Entrevista a Pablo García Pérez de Lara

Entrevista a Pablo García Pérez de Lara, director de la película «Camino incierto», en su domicilio en Barcelona, el lunes 14 de junio de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pablo García Pérez de Lara, por su tiempo, generosidad, amistad y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Fe y libertad, un amor de clausura, de Ivana Marinic Kragic

MONJAS ENAMORADAS.

“Si nos amamos, será más fácil mantener el voto de castidad”

Hace poco veíamos en las pantallas la película Benedetta, de Paul Verhoeven, que relataba los amores lésbicos de las protagonistas en un convento del siglo XVII, y no era la primera vez que el cine ha retratado a dos monjas enamoradas, porque películas de diferente índole, podemos encontrar y muy variadas. En Fe y libertad, un amor de clausura, de Ivana Marinic Kragic (Split, Croacia, 1984), también nos habla de un amor entre dos monjas llamadas Marita y Fani.. Un amor contado en primera persona por las protagonistas. La directora croata con amplia experiencia en el campo documental, como directora de cortometrajes, productora, amén de aprender el oficio al lado de nombres tan ilustres como los de Gabriele Salvatores y Rajko Grlic, entre otros, debuta en el largometraje con un retrato profundamente personal y sincero sobre dos mujeres que se conocieron siendo monjas y el destino hizo que se amarán.

La cineasta croata compone una película extremadamente sencilla y directa, porque nos cuenta su relato a través de dos caminos. En el primero, vemos y escuchamos a las verdaderas protagonistas de la historia que nos van contando con su voz todo el relato. En el segundo, esas voces testimoniales de las dos protagonistas, viene acompañada de una ficción contada mediante fotografías, a modo de las olvidadas foto-novelas tan populares en otro tiempo, donde dos actrices dan vida a las protagonistas y escenifican la vida cotidiana como monjas, su encuentro y su amor. Con un guion que firman la propia directora e Ivana Vukovic, en la que también se opta por el archivo personal de cada una de ellas, con el que se hace un recorrido por sus infancias y el descubrimiento de su sexualidad y lesbianismo, sus conflictos personales y sociales, en una sociedad la croata extremadamente conservadora y toparse con la iglesia, igual de castradora con los sentimientos lésbicos, nos van contando sus miedos, sus contradicciones, sus luchas interiores, y demás conflictos que van sorteando y padeciendo, sus relaciones lésbicas en el convento, sus alegrías y tristezas.

La película aborda con suma delicadeza y sensibilidad el tema que tiene entre manos, y se sumerge de un modo honesto y muy profundo, las elecciones personajes enfrentadas a un mundo, ya sea el católico o el civil, que no acepta lo diferente e intenta por todos los medios castrarlo y eliminarlo. La película se centra en lo importante y nunca se deja llevar por lo superfluo o lo bello estéticamente, sino que acoge con fuerza su relato y va llevándonos desde el documento personal y la ficción retratada de la mejor manera posible, y sin subterfugios que nos desvíen de la trama principal, eso ayuda su relato breve, apenas si llega a los setenta y un minutos de metraje, con un montaje ágil y rítmico que firma Ivor Sonje, con mucha experiencia en el documental, que nos lleva por varios años de la vida de los protagonistas, con un tremendo trabajo de concisión tanto en su entramado documental como ficcional, donde las actrices brillan de manera sobresaliente. Fe y libertad, un amor de clausura, también nos habla de la doble moral, tanto de la sociedad croata y de cualquier sociedad que trata de luchar por la libertad y se olvida fácilmente de su significado, y sobre todo, de la hipocresía existente en la iglesia, porque abogan por la fraternidad y el amor, pero cuando el amor es diferente y diverso, lo niegan y lo persiguen.

Marita y Fani son dos mujeres que creían que el amor a Dios y la vida en el convento como monjas las salvaría de unas vidas difíciles. La de Marita lastrada por la guerra de los Balcanes, con una familia rota y una madre superada, ella creía haber encontrado en su vocación una forma de encontrar la paz y vivir en armonía junto a Dios y las otras hermanas. Y en el caso de Fani, una infancia dolorosa con un padre borracho y maltratador, creía haber encontrado en su vocación como monja una forma de penitencia por ser lesbiana y que Dios perdonase su pecado. Marita y Fani encontraron lago infinitamente mejor de lo andaban buscando, encontraron el amor, un amor puro, de verdad, sin cárceles, aceptadas por los suyos, y una vida en común y en libertad, sin los ojos de Dios observándolas y sobre todo, juzgándolas. Ivana Marinic Kragic nos cuenta su historia sin sentimentalismos ni tragedias, y en su vidas las hay y muchas, pero la cineasta croata opta por el amor, tanto en su forma como en su fondo, y sobre todo, en contar desde lo humano, desde la elección personal de enfrentarse a todos y todo, y primero a una misma, y derribar todas las barreras habidas y por haber, tanto las físicas como las emocionales, para vivir una vida como se quiere y sin miedo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Nicole Costa

Entrevista a Nicole Costa, directora de la película «El viaje de Monalisa», en la terraza del Mamajuana Bar en Barcelona, el viernes 9 de octubre de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Nicole Costa, por su tiempo, generosidad y cariño.

Ainhoa, yo no soy esa, de Carolina Astudillo

RETRATO DE UN DESENCANTO.

“El significado de una imagen no subyace en su origen sino en su destino”

Sherrie Levine

Las primeras impresiones que me vienen a la mente después de ver la película Ainhoa, yo no soy esa, de Carolina Astudillo (Santiago de Chile, 1975) tienen mucho que ver con la figura de Chris Marker (1921-2012) el cineasta ensayista de la memoria por excelencia, cuando refiriéndose a la naturaleza de las imágenes, mencionó: “Si las imágenes del presente no cambian, cambiemos las del pasado”, en relación a una frase de George Steiner que venía a decirnos que “No es el pasado el que nos domina, sino las imágenes del pasado”. Dicho esto, el concepto de la memoria es la base del trabajo de la cineasta chilena, afincada en Barcelona, ya desde sus primeras piezas, De monstruos y faldas (2008) o Lo indecible (2012) en los cuáles trazaba un profundo y sobrio trabajo sobre sendos casos de carcelación y tortura de las dictaduras españolas y chilenas, protagonizadas por personas anónimas, donde exploraba la memoria personal de aquellos invisibles, de los que nunca protagonizaban portadas de diarios, de tantos ausentes de la historia oficial.

Ya en su primer largometraje El gran vuelo (2014) retomaba lo investigado en el citado De monstruos y faldas, para retomar una de esas historias que pululaban por su pieza para centrarse en la figura de Clara Pueyo Jornet, militante del Partido Comunista que, después de huir de la cárcel de Les Corts en Barcelona, se perdió su pista. Astudillo tejía de manera extraordinaria un brillante y profundo retrato de la desaparecida a través de imágenes ajenas de la época de cuando vivió, ya que no existía material archivo de ninguna naturaleza, creando un mosaico magnífico en el que  indagaba en aspectos ocultos y oscuros de su biografía y dejaba abiertos todos los posibles caminos de su destino, a más, de realizar un ensayo sobre la naturaleza de las imágenes utilizadas, en la que realizaba un exhaustivo análisis de las imágenes, deteniéndose en cómo eran filmadas las mujeres, en su mayoría pertenecientes al servicio.

En su segunda película, la directora chilena va mucho más allá, porque vuelve a centrarse en una persona anónima, la citada Ainhoa Mata Juanicotena (1971-2016) una ciudadana más, una desconocida más, aunque el proceso creativo de la película anduvo por otros lares a los empleados en El gran vuelo, porque si en aquella la ausencia de imágenes provocó la búsqueda de otras de la época, en esta ocasión, la abundancia de material significó otro reto, elegir una idea entre tantas posibles, ya que había tantos caminos abiertos como diferentes. Patxi, hermano de Ainhoa, puso en manos de la cineasta material fílmico realizado en Súper 8, registrado por el padre, material en video, filmado por la propia Ainhoa, grabaciones telefónicas, cientos de fotografías familiares y los diarios de la joven citada. Un material inédito y familiar que abarcaba casi 40 años de vida, una vida llena de momentos alegres y divertidos sobre la infancia y la aventura de crecer, y también, esa adolescencia inquieta y esa juventud desencantada de la protagonista.

Astudillo construye una fascinante y maravillosa película fragmentada, grande en su sencillez e inabarcable en su reflexión, llena de idas y venidas por la biografía de Ainhoa, desde su infancia, pasando por la adolescencia y llegando a la edad adulta. Un viaje sin fin, un recorrido por su vida, por la fragmentación de su vida, a través de las películas de Súper 8 del padre, las fotografías y las grabaciones, donde Astudillo reflexiona sobre la naturaleza de las imágenes, su textura, sus imperfecciones producidas por el paso del tiempo y conservación, donde vemos a una familia feliz que disfrutan en vacaciones, con los padres de Ainhoa, sus dos hermanos mayores y ella misma, tanto en el País Vasco y su emigración a Barcelona. Momentos de otro tiempo, de un pasado lejano que jamás volverá, en el que las imágenes familiares dejan paso a una reflexión magnífica sobre la familia y la biografía propia, a la que la directora chilena añade lecturas del diario de Ainhoa, leídos por Isabel Cadenas Cañón, autora de También eso era el verano, un álbum familiar sin fotografías, una estupenda metáfora del viaje que propone Astudillo, en relación a la naturaleza de las imágenes, su destino, nuestra relación con ellas desde el presente, unas imágenes que explican unas vidas, algunas de ellas ausentes, cómo se detalla en la película.

Astudillo plantea una película de múltiples capas, a las que va añadiendo elementos que van añadiendo más piezas al caleidoscopio complejo de la existencia de Ainhoa y su familia,  como añadir su propia presencia, donde la directora, filmada en Súper 8, con el mismo formato cuadrado que acompaña a esas imágenes encontradas de la familia, en las que la directora se convierte en interlocutora con la propia Ainhoa, a la que escribe una carta que sabe que jamás leerá, en la que reflexiona en primera persona sobre acciones y decisiones comunes con la propia Ainhoa,  también leerá diferentes textos procedentes de diarios de artistas insignes como Frida Kahlo, Simone de Beauvoir, Susan Sontag, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik o Anne Sexton, algunas de ellas suicidas, como el fatal destino de Ainhoa, textos que, al igual que el de Ainhoa, se convierten en textos muy íntimos, donde descubrimos pensamientos, reflexiones y sensaciones sobre la maternidad obligada, la menstruación o el aborto, explicado de manera natural y sincera. También, escucharemos diferentes testimonios que nos hablan de otros aspectos y elementos de la propia Ainhoa, como los de su hermano Patxi, Esther, Lluís o Dave, personas que en algún momento u otro de sus existencias se cruzaron en la vida de Ainhoa.

Astudillo vuelve a contar con su equipo cómplice y habitual que raya a una altura inconmensurable, con el montaje de Ana Pfaff que realiza un trabajo memorable que entrañaba muchas dificultades, llevándonos de un tiempo a otro de manera sencilla y bella, haciéndonos reflexionar, a través de la naturaleza de las imágenes y su diálogo con el pasado y el presente, y Alejandra Molina en la edición de sonido, otro apartado esencial en el universo caleidoscopio y laberíntico de Astudillo, y la aportación en el Súper 8 de Paola Lagos, así como la suave y delicada música de La Musa, que añade otra lectura más si cabe en la vida de Ainhoa. Así como sus objetos más íntimos, como discos de grupos de rock radical vasco, fotografías, sus pinturas, pipas, y su cartera, objetos de alguien que vivió a su ritmo, que mostraba dos caras, la del exterior, donde era alguien duro y frívolo, y la del interior, que conocemos a través de sus diarios, donde se mostraba solitaria, sensible, angustiada y torturada, una persona que no encontraba el amor, que se sentía insatisfecha con su vida, con su trabajo, y quería escapar de todo y acabó con malas compañías, drogas y demás pozos oscuros, que quiso vivir demasiado deprisa, lanzándose al vacío, como le ocurrió a tantos de su generación, unos seres con inquietudes artísticas, curiosos pero perdidos en sí mismos y a la deriva en una sociedad que prometía tanto y finalmente ofreció tan poco y acabó desaparecida en su abismo, en aquellos años de finales de los 80, cuando Ainhoa se va aislando de todo y todos, marginándose en un bucle peligroso que la llevó a tomar una decisión irreversible y mortal. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA