación localizada en pocos espacios y cinco personajes, y finalmente, Open Windows (2014), donde las nuevas tecnologías y lo romántico, se fundían en un viaje psicodélico entre el mundo virtual que se apoderaba de una realidad cambiante y perturbadora.

Ahora, nos presenta Colossal, en la que Vigalondo sigue mezclando géneros, y lo hace desde la cotidianidad, desde lo doméstico, en el que unos personajes, más perdidos que nunca, se ven enfrentados a algo que los traspasa y sobre todo, no saben qué hacer, y menos cómo reaccionar. La cinta se centra en Gloria (estupenda Anne Hathaway) de vida estancada, sin trabajo y sin futuro, a la que acaba de abandonar su novio, y ella, para renacer de sus cenizas, vuelve a su hogar, lejos de New York. Allí, en el lugar que la vio crecer, se reencuentra con una casa vacía, sin trabajo y con un compañero de colegio, Oscar (Jason Sudeikis, magnífico antagonista) que le dará trabajo y apoyo emocional. Lo que aparentemente se decanta por la historia romántica con hechuras de cine independiente, con vidas perdidas y ambientes de pueblo, de la mano de Vigalondo dará una vuelta de tuerca, en un ejercicio de funambulista sin red, en una película que conectará mundos en las antípodas, como son las películas indies de tipo social con aires de romanticismo, en el que la estructura parece ajustarse a lo tradicional, con las películas de monstruos Kaiju japonesas, donde una amenaza estratosférica resurge del pasado para destrozar a todo bicho viviente.

El director cántabro casa de manera sencilla y potente estos elementos de difícil comunión, y lo hace de forma contundente, a través de la televisión y las redes sociales, primero, como ocurría en Extraterrestre (con la que tiene bastantes puntos de enlace) para luego entrar en la acción, porque esos ataques del monstruo en la lejana Seúl, acaban teniendo repercusión en las vidas de Gloria y Oscar. Las largas noches de borrachera con amigos acaban siendo el quid de la cuestión de esta cinta de tensión psicológica in crescendo, donde Vigalondo rompe las barreras de los géneros, como tanto le gusta hacer en su cine, para adentrarse en el interior de sus criaturas, en ese subconsciente que nos atrapa de forma vertiginosa y saca lo mejor o peor de cada uno, todo aquello que guardamos y nos duele, aquello que no queremos que los demás no vean en nosotros, y que al fin y al cabo, nos define como personas, y nos hace enfrentarnos a nuestros miedos y monstruos interiores. La película de Vigalondo más ambiciosa, tanto a nivel de producción como de planteamientos artísticos, con días de rodaje en Toronto y Seúl, se mueve a ritmo de crucero, en la que sus personajes no se paran a pensar, donde no cejan de actuar y moverse, sumergiéndose en un mundo cada vez más profundo y oscuro.

Gloria, su protagonista, que volvía a sus orígenes para reencontrarse a sí misma y encauzar su vida, tendrá su oportunidad de reconducir su existencia, haciendo algo necesario, y no sólo para salvarse a ella, sino para salvar a la humanidad, quizás esta gran misión a la que se ve condenada es de órdago, Gloria sabrá sacar su energía y fuerza femeninas para imponerse en un mundo enteramente masculino (aunque las mujeres en el cine de Vigalondo se tenían su espacio importante, es aquí, como novedad en sus películas,  donde adquieren dimensiones francamente importantes y protagonistas absolutas). Nos encontramos ante una película sumamente interesante, novedosa y peculiar, de gran factura técnica, realizada con nervio y fuerza, llevándonos a un tour de force entre dos almas perdidas, destrozadas y débiles, en un momento de tránsito o estancamiento personal, pero que tendrán su oportunidad de demostrar de que son capaces, y sacar todo aquello que los destroza y mata, después de eso sí, una noche larga bebiendo y contando batallitas vividas por ahí, de la infancia y no tanto.

Entrevista a Enrique Baró Ubach

Entrevista a Enrique Baró Ubach, director de “La película de nuestra vida”. El encuentro tuvo lugar el jueves 4 de mayo de 2017 en el Teatre CCCB en el marco del D’A Film Festival en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Enrique Baró Ubach,  por su tiempo, generosidad y cariño, a Eva Calleja de Prisamaideas y Pablo Caballero de Margenes, por su amabilidad, paciencia, atención, generosidad y cariño.

Dancing Beethoven, de Arantxa Aguirre

LAS FORMAS DE LA MÚSICA.

“Oh Providencia! Haz aparecer una sola vez ante mis ojos un día de alegría”.

Ludwig Van Beethoven

En un momento de la película, cuando la narradora e hilo conductor Mayla Roman habla con Zubin Mehta, el director de la orquesta, reflexiona sobre si el espectáculo de danza sobre la novena sinfonía de Beethoven podrían ser las formas de la música, aquellas que el genio podría haber imaginado, ya que cuando compuso la obra estaba completamente sordo. Mehta le responde que no lo había pensado, pero que podría ser. La cineasta Arantxa Aguirre (Madrid, 1965) fogueada en equipos de dirección de nombres tan importantes como Berlanga, Patino, Saura, Almodóvar o Camus, y directora de una filmografía dedicada a las artes, entre las que destacan películas sobre el teatro, la música, el cine, y la danza, disciplina esta última que, después de un cortometraje, arrancó con El esfuerzo y el ánimo (2009) en la que reflexionaba sobre el legado de Maurice Béjart (1927 – 2007) sobre su compañía, unos meses después de su muerte, colaboración que se extendió a varios proyectos hasta finalmente la película Dancing Beethoven.

La película abarca todo el proceso creativo de un proyecto inmenso que aglutina dos grandes compañías, la compañía de Maurice Béjart y la compañía de Ballet de Tokyo, acompañados por la Orquesta Filarmoníca de Israel dirigidos por el prestigioso director Zubin Mehta, y la participación de un gran número de extras africanos, un espectáculo sobre la alegría, la esperanza y la fraternidad entre los pueblos, en el que encontramos la esencia y el espíritu de Béjart, bailarín y coreógrafo de gran prestigio, convirtiéndose en un auténtico revolucionario de la danza en el siglo XX, en el que resaltaban propuestas eclécticas, vanguardistas y la utilización de música contemporánea, creando una de las compañías de danza más prestigiosas del mundo compuesta por bailarines de múltiples razas en las que todos convergían en proyectos heterogéneos llenos de diversidad, humanismo y espectacularidad.

Aguirre utiliza un narrador en la figura de la actriz Mayla Roman (que es a la vez testigo desde fuera, y también, desde dentro, ya que sus padres fueron bailarines para Béjart, y ahora coreógrafos en su compañía) para mostrarnos todos los entresijos del espectáculo y sus procesos creativos desde la intimidad, a flor de piel, dejándonos llevar por los cuerpos en movimiento y la música que  acaparan el protagonismo de su película, aunque no se queda sólo ahí, el filme va más allá, y rebusca e interioriza en el alma de cada uno de sus principales participantes, manteniendo diálogos con ellos, en los que se reflexiona sobre la música de Beethoven, sobre su poder, alegría y belleza, y también sobre las ideas de humanidad y fraternidad del trabajo de Béjart,  sobre la capacidad del arte para combatir un mundo siniestro, vacío y horrible, y las vidas personales de sus integrantes, como influyen en su trabajo y en los conflictos interiores a los que tienen que enfrentarse en un trabajo tan exigente, pero tan gratificante a nivel humano.

Una película de estructura circular, como la propia idiosincrasia del espectáculo (arrancando en invierno en Lausana, sede de la Compañía de Béjart, siguiendo en primavera en Tokio y así sucesivamente hasta completar el ciclo estacional y vital, finalizando con su estreno)  que se suma a otras propuestas vivas y espectaculares, que también nos invitaron a viajar por los entresijos de los procesos creativos de la danza como La danza, de Frederick Wiseman, sobre el Ballet de la Ópera de París, o Pina, de Wim Wenders, en la que a través de un espectáculo (filmado en 3D) se reflexionaba sobre el legado de la gran Pina Bausch, entre otras. Aguirre ha construido una película sobria y contenida, de exquisita fotografía y encuadres llenos de pasión y belleza, que emana creatividad y esfuerzo, que es un canto, no sólo a la danza y a la música, sino también a la vida, a la energía de los seres humanos para vivir y superarse, a la fuerza de cada uno de nosotros para vivir la vida con todas sus alegría y tristezas, a aquello profundo de nuestra alma, a la inmensa capacidad de creación de todos nosotros, a la energía desbordante que tenemos, y sobre todo, a la inmensa alegría por la vida, el arte y las pequeñas cosas que nos hacen desear seguir hacia adelante a pesar del mundo en el que nos ha tocado vivir.


<p><a href=”https://vimeo.com/201832687″>DANCING BEETHOVEN Trailer Espa&ntilde;ol</a> from <a href=”https://vimeo.com/margenescine”>M&aacute;rgenes</a&gt; on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Imanol Uribe

Entrevista a Imanol Uribe, director de “Lejos del mar”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 31 de agosto de 2016, en el vestíbulo del Hotel Catalunya de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Imanol Uribe, por su tiempo, generosidad y simpatía, y a Eva Calleja de Pismaideas, por su paciencia, amabilidad, y cariño, que además, tuvo el detalle de tomar la fotografía que encabeza la publicación.

Esa sensación, de Juan Cavestany, Julián Génisson y Pablo Hernando

esa_sensacion_52885EL INMENSO VACÍO.

Tres directores: Juan Cavestany (1967, Madrid), autor de las imprescindibles Dispongo de barcos, El señor, Gente en sitios, entre otras, películas de costes muy reducidos que, desarrollan a través de breves secuencias, un compendio de lo absurdo de la existencia y cotidianidad, en el contexto de crisis económica, social y vital. Julián Génisson (1982, Madrid) del colectivo audiovisual Canódromo Abandonado, autor de La tumba de Bruce Lee (que se reserva un breve papel), y finalmente, Pablo Hernando (1986, Vitoria-Gasteiz), autor de los largometrajes Cabás y Berserker (2015). Y tres historias: Un extraño virus se propaga silenciosamente por la ciudad contagiando a los ciudadanos, a los que contagia sin remedio, sometiéndolos a situaciones sin sentido, en las que preguntan y formulan cuestiones sin venir al caso, dejándolos fuera de juego, y además, provocando la estupefacción de sus asombrados acompañantes. En la segunda, un hijo, vendedor de pisos, sigue a su padre que parece perdido sin tener muy claro quién es y qué hacer. Y para terminar, una mujer joven y atractiva tiene relaciones sexuales con todo tipo de objetos que se va encontrando en su camino.

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Tres miradas y tres relatos, tres formas de reflexionar y penetrar en el vacío existencial de la cotidianidad y el absurdo de nuestras vidas, desde un punto de vista irónico y sarcástico, situaciones surrealistas, incluso esperpénticas, de las que vemos cada día, pero siempre manteniendo un tono serio en lo que se cuenta. Historias que se narran de forma paralela, a modo de vidas cruzadas, en la que se opta por miradas y acercamientos diferentes: La del extraño virus, da una vuelta de tuerca más al cine reciente que ha ido haciendo Cavestany, un cine focalizado en las miserías y absurdos humanos, se mantiene fiel a sus antecesoras, pero optando por nuevos caminos, mantiene algunas de sus características, eso sí, como las abundantes localizaciones, o las tomas largas, mantiene un tono cercano y transparente, produciendo situaciones incomódas y esperpénticas, y una gran variedad de vaiopintos personajes que abarcan todas las clases de condiciones sociales y carácteres, sigue provocándonos mucha extrañeza y absurdidad, y penetra de modo salvaje, aún más si cabe, en la profunda herida de la desorientación de los ciudadanos. Continuando con la del hijo que intrigado por la actitud extraña de su padre, lo sigue por las calles y lo espía, un relato que nos habla de la fe, del descubrimiento de la fe católica por parte del padre, y el hijo, atónito por el hecho, no cesa de preguntar, buscando respuestas  pero es incapaz de  encontrar la manera de entender. Quizás, padre e hijo, se parecen mucho más de lo que uno u otro desearían. Un relato contado a modo de thriller urbano, con una cámara que funciona como testigo accidental a todo aquello que está sucediendo.

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Y para redondear la función, la de la chica enamorada de objetos, compuesta sólo por acciones, prescindiendo de diálogos, apoyada en una cámara pegada a su personaje, que sigue sin cesar a un personaje ávido de deseo que huye de un pasado que quiere olvidar, describiendo esas zonas oscuras que despiertan nuestro deseo, protagonizada por una actriz en estado de gracia, Lorena Iglesias, que mantiene de forma ejemplar la curiosa desviación sexual de su personaje, dotándolo de humanidad y extrañeza, y haciendo creíbles las situaciones con sólo gestos y miradas. Una cinta que demuestra la capacidad de nuestros creadores, que suplen la falta de medios, con una inagotable energía de talento y sabiduría, para seguir produciendo películas que hablen de los tiempos de ahora, desde miradas y puntos de vista diferentes, que actúa a modo de resistencia contra la corriente generalizada tan vacía y superficial. Cavestany, Génisson y Hernando han construido una película de ahora, contada de forma irónica y muy ácida, en la que ponen el dedo en la llaga en esa inmensa vacuidad instalada en todos nosotros, esa falta de rumbo y valores que se han perdido debido a la crisis. Una obra de nuestro tiempo, demoledora, y sin adornos, que habla de personas como nosotros, seres vacíos que no se encuentran a sí mismos, ni a los demás, que no saben adónde ir ni que hacer, individuos solitarios, faltos de vida, que deambulan como fantasmas por ciudades cada vez más extrañas y automatizadas, en un mundo caótico, materialista y falto de valores.