Entrevista a Stephanie von Lukowicz

Entrevista a Stephanie von Lukowicz, coproductora de la película «El último canto nómada», de Marjan Khosravi, en el marco de El documental del mes, iniciativa de DocsBarcelona, en las oficinas de Luki Media en Barcelona, el martes 11 de noviembre de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Stephanie von Lukowicz, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a María Macià de Producció de El Documental del mes, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Alex Guimerà y Oscar Tusquets

Entrevista a Alex Guimerà y Oscar Tusquets, director y protagonista de la película «Dios lo ve», en el marco del BCN Film Festival, en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el miércoles 30 de abril de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alex Guimerà y Oscar Tusquets, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Sílvia Maristany del equipo de comunicación del festival, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Fèlix Colomer

Entrevista a Fèlix Colomer, director de la película «Temps mort», en la terraza de su vivienda en Barcelona, el viernes 3 de octubre de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Fèlix Colomer, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y amistad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El rugir de las llamas, de Robin Petré

LA TIERRA Y EL FUEGO. 

“La Tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la Tierra”. 

Proverbio indígena 

Desde el primer encuadre, con ese paisaje en llamas, igual de bello como aterrador, El rugir de las llamas (en el original, Only on Earth), de Robin Petré (Dinamarca 1985), deja clara sus intenciones, la de hablarnos con honestidad y profundidad de de una forma de vida rural, tan ancestral y en consonancia con la naturaleza, que va desapareciendo para dar lugar a una invasión de lo natural en favor a la codicia económica que está desintegrando los bosques y las zonas de pasto en objetos que expulsan lo rural y sus animales y sus gentes. La película nos sitúa en los ambientes rurales del sur de Galicia, una zona sensible en la proliferación de los incendios, y nos habla desde lo más íntimo y transparente para sumergirnos en una realidad, la de un verano que sufre los efectos de las altísimas temperaturas y la devastación de los incendios cada vez más virulentos y catastróficos que, como indica uno de los protagonistas, San, un bombero especializado en análisis de incendios, unos incendios que ya no suenan, sino que rugen como un monstruo con sed de sangre y destrucción. 

De Petré conocíamos sus documentales Pulse (2016), cortometraje de 25 minutos que nos mostraba la realidad de una granja de ciervos, y From the Wild Sea (2021), su ópera prima que nos sumergía en las relaciones humanas y los animales salvajes de las profundidades del océano. Con El rugir de las llamas se traslada a la tierra, donde humanos y caballos han convivido desde tiempos inmemoriales. Una compañía que ayudaba a que los bosques se mantengan secos de arbustos y demás matojos y así mantener un equilibrio importante que controlaba mejor los fuegos. La película se mueve entre lo bello y natural y lo triste y desolador, entre las relaciones de hombres y caballos, una actividad que está desapareciendo y dejando los bosques vacíos. La directora danesa invita a reposar, mirar y reflexionar situando su cámara y dando tiempo en una realidad que muestra la naturaleza, y sobre todo, los efectos de la mano humana que, por un lado, vive en entornos rurales y con animales, y por el otro, usa la naturaleza para sus beneficios económicos sin importarle sus devastadores efectos de esa forma de uso tan feroz. No es una película de buenos ni malos, ni mucho menos, la propuesta huye de ese maniqueísmo, porque muestra y no juzga, sí hay denuncia, pero sin señalar a nadie, sino colocando el encuadre en un entorno muy invadido que olvida su idiosincrasia, que recuerda a otras miradas “gallegas” a su rural como las de Xacio Baño, Oliver Laxe, Jaione Camborda y Lois Patiño, entre otros.  

La película tiene una grandiosa factura técnica, en la que los elementos visuales y sonoros son capitales para capturar ya adentrarse en cada uno de los detalles y miradas que existen, por eso la cineasta danesa se ha acompañado de algunos de sus técnicos cómplices que ya le acompañaron en From the Wild Sea, como al cinematógrafo María Goya Barquet, en la que cada plano emana lo visual y lo sonoro, penetrando en ese paisaje tan bello como triste, tan maravilloso como duro, tan todo y nada. El gran diseño de sonido de un grande como Thomas Perez-Pape, con más de 60 títulos en su filmografía, donde cada forma, cada textura y cada gesto se introduce en nuestro interior creando un magnífico campo donde todo se escucha de verdad y se desliza en las imágenes. La montadora Charlotte Munch Bengtsen, que estuvo en la extraordinaria The Act of Killing, construye en sus intensos y reposados 93 minutos de metraje un bello retrato donde coexisten todos los conflictos y alegrías del territorio. La música de Roger Goula, un fichaje fantástico, que se muta con las imágenes y sonidos, formando una nueva lectura en la que humanos, bestias y naturaleza cohabitan a pesar de sus alejados intereses.

Como toda buena película, del género que sea, debe tener un gran reparto y esta lo tiene. Tenemos al citado San, un especialista en el tema de los incendios, que escuchamos sus reflexiones, planes y demás frente al fuego, tan bello como destructor. Pedro, un chaval de 10 años, que vive con caballos, de los que sabe todo, y sobre todo, sueña con ser algún día un vaquero como los que le precedieron de su familia, que pone esas notas de humor. Cristina, agricultora y bombera, sabe muy bien los colores de su tierra, y conoce de primera mano lo difícil que es tratar con la tierra y sacar provecho, y cómo no, lo frágil de esa existencia porque el fuego puede acabar con todo en un abrir y cerrar de ojos. Y finalmente, Eva, veterinaria y jinete, que conoce las prioridades de la zona y sus habitantes, en contra de esas empresas invisibles que lo inundan todo. Cuatro miradas que se complementan y a la vez, son muy diferentes, que ayudan a mostrar las peculiaridades y texturas del entorno, un paisaje que sufre y está perdiéndose, quizás esos cuatro y los más que allí habitan serán los últimos náufragos de un tiempo que se va, o quizás, se convierten en los verdaderos humanos que resisten en su tierra y sobre todo, la protegen de tantas amenazas, ya sean malhechores de lo material, visitantes-domingueros que ensucian y no respetan, y cómo no, los incendios que es la terrible consecuencia de tantos desmanes. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Manel Piñero y Jorge Cebrián

Entrevista a Manel Piñero y Jorge Cebrián, actor y director de la película «Boris Skossyreff, el estafador que fue Rey», en la vivienda de Pere Vall en Barcelona, el miércoles 17 de septiembre de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Manel Piñero y Jorge Cebrián, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Pere Vall de Comunicación de la película, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Fèlix Colomer

Entrevista a Fèlix Colomer, director de la película «El negre té nom», en el Parc de Catalunya en Sabadell, el domingo 22 de junio de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Fèlix Colomer, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Hija del volcán, de Jenifer de la Rosa

LA NIÑA PERDIDA DE ARMERO. 

“La esperanza le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”.

Julio Cortázar

La noche del 13 de noviembre de 1985, el volcán Nevado del Ruiz destruyó en su totalidad Armero, al norte de Colombia, dejando sepultados a casi 25000 habitantes, afectando también a los municipios de Chinchiná y Villamaría. Medio millar de niños y niñas quedaron huérfanos y muchos fueron adoptados por familias del país. Unos cuántos fueron robados y vendidos de forma clandestinamente mediante procesos irregulares que dejó un gran vacío de información. La cineasta Jenifer de la Rosa (Manizales, Colombia, 1985), nacida 7 días antes de la tragedia fue uno de los llamados “Niños perdidos de Armero”, que en su caso, con tan sólo años y medio acabó como adoptada por una familia de Valladolid. Tres décadas después se planta con una cámara y con la ayuda de la Fundación Armando Armero, que se dedica a buscar a los familiares de estos niños perdidos, emprende su particular búsqueda para encontrar a su madre y de esa forma esclarecer las circunstancias de su adopción envuelta en un halo de oscuridad y misterio. 

La directora construye un sencillo y honesto documento sobre la búsqueda de los orígenes y lo hace en un trabajo donde asistimos a sus investigaciones y pesquisas mediante visitas, llamadas de teléfono y un sinfín de conversaciones de aquí para allá, por una maraña de burocracia y diferentes organismos, ya sean oficiales y voluntarios que le ayudan a encontrar algún hilo del paradero de su madre. Sus primeras imágenes nos sitúan en la dantesca tragedia de Armero, con imágenes de archivo como la niña Omayra Sánchez que muy a su pesar, se convirtió en la imagen del desastre, cuando atrapada sin poder ser liberada y hundida en el agua, informaba del suceso y fue retransmitido a todo el mundo. Luego, seguimos los pasos de la directora que pregunta aquí y allá y se muestra con un arrojo y coraje y muy incansablemente en su búsqueda, ya no sólo de su madre desaparecida sino también de sus orígenes que son el mismo de muchos que se encuentran igual que ella. No estamos ante el documental sensiblero que trampea al espectador, todo lo contrario, aquí hay mucha verdad, mucho silencio y mucha oscuridad en tantas adopciones irregulares que se llevaron a cabo aprovechando el caos y la destrucción de la inmensa tragedia.  

