Entrevista a Lluís Soler

Entrevista a LLuís Soler, actor en la película “Maleïda 1882”, de Albert Naudín, en  los Cinemes Girona en Barcelona, el lunes 1 de julio de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lluís Soler, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ana Sánchez y Tariq Porter de Trafalgar Comunicació, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a Albert Naudín

Entrevista a Albert Naudín, director de la película “Maleïda 1882”, en los Cinemes Girona en Barcelona, el lunes 1 de julio de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Albert Naudín, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Ana Sánchez y Tariq Porter de Trafalgar Comunicació, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Maleïda 1882, de Albert Naudín

EL POETA, SU TIEMPO Y LA MONTAÑA.

“El cor de l’home és una mar, tot l’univers no l’ompliria”

Jacint Verdaguer

La figura de Jacint Verdaguer (1845-1902) sacerdote y poeta romántico, figura esencial del movimiento literario “Reinaxença” y considerado por muchos el fundador de la literatura moderna, se convierte en el centro de la acción de la película, para detenerse en el verano de 1882, porque durante el mes de julio recorrió solo o en compañía, el poeta recorrió una ruta extensa por el Pirineo catalán con el objetivo de alcanzar la cima del Aneto, conocida por entonces como la montaña más alta de Cataluña, popularmente llamada como la “Maleïda”, un viaje que le inspiró para escribir su poema más conocido Canigó. El director Albert Naudín, de profesión ingeniero y apasionado de la montaña y el alpinismo, y de oficio, cineasta, en el que ya ha dirigido algunas piezas sobre la montaña, su belleza, misterios y secretos, se lanza a sumergirnos en la aventura de Verdaguer construyendo una película hibrido entre la ficción y el documento, en la que nos sumerge en tres tiempos que conviven fusionando.

En el primero, Bernat Gasull, biólogo y escritor, conocedor de la figura y obra de Verdaguer, y autor de dos libros sobre su persona como Les ascencions de Verdaguer al Pirineu  y en el 2015, Maleïda, L’aventura de Jacint Verdaguer a l’Aneto sobre el ascenso del poeta al Aneto, y germen de la película. Gasull adopta la figura de narrador omnipresente, como ocurría en la obra shakesperiana, en el que mientras va recorriendo los lugares de la ruta del poeta nos va explicando la realidad que se vivía en el verano de 1882 y las posteriores vicisitudes históricas que han sufrido el paisaje. En el segundo, asistimos a una ficción en la cual vemos al poeta con sus acompañantes recorriendo los lugares de la montaña y los diferentes pueblos, relacionándose con sus gentes y costumbres, y el tercer tiempo, en que un inmenso y sobrio Lluís Soler interpreta al poeta en 1901, cuando a través de sus versos rememora la peripecia vivida casi veinte años atrás (en un pasaje que recuerda a la estructura de El nombre de la rosa, cuando un anciano Adso de Melk recordaba su aventura años atrás). Las diferentes realidades de aquel tiempo, finales del siglo XIX se mezclan de manera absorbente e hipnótica en este viaje, en esta aventura de alguien de su tiempo, pero contestatario, rebelde y de espíritu libre, que se lanzaba a los caminos a conocer, a visitar in situ su espacio y paisaje que luego plasmaba de forma tan poética y brillante en sus poemas y escritos.

La película nos muestra al hombre que había detrás del poeta, a alguien sencillo, a un ser humano lleno de vida, de experiencias y sabiduría, a alguien que amaba su tierra y sus gentes, y una gran conocedor de su entorno y del carácter humano, de todo aquello que a simple vista se nos escapa, con una inmensa capacidad para el verso y la poética, para ver más allá, para mostrarnos las entrañas de aquello que se nos escapa, de hacernos sentir el latido del paisaje y de la montaña como si viviera en nuestro interior, a alguien apasionado, con unas inmensas ganas de vivir, de mirar y sentir la vida y la naturaleza que lo rodeaba. La película que apenas llega a la hora de metraje, tiene la virtud de condensar una apabullante información, tanto histórica como social, imponiendo un ritmo ágil y ameno, llevándonos de un tiempo a otro, dejándonos tiempo para abrumarnos con la belleza plástica de sus imágenes sobrevolando las montañas y el paisaje bello, angosto y difícil  que se alza ante nosotros, sorprendidos por sus historias, sus huellas del pasado, sus laberínticos caminos, sus enormes dificultades, el riesgo que conllevaba cruzar ciertos caminos y montañas, pasando de la belleza al peligro, dejándonos llevar por este camino a la vera del poeta, del conocedor de las palabras, del alma de la naturaleza y el espíritu de la montaña, complejo y bello a la vez, un órgano majestuoso y peligroso que se alza imponente ante la mirada de Verdaguer y de nosotros, mostrando todo su ser y magnificencia.

Naudín combina de forma natural y estupenda todos los elementos, creando ese espacio de cine, vida, naturaleza y poesía que casa a las mil maravillas, escarbando cada lugar y su memoria de forma íntima y profunda, y seduciéndonos con los momentos con el actor Lluís Soler, donde la película  se eleva con la brillante y sublime presencia del intérprete, construyendo un espacio donde la vida y la poesía se funden de forma magistral, acompañada de esa voz sobria y magnífica con la que va recitando los versos de Verdaguer, mostrándose como un especialista en la materia, dejándonos saciados de sabiduría, tiempo, memoria y esplendor por la belleza de las palabras, y de su inabarcable contenido. Una película que no solo gustará a todos aquellos amantes de la poesía y la literatura de Verdaguer, sino que también maravillará a todos aquellos que aman el cine, la literatura, la aventura, la naturaleza y sobre todo, la capacidad inmensa del lenguaje como herramienta fundamental para la transmisión del conocimiento y del alma de las cosas, objetos y materias. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/334543089″>Tr&agrave;iler Oficial (v.2) – MALE&Iuml;DA 1882</a> from <a href=”https://vimeo.com/filmexplora”>FilmeXplora</a&gt; on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Boi, de Jorge M. Fontana

EXTRAÑO DE SÍ MISMO.

Si pensamos en alguien joven y perdido, abatido, a la deriva, alguien que no reconoce su reflejo al mirarse en un espejo, muchos de nosotros pensaríamos en el Antoine Doinel de El amor en fuga, una especie de individuo solitario, con problemas existencialistas y perdido sin su amor, que acaba introduciéndose en una extraña espiral de inciertas consecuencias, una especie a la que podríamos añadir el Paul Hackett de After Hours o el Doc Sportello de Puro vicio, o el más reciente Sam de Lo que esconde Silver Lake. Tipos de vidas aburridas, perdidas en su inmadurez, agotadas de tantos arranques que quedaron en nada, y sumergidas en la más anodina existencia, se enfrascan, casi sin pretenderlo o si, en esos submundos inquietantes y siniestros, aquellos de los que exploraba David Lynch en sus relatos, de los que saldrán ni mejor ni peor que antes, pero, eso sí, sobrevivirán conociéndose más a sí mismos, y quizás más perdidos que antes. Boi es uno de estos tipos torpes y perdidos, alguien que podría haber llegado más lejos si de verdad así lo hubiera querido, y por lo contrario, se ha quedado ahí, en tierra de nadie, verlas venir y aceptando trabajos de medio pelo, trabajos-refugio como conductor privado. Además, Boi, por su inexperiencia en lides de pareja, se ha quedado solo, añora a su novia y desconoce su paradero. Arranca la película describiendo la actitud y el ala de este tipo, llegando tarde a su cita laboral de recoger a un par de chinos procedentes de Singapur.

Boi los llevará de un lugar para otro de una Barcelona grisácea, muy alejada de la postal turística, en la que sabiamente huye de estos lugares tan reconocibles, moviéndose por la periferia poblada de núcleos con enclaves industriales de gran florecimiento posmoderno. Seguiremos a Boi, como alma perdida que deambula con su automóvil y sus clientes de un sitio a otro, y extraño cuando no está con ellos y lentamente, también lo estará a medida que avanza el metraje de la película. Jorge M. Fontana debuta en el largo después de foguearse en el cortometraje con un relato que arranca como una comedia existencial para lentamente adentrarse en un thriller nocturno de forma pausada y calibrada, sin prisas ni estridencias argumentales, todo va sumergiéndose en esa especie de entramado con varios actores de por medio en estas dos jornadas sin fin. Si bien la primera mitad visitaremos los aledaños de los negocios y mucha calle, en la segunda parte, iremos con Boi y sus extraños y peculiares clientes a esa Barcelona canalla, de locales sacados de Eyes Wide Shut, de Kubrick o Blue Velvet, de Lynch, donde ocurren las cosas más raras y extraordinarias, por su sordidez y tenebrosidad, o esos espacios abandonados que encuentran la nocturnidad su mejor aliado, o negocios de dudosa legalidad como desguaces o cosas por el estilo.

El 35mm obra de Nilo Zimmerman imprime esa naturalidad espectral que también va con el espíritu de la película, dotándole ese magnetismo de extrañeza y locura que sufre el personaje de Boi. Un Bernat Quintana en estado de gracia da vida a Boi, un tipo que hemos sido alguna vez en la vida o todavía lo somos,  con su mirada ausente y observadora, una especie de voyeur en su vehículo, como único lugar en el cual se siente algo bien, su cáscara de protección, que sin comerlo ni beberlo, va participando como testigo presente o no, en las peripecias al más puro estilo noir de sus clientes, sin conocer su contenido, situación que aún lo hace más vulnerable y estúpido, bien acompañado por Mou que interpreta Man Mourentan, como esa especie de hermano mayor de Boi, que parece salido de una película de Tarantino, de esos que viven solos y acompañados de millones de gatos, alguien que parece que no está pero se entera de todo, y la terna de clientes chinos, con sus diálogos que evidencian aún más si cabe ese laberinto sin salida que está metiéndose el peculiar Boi, y finalmente, Miranda Gas hace de Anna, el objeto romántico de Boi, esa mujer que quizás le ha dado más que él mismo en toda su vida.

Fontana debuta en el largo con una película fantástica y bien narrada y filmada, mezclando géneros, estilos musicales y situaciones que acaban casando de forma natural, mostrando sus referencias sin ser explícito ni adulador, consiguiendo dotarlas de su estilo personal e íntimo, en un relato que se ve bien y se disfruta mejor, sin que sus 110 minutos resulten facilones o poco atractivos, sabiendo sacar el máximo provecho a su austeridad, llevándonos sin aspavientos argumentales ni sentimentalismos a ese submundo de otro submundo, a todo aquello que se oculta bajo la alfombra o detrás de los arbustos de una noche desconocida y muy extraña, conduciéndonos a esos sitios a los que alguien prudente y cabal nunca iría,  a los pliegues de las ciudades, alejados de las miradas inquisitivas, a esa noche donde todos somos pardos, incluso los gatos, en una especie de huida consciente o no de Boi, en un viaje a lo oscuro y desconocido como aquel que hacia Alicia casi sin pretenderlo, solo movidos por esa extraña curiosidad cuando la soledad amenaza y parece que o hay nada que perder.

Cómo entrenar a tu dragón 3, de Dean DeBlois

HIPO Y FURIA NOCTURNA.

“Esto es Isla Mema. Está a 12 días al norte de desesperación y unos grados al sur de me muero de frío. Está situada de lleno en el meridiano de la desgracia. Mi aldea, en una palabra recia, lleva aquí 7 generaciones, pero todos los edificios son nuevos. Tenemos pesca, caza y unas preciosas puestas de sol, lo único malo son los bichos. Veréis, la mayoría de los sitios tienen ratones o mosquitos, nosotros tenemos dragones. La mayoría de la gente se iría, nosotros no, somos vikingos, somos un pelín cabezotas. Yo me llamo Hipo, menudo nombrecito verdad, pues los hay peores. Los padres creen que un nombre horrible ahuyenta a los gnomos y a los trolls, como si nuestro encantador carácter vikingo no fuera bastante”.

El año 2010 vio la luz la película Cómo entrenar a tu dragón, dirigida por Dean DeBlois (Brockville, Canadá, 1970) y Chris Sanders (Colorado Springs, EE.UU., 1962) dos consumados especialistas en el cine de animación de los últimos años con diversos trabajos en Walt Disney  y Dreamworks Animation,  que venían de dirigir Lilo & Stitch (2002) antecedente cercano en su argumento, que después tuvo continuaciones en forma de serie televisiva. En aquella, también contaban el encuentro entre un humano y un animal, y su relación, entre lo diferente y lo extraño, en ese caso, se trataba de una niña hawaiana solitaria y un alienígena nacido de un experimento secreto.

En Cómo entrenar a tu dragón, DeBlois y Sanders, y la compañía en la producción de Bradford Lewis y Bonnie Arnold (autores de grandes títulos como Ratatouille, Antz o Toy Story, entre otros) y basada en los libros de Cressida Cowell, nos contaban la cotidianidad de una isla remota al norte llamada Isla Mema, donde vikingos y dragones luchaban desde tiempos remotos, y nos presentaban a Hipo, un chaval de 15 años, diferente, solitario y con ideas propias al resto, una especie de “bicho raro” en la aldea, el cual, hijo de Stoico, el jefe de la aldea, soñaba con cazar dragones, pero su padre, por su condición, se lo prohibía y lo relegaba a la fragua para construir armas. Aunque, Hipo, de fuerte carácter y personalidad, desobedecía a su progenitor y se lanzaba al ataque, y casualidades del destino, capturaba un “Furia nocturna”, al que llama cariñosamente “desdentao”, el dragón más invencible y más fiero para los vikingos, además, con la peculiaridad que nadie, jamás, lo ha llegado a ver, convertido en una especie de leyenda. En esas, Hipo lo captura y nace entre los dos una increíble amistad, llegando a ser un gran equipo en el que tanto Hipo como Furia Nocturna muestran su alma, todo aquello que los acerca y sobre todo, se convierten en inseparables, consiguiendo Hipo cabalgar a lomos del dragón, cosa inaudita para los vikingos. Hipo conseguía, después de muchos avatares y disputas, convencer a su padre y al resto del carácter desconocido de los dragones y convertirlos no en el enemigo, sino en todo lo contrario.

En la segunda entrega, aparecida en el 2014, con DeBlois dirigiendo en solitario, y Sanders en tareas de producción, nos mostraban una realidad bien diferente a la primera entrega, porque  vikingos y dragones convivían en armonía, en la más absoluta cotidianidad, con sus más y sus menos, convertidos los dragones en una especie de mascotas domésticas, aunque también esa convivencia volvía a ser amenazada, y aparecía un nuevo enemigo,  los temibles tramperos, en la figura de un vikingo renegado, que se dedican a cazar dragones para su beneficio y poder y sujetarlos a su antojo. Hipo, con 20 años de edad, Furia Nocturna, Astrid, su amada, y el resto de la aldea, luchaban contra ellos para así mantener a los dragones libres. La película nos mostraba el encuentro de Hipo y su madre Walka, a la que había visto por última vez cuando era sólo un bebé. La madre, al igual de Hipo, cree en la conservación de la naturaleza y sobre todo, la preservación de los dragones, y luchan, con uñas y dientes con ese fin.

En esta tercera entrega y cierre de la trilogía, DeBlois vuelve a dirigir en solitario y nos muestra a un Hipo ya adulto y jefe de la aldea, enamorado de Astrid y con Isla Mema viviendo en consonancia entre vikingos y dragones, aunque los rescates continuos de dragones está llevando a la masificación en la isla. En sus vidas, volverá a aparecer una nueva amenaza, Crimmel, un experto trampero que ha creado un imperio del terror hacia los dragones, que tiene en su poder un ejemplar idéntico a Furia Nocturna, pero hembra y de color blanco, animal que hará las delicias de “desdentao”, y al que llamarán “Furia Diurna”. DeBlois y Sanders han construido un magnífico filme de aventuras, donde también hay comicidad, de factura impecable y gran realismo y lleno de detalles precisos, donde abundan las sombras y los reflejos de luces, que comenzó como un retrato sobre lo iniciático para derivar en un retrato sobre la transición en convertirse en adulto y todas las responsabilidades que eso conlleva, que nos habla de amistad, de compañerismo, de mirar al otro y empatizar con lo diferente, extraño y raro, de respetar, y sobre todo, de la pérdida, de todos esos adioses que hay que experimentar en la vida, ya sean la pierna que pierde Hipo en la primera entrega, el padre muerto en la segunda, o todo aquello que tendrá que decir adiós en la última entrega.

DeBlois cuentan una emocionantísima aventura humanista, donde asistimos a luces y sombras, donde pasamos del drama a la comedia, y donde los personajes se muestran transparentes, con sus dudas, defectos y aciertos. Un grandísimo retrato contado de forma brillante y emocionante, siguiendo la peripecia de Hipo, Furia Nocturna y todos los demás, con ese aire entre lo fantástico y lo real que ya tienen las películas del Studio Ghibli, o buena parte del cine de Pixar, historias de aventuras fantásticas, donde la acción y las secuencias espectaculares se mezclan con el alma de los personajes, de alguien como Hipo, que al igual que su madre, cree en un mundo diferente, un mundo donde no haya guerras, donde vivan en armonía todas las especies, y en el que la naturaleza rija las vidas de todos los seres que la habitan. Hipo se convierte en un resistente contra lo establecido, un agitador de la paz y la vida, un líder contra las injusticias y la maldad del mundo, alguien capaz de liderar a todos los demás, alguien que cree en sí mismo, y también, sabe aceptar sus debilidades y defectos, y sabe, que aunque duela, la vida y los dragones tienen su propio mundo, su propio destino como el de él y los suyos. DeBlois cierra con magnificencia su trilogía de Hipo, Furia Nocturna y el resto de personajes, con ese maravilloso epílogo, que además de emocionar, encuentra en gestos, miradas y detalles todo aquello que quiere explicar.

Larga vida y prosperidad, de Ben Lewin

MR. SPOCK CAMINA JUNTO A MI.

Wendy es una joven inteligente e independiente que vive en San Francisco. Ella tiene autismo y vive en un centro asistencial, al cuidado de Scottie. Wendy trabaja en una pastelería y es fanática de la serie de Star Trek. Su vida es metódica, ordenada y rutinaria. Uno de sus sueños es vivir junto a su hermana Audrey y su sobrina recién nacida. Todo este orden cambiará cuando, debido a un concurso de la Paramount Pictures donde piden guiones sobre la serie de Star Trek, Wendy, sin contárselo a nadie, se lanza a la aventura de ir personalmente a los grandes estudios y entregar su guión de 500 páginas en mano. Para Wendy, salirse de su universo metódico y ordenado, conlleva una serie de riesgos mayores, ya que para ella el mundo exterior, el que no practica diariamente, se convierte en un universo desconocido y tremendamente confuso, un paralelismo en el que sustenta el guión sobre Star Trek que presentará para el concurso, donde el Capitán Kirk y Mr. Spock, los dos personajes principales, pierden la nave Enterprise, y caen en un planeta desconocido, donde el desierto los consume y las posibilidades de supervivencia son muy escasas. Ben Lewin (Polonia, 1946) dirigió varios capítulos de la serie Ally McBeal, y consiguió reconocimiento con Las sesiones (2012) una película que hablaba de la primera experiencia sexual de un tetrapléjico. Ahora, vuelve a centrarse en el tema de la discapacidad, en este caso emocional, centrándose en la vida de Wendy y su peripecia de llegar a L. A. en los estudios Paramount.

Nosotros nos vemos en Wendy, asistimos a su pérdida, a su confusión, a su inocencia, y la seguimos a su par. Wendy se muestra extraña en ese mundo tan nuevo para ella, un lugar en el que encontrará gentes amables y otras que no lo son tanto, donde dará muchos tumbos, más de los previstos, para llegar a su objetivo, y con Scottie y su hermana detrás de ella, intentando alcanzarla. Lewin acoge su relato en la estructura de El mago de Oz y en el viaje, más emocional que físico, de Dorothy, una niña huérfana, una niña que se siente desamparada y acaba en un mundo desconocido y extraño, un universo que se rige por otras normas y otras circunstancias, un lugar, donde se tropezará con otros compañeros de viaje que tienen como objetivo la magia de Oz, una magia que les ayudará a ser emocionalmente mejores. Wendy tiene mucho que ver con Dorothy y su extraño viaje, las dos comparten un objetivo, un destino que les ayudará a sentirse más fuertes y valientes, y les proporcionarán armas para enfrentarse a los desconocido, a esa parte del mundo que les parece confuso y difícil de descifrar, un viaje físico y emocional que les abrirá otros sentidos ocultos que jamás imaginaban que tendrían.

El guión de Michael Golamco nos lleva por distintos paisajes, desde lo urbano hasta las calles desiertas, entre delincuentes sin escrúpulos o abuelas negras bondadosas, dependientes  mentirosos, médicos confiados, vendedoras de billetes amables, policías que conocen el idioma klingon (idioma que hablan en Star Trek) en uno de los grandes momentos de la película, o oficinas jefe amargados y toda una serie de personajes que se encontrará Wendy en esta peculiar road movie simpática y bien construida, pero llena de verdad y sencillez, donde sobresale la excelente interpretación de Dakota Fanning, muy alejada de su rol en la saga vampírica adolescente Crepúsculo, que sabe llevar con honestidad, intimidad y valentía un personaje complejo y extremadamente controvertido, muy parecido al de Mr. Spock, que en su mitad vulcano mitad humano, lucha interiormente entre su racionalidad y su intuición, y ante los problemas se muestra demasiado calmo, como indica el título original, ese Please, Stand By, la frase que utiliza Scottie para tranquilizar a Wendy cuando sufre sus ataques de pánico.

Toni Collette como Scottie, la cuidadora y psicóloga que ayuda y sigue la evolución o no de Wendy, con ese rol de madre soltera que también ayuda a explicar más interiormente su carácter y su relación con su paciente, Alice Eve da vida a Audrey, la hermana mayor de Wendy, que todavía ve a Wendy de manera diferente y no preparada para llevársela a casa, una situación que la entristece y después del viaje, le hará despertarse y ver cosas en su hermana que creía inciertas. Larga vida y prosperidad, una de las frases que lanzaba Mr. Spock cuando se despedía, es una película intimista y sencilla, resuelta de manera convencional, sí, pero ese detalle no le resta ningún ápice de calidad y diversión, pero que huye del sentimentalismo y la autocompasión, con ese aire de tragicomedia, donde estaremos junto a Wendy, con sus pros y contras, con toda su sagacidad e inteligencia, pero también, con sus problemas para relacionarse y moverse por un mundo que en muchas ocasiones es un lugar muy difícil para aquellos que son diferentes, que tienen unas capacidades diferentes al resto, que sienten de otra manera, que miran y se relacionan con el mundo que les rodea de múltiples formas que algunas nunca llegaremos a entender, pero esa peculiaridad tan alejada no les hace ser entes extraños, sino personas diferentes, con otras inteligencias y relaciones,  como todas las demás.

Gauguin, viaje a Tahití, de Édouard Deluc

EL ARTISTA LIBRE.

“No  puedo  ser  ridículo porque soy dos cosas que nunca lo son: un niño y un salvaje”.

  “Regresaré al bosque para vivir la calma, el éxtasis y arte.”

Paul Gauguin

Lo primero que llama la atención de Gauguin, viaje a Tahití  es su naturaleza peculiar y diferente al resto de los biopic al uso, porque su director Édouard Deluc se fija en un par de años, entre 1891 y 1893, el período que describe la estancia en la Polinesia del artista francés, y concretamente en Noa Noa, el diario que el pintor escribió de aquel viaje, del que Deluc adapta libremente, documentándose en otros libros. El cineasta francés describe a un artista atormentado y sólo, que aborrece la superficialidad de su obra, que no logra vender. Un hombre hastiado por los convencionalismos morales y sociales de Europa, su ensimismamiento y su declive burgués, vive casi en la indigencia ganando unos cuántos francos como estibador en los muelles, un alma triste, aburrida y desolada por el cariz de una sociedad convencional y muerta en vida, sin argumentos para convencer a sus allegados artistas que lo acompañen, decide emprender su propia aventura y dejar el mundo oscuro y capitalizado de Francia, y conocer esas lejanas tierras y sobre todo, conocerse como persona y cómo artista.

Deluc despoja su película de toda caparazón sentimental o preciosista, el Tahití que nos retrata huye de cualquier imagen de postal y empática, porque describe la odisea humana de Paul Gauguin (1848-1903) desde la precariedad y el descubrimiento, contándonos su experiencia de un modo íntimo y personal, hay aventura, pero no épica, más cerca de los western crepusculares de Peckinpah, que de las hazañas de los conquistadores o cosas así. Gauguin es un hombre obsesionado con la pureza del alma, de su viaje como vuelta a los orígenes, a ese paisaje salvaje, natural y primitivo con el que sueña, ambientes despojados de la burguesía más hipócrita y sucia de Francia. Su idea es encontrar esas personas ancladas en otro tiempo y en otro mundo para pintarlos, con colores y detalle, llenos de vida y alegría. Aunque, el pintor francés se encuentra un mundo en descomposición, un universo que los misioneros y el colonialismo francés está haciendo desaparecer para sus beneficios económicos.

Gauguin trabaja compulsivamente, su pasión no tiene límites, se mueve de un lugar a otro, su energía es brutal, no tiene descanso, y su encuentro casi fantasmal y onírico con Tehura, la nativa que se convierte en esa Eva primitiva con la que sueña encontrarse, le cambiará profundamente, llevándolo a su etapa más prolífica como artista, y la más genial, Tehura será su musa, la modelo de sus pinturas, y su amor. Aunque, lo demás seguirá igual, las penurias económicas y esa vida despojada casi de cualquier comodidad, seguirán haciendo mella en la salud del pintor y sus problemas de convivencia con Tehura. Deluc construye una película sensorial, en algunos momentos de terror, siguiendo el alma de Gauguin, un ser en ocasiones genio, y en otras, atormentado, un hombre que se buscaba a sí mismo, que no encajaba en una sociedad en descomposición, una sociedad capitalista que arrasaba con lo salvaje y diferente, en pos de su codicia y avaricia.

El Gauguin que nos retrata Deluc es un pintor magnífico, obsesionado con encontrar la pureza de su arte, de pintar aquello más íntimo y sensual, descubrir lo más primitivo de las personas, y el gesto más personal, pero también, alguien encerrado en su soledad, en su abatimiento, y su inadaptabilidad en un mundo superficial y ambicioso económicamente, un mundo contaminante que cambia las formas y la vida de los nativos convirtiéndolos en armas propagandísticas y comerciales según su antojo (como las ventas de tallas que rememoran a los ídolos maoríes). La cinta de Deluc se acerca a la mirada de Malick o Herzog, donde animalidad, locura y salvajismo se cruzan en la figura de Gauguin, en una película que retrata el alma del gran artista, pero también sus sombras y tortura, en una película que ahonda con naturalidad y extrema rigurosidad los temas políticos sobre el colonialismo francés, la religión como arma de aniquilación y deshumanización, y una sociedad, la nativa, en vías de extinción por la fuerza y la muerte del hombre blanco, en la que Gauguin convertido en el último romántico que quiere plasmar todo ese mundo complejo, bello, de colores y primitivo que está desapareciendo irremediablemente.

La inmensa y bestial interpretación de un actor de sangre y fuego como Vincent Cassel, llena de extremos, con esa barba poblada canosa y esa delgadez, de mirada inquieta y curiosa, lleno de vida y amargura, con esas túnicas como el nuevo mesías de conservación de lo primitivo y la libertad de ser quién quieres ser, aunque para ello tengas que desplazarte a la otra parte del mundo. Bien acompañado por la adolescente TuheÏ Adams de 17 años que da vida a Tehura, el amor de Gauguin, que se erige como la niña primitiva que representa la pureza y la humanidad contra un mundo en continua decadencia, que aboga por la avaricia y las falsa moral. Deluc ha hecho una película humanista, honesta y anímica que nos traslada al universo de Gauguin, a su mirada y su pintura, desde lo más íntimo y personal, huyendo de sentimentalismos y convenciones formales, su película es libre, cruda y bella, donde el amor se presenta desde lo más profundo y bello a lo más crudo y tenebroso.