SOY SANDRA SÁNCHEZ.
“Que igual ser feliz no es ganar siempre, es no rendirse nunca”
Sandra Sánchez
Una de los elementos que más se reproducen en los “biopics” con vocación comercial es su incapacidad para mostrar la complejidad de las historias que retrata. Es decir, todo aquello demasiado oscuro del personaje o personajes se obvia de forma evidente, no vaya a ser que algún espectador se incomode por no hacerle pasar un buen rato sin más. Parece que este tipo de películas debe tener una luz blanca radiante que eleve al retratado y sobre todo, se convierta en una especie de santo santorum de su especialidad, dejando fuera todo aquello que muestre su vulnerabilidad o humanidad. En fin. Digo todo esto, porque Karateka es un “biopic” si, pero diferente, porque retrata lo humano de la karateka Sandra Sánchez (Talavera de la Reina, Toledo, 1981), la deportista más laureada y reconocida de la historia. A partir de un guion de David B. Gil y Pablo Tobías, la historia se centra en un periplo vital que abarca tres décadas desde la infancia hasta su gran triunfo como campeona olímpica en Tokyo 2020. Un viaje con claros y muchas sombras, y también, sobre la vida, las ilusiones, el trabajo, la dedicación, la voluntad y todo lo que conlleva dedicarse a una disciplina difícil y muy competitiva.

En la dirección encontramos a Aritz Moreno (San Sebastián, 1980), que conocemos por la irreverente comedia negra Ventajas de viajar en tren (2019), el thriller Moscas (2023) y las series Zorras y La chica invisible, ambas de 2023. Con Karateka se adentra en una película que recorre minuciosamente el camino arduo y oscuro que llevó Sandra para coronarse a los 39 como la mejor, con sus problemas familiares, sus conflictos con la federación y su sacrifico entrenando para poder competir y enfrentarse a la mejor, la karateka nipona. El relato es muy emocionante, sin caer en sensiblerías ni nada de eso, la cosa va por otros lares, mostrando una mujer con miedo, vulnerable, y también, fuerte y valiente a pesar de lo duro y difícil que fue su proceso. Aquí no hay nada de épica, ni la manoseada superación, sino todo lo contrario, alguien con un deseo a pesar de todos y todo, que algunas pocas personas confiaron en su decisión y le ayudaron como su entrenador Jesús del Moral que se convierte en su partenaire y su sombra y su mejor ayudante. La película ahonda en lo humano, en lo cercano, en el sudor y los duros entrenamientos, siguiendo todo el proceso, los altibajos, los problemas y demás situaciones nada cómodas.

La película tiene un gran trabajo técnico en el que sobresalen distinguidos profesionales como el cinematógrafo Javier Agirre, un fijo en los Moriarty Company, amén de gran parte de los cineastas vascos, que ya trabajó con Moreno en sus dos largometrajes. Una planificación muy detallada y precisa que destaca los planos cortos y medidos con algunas magníficas superposiciones que se ven pocas en el cine actual, y sobre todo, unos encuadres que revelan toda la travesía emocional y física de Sandra. La excelente música de Maite Arroitajauregi, que también estuvo en Moscas, amén de películas de Fernando Franco y Paul Urkijo Alijo, entre otros, que sabe componer los diferentes tramos de este viaje que se sumerge en las profundidades de alguien obstinado y firme en su propósito, que cae muchas veces pero es capaz de levantarse y empezar una y otra vez. El sólido y preciso montaje de Raúl López, otro de la Moriarti Factory, que también estuvo en los dos largos del cineasta donostiarra, compone una edición que casi llega a las dos horas de metraje que nunca decae intercalando los momentos intensos con los más relajados en una historia que nos lleva de España y Japón en esa búsqueda incesante para aprender los mejores katas con los mejores maestros del país asiático.

En el campo interpretativo debemos hacer mención especial a la magnífica Andrea Ros que se mete en la piel, el cuerpo, la mente y el alma de Sandra Sánchez, olvidándonos que estamos en una ficción y haciendo creíble cada gesto, mirada y movimiento de la karateka, después de una ardua preparación de 16 meses. Una composición que debería estudiarse en las escuelas como ejemplo de cómo enfundarse en un personaje a las antípodas y sobre todo, hacerlo humano e íntimo. Le acompaña un gran Patrick Criado como Jesús del Moral, su entrenador y pareja. Vaya año para el actor madrileño después de Amarga navidad, de Almodóvar, metiéndose en la vida de un entrenador firme y cercano. Y luego, están el reparto. Un magnífico reparto encabezado por conocidos del director como Ernesto Alterio y Pilar Castro, y los Antonio Durán “Morris”, Chani Martín, y los “japoneses” Hoshimi Asai y el veterano Denden, que ha trabajado en casi 70 películas al lado de Shimizu, Yamada, Kiarostami, Miike… Si buscan una película condescendiente y superficial no vayan a ver Karateka, porque no les va a gustar. Eso sí, si les gustan las historias de verdad, las que cuentan cosas que nos hacen reflexionar y además, quieren ver personajes como ustedes, de verdad, humanos, vulnerables y que tengan miedo, que les cuesten las cosas, se equivoquen pero nunca dejen de intentarlo, aquí tienen su película, porque no es sólo sobre el karate, sino sobre una mujer que, a pesar de tenerlo todo en contra, decidió luchar por ello, y no fue nada fácil. Ya saben aquella máxima que soltó el gran Groucho Marx: “¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto!. Quedan enterados. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA
