D’A 2019: Sessions Especials, Direccions, Talents y Transicions (1)

El pasado domingo 5 de mayo, cerró sus puertas la IV Edición del D’A Film Festival de Barcelona. Después de 10 intensos días de cine, presentaciones, mesas redondas, jornadas profesionales y demás actividades relacionadas con el mundo cinematográfico. La retrospectiva de este año estuvo dedicada al cineasta francés Christophe Honoré, bajo el subtítulo Nueve canciones de amor, las secciones, como vienen siendo habituales, se dividieron en Direccions, Talents, Transicions, Un impulso colectivo, programada por Carlos Losilla, y se volvió a apostar por los cortometraje con varias sesiones al respecto. Como ocurrió el año pasado, el D’A se vuelve a confiar en la iniciativa del Tour, excelente iniciativa en que algunas películas del festival se podrán ver en poblaciones fuera del epicentro Barcelona. La noche del sábado, en el Teatre CCCB, antes de la película de clausura, se entregaron los galardones: El Premio Talents y de la Crítica recayó en Familia sumergida, de María Alché, hubo una mención especial por parte de la Crítica a Sophia Antipolis, de Virgil Vernier. El Premio Movistar se lo llevó Letters to Paul Morrisey, de Armand Rovira, el Premio Openecam fue a parar a Hamada, de Eloy Domínguez Serén, que también tuvo una mención para Young & Beautiful, de Marina Lameiro. El Premio del público de los cortometrajes recayó en Suc de síndria, de Irene Moray. La Sala Jove, que repite en el festival, dirigido especialmente para un público de 16 a 25 años, desarrollado por la asociación A Bao A Qu (los impulsores de Cinema en Curs) y Moving Cinema, en la que hubo talleres, otorgó su premio a Ruben Brandt, collector, de Milorad Krstic, y finalmente, el Premio del Público recayó en An Elephant Sitting Still, de Hu Bo. Premios que dieron carpetazo a un sinfín de actividades para todos los paladares, en un festival que después de 9 años, viene dedicándose al cine resistente, diferente, reflexivo y contundente, consolidándose en una ciudad en la que existe un público interesado por este cine, y ha hecho de esta cita, a comienzos de primavera, una concentración del cine que deja huella en los festivales más prestigiosos de todo el mundo.

Mi camino por el D’A arrancó con la película incluida en las SECCIONES ESPECIALES, LOVE ME NOT, de Lluís Miñarro. El cuarto largometraje del cineasta barcelonés, el segundo de ficción después de Stella cadente (2014) vuelve a situarnos en el universo de la realeza, en el que Amadeo de Saboya ha dejado su turno al rey Herodes y su hija Salomé, peor la acción se ha trasladado a la guerra de Irak, en mitad del desierto, en mitad de una nada en el que el deseo y la pasión no compartida serán los ejes de una película inspirada en la obra de Oscar Wilde. Miñarro ha hecho una película valiente, arriesgada e inclasificable, en la que aborda de forma libre y subversiva temas como el erotismo, el sexo, la violencia y el esperpento en una fábula antibelicista que no dejará indiferente a nadie que mezcla política, estética pop, deseo desenfrenado, pasión arrebatadora y mucha frustración en un ambiente opresivo y vacío, donde sus personajes andan perdidos, agobiados de tanta estupidez y ansiosos de dar rienda suelta a sus instintos más profundos y reveladores. De la misma sección descubrí la propuesta de AN ELEPHAN T SITTING STILL, de Hu Bo. https://242peliculasdespues.com/2019/05/04/an-elephant-sitting-still-de-hu-bo/

De la sección DIRECCIONS me acerque a LA PORTUGUESA, de Rita Azevedo Gomes. https://242peliculasdespues.com/2019/04/27/la-portuguesa-de-rita-azevedo-gomes/. De TALENTS abrí la andadura con LURRALDE HOTZAK/COLD LANDS, de Iratxe Fresneda. La cineasta bilbaína sigue en el cine y sus herramientas como hiciera en su primera película Irrintziaren Oihartzunak (Los ecos de Irrintzi, 2016) donde rescataba a la cineasta pionera en euskera Mirentxu Loyarte. Ahora, nos embarca en una road movie que recorre el País Basco, Navarra, Alemania, Suecia, Dinamarca e Islandia para sumergirnos en una película hipnótica, sugestiva y espectral donde aborda la construcción de la mirada cinematográfica recorriendo lugares que sirvieron de espacios cinematográficos, y también, acercarse a otros espacios tanto urbanos como rurales para volver a mirarlos, a redescubrirlos, y sobre todo, a filmarlos, construyendo un envolvente ensayo cinematográfico que explora los mecanismos de la imagen, la mirada y aquello que nos revela de nosotros mismos, sin dejar de abordar el urbanismo codicioso y los males de nuestro tiempo, pero con una voz propia y llena de poesía y amargura a la vez, en un viaje fascinante sobre los lugares, las imágenes que nos los evocan y la capacidad de mirar en libertad, sin prejuicios ni miedos, en un mundo demasiado convulsionado con la fabricación de imágenes sin contenido.

También descubrí la propuesta de JESUS, de Hiroshi Okuyama. El joven cineasta japonés de tan sólo 22 años, nos sumerge en la cotidianidad de un niño que deja Tokio para vivir junto a sus padres y abuela viuda en un pequeño pueblo de montaña. Allí, en un colegio católico se irá enfrentando a su propia identidad cuando se le aparece un Jesucristo en miniatura que le concede todos sus deseos. Con ecos de Ozu y Koreeda, Okuyama construye una fábula realista pero con toques de comedia absurda, fantasía surrealista y apariencia naïf, para acercarnos a la aventura de crecer, a la construcción de nosotros mismos y sobre todo, al descubrimiento de los deseos más profundos de alguien que debe empezar de nuevo, adaptarse a un entorno extraño y diferente para él, en una película que habla de la religión desde su profundidad y contradicción, a través de la mirada de alguien que la está descubriendo y todavía desconoce sus secretos y límites, los ajenos y los propios. Cerré la sección con la película BÊTES BLONDES, de Alexia Walther y Maxime Matray. La primera película de la pareja francesa es un auténtico viaje lisérgico, a través de una comedia absurda y surrealista, en el que mezcla con audacia y humor irreverente a lo Tati y slapstick para hablarnos del amor romántico y la muerte, con dos personajes a cual más extravagante, un antiguo actor de sticom desmemoriado y traumatizado con una pérdida, y un soldado enamorado que pasea la cabeza decapitada de su antiguo amante ahora fallecido. Una película de ritmo frenético, con situaciones extrañas y diferentes que nos acercan a un mundo que encierra almas a la deriva, vacías y solitarias, en un filme que gustará a todos aquellos que flipan con las aventuras sin sentido, los espacios raros de digerir y los personajes antihéroes que parece que nada les saldrá bien, que sobreviven en una huida constante y se irán metiendo en lío tras lío en una película con muchas capas, laberíntica en personajes y situaciones, y sobre todo, en mirar con ternura, pero sin sentimentalismo, a aquellos que se curan las heridas como pueden.

