Mis funciones secretas, de Micha Lewinsky

EL ESPÍA Y LOS CÓMICOS.

“El trabajo de espionaje tiene una sola ley moral: se justifica por los resultados”.

De la novela “El espía que surgió del frío”, de John Le Carré.

Estamos en el otoño de 1989, en la ciudad de Zurich, en Suiza, y más concretamente en el servicio de espionaje. Conocemos a Viktor Schuler, un eficaz, brillante y anodino agente con la misión de espiar a un grupo de gente de teatro que se  supone comunistas y están preparando una acción contra el ejército, que en ese tiempo esta sometiéndose a un referéndum por su continuidad o no. Pero, la cosa no acaba ahí. Marogg, el jefe de Viktor, idea una misión de destrangis en la que el citado Viktor se convertirá en Walo, un marinero que se mete de extra en la nueva obra de teatro que se estrenará en el Schauspielhaus, y así podrá espiar los entresijos de los componentes de la obra y reportar una información valiosísima. Aunque, las cosas nunca son lo que parecen, y lo que parecía una misión más, o una peculiar misión más, se convierte en un ejercicio demasiado complejo y extremadamente personal.

El cuarto trabajo como director de Micha Lewinsky (Kassel, Alemania, 1972), que creció en Suiza, después de las comedias Der Freund (2008), Die Standesbeamtin (2009) y el drama A Decent Man (2015), es una comedia de espías, tiene su lado serio y detallado del funcionamiento secreto del espionaje que se llevó en la aparentemente neutral Suiza, que provocó uno de los mayores escándalos de su historia cuando se destapó el asunto. Y por otro, es una irresistible comedia con el tono del screwball comedy estadounidense que hizo furor en los treinta y cuarenta, mezclado inteligentemente con el marco triste y agridulce del cine de Kaurismäki, donde el susodicho Viktor/Walo bien podría ser uno de los antihéroes del universo del finés, con sus pequeñísimas alegrías y grandiosas tristezas. Todo se complicará porque Viktor descubrirá demasiadas cosas de sí mismo durante la misión. El hombre entregadísimo a su trabajo, creyente acérrimo de su función de estado, y un especialista en la observación, la discreción y esa vida continua sin nada que la altere, conocerá el mundo del teatro, de la bohemia, donde las emociones se manifiestan constantemente, donde la vida vuela y nos agarra, empujándonos al abismo, a un lugar imposible de controlar y de detener esa incertidumbre constante. Odile, la talentosa y atractiva actriz, hija de un coronel que es jefe de Viktor, será una de las razones por las que Walo emprenderá un proceso que lo cambiará completamente.

Lewinsky que firma el guion junto a Plinio Bachmann y Barbara Sommer, construye una película agridulce, una comedia romántica inteligente y sensible, no sensiblera, abriéndonos la puerta a unos personajes de carne y hueso, que aciertan y se equivocan, unos individuos que podríamos ser nosotros mismos, bajo el contexto del final del bloque comunista, con la caída del muro y todo lo que vino después, en la intimidad de los ensayos de la obra “Noche de reyes”, de Shakespeare, donde vida y ficción, o lo que es lo mismo, un reflejo de la propia vida real de los personajes, enfrentada a lo que muestran a los demás y lo que ocultan a ellos, y sobre todo, a sí mismos. Una gran ambientación, con esa mezcla de colores rojizos y llamativos con los pálidos y grisáceos, una trama sencilla e interesante, bien llevada y conmovedora, con momentos de toda índole, desde la comedia inteligente, disparatada, el drama personal y familiar, el espionaje, y el romanticismo, pero el de verdad, donde somos torpes, impulsivos siempre caemos en la trampa, la de los otros y la que nos hacemos a nosotros, con dos pasos atrás y uno hacia adelante.

Un reparto que brilla, como las películas clásicas, donde hasta el personaje más breve tenía cosas que decir y un diálogo ingenioso, donde todos los intérpretes encajan con naturalidad y sinceridad, llevando de la forma más cercana cada uno de sus personajes y sus acciones, como el personaje de la camarera interpretado por la actriz Oriana Chrage, que vuelve a trabajar con el director, o el recepcionista del teatro, que también es locutor de radio y no encuentra trabajo como profesor que es su pasión, al que interpreta el actor Sebastian Krähenbühl (al que habíamos visto en la interesante Aloys), el otro extra, con esa forma arribista y fanática de relacionarse con el teatro, un personaje muy excéntrico y muy divertido, que hace el actor Fabian Krüger, ese jefe con su peculiar facha que hace Mike Müller, el director teatral Carl Heyman, al que da vida el actor Michael Maertens, con sus trapicheos y su forma diferente de dirigir y manejar a la compañía.

Mención aparte tienen la magnífica pareja protagonista, eje de la función y de la película, con esa love story que no solo ayuda a relajar la complejidad d ela misión de Viktor/Walo, sino que también, le da una esperanza a los convulsos tiempos de finales de los ochenta con ese nuevo paradigma mundial que se abría con los apresurados acontecimientos. Una grandiosa actriz como Miriam Stein que interpreta a la rebelde, honesta y vital Odile, la protagonista de la obra, y la más entregada a todo, y frente a ella, Philippe Graber, que había trabajado con Lewinsky, se desdobla en dos tipos muy diferentes entre sí, con ese bigotito y semblante tumba del gris Viktor, y luego, la rebeldía y modernidad de Walo. Lewinsky maneja con audacia, inteligencia y concisión una comedia agridulce, criticando las oscuras actividades del estado suizo, que para nada era neutral y miraba al otro lado, sino todo lo contrario, con esa psicosis al enemigo “inventado” del este, fusionado con astucia el universo de la farándula, con sus egos, ilusiones y trabajo, con un grupo de cómicos que su libertad a veces se confunde con su ideología política, o mejor dicho, los de arriba todo lo confunden cuando se trata de pensar diferente. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

A Good American, de Friedrich Moser

a_good_american-284301233-largeEL PATRIOTA TRAICIONADO.

“(…) si quieres que se haga algo debes hacerlo tú. No hay que pedir permiso, solo pedir disculpas, si es necesario. A veces no es necesario. Si el problema está arreglado, ya no hay problema”.

Bill Binney

En la actualidad, los gobiernos, amparados en la seguridad nacional, han invadido cualquier lugar del mundo instalando cámaras, servicios de vigilancia, y todo tipo de aparatos digitales en los que pinchan nuestros móviles, conexiones a internet, etc… con el fin de controlar y espiar a todos los ciudadanos del planeta, los cuales, aparte de vulnerar nuestra intimidad y privacidad, nos hemos convertido, sólo por el mero hecho de existir y utilizar estas nuevas tecnologías, en hipotéticas amenazas para el mundo en el que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. El cineasta Friedrich Moser (1969, Austria) que ya presentó hace cuatro años el documental Los negocios de Bruselas (¿Quién dirige la Unión Europa?), codirigido con Matthieu Lietaert, en el que sacaba a la luz las entrañas podridas y corruptas de la estructura económica de una organización más propia del mundo del hampa que de una asociación democrática de un grupo de países para cooperar y velar por los intereses de los ciudadanos.

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Ahora, su objetivo son los EE.UU. y su Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y más concretamente uno de sus miembros más prestigiosos, Bill Binney, criptógrafo y director técnico, especializado en el análisis de información,  que junto a su quipo de analistas de datos crearon el “Thin Thread”, un sofisticado programa de recopilación de datos que contenía un sistema de última generacón que una vez almacenaba la información, conseguía filtrarla por objetivos, y dejar solo aquellos datos de suma importancia, además, de dejar fuera todos aquellos datos que invadían la intimidad de los ciudadanos de a pie. Moser nos cuenta su película a través de un docu-thriller, como ya hizo con su anterior cinta, investigando los orígenes de Binney, su reclutamiento durante la guerra del Vietnam y su inicio de  trabajador de incógnito para los servicios de inteligencia, pasando por las diferentes áreas investigando y recopilando datos de las posibles amenazas, y el cambio que supuso el final de la Guerra fría y los nuevos enemigos del terrorismo árabe internacional, y su manera de actuar a través de las redes informáticas, la modernización de su trabajo con el “boom” de la era digital, donde todo ha cambiado, en un mundo lleno de cables, en el que todos sabemos todo de todos, y los gobiernos, y sus intrincados funcionamientos, son los primeros interesados en conocer al detalle la intimidad de todos los ciudadanos del planeta, traspasando los derechos fundamentales de libertad y protección de datos, por el bien de la seguridad, o eso dicen.

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El realizador austriaco cimenta un fascinante y terrorífico viaje en el que nos transporta a diferentes tiempos, situaciones y acontecimientos, utilizando imágenes de archivo para contarnos todos los sucesos importantes a lo largo de este período, y también, filma reconstrucciones de ficción para observar el funcionamiento de la NSA, todo ello mezclado con los testimonios de los verdaderos protagonistas: Bill Binney y su equipo hablan con sinceridad a la cámara, detallan todos los acontecimientos, nos explican la invención de su maravilloso programa y sobre todo, reflexionan y emiten sus propios juicios cuando se detienen en la estructura interna de su gobierno, y cómo actuaban después que la información confidencial llegaba a su poder, su incapacidad para detener futuros atentados (como el gravísimo contra el Worl Trade Center el 11 de septiembre del 20011), no haciendo el trabajo que tenían que hacer para evitarlo, anteponiendo los intereses económicos personales de los componentes jerárquicos del país, buscando la manera más sucia y corrupta para aumentar los ingresos a favor de una seguridad del país solo aparente, una excusa terrible y maléfica que termina con vidas inocentes.

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La cinta desarrolla el enfrentamiento que tuvieron Binney y su equipo con el gobierno y el final de su trabajo. El proceso de Binney, el ciudadano americano que cree que trabaja para un país libre y democrático, en el que su trabajo de investigación ayudará a salvar muchas vidas, se encuentra que todo es una farsa, una gran mentira en el que solo ha sido un títere más, dentro de un eje oscuro y fanático que insta sus intereses a los puramente económicos, y nada más. Un proceso parecido al de Jim Garrison, fiscal del distrito de Dallas que, investigó el magnicidio del presidente Kennedy para descubrir que todo era un trama planificada por el gobierno de su país para acabar con su mandatario que no permitía más gasto militar ni invasiones, que Oliver Stone hizo la película con resultados ejemplares. Hombres buenos, hombres de principios que se enfrentan a un poder corrupto y asesino, un poder que hace y deshace sin importarle las vidas de las personas. Moser ha construido una película política, con pulso firme y seria, un valiente alegato y muy necesario en los tiempos actuales, en el que podemos ver el aroma de las buenas películas de intriga, de espías, cine negro potente y cuidado, en el que teje una madeja pulcra y enérgica, compleja pero eficiente, pero logrando dosificar la información y dejándonos el tiempo necesario para la reflexión profunda y seria que evocan unas imágenes duras y tristes, si, pero reales, al fin y al cabo es el mundo que hemos creado y hacemos funcionar entre todos.

Entrevista a Roger Casamajor (Rodaje “El elegido”)

Entrevista a Roger Casamajor, actor de “El Elegido”, de Antonio Chavarrías. El encuentro tuvo lugar el miércoles 10 de junio de 2015, en la Cafetería Bracafé, durante la visita al rodaje de la película.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Roger Casamajor por su tiempo, sabiduría y simpatía, y a la maravillosa Sandra Ejarque, de Vasaver, por su paciencia, generosidad y cariño.