El ladrón de perros, de Vinko Tomicic Salinas

EL LIMPIABOTAS Y EL SASTRE. 

“Es huérfano y es niño aquel que está desnudo de caricias”

Beatriz Villacañas 

En El limpiabotas (1946), de Vittorio de Sica, un par de chavales subsisten en la Italia de posguerra limpiando calzados y trapicheando en el mercado negro. Una supervivencia dura y solitaria, y sobre todo, carente de humanidad. Algo parecido le sucede a Martín, un joven huérfano que malvive en las calles de La Paz, capital de Bolivía, junto a su compañero de fatigas El sombras. Un día deciden secuestrar el perro de un sastre maduro y solitario para pedir un rescate. Así comienza el segundo largometraje de Vinko Tomicic Salinas (Santiago de Chile, 1987), el primero en solitario, porque El fumigador (2016), fue codirigido junto a Francisco Hevia. El director chileno firma el guion con la compañía de Samm Haillay, y vuelve a un retrato social, sin concesiones, y sin tampoco hacer “porno miseria”, la frase acuñada por el cineasta colombiano Luis Ospina, sino en mostrarnos una urbe masificada donde la población se agolpa en poco espacio, y donde la vida se ha convertido en una supervivencia constante. 

En un primer tercio la historia se centra en Martín, hilo conductor de la película, pero en el resto del tiempo conocemos la relación del chico con el Sr. Novoa, el sastre que vive junto a su perro. No estamos ante una película maniquea, de buenos y malos, porque el relato se aleja mucho de lo superficial y ahonda en el presente de Martín, dejando vacío el pasado, para así no convertir la película en discursiva o un alegato que iría en su contra. Tomicic Salinas capta un presente continuo, un aquí y ahora, entre dos personas antagónicas que, por circunstancias, se relacionan y con paciencia y naturalidad, la película irá construyendo una experiencia que va creciendo a medida que va sucediendo la película, sin crear expectativas ni tampoco construir ese tipo de historias de superación y cosas por el estilo que funcionan para una película con pretensiones puramente comerciales, pero no para una película que pretenda contarnos una historia, de verdad, sensible y delicada, sin caer en automatismos muy manoseados. Tiene mucho mérito la película en no dejarse llevar por la relación que plantea y no caer en juegos tramposos para conmover al espectador, sino bucear en las complejidades de una relación de dos seres tan diferentes que quizás no lo son tanto. 

La cinta cuenta con un extraordinario equipo técnico encabezado por el gran cinematógrafo chileno Sergio Armstrong, habitual director de fotografía de Pablo Larraín en su cine chileno, amén de Marialy Rivas y Lorenzo vigas, entre otros, del que vimos hace poco la argentina La mujer de la fila. Una construcción a partir de secuencias cotidianas donde se ahonda en la repetición diaria de nuestras existencias, y en planos cerrados e interiores y muy cercanos, donde se capta la profundidad de los dos “nuevos” amigos. Cabe destacar el uso de la luz, que capta con precisión la urbe y su entorno, con esa ladera repleta de construcciones sencillas, y todas las almas que por allí pululan. La música corre a cargo de Wissam Hojeij, que ha trabajado en países como Francia, Líbano, México y Colombia, entre otros. Su composición se cimenta a través de lo humano, de lo sensible y lo difícil, y sobre todo, la complejidad de lo que somos y cómo nos relacionamos y sentimos. El montaje lo firma la mexicana Urzula Barba Hopfner, directora de Corina, y trabajos como guionista, realiza una edición que captura muy bien las idas y venidas, tanto como la luz y la oscuridad del relato y de la propia país, donde somos observadores curiosos de la historia, que se cuenta sin prisas y con detalles precisos en sus 90 minutos de metraje. 

En el apartado interpretativo tenemos al joven debutante Franklin Aro que interpreta a Martín de forma convincente, natural y cercana. A su lado, el magnífico actor chileno Alfredo Castro, todo un gentleman de la interpretación, siendo el Sr. Novoa, el sastre que vive en soledad junto a su querido perro, tan sobrio, tan observador y tan callado, de vida sencilla y sin alardes de ningún tipo. El joven El sombras, íntimo de Martín, lo hace Julio César Altamirano. La veterana María Luque, que vimos en Blackthorn (2011), de Mateo Gil, es la señora Gladys que ayuda a Martín, y la mexicana Teresa Ruiz, que hemos visto en películas de Gregory Nava, Carlos Bolado, Felipe Cazals, entre otros, interpreta a la señorita Andrea, que trabaja en el sistema de adopciones. En nuestras carteleras se prodigan poco el cine del continente americano, que no sea estadounidense, así que con el estreno de El ladrón de perros, de Vinko Tomicic Salinas, es una buenísima oportunidad para ver cinematografías tan alejadas de lo comercial y previsible, porque la película cuenta con la producción de Bolivia, Chile, México, Francia e Italia, que evidencia el cine como una actividad comunitaria, de cooperación y de fraternidad, para que siga existiendo un cine diferente y resistente frente al sometimiento del mercantilismo feroz imperante. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

Winnipeg, el barco de la esperanza, de Beñat Beitia y Elio Quiroga

UN CUENTO SOBRE EL EXILIO.   

“Una nación que crea hijos que huyen de ella por no transigir con la injusticia, es más grande por los que se van que por los que se quedan”. 

Ángel Ganivet

De un tiempo hasta ahora, el cine de animación se ha abierto poco a poco hacia la memoria, con películas que profundizan en hechos del pasado, sobre tiempos muy oscuros y rescatando la memoria de tantos olvidados. Ahí encontramos 30 años de oscuridad (2011), de Manuel H. Martín y Josep (2020), entre otras. A este grupo se ha añadido Winnipeg, el barco de la esperanza, del tándem Beñat Beitia y Elio Quiroga, basada en la novela gráfica Winnipeg, el barco de Neruda, de Laura Martel, que coescribe el guion junto a los dos directores. La película rescata la memoria de tantos exiliados que se fueron del país a finales de la guerra en 1939. Su periplo tortuoso y peligroso que les llevó a cruzar por los Pirineos nevados hasta llegar a Francia, donde los encerraron en los campos de Argelès-sur-Mer y demás junto al mar en condiciones paupérrimas, y de allí, con suerte, introducidos en un barco como el que promovió el poeta Neruda y llevarlos en una dura travesía hasta Valparaíso en Chile. 

La historia gira en torno de Víctor, un viudo y sindicalista de Barcelona que vive junto a sus cuñados y su hija pequeña Julia. En enero del 39 con el avance de las tropas franquistas decide irse y emprender una travesía difícil en el que se tropezará con la bondad y la maldad de la condición humana. Beitia ya tenía experiencia en el cine de animación con Dixie y la rebelión zombi (2014), que codirigió junto a Ricardo Román. Elio Quiroga tiene una extensa filmografía que arrancó con la cinta de culto Fotos (1996), con el cine de género de  terror psicológico como punta de lanza, en la que también ha tocado el documental y la animación en el cortometraje Home Delivery: Servicio a domicilio (2015). Estamos ante un dibujo sencillo, intimista y nada artificioso, cuidando el detalle y la precisión para contarnos un relato sobre olvidados en contra del olvido que algunos se empeñan en enterrar o usar como rédito político. En un país como el nuestro, donde la memoria es tan mal usada o reducida a cuatro homenajes y alguna cosa más sin importancia, una cinta como está ayuda a ver ese pasado incómodo y terrorífico en el que tantas personas huyeron del terror franquista, y emprendieron viajes para encontrar un lugar donde no fuesen señalados, perseguidos y asesinados.

La película ha significado un grandísimo esfuerzo de producción que ha contado con grandes profesionales como Arkaitz Alaztuei en la dirección de animación, en el que estaba Bernardita Ojeda, que tiene en su haber la reciente Olivia y el terremoto invisible. La música corre a cargo del experimentado Diego Navarro, el compositor habitual de la directora Mar Targarona, y en el cine de animación con Atrapa la bandera, y la reciente Mariposas negras, de David Baute, gran cine de animación que denunciaba los destrozos del cambio climático. El montaje lo firma Raúl López, con más de 40 títulos en su filmografía, habitual de cineastas vascos como con los Moriarti, es decir, José María Goenaga, Jon Garaño y Aitor Arriegi, de la que es un habitual, y otros como Asier Altuna, Telmo Esnal y Aritz Moreno, entre otros. Su edición es magnífica con sus 75 minutos breves e intensos, llenos de emoción, de negrura, de tristeza y miedo, pero también de esperanza, sentido de la libertad y pequeños gestos de humanidad dentro del terror en el que sobreviven como pueden. La película huye de la condescendencia y la lágrima fácil, como hacen en producciones de las mismas características, aquí hay sensibilidad y una mirada de verdad a la odisea que vivieron tantos exiliados que salieron del país con rumbo incierto y mucho miedo. 

Ver una película como Winnipeg, el barco de la esperanza ayuda a todos/as aquellos que no sepan la realidad de la retaguardia de la Guerra Civil Española, todo lo que sucedía a las personas de a pie, como explicaba Las bicicletas son para el verano, del gran Fernando Fernán-Gómez, tanto en teatro como en cine, verán un trozo de aquellas vidas, experiencias y terror que sufrieron tantas personas como Víctor y Julia, en un mundo que se desmorona porque unos señores de caqui no aceptaron la voluntad del pueblo, les recuerda algo de la actualidad política del aquí y ahora. En la película vemos nombres que han pasado a la historia por su labor humana como Pablo Neruda, la enfermera Elisabeth Eidenbenz  y un joven ministro Salvador Allende, en las voces de los intérpretes chilenos Paulina García, Luis Gnecco y Alfredo Castro. Acérquese y sepan quiénes fueron los protagonistas de la película dirigida por Beñat Beitia y Elio Quiroga, porque seguramente no los conocerán y además, sabrán que fué irse de tu país y emprender un viaje hacia una esperanza que había que hilvanar con muchísimo cuidado después de todo lo que dejaban atrás. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Valeria Sarmiento

Entrevista a la cineasta Valeria Sarmiento, en el marco del ciclo «La llei del gènere. Valeria Sarmiento/Raúl Ruiz, en la Filmoteca de Catalunya, en la Sala Chomón de la citada sede, el jueves 2 de octubre de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Valeria Sarmiento, por su tiempo, sabiduría y generosidad, a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos con tanta belleza, y a Jordi Martínez de comunicación de la filmoteca, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Hangar rojo, de Juan Pablo Sallato

HUMANIDAD CONTRA BARBARIE. 

“Debemos tomar partido… La neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctima… El silencio ayuda a quien atormenta, nunca al atormentado”. 

Elie Wisel 

Ninguna otra disciplina artística tiene la capacidad como el cine de mirar el pasado y reconstruirlo haciendo memoria o, simplemente, acercarse a lo más íntimo e individual de ciertos personajes que las circunstancias los llevaron a ser uno de los centros en cuestión muy a su pesar. Esto es lo que cuenta la ópera prima Hangar rojo, de Juan Pablo Sallato (Chile, 1978), basándose en la historia real de uno de esos hombres anónimos. Esta es la historia del capitán Jorge Silva, oficial del ejército chileno. Un disciplinado y brillante aviador que salvó al presidente Allende de un ataque tiempo atrás. Ahora, se encuentra como jefe de la escuela aérea que forma a futuros aviadores. Pero, todo cambió el miércoles 11 de septiembre de 1973 cuando Pinochet con la ayuda de la CIA estadounidense atacó el Palacio de la Moneda y derrocó al presidente electo Salvador Allende. En ese instante, la escuela se convierte en un centro de detención y tortura que dirige el coronel Jahn, antiguo adversario de Silva. A partir de ese momento, el capitán deberá obedecer las terribles órdenes o desobedecerlas, a partir del dilema moral por el que navega la magnífica película.   

Basada en el libro “Disparen a la bandada. Crónica secreta de los crímenes en la FACH contra Bachelet y los otros”, de Fernando Villagrán, que recoge unos hechos reales, guionizado por Luis Emilio Gúzman, que conocemos por sus trabajos para el director Nicolás Acuña, el relato se posa y gira en torno al rostro, el cuerpo y la conciencia del citado Jorge Silva, un militar de convicción pero también un humanista de corazón. En apenas unos pocos días, la historia se plantea desde las miradas, el silencio y los gestos de unos pocos personas, en el que todo lo vemos y sentimos a través de Silva, un tipo que vive sumido en una contradicción poderosa que no le deja respirar, sometido a una dicotomía en el que andan en liza dos situaciones contrapuestas: su amor a la patria y su deber como militar contrapuesto ante el horror y la barbarie que ha emprendido el ejército para eliminar la libertad e instaurar un régimen de terror y violencia, que queda muy reflejado en las palabras que menciona el mencionado coronel: “Marxismo o democracia”. Ante ese panorama oscuro y terrible, la posición de Silva se verá alterada, primero en estado de shock por el golpe de estado, y luego, con la toma de conciencia personal e individual ante unos hechos que están sucediendo en directo y frente a él.  

Sallato para su salto al largometraje ha contado con el cinematógrafo Diego Pequeño, con el que ya trabajó en la serie documental La cultura del sexo, que codirigió junto a Juan Ignacio Sabatini. Una luz sobrecogedora y magnífica con un apabullante blanco y negro y el formato de 16mm, ayuda a capturar las grises y claroscuros de este potente ejercicio de cine político y de conciencia individual y barbarie que no sólo ejecuta con precisión quirúrgica los avatares emocionales de su protagonista sino que construye un imponente y brutal thriller con el mejor aroma de Lumet, Frankenheimer y demás cineastas en el New Wzve estadounidense. La música que firma el dúo Alberto Michelli y Matteo Marrella ayuda a generar esa tensión constante en la precisa atmósfera de cuento de terror por el que se mueve la historia. El montaje de la pareja Sebastián Brahm, que tiene en su haber El salvavidas (2011) y La once (2014), ambos documentales de la interesante Maite Alberdi, y de Valeria Hernández, un nombre reconocido con más de 30 títulos en la cinematografía chilena al lado de directores como Matías Bize y Jorge Riquelme Serrano, entre otros, que también estuvo en la citada La cultura del sexo. Su edición es precisa, intensa y sensible en sus breves 81 minutos de metraje.

Un reparto estelar encabezado por el pedazo de actor Nicolás Zárate, que hemos visto en Algunas bestias, del citado Riquelme Serrano, que compone a un Silva, con todos sus matices, su rectitud, su vulnerabilidad, su miedo y su deber peleado por su humanidad. Le acompañan Marcial Tagle en la piel de Jahn, un actor metido en mil batallas en películas de Pablo Larraín, Sebastián Leilo, Nicolás López, y más, transmite todo el terror y la maldad del citado coronel. Boris Quercia es el otro coronel, que tiene en su haber los directores Andrés Wood, y sus comedias populares como director. Sigan su instinto y no se pierdan una película como Hangar rojo, de Juan Pablo Sallato, del que después de ver su primer largometraje, estaremos muy atentos a sus próximos trabajos, porque demuestra una gran inteligencia para introducirnos en la piel, el rostro y el cuerpo de un hombre que, cuando todo parecía en su contra, impuso su humanidad. Una película que les  explicará una parte íntima y personal de un antihéroe como Silva que se vio envuelto en una situación donde el terror y la violencia se apoderó de la armonía y la paz que tenía, y en ese instante, fue cuando sacó su humanidad y se lanzó a lo que consideró justo y humano. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Fredrik Gertten

Entrevista a Fredrik Gertten, director de la película «Breaking Social», en el marco del Documental del Mes, en Casa Gràcia en Barcelona, el miércoles 3 de abril de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Fredrik Gertten, por su amistad, tiempo, sabiduría, generosidad, y a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos de forma tan especial, y al equipo de comunicación de DocsBarcelona, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Breaking Social, de Fredrik Gertten

PONERSE EN PIE. 

“Un cambio social real nunca se ha llevado a cabo sin una revolución… Revolución no es sino el pensamiento llevado a la acción”. 

Emma Goldman. 

El universo cinematográfico de Fredrik Gertten (Malmö, Suecia, 1956), tiene su base en lo humano, y por ende, en lo social, en lo político, en lo económico y en lo cultural. Un cine que mira atentamente a su alrededor, que mira a las personas y sus problemas, y no lo hace desde la condescendencia, ni el amarillismo y mucho menos desde el sentimentalismo. No, no hace nada de eso. Lo mira desde lo más cercano y cotidiano, situando su cámara a su altura, profundizando en sus historias de aquí y ahora, a partir de lo local para ir poco a poco llevándonos a lo más general, porque los problemas más íntimos siempre tienen un reflejo de aquello que no vemos, de aquello invisible, de aquello que finalmente te afecta en tu día a día. Un cine que investigue, que se interrogue, y sobre todo, que logre captar la atención de los espectadores que se hacen preguntas, que quieren saber, y que el cine provoque la ansiada reflexión, un pensamiento crítico con el sistema que padece, y les cambie de algún modo. El cine debería tener esa función, y el cine de Gertten la tiene, desde su modestia y nada pretencioso. 

Las películas del cineasta sueco han tocado muchos temas: la arquitectura como arte elitista o para el pueblo en El socialista, el arquitecto y la torre girada (2005), Bananas! (2009), donde exponía las injusticias de la multinacional estadounidense Dole Food Company, y su posterior secuela Big Boys Gone Bananas (2011), en que la citada compañía perseguía al cineasta para que no difundiera su película, Bicicleta Vs Coches (2015), exploraba la difícil convivencia entre los citados vehículos en las grandes ciudades, Push (2019), reflexionaba sobre el fenómeno de la gentrificación que expulsa a los vecinos de los barrios en pos a los lobbys inmobiliarios. Una serie de obras contestatarias, que miran la injusticia y la desigualdad y la muestran, y van mucho más allá, porque se encuentra con personas que se han agrupado y batallan contra esas grandes compañías invisibles y devoradoras de dinero. Y hace todo ese retrato y retratos desde la “verdad”, y no me refiero a una única verdad, sino a múltiples verdades en películas caleidoscópicas, en las que vemos diversas formas de lucha y acciones para cambiar las leyes mercantilistas. 

Con Breaking Social se ha adentrado en el mundo de esas grandes empresas que siempre están manejando los hilos del capitalismo, pero que nunca vemos, abriéndolas en canal, a través de de expertos que nos informan de sus infinitos tejemanejes y corruptos que, con la complicidad de los gobiernos, siguen enriqueciéndose impunemente, dejando un reguero de víctimas, aunque la película no muestra unos perdedores lamiéndose sus heridas, ni mucho menos, sino todos aquellos/as que se han puesto de pie, se han organizado y se han lanzado a las calles a batallar por sus derechos y por una sociedad donde prime la democracia, a los justos y no a los que han y deshacen a costa de quién sea. Como sucedía en Push, la película de Gertten empieza en lo local para ir abriéndose y mostrándonos múltiples realidades, que van desde un historiador holandés, que explica con detalle y un vocabulario transparente el modus operandi del mundo capitalista, una abogada estadounidense que describe la corrupción de su país, un inglés que trabajó para el mal y cuenta las argucias y triquiñuelas que vió, y una bailarina de danza chilena que baila en mitad de las movilizaciones en su país.

De lo concreto a lo grupal, a través de un grupo de trabajadores de Amazon que se asocian en un sindicato en EE.UU. para protestar contra las ilegalidades de la famosa empresa, los indígenas que luchan por devolver agua a sus tierras después de los desmanes de los poderosos, y todos aquellos y aquellas que se lanzaron a las calles de Santiago y todo Chile para parar tanta injusticia y violencia capitalista. A través de un extraordinario montaje que firma Benjamin Binderup, que dota de fluidez, armonía y ritmo a las diferentes imágenes y miradas de varios países. El gran trabajo de cinematografía de Janice D’Avila, habitual de Gertten, que muestra unas imágenes muy potentes, con esa pausa tan necesaria para mirar, entender, emocionarse y reflexionar sobre lo que vemos y cómo lo vemos. Breaking Social es una película que agita conciencias desde el alma, la palabra y el pensamiento, podríamos decir que es una obra sobre política, o mejor dicho, es una película que sitúa la política en primer persona, la que deciden las personas de abajo, y no esa otra, que dirigen las grandes corporaciones imponiendo sus normas y su codicia frente a los trabajadores, que acaban siendo meras marionetas que tienen trabajos precarios y gastan para mal vivir. 

Estoy convencido que si el sistema económico estuviese construido por y para y desde las personas, desde sus necesidades, desde sus deseos e ilusiones, desde lo que somos, una película como Breaking Social no debería existir, porque las cosas serían de otra manera y ahora mismo, no estaríamos hablando de estas cosas y más allá. Así que, si existe una película como esta, y desafortunadamente, no hay muchas películas como la que nos ocupa, porque son películas incómodas, protestonas, cintas que también ayudan a levantarse y salir a la calle, porque nos nos indica que hay muchas cosas por mejorar, y cada día hay más, por eso esta película es de obligada visión por todos y todas, y sobre todo, dirigidas a los pesimistas y los depresivos con la sociedad, porque es hora de despertar y salir a gritar y luchar, porque el sistema, siempre maligno, nos quiere adormecidos, tristes y sin esperanza, porque enfermos es más fácil manejar a la muchedumbre, no seamos populacho, sino personas que nos agrupamos para ser más fuertes, más valientes, más decididos y sobre todo, más humanos que, hasta eso, lo estamos perdiendo. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Maite Alberdi

Entrevista a Maite Alberdi, directora de la película «La memoria infinita», en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el viernes 15 de diciembre de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Maite Alberdi, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Lara P. Caminha y Sergio Martínez de BTeam Pictures, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

Entrevista a Paulina Urrutia

Entrevista a Paulina Urrutia, protagonista de la película «La memoria infinita», de Maite Alberdi, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el martes 9 de enero de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Paulina Urrutia, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Lara P. Caminha y Sergio Martínez de BTeam Pictures, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.

La memoria infinita, de Maite Alberdi

RECORDANDO CON EL OTRO. 

“Lo bueno no se olvida. A ti no te olvidaré jamás”.

Stefan Zweig

De las cuatro películas que habíamos visto de la directora Maite Alberdi (Santiago, Chile, 1983), en una de ellas ya había tocado temas de la memoria como hizo en La Once (2014), donde seguía a su abuela y sus amigas y el paso del tiempo, tanto el presente como el pasado, a partir de las ausencias y vacíos. En La memoria infinita, la memoria es el centro de la acción, y lo es porque uno de los protagonistas es Augusto Góngora, periodista chileno que padece alzheimer desde hace ocho años. Junto a él, su mujer, Paulina Urrutia, actriz de oficio, que lo cuida y lo ha integrado a sus quehaceres profesionales. La película está construida a partir de la intimidad de la pareja, de su cotidianidad, del acto de recordar la vida de quién ya no se acuerda. No es una película que ahonde en el sentimentalismo ni en la tristeza de padecer una enfermedad tan difícil, sino todo lo contrario, hay una idea de mostrar el problema de verdad, es decir, mirándolo de frente, sin prejuicios, ni condescendencia, ni nada que se le parezca, y sobre todo, con muchísimo humor, porque las cosas si las miramos de frente ya no las vemos con tanto drama. 

En la película de la directora chilena hay memoria, un esfuerzo por recordar, de lucha contra el olvido, pero también, hay la necesidad de mostrar la vejez y todas sus circunstancias, como ya hizo en la mencionada La Once y El agente topo (2020), suerte de cine negro, mezclado con documental y comedia clásica, para generar toda una trama sobre la vejez digna y el humor como herramienta fundamental para vivir. Tanto Augusto como Paulina se olvidan de las cámaras, no obstante, él periodista comprometido y humanista que fue una de las voces durante la dictadura, y luego, al frente de programas culturales en la televisión pública, y ella, actriz de reconocido prestigio, sobre todo en teatro, además de Ministra de Cultura en el gobierno de Michelle Bachelet. Una pareja que comparte cada día, entre gestos de amor y humor, mirándose uno al otro, recordando juntos, y además, estando el uno para el otro, después de un cuarto de siglo de convivencia. Estamos ante una historia que nos envuelve, como si fuera una caricia suave a media tarde, en que nunca se cae en la autocomplacencia ni en el subrayado, todo funciona sin necesidad de pretenderlo, porque la cámara de Alberdi filma no solo unos momentos de vida, sino toda la vida que está ahí, la de un pasado que se refleja en el aquí y ahora. 

Una delicada y sensible cinematografía de Pablo Valdés, que ha trabajado en todas las películas de la cineasta chilena, amén del dúo también chileno Bettina Peru & Iván Osnovikoff, consigue esa cercanía tan necesaria para una película de estas características, donde la cámara traspasa a sus protagonistas, como un personaje más, testigo invisible de toda esa intimidad que transmiten. el montaje de Carolina Siraqyan, que ya estuvo al frente de la citada El agente topo, mínimo y detallista con sus 84 minutos de metraje, donde asistimos a muchos momentos emocionantes, de esos amores de verdad, de los que la vida se torna complicada, pero aún así, el Góngora y la Pauli siguen hacia adelante, con sus problemas y demás, pero con paso firme, recordando juntos quién fué Augusto, a partir de un material de archivo rico y muy interesante, un elemento innovador en el cine de Alberdi, ya que antes no lo había usado en su filmografía. La música otro elemento importante en la película, porque ayuda a indagar en la relación de ahora como la que viene del pasado, que tiene temas tan populares como “Burbujas de amor” y “La danza de las libélulas”, versionados por otros artistas para la cinta, amén de la música incidental que han creado la pareja Miguel Miranda y José Miguel Tobar, de los que ya hablamos esta misma semana porque son los responsables de la música de la película Alis, en su segundo trabajo con la directora chilena después de La Once. 

Mención especial tienen la pareja protagonista de la película, Augusto Góngora y Paulina Urrutia, que se convierten en los perfectos anfitriones en esta historia sobre el hecho de recordar, en contra del olvido, y sobre todo, en un relato que habla de nosotros, de todo lo que somos, de las personas que nos acompañan cuando nosotros ya no podemos, es un bellísimo homenaje de todas las personas que cuidan y escuchan al otro, que recuerdan juntos, que se ríen juntos y que siguen a pesar de todo, porque la vida también es enfermedad, y es entonces cuando vemos la verdadera naturaleza de cada uno de nosotros. La memoria infinita es quizás, la mejor película rodada hasta la fecha de Maite Alberdi, y esto que digo no es nada baladí, y lo digo porque es su relato más complejo, porque se ha adentrado en espacios complicados y difíciles de tratar, pero su maestría y su profundidad, acompañados por el carisma del Góngora y la Pauli que hacen fácil lo difícil, y llenan de humor cada instante, cada dificultad y cada conflicto. Una película que tiene la necesidad de recordar y recordarse, tanto a nivel íntimo como colectivo, desde sus historias a las de su país, con su dictadura, democracia y demás, porque no es el acto más grande de amor que ayudar al otro cuando el otro ya no puede, ayudarle a recordar quién fue, y quién es, porque de esta manera el amor no sólo es un sentimiento sino también un gesto que ayuda y nos ayuda. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Felipe Gálvez

Entrevista a Felipe Gálvez, director de la película «Los colonos», en el hall del Hotel Catalonia Diagonal Centro en Barcelona, el lunes 16 de octubre de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Felipe Gálvez, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a mi querido amigo Óscar Fernández Orengo, y a María Oliva de Sideral Cinema, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA