2020, de Hernán Zin

EL LADO HUMANO DE LA TRAGEDIA.

“Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino cuando la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez”.

Gabriel García Márquez

El sábado 14 de marzo de 2020, con el anuncio del gobierno del “Estado de alarma”, arrancaron unos meses de incertidumbre y auténtico terror en el país. Mientras todos estábamos confinados en casa, la vida continuaba, y muchos trabajadores luchaban incansablemente contra la pandemia del Covid-19, un virus contagioso que se propagaba por el mundo a velocidad de crucero, dejando en su recorrido millones de enfermos y cientos de miles de fallecidos. El director Hernán Zin (Buenos Aires, Argentina, 1971), con experiencia de más de una década como camarógrafo de guerra y documentalista, con trabajos sobre derechos humanos y países en guerra como en Nacido en Gaza (2014) y Nacido en Siria (2016), donde niños nos explican su terrible cotidianidad, y Morir para contar (2017), en el que dio voz a los periodistas de guerra, como él, contando sus experiencias y traumas.

Ahora nos llega 2020, en la que Zin y su reducido equipo, se han sumergido en Madrid, el epicentro de la tragedia, en las entrañas de la pandemia y en la primera ola de contagios, documentando el lado humano de la tragedia, en los profesionales que diariamente batallaban para salvar vidas. La película narra en un tono realista e íntimo, todo lo que se ha vivido en los espacios del Covid-19, lugares como hospitales, residencias, funerarias y cementerios, calles vacías, y cómo los familiares de enfermos o fallecidos han vivido ese tiempo. El director bonaerense captura la vida y el trabajo de tantas personas implicadas en el proceso, mientras las escuchamos, en las que nos cuentan sus reflexiones, miedos e inseguridades, todo lo vivido, todo lo experimentado, y lo hacen de frente, relatándonos toda la vida y la muerte que vivieron, que lucharon y sintieron. 2020, no es un documental que muestra heroicidades ni nada semejante, huye de toda esa idea romántica de la batalla contra la pandemia, mostrando todo su humanismo y crudeza, toda la miseria, pero sin caer nunca en el tremendismo o lo sentimental, hay sensibilidad, como no podía ser de otra manera, pero bien entendida, aquella que nos hace conmovernos y provoca reflexión. La cinta captura toda la verdad y realidad vivida y experimentada, o al menos, una parte de esa realidad que tantos vivieron en la primera línea de la enfermedad.

La mirada de Zin nos habla de humanidad, de trabajo extenuante, de organización cuando reinaba el caos, y faltaban herramientas y utensilios para trabajar, de personas que trabajaban con lo que disponían para salvar vidas. El director, afincado en Madrid, construye un complejo y crudo retrato-caleidoscopio, en el que filma con respeto y sobriedad, como demuestra en el encuadre que abre la película, llenando la pantalla de diversas vidas y experiencias de profesionales sanitarios, empleados de funerarias, fuerzas del orden, familiares de residentes, y un largo etcétera. Un grupo humano que trabaja y siente todo lo que experimenta, que explican sin tapujos la dureza de un virus muy fuerte y aniquilador, que ha destapado las miserias de una sociedad demasiado preocupada por el éxito individual y en lo económico, que desprecia la parte humana, y sobre todo, lo colectivo, partes esenciales que nos están salvando de esa tragedia, una tragedia que no se veía desde la Segunda Guerra Mundial. Zin y su equipo nos muestran el cuaderno diario de esos dos primeros meses, imágenes espeluznantes que tardarán en marcharse de nuestra memoria colectiva, cuando se amontonaban los fallecidos, con las enormes dificultades que vivieron los sanitarios, el inmenso pabellón de feria de Ifema convertido en hospital, las hileras de ataúdes, el trabajo a destajo de los enterradores, las tristes y solitarias despedidas de los familiares a sus difuntos, las terribles consecuencias en las residencias con tantos mayores fallecidos, y muchas más derrotas que ha provocado el dañino virus.

El director argentino y su equipo, se han convertido en uno más, en esa mirada de complicidad que tanto necesitaban los profesionales, sintiendo ese amor que en estos momentos trágicos necesitaban. Una película construida sobre la memoria de ese tiempo, un tiempo que jamás habíamos vivido, un tiempo en que, cuando la vida se había detenido, otros seguían con sus vidas, y sobre todo, con sus trabajos, luchando contra la pandemia, siendo testigos de la magnitud de la tragedia, siendo testigos de tanta fatalidad. La película reivindica el trabajo de estos profesionales, y lo hace desde la honestidad y la sencillez, mostrando su trabajo y su lado humano, porque como ha demostrado la pandemia, es de vital necesidad para la vida la gestión pública, y el inmenso trabajo de tantos profesionales que, sobre todo, necesitan más y mejores recursos para seguir trabajando en mejores condiciones laborales, porque si queremos una sociedad justa e igualitaria, hay que seguir trabajando para eliminar tantas desigualdades, para estar mejor preparados para la próxima vez que lo necesitemos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/479792841″>Tr&aacute;iler 2020 documental Hern&aacute;n Zin</a> from <a href=”https://vimeo.com/dypcomunicacion”>DYP COMUNICACION</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Una vez más, de Guillermo Rojas

REENCONTRARNOS CON LO QUE FUIMOS.

“El pasado es lo que recuerdas, lo que imaginas recordar, lo que te convences en recordar, o lo que pretendes recordar”.

Harold Pinter

Erase una vez una joven treintañera llamada Abril, que se trasladó a Londres desde Sevilla persiguiendo su sueño de convertirse en una arquitecta reconocida. Han pasado cinco años de aquello, y Abril está instalada en la ciudad inglesa trabajando como arquitecta y enamorada de Paul. Pero, su abuela muere, y se traslada a su Sevilla natal, como le sucedía a Léa, la protagonista de Tres días con la familia, de Mar Coll, también opera prima, donde se reencontrará con todo lo que dejó un lustro atrás. La casa de sus padres donde vivió, sus amigas del alma, las calles y los edificios de la ciudad que la vio crecer, y sobre todo, con Daniel, el ex novio con el que vivió cinco años, una relación que dejó cuando marchó a Londres. El director Guillermo Rojas (Córdoba, 1981), debuta en el largometraje con un relato de aquí y ahora, retratando a toda esa juventud muy preparada, que ha tenido que emigrar buscando oportunidades laborales que se les negó aquí, y no lo hace desde una posición embellecedora y simplista, sino todo lo contrario, a través de las contradicciones y claroscuros propios de alguien que siente nostalgia por aquello que tuvo, que fue, peor a la vez, siente alivio por vivir en otra ciudad, donde el trabajo es digno y humano. Entre esas dos dicotomías emocionales se mueven los sentimientos encontrados, recuperados y también, contrapuestos, que siente el personaje de Abril.

El cineasta cordobés, que también, escribe el guión, produce y monta la película, filma un par de instantes en Londres, pero acota su película en Sevilla, en ese par de días, donde seguimos a Abril y su (des) reencuentro con Daniel, paseando con ellos, yendo en bicicleta, observando la ciudad desde lo alto, lugares turísticos, que como exclama Abril: “No dejan de ser bonitos y agradables, aunque los inunden los turistas”, recorren una de esas pequeñas librerías, donde Daniel trabaja contando cuentos a los niños, en las que nos tropezamos con libros que hablan tanto de nosotros, y lo que sentimos, al igual que la película que la pareja circunstancial entra para ver un cine, y no es otra que La reconquista, de Jonás Trueba, otro (des) reencuentro entre ex después de quince años, topándose con la secuencia maravillosa del baile, o esas canciones, que como sucede en el cine de Almodóvar, hablan tanto de lo que les está ocurriendo a los personajes, con la canción “Una vez más”, interpretada por Laura Hojman, coproductora y jefa de vestuario de la película, además de directora de documentales como Tierras solares, que da título a la película, que escuchamos en directo, casi íntegramente, como ocurre con los directos de las películas de Kaurismäki o el propio Jonás Trueba, o esa catarsis del recuerdo, cuando entre todos los amigos, en mitad de la noche, se ponen a cantar “Ojos negros”, de Duncan Dhu, y otros temas musicales, que nos sirven para ejercer esa disección de las emociones de los principales protagonistas, y esa maraña de sentimientos complejos por los que pasan en estos apenas tres días de película.

Una jornada larguísima caminando por Sevilla, es el marco en el que se desarrolla el relato de Rojas, con sus luces y sombras, con ese día brillante, donde parece que todo vuelve a ser como antes, o esa noche, que despierta todos los reproches que no se dijeron en su día, o se guardaban para el posible momento, con sus risas y sus tristezas, con la vida de frente, sin tapujos, ni adornos. Con una luz naturalista e íntima, obra del cinematógrafo Jesús Perujo, que recoge la inmensa luz brillante de la capital andaluza, o la noche duerme vela de la ciudad, ayuda enormemente a capturar toda ese escenario de actualidad que recoge la película, aunque los temas universales que trata, la hacen atemporal a la vez, investigando la emigración de una juventud sin oportunidades, la problemática de la precariedad laboral, y sobre todo, todos esos sueños que albergábamos de jóvenes, todo lo que fuimos y nos eremos, tantas cosas que se perdieron por el camino, tantas emociones, tantos amores inconclusos, perdidos, que dejaron de ser para no ser jamás, tantas cosas que fuimos y ya nunca más seremos, reencontrarnos con todo eso es difícil, complejo y nada agradable de batallar.

Un reparto de jóvenes intérpretes andaluzas, entre los que destaca la maravillosa y cercana pareja protagonista, eje de la película, con una Silvia Acosta y Jacinto Bobo, componiendo sus respectivos Abril y Daniel, explotando esa naturalidad e intimidad que tanto demanda la película, con esas miradas que dicen tanto y callan más, con gestos que explican más que las palabras, con esos paseos que no solo recorren la ciudad, sino que recorren lo que sintieron, lo que fueron, y sobre todo, lo que pudo haber sido, en un relato sentimental y nostálgico, que huye del romanticismo azucarado, para adentrarse en una comedia dramática con hechuras y envolvente, que tiene en la palabra su razón de peso, como en las películas de Rohmer, Woody Allen, Linklater o las comedias madrileñas de los ochenta de los Colomo, Fernando Trueba y compañía, que no solo reflejaban una juventud esperanzada en los nuevos tiempos que afloraban, sino que retrataban de manera inteligente y real, las vicisitudes sentimentales de unos jóvenes torpes y frustrados, como ocurre en Una vez más, donde la juventud debe lidiar con la falta de trabajo, y las incertidumbres económicas, con el amor, un amor que más parece un náufrago a la deriva, perdido en la inmensidad de sus emociones, y esperando a encontrar o reencontrarse con aquel que fue, aquel que añora, o simplemente, aquel instante en que todo era posible. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Natalia Cabral y Oriol Estrada

Entrevista a Natalia Cabral y Oriol Estrada, directores de la película “Miriam miente”, en el Soho House en Barcelona, el viernes 16 de noviembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Natalia Cabral y Oriol Estrada, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, y Sandra Comas de Paco Poch Cinema, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Miriam miente, de Natalia Cabral y Oriol Estrada

LA NIÑA QUE NADIE ESCUCHABA.  

En un instante de la película, en el que Miriam, la protagonista adolescente de 14 años, viaja en coche junto a su padre. Éste, al ver a su hija distraída y algo melancólica, le pregunta la siguiente cuestión: ¿Qué es lo quieres tú? A lo que la niña le mira sin saber qué responder. Una pregunta que puede resultar cotidiana, pero que no suele hacerse, y aún más, nadie de su entorno familiar ha preguntado a Miriam que es lo que ella quiere para su fiesta de 15 años, y para su existencia. Una cuestión interesante y definitoria en la que se asienta la primera película de ficción de los dos directores. Natalia Cabral (Santo Domingo, República Dominicana, 1981) y Oriol Estrada (Capellades, 1983) después de un par de documentales domésticos y cotidianos que fueron Tú y yo (2014) y El sitio de los sitios (2016) que fueron bien recibidos en los festivales internacionales. El tándem de cineastas miran su película a través de la mirada de su anti heroína, una chica tímida y reservada, de piel negra, en un verano con mucho tiempo para hacer, y sobre todo, para pensar, imbuida en los preparativos de su fiesta de los 15 años, muy popular en el país centroamericano, llevada en volandas por los caprichos pequeño burgueses de su madre y abuela, en los que tiene que ensayar la coreografía, elegir un vestido y sentirse la reina de la fiesta, una fiesta, por cierto, muy aristócrata, pero también, muy kitsch.

Aunque, el puntapié emocional se fractura cuando Miriam conoce a un chico por internet al que todavía no ha visto su aspecto, pero que todo se va de las manos, cuando la niña, por miedo al rechazo de su entorno acaudalado y bien pensante, se inventa que el joven pertenece a la burguesía francesa y es hijo del cónsul. Mentira que la atormentará y la acompañará en todo el metraje, colocándola en situaciones difíciles, en las que Miriam se recogerá a sí misma, llena de inseguridades, y sintiéndose fuera una sociedad que sólo acepta a los suyos y rechaza todo lo diferente, y aún más, aquellos de posición económica inferior. Los cineastas ponen el dedo en la llaga al hablar sin tapujos y con absoluta sinceridad, desde la intimidad y la desnudez emocional, de temas candentes del país, como el racismo latente que existe, y el rechazo brutal a la piel oscura, sinónimo de pobreza, y en mitad de todo ese berenjenal social, heredado desde tiempos inmemoriales, nos encontramos con Miriam, con sus sentimientos y emociones enfrentadas a aquello que dirige su vida y espera de ella lo mejor, un novio blanquito, con dinero y educado. Todo lo contrario de lo que ella siente.

Miriam, desde su intimidad y carácter introvertido, no sólo debe luchar contra sus sentimientos complejos, sino también, contra una imposición burguesa de dividir a las personas por su piel y cuenta corriente, una manera de enjuiciar y mantener un sistema clasista que no sólo hace daño a los que lo sufren, sino que también, condenan al ostracismo a aquellos como Miriam que sienten lo contrario, que abogan por una fraternidad y amor entre los seres humanos, porque los sentimientos se pueden silenciar, pero por mucho que se escondan, siguen estando ahí, siguen latiendo fuertemente cuando nos encontramos con el ser amado. Cabral y Estrada tienen en la elección de Dulce Rodríguez, el mejor aliado para contarnos esta fábula contemporánea sobre los miedos e inseguridades de una sociedad anclada en el pasado, con miedo a avanzar, en el que el suave y bello rostro de la protagonista se erige en el vehículo perfecto para adentrarnos en la falsedad e hipocresía que sufre la protagonista por mandato materno, una sociedad de apariencias, que mantiene formas estúpidas ideas que no les ayuda para enfrentarse a matrimonios rotos y relaciones interesadas.

Otra elegante muestra de los problemas de la adolescencia, pero tratada con delicadeza y sensibilidad, sin caer en estereotipos o demagogia, retratando las inquietudes y miedos adolescentes, y de una sociedad falsa y clasista, con mirada crítica y cercana, como lo hacía Pialat en La infancia desnuda o los Dardenne en El niño de la bicicleta, o lo más recientes, también venidos de la parte sudamericana, y envueltos en la mirada femenina de sus protagonistas como Miriam miente, como el caso de Juana a las 12, de Martín Shanly o Mate-me por favor, de Anita Rocha de Silveira, muestras de la buena salud del cine americano, donde se retrata la adolescencia femenina desde puntos de vista diferentes y complejos, en los que sus personajes sufren los cambios propios de este estado, y además, sufren los avatares e imposiciones de una sociedad políticamente correcta y bienintencionado, que sólo admite a los suyos, a los que piensan y sienten como ellos, y da libertad siempre dentro de un cercado que existe aunque a veces, no seamos capaces de verlo.

Cabral y Estrada han construido una película cargada de aristas emocionales, donde no hay trampa ni cartón, en el que hay una exploración determinante sobre los problemas sociales en la República Dominicana, y sus países colindantes, desde un prisma observacional y certero, convirtiéndose en un retrato sincero y amargo sobre la adolescencia, sobre esos eternos veranos, que sólo parecen eternos, donde hay tiempo para perderlo con tu amiga del alma, la Jennifer de turno, díscola y diferente a la protagonista, chapoteando en la piscina de la casa rica, o perdiendo tiempo en el espejo actuando a ser mayor o caminando sin rumbo esperando a ser adulto, y convertirse en alguien más falso, en una vida llena de mentiras, superficialidad y llena de oropel hortera, como esa canción que tanto Miriam y Jennifer ensayan, y deberán bailar delante de tantos en esa fiesta que a sus familias les encanta, y a ellas, bueno, la protagonizan sin que nadie les haya preguntado su opinión, o lo que sienten.

Entrevista a Andrea Jaurrieta

Entrevista a Andrea Jaurrieta, directora de la película “Ana de día”, en el marco del D’A Film Festival, en el Hotel Pulitzer en Barcelona, el domingo 6 de mayo de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Andrea Jaurrieta, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Martín Samper, coproductor de la película, y a Eva Calleja de Prismaideas, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Entrevista a Erik Rocha

Entrevista a Erik Rocha, director de “Cinema Novo”. El encuentro tuvo lugar el jueves 1 de diciembre de 2016 en el hall del Zumzeig Cine Cooperativa en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Erik Rocha, por su tiempo, generosidad, y cariño, a Carlos Pulido de Mosaico Films Distribución, por su amabilidad, paciencia y cariño, y al equipo del Zumzeig Cine Cooperativa, por su amabilidad y cordialidad.