Volver a ti, de Jeanette Nordahl

LA VULNERABILIDAD DEL AMOR. 

“La gente empieza viendo una cosa y acaba viendo la contraria. Empieza amando y acaba odiando, o sintiendo indiferencia y después adorando. Nunca logramos estar seguros de qué va a sernos vital ni de a quién vamos a dar importancia. Nuestras convicciones son pasajeras y endebles, hasta las que consideramos más fuertes. También nuestros pensamientos”. 

En “Los enamoramientos”, de Javier Marías

Una de las grandes “tragedias” de la existencia es la distancia tan abismal que, a veces, ocurre cuando los sentimientos resultan tan diferentes y alejados a las circunstancias en las que nos vemos sometidos. Momentos en que las ideas y planes establecidos se tambalean porque el azar, lo inesperado y lo incontrolable se impone de forma aplastante en nuestras insignificantes vidas, removiéndolo todo de tal manera que nos sitúa en una situación de fragilidad y extrema vulnerabilidad, en que la vida nos despierta de un sopapo y nos viene a explicar su verdadera significado. Esos “bombazos” emocionales sólo nos vienen a resituarnos en un lugar que no nos gusta y en realidad, es el esencial, porque en las crisis existencias es donde conocemos nuestra verdadera esencia como seres humanos. 

En Volver a ti (“Begyndelser”, en el original, traducido como “Principantes”), la segunda película de Jeanette Nordahl (Olstykke, Dinamarca, 1985), sitúa a sus protagonistas Ane y Thomas en una deriva muy real y también, muy incómoda. Ellos han decidido que sus vidas tomarán caminos separados, aunque todavía no han informado a sus dos hijas: Clara, adolescente y Marie, niña. La cosa se tuerce y mucho cuando un grave problema de salud de Ane obliga a no tocar nada y qué la cosa siga igual de forma fingida. Pero… “La vida te da sorpresas…” que cantaba Rubén Blades, y la cosa se tuerce aún mucho más, dejando a la “familia” en una situación aún más frágil, incómoda y compleja. La directora danesa que conocemos por sus series Cuando el polvo se asienta y Memorias de una escritora, y su primer largo Wildland (2020), que también hablaba de la familia, en ese caso, de una núcleo con apariencia normalidad que oculta una vida oscura y criminal. A partir de un guion escrito por Rasmus Birch, que tiene en su haber películas como Cuando despierta la bestia y Plan de salida, y la propia directora, el relato se instala en la vulnerabilidad de nuestros sentimientos y en cómo mutan las decisiones que creíamos firmes. 

Una cinematografía íntima y transparente, tremendamente cotidiana y cercana, que firma Shadi Chaaban, del que vimos La última reina, consigue introducirnos con suavidad y gran sensibilidad las sutilezas y detalles que llenan la historia, sin recurrir a ningún truco cinematográfico ni nada por el estilo. La música de un grande como Nathan Larson, con más 50 títulos en su filmografía, entre los que destacan sus trabajos con cineastas de la talla de Stephen Frears, Todd Solondz y Lukas Moodysson, construye con una cercanía que traspasa la pantalla un cine sobre la fragilidad humana, donde cada mirada y cada gesto presiden cada encuadre y plano. El montaje de Rasmus Gitz-Johansen, que ha trabajado con el reconocido Tomas Alfredson y series como Memorias de una escritora, donde coincidió con Nordahl, traza sin estridencias una sutil mirada sobre lo que somos, sobre las complejidades entre lo que decidimos y lo que deseamos, y las dificultades entre los sentimientos y la realidad que tenemos delante, a partir de unos personajes de verdad, que están trazados con cotidianidad, observando sus zonas amables, oscuras y otras, las que no podemos describir, en unos fascinantes 96 minutos de metraje. 

