Entrevista a Georgina Cisquella

Entrevista a Georgina Cisquella, directora de la película “Hotel explotación: Las Kellys”, en el Parque Jardins de Mercè Vilaret en Barcelona, el martes 4 de diciembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Georgina Cisquella, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Carmen Jiménez de ArteGB, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

La gracia de Lucía, de Gianni Zanasi

LA MADONA SE ME APARECE.

“¿Has hablado con los hombres?”

“Oye, yo no hablo con los hombres, ¿no crees que ese es tu negocio?”.

Lucía es una joven treintañera, madre soltera de una hija adolescente muy rebelde, de vida sentimental confusa y vida profesional a tiro de mata (maravilloso su momento pícaro con el que la película presenta al personaje). Su gran oportunidad le viene con la construcción de un gran complejo turístico del ayuntamiento a las afueras de su ciudad de provincias, con el encargo topográfico del terreno. Todo parece sonreírle, aunque las ilusiones comenzarán a lastrarse cuando los planos son inexactos y peligra el ambicioso proyecto. Y no sólo eso, la aparición de una extraña mujer que se presenta como la Virgen María aún desestabiliza la vida personal y profesional de Lucía. Entre la incredulidad y el espanto, la Madona le comunica a una Lucía perpleja en todos los sentidos, que debe detener la obra e instar a los hombres a construir una iglesia. El nuevo trabajo de Gianni Zanasi (Vignola, Emilia-Romagna, 1965) gira en torno a una tragicomedia, una aventura personal y alocada sobre una joven que tiene ante sí un verdadero dilema, contar lo que le sucede con la Virgen y perder su ansiado trabajo, o mantener silencio y seguir como si nada, además de colaborar en un proyecto fraudulento que está saltándose los términos legales debido a la falsedad de los planos.

Lo que empieza como una crónica más o menos social sobre muchas mujeres jóvenes que se ganan la vida como pueden, y además, tienen que tirar su casa e hijos palante, irá desembocando en una comedia a ratos social, reivindicativa, excéntrica, romántica y sobre todo, fantástica, todo ello mezclado con grandes dosis de comedia loca, peor con los pies en el suelo, donde todo se desarrolla desde una mirada personal, que va desde lo absurdo hasta lo ecológico, pasando por los vaivenes emocionales que va sufriendo Lucía, que dentro de su caos vital, aún más se le añade la aparición de la Madona. Una Virgen María que recuerda a las apariciones del universo de Pasolini, muy alejada de la imagen icónica del arte, y más cerca a esa idea humanística, donde lo terrenal y lo místico se cruzan, creando una mujer próxima y muy emocional. Zanasi apoya su película en el rostro de Alba Rohrwacher (que ya habíamos visto como actriz en las películas de su hermana, la directora Alba Rohrwacher, y en otros títulos de nombres importantes como Bellocchio, Garrone o Guadagnino) acompaña de ese cuerpo inquieto y en continuo movimiento, al borde de un ataque de nervios, como diría Almodóvar, que se mueve entre prisas y torpezas, entre creer o no, entre ser una niña o no, entre su deber laboral o su deber espiritual, si es que todavía se acuerda de que lo tiene, o algo que se le parezca.

La cosa se complica aún más, con esa hija adolescente que no lo pone fácil, y para más conflictos, su ex, de nombre Arturo, quiere volver con ella y se le acerca, y encima, trabaja en la construcción. El mensaje ético y existencial de la Madona viene a decirnos que la codicia y la maldad de los hombres tiene que parar, y ella, Lucía, que va desde la incomprensión inicial a tomar partido, a su manera y con el escepticismo que la caracteriza, en el problemón que tiene frente a su vida y su existencia futura. Si la aparición de San Dimas era un cuento para revitalizar el maltrecho balneario en Los jueves, milagro, de Berlanga, la llegada de esta Virgen es para detener una obra corrupta y fraudulenta, y para abrir los ojos a Lucía, la interlocutora contra el más allá divino y la tierra de los hombres. Zanasi construye una tragicomedia, donde hay risas y carreras, y momentos surrealistas y caóticos, muy de aquella comedia clásica donde mujeres muy desorientadas y confusas emprendían aventuras sin pies ni cabeza, algunos a su pesar, como le ocurre a Lucía, con el fin o no, de conseguir algo o a alguien que esperaban les cambiase la vida o algo parecido, como aquel atribulado personaje que hacía la Hepburn en La fiera de mi niña, o el que hizo años después la Streisand en ¿Qué me pasa, doctor?, emulando a la primera.

Lucía sabe que algo tiene que hacer, que seguir con el proyecto y callarse no está bien, que su corazón bulle hacia la verdad, aunque todas estas reflexiones la llevarán a vivir en un tsunami emocional de aquí te espero,  pasando por muchos estados emocionales y vitales durante los 110 minutos de metraje, que mantienen un ritmo excelente y lleno de situaciones a cual más rocambolesca y vergonzosa (como ese desternillante momento de la fiesta del proyecto, cuando Lucía es zarandeada por la Madona, sin que esta se vea, ante las miradas atónitas de los allí presentes) con esa ligereza con contenido, que la hace divertida y también, reflexiva, y no en excesivo, manteniendo ese toque mágico entre la comedia y el drama, entre la vida y Dios, entre el trabajo y el deber místico, entre lo que creemos y lo que debemos creer, entre mantener el espíritu de ese niño que continua en nuestro interior, o dejarse llevar por los deberes adultos, sean o no lícitos, en definitiva, qué somos y hacia dónde vamos, se nos aparezca la Virgen María o no.

Corporate, de Nicolas Silhol

LAS MISERIAS DEL SISTEMA.

“Esta película es una obra de ficción, pero está basada en métodos administrativos reales”

Entre los años 2008 y 2009, la empresa de telecomunicaciones francesa France Télécom se convirtió en el ojo del huracán, porque 35 de sus empleados se quitaron la vida. La empresa salió en su defensa aludiendo que acabaría con el mal que le acechaba. Aunque, detrás de todos estos casos de suicidio se ocultaban métodos deshumanizados de la empresa para aniquilar psicológicamente a sus empleados y que ellos mismos optaran por la baja voluntaria. A partir de este caso real, el director francés Nicolas Silhol se ha inspirado para dirigir su puesta de largo adentrándose de forma seria y rigurosa en esta parte oscura de los trabajos sucios que emplean grandes empresas contra sus empleados, a través de un personaje, Emilie, la directora de RRHH contratada para llevar a cabo tal misión, todo parece indicar que la operación marcha bien, hasta que uno de los empleados se lanza al vacío. A partir de ese instante, el ambiente se turbará en las oficinas, y ya nada volverá a ser igual, y la aparición de una inspectora de trabajo que comenzará una investigación para averiguar las causas ocultas del suceso. Silhol nos somete a una trama que casi ocurre en su totalidad en las habitaciones de la empresa, entre pasillos y salones blancos, todo de diseño, pero que esconden las miserias más terribles, donde se suceden las reuniones, los (des) encuentros y la desconfianza que se instala en Esen, el nombre ficticio de la empresa en cuestión.

La película nos habla de la responsabilidad de nuestros actos, y de la naturaleza de nuestro trabajo, de la toma de decisiones personales, y cómo nos afectan a nosotros mismos, de los límites a los que estamos dispuestos a sobrepasar con tal de cumplir con nuestro trabajo, y las consecuencias de obedecer órdenes de los jefes que consideramos injustas y que atentan contra la dignidad de los empleados. Silhol presenta una película de corte negro, donde la investigación de las autoridades lentamente irá sacando lo peor de cada uno, y de su verdadera identidad, primero a un nivel personal, y luego a un nivel colectivo. Todo se nos cuenta a través de una frialdad que espanta, desde un punto de vista ético, donde no hay amigos, donde las cosas funcionan porque es lo mejor para la empresa, en el que el trabajo sucio se hace sin más, como si fuésemos robots, donde no hay espacio para las emociones, en el que vamos eliminando compañeros de trabajo como si fuesen piezas de ajedrez, sin asumir las terribles consecuencias para ellos.

Un sistema podrido, deshumanizado y salvaje, donde el trabajo se ha convertido en una mera excusa para acumular beneficios sin fin, donde tu trabajo y sobre todo, tu dignidad como ser humano, quedan fuera de la empresa, y dejas de ser quién eres para convertirte en un esbirro de la empresa, cumpliendo a rajatabla sus órdenes, y siempre dispuesto a asumir y sin protestar, cualquier deseo de los jefes. Corporate viene a incorporarse a este tipo de películas donde la deshumanización del trabajo convierte a sus empleados en auténticos depredadores que no tendrán ningún problema en eliminar a su adversario de  la mesa de al lado, como explicaban en Glengarry Glen Ross o en Smoking Room, en las que la aparente tranquilidad y compañerismo sólo eran una fachada de la cena de navidad, el resto del tiempo era una jungla laboral, donde se intentaba ser más que el otro, utilizando todos los métodos habidos y por haber. Silhol ha construido una película humanista, de nuestros comportamientos siniestros en el trabajo, y cómo afecta a nuestro entorno, tanto profesional como personal, en el que la investigación del suicidio, se mezcla de manera natural e inteligente en la trama y los acontecimientos del relato, siguiendo la actitud de Emilie, una mujer con carácter que deberá mirar su trabajo y sus emociones con más detalle, y asumiendo su responsabilidad en los actos horribles que ha cometido en nombre de la empresa.

Céline Sallette interpreta a Emilie, dotándola de esa frialdad que suavemente se va despojando de toda ese caparazón de indiferencia, bien acompañada por Lambert Wilson dando vida a ese jefe sin escrúpulos que todo lo hace porque la empresa lo necesita, donde sus decisiones son dolorosas pero necesarias, puro cinismo, y Violaine Fumeau, que compone a la inspectora de trabajo con esa función de ogro del relato, que deja bien claro las deficiencias del sistema para finalizar con los abusos de las empresas, y que se muestra como una mujer decidida y dispuesta a encontrar la verdad. Silhol ha hecho una película valiente, rigurosa y seria, en la que nos habla del ambiente laboral o lo que queda de él, como si estuviésemos delante de un thriller de investigación llena de oscuridad y terror,  para abrirnos los ojos de los métodos brutales y horribles de tantas empresas que campan a sus anchas, o podríamos decir de un sistema laboral que deshumaniza a sus empleados y los convierte en meros entes sin emociones y sin vida que pueden ser despedidos cuando sea necesario.

Entrevista a Julia Dahr

Entrevista a Julia Dahr, directora de “Gracias por la lluvia”. El encuentro tuvo lugar el jueves 1 de marzo de 2018 en la Plaza Gutenberg del Campus UPF en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a  Julia Dahr, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Mercè, la traductora, por su amabilidad, generosidad y trabajo,  y a Ot Burgaya y Laia Aubia de El Documental del Mes, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Machines, de Rahul Jain

MALDITO TRABAJO.

“La pobreza es tormento, señor”

A mediados del siglo XIX, con la Revolución Industrial se acababa un gran período de transformaciones sociales, económicas y culturales que, en principio, se terminaba con las condiciones precarias de vida de los ciudadanos, para de esta manera entrar en una nueva era de mejores condiciones de vida donde las máquinas ayudarían a que la cotidianidad de los habitantes. Más lejos de todo aquello, a día de hoy, la máquina se ha impuesto al ser humano, y le ha condicionado, tanto su vida personal como laboral, imponiéndole unos ritmos de vida muy alejados de aquella lejana idea del XIX, donde la máquina venía a realizar todo lo contrario, y que no era otra cosa que mejorar las condiciones de vida. El director indio Rahul Jain (Nueva Delhi, India, 1991) nos introduce en las mazmorras de una fábrica textil en Surat,  una ciudad industrial situada al noroeste de la Índia, donde elaboran toda clase de tejidos, y nos muestra la terrible cotidianidad de unos trabajadores que son explotados en durísimas jornadas laborales de 12 horas diarias a razón de 210 rupias (unos 3 euros), muchos de ellos viajan miles de kilómetros para vivir lejos de sus familias para de esta manera sobrevivir en condiciones miserables, y subsistir, en trabajos de por vida donde nunca podrán ahorrar.

La cámara se mueve entre los trabajadores, entre los larguísimos pasillos, donde vemos cientos de telas amontonadas y preparadas para su ejecución, en una producción que nunca cesa, donde los trabajos y máquinas, conviven y comparten un espacio oscuro, sin ventilación y más propio de una prisión que de un ambiente laboral. Jain toma como referencia el documental británico del primer tercio del siglo XX, que mostró al mundo los ambientes laborales como Drifters, de John Grierson, Industrial Britain, de Robert J. Flaherty, Basil Wright y Arthur Elton, o Night Mail, de B. Wright y Harry Watt, entre otros muchos,  o el más reciente Workingman’s death, de Michael Glawogger, documento del 2005. Películas que documentaban las durísimas condiciones laborales de un mundo cada vez más desigual e injusto, y que el tiempo no ha ayudado a que esas situaciones mejorase, sino todo lo contrario, las ha acrecentado, creando un sistema capitalista feroz y salvaje que solo mira los rendimientos productivos y económicos, creando todavía más desigualdades si cabe, contribuyendo a crear un sistema de esclavitud moderno, donde las grandes empresas, con la ayuda de gobiernos corruptos y de inexistentes derechos laborales, explotan hasta la saciedad los trabajadores de esos países, una nueva manera de colonialismo, o mejor dicho, una continuación del colonialismo, donde unos siguen ganando cantidades enormes de dinero, a costa de las penosas y terribles condiciones laborales de aquellos a los que explotan por el bien del progreso y la modernidad.

Jain construye una película breve, de apenas 72 minutos, donde se introduce de un modo natural y tranquilo en todos los espacios existentes en ese paisaje de desolación y no vida, en el que hombres y máquinas se mezclan con el ruido incesante del movimiento continuo y mecánico de la frenética elaboración de los tejidos, donde las telas se fabrican a destajo, como si el mundo se terminase, donde los colores vivos parecen apagados, o los trabajadores los ven así, donde los rostros, imperturbables y silenciosos de los que allí trabajan mirando con recelo y miedo a la cámara, como a un invitado extraño que viene a documentar su manera de no ganarse la vida. El cineasta indio filma en primera persona a los trabajadores, ofreciéndoles su cámara para que expliquen sus vidas, reflexiones y el funcionamiento de este infierno al que llaman trabajo. Unas personas que explican sus orígenes, y porque se mantienen esas condiciones miserables de trabajo, ya que la nula comunicación entre los trabajadores hace imposible la organización sindical que ayude a mejorar sus trabajos.

Unos seres que se mueven como fantasmas, donde la vida y sus almas se quedan en la puerta, como explica uno de ellos, que más de un día piensa en no entrar, en dar media vuelta, porque sabe el infierno que irremediablemente le espera. La fábrica, como si se tratase de una mina, se encuentra en los sótanos, donde apenas hay luz natural, donde los trabajadores son expuestos y hacinados durante horas interminables y agotadoras, donde la máquina manda su ritmo de producción. Un paisaje inhumano, donde trabajan al ritmo de las malditas máquinas, doblando turnos de 12 horas para así ganar más dinero, en una no vida donde siempre andan exhaustos, agotados y sin alma. Rahul Jain debuta en el largometraje con un documento fascinante a nivel formal, y demoledor y terrorífico en su contenido, denunciando unas condiciones laborales de explotación, y lo hace desde la sencillez y la honestidad, sin caer en el panfleto, ni mucho menos en la proclama revolucionaria, sino mirando esos rostros con dignidad y extrayendo la humanidad que albergan, porque tras esas personas ensombrecidas por las máquinas y el maldito trabajo, existen personas como nosotros, que lo único que necesitan es vivir dignamente con un trabajo que los mire como seres humanos y no como máquinas.

Renta básica, de Christian Tod.

PENSAR LA UTOPÍA.

“Creo que la democracia hoy en día se ha convertido, en buena medida, en consentimiento manipulado, no forzado, sino manipulado, cada vez más manipulado, con la ayuda de la publicidad”

Erich Fromm (1900-1980)

La crisis mundial de hace menos de una década ha destapado las entrañas de una sociedad basada en un modelo económico insostenible, donde el 1% posee la misma riqueza que el 99% restante, y en el que la globalización, y la incorporación al mercado laboral de la automatización, elementos que vienen a cambiar completamente las estructuras de las finanzas económicas mundiales, con las graves consecuencias como la desaparición de puestos de trabajo, y un sistema que no podrá asimilar la gran mano de obra laboral que no tendrá disponibilidad de acceder a ningún trabajo. Problemas acuciantes para un sistema económico que deberá reiniciarse y encontrar otro modelo sostenible, en el que todas las personas del mundo encuentren su espacio y puedan vivir dignamente.

La película de Christian Tod (Linz, Austria, 1977) reputado economista que ha hecho de la renta básica su objeto de estudio, aborda de manera didáctica y profunda todos los aspectos de las causas nefastas del actual modelo económico y las posibles ideas para frenar este caos vital como la aplicación de una renta básica garantizada en el que las personas puedan cobrar del estado una retribución mensual para llevar a cabo su vida. El cineasta austriaco habla con empresarios, economistas, sociólogos, psicólogos, trabajadores, políticos, activistas y otros expertos en el tema para dialogar sobre la aplicación de esta renta, evaluando concienzudamente sus pros y contras, a partir de las experiencias ya realizadas en los años setenta y ochenta en pequeñas comunidades de Canadá y EE.UU., y los más recientes experimentos en una comunidad muy pobre en Namibia, estudiando sus resultados a nivel económico y sociológico en la población que participó en estas pruebas sobre la renta básica.

La película-documento hace un recorrido exhaustivo y profundo sobre las personas que a través de asociaciones reivindican la aplicación de una renta básica, desde Suiza, Alemania, Namibia o EE.UU., donde expertos en la materia nos explican un modelo económico que redistribuiría la riqueza y ayudaría a acabar con las gravísimas desigualdades económicas actuales. También, se expone, de un modo sencillo y claro, la idea de trabajar por dinero, y las consecuencias, positivas y negativas, que resultarían de trabajar sin tener que depender del sueldo, de terminar con ese poder indigno de aquellos que ofrecen el trabajo, y los otros, que dependen de él para sobrevivir. Un abanico de personas que alrededor del mundo defienden la renta básica y otros, por el contrario, se muestran completamente contrarios a su aplicación, esgrimiendo sus argumentos, basados en la pérdida de un modelo económico que, por otra parte, ya ha dado graves síntomas de su ineficacia y de pedir a gritos un cambio o la tecnología lo cambiará porque se será más factible económicamente hablando.

Tod construye una película que ayuda a reflexionar y a acercarse al tema de la renta básica desde múltiples puntos de vista y su necesidad en este mundo más desigual, y lo hace recurriendo a todos los elementos habidos y por haber, como los dibujos animados, o la saga de Star Trek (tanto la serie clásica como las películas, posiblemente la obra audiovisual que mejor ha plasmado los cambios y avances tecnológicos que nos depararan en el futuro) que abre y cierra la película, y a través de una voz en off, en un futuro remoto de 300 años después, donde las necesidades materiales han desaparecido y los seres humanos no tienen la necesidad de trabajar para ganar dinero, sino el trabajo se ha convertido en una realización personal y un espacio para descubrirnos. Interesante paradoja la que exponen en la película, un universo donde lo humano prevalece ante el materialismo, y en el que los seres humanos disponen de su vida para ellos, sin la necesidad de cambiar vida por dinero.

El grupo, de Gustavo Vizoso

12107951_10153923021129424_1349789152204966253_nNO SE ESTÁ SOLO.

A partir del 2008, con el estadillo de la crisis, ese país que nos vendieron como un paraíso de abundante trabajo y riqueza por doquier, se vino abajo. En ese instante, apareció su triste y verdadero rostro, los parados se amontonaban en las interminables colas del paro, los desahucios estaban a la orden del día y el gobierno era incapaz de frenar la hemorragia. Por el contrario, sus políticas conservadoras la hacían aumentar con recortes de todo tipo y ayudas a la banca, origen de la burbuja inmobiliaria. Ante este panorama social, el cine se ha mostrado comprometido en abordar estos temas y contar el drama cotidiano de las millones de personas que lo han sufrido, y desgraciadamente, lo siguen sufriendo.

El grupo es una de esas películas, su director Gustavo Vizoso (1971, Barcelona) que empezó como fotoperiodista y autor de documentales de compromiso social, vivió en carnes propias la tragedia de quedarse sin trabajo, y entró a formar parte de uno de los grupos de parados de larga duración de más de 40 años, a través de una idea de los Servicios Sociales del Barrio de Sant Antoni de Barcelona, en los que se toma como hipótesis de trabajo el Observatorio de Salud Mental de Catalunya (OSAMCAT). El psiquiatra al cargo el Dr. Josep Moya de la Fundació Parc Taulí (desde donde se desarrolló el documental Una cierta verdad, de Abel García Roure, que filmaba a enfermos mentales) propuso a Vizoso que filmase estos encuentros terapéuticos. El realizador barcelonés captura de forma inquieta y cercana estas conversaciones, en las que cada uno expone sus inquietudes y reflexiones para ayudar y ayudarse, y de esta manera encontrar apoyo para pasar el trance de su mala situación personal. Vizoso sigue atento con su cámara todo lo que va sucediendo, no participa de forma activa, se mantiene al margen, capturando la inmediatez del momento, filmando sus miradas, sus rostros y las palabras que emiten. Son testimonios personales dentro del colectivo, de esta agrupación/cooperativa que nace con el propósito de que no se sientan solos, y entre todos, produzcan herramientas que les ayuden a conseguir trabajo y salir adelante.

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En un par de ocasiones, Vizoso, deja la sala de las reuniones, para seguir a dos miembros del grupo, a los que les cede su cámara y su drama personal, las personas nos cuentan su cotidianidad, las idas y venidas de trabajos precarios que se van encontrando, su modus operandi a la hora de buscar trabajo, y las diversas actuaciones y dinamizaciones en las que participan. Vizoso estructura su película a través de dos tiempos que vienen marcados por las reuniones que se van celebrando. Primero, en tres meses de primavera y verano del 2014, y luego se traslada al invierno del 2015, en los que vemos el origen del grupo y las actividades que realizarán, para luego, ser testigos de todo el proceso que han vivido y como ha sido su desarrollo. Un documento necesario y honesto, construido a través de historias mínimas, de personas como nosotros, personas que tienen que volver a empezar, reconstruirse interiormente y mentalmente para afrontar el durísimo proceso de buscar trabajo y sobre todo, una película sobre la solidaridad humana y el trabajo cooperativista, en el que trabajar unidos con el objetivo de tener una vida digna para seguir sobreviviendo en una sociedad, que parece ser que sólo cuenta para la riqueza económica y se olvida demasiado de lo humano, que al fin y al cabo, debería ser el epicentro de la riqueza de las sociedades.


<p><a href=”https://vimeo.com/146241233″>Trailer El grup</a> from <a href=”https://vimeo.com/user548569″>Gustavo Vizoso</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>