Bacurau, de Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles

EN UN FUTURO NO MUY LEJANO…

“Toda forma de desprecio, si interviene en la política, prepara o instaura el fascismo”

Albert Camus

“Si te vas, vete en paz”, reza en el cartel que anuncia la proximidad de 17 km de Bacurau, un pueblo aislado al oeste de Pernambuco, en un futuro no muy lejano, en un futuro en el que hay escasez de agua, de medicinas, de comida, y en el que las comunidades viven aisladas del resto, un futuro muy negro que se está instalando en ese Brasil cada vez más autoritario y fascista. Kleber Mendonça Filho (Recibe, Brasil 1968) plantea un cine social y humanista, íntimamente ligado a las personas, sus relaciones y conflictos, como hizo en Sonidos de barrio (2012) y Doña Clara (2016), ambas filmadas en Pernambuco, en las que recorría un vecindario con problemas de seguridad y una señora con conflictos con una constructora que quiere echarla de su vivienda. En Bacurau (nombre ficticio que bien podría ser uno de tantos pueblos perdidos y aislados de Brasil o de cualquier lugar del mundo) Mendonça Filho se alía con su director de arte Juliano Dornelles (Recibe, Brasil, 1980) para dirigir conjuntamente una película social, que mezcla el género como la aventura, el western o la ciencia-ficción, de forma natural y sin tapujos, manejando la crítica social y política de forma contundente y bien armada, presentándonos a la comunidad rural de Bacurau, con sus más y menos, que se verán inmersos en una amenaza del exterior, un invasor extranjero, invisible y sanguinario.

Pedro Sotero en la cinematografía, Eduardo Serrano en el montaje, Nicolas Hallet en el sonido, y Thales Junqueira en arte, vuelven a colaborar con Mendonça Filho y Dornelles, para tejer un relato intenso y bien elaborado, en que el género se alía con la crítica social y política, para hablarnos de la oscura deriva que está teniendo el Brasil actual con Bolsonaro en el poder, implantando una política autoritaria y fascista en el que la mayoría de la población se utiliza para bienes elitistas, como borrarlos del mapa o dejarles sin suministro eléctrico, o incluso yendo más allá, como ocurre en la película, exterminándolos. Aunque los invasores, de nacionalidad estadounidense, se topan y de qué manera, con un pueblo unido, un pueblo que tiene a Lunga, su ángel de la guarda, un fuera de la ley, una ley injusta que apoya al poderoso frente a los débiles. Con Lunga, el pueblo se arma y se defiende con uñas y dientes, todos a una.

El tándem de cineastas brasileños optan por el formato “Panavision”, para darles ese tono crudo y cercano a su relato, que recuerda a aquellos westerns y bélicos que tanto afloraron en las décadas de los setenta y ochenta, en que la mirada de Peckinpah, dejaría claras las referencias de la película, por su atmósfera seca y dura, esa hostilidad frente al poderoso, como quedará patente con el político que los quiere comprar, y los invasores. También, encontramos el aroma del cine de John Sayles y sus Hombres armados, cierto cine político y social que reivindicó la lucha unida y armada del pueblo frente al forastero, o la ciencia-ficción de serie B estadounidense, que tanto nos habla de amenazas exteriores en forma de enemigo de la guerra fría. La película maneja bien su tempo cinematográfico, mostrando la cotidianidad del pueblo, sus dificultades sociales, y las relaciones tejidas y que se van tejiendo, para luego, mostrarnos el otro lado, la de los invasores, esos extranjeros que hablan en inglés, y su plan para exterminar ese pueblo, que podría ser otro cualquiera, su aislamiento y su aparentemente indefensión, lo hace apetitoso para las ansías de sangre de este grupo paramilitar, malvado y sediento.

Un reparto bien conjuntado y heterogéneo con intérpretes veteranos de la altura de Sonia Braga, que vuelve a repetir después de la experiencia de Doña Clara, en un personaje de doctora algo peculiar, la serenidad y la potencia de Udo Kier, como jefe del grupo invasor, Bárbara Colen como doctora y amante de Thomas Aquino, un tipo con gatillo fácil y uno de los líderes de la comunidad, y Silvero Pereira como Lunga, el brazo armado y proscrito que es un especie de líder del pueblo, Karine Teles y Antonio Saboia, como dos motoristas sospechosos, entre muchos otros que componen la pequeña aldea de Bacurau. La película de Mendonça Filho y Dornelles se siente de forma profunda y espectacular, donde no cesan de ocurrir hechos cada vez más oscuros en un in crescendo magnífico, donde los habitantes del pueblo, en apariencia tranquilos y apacibles, se tornarán alimañas difíciles de cazar cuando se ven invadidos y sobre todo, hostilizados por esa manada extranjera que viene a arrebatarles la vida y todo lo que son. Bien, la película brasileña podría tratarse de una alegoría sobre la situación en el Brasil actual, pero más lejos de la realidad, quizás, ese futuro no muy lejano con el que se abre el relato, sea aquí y ahora. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

 

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