La ola verde (Que sea ley), de Juan Solanas

LA FUERZA IMPARABLE.

“Una no nace mujer, una se hace mujer”

Simone de Beauvoir

Los pañuelos blancos que cubrían las cabezas de las abuelas de la Plaza de mayo nacieron durante la dictadura de Argentina, para protestar contra la desaparición forzada de muchos familiares o amigos.  Más de cuatro décadas después, a esos pañuelos blancos se les han unido otros de color verde, los que reivindican el derecho al aborto libre, legal y gratuito. Una marea de cientos de miles de mujeres argentinas, se lanzaron a la calle a protestar durante el 2018, cuando la ley fue aprobada por el congreso, y tres días después tenía que ser ratificada por el senado. Juan Solanas (Buenos Aires, Argentina, 1966) después de algunos trabajos en la ficción, y el documental Jack Waltzer: On the Craft of Acting (2011) sobre uno de los más famosos profesores del emblemático “Actor’s Studio”, vuelve a la realidad más directa y reivindicativa con La ola verde (Que sea ley), una película que recoge las multitudinarias manifestaciones apoyando el aborto, y además, recoge testimonios de activistas feministas legendarias, jóvenes de ahora, familiares de víctimas de abortos clandestinos, y también, la otra cara, aquellos en contra del aborto.

Un documento necesario y valiente pone rostro y cuerpo a todas aquellas mujeres que han sufrido la falta de una ley que permita el aborto, mujeres en situación de pobreza, mujeres que mueren una a la semana por este motivo, mujeres olvidadas, mujeres que se jugaron la vida, y en muchos casos la perdieron. Mujeres que son recordadas en la película, hablando de sus diferentes circunstancias, reivindicando esa memoria para seguir en pie y en la lucha, para que no cesen las protestas y finalmente, se consiga la ley. Solanas, hijo del legendario Pino Solanas (grandísimo documentalista, autor entre otras de La hora de los hornos o Memorias del saqueo, entre otras, que aparece en la película en su función de diputado defendiendo el derecho al aborto) realiza una película extraordinario y cruda, mostrando realidades que encogen el alma, ejecutando un magnífico documento político sobre una situación inhumana que lleva a la muerte a tantas mujeres, escuchándolas a través de ese cine directo, espontáneo y de guerrilla, un cine militante que pone el foco y la voz a todas aquellas mujeres que luchan con lo que tienen para hacerse notar, armando jaleo en la calle, y gritando las injusticias de un país tan vilipendiado por tantos gobernantes sin escrúpulos.

Un documento azotado por una energía maravillosa y poderosa, se detiene en todos los frentes abiertos, sin dejarse nada en el tintero, contagiada por esa fuerza de las mujeres en pie, abriendo en carnes la cuestión, dando testimonio a las dos caras, con los argumentos de unos y otros, escuchando las dos posiciones antagónicas, y va mucho más allá, porque en realidad no se trata una cuestión de vida sí o vida no, sino que en realidad estamos ante una lucha social, en el que los más privilegiados no quieren perder su status, y los de abajo, se han levantado, cansados de tanta injusticia, y han dicho basta y se han lanzado a las calles a protestar contra la desigualdad y el desamparo legal. La película tiene ritmo y una energía brutal, atrapándonos con su fuerza social, emocionándonos esa marea de mujeres imparable que quizás pierdan muchas batallas, pero finalmente, su empuje y decisión derribará el muro de la hipocresía, la indiferencia y se será ley, contribuyendo con su lucha a que el mundo sea un poco más justo e igualitario.

Solanas ha construido un documento contundente y extraordinario, sus 82 minutos se ven con entusiasmo y amargura, porque por un lado vibramos con la lucha de tantas mujeres en pie y su alegría reivindicativa, peor por el otro, asistimos a tantos casos de mujeres fallecidas en abortos clandestinos y luego, la indiferencia de profesionales médicos u otros ante esa falta de humanidad que provoca que el aborto este penado por la ley. El director argentino se alza como un heredero digno de su apellido con esta película que recoge el sentir humano de las calles, esas protestas y luchas incesantes que no solo dejan claro que el mundo ha cambiado, que el mundo patriarcal tiene los días contados, que las mujeres que luchan por una sociedad más justa se han levantado para no someterse jamás, que los privilegios de unos pocos dejarán paso a los derechos reales, de muchos que han sido pisoteados durante tantos siglos, esos olvidados que necesitan una serie de condiciones legales para que sus existencias sean un poco menos sombrías e invisibles, para que la democracia sea verdadera y no sea una máscara para que los de arriba sigan manteniendo los privilegios de hace siglos sea el sistema gubernamental que sea. Porque como dice la película, por humanidad y empatía. ¡QUE SEA LEY! JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La camarista, de Lila Avilés

LA SOLEDAD DE LA EMPLEADA DE HOTEL.

“Los trabajadores seguimos siendo el pariente pobre de la democracia”

Marcelino Camacho

Eve entra en una habitación a oscuras, levanta la persiana automática, y empieza a limpiar el lugar. Sus actos y movimientos son mecánicos, vaciados de cualquier atisbo de pasión en lo que hace, la mujer se esfuerza y no se detiene en su quehacer. De repente, cuando recoge las sábanas del suelo, descubre a un anciano que se despierta y atónita le pregunta, el señor no contesta, simplemente la mira y responde con gestos, en una actitud de indiferencia total. Eve tiene 24 años y es camarista en un hotel lujoso en la Ciudad de México. La primera secuencia con la que se abre La camarista, opera prima de Lila Avilés (Ciudad de México, 1982) expone con precisión y sobriedad, elementos que nos acompañarán durante todo su metraje, las estructuras en las que se sustentan la propuesta de la cineasta mexicana. Una mise en scène basada en dos características principales, el nulo movimiento de los planos, donde abundan los cuadros intensos y agobiantes, acompañado del vacío y la desnudez de los espacios, de colores grises oscuros, como el uniforme de Eve, y blancos, como las habitaciones, colores apagados y faltos de vida, y la ausencia total de música diegética, en una banda sonora de grandes silencios, solo rota por el trabajo cotidiano de Eve.

Eve es muy observadora e introvertida, de pocas palabras, invisible y ausente, con dos objetivos principales en su trabajo, conseguir un vestido rojo que alguna clienta del hotel olvidó, y sobre todo, hacer méritos para conseguir un puesto mejor como camarista limpiando las suties principales, para eso hace larguísimas jornadas laborales, que le impide estar junto a su hijo pequeño con el que se comunica vía teléfono. Avilés nos encierra literalmente entre las paredes del hotel lujoso, como si fuesen las murallas de una fortaleza para Eve, pero consiguiendo el efecto contrario, porque más bien parece una prisión donde vive y duerme Eve. Eve limpia las habitaciones de forma robotizada, consumida en su cotidianidad laboral, deteniéndose en los objetos de los clientes, imaginando unas vidas que ella nunca tendrá, perdiéndose en esos espacios en los que la vida ajena ayuda a paliar una realidad bien difícil y muy solitaria.

Entre los empleados del hotel hay poquísima camaradería, la misma indiferencia y hostilidad que Eve recibe de los clientes del hotel las pocas veces que coinciden, se ve muy bien reflejada en el trato con los demás empleados, en los que Eve le cuesta encajar y se siente una extraña, aunque ella lo intenta, haciendo alguna que otra amistad que a la postre será frustrante y vacía, apuntándose a clases para adultos, o coqueteando con algún empleado, que tampoco la llevará a ningún lugar, como demuestra la significativa secuencia de Eve con el limpiador de cristales. Avilés se inspira en el trabajo de la artista visual Hotel, de Sophie Calle, que fotografió la basura y los objetos olvidados de los clientes de un hotel, convirtiendo a Eve en una especie de náufraga que se mueve sin descanso por un universo ajeno y abstracto, proyectando todas esas vidas mediante los restos de esos huéspedes que la utilizan para sus fines.

La película muestra el otro lado del espejo, deteniéndose en aquellos que no se ven, pero están, como Eve, observando sin condescendencia pero con humanidad, a todos esos trabajadores que diariamente cumplen con un trabajo extenuante e invisible, pero importante, siguiendo sin descanso a una empleada encerrada en un espacio de cristal, encerrada y asfixiada por esas habitaciones, pasillos, comedores, ascensores o esos cuartuchos donde almacenan los repuestos, mirando como un voyeur esas otras vidas, o esa ciudad en la siempre hay un obstáculo que las separa, como las ventanas o esa línea invisible que divide el mundo en posiciones sociales, los que se hospedan en el hotel y los otros, como Eve, que limpian sin descanso sus desechos, donde convergen en espacios ajenos y vacíos de humanidad, en el que unos viven y respiran y cuentan sus conflictos, mientras el resto, los empleados como Eve, se limitan a trabajar, a callar y a imaginar las vidas que no tendrán a través de esos otros que si las tienen.

La inmensa capacidad interpretativa de Gabriela Cartol, componiendo una inconmensurable y magnífica Eve, transmitiendo todo ese mundo interior deseando salir y explayarse, pero limitado a su trabajo y a ese vacío y soledad en la que vive, deseando momentos que se quedan dentro, una actriz que demuestra su capacidad para transmitir desde lo más difícil, casi sin expresar palabras y mediante los gestos y las acciones, y sobre todo, las miradas que va proyectando a lo largo de la película, como esos maravillosos instantes donde se queda traspuesta mirando la ciudad a través de esos grandes ventanales  o aquellos otros donde juega a mirar esas vidas y a jugar con los objetos en su intimidad. Avilés ha construido una película imponente e inteligente, apoyándose en lo mínimo, encerrándose con Eve en esa caja de cristal brillante, que esconde demasiados silencios y soledades, en un mundo cada vez más incapaz de mostrar un mínimo de humanidad y empatía hacía el otro. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Cachada, de Marlén Viñayo

SANAR LAS HERIDAS.

“Pues como dice usted no pensábamos que iba a salir todo lo que ha salido. Han salido muchas cosas… que yo pienso que si no sirven para la obra, van a servir para quien las ha dicho y las ha hablado, y se ha descargado de esto”

Cachada, en El Salvador, se relaciona a una oportunidad única, a algo que no volverá a pasar. Cinco mujeres Magaly, Magda, Ruth, Chileno y Wendy, con pasados traumáticos debido a violaciones y violencia de género, después de pasar por un taller de teatro, reunieron fuerzas y valentía y guiadas por la actriz y profesora Egly  Larreynaga, se convierten en un grupo de teatro en el que interpretan sus propias experiencias en un proceso catártico, liberador y sanador. La directora Marlén Viñayo (León, 1987) residente en el país latinoamericano desde el 2013, conoció a este grupo de mujeres y empezó a filmarlas, el resultado es Cachada, un viaje donde conoceremos las vidas de estas cinco mujeres, a través de su quehacer diario con sus empleos como vendedoras ambulantes, la relación con sus hijos, y su trabajo como actrices explicando a la cámara sus horribles pasados y aprovechando todas esas experiencias para interpretarlas en la escena y convertir su dolor y trauma en material de ficción para el teatro.

Viñayo hace su puesta de largo con una película valiente y necesaria, mirando de manera honesta una realidad sucia y dolorosa, sumergiéndose en la intimidad y la cercanía de unas mujeres que abren su vida y su corazón a los demás, ayudando y ayudándose para paliar su sufrimiento a través del teatro. La cámara las sigue por dentro y por fuera, mediante capítulos en los que se les da voz y rostro a cada una de ellas, siguiendo el proceso teatral y sobre todo, el proceso interior de cada una de ellas para mostrar su dolor y sanarlo mediante el arte y la compañía de las demás. Un retrato profundo y sincero desde lo más cotidiano, desde el alma que nos abren estas cinco mujeres, víctimas del machismo imperante en El Salvador, uno de los países con las tasas más altas de homicidios donde el aborto esta castigo con grandes penas por ley, situación que obliga a muchas mujeres a parir hijos en condiciones laborales pésimas y graves problemas de subsistencia.

La película no solo se detiene en la pobreza y las dificultades para salir delante de estas mujeres solas con sus hijos, sino que abre más ventanas, mostrándonos el trabajo diario de estas cinco valientes para seguir en pie, enfrentarse a sus miedos y dolores, y sobre todo, sanarlos y liberarse de tanto dolor, experimentando un proceso extremadamente doloroso y difícil, pero completamente necesario para ellas para mirarse al espejo y romper el círculo vicioso de violencia, aprendiendo diariamente en sus empleos, en el complejo rol de la maternidad y darles una educación muy diferente a sus hijos de la que recibieron ellas. Cachada recoge el aroma de el arte como forma de liberación y terapia para sanar el dolor de nuestro interior, insistiendo en la necesidad vital de las artes como forma de relacionarse con uno mismo y los demás, en la que Teatro de guerra, de Lola Arias,  otra película sudamericana, en concreto de Argentina, sería una especie de espejo en la que mirarse, en la que a través del teatro se escenifican los recuerdos y los traumas de algunos soldados veteranos que participaron en la guerra de las Malvinas.

Viñayo nos sumerge de forma natural y tranquila en la realidad de estas cinco mujeres, componiendo un retrato lleno de vida, humanidad y esperanza para estas cinco almas que han dado un puñetazo en la conciencia y se han propuesto mirar al dolor para sanar, para reconstruirse una vez más y tantas veces hagan falta. La cineasta residente en El Salvador ha construido una película muy emocionante, llena de energía y magnífica, colocando su mirada a aquellas mujeres invisibles que nadie mira, mujeres azotadas por la violencia sistemática de países olvidados y con múltiples problemas sociales, económicos y culturales, profundizando en cinco vidas que seguirán vivas en nuestra memoria, las Magaly, Magda, Ruth, Chileno y Wendy, respiran, sienten, ríen, lloran, juegan y sufren durante los 82 minutos de la película, mostrándolo todo su interior y abriendo sus emociones en canal, sin estridencias ni sentimentalismos, de manera sincera y profunda, sin máscaras ni imposiciones, dejándose llevar por la mirada y la cámara de Viñayo.

La directora leonesa debuta de forma magnífica en el cine, ejecutando una película con alma y vital, que emocionará a todos aquellos espectadores que no solo quieran descubrir una realidad social oscura y violenta, sino que hay otras formas de vida en esos países, que hay otras formas de enfrentarse a esa oscuridad traumática y violenta, que existen mujeres que cada día se levantan al amanecer, levantan y visten a su hijos, y los llevan al colegio, los cuidan y protegen, y luego acuden a la calle a vender sus productos para sacarse unos dólares para sobrevivir, y además, aún les queda tiempo para acudir a una sala a ensayar una obra de teatro que habla sobre ellas y sus miedos y dolores, aquello que no las deja vivir, pero que mediante el arte y la fraternidad de sus compañeras, ya han dejado el suelo, se han levantado y se han puesto de pie para seguir combatiendo, y si vuelven a caerse, volverán a ponerse de pie y otra vez en la lucha. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Presentación de LA AMERICANA FILM FEST con Steve James y Denis Côté

Presentación de LA AMERICANA  FILM FEST con la presencia de los cineastas Steve James y Denis Côté, Xavi Lezcano y Josep Maria Machado (directores del festival) y Mireia Sanahuja de la Filmoteca, en la Filmoteca de Catalunya, el lunes 2 de marzo de 2020

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Steve James y Denis Côté, por su tiempo, generosidad y cariño, a la fantástica labor como intérprete de Carlos Ulecia, a Ana Sánchez de Trafalgar Comunicació y a Jordi Martínez de Comunicació Filmoteca, por su tiempo, paciencia y cariño.

Entrevista a José Luis Montesinos

Entrevista a José Luis Montesinos, director de la película «Cuerdas», en el Hotel Medinaceli en en Barcelona, el martes 18 de febrero de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a José Luis Montesinos, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Sandra Carnota de ArteGB, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Entrevista a Miguel Ángel Jenner y Paula del Río

Entrevista a Miguel Ángel Jenner y Paula del Río, intérpretes de la película «Cuerdas», de José Luis Montesinos, en el Hotel Medinaceli en en Barcelona, el martes 18 de febrero de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Miguel Ángel Jenner y Paula del Río, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Sandra Carnota de ArteGB, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Reina de corazones, de May el-Toukhy

LA MADRIGUERA.

“Para quienes ambicionan el poder, no existe una vía media entre la cumbre y el precipicio”

Tácito

Hace un lustro que May el-Toukhy (Copenhague, Dinamarca, 1977) debutó en la gran pantalla con Una larga historia corta, en la que se contaba las vicisitudes y conflictos románticos de un grupo de mujeres encabezados por Ellen. Debido al reconocimiento de crítica y público, el-Toukhy ha vuelto a trabajar con el mismo equipo en Reina de corazones, con Caroline Blanco en la producción, Maren Louis Käehne en el guión y Trine Dyrholm en la interpretación. En esta ocasión el relato se desplaza de la coralidad a la intimidad doméstica del hogar, situándonos en el marco de una familia formada por un matrimonio burgués Anne, abogada y Peter, médico, y sus dos preciosas gemelas. La armonía y la felicidad reinan en esta colmena ajena a muchas cosas, con sus leves idas y venidas de una pareja de éxito emocional y profesional, donde la cotidianidad se impone en una familia modélica bien posicionada. Toda esa aparente tranquilidad se resquebraja con la llegada de Gustav, el hijo del primer matrimonio de Peter, un chaval complejo y esquivo que causará varios problemas.

Cuando todo parecía que la relación paterno-filial iba a ser el detonante del conflicto, la película se centra en Anne, que ve en el joven Gustav una especie de liberación personal de un matrimonio demasiado cuadrado y una vida demasiado encajonada. Como ocurría en Teorema, de Pasolini, Gustav se convierte en esa amenaza del exterior, aunque en Reina de corazones, los tiros van por otro lado, porque Gustav si viene a pervertir la armonía burguesa, pero con el beneplácito de una mujer que quiere tener su aventura, una aventura que se le irá yendo de las manos. La directora danesa-egipcia utiliza la casa con su espectacular jardín, para ejercer ese poder que impone Anne, convirtiendo cada uno de esos espacios en aquello que puede mostrar y en lo que no, manteniendo las formas con su entorno burgués y sobre todo, manteniendo alejado de ese mundo a Gustav, situándolo en un lugar ajeno a todo ese universo, un mundo del que podrá expulsarlo cuando las cosas adquieran una amenaza en toda regla como sucederá a lo largo del metraje.

Si bien la película nos habla de una relación extramatrimonial de Anne, a través de un drama doméstico y familiar, la película se irá tornando más oscura, entrando en otros terrenos como el suspense a lo Hitchcock, muchos recordarán alguna de sus inolvidables cintas como Rebeca o Sospecha (donde lo doméstico adquiría todo el suspense necesario con acciones muy cotidianas) en que el tempo de la intriga contaminará toda la película, llevándonos por terrenos muy peligrosos en el que los personajes, sobre todo Anne, mantendrá su posición de dueña de la casa y protegerá a su familia de su desliz y de todo aquello que tenga que ver con Gustav, adoptando un rol de víctima, donde la mentira ejercerá de arma imprescindible para salir de cualquier entuerto. El retrato se convierte en un artefacto moral, donde los espectadores tienen el suficiente espacio y distancia para emitir sus veredictos sobre unos personajes confusos, de muchas piezas, que se ocultan en sus vidas y posesiones materiales como hace Anne, esa especie de mantis religiosa que decide la aventura sexual y también, decidirá cuando terminarla y cómo hacerlo, manteniendo su poder y ejerciéndolo, pase lo que pase y se lleve a quién se lleve, sin titubeos ni dudas.

La fantástica elección del reparto capitaneado por el aplomo y la sobriedad de una grandísima actriz como Trine Dyrholm, una de las mejores actrices de Dinamarca, que ya la habíamos visto en películas tan importantes como Celebración o La comuna, ambas de Thomas Vinterberg, o en otras dirigidas por Susanne Bier, o en la exitosa serie The Legacy, compone una maravillosa Anne, tanto en su parte más noble como en aquella más oscura, convirtiéndose en la auténtica dueña y señora de su vida, su familia y su hogar. Frente a ella, el joven Gustav Lindh, que ejerce al principio ese personaje liberador para Anne, para luego convertirse en un estorbo y en alguien peligroso que hay que reducir y sacar de su mundo. Y luego está Peter al que da vida Magnus Kreeeper, que hace ese marido enamorado y padre entregado, y por otro lado, padre de adolescente torpe y perdido. Una película sobre el poder, de cómo se ejerce sobre las personas, donde emergen sus mejores aliados, la manipulación y la mentira, sin olvidarnos de otros elementos como la hipocresía de la burguesía para seguir manteniendo su posición y privilegios a costa de lo más ruin de la condición humana, ejerciendo su estatus políticamente correcto, escondiendo bajo la alfombra todas las suciedades y maldades de sus existencias. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Cuerdas, de José Luis Montesinos

SOLA ANTE LOS MIEDOS.

“Mi padre fue ingeniero y tenía la intención de seguir sus pasos, pero las películas se convirtieron en mi verdadera pasión. La planificación cuidadosa es importante en ingeniería, así que usé esa experiencia para enfocarme en la preproducción de películas. Con los bajos presupuestos que tenía, no podía permitirme que el elenco y el equipo esperaran durante días en una película de 10 días mientras descubría cómo y qué disparar”

Roger Corman

Hay películas que hacen de su modestia su mejor virtud, no pretendiendo hacer algo que se escapa de sus medios de producción, sino adecuándose a sus limitaciones y sobre todo, extrayendo el máximo rendimiento artístico a las escaseces presupuestarias. Cuerdas, primera película de José Luis Montesinos (Tarragona, 1978) cumple con toda esa idea, construyendo un relato de terror en un ambiente doméstico, y encadenando a su protagonista a una silla y a su inmovilidad, creando así una peculiar e interesante cinta angustioso y brillante. Montesinos había despuntado en el mundo del cortometraje con películas como  La historia de siempre (2010) y El corredor (2015) de corte social en los que indagaba en temas como la pareja o las consecuencias de difíciles decisiones.

En su puesta de largo sigue alimentando la tensión y lo asfixiante que ya estaba en sus anteriores trabajos, y nos sumerge en una historia anclada en el presente, pero muy deudora de un pasado oscuro y muy turbio. Nos encontramos con Elena, una joven tetrapléjica que ha perdido a su hermana gemela en un accidente, y después del hospital, regresa a casa para compartirla junto a su padre Miguel, relación conflictiva en que la hija reprocha demasiadas cosas a un progenitor que también sufrió lo suyo con la muerte de la madre tiempo atrás. Debido a la situación de Elena, el padre ha provisto a su hija de un perro adiestrado para ayudarla. Aunque las cosas se tuercen, el padre queda fuera de juego, el perro se vuelve rabioso y la niña se queda sola, encerrada en su casa y con la amenaza del perro. El director tarraconense nos convierte en un personaje más, junto a la joven atrapada en su silla y en ese paisaje doméstico que acaba de conocer.

La película se instala en los días para contarnos una sutil y una trama muy bien elaborada (en un guión que firman Montesinos e Iakes Blesa, que ya trabajaron juntos en El corredor)  donde van apareciendo obstáculos y tensiones que van cercando la voluntad de Elena. Una joven que deberá no solo lidiar con ese presente difícil y acorralado en el que se encuentra, sino también con los traumas del pasado y el accidente que lo cambió todo. Cuerdas no solo hace referencia a las cuerdas físicas y evidentes en las que se encuentra Elena postrada en su silla, sino a las otras, las que no se ven, las emocionales, las más complejas de sobrellevar, las que tarde o temprano hay que enfrentar para calmar las emociones y reconciliarse con uno mismo. En el relato encontramos muchos momentos de tensión y angustia, al más puro estilo de terror clásico, donde la supervivencia se torna en el foco de atención, aunque también nos encontramos con otros momentos de tensa calma en los que Elena rinde cuentas con su pasado, y sobre todo, con su hermana y su recuerdo.

Montesinos se arropa de otros cómplices que han caminado junto a él en el cortometraje como la presencia en la cinematografía de Marc Zumbach, auténtico alma mater del director, que consigue transformar esa luz cotidiana y doméstica en una luz densa y compacta que oscurece el ambiente y enmarca cualquier habitación u objeto en una sensación de miedo y peligro. Y el gran trabajo de Luis de la Madrid (uno de los editores más importantes dentro del género de terror, colaborador entre otros de nombres tan ilustres como Balagueró, Paco Plaza o Guillermo del Toro) consigue un trabajo estupendo con ese ritmo in crescendo donde a medida que avanza la trama, nos vamos encontrando más atrapados y solos. Un estupendo reparto encabezado por Paula del Río, que ya la vimos despuntar en El desconocido y La sombra de la ley, ambas de Dani de la Torre, creando una Elena que deberá arreglárselas para sobrevivir sola ante la terrible amenaza de ese perro asesino que recuerda a El perro blanco, de Fuller o aquel otro en El perro, de Antonio Isasi-Isasmendi, junto a ella Miguel Ángel Jenner, auténtico actor fetiche de Montesinos, y brillante actor de doblaje, entre otros trabajos, interpreta con sobriedad y esa mirada penetrante, hace aquí el padre de Elena, un hombre de segundas oportunidades que hace lo imposible para que su hija consiga sobrellevar su discapacidad de la mejor manera posible.

Cuerdas  nos va sumergiendo sin prisas ni estridencias en su trama lineal y sencilla, en el que todo va enrollándose como si fuese una madeja difícil de desentrañar, casi sin darnos cuenta, imbuidos en ese perro convertido a su pesar en una amenaza firme y peligrosa contra la persona que aparentemente tenía que proteger. Un relato certero y profundo, que no cae en entorpecer su estructura ni sacarse conejos de la chistera, sino en cogernos desde el primer minuto con esa tensión y terror tan cercano y corpóreo, con el aroma de las películas de Corman, el Giallo, o Sola en la oscuridad, de Terence Young, protagonizada por Audrey Hepburn, con la que tendría varias similitudes, u obras más de aquí como algunas obras de Jess Franco, Chicho Ibáñez Serrador, Los sin nombre, Tesis, etc… Títulos que evidencian como lo hace Cuerdas, que la modestia se puede convertir en el mejor aliado para contar un cuento de terror sobrio, interesante y profundo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Vida oculta, de Terrence Malick

EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL HORROR.

“Ni nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar”

Marcelino Camacho

El último lustro en la carrera cinematográfica de Terrence Malick (Ottawa, Illinois, EE.UU., 1943) han virado hacia la vorágine, ya que su producción como director ha aumentado considerablemente dirigiendo 5 títulos, producción que contrasta enormemente con la escasa producción hasta el año 2205 cuando sólo contaba 4 títulos en más de tres décadas. Quizás este dato no sea importante en otros directores, pero en el caso de Malick resulta muy significativo, ya que después de El nuevo mundo (2005) su obra se ha encaminado a dramas personales confusos y desorientados que no han acabado de despertar el entusiasmo de sus títulos anteriores. Con Vida oculta rompe esa tendencia y en cierta medida, recupera su gran cine, aquel cine que asombró a crítica y público, y lo encumbró a uno de los cineastas estadounidenses más interesantes desde que debutase en 1973 con Malas tierras, le siguió Días del cielo (1978) lo agrandó con La delgada línea roja (1998) a pesar de esas dos décadas de inactividad cinematográfica, la mencionada El nuevo mundo, y El árbol de la vida (2011) la historia personal de alguien desde niño hasta su edad adulta, en la que repasaba la génesis del universo y todas las etapas de vida y aprendizaje del protagonista.

Vida oculta  recupera ese cine que había en El árbol de la vida, con esos grandes angulares donde rastrea y filma de forma natural toda la belleza natural del paisaje y la fisicidad de sus personajes, involucrando a los espectadores de una manera muy íntima y cercana a la actividad del relato, tanto su trabajo físico en la granja como las miradas y gestos de los personajes, adquiriendo todo el conjunto un nivel de comunicación de gran fuerza expresiva y magnética. Malick recupera el caso real de Franz Jägerstätter, que fue ejecutado en 1943 por los nazis al negarse a ir a la guerra. El cineasta estadounidense nos sitúa en una granja alpina de Sankt Radegund, en Asutria, en aquellos años cuando el país se anexionó a la Alemania nazi, y de repente, tanto los seguidores como los detractores quedaron sometidos al régimen totalitaria de la Alemania de Hitler, situación que se vive en carnes en la película en ese pueblo donde la mayoría aboga por la idea nazi dejando arrinconado y vilipendiado la posición de Franz, declarado pacifista y completamente opuesto a la guerra.

Con algunos flashbacks conocemos la historia de amor de Franz y Franziska, un amor puro, bello y natural como la tierra que pisan, donde la película se viste de romanticismo profundo y sincero para retratarnos a dos personajes buenos, transparentes y sencillos, una almas enamoradas y trabajadoras ajenas a todo el horror que se les viene encima. La sublime y naturalista luz de Jörg Widmer (que debuta con Malick como cinematógrafo, aunque llevaba desde el 2205 trabajando como cámara en sus películas) acoge y presenta a dos seres muy enamorados, que se desean y trabajan codo con codo en su granja y cuidan a sus tres hijas, donde el cuadro escenifica y acerca con inusitada belleza todo lo que va aconteciendo, en que el paisaje adquiere una sutileza maravillosa, donde todo tiene vida y movimiento. Bien acompañado de un montaje preciso y trabajoso que se alargó tres años y contó con tres editores, Rehman Nizar Ali (que lleva siete películas con el director), Joe Gleason (desde el 2016 a las órdenes de Malick) y Sebastian Jones (realizador con Malick que en esta ocasión hace labores de editor) en que Malick nos sumerge en un relato muy despedazado pero capturando toda esa belleza física que se mezcla con la turbación y la oscuridad por la que va adentrándose la película, donde la música de James Newton Howard va acompañando de manera respetuosa dejando al espectador sus propias conclusiones, con las magníficas partituras de Bach, Beethoven, Händel, Arvo Pärt, entre otros.

Malick teje una historia reposada y espiritual, en la que maneja con rigor y serenidad el tempo cinematográfico, elaborando con detalle cada plano y mirada, explorando las emociones con sumo cuidado, sin precipitarse ni sentimentalismos, con orden y aplomo, donde se mezclan romanticismo, naturaleza, cotidianidad laboral y horror, donde la religión, como ocurría en El árbol de la vida, vuelve a convertirse en la luz y guía de los personajes principales, auténtica tabla de salvación de sus vidas, y sobre todo, el lugar donde encontrar ayuda y respuestas a toda la oscuridad y el horror que se les bien encima. Malick ha contado con un reparto que raya a gran altura interpretativa y sabe transmitir toda la alegría y la tristeza que experimentan los personajes, encabezados por el enorme August Diehl como Franz, bien acompañado de Valerie Pachner como Franziska, esa pareja enamorada que lucharán hasta el final por sus valores humanos y por lo que creen siempre juntos y a una, y el resto del reparto con actores de la solvencia de Matthias Schoenaerts, Michael Nyqvist, Jürgen Prochnow o Bruno Ganz, en uno de sus últimos papeles.

Malick ha construido una película magnífica, profunda y sincera, muy sensorial y con unas imágenes que traspasan la pantalla, donde apenas escuchamos diálogos, en que una primera parte estaría contada a través de lo físico, mediante los trabajos en la granja, y una segunda mitad, donde prevalece la palabra escrita, mediante esas voces en off que van leyendo las cartas que se dirigían la pareja enamorada cuando estaban separados. Sus 174 minutos no agotan ni juegan en su contra, sino todo lo contrario, convirtiendo la película en un hermoso canto al amor y a la libertad, con ese aspecto de cotidianidad y de gentes anónimas que desafiaron el terror nazi con las armas que poseían, su dignidad y valentía, en que el relato consigue esa brutal capacidad de transmisión y belleza que tiene la mirada de Malick, sumergiéndonos en un paisaje físico y moral, donde todo pende de un hilo, en que el equilibrio emocional de los personajes interpela directamente a los espectadores, dirigiendo nuestras emociones a la actitud férrea de Franz y su digna decisión de enfrentarse a los malvados y preservar sus valores humanistas y sobre todo, seguir indemne durante todo su cautiverio y condena, siendo fiel a sus principios morales y teniendo a su mujer y familia a su lado, en esa lucha hasta el final contra el fascismo que todo lo devora. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Zabou Breitman

Entrevista a Zabou Breitman, codirectora de la película «Las golondrinas de Kabul», en el Instituto Francés en Barcelona, el miércoles 19 de febrero de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Zabou Breitman, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, a Mariam Chaïb Babou, por su fantástica labor como intérprete, y a Eva Herrero de Madavenue, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.