La película cuida mucho el aspecto técnico, acercándonos sin trampa ni cartón, a las situaciones que va viviendo la directora, con una gran transparencia en lo que muestra y cómo lo hace en un gran trabajo de cinematografía de Andrés Campos, del que hemos visto recientemente Memorias de un cuerpo que arde, de la costarricense Antonella Sudasassi, así como la composición musical de Kenji Kishi Leopo, del que conocemos sus documentales con Samuel Kishi, Jorge Díaz Sánchez y Alan Simôes, que ayuda a la naturalidad con que se explica el vía crucis particular en el que se encuentra la directora, y el magnífico montaje del dúo Juan Barrero, cineasta del que vimos hace nada Almudena, de Azucena Rodríguez, y Carlos Cañas Carreira, fogueado en la serie La reina del sur, que en sus 109 minutos de metraje consigue atraparnos con sinceridad, aportando un aroma de thriller íntimo, político y de investigación, donde se habla de la búsqueda en un modo muy personal y nada impostado, transmitiendo mucha verdad y una cercanía que traspasa la pantalla, donde la “protagonista” se abre en canal en todos los sentidos, también hay crítica a la desidia y la torpeza política juntadas además con las continuas lagunas y trabas de tantos años pasados.

De la citada tragedia de Armero pueden ver el documental El valle sin sombras (2015), de Rubén Mendoza, un implacable retrato sobre las víctimas y los fantasmas que dejó la catástrofe. Esta película como Hija de un volcán, de la cineasta colombiana Jenifer de la Rosa podrían ser una buena muestra de cómo hablarnos de lo que queda después de tamaña tragedia, de todas las víctimas que deben seguir viviendo o al menos intentarlo, y sobre todo, honrar a todos lo que ya no están, y otros, como Jenifer seguir buscando a los suyos, sea como sea, para reencontrarse con su país de origen, con lo que fue, con los que siguen ahí, con los que encontrará y sobre todo, haciendo un viaje en el que se tropezará con ella misma, con los sueños imposibles y las quimeras soñadas que, quizás, pueden hacerse realidad. Si en Tierra (2022), un cortometraje de 15 minutos, donde la directora imaginaba como era Colombia, en su ópera prima, la cineasta no quiere imaginar ya su país, sino reencontrarse con él, y desenterrar su pasado y todo lo que hay en ese lugar, un espacio donde descubrirá su origen y por ende, las circunstancias que rodearon su adopción. No tiene una tarea sencilla pero quién dijo que las cosas que importan fueran fáciles. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

Entrevista a Nina Solà Carbonell

Entrevista a Nina Solà Carbonell, directora de la película «Grup Natural», en el marco del DocsBarcelona, en el hall del Teatre CCCB en Barcelona, el viernes 16 mayo de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Nina Solà Carbonell, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Ana Sánchez de Trafalgar Comunicació, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Luis García Montero y Azucena Rodríguez

Entrevista a Luis García Montero y Azucena Rodríguez, poeta y directora de la película «Almudena», en el marco del BCN Film Festival, en el Hotel Casa Fuster en Barcelona, el jueves 24 de abril de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Luis García Montero y Azucena Rodríguez, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Anabel Mateo de Relabel Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Almudena, de Azucena Rodríguez

ALMUDENA FRENTE AL ESPEJO. 

“La alegría me había hecho fuerte, porque (…) me había enseñado que no hay trabajo, ni esfuerzo, ni culpa, ni problemas, ni pleitos, ni siquiera errores que no merezca la pena afrontar cuando la meta, al fin, es la alegría”. 

Almudena Grandes 

Permítanme que les cuente mi experiencia personal con Almudena Grandes (Madrid, 1960-2021), que sucedió un Sant Jordi en Barcelona, el de la edición de 2007, cuando guardé escrupulosa cola para ser uno de los agraciados que se llevase a casa la dedicatoria y la firma de la insigne escritora en su último libro “Corazón helado”. La cosa fue bien, o más bien, fue inolvidable y muy emocionante, ya que Almudena se mostró cercana, simpática y sobre todo, natural y acogedora, haciéndote sentir especial en aquellos breves minutos que duró el encuentro. Cuando volvía a casa en tren miraba atónito como hipnotizado sin dejar de mirar su letra y pensando en su mirada y nuestro encuentro. Fue el primero de otros encuentros, aunque en ese instante lo desconocía, eso sí, los otros fueron igual de sinceros e inolvidables. Recuerdo uno junto a mi hermano, igual de emocionante, aunque eso es ya otra historia.  

Ahora sí, vamos a centrarnos en Almudena, la película que ha hecho Azucena Rodríguez (Madrid, 1955), que adaptó una de sus novelas “Atlas de la geografía humana” en 2007, amén de ser una de sus mejores amigas. Su retrato se centra en Almudena contado por la propia Almudena, a través de su compromiso con la vida, la infancia, la familia, la literatura, la política y demás aspectos de la vida, rastreando en una fascinante material de archivo donde podemos encontrar a aquella niña morena y de facciones bruscas que soñaba con escribir e inventar su propio mundo, y otras imágenes que nos van ilustrando junto a la voz inconfundible de la escritora. La estructura no obedece a una linealidad, sino todo lo contrario, la cosa se va contando de aquí para allá, adelante y atrás y vuelta a empezar o acabar, recorriendo sus ideas, sus fantasías, ilusiones, sus novelas, su amor, sus amigos, sus experiencias buenas y no tan buenas y demás aspectos de la vida y de la no vida. Recorremos su ciudad Madrid junto a ella, y un espacio importante que se abre con la Granada que compartió junto a su hombre Luis García Montero, el excelente poeta que muestra otra faceta de Almudena, y abre ese lado del duelo cuando la vida continúa a pesar de la ausencia de la escritora, como hacen sus hijos, sus hermanas y algún que otro más. Sin olvidar las playas de Rota en Cádiz, donde las vacaciones junto a amigos como Sabina, Prado y demás se convertían en noches sin fin. 

Un buen equipo técnico encabezado por Juan Barrero, amén de director de La jungla interior y Chillida: Lo profundo es el aire, y editor de documentales del desaparecido Diego Galán, y de Samuel Alarcón o de ficciones con Emma Tusell, que se encarga de la cinematografía y montaje, en un excelente trabajo donde todo gira en torno a Almudena, donde hay de todo, risas y alegría por la vida y por todo lo que contiene en sus entretenidos y reflexivos 80 minutos de metraje. La música corre a cargo de Rosa Torres-Pardo, que la conocemos por su trabajo como pianista, para Carlos Saura en Iberia y Arantxa Aguirre en El amor y la muerte. Historia de Enrique Granados, aportando esa sensibilidad e intimidad que tanto demanda una película que habla de una mujer excepcional, de carácter, libre y tozuda y del atleti, y el temazo que canta Enrique Morente sobre un poema de Lorca, ahí es nada. Elementos que nos ayudan a viajar por Almudena y su mundo, el que vivió y la huella que nos dejó, tanto en sus novelas, recibidas con gran entusiasmo tanto por la crítica como el público convirtiéndola en una magnífica novelista de nuestro tiempo, y esa otra parte humana cuando las puertas se cerraban. Dos espacios que convergen con naturalidad y sencillez durante toda la película. 

El tratamiento tan cercano e íntimo construye una película que consigue atrapar a cualquier espectador ávido del pensamiento y la reflexión, independientemente que conozcan a la escritora y su trabajo, es lo de menos, porque el retrato que se hace de ella, el presente escuchándola y el otro presente, el de ahora, cuando la escritora ya no está, es de una delicadeza sobrecogedora, porque construye un profundo y honesto retrato de quién era, quién fue y qué ha dejado, una huella y legado que todos los que la conocieron y leyeron siguen experimentando cada vez que la leen, que la escuchan y la piensan, porque en cada libro hay un pedacito de ella, en cada palabra escuchada y leída sigue muy presente, por su forma de ser, por su valentía, su capacidad para afrontar retos y obstáculos y mostrarse como lo que era, una mujer humanista que hablaba desde el corazón y la razón, muy conocedora de su tiempo, de la España que le tocó vivir, de esa España deudora de guerra y miserias, de la que tanto escribió, pensó y analizó. Acérquense a ver Almudena, de Azucena Rodríguez, porque de seguro que les va a emocionar y hacer reflexionar, porque no es triste ni condescendiente, sino un retrato sobre alguien de verdad, y con los tiempos que corren, eso es mucho. Para finalizar, me permito otra licencia personal como la que encabeza este texto y les dejó con Almudena y la dedicatoria de aquel primer encuentro: “Para José Antonio, con la esperanza de que le caliente el corazón”. Allá donde estés querida Almudena, seguimos luchando para que el corazón siga caliente. Un abrazo!. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA