Caso Murer, el carnicero de Vilnius, de Christian Frosch

VÍCTIMAS Y CULPABLES.

“Pero tal vez el aspecto más llamativo y aterrador es el vicio de tratar los hechos como si fuesen meras opiniones. Por ejemplo, a la pregunta de quien empezó la última guerra (sin que sea un asunto de debate) es contestada con una variedad de sorprendentes opiniones.”

Hannah Arendt

No deja lugar a dudas, que cuando nos hablan de juicios contra los nazis, a todos nos viene a la memoria el celebrado en Núremberg entre noviembre de 1945 a octubre de 1946, proceso que se realizó contra la plana mayor de la jerarquía nazi, nombres como los de Göring, Hess, Ribbentrop, Keitel, Dönitz, Raeder, Schirach y Sauckel fueron llevados delante de un juez internacional para responder por sus crímenes contra la humanidad. Hubieron muchos más, a lo largo y ancho del mundo, donde los nazis, algunos camuflados entre la sociedad, eran descubiertos y puestos a disposición judicial. Aunque, quizás uno de los casos más flagrantes fue el protagonizado por Franz Murer, uno de los oficiales de las SS, jefe del gueto de Vilnius, en Lituania, por entonces, convertido en el centro espiritual de la cultura judía en la Europa del Este, lugar que se caracterizó por su extrema crueldad, ya que de las 80000 personas que vivían en el, solo sobrevivieron unas 600. Murer cumplió condena en la Unión Soviética, aunque muchos años menos de los que fue condenado. A su vuelta a su Austria natal en 1955, se refugió en un pueblo como uno más, como si nada hubiera pasado, aunque Simon Wiesenthal, el afamado cazador de nazis, lo descubrió por casualidad, y debido a la presión internacional, por fin pudo ser llevado a juicio en 1963, en la ciudad austriaca de Graz.

El director Christian Frosch (Waidhofen an der Thaya, Estado de Baja Austria, 1966) construye una ficción con apariencia de documento, en el que retrata no sólo aquel juicio contra Murer, que duró 10 días, sino todo aquello que lo envolvió, en un fascinante thriller político, donde no deja títere con cabeza, y reflexiona sobre la necesidad de verdad y justicia enfrentada a los intereses politizados de los gobiernos de turno, en que la actitud roñosa e injusta del gobierno austriaco, más preocupado de la imagen contraria del juicio y de pasar página a la que quizás ha sido la parte más negra de su historia, olvida a las víctimas, y no solo eso, sino que las desaprueba, y las deja desamparadas, convirtiendo el proceso judicial en una farsa, una pantomima donde el aparato estatal funciona para limpiar su imagen histórica catastrófica en pos a los nazis, y dejarlos sin el debido castigo por tantos horrores cometidos. Frosch emplaza su larga película, 137 minutos, a la sala de juicio, donde somos testigos de todo lo que allí sucede, pero no se queda ahí, también, coge su cámara para filmar las triquiñuelas e intereses del poder para desviar la atención del proceso y evidenciar la idea de romper con el pasado, haciendo injusticia y falsedad.

Aunque la película va más allá, dejándonos conocer la estrategia judía, donde Wiesenthal contacta con dos periodistas judíos que seguirán de cerca todo el juicio. También, veremos la intimidad de Murer, con su abogado y su mujer y familia, y las diferentes estrategias que siguen para salir indemnes del proceso, así como los trabajos del abogado defensor, y el fiscal y la relación con su mujer, y los diferentes puntos de vista de todos los personajes, que alimentan la complejidad y el contexto histórico de la película, convirtiéndola no sólo en un documento histórico sobre el caso más injusto de la historia de Austria, sino que también, nos habla de nuestro presente, donde las abominaciones cometidas por los nazis se cuestionan y se faltan a la verdad, intentando reescribir los hechos históricos, y alimentando a la opinión pública sobre la culpabilidad colectiva de los crímenes nazis, queriendo disipar a sus culpables, no individualizando sus casos, poniéndoles nombres y apellidos.

Frosch se ha acompañado de un reparto magnífico, donde destacan las miradas, la sinceridad y naturalidad con la que expresan los diálgos y se mueven en la sala judicial y los demás espacios de la cinta. Destacando la estupenda forma elegida, en la que filma el juicio desde la cercanía, sin tomar partido, sino que los diferentes testigos, y las reacciones del resto, hablen por sí solas, haciendo que los espectadores tomemos partido por lo que estamos escuchando, tomando la distancia justa de los acontecimientos sin dejarse llevar por demasiado emocionalidad, planteando una forma caracterizada por los largos planos secuencias, algunos de 40 minutos, y los cambios constantes de perspectiva, creando una imagen que recuerda a los documentales sobre juicios que tantas veces hemos visto, huyendo eso sí, del efectismo habitual de las producciones de Hollywood, aquí todo se cuenta con extrema frialdad, donde los testigos cuentan las barbaridades cometidas por Murer y los suyos, desgarrándose y reviviendo todo aquel horror que padecieron, hechos que el jerarca nazi se muestra impasible, reaccionando con extrema frialdad a todos esos testimonios, y sobre todo, negándolo todo. A pesar de las evidencias, el gobierno austriaco no permitió que Murer fuese condenado y volvió a su apacible vida en Austria como un granjero más. Aunque la historia, sí que lo condenó, hecho que para las víctimas, las verdaderas, es nulo consuelo.

Razzia, de Nabil Ayouch

LAS REVOLUCIONES ÍNTIMAS.

“Dichoso aquel que puede actuar de acuerdo a sus deseos”

(Proverbio bereber)

La película arranca en las Montañas Atlas en Marruecos en 1982, hablándonos de Abdallah, un maestro rural apasionado e inquieto, que debido a la islamización del gobierno, que viene acompañada de las imposiciones de la lengua y las enseñanzas radicales árabes, tiene que abandonar su pueblo y emigrar a la ciudad huyendo del gobierno. Luego, el discurso de la cinta se traslada a la Casablanca del 2015, en pleno bullicio de esa población joven desamparada e invisible que protesta enérgicamente en las calles debido a su dura situación social. En ese entorno, y con algunos flashbacks donde los dos tiempos se irán explicando, donde entenderemos como el estallido revolucionario de la situación actual, tiene su origen en aquellos primeros años 80 con la radicalidad del gobierno. Nabil Ayouch (París, Francia, 1969) ha construido una interesante filmografía en la que explora de manera crítica la sociedad marroquí, la tierra de sus orígenes, un entorno donde la población sobrevive a pesar de los pesares, centrando su mirada en la intimidad de sus personajes, y su cotidianidad más cercana.

Abrió su carrera con Mektoub (1997) donde ofrecía un brutal retrato de una mujer violada y su posterior estrés postraumático,  en Ali Zaoua, príncipe de Casablanca (2000) explicaba las dificultadas de un puñado de niños que viven en la calle en condiciones infrahumanas y albergan el sueño de viajar a Europa, Los caballos de Dios (2012) se adentraba en un grupo de jóvenes  de los arrabales de Casablanca, en su proceso de radicalización y empujados a un atentado suicida, y en Much Loved (2015) retrataba la durísima cotidianidad de unas prostitutas en Marraquech, película que levantó las iras de los más radicales, incluso agrediendo a una de las protagonistas. Ayouch hace un cine incómodo, un cine político, un cine de preguntas, de personas, de situaciones adversas, de almas castigadas, de seres diferentes, extraños en su propia tierra, seres desfavorecidos, personas que sueñan en un mundo diferente, mejor, un mundo más tolerante, menos fiero, y sobre todo, menos difícil.

En Razzia, en un guión construido con la actriz Maryam Touzani (que interpreta a Salima) como viene siendo habitual en su cine, construye un mosaico coral de varias almas en la ciudad de Casablanca, una ciudad dura, áspera, bulliciosa y ahora, levantada en cólera, en la que nos encontramos a Salima, una mujer atractiva y sensual, que sufre las críticas por su forma de vestir, y además, tiene que soportar la intolerancia de un marido que va de moderno, pero todavía se muestra excesivamente tradicional. También, conoceremos a Hakim, un joven homosexual que sueña con ser músico y vive señalado tanto por su padre como por sus vecinos de la Medina más tradicional y pobre, y a Joe, judío dueño de un restaurante que sufre el antisemitismo de una joven prostituta, e Inés, una adolescente rica, encerrada en una vida vacía, que se mueve entre la modernidad y la tradición, mientras explora su sexualidad. Cuatro almas inquietas, diferentes y llenas de vida, en una sociedad que las persigue, las insulta, las reprueba, y las castiga por ser cómo son, por desviarse del camino correcto o convencional, por soñar con una vida alejada de toda esa radicalidad, intolerancia y violencia.

El cineasta de origen marroquí retrata con detalle y gestualidad a sus cuatro criaturas encerradas en ese agujero negro, en ese microcosmos de una ciudad a la deriva, de un espacio inquietante y radicalizado, un lugar lleno de sombras despechadas, de vidas rotas y sin futuro, en el que estas cuatro almas se convierten en un interesante y ejemplar de esas personas silenciadas, que viven sin vivir, que se mueven como espectros, que cada huyen más de sí mismos, envueltos en esa paranoia intolerante de los más radicales, que quieren un mundo uniforme, sumiso y sin alma. Ayouch penetra con suma delicadeza y sensibilidad en el alma de sus personajes, sumergiendo al espectador en sus miedos e inseguridades, a través de pequeños detalles, de retratarlos sin juzgarlos, de adentrarse en sus caracteres con proximidad pero sin conducirlos, dejándolos libres para que se muestren como son, sin explicarlos en exceso, y detallándolos con sumo cuidado, dejando a los espectadores que saquen sus propias conclusiones y evidencias, envolviendo su relato en esa mayoría silenciosa, que intenta adaptarse a un mundo imposible, sumergido en sus tradiciones deshumanizadas y atentado contra todo aquello que muestra libertad individual y nuevos aires.

Una película magnífica en su forma y fondo, describiéndonos todo ese material humano con pulcritud y sinceridad, llevándonos por las diferentes vidas a lo Altman, donde cada personaje acaba erigiéndose como un tema a tratar, sin caer en lo esquemático, sino en todo lo contrario, buceando con astucia y ritmo en los diferentes vínculos emocionales que los atraen y los separan, pero siempre desde el deseo de contarnos esas almas desde puntos de vista diferentes, extrayendo lo mejor y lo más profundo de cada uno, en el que la película se convierte en un mapa humano de primer orden, en el que Casablanca se convierte en esa ciudad, sólo mágica y exótica en el cine (con esos guiños a la famosa película) porque su realidad más inmediata nos viene a decirnos que la ciudad arde en deseos de cambio, de caminar de otra manera, de romper con lo tradicional y levantarse en una nueva sociedad, más tolerante, más viva y sobre todo, más humana, respetando a todos y cada uno de sus habitantes, sean como sean, y quieran lo que quieran.