Entrevista a Clara Roquet

Entrevista a Clara Roquet, directora de “El adiós”. El encuentro tuvo lugar el viernes 8 de enero de 2016, en el Parc de la Ciutadella de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Clara Roquet, por su tiempo, generosidad y cariño, a la gente de Lastor Media, por su paciencia, amabilidad y simpatía, y a una joven desconocida que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación.

Macbeth, de Justin Kurzel

db_posters_34361SEDIENTOS DE PODER

La obra de Macbeth, escrita a principios del S. XVII por William Shakespeare, es una de las tragedias más admiradas y representadas del universo del bardo de Stratford. Ahora, una nueva aproximación al general escocés, de la mano de Justin Kurzel (1974, Gawler, Australia), que ya deslumbró con su debut Snowtown (2011), un relato basado en hechos reales, donde describía como una familia sangrienta provocaba el terror en la comunidad donde residían. Kurzel tiene muy presente las grandes adaptaciones sobre Macbeth, las dirigidas con gran maestría por Welles, Kurosawa y Polanski, pero no se limita a copiarlas, sólo las mira como referencia, muy acertado por su parte, le sirven como fuente de inspiración para arrancar de ahí, pero adentrarse en una mirada diferente, complementaria eso sí, pero desde otro punto de vista.

Arrancar la película con el entierro del retoño de los Macbeth, en una secuencia magistral, obedece a una rigurosidad que no sólo afectará al resto de la película, sino que nos someterá, desde el primer instante, a esa brutal descripción del mundo que les rodea, un entorno en continúa guerra, la muerte y la pérdida que provocan un dolor infinito, una sangría de cuerpos putrefactos, y un paisaje con olor a amargura y tristeza. El universo de Shakespeare es un género en sí mismo, no hay nada por azar o descuido, ni mucho menos, todo ocupa su espacio y todo encaja a la perfección, aunque su entendimiento sea muy complejo. El cineasta australiano captura de forma magnífica ese universo, lo traslada a ese mundo en guerra infinita, lo desarrolla en espacios naturales, en su mayoría, y lo cuece con aires expresionistas y fantasmagóricos. Las batallas, siempre desde el punto de vista de los protagonistas, nos devuelven a la memoria las que filmó Branagh en Enrique V, o Konitsev en El rey Lear. Hay también un rigor y un gusto narrativo en la imagen y en los encuadres, muy a lo Welles en Campanadas de medianoche o en las adaptaciones de Laurence Olivier. Kurzel ha parido una película rigurosa y sobria, donde el matrimonio formado por Macbeth y Lady Macbeth deja a su paso un reguero de sangre y crueldad para conseguir su premio, una historia de amour fou, donde todo vale y el fin justifica los medios.

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Como en su anterior película, la psicología de los personajes, escenificada en los miedos internos y la locura que se va a apoderando de esa pareja enfermiza, representa un valor inmenso en la trama, donde todo parece tener un destino implacable y cruel, y nada ni nadie puede pararlo, todo está escrito, como profetizan las brujas que se aparecen a Macbeth. Un ejemplar grupo de interpretes hace el resto de la función, secundarios de lujo curtidos en mil batallas como David Thewlis o Paddy Considine, entre otros, se acoplan de forma contundente con la brutal y maravillosa pareja protagonista formada por Marion Cotillard y Michael Fassbender, dos seres que sus ansías de poder y codicia ha contaminado sus almas, llevándoles por un camino de sangre y destrucción, donde no tendrán escapatoria ni paz posible, condenados a vagar por el infierno como pago por sus múltiples fechorías y maldades ocasionadas a las gentes y la tierra de Escocia.

Entrevista a Alvaro Longoria

Entrevista a Alvaro Longoria, director de “The propaganda game”. El encuentro tuvo lugar el sábado 31 de octubre de 2015 en el hall de los Cines Girona de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alvaro Longoria, por su tiempo, simpatía y generosidad, y a Lara y Aina (autora de la fotografía que ilustra la publicación) de Betta Pictures, por su paciencia, amabilidad y cariño.

The propaganda game, de Alvaro Longoria

the_propaganda_gameLA GUERRA PSICOLÓGICA

“La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas.”

Joseph Goebbles

El líder político y espiritual hindú Ghandi argumentaba, “Que siempre existen tres enfoques en cada historia: mi verdad, tu verdad y la verdad”. La segunda película de Álvaro Longoria (Santander, 1968), después de Hijos de las Nubes. La última colonia (2012), donde abordaba las dificultades políticas de la zona del Sáhara que, fue premiado con el Goya al mejor documental, se embarca ahora en su segunda película en un difícil proyecto, adentrarse en Corea del Norte, el país más cerrado y aislado del mundo, de la mano del catalán Alejandro Cao de Benós, el único extranjero occidental que trabaja para el gobierno norcoreano, consiguió un permiso para filmar en primavera del 2014 durante 10 días, donde sería guiado por unos funcionarios, y debía de seguir instrucciones precisas de dónde podía filmar y dónde no. Con la compañía de dos cámaras, Rita Noriega y diego Dussuel, Longoria se adentró en tierra norcoreana para mostrarnos lo que no hemos visto, la realidad o no de lo que sucede, nos muestra cómo viven, cómo piensan y que sienten los ciudadanos. Quizás lo que escuchamos no es lo que verdaderamente piensan, y estén teledirigidos por el poder del estado, aunque esa cuestión como las otras que se explican en el documental, Longoria, muy acertadamente, nos las cede a los espectadores para que saquemos nuestras propias conclusiones. También, nos conduce por calles, monumentos en honor al comunismo, a su líder, que es tratado como un Dios, y sus antecesores, encumbrados a los altares de la divinidad, y escenificados por grandes estatuas repartidas por el país.

Longoria nos lleva a la zona más peligrosa del país, la frontera con la vecina Corea del Sur, aliada de los EE.UU., enemigo acérrimo del país, donde estos exhiben su fuerza militar a modo de provocación, según cuentan los soldados destinados a la zona, se centra en lo más cotidiano, en las escuelas, los puestos callejeros de comida, las casas, y cómo se divierten los norcoreanos, y no se olvida, de la otra cara, los contrarios, los disidentes que hablan de las terribles situaciones que han vivido, los diferentes periodistas extranjeros que trabajan en la zona, y las noticias e informaciones de las televisiones y periodistas estadounidenses, así como sus líderes políticos. Noticias e informaciones de todo tipo, inverosímiles, grotescas, y terroríficas que unos y otros cuentan como reales para aminalar al contrario y ganar este combate sucio y espeluznante de información que data desde la primera guerra mundial, se hizo crucial en la segunda y explotó durante la guerra fría.

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Longoria sacude toda la información que se va encontrando, habla con unos y otros, los que aman el país, y los que lo odian, de la situación que se respira en el último bastión del comunismo. Bucea en los entresijos del poder, intenta destapar lo que no se ve, lo que parece no existir. Hace una reflexión muy interesante sobre los medios de comunicación, el poder de la información, sus mecanismos, la veracidad de todo lo que nos llega, la verosimilitud de datos, imágenes y diferentes materias de comunicación, y cómo todo ese material es utilizado por los países y sus ciudadanos. Nos habla de las políticas exteriores del país, de sus relaciones o no con Rusia y China, de un hervidero político y económico que parece que en cualquier momento puede estallar. Nos presenta una guerra de poder no declarada oficialmente, pero que respira sangre y muerte, un intercambio de disparos y bombas a modo de información inventada o no, para desprestigiarse los unos a los otros. Longoria que, a través de Morena Films (creada en 1999 por él y un grupo de socios, que ya había financiado la trilogía sobre Fidel Castro: Looking for Fidel, Comandante y Persona non grata, todas dirigidas por Oliver Stone, y Últimos testigos, donde se documentaba a Fraga y Carrillo), vuelve al ruedo político y de denuncia, como ya hiciese en su opera prima, con un artefacto político de indudable calidad que se reafirma en la persistente y difícil cuestión de resolver y, que nos vuelve a remitir a Ghandi, la grandísima dificultad de averiguar que es verdad y que no, la veracidad de lo que nos cuentan tantos unos y otros, que partes son ciertas y cuáles son producto de la guerra propagandística a la que estamos sometidos diariamente por los medios.

 

White God, de Kornél Mundruczó

255378LA REBELIÓN DE LAS BESTIAS

El arranque de la película es aterrador y espectacular, una niña en bicicleta por las calles desiertas de Budapest, de repente, una jauría, no humana, sino de perros comienza a correr tras ella. Un inicio que nos recuerda inevitablemente a pesadillas postapocalípticas como el último hombre… vivo (1971) o más recientemente 28 semanas después (2007). La quinta película de Kornél Mundruzcó (Hungría, 1975), sigue la misma línea de las vistas por estos contornos, Delta (2008) y Semilla de maldad (2010), donde hay un interés entre los conflictos del bien contra el mal en una sociedad decadente, la pérdida de la inocencia y las separaciones y reencuentros que dejan secuelas emocionales.

Ahora, nos cuenta una fábula moral que sirve como espejo metafórico de la situación actual, donde unos pocos, cada vez son más poderosos, someten y esclavizan a la mayoría, que malvive sin recursos ni derechos. En ese sentido, la película choca frontalmente como inspiradora con el cine de Miklós Jancsó (1921 – 2014), a la que Mundruczó dedica su película, un cine que ponía de relieve los abusos de poder, y que funcionaba magníficamente como alegoría de la realidad que acontecía. La trama comienza con la llegada de Lili, una niña de 13 años, a pasar un tiempo junto a su padre, veterinario de profesión. Éste no ve con buenos ojos a Hagen, el perro mestizo de Lili, además las leyes imponen un alto tributo a los canes que no son de raza. El padre abandona al perro en una cuneta, y a partir de ese momento, la cinta sigue los pasos del can, un camino tortuoso que después de escabullirse en algunas ocasiones de los empleados de la perrera que capturan perros callejeros, acabará en las cloacas y los submundos y peligros de la sociedad, donde será malvendido y adiestrado para peleas. Es en ese instante, cuando Hagen ayuda a rescatar a los suyos de la perrera y se lanzan los 250 perros a impartir justicia y apoderándose de la ciudad. El cineasta húngaro nos zambulle en una película brutal y sobrecogedora, un puñetazo moral a nuestras conciencias, un alegato a favor de los débiles, un relato construido a través de impactantes imágenes que encogen a cualquiera, con la compañía de la Rapsodia húngara, de Franz Liszt, en una cinta que mezcla géneros, arranca como un drama familiar, para adentrase en una de aventuras, para luego hacer una descripción minuciosa y crítica de una realidad social, y para finalizar, sumergirnos en una película de venganzas, muy al estilo del policíaco o del western.

Una cinta que nos lleva a pensar en otros títulos donde la (in)justicia animal ha puesto de manifiesto los abusos de poder: Los pájaros (1963), Al azar de Baltasar (1966), El perro (1976) o El perro blanco  (1981), muy alejada de las correctas y condescendientes títulos procedentes de Holywood.  Mundruczó ha hecho una película a tumba abierta, combina un ritmo pausado y frenético, sus bestias amenazan el orden establecido y saquean y asesinan despiadadamente a los hombres sin corazón que los utilizan y los machacan, quizás el excesivo metraje que se va al par de horas, juega en ocasiones en su contra. Maravillosa alegoría de no sólo la situación de los países del este, que intentan levantarse después del yugo dictatorial, sino una crítica feroz y punzante del nuevo orden social donde la Europa de los pueblos se ha convertido en una dictadura donde el único camino posible es codiciar dinero y sentirse cada vez más poderosos, y destruir a los diferentes y desposeídos.

La señorita Julia, de Liv Ullmann

109408 En una noche de verano…

El nombre de Liv Ullmann (Tokio, 1938) siempre estará ligado al de Ingmar Bergman. Desde que el gran cineasta sueco la adoptase profesionalmente en Persona (1965), la moldeó y la transformó en una de las grandes actrices de la segunda mitad del siglo pasado, convirtiéndola en su musa en más de una decena de títulos, tanto en cine como en teatro. Animada por Bergman, Ullmann decidió debutar en la dirección con Sofie (1992), a la que siguió Kristin Lavransdatter (1995), dos retratos de mujer basados en novelas de gran relieve. Sus siguientes películas, Encuentros privados (1996) e Infiel (2000), ambas escritas por Bergman, y con algunos actores y técnicos de la filmografía del realizador sueco, fueron dos duros dramas, magníficamente filmados, situados en la infidelidad y las relaciones humanas. Para La señorita Julia, su quinta película como directora, Ullman ha fusionado sus dos grandes pasiones, teatro y cine. Basada en la obra de August Strindberg, la narración está ambientada en las paredes de una mansión en mitad del campo irlandés, – desarrollada casi toda en la cocina- la noche de San Juan de 1890, la original se situaba en la Suecia rural. En ese escenario, gélido y triste, de alcobas y pasillos de poca luz, se desarrolla una historia que habla de amor, pasión, deseo sexual, sentimientos, poder, clases sociales y las complejas y mutantes relaciones humanas, con la compañía de Schubert y su Andante con moto. La señorita Julia, -magníficamente interpretada por Jessica Chastain, quizás la mejor actriz de su generación-  la hija del barón, se siente aburrida y quiere bailar con los criados, se tropezará con John, -estupendo Colin Farrell, sumiso y malvado, a partes iguales- un joven criado, muy apuesto al que intentará seducir a toda costa, el vértice de este triángulo lo compone Kathleen, -Samantha Morton, impresionante su mirada y sutiles gestos- la criada y novia de Johh. Ullman, al igual que hacía en sus anteriores obras, filma de modo sobrio y realista, sus personajes, desorientados y confusos, se mueven a través de una coreografía que los encierra y asfixia en un decorado casi interior, exceptuando el arranque del filme y alguna estancia de la imponente casa. Una trama donde prevalece el actor y la palabra, unos diálogos afilados que, en ocasiones son destructivos y en otras, delicados. La planificación de Ullman es clásica y detallada, sus planos pesan, tienen una carga de emoción y tragedia. La directora noruega tiene mucho oficio, sabe a conciencia lo que tiene entre manos y no defrauda en absoluto. Su mirada es sincera y honesta, teje su madeja narrativa de forma clara y concisa. Su cine no enjuicia, se mantiene al margen, nos cede a los espectadores el testigo de reflexionar y comprender o no a sus criaturas. Unos personajes que cambian su rol durante la acción, a veces son lobos y en otras, corderos, o las dos cosas a la vez. Ullman se sirve de sólo tres personajes, principalmente dos, y un tercero que actúa como testigo en este drama que navega por los misterios y las profundidades del alma humana.

Betibú, de Miguel Cohan

betibu-poster-finalPeriodistas y poder

La segunda película del Miguel Cohan, transita por los mismos derroteros que su opera prima, Sin retorno (2010), si en aquella, un atropello destapa una trama donde la corrupción estaba a la orden del día, en esta ocasión, un asesinato, que la policía despacha como robo violento, también nos lleva hacía lugares donde es mejor no entrar, ni tampoco preguntar. La acción arranca en “La maravillosa”, una urbanización lujosa, a las afueras de Buenos Aires, en la que aparece degollado un  exitoso empresario, que fue absuelto de la acusación de asesinato de su esposa. El diario de mayor tirada, “El Tribuno”, se pone manos a la obra con el caso, que tiene todos los números de convertirse en el de mayor repercusión nacional. Para ello, Rinaldi, el jefe, rescata los servicios de su ex amante, Nurit Iscar  -Betibú, apodo que le pusieron en honor a “Betty Boop”, famoso dibujo animado de los años 30, icono de la liberalización sexual-, novelista policíaca en crisis, y periodista retirada, que junto a Brena, veterano e idealista reportero, y Mariano, el joven académico recién llegado. Los tres compañeros, disfrazados de Marlowe, llevarán a cabo una investigación compleja, que les conducirá a desenterrar unos hechos que los sumerge en un pozo oscuro del pasado, y lidiar con unos poderosos que impedirán con todas sus armas que el caso salga a la luz. Basada en la novela homónima de Claudia Piñero, escritora que ya fue adaptada en La viuda de los jueves (2009), dirigida por Marcelo Piñeyro, -autor con el que Cohan colaboró como ayudante de dirección en 4 títulos-. Una intriga conspiratoria audaz, que sigue las reglas básicas de este tipo de películas, -que tan buenas cifras cosecharon en los 60 y 70 -, donde las cosas no son lo que parecen, y algunos personajes juegan a la ambigüedad. La fotografía elegante de Rodrigo Pulpeiro, -que ha trabajado para Puenzo, Aristarain…-, actúa de manera inteligente aportando los matices necesarios para crear esa atmósfera suave y agobiante que recorre todo el engranaje del film. Un ejercicio noir, con sabor a clásico, que nace como consecuencia del enorme éxito -Oscar incluido- que tuvo El secreto de sus ojos (2009), de Juan José Campanella, la fascinante intriga protagonizada por Ricardo Darín y Soledad Villamil. Punta de iceberg para un tipo de películas, nacidas entre Argentina y España, que sin llegar a los niveles de excelencia de la famosa predecesora, son producciones dignas,  de género policíaco, apoyadas en buenos guiones, -desarrollados algunos de manera desigual, pero efectivos-, presentadas con un diseño de calidad, y secundados por un buen puñado de excelentes intérpretes argentinos, Mercedes Morán, Daniel Fanego, Leonardo Sbaraglia…