De la sección TRANSICIONS tuve la oportunidad de ver ASAKO I & II, de Ryûsuke Hamaguchi. El director de Happy Hour (2016) vuelve a hablarnos de Asako, una treintañera que rescata las indecisiones, soledades y derivas de aquellas cuatro amigas que relataba en su película anterior. Ahora, nos envuelve en un relato de amor y sobre el amor, en el que la joven citada queda hechizada por un amor apasionado que desaparece de su vida. Tiempo después en otra ciudad conoce a alguien idéntico físicamente a aquel que despareció y emprende un affaire. Hamaguchi nos habla de amor, de inseguridades, de indecisiones y de reencuentros inesperados en una fábula moderna en un marco de exquisita naturalidad y proximidad, un cuento que habla de amor, de tiempo, de relaciones y sobre todo, de fragilidades, de aquello que somos, sentimos y cómo nos relacionamos con los demás, de superaciones o no, de mentiras o no, y de verdades dichas, ocultas y sentimientos tan vulnerables como los tiempos que nos han tocado vivir y sobrevivir. Cerré la sección con la mirada de TARDE PARA MORIR JOVEN, de Dominga Sotomayor. La directora chilena vuelve a centrarse en el ámbito familiar, como hiciera en su debut De jueves a domingo (2012), después del paréntesis que supuso su segundo trabajo, Mar (2014) en la que ahondaba en los conflictos de pareja. Ahora, y a través de la mirada de Sofía, una adolescente que vivirá su propia revolución sentimental y familiar, nos sitúa en el Chile de principios de los noventa, en el que con el final de la dictadura, un grupo de familias decide vivir en una comunidad en armonía con la naturaleza, alejados de la ciudad que vemos a lo lejos. Pronto surgirán los problemas internos de cada familia y los sociales de clase entre los diferentes habitantes, en que la mirada de Sofía articula toda la propuesta en la que a través de una imagen naturalista e íntima vamos descubriendo las contradicciones y conflictos que van padeciendo unos personajes que ocultan sus miserias a través de la mentira y la inseguridad de un tiempo que todavía está por llegar. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Les Unwanted de Europa, de Fabrizio Ferraro

EL HOMBRE CON SU MALETA.

“La historia es objeto de una construcción cuyo lugar no lo configura ese tiempo vacío y homogéneo, sino el cargado por el tiempo-ahora.”

Walter Benjamin (1892-1940)

En un instante de la película, mientras Benjamin camina junto a dos mujeres y un niño por los caminos pedregosos y difíciles del Pirineo en su huida, una de las mujeres se acerca al filósofo, la que guía al reducido grupo, y le pregunta por la maleta que porta. Benjamin la mira y le explica que es el objeto más valioso que tiene, incluso más que su propia vida. Ante esta aseveración, nos vienen varias reflexiones muy oportunas: la maleta y lo que hay en su interior tiene que ver con el pensamiento, actitud necesaria e imprescindible para la vida en tiempos de barbarie e injustica, toda aquella que deja en la Francia invadida por los nazis, la segunda remitiría más al propio ser físico, que ante las adversidades y la imperiosa necesidad de huir deprisa y corriendo, toda tu vida cabe en una maleta, sin más, todo se reduce a ese objeto que puedes trasportar por esos caminos, y finalmente, la maleta como objeto metafórico, en que se convierte en un objeto con un valor mucho más allá del suyo propio, en el que la maleta escenifica ese hilo vital, la excusa para seguir viviendo, que mantiene al pensador todavía con algo de esperanza, aunque sea muy mínima, de que las cosas pueden cambiar, y la maleta es esa ilusión porque así sea.

La quinta película de ficción del italiano Fabrizio Ferraro se centra en dos momentos históricos desplazados en el tiempo en un año, en Febrero, uno en 1939 y el otro, un años después, y situada en una misma localización, el sureste de Los Pirineos, entonces frontera entre España y Francia. En el 39 seguimos a tres milicianos que, después de finalizada la Guerra Civil Española con la derrota de la República, cruzan las montañas fronterizas para salvar la vida en el país vecino, aunque fueron apresados y hacinados en campos de refugiados en condiciones miserables. Un año después, y haciendo el camino a la inversa, Walter Benjamin acompañado de dos mujeres y un niño cruzan la frontera escapando de la Francia invadida por el fascismo. Dos momentos que se cruzan en el tiempo figurado, como un perverso giro del destino destino de espejos con reflejos deformantes y malvados, que transitan por los mismos caminos (los impresionantes y complejos escenarios reales de La Vajol, Banyuls y Portbou) los mismos espacios, con las mismas sensaciones, dos grupos huyendo de la barbarie, del sinsentido que se adueño de Europa a finales del primer tercio del siglo pasado.

Ferraro nos convoca en un retrato austero y sencillo, en el que apenas escuchamos diálogos, sino conversaciones sobre pensamiento, arte, reflexión y demás sobre los tiempos que se avecinan y están condenando a todos. El cineasta italiano, también responsable de la cinematografía, encuadra su narración en un tenso blanco y negro que daña e imprime la dureza, tanto del camino como el sentimiento de amargura y dolor que recorre al filósofo y sus acompañantes, él siempre más lento y con paso más pesado, debido a sus problemas de corazón, y siempre portando la maleta. Los personajes se mueven en ese ambiente opresivo y asfixiante, donde no hay salida, solo un camino lleno de piedras, de tristezas y huidos, unos huidos con la vaga esperanza de una vida mejor, o al menos con algo más de aliento, sin tanto dolor y tristeza, en unos tiempos sombríos y oscuros, como esas figuras que avanzan sin descanso, individuos derrotados y cansados, meros cuerpos avanzando a no se sabe dónde, espejismos de lo que fueron, sensaciones de una vida que ya no está, que se fue, que tuvo que huir, llena de miedo e incertidumbre, con esa luz en blanco y negro que acentúa aún más esas sombras que se desplazan como fantasmas, espectros sin rumbo, soportando los avatares del propio camino, el cansancio y ese viento que amarga, el sol abrasador, esa lluvia que duele, las almas de la noche, y el hambre que nunca cesa, y el miedo a ser vistos, capturados, a convertirse en presos del fascismo.

Todas esas emociones dolorosas y amargas recorren cada poro de su piel, sus miradas sin mirada, sus maltrechos alientos que buscan algo de luz, algo de paz, algo de descanso. Ferraro invoca a los fantasmas de todos aquellos que sufrieron el fascismo, entre los que se encuentra Bejamin, con su voz crítica y pensamiento clarificador ante tanto ignominia y horror, como escucharemos sus acertadas reflexiones sobre el tiempo que le ha tocado vivir, como esa grandiosa conversación con el bibliotecario, con reminiscencias al Umberto Eco de El nombre de la rosa, o el magnífico trabajo de sonido en un equipo capitaneado por Amanda Villavieja, el arte, vestuario y escenografía de Sebastian Vogler (colaborador de Albert Serra) y la música de John Cage escuchando sus cuartetos, y también, el tema Conrades d’exili, de Pau Riba (que se reserva el rol de uno de los milicianos) que actúa como final o inicio de esos capítulos imaginarios en los que se estructura la película.

Euplemio Macri, actor de teatro, da vida a un Benjamin cansado, enfermo y fantasmal, con pocas fuerzas, casi a rastras, sin más ilusión que la huida, la fuga, como si fuese un apestado, alguien no querido, indeseable (como marca el título de la película). A su lado, Catarina Wallenstein, su fiel guía, que se convirtió en la última musa de Manoel de Oliveira en Singularidades de una chica rubia, producida por Lluís Miñarro (Barcelona, 1949) que vuelve con su compañía Eddie Saeta a deleitarnos con una de sus producciones marca de la casa, con la coproducción italiana, insigne productor que ha levantado películas de gran calidad artística a directores de la talla de Guerín, Weerasethakul, Kawase, Recha, Lisandro Alonso, etc… o Albert Serra en Honor de caballería (2006) y El cant dels ocells (2008) dos películas que dialogarían con la de Ferraro, en su forma de afrontar la historia y el mito, centrándose más en lo humano y las emociones que en la épica y el triunfalismo, huyendo de las estridencias y demás, así como el cine de Béla Tarr en Sátántangó (1994) la larguísima odisea de sietes horas y media de duración con esos caminantes y caminos incesantes donde el peso del tiempo y la reflexión actúan en cada uno de los personajes, o El caballo de Turín (2011) en que un padre y una hija se resisten al final del mundo siguiendo con sus avatares diarios, el mismo fin del mundo que sentía Benjamin en su lento y doloroso caminar por esos Pirineos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/248993596″>Les Unwanted de Europa – Teaser</a> from <a href=”https://vimeo.com/user12040697″>Eddie Saeta</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Las películas de aquí que me emocionaron en el 2014

El año cinematográfico del 2014 ha bajado el telón. 365 días de cine han dado mucho y muy bueno, películas para todos los gustos y deferencias, cine que se abre en este mundo cada más contaminado por la televisión más casposa y artificial, la publicidad esteticista y burda, y las plataformas de internet ilegales que ofrecen cine gratuito. Con todos estos elementos ir al cine a ver cine, se ha convertido en un acto reivindicativo, y más si cuando se hace esa actividad, se elige una película que además de entretener, te abra la mente, te ofrezca nuevas miradas, y sea un cine que alimente el debate y sea una herramienta de conocimiento y reflexión. Como hice el año pasado por estas fechas, aquí os dejo la lista de 13 títulos que he confeccionado de las películas de fuera que me han conmovido y entusiasmado, no están todas, por supuesto, faltaría más, pero las que están, si que son obras que pertenecen a ese cine que habla de todo lo que he explicado. (El orden seguido ha sido el orden de visión por mi parte)

1.- HISTÒRIA DE LA MEVA MORT, de Albert Serra

El imaginario de Serra se sumerge esta vez de la mano de dos figuras, una real y la otra, de ficción, Casanova y Drácula y su (im)posible encuentro. Dos tiempos, dos naturalezas y dos épocas: por un lado, la que personifica el libertino italiano, -maravillosa la interpretación de Vicenç Altaió- la del siglo XVIII, el del racionalismo, el siglo de las luces y la sensualidad, que confronta con el mundo que representa el conde de ultratumba, los principios del siglo XIX, el del romanticismo, el oscurantismo y la violencia. El cineasta gerundense se centra en un mundo en descomposición que será arrebatado por otro que viene a arrasar con todo. La atmósfera  y el paisaje dos elementos característicos en la filmografía del director, y la introducción del lenguaje, más presente que en sus anteriores obras, adquieren aquí un esplendor magnífico creando una maravillosa obra que nos seduce y también, nos aterra, donde destaca la luz del magnífico Jimmy Gimferrer. Una obra a contracorriente que refleja la madurez de un cineasta que se atreve con todo.

2.- 10.000 KM, de Carlos Marques-Marcet

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3.- EL FUTURO, de Luis López Carrasco

Una de las películas más esperadas del Festival por albergar tantos alicientes. Por un lado, su director, 1/3 del colectivo Los hijos, que debuta en solitario, una película vista en Locarno y Sevilla, festivales en los que tuvo una gran acogida de crítica y público, y por otra parte, el tema que desarrolla, una mirada hacía el pasado desde el presente, mirar hasta el contexto de aquel año 1982, cuando ganó el PSOE las elecciones, y parecía que el futuro se antojaba lleno de esperanza. Treinta años después, estamos aquí y ahora. El cineasta español plantea su película en una fiesta, en la que suenan éxitos musicales que retratan y relatan los tiempos que se vivían, apenas se escuchan las conversaciones de los jóvenes, alguna mínima alusión al terrorismo y poco más. Rodada en 16mm, la apuesta de López Carrasco es una obra muy interesante que juega de manera reflexiva, divertida y fresca en un ejercicio de auto crítica con los tiempos pasados, presentes y futuros.

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4.- HERMOSA JUVENTUD, de Jaime Rosales

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5.- EDIFICIO ESPAÑA, de Victor Moreno

El emblema del del desarrollismo económico del franquismo,  sirve a Moreno, agarrado de su cámara penetra en los laberínticos pasillos, habitaciones y demás lugares del edificio para reconstruirnos su memoria y ser testigo de su nueva vida. El relato se despieza siguiendo la cotidianidad de los obreros, acompañando a los guardias de seguridad que van explicando su experiencia en el edificio. Moreno los filma tranquilamente, su visión distante y segura es la de un observador que mira cada detalle, cada gesto y objeto, se detiene en los lugares, en lo que queda de ellos, lo que fueron, qué había, cómo se distribuían, también, se tropieza con algún vecino a punto de salir de la casa que habitaba. Los recuerdos se amontonan, es tiempo de fantasmas, de viajar al pasado, de investigarse a uno mismo y buscar donde se pertenece o de donde se viene.

6.- STELLA CADENTE, de Lluís Miñarro

El reputado productor se centra en su tercera película como director, en una cinta de época, se sitúa en el año 1870, durante el breve reinado de Amadeo de Saboya. Una trama desarrollada entre las cuatro paredes del palacio, donde el monarca aislado y sin amigos o confidentes, incapaz de reinar en un país convulso, perdido y a la deriva, se mueve entre los pasillos y las alcobas de palacio como un espectro, rodeado de sirvientes y colaboradores, y extraño de sí mismo, y de todo lo que le rodea, se sumerge en una vida de placeres, de amores, de manjares, pura monotonía y fantasmal. Una obra de gran altura, de espacios sin vida, de tiempo detenido, donde la hermosísima luz de Jimmy Gimferrer se mueve en guarda vela y contrastada, para reflejar toda la decadencia de un estado que no se muestra, y unos gobernantes incapaces de manejar la situación y los conflictos. Destaca la interpretación de Alèx Brendemühl con esa mirada y esos gestos.

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7.- SOBRE LA MARXA, de Jordi Morató

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8.- LA ISLA MINIMA, de Alberto Rodríguez

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9.- MAGICAL GIRL, de Carlos Vermut

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10.- LA JUNGLA INTERIOR, de Juan Barrero

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11.- LOREAK, de Jon Garaño y Jose Mari Goenaga

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12.- COSTA DA MORTE, de Lois Patiño

El paisaje y la atmósfera de la Costa da Morte se revelan frente a la mirada de Patiño en un ambiente de mitos, leyendas y cotidianidad. Con tan sólo dos elementos: una cámara que mira desde la distancia en plano general y el sonido, y apenas algunos diálogos, la película mantiene la atención del espectador, seducido por una imagen latente, cortante y bellísima. El realizador gallego muestra y explora ese mundo, sin juzgarlo, sin intervenir en la acción, sólo expectante y atento para mirarlo de forma tranquila y retratarlo de manera que se muestre el mismo. Una obra de gran factura técnica que crea un espacio sensorial de ritmo pausado y tranquilo. Una aproximación sugerente y atractiva de la relación del hombre con la inmensidad del paisaje que lo rodea. Una cinta que muestra a un autor de gran calado poético, que ya había dado muestras de su talento con piezas como Montaña en sombra (2012).

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13.- CIUTAT MORTA, de Xavier Artigas y Xapo Ortega

Los directores barceloneses se sitúan en unos hechos acaecidos en la ciudad condal la noche del 4 de febrero del 2006, cuando durante una fiesta clandestina en pleno centro de la ciudad, 5 jóvenes fueron detenidos por la policía urbana, torturadas y enviadas a prisión, acusadas de haberse enfrentado a los guardias y cometido lesiones irreparables contra un agente. La cinta muestra los hechos, habla con los protagonistas, familiares, amigos, y demás expertos y conocedores del caso para esclarecer unos hechos del todo oscuros que enviaron a prisión a unos inocentes. Una película de denuncia, de alegato contra la injusticia, donde se pone en tela de juicio, a unas instituciones como el ayuntamiento, la policía y la justicia. Una obra parcial que da voz a los que reclaman su inocencia, a unas personas que sufrieron la represión y el terror de unos funcionarios públicos corruptos. Su ritmo frenético y su exploración sobre los mecanismos fascistas del funcionamiento de los estados, la hacen considerarla como uno de los grandes títulos del año.

La jungla interior, de Juan Barrero

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En El aficionado (1979), de Krzysztof Kieslowski, un empleado de fábrica adquiere una cámara de Super 8 con la intención de filmar a su mujer y a su hija recién nacida. Con el tiempo, graba todo lo que ocurre a su alrededor, aislándose de manera que sólo se relaciona con la realidad a través de su objetivo fílmico. Algo parecido le ocurre a Juan, el objeto-personaje del realizador Juan Barrero, salmantino de nacimiento, pero sevillano de adopción, que en su primer trabajo en el largometraje, se ha sumergido en su propia vida para contarnos un relato que evoca fantasmas, deseos, frustraciones e inquietudes personales. Un ejercicio inclasificable que a partir del documento real se adentra en su propio universo psicólogico y sus anhelos más profundos. Un viaje personal que se desarrolla en varios lugares sin seguir una estructura lineal, arranca en la casa familiar de Béjar -Salamanca-, donde Gala –personaje de Gala Pérez Iñesta, compañera del realizador-, se interesa por la vida de Enriqueta, una tía de Juan, que tuvo una relación homosexual clandestina. El realizador se adentra en lugares cerrados llenos de tiempo y polvo, fotografías en b/n, secretos perdidos y recuerdos sin memoria. Luego, se traslada a la jungla salvaje de Costa Rica, -imágenes que parecen extraídas de algún documental de Herzog-, donde Juan realiza una expedición científica, para continuar en Sevilla, donde tiene lugar el peso de la acción. El cine, y la cámara que lo registra, como objeto de pensamiento, un medio para enfrentarse a una realidad ajena, que lo ha aislado, lo ha convertido en otro, y utiliza el medio expresivo de la imagen para reflexionar sobre ella e intentar entenderla. Una película híbrido, entre el documento que nace y respira vida, y una ficción como vehículo para contarnos este maravilloso, fascinante y cruel juego de espejos, que se instala en la intimidad, que filma y acaricia el cuerpo de Gala, recorriendo cada parte de forma impulsiva y cercana, explorando cada pliegue de su piel, descifrándose como objeto de deseo y rechazo.  El objetivo captura un organismo con total impunidad, que va transformándose de tamaño y forma, sometido a los efectos del embarazo de la joven. Juan, a través de su cámara, filma los cambios profundos que se van desarrollando en ese cuerpo, que cambia y muta hacía otro. Dos personajes, el masculino que intenta comprender y aceptar su paternidad, que no quiere, y el femenino, que además de encontrar su propio refugio en la música, con su violín, vive su embarazo con la ilusión e incomodidades habituales, pero con el sueño de la maternidad. Dos cuerpos en tránsito que no acaban de encontrarse, ni encontrar su lugar. Diario filmado que nos habla de la vida capturada,  como los trabajos de Johan van der Keuken en Las vacaciones del cineasta  (1974), o las experiencias de Jonas Mekas, Naomi Kawase y Chantal Akerman, o el trabajo de Elías León Siminiani en Mapa (2012), entre muchas otras. Una película libre, cercana, sensorial, que juega a filmarse y a filmar el otro, que brilla en su tratamiento del sonido y la música (Bach, Mahler, Part…) un salto al vacío en toda regla, que invita al espectador a acercarse a este exorcismo intenso y profundo, que a través de su dispositivo doméstico sencillo y honesto, nos revela un cineasta con una mirada propia y brillante.