Zero, de Iñaki Sánchez Arrieta

EN MITAD DE LA NADA.

“Dicen… que la mala fortuna no entiende de justicia ni de compasión. Tampoco de estadísticas, creencias o de casualidad. La mala fortuna sólo entiende de sí misma y de la despreocupación del dolor que puede causar. Lo cierto es que es se dolor se propaga como la peor de las epidemias, arrasando con todo lo que se pone a su alcance. La mala fortuna siempre es el origen de una larga cadena de desgracias, que sólo generan dolor, dolor y dolor, allá donde llegan. Yo. Soy uno de los eslabones de esa cadena”.

La premisa de partida de Zero, opera prima de Iñaki Sánchez Arrieta (Valencia, 1977), es sencilla, sobria y realmente muy espectacular. A saber. Un hombre y una mujer se despiertan en mitad de un desierto, no saben nada de su pasado, ni siquiera sus nombres. Cada día, por mucho que se desplacen buscando una salida a este laberinto, no consiguen salir, y a la mañana siguiente, vuelven a despertarse en el mismo lugar. Desde la distancia, un hombre y su perro los observan.

Sánchez Arrieta que ha aprendido el oficio de dirigir con sus cortometrajes y como ayudante de dirección en películas y series, ha escogido un relato sin estridencias, apoyado en un par de personajes y mucha sobriedad, centrándose en el aspecto humano y marcando una historia con el mejor aroma del thriller psicológico, recogiendo la trama con los sueños, pesadillas o recuerdos del protagonista masculino, y tocando elementos que mortifican a las personas de ahora, como la obsesión por el trabajo, el miedo a afrontar una realidad dura, las dificultades que tenemos para relacionarnos, y sobre todo, la necesidad de dar y recibir amor. Zero es una película modesta, abarca todo lo que puede, sin salirse de la línea marcada, no quiere levantarnos de la butaca, sino todo lo contrario, hundirnos en ella, hablándonos de seres humanos y sus problemas cotidianos, cómo los afrontan, extrayendo sus miedos, inseguridades y conflictos. El género se adapta completamente al aspecto psicológico de los personajes, la historia siempre es una excusa para mover de aquí para allá a unos individuos a los que la vida les da puñaladas inesperadas, como suele ocurrir, porque la vida, como bien mencionan en la película, es completamente azarosa y como tal, debemos estar preparados para los cambios contantes.

Un guion férreo y estimulante que firma Ferran Brooks, una excelente, natural y directa cinematografía de José Martín Rosete, y un montaje ágil y firme de Manolo Casted y el propio director, reafirman que a veces no hace falta grandes presupuestos para conseguir que el espectador entre en tu propuesta y se emocione con los mínimos elementos. Aunque, el elemento que más destaca en Zero es sin lugar a dudas la dirección de actores y el inmenso trabajo interpretativo del trío de la película, empezando por Juan Blanco, dando vida al hombre que parece tenerlo todo, y un infortunio del destino, aludiendo al texto que abre la película, se verá inmerso en un vaivén de pesadillas, sentirse muy perdido y sobre todo, del miedo que le oprime ya que se ve incapaz de enfrentar sus males y culpas. A su lado, Núria Herrero, la mujer que también está atrapada en este bucle kafkiano, que tendrá una misión importantísima en el transcurso de la existencia del hombre. Y finalmente, Pep Sellés, un personaje enigmático del que sabemos nada, pero conectará con el hombre y la mujer de esta historia, también muy a su pesar.

Zero se convierte casi al instante en una obra de culto, porque sabe sacar el máximo beneficio, tanto emocional como técnico, convirtiendo una propuesta arriesgada en un trabajo muy íntimo y transparente. La película tiene el aroma de un episodio de la mítica serie estadounidense de misterio y ciencia-ficción The Twilight Zone, o la más cercana Historias para no dormir, del gran Chicho Ibáñez Serrador, incluso toda la serie B, como La invasión de los ladrones de cuerpos, El pueblo de los malditos, la factory Corman, et… Relatos con su toque de misterio o fantasía, que tiene mucho que ver con la condición humana, todo aquello oscuro que intentamos vanamente ocultar, y sobre todo, unos ejercicios de reflexión que nos hablan mucho de la sociedad que habitamos y todos los problemas que nos suceden, cómo vivimos, cómo afrontamos el dolor y al culpa, y aún más, quiénes somos y qué hacemos, la grandes cuestiones que martillean a la humanidad desde que pululamos a lo largo y ancho de este planeta. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a José Luis Montesinos

Entrevista a José Luis Montesinos, director de la película “Cuerdas”, en el Hotel Medinaceli en en Barcelona, el martes 18 de febrero de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a José Luis Montesinos, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Sandra Carnota de ArteGB, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Cuerdas, de José Luis Montesinos

SOLA ANTE LOS MIEDOS.

“Mi padre fue ingeniero y tenía la intención de seguir sus pasos, pero las películas se convirtieron en mi verdadera pasión. La planificación cuidadosa es importante en ingeniería, así que usé esa experiencia para enfocarme en la preproducción de películas. Con los bajos presupuestos que tenía, no podía permitirme que el elenco y el equipo esperaran durante días en una película de 10 días mientras descubría cómo y qué disparar”

Roger Corman

Hay películas que hacen de su modestia su mejor virtud, no pretendiendo hacer algo que se escapa de sus medios de producción, sino adecuándose a sus limitaciones y sobre todo, extrayendo el máximo rendimiento artístico a las escaseces presupuestarias. Cuerdas, primera película de José Luis Montesinos (Tarragona, 1978) cumple con toda esa idea, construyendo un relato de terror en un ambiente doméstico, y encadenando a su protagonista a una silla y a su inmovilidad, creando así una peculiar e interesante cinta angustioso y brillante. Montesinos había despuntado en el mundo del cortometraje con películas como  La historia de siempre (2010) y El corredor (2015) de corte social en los que indagaba en temas como la pareja o las consecuencias de difíciles decisiones.

En su puesta de largo sigue alimentando la tensión y lo asfixiante que ya estaba en sus anteriores trabajos, y nos sumerge en una historia anclada en el presente, pero muy deudora de un pasado oscuro y muy turbio. Nos encontramos con Elena, una joven tetrapléjica que ha perdido a su hermana gemela en un accidente, y después del hospital, regresa a casa para compartirla junto a su padre Miguel, relación conflictiva en que la hija reprocha demasiadas cosas a un progenitor que también sufrió lo suyo con la muerte de la madre tiempo atrás. Debido a la situación de Elena, el padre ha provisto a su hija de un perro adiestrado para ayudarla. Aunque las cosas se tuercen, el padre queda fuera de juego, el perro se vuelve rabioso y la niña se queda sola, encerrada en su casa y con la amenaza del perro. El director tarraconense nos convierte en un personaje más, junto a la joven atrapada en su silla y en ese paisaje doméstico que acaba de conocer.

La película se instala en los días para contarnos una sutil y una trama muy bien elaborada (en un guión que firman Montesinos e Iakes Blesa, que ya trabajaron juntos en El corredor)  donde van apareciendo obstáculos y tensiones que van cercando la voluntad de Elena. Una joven que deberá no solo lidiar con ese presente difícil y acorralado en el que se encuentra, sino también con los traumas del pasado y el accidente que lo cambió todo. Cuerdas no solo hace referencia a las cuerdas físicas y evidentes en las que se encuentra Elena postrada en su silla, sino a las otras, las que no se ven, las emocionales, las más complejas de sobrellevar, las que tarde o temprano hay que enfrentar para calmar las emociones y reconciliarse con uno mismo. En el relato encontramos muchos momentos de tensión y angustia, al más puro estilo de terror clásico, donde la supervivencia se torna en el foco de atención, aunque también nos encontramos con otros momentos de tensa calma en los que Elena rinde cuentas con su pasado, y sobre todo, con su hermana y su recuerdo.

Montesinos se arropa de otros cómplices que han caminado junto a él en el cortometraje como la presencia en la cinematografía de Marc Zumbach, auténtico alma mater del director, que consigue transformar esa luz cotidiana y doméstica en una luz densa y compacta que oscurece el ambiente y enmarca cualquier habitación u objeto en una sensación de miedo y peligro. Y el gran trabajo de Luis de la Madrid (uno de los editores más importantes dentro del género de terror, colaborador entre otros de nombres tan ilustres como Balagueró, Paco Plaza o Guillermo del Toro) consigue un trabajo estupendo con ese ritmo in crescendo donde a medida que avanza la trama, nos vamos encontrando más atrapados y solos. Un estupendo reparto encabezado por Paula del Río, que ya la vimos despuntar en El desconocido y La sombra de la ley, ambas de Dani de la Torre, creando una Elena que deberá arreglárselas para sobrevivir sola ante la terrible amenaza de ese perro asesino que recuerda a El perro blanco, de Fuller o aquel otro en El perro, de Antonio Isasi-Isasmendi, junto a ella Miguel Ángel Jenner, auténtico actor fetiche de Montesinos, y brillante actor de doblaje, entre otros trabajos, interpreta con sobriedad y esa mirada penetrante, hace aquí el padre de Elena, un hombre de segundas oportunidades que hace lo imposible para que su hija consiga sobrellevar su discapacidad de la mejor manera posible.

Cuerdas  nos va sumergiendo sin prisas ni estridencias en su trama lineal y sencilla, en el que todo va enrollándose como si fuese una madeja difícil de desentrañar, casi sin darnos cuenta, imbuidos en ese perro convertido a su pesar en una amenaza firme y peligrosa contra la persona que aparentemente tenía que proteger. Un relato certero y profundo, que no cae en entorpecer su estructura ni sacarse conejos de la chistera, sino en cogernos desde el primer minuto con esa tensión y terror tan cercano y corpóreo, con el aroma de las películas de Corman, el Giallo, o Sola en la oscuridad, de Terence Young, protagonizada por Audrey Hepburn, con la que tendría varias similitudes, u obras más de aquí como algunas obras de Jess Franco, Chicho Ibáñez Serrador, Los sin nombre, Tesis, etc… Títulos que evidencian como lo hace Cuerdas, que la modestia se puede convertir en el mejor aliado para contar un cuento de terror sobrio, interesante y profundo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA