Encuentro con Bulle Ogier

Encuentro con la actriz Bulle Ogier con motivo de la rueda de prensa de la presentación del ciclo “Jacques Rivette Nous appartient”, junto a Esteve Riambau, director de la Filmoteca de Catalunya. El acto tuvo lugar el martes 18 de abril de 2017 en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Bulle Ogier, por su tiempo, conocimiento, y generosidad, a Ainhoa Pernaute y Sandra Ejarque de Vasaver, y a Esteve Riambau y su equipo de la Filmoteca, en especial, a Pilar García de Prensa, por su generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.

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2 Otoños, 3 Inviernos, de Sébastien Betbeder

2-automnes-3-hivers-affiche-12308ARMAN Y AMÉLIE SE (DES) ENAMORAN EN PARÍS

Todas las películas que amamos tienen algún momento maravilloso, un instante fugaz que nos enamora, y con el tiempo evocaremos cada vez que las recordemos. Esta película contiene uno de esos momentos, cuando Arman herido en la ambulancia mira a Amélie, y exclama, mientras la cámara encuadra el rostro de la bella joven: “Amélie guapísima en contrapicado”.  Después de media docena de cortos y mediometrajes, el realizador, treintañero y francés, Sébastien Betbeder debuta en el largo, con una obra que habla de sí mismo, de sus amigos, de sus amores, y de las cosas que le gustan y odia. Nos sitúa en París, en el otoño de 2009 y nos conducirá hasta el invierno de 2012, deteniéndose en los meses fríos y grises de la existencia de cuatro treintañeros que se encuentran, se pierden, se enamoran, recuerdan, se caen y se levantan… La acción arranca con Arman, 33 años, que quiere cambiar de vida, empezando por el trabajo, luego salir a correr los findes por el parque. En una de esas salidas tropieza con Amélie. Hasta que una noche, de casualidad, se la vuelve a encontrar y acabarán saliendo, enamorándose y viviendo juntos. Entre esas, Arman tiene un amigo de la época que estudiaban Bellas Artes en Burdeos, que se llama Benjamin, que una noche sufre un ataque cerebral y mientras se recupera en el hospital, conoce a Katia, una joven logopeda y comienzan a salir. Arman y Amélie se enfrentan a su amor, a la convivencia, a los embates de la vida y a los problemas y conflictos que surgen en cualquier relación de pareja. Betbeder nos conduce hacía el territorio de la comedia romántica, un tono agridulce, hay momentos para todo, para reír, para llorar, para hablarnos de las vidas desorientadas y despreocupadas de estos treintañeros, para tocar el tema de la enfermedad y la muerte. Betbeder nos cuenta su película a través de dos partes, divididas en 40 capítulos, y utilizando varios formatos de imagen, que van desde el DV, el 16mm o el digital 5K, incluso la animación, diferentes texturas y formas que alimentan esa vocación vital que vertebra toda la cinta. Su dispositivo formal también llama la atención, introduciendo monólogos de los actores que mirando a cámara, nos van contando y analizando las secuencias que vamos viendo en ese momento en pantalla. La cinta está llena de múltiples citas y referencias cinéfilas: un cartel de Cuatro noches de un soñador, de Bresson, en casa de Arman; extractos de la película Le monde vivant, de Eugène Green; el análisis de Hazme reír (Funny people), de Judd Apatow; otro extracto del diálogo en el automóvil de los personajes de La salamandra, de Alain Tanner… También hay citas literarias, una irónica visión de las series estadounidenses, que acaban siendo devoradas las noches tristes y de insomnio, o citas musicales como Joy Division… Un nutrido y magnífico plantel de intérpretes acompaña a Betbeder en su aventura, con la brillante presencia de Vicent Macaigne –visto en la reciente La chica del 14 de julio, o Un verano ardiente, Philippe Garrel-. Una película que nos evoca a la Nouvelle Vague, pero no de una manera nostálgica, sino desde una perspectiva del recuerdo deudor, de una manera de hacer cine libre que hable de las personas que lo están haciendo. También nos remite a Resnais, en su entramado formalista, y a Rohmer, en su discurso argumental,  o a otros directores contemporáneos como el universo de Wes Anderson, Noah Baumbach, Jonás Trueba… Compartir una película con un amigo, un paseo nocturno en bici mientras suena una melodía maravillosa –preciosa la bso de Bertrand Betsch-, un encuentro inesperado con una antigua compañera de universidad, un fin de semana en un refugio en la nieve, o volviendo a casa en el último metro… Momentos e instantes de esta película íntima, sencilla y cinéfila que nos lleva a muchos rincones del alma humana y a los (des) encuentros de un grupo de personas que van y vienen por una ciudad llena de rincones oscuros y soleados.