Una película que juega con lo que no se ve y la vulnerabilidad de la naturaleza humana, tan compleja y a la vez, tan llena de miedo, debía tener una pareja de intérpretes a la altura de unos personajes nada fáciles de componer. Tenemos a Trine Dyrholm, que también coproduce la cinta, una de las grandes actrices danes de las dos últimas décadas al lado de nombres como los de Vinterberg, Bier, Pernille Fischer Christensen, Scherfig y Annette K. Olesen. Su Ane es un gran reto que la actriz dignifica e interpreta con dignidad y verdad, con esos grandes momentos en la piscina y todos los demás, donde la mirada traspasa generando una vida alucinante. A su lado, otro actor inmenso como el sueco David Dencik como Thomas, con gran recorrido internacional y no es la primera que coincide con Dyrholm. Un personaje que defiende con gran exactitud y transmitiendo todos los innumerables matices. Las estupendas hijas que hacen Bjork Storm en la piel de Clara, la adolescente que será crucial en el devenir de la trama, y Luna Fuglsang Svelmoe como la pequeña Marie. Y Johanne Louise Schmidt que tiene el incómodo rol de Stine, la otra. La mujer en la sombra de la familia. 

Una de las cualidades que alberga una película como Volver a ti es su mirada nada complaciente a la condición humana, porque a modo de cirujano hábil va hurgando en las heridas de cada uno y extrayendo aquello que nos gustaría olvidar o simplemente, obviamos por miedo a enfrentarnos a esa parte de nosotros. La película en ese sentido es directa y va de frente, porque no es moralista, ni mucho menos, intentando encontrar inocentes ni culpables, aquí la cosa va de mostrar la fragilidad de nuestras emociones y lo fácil que nos resulta dejar de creer en aquello que creíamos firme y viceversa. También nos confirma como gran retratista de la oscuridad humana a la directora danesa Jeanette Nordahl, que sin caer en grandes historias y sobre todo, en piruetas argumentales ni mucho menos emocionales, consigue un relato de gran intensidad emocional sin caer en la sensiblería ni en nada que se le parezca, aquí hay mucha verdad, de la que nos hace vernos en los espejos que no queremos mirarnos, en los que devuelven reflejos incómodos, difíciles y que nos abofetean nuestras creencias, ideas, decisiones y sentimientos poniéndolas en un continuo cuestionamiento. Así somos, tan fuertes como frágiles. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Bauryna salu, de Askhat Kuchinchirekov

EL NIÑO NO QUERIDO. 

“A los niños, antes de enseñarles a leer, hay que ayudarles a aprender lo que es el amor y la verdad”. 

Mahatma Gandhi 

Los amantes del cine recordamos a muchos niños no queridos en ese momento de la vida en la que dejan de ser niños para convertirse en adultos. Un duro tránsito que ha dado grandes películas como Los 400 golpes (1959), de François Truffaut, La infancia de Iván (1962), de Andrei Tarkovski y Ven y mira (1985), de Elem Klimov. Los Antoine Doinel, Iván y Flyora Gaishun son sólo algunos imponentes ejemplos de niños sometidos a la falta de amor y solitarios en un mundo demasiado complejo para entender y mucho menos, ser uno más. Yersultan, el joven protagonista de Bauryna salu, es uno más de esa infancia violentada y aislada, ya que sus padres donan cuando fue un bebé a su abuela siguiendo una tradición nómada que da título a la película, y una vez, la abuela fallece, el niño con 12 años debe volver con su familia, la que es totalmente desconocida, extraña y alejada a lo que es y no logra ser uno más. 

La ópera prima de Askhat Kuchinchirekov (Almaty, Kazajistán, 1982), después de quince años (2004-2019), como ayudante de Sergey Dvortsevoy, el cineasta más prestigioso y conocido del citado país ex-república soviética, amén de actor de un par de sus largometrajes Tulpan (2008) y Ayka (2019). Su película podemos verla como un retrato tanto etnográfico como antropológico de la zona de Kazajistán que retrata donde los individuos se dedican a recoger sal, como hace el joven protagonista en el brutal arranque de la historia, a la ganadería, a la doma de caballos y demás agricultura. La primera mitad de la película la cinta bordea tanto la ficción como el documental, yendo de un lado a otro con una naturalidad asombrosa y nada impostado. En el segundo segmento la cosa se desvía más en la no adaptación de Yersultan, oprimido en un espacio del que se siente extraño y permanentemente excluido, luchando para ser uno más de la familia, pero sus acciones resultan muy infructuosas. La potente mirada del chaval, acompañado por sus leves gestos, siempre oculto de los demás y mirando desde la distancia, ayudan a potenciar ese mundo emocional interior donde no se siente ni querido ni uno más de ese lugar ni de esa familia. 

El cineasta kazajo impone un ritmo cadencioso y reposado, donde las cosas van sucediendo sin prisas ni estridencias, con una sobriedad y contención que tiende más a establecer esos puentes emocionales construidos a partir de pocas evidencias. La cinematografía de Zhanrbek Yeleubek, donde la cámara fija se mezcla con planos secuencias donde se sigue a los diferentes personajes, en el que queda patente la transparencia que da sentido a todo lo que se está contando. La música de Murat Makhan, que apenas se escucha, también hace lo posible para sumergirnos en esa cercanía e intimidad que ayuda a captar todos los detalles y matices de la película, al igual que el montaje de Begaly Shibikeev, en un trabajo que no parecía nada fácil, con sus 113 minutos de metraje, en el que todo va ocurriendo de forma lenta, sin caer en la desesperación, ni  mucho menos, al contrario, es una historia muy física, en el que constantemente no paran de suceder situaciones y los personajes están activos en sus menesteres cotidianos. Unos personajes que hablan poco o casi nada, y están completamente conectados con su tierra, su espacio y su trabajo. 

Suele pasar que cuando hablamos de películas que pertenecen a cinematografías que conocemos muy poco, nos resulta casi imposible conocer a sus intérpretes que, en ocasiones, muchos de ellos son naturales, como ocurre en esta cinta. Tenemos al inolvidable Yersultan Yermanov que da vida al protagonista que, con una mirada que traspasa la pantalla, y una cabeza agazapada siempre en sus pensamientos y en su falta de amor, acaben siendo la clave de la película, siendo una gran elección su presencia, ya que se convierte en un niño que pasa de la infancia a la adultez lleno de miedos, inseguridades y demás oscuridades. No podemos dejar de mencionar a los otros intérpretes como Bigaisha Salkynova, Aidos Auesbayev, Dinara Shymyrbaeva. Resultaría una gran pérdida que, ante la maraña de estrenos que suelen copar cada semana las carteleras, el público dejará pasar una película como Bauryna Salu, de Askhat Kuchinchirekov, ya que nos habla de formas de vida y trabajo de las zonas rurales del desconocido Kazajistán, y también, se acerca a ese momento existencial que todos hemos pasado, cuando la vida que, hasta entonces estaba llena de cielos despejados y tierra fresca y aguas tranquilas, amén de amistades irrompibles, se torna diferente, donde la vida se vuelve más oscura, menos divertida y sobre todo, más seria y menos divertida. Un tiempo en el que necesitamos todo el amor y la verdad del mundo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

Entrevista a Pablo Lago Dantas

Entrevista a Pablo Lago Dantas, director de la película «O auto das ánimas», en su alojamiento en Barcelona, el miércoles 15 de mayo de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pablo Lago Dantas, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan maravillosa. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Nadine Naous

Entrevista a Nadine Naous, guionista de la película «Bye Bye Tiberias», de Lina Soualem, en el marco de El Documental del Mes, iniciativa de DocsBarcelona, en la terraza del H10 Casa Mimosa en Barcelona, el miércoles 5 de marzo de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Nadine Naous, por su tiempo, sabiduría, generosidad, a Sam Wallis, por su gran labor como intérprete, y a Carla Font de Comunicación de El Documental del Mes, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Los indeseados, de Erlingur Thoroddsen

LOS MONSTRUOS DE AL LADO.  

“Los monstruos más temibles son los que se esconden en nuestras almas”. 

Edgar Allan Poe

Películas como Blind (2014), y Los inocentes  (2021), ambas de Eskil Vogt, Thelma (2017), de Joachim trier, y Descanse en paz (2024), de Thea Hvistendhal, son claros ejemplos de la salud de hierro del género de terror nórdico. Un terror que se aleja de las producciones relamidas y arquetípicas basadas en el susto fácil, la fisicidad como medio narrativo y los guiones tramposos como forma de sorpresa al espectador. El terror que proponen las películas citadas está construido a partir de lo psicológico, huyendo de lo fantástico para adentrarse en espacios domésticos donde se desarrollan historias tremendamente cotidianas, donde se hurga en las complejidades de la condición humana, en atmósferas realistas donde lo sobrenatural es algo tangible, algo que está entre nosotros y sobre todo, tramas de pocos personajes, donde lo efectista desaparece para centrarse en las relaciones y en las torturas mentales por las que transitan unos personajes muy cercanos a los que les suceden conflictos que todos podemos llegar a conocer. 

Del director Erlingur Thoroddsen (Reikjavik, Islandia, 1984), conocemos su fascinación por el terror más convencional en sus dos primeros films dirigidos en EE. UU., amén de algún episodio de una serie, para volver a su país donde filma Rift (Rökkur, 2017), donde ya ahondaba en un terror más de sugerir que de mostrar, en la partía de dos hombres aislados en una cabaña siendo acosados por un fantasma. En su cuarto título Los indeseados (“Kuldi”, en el original, traducido como “Frío”), basada en el best seller homónimo de Yrsa Sigurdardóttir, en el que plantea una trama dividida en dos partes: una en la actualidad, en la que Óddin Hafsteinsson y Rún, su hija de 13 años, se encuentran en el proceso del duelo después que Lára, la esposa y madre se lanzará al vacío. La otra parte, se remonta a principios de 1984 en el centro juvenil Krókur, lugar que investiga Ódinn, donde una joven de nombre Aldis se queda fascinada por un joven que acaba de llegar y recibe la hostigación por parte de una dirección que oculta algo siniestro. Dos tramas que van mostrándose que tienen más en común de lo que en un primer instante podemos imaginar, dónde se va dosificando la información con criterio y de forma reposada, donde prima lo inquietante y lo que se oculta en cada detalle. 

Un rasgo capital que caracteriza el audiovisual nórdico es su esmero en cada elemento tanto técnico como artístico, como vemos en Los indeseables, en su cinematografía que firma el belga Brecht Goyvaerts, que tiene en su haber directores de la talla como Lukas Dhont y Julie Leclercq, en que sabe usar el cielo plomizo y grisáceo tan característico islandés para convertirlo en un personaje más, una amenaza que está a punto de saltar sobre los personajes. La música tan excelente y concisa, esencial en una película de este tipo, la firma el compositor Einar Sv. Tryggvason, que ya trabajó con el director en la citada Rift, creando ese ambiente tan cercano y a la vez, tan frío y poderoso. El montaje de la sueca Linda Jildmalm consigue en sus intensos 97 minutos de metraje carburar de forma excelente los dos tiempos, las aparentes dos tramas y sus correspondientes espejos-reflejos entre los acontecimientos de los ochenta relacionados con los de la actualidad. Mención especial merece lo que apuntábamos más arriba en la cuidada elección de los espacios, todos muy domésticos y pocos, amén de los apenas tres personajes entre los dos tiempos, consiguiendo esa trama tensa y terrorífica donde lo sugerido es lo más importante.

En el apartado artístico tenemos a Jóhannes Haukur Jóhannesson como Ódinn, un actor islandés que ha trabajado mucho en su país, amén de películas tan importantes como The Sisters Brothers (2018), de Jacques Audiard, y con Richard Linklater, Bill Condon, entre otras. La joven Ólöf Halla Jóhannesdóttir se mete en la piel de la enigmática y rebelde Rún, Elín Sif Halldórsdóttir es Aldís, y Halldóra Geiharösdóttir es la abuela. Todos bien dirigidos y mejor interpretados, dando a la película esa potente mezcla de investigación criminal, drama familiar y pasado oculto y turbulento que saldrá a la luz más pronto que tarde. Si apuestan por ver una película como Los indeseados, de Erlingur Thoroddsen, lo primero que les va a llamar la atención es su inquietante atmósfera construida a partir de pocos elementos y muy naturales, alejada de efectismos y estridencias y piruetas inverosímiles argumentales y demás triquiñuelas. Aquí no hay nada de eso. Por el contrario, todo está muy pensado y armado, construyendo un magnífico cuento de terror psicológico. ¿Puede ser el terror de otra forma?. Se hace de otras formas, pero no tiene la solidez, la tensión y la excelencia que sí tiene esta película. No se lo piensen más, seguro que les va a seducir. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Vermiglio, de Maura Delpero

LAS MUJERES DE VERMIGLIO.   

Vermiglio es un paisaje del alma, un “Lexico familiar (Natalia Ginzburg) que vive dentro de mí, en el umbral del inconsciente, un acto de amor por mi padre, su familia y pequeño pueblo. Al atravesar un período personal, quiero rendir homenaje a una memoria colectiva”. 

Maura Delpero

Erase una vez… La existencia tranquila y anodina de un pueblo remoto escondido entre los Alpes Italianos a finales de la Segunda Guerra Mundial. Allí, entre montañas cubiertas de nieve y quehaceres agricultores y ganaderos se desenvuelven sus habitantes, entre ellos, la familia del maestro Cesare, su mujer Adele y sus diez hijos. Un lugar que huele a heno recién cortado y leche recién ordeñada como deja patente su cuidadoso prólogo que anuncia un nuevo día y vemos a toda la familia levantándose, cada uno con su tiempo y pesadez, e inmediatamente después, en primerísimo primer plano, las cazuelas van pasando frente a nosotros y llenándose de leche caliente. Un relato casi en primera persona porque la directora nos sitúa en el pueblo de su padre, en su memoria y en su tiempo y silencio. 

La directora que ha dirigido hasta la fecha tres documentales Signori professor (2008), de la cotidianidad de diferentes maestros, Nadea e Sveta (2012), sobre mujeres inmigrantes, y 7 salamancas (2013), sobre la mitología y lo sagrado, en los que abordaba las fronteras entre el documento y la ficción, y una de ficción Maternal (2019), sobre dos madres adolescentes. Mucho de esa textura contiene Vermiglio, su primera película de ficción, aunque con varios peros, porque en muchos momentos podríamos decir que la película se acerca al documento propiamente dicho donde vemos una mirada de las costumbres y oficios y quehaceres de los habitantes de mediados de los cuarenta del siglo pasado. En ese sentido, la película se mueve entre lo colectivo y lo individual a partir de las miradas de estas mujeres de diferentes edades, siguiendo la estela de las anteriores citas de Delpero, con sus nacimientos y muertes, amores, desamores y otros infortunios y alguna pequeña alegría en silencio, y en cómo estas mujeres se enfrentan a las adversidades de la existencia, en una sociedad patriarcal y altamente religiosa en la que ellas están completamente sometidas a la voluntad masculina, y deben hacer frente a los conflictos que estos les generan. Se habla de maternidad en compañía y soledad, en los dificultosos destinos que les esperan a las mujeres, y sobre todo, se habla de cómo el destino fatal se va imponiendo en un lugar donde hay nulas oportunidades de ser y hacer cosas diferentes. 

Delpero se ha acompañado de un gran equipo entre los que destacan el cinematógrafo como el ruso Mikhail Krichman, habitual del cineasta Andrey Zvyagintsev, amén de otros como Liv Ullmann y Jim Sheridan, donde se impone el cuadro bien cuidado que recoge cada detalle con minuciosidad y pausado, donde abundan los encuadres fijos, en el que el off se convierte en la estructura esencial de la película, porque los momentos de gran tensión se despachan en fuera de cuadro seguidas de magníficas elipsis, alejando a la historia de esos momentos de estridencia sensiblera y sumergiéndonos en un tono de dureza, dolor y tristeza sin caer en el tremendismo. La composición de Matteo Franceschini, ayuda a acercarnos a los altibajos emocionales y complejidades de los diferentes personajes de modo reflexivo y emocionante, así como el gran trabajo del arte y vestuario que son extraordinarios, al igual que la estupenda labor de sonido que firman, entre otros, Dana Farzamehpour, con más de 90 títulos entre los que destacan nombres como los de Asghar Farhadi, Jean-Gabriel Péirot y Alice Diop, entre otros. El conciso y trabajado montaje de Luca Mattei, que ya trabajó en la citada Maternal, consigue elaborar un ritmo que nos va atrapando desde lo cotidiano, la sencillez y la naturalidad del lugar y los personajes, en un ritmo pausado, sensible e íntimo. 

Si el apartado técnico es de primer nivel, el artístico no se queda atrás, con la maravillosa presencia de un actor como Tommaso Ragno como el maestro y padre de la familia numerosa, con una espléndida filmografía que le ha llevado a trabajar con Bertolucci, Vrizi, Rohrwacher, Moretti, entre otros, haciendo de ese maestro de pueblo, tan recto como poco padre y menos esposo. Roberta Rovelli es la madre, más acogedora, realista y cercana con su prole. La debutante Maria Scrinzi es la desdichada Lucia que, ante la fatalidad deberá sacar fuerzas y ser fuerte. orietta Notari hace de una tía que es una mano más que ayuda y alienta todo lo que puede. Sara Serraiocco, que hemos visto en No odiarás, El caso Braibanti y El primer día de mi vida, es otra hija que, en silencio y sin molestar, va haciendo y es una testigo esencial en el devenir de las mujeres de la familia, y Carlota Gamba, una de las protagonistas de la reciente ¡Gloria!,  la diferente del pueblo, y Giuseppe De Domenico es el soldado desertor que trastoca la tranquilidad del lugar, como Santiago Fondevila, otro soldado que vuelve de la guerra, familiar y perdido como el otro. 

El tono y la atmósfera que desprende una película de Vermiglio se hermana de forma muy cercana con la cotidianidad y la profundidad que tenían obras de Vittorio De Seta como sus maravillosos documentales, de Ermanno Olmi como El árbol de los zuecos (1978), y de los hermanos Taviani como La noche de San Lorenzo (1982), en sus formas de mirar el trabajo, a sus gentes, sus costumbres, sus sociedades, sus lugares y sus maneras de enfrentarse a la adversidad del tiempo, de los animales, de la tierra y del progreso y demás asuntos como el amor, la familia, etc… La cineasta Maura Delpero no sólo ha construido un retrato sensible, profundo y reflexivo sobre el pueblo de su padre y sus habitantes y ese momento de final de la guerra, sino que también, ha tejido a fuego lento un minucioso y extraordinario retrato sobre las mujeres, sobre todas las mujeres que debieron enfrentarse y cooperar en una sociedad machista y sobre todo, una sociedad que les dejaba pocas salidas en la vida, y que tuvieron que armarse de valor y coraje para ser ellas mismas y ayudarse entre ellas a pesar de los pesares. Vermiglio debería ser de obligada visión por todo lo explicado, además su historia y contexto circunstancial y emocional se cuentan de forma muy honesta y directa, donde se refleja el arduo camino que han tenido que recorrer tantas y tantas mujeres. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Laia Manresa Casals

Entrevista a Laia Manresa Casals, directora de la película «Casa Reynal», dentro de la iniciativa de El Documental del Mes, en La Bonne. Centre de Cultura de Dones Francesca Bonnemaison en Barcelona, el martes 14 de enero de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laia Manresa Casals, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Carla Font de comunicación de El Documental del Mes, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La semilla de la higuera sagrada, de Mohammad Rasoulof

EL ESTADO Y LA FAMILIA. 

“El ciclo de la vida del ficus religiosa es inusual. Sus semillas caen sobre otros árboles dentro de las heces de los pájaros. Las raíces aéreas brotan y crecen hasta el suelo. Después, las ramas abrazan al árbol huésped y lo estrangulan. Por último, la higuera sagrada se sostiene por sí sola”. 

En La vida de los demás (2020), el cineasta Mohammad Rasoulof (Shiraz, Irán, 1972), trazaba un intenso y profundo alegato sobre la moral, a partir de unas personas que se enfrentaban a sus convicciones, envueltos en aceptar una ley injusta y miserable que les obliga a cumplir con la pena de muerte. En La semilla de la higuera sagrada, y siguiendo la estela de su anteriores trabajos, sigue dándole vueltas a las leyes y su cumplimiento, pero en este caso, compone un cuento de terror en toda regla, porque todo ocurre en el interior de las cuatro paredes de la familia de Iman, recién nombrado juez instructor en Teherán, la capital iraní, en el otoño de 2022 en mitad de las protestas feministas que hizo tambalear el régimen de los ayatolás, en respuesta de la muerte de Masha Jina Amini, una joven de la minoría kurda, mientras estaba detenida. La esposa y madre, Najmeh, y las dos hijas jóvenes Rezvan y Sana.  

Como sucedía en La vida de los demás, el conflicto es extremadamente sencillo y directo, y el relato viaja por diferentes y complejos estados emocionales en un magnífico retrato de personajes. La película pasa de la euforia por el nombramiento de Iman, por los cambios de domicilio y por ende, de estatus social, y el misterio que encierra su trabajo para el resto de su familia. Luego, viene la muerte de la mencionada mujer de la minoría kurda, y el estallido de protestas callejeras de mujeres desafiando al régimen quitándose los velos y celebrando la libertad. Hechos que van alejando a la familia, porque las dos hijas ven mediante internet todo lo que acontece. Otro hecho, que no desvelaré por respeto a los espectadores que no hayan visto la película, crea un cisma insostenible en el hogar que desencadenará un atisbo insalvable entre hijos y padres. Un cine muy bien contado, declaradamente psicológico y un magistral estudio de personajes, y sobre todo, las afectaciones de cumplir con la ley, como ocurría con la película mencionada, y lo que desemboca en el ámbito familiar. El director iraní no se anda por las ramas, construye un cine muy transparente en sus contenidos, generando un cuento sobre la moral que nos agarra desde sus primeras imágenes y no nos suelta hasta la resolución, como si se tratase de una película de terror al uso, como he comentado, con sus mismas texturas y formas, indagando en lo íntimo a partir de lo que va ocurriendo entre los diferentes componentes de esta familia. 

Rasoulof construye una cuidada e intensa cinematografía a través del extraordinario trabajo de Pooyan Aghababayi, que viene del mundo del cortometraje, donde cada encuadre y plano está muy pensado y crea un off brutal, porque los ecos de la calle inundan cada habitación y sobre todo, cada pensamiento de los personajes. Un intenso y agobiante thriller psicológico que tiene mucho de los Polanski, Zulawski, Skolimowski, Kieslowski, y compañía, donde la política, lo social y lo más oscuro del alma humana se convertían en materia diseccionante. El estupendo trabajo de montaje de un grande como Andrew Bird, habitual del cine de Fatih Azkin, amén de otras brillantes cineastas como Julie Deslpy y Miranda July, entre otros, donde los 168 minutos de metraje, que podrían asustar a muchos espectadores, se convierte en una duración adecuada y nada pesada, porque el proceso de los acontecimientos y cómo se va ennegreciendo ese hogar necesitaba observar con tiempo y sin prisas. La magnífica música de Karzan Mahmood, que se ha fogueado mucho tiempo en series de televisión, es un elemento esencial en la historia, porque nos ayuda a crear esa tensión in crescendo en la que está instalada la película, sin ser intervencionista ni molesta, sino todo lo contrario. 

En el apartado artístico nos rendimos por lo bien que interpretan los cuatro principales personajes, como sucede en el cine iraní, donde tienen la capacidad que olvidemos a los intérpretes y nos centramos solamente en la composición y actuación. Tenemos a Missagh Zareh como Iman, que ya había trabajado con Rasoulof en Un hombre íntegro (2017), donde un tipo se enfrentaba a su empresa muy dada a la corrupción, siendo ese hombre que es sometido por el estado por el bien de la seguridad nacional, creando una especie de funcionario sin moral ni ética, dispuesto a todo por mantener su empleo y prosperar siendo el ejecutor del terror estatal. Soheila Golestani hace de Najmeh, la esposa comprometida y ciega que está con y por su marido, aunque las cosas se pueden torcer y nada se ve de la misma manera. Las hijas son Setareh Maleki como Sana y Mahsa Rostami como Rezvan, dos jóvenes contrariadas por las protestas que están sucediendo de las mujeres y por contra, una televisión estatal que miente descabelladamente, y un padre que no suelta prenda de su trabajo y su cometido. Unas ideas que chocan con las de su padre y reclaman más justicia e igualdad y humanidad, situación que irá descomponiendo la aparente tranquilidad que parecía que existía. 

Si les hizo reflexionar y todavía recuerdan una película como La vida de los demás, sobre cómo las fauces del estado va contaminando a los ciudadanos y sobre todo, convirtiéndolos en meros títeres que ejecutan sus leyes terroríficas e injustas. Si fue así, deberían darle una oportunidad a La semilla de la higuera sagrada, un revelador y contundente título, la nueva obra de Mohammad Rasoulof, que vuelve a contarnos la peripecia de un hombre que parece íntegro pero que será absorbido por esa gran maquinaria de injusticias y negocio que se han convertido muchos gobiernos del planeta, donde sólo buscan sus beneficios e imponer unas leyes que benefician a los de siempre que sirven para pisotear a los de siempre, también, sea como sea. Estamos ante una buena historia, dividida en tres partes bien diferenciadas, en un gran guion del propio director, donde nos hace reflexionar, emocionarnos y sobre todo, ver cómo la política no va de cuatro leyes, sino también de las diferencias que se generan en una familia cuando el padre es uno de ellos y opta por mirar a otro lado, mientras sus hijas, llenas de rabia por lo sucedido, no se detienen y buscan su rebelión y su lucha, aunque sea en las cuatro paredes de su casa y contra su padre. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Daniel Tornero

Entrevista a Daniel Tornero, director de la película «Saturno», en el Parc de l’Estació del Nord en Barcelona, el jueves 24 de octubre de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Daniel Tornero, por su tiempo, sabiduría, generosidad, a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan especial, y al equipo de comunicación de Madavenue, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Natalia de Molina

Entrevista a Natalia de Molina, actriz de la película «Desmontando un elefante», de Aitor Echevarría, en la terraza del Pol&Grace Hotel en Barcelona, el jueves 9 de enero de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Natalia de Molina, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Sandra Ejarque de Revolutionary Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA