Bye Bye Tiberias, de Lina Soualem

CUATRO MUJERES PALESTINAS. 

“Somos lo que dejamos en los otros”. 

Ángeles Mastretta

La película arranca con una grabación doméstica en la que vemos el lago Tiberias, símbolo de un pasado que ya no volverá para la excelente actriz palestina Hiam Abbas (con más de 60 títulos en los que ha trabajado con Amos Guitai, Tom McCarthy, Jim Jarmusch, Ridley Scott y Costa-Gavras, etc…)  y su familia. Un lugar que sigue existiendo en un tiempo determinado. Un espacio que simboliza también el tiempo pasado y el futuro incierto en el que se encuentra la población palestina. Así empieza Bye Bye Tiberias, la segunda película de Lisa Soualem, hija de Hiam, que vuelve a hablar de sus raíces como hiciese en su primer largo Leur Algèrie (2020), en la que hablaba de la familia paterna. Ahora, profundiza en la familia materna, a través de su madre, que se exilió a los 20 años para seguir su sueño de ser actriz, y las dos mujeres que le precedieron, su madre y abuela. Pasado y presente se envuelven para contarnos una historia de cuatro generaciones de mujeres palestinas en las que se recorre, cómo no podía ser de otra forma, la dura historia del pueblo palestino. Aunque, a diferencia de otros documentos sobre el conflicto, en esta, la raíz de todo es una historia familiar, la de Abbas, contando una cotidianidad invisible y muy cercana. 

El guion que firman la propia directora y Nadine Naous, también realizadora en títulos como Clichés (2010), cortometraje protagonizado por la citada Hiam Abbas, y el largo Home Sweet Home (2014), que explora las entrañas de su familia palestina-libanesa, se sustenta desde mostrar lo oculto, es decir, recorrer a las cuatro mujeres palestinas que escenifican la historia y la realidad de otras muchas que se han visto afectadas por la eterna guerra entre Palestina e Israel, a partir de archivo en el que vemos imágenes inéditas de la Palestina de los cuarenta del siglo pasado, la expulsión de familias palestinas de 1948 para que fuesen ocupadas por israelitas, las mencionadas grabaciones domésticas de los noventa cuando Hiam volvía a ver a su familia con Lina de niña. Una película de idas y venidas entre pasado y presente, donde lo de antes y lo de ahora, con la actriz viajando a los lugares que fueron y ya no son, es un continuo espejos-reflejos donde la historia queda a un lado para centrarnos en el rostro y los cuerpos de unas mujeres que han vivido el horror, el exilio, y las penurias de una vida en constante peligro que, les ha llevado a estar separados de los suyos. 

Soualem se ha acompañado de grandes cineastas para contar la historia de su familia materna a través de su madre, empezando por la cinematógrafa Frida Marzouk, de la que hemos visto películas como Entre las higueras y Alam, entre otras, con un trabajo de luz natural y mucha naturalidad, donde se cuenta desde lo íntimo y con gran profundidad en una interesante mezcla de texturas y colores cálidos todo el devenir de las que no están y de las que sí. La música de un grande como Amin Bouhafa con más de 50 títulos en su filmografía, junto a cineastas de la talla de Abderrahmane Sissako, Kaouther Ben Hania y Rachid Bouchareb, y muchos más, donde sin enfatizar vamos descubriendo la historia desde la honestidad y la sinceridad que demanda un relato como éste. El gran montaje de Gladys Joujou, una gran profesional que tiene en su haber nombres tan importantes como Oliver Stone, Jacques Doillon, y películas recientes como El valle de la esperanza, de Carlos Chahine, que imprime un carácter sólido e interesante a la amalgama de imágenes, tiempos y miradas que anidan en la película, consiguiendo que en sus reposados 82 minutos todo ocurre de forma tranquila por la que se recorren temas como la familia, la sangre, la tierra, la política, los sueños y demás menesteres.

La gran labor de una película como Bye Bye Tiberias no es la de hacer una historia que hable sobre la guerra y la expulsión de los palestinos, como ya hay muchas películas sobre el tema, sino la de hacer una relato que se centra en la retaguardia, es decir, en todas las heridas que un conflicto tan sangriento ha dejado en las personas, y sin hacerlo desde la tristeza y la desilusión, sino desde la mirada y el gesto cotidiano, desde las cuatro mujeres palestinas de esta familia: la bisabuela, la abuela, la madre Hiam Abbas y la propia directora, y hacerlo desde lo más íntimo y lo más profundo, sin caer en el derrotismo y la desesperanza, sino con alegría y humor, a través del amor que nos han dejado las que nos precedieron y lo que hacemos desde el presente, recordándoles y siendo fieles a su legado, a su tiempo, a su historia y por ende, la de nuestro país, Palestina, un país que siempre existirá en el corazón aunque pierda la tierra, nunca perderá su historia y su memoria, porque esa cuestión es la que pone sobre la mesa la película de Lina Soualem: el significado de un país, su tierra, sus gentes, su memoria y todo lo demás. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El profesor de esgrima, de Vincent Pérez

ÉRASE UNA VEZ EN FRANCIA EN 1887… 

“El honor de un hombre no está en mano de los demás; está en nosotros mismos y no en la opinión pública. No se defiende con la espada ni con el escudo, sino con una vida íntegra e intachable”. 

Jean-Jacques Rousseau

Al magnífico actor francés Vincent Pérez (Lausana, Suiza, 1964), lo conocíamos por su extensa filmografía con más de 80 títulos al lado de grandes cineastas como Scola, Antonioni, Wenders, Raoul Ruiz, Polanski, Beresford, entre muchos otros. En la década de los noventa alcanzó su cénit con tres monumentos al cine como Cyrano de Bergerac (1990), de Jean-Paul Rappeneau, Indochina (1993), de Régis Wargnier y La reina Margot (1994), de Patrice Chéreau. Tres grandes producciones históricas que cosecharon grandes críticas y premios y lo encumbraron al estrellato de la cinematografía francesa. Mucho del espíritu de las citadas se encuentra en su tercer largometraje como director El profesor de esgrima (en el original “Une affaire d’honneur”), por varios motivos: Es una película histórica, ambientada en el París de 1887, con la marca del cine francés en este tipo de cintas, donde cada detalle y elemento están muy bien cuidados. Cuenta una historia de personajes cercanos y complejos, y además, la trama es sencilla y directa, recogiendo muy bien los convulsos años de finales del siglo XIX. 

La historia nace a partir de un guion escrito por Karine Silla (que trabajó con el director en su primer trabajo Peau d’argo en 2002), nos cuenta una rivalidad que se genera a través del duelo fratricida entre el sobrino de Clément Lacaze, un venerado maestro de armas, y el arrogante coronel Louis Berchère, y por otro lado, tenemos a madame Marie-Rose Astié de Valsayre, feminista y activista por los inexistentes derechos de las mujeres, que se pone firme contra Ferdinand Massat, redactor jefe de un diario que calumnia constantemente a la citada dama. Dos historias en una. Dos tramas que convergen en una, en la estrecha relación de Lacaze y Astié de Valsayre, ya que uno prepara a la mujer en su duelo. Es la trama de cuatro duelos totalmente diferentes: con sable, con pistolas, con florete, y el último, con espada y a caballo. Pérez ha pasado como director por el drama a lo amour fou en su primera película, después en El secreto (2007), el thriller tomó el mando, y en su tercera cinta Cartas de Berlín (2016), ambientada en la mencionada alemana en 1940 se decantó por el drama. En El profesor de esgrima se aventura por un sólido drama histórico en el que reúne muchos de los temas y géneros de sus anteriores películas. 

Un gran plantel técnico empezando por la excelente cinematografía de Lucie Baudinaud, de la que vimos Olga (2021), de Elie Grappe, construyendo una película narrativamente extraordinaria, donde cada luz y cada textura está al servicio de la historia, dotando a la historia de todos las complejidades de una Francia traumatizada por las secuelas de la guerra y donde las mujeres carecían de derechos esenciales. La abrumadora música del dúo de hermanos Evgueni y Sacha Galperini, que son unos perfectos acompañantes para ir generando toda esa dualidad que se va creando entre los diferentes conflictos de los personajes, además de insuflar ese halo romántico e histórico que necesitaba una película de estas características. El gran trabajo de montaje de concisión y sobriedad de Sylvie Lager, que tiene en su filmografía nombres como los de Claude Berri, François Dupeyron y Dómik Moll, entre otros. Amén de los equipos de vestuario, arte y caracterización que vuelven a situar a una película como El maestro de esgrima  entre los grandes títulos franceses en lo que se refiere a recreación histórica, tan difícil porque se ha de recoger una atmósfera específica sin caer en la manida belleza y pulcritud. 

Como no podía ser menos el plantel artístico es de una excelencia alucinante capitaneado por el maravilloso Roschdy Zem, que gran actor, interpretando a Clément Lacaze, dándole todos los matices y detalles de un militar cansado de tanta guerra y tanta estupidez que se ve involucrado, muy a su pesar en un duelo peligroso. A su lado, la fantástica Doria Tillier, vista en películas de Nicolas Bedos, entre otros, es la encargada de construir a Marie-Rose Astié de Valsayre, un mujer de armas tomar, y nunca mejor dicho, que lucha por los derechos de las mujeres, incansable, con carácter y recta en un mundo dominado por hombres machistas y conservadores. Luego, tenemos a un reparto que brilla con intensidad empezando por Guillaume Galliene, un actor con más de 40 títulos en su carrera con diversos y estupendos cineastas, que hace del lugarteniente y hermano del citado Lacaze, tan sobrio y tan natural, el siempre elegante Damien Bonnard es Ferdinand Massat que se enfrenta a la madame, siendo esos tipos lameculos del poder a través de su diario, y por último, el propio Pérez que es el antipático Berchère, el militar condecorado que sigue creyendo que está en el campo de batalla. 

Si les gusta el cine histórico y más concretamente, el francés, y no lo digo porque sí, sino porque es un cine que reconstruye con rigor exquisito todos los contrastes y complejidades de épocas muy importantes de la historia de su país. En El maestro de esgrima nos trasladan al París de finales del XIX, en una Francia abocada a guerras inútiles que dejaban miles de muertos, y en el que todavía todas las personas no disponían de los mismos derechos, en especial, a las mujeres que se las trataba de personas supeditadas al hombre. Un país que prohibía terminantemente los duelos y aún así, como suele pasar en estos casos, se sucedían por cuestiones de honor, por asuntos de honor, como reza el título original de la película. Tiene mucho del aroma de ese gran monumento al cine que es Los duelistas (1977), de Ridley Scott, en el que en los albores del XIX, dos oficiales napoleónicos se batían en un duelo enloquecido e infinito. No he visto las anteriores películas como director de Vincent Pérez pero en esta, nos ha convencido su buen hacer con un relato que no era nada fácil, porque maneja muchos elementos complicados, aunque se sirve de una sencilla y estupenda trama, que va de frente, sin alardes ni pericias narrativas y formales, sino tomando el ejemplo de los maestros con los que él trabajó como actor, recurriendo al clasicismo y sobre todo, introduciendo las reivindicaciones feministas, que eso la hace diferente a las demás. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Laia Manresa Casals

Entrevista a Laia Manresa Casals, directora de la película «Casa Reynal», dentro de la iniciativa de El Documental del Mes, en La Bonne. Centre de Cultura de Dones Francesca Bonnemaison en Barcelona, el martes 14 de enero de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laia Manresa Casals, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Carla Font de comunicación de El Documental del Mes, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Presentación de PABLO LA PARRA PÉREZ

Presentación de Pablo La Parra Pérez como nuevo director de la Filmoteca de Catalunya, junto a Natàlia Garriga, Consellera de Cultura de la Generalitat de Catalunya, en Bar La Monroe, en Barcelona, el viernes 19 de julio de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pablo La Parra Pérez y Natàlia Garriga, por su tiempo, sabiduría, y a Jordi Martínez de comunicación de la Filmoteca, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Maite Alberdi

Entrevista a Maite Alberdi, directora de la película «La memoria infinita», en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el viernes 15 de diciembre de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Maite Alberdi, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Lara P. Caminha y Sergio Martínez de BTeam Pictures, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Los colonos, de Felipe Gálvez

TIERRAS DE SANGRE. 

“La ficción de la legalidad amparaba al indio; la explotación de la realidad lo desangraba.”

Eduardo Galeano

Aquellos hombres mal llamados conquistadores, que en realidad, eran meros colonizadores. Anuladores de la vida y la dignidad de los indios. Nos han contado muchas historias, pero quizás, nunca nos han contado la historia, y no digo, aquella que sólo habla de maldad, que la hubo y mucha, sino aquella que nos habla de seres humanos que se convirtieron en colonos, trabajando para ellos y para otros, a la caza de fortuna, o vete tú a saber que, en unas tierras extranjeras para ellos, pero un hogar para muchos indios que, antes de la llegada del blanco, llevaba siglos viviendo en paz, junto a la naturaleza y todos los seres que la habita. La película Los colonos, ópera prima de Felipe Gálvez (Santiago de Chile, 1983), después de más de tres lustros dedicados al montaje para cineastas como Marialy Rivas, Kiro Russo y Alex Anwandter, entre otros, y de dirigir su cortometraje Rapaz (2018), en el que ya exponía los límites de la violencia en la sociedad. 

En su debut, el director chileno que coescribe junto a Antonia Girardi, con la que ya trabajó en Rapaz, la violencia es la actividad cotidiana de los empleados de Menéndez, un terrateniente que posee una vasta región en Tierra del Fuego allá por 1901. La misión de sus trabajadores consiste en recorrer esa infinita propiedad abriendo una ruta hasta el Océano Atlántico recorriendo la enorme Patagonia. Estamos ante una historia que nos cuenta una verdad, una de tantas que ocurrieron durante la colonización de esas tierras, y lo hace a partir de personajes reales y otros inventados, y sometiéndonos a una asfixiante y devoradora atmósfera donde hombre a caballo y paisaje se van fundiéndose creando una complejo y vasto espacio fílmico en el que sobresalen una magnífica cinematografía dura y cruda con el aspecto de 2:3 de Simone D’Arcangelo, del que vimos la interesante La leyenda del Rey Cangrejo, también ambientada en Tierra del Fuego, en la que arranca en el paisaje para ir cerrándose en los rostros de estos tipos, donde prima el cuadro estático, como hacía Bergman, donde lo humano y su espacio explican ese mundo interior que no vemos. Las tres almas en travesía que cargan la película son el Teniente MacLenan, del ejército británico, un sádico y sin escrúpulos hombres ansiosos de riqueza y gloria, le acompaña Bill, un rastreador muy fiel al patrón, y a sus ideas supremacistas, y finalmente, Segundo, mitad blanco mitad indio, uno de esos personajes explotados y sin tierra, testigo de este viaje sin sentido, algo así como lo era el joven Enrique en La caza (1965), de Saura. 

El cineasta chileno se esfuerza en crear una película que profundiza y reflexiona sobre el arte cinematógrafo, en cómo la ficción ha retratado la historia y sus hechos, y no lo hace con los típicos discursos de la razón a través del blanco y su cine, sino que lo hace desde la honestidad y la humildad, centrándose en la colonización del propio país, es decir, de los señores de la tierra, aquellos propietarios que exterminaron a indios, en este caso a los Selk’nam, con el beneplácito o el desinterés de los gobiernos de turno. Un relato compacto e intenso que contribuye su gran trabajo de montaje de Matthieu Taponier, que ha trabajado en las interesantes El hijo de Saúl y Atardecer, ambas de László Nemes, Beginning, de Dea Kulumbegashvili, y en la reciente Anhell69, de Theo Montoya, en una cinta muy física, donde suceden muchos acontecimientos, pero siempre desde lo calmo, sin prisas, sin esa cámara agitada que no explica nada, aquí todo se cuestiona, a un nivel moral y además, vemos las consecuencias de los hechos, a partir de estos tres personajes, estos errantes, estos empleadores de la ley, aquella que hace y deshace sin más, aquella que aniquila y limpia su propiedad. 

El inmenso empleo del sonido con esos golpes y hachazos que escuchamos y nos acompañan por estas llanuras desérticas y hostiles, que ha contado con dos grandes de la cinematografía china como Tu Duu-Chih y Tu Tse Kang, que tienen en su haber grandes nombres como los Wong Kar-Wai, Hou Hsiao-Hsien, Edward Yang, Tsai Ming-Liang, entre muchos otros. La música de Harry Allouche también ayuda a crear esa atmósfera real y onírica, más cercana del cine del este dirigido por Jerzy Skolimowski, Béla Tarr, donde todo rezuma un hedor cargado y la pesadez del camino y de las almas que los acompañan. Sin olvidarnos de su extenso y extraordinario reparto de los que conocemos a Alfredo Castro, que presencia la del actor chileno, con su mirada y su gesto es Menéndez, ese amo y señor de todo lo que ve y más allá, Marcelo Alonso, que era el sacerdote que vigilaba a los curas malos de El club, de Larraín, hace de Vicuña, el esbirro del gobierno, el señor del cine, el señor con traje que tiene su propia redefinición de la historia, y luego, los más desconocidos pero no menos notables, como los Mark Stanley como MacLenan, Benjamin Westfall como Bill, Camilo Arancibia como Segundo, el mestizo explotado y obligado a participar en la muerte y destrucción, Mishell Guaña como Kiepja, una india capturada por los ingleses, y Sam Spruell como el Coronel Martin, menudo personaje, y finalmente, la presencia del gran Mariano Llinás, un topógrafo que está delimitando la frontera argentina-chilena. 

Los colonos es una interesante y profunda reflexión sobre los males de la colonización y una nueva muestra de la resignificación del género del western, donde la desmitificación de la épica y la grandeza queda reducida a la suciedad moral y violenta de unos tipos sin alma, como ya dejó patente la madre de todas las madres que fué The Searchers (1956), de John Ford, donde el genio enterró para siempre muchos mitos, leyendas y demás desvaríos del cine en favor de ficcionar una historia que no tuvo lugar. Y otros como los Ray, Peckinpah, Penn y Altman, se dedicaron a humanizar a los cowboys en un tiempo en que el western agonizaba. En los últimos tiempos películas como Meek’s Cuttof (2010), y First Cow (2019), ambas de la extraordinaria Kelly Reichardt, Jauja (2014), de Lisandro Alonso, y Zama (2017), de Lucrecia Martel, son algunos ejemplos de mirar la historia y su tiempo desde posiciones más de cuerpo y piel, de rebuscar la suciedad y la decadencia de una colonización que sólo arrastra violencia y muerte. No se pierdan una película como Los colonos y quédense con el nombre de su director, Felipe Gálvez, porque la película navega por varias ambientes desde el western y la de aventuras, pero íntima y humana, el terror y lo político, porque habla de colonización, de los tipos malolientes y violentos que la hicieron, que han quedado en el olvido, y los que no, los que sí estaban con nombres y apellidos también participaron en pos al progreso y la civilización, se acuerdan que decía al respecto una película como Los implacables (1955), de Walsh, pues eso, otra muestra imperdible del género que en ese momento empezaba a mirar de verdad su pasado y su resignificación en la historia, en contar una verdad, no lo que el cine inventó. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Antonio García

Entrevista a Antonio García, proyeccionista de la Filmoteca de Catalunya, con motivo de su jubilación, en la Sala de proyección en la citada Filmoteca, el miércoles 10 de mayo de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Antonio García, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La última reina, de Adila Bendimerad y Damien Ounouri

UNA MUJER ENTRE LOBOS. 

“Sé requiere valentía para hacer algo que nadie más a tu alrededor está haciendo”.

Amber Heard

La historia de la humanidad es la historia del patriarcado impuesto a lo largo de los siglos y siglos. Una historia que hacían los hombres: ellos gobernaban, ellos luchaban en las interminables guerras y contiendas, ellos y ellos. Las mujeres siempre quedaban en un segundo plano, en su papel de madres, hijas, esposas y demás. No obstante, debido a estudios, nos vamos encontrando con mujeres que tuvieron poder a pesar de la sociedad patriarcal que les tocó vivir. Mujeres con poder como Leonor de Aquitania, Matilde de Inglaterra, Isabel de Francia y Margarita de Anjou, y tantas otras, que durante el siglo XVI se convirtieron en mujeres poderosas que decidieron los destinos de sus tronos. Como hemos visto, en el mundo occidental. conocemos casos de reinas que tomaron el poder, pero que ocurre en otras regiones como el Argel de 1516. En La última reina, la ópera prima de Adila Bendimerad, actriz y productora argelina que ha trabajado en su país y en Líbano, y Damien Ounouri, franco-argelino, que realizó Fidaï (2012), coproducido por Jia Zhangke, y el mediometraje Kindil el Bar (2016), protagonizado por la citada Adila Bendimerad, que se presentó en el prestigioso Festival de Cannes. Ambos unen su talento y sus fuerzas, a través de Taj Intaj, la productora de la que son socios, para levantar una ambiciosa reconstrucción histórica, en la que se alejan de las preciosistas y exóticas revisiones históricas que se habían hecho antes para penetrar en un relato lleno de pasión, poder y traiciones. 

La última reina está construida en base a dos frentes, entre lo íntimo y lo social. Es decir, entre lo más profundo y personal de puertas adentro en el interior del palacio, y luego, lo de fuera, lo político y lo histórico. A partir de un guion escrito por Bendimerad y Ounouri, en el que se basan en la historia y también, en la leyenda, en una mezcla interesante en la que siempre se mueven entre esos dos mundos: el real y la leyenda, dos mundos fusionados, donde emerge la figura de Zaphira, la segunda esposa del Rey Salim Toumi, que no se limita a ser una buena consorte, sino que va mucho más allá. Una mujer enemistada con su familia y sola frente a tantos hombres, poder, conspiración y demás, y aún se recrudece más su situación en palacio, cuando aparece el pirata Aroudj Barbarroja, un líder y reconquistador de la tierra luchando y echando a los invasores españoles. Un hombre convertido en una amenaza para el Rey y su forma de gobernar. Porque aquí se enfrentan la dureza, el salvajismo y la rudeza del pirata en contra con el talento, la inteligencia y el pacifismo del rey. Todavía hay otro frente abierto, el de los fieles al Rey contra los guerreros piratas, y aún hay más, como los señores a favor del rey y a favor del salvador Barbarroja. 

Una película que no ha escatimado recursos para mostrar una producción donde prima una estética sometida a las obligaciones del relato que se está contando, empezando por una cinematografía que firma el libanés Shadi Chaaban, en el que predominan los planos generales interiores donde vemos la belleza y el detalle de los salones del palacio, en contraste con los planos cerrados del exterior, para aumentar la terrible tensión y amenaza que se cierne sobre el reino y el destino del país. Un montaje de Matthieu Lacau, que fue cinematógrafo de la mencionada Fidaï, afincado en China y habitual del cine del otro citado y prestigioso cineasta Jia Zhangke, y grandes trabajos como en El lago del ganso salvaje (2019), de Diao Yinan, y films de Yann-Shan Tsai, también afincado en la cinematografía china. Una edición llena de ritmo, donde no dejan de ocurrir cosas, donde hay poco respiro para los desdichados personajes que nunca cesan en sus empeños y ambiciones, en una película interior/exterior, una cinta concisa y densa que se va a los 113 minutos de metraje. La excelente partitura musical de los hermanos Evgueni y Sacha Galperine, que tienen en su haber grandes directores como Andrey Zvyagintsev, Barry Levinson, François Ozon, Kantemir Bagalov, Jan Komasa y Audrey Diwan, entre otros. Una música cálida y sensible, que ayuda a entender mucho más las complejidades y contradicciones de unos personajes que luchan por sus diferentes causas, tanto personales, como políticas y demás. 

La propia Adila Bendimerad toma el personaje de Zaphira, uno de esos personajes legendarios, por su fuerza, su valentía y su rabia. Una mujer rodeada de lobos sedientos de sangre, una mujer que sabe manejarse ante la adversidad y la oscuridad que se cierne en Argel, alguien a la que le mueven las emociones, su hijo, y el amor, y no cesará en mantenerlo pese a quién pese. Uno de esos personajes que valoras, admiras y aplaudes. Un personaje humano de verdad, sin preciosismos ni espectacularidades vacías, sino de verdad, ante un mundo que se desmorona por sus conspiraciones. Le acompañan un antagonista perfecto y maravilloso, el pirata Aroudj Barbarroja, un personaje histórico, en la piel de Dali Benssalah, un actor francés que ha trabajado con Louis Garrel, Rebecca Zlotowski y Ursula Meier, entre otras. Tenemos a Nadia Tereszkiewicz, a la que hemos visto hace poco en la estupenda Mi crimen, de Ozon, que encarna a Astrid, que fue esclava y ahora la favorita de Aroudj, un personaje valiente, casi un espejo-reflejo de Zaphira, Mohamed Tahar Zaoui es el Rey Salim Toumi, Himen Noel la Reina Chegga, primera mujer del Rey, culta que maneja la política a su antojo que también tendrá su protagonismo. Y finalmente, el joven Yanis Aouine es el príncipe Yahia. 

Aplaudimos y celebramos La última reina, de Adila Bendimerad y Damien Ounouri, porque retrata un período esencial en la historia de Argelia, y lo hace como una gran película de aventuras como las que se hacían en el Hollywood dorado, en la que hay de todo: amores apasionados y trágicos, intrigas y conspiraciones de estado, enemigos dentro y fuera de palacio, espectaculares escenas de acción que firma Samir Haddadi, un gran trabajo de arte, vestuario y ambientación. Un sólido retrato histórico, tanto de atmósfera, circunstancias y de personajes, donde no falta ni sobra de nada. Una película para descubrir, un estupendo entretenimiento, con profundidad y lleno de detalles y rítmico, donde aprendemos una parte muy desconocida de la Argelia después de la reconquista, una Argelia sumida en las tensiones y disputas de poder, una Argelia vista por dos cineastas argelinos, que no embellecen la historia, ni la hacen facilona, sino adentrándose en las mil y una tensiones que allí se suceden, porque la historia se puede mirar de formas muy diferentes y variadas, pero lo que jamás se puede hacer al mirarla, es captar sólo belleza y olvidarse de lo humano, tan complejo y tan difícil. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Antonio García

Entrevista a Antonio García, proyeccionista de la Filmoteca de Catalunya, con motivo de su jubilación, en la Sala de proyección en la citada Filmoteca, el miércoles 10 de mayo de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Antonio García, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Jordi Martínez de comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Ali Ray

Entrevista a Ali Ray, directora de la película «Frida Kalho», en el marco del BCN Film Festival, en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el miércoles 26 de abril de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ali Ray, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Miguel de Ribot de A Contracorriente Films, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA