< 3, de María Antón Cabot

CALEIDOSCOPIO DEL AMOR JUVENIL.

“La verdad no está en un sueño, sino en muchos sueños”

Pier Paolo Pasolini

En 1965 cuando Pasolini estrenó Comizi d’amore, pretendía reflejar la sociedad italiana a través de sus pulsiones y testimonios sobre las cuestiones del amor y el deseo, mediante entrevistas realizadas por él mismo a todo tipo de transeúntes improvisadas en mitad de la calle. Medio siglo después y con el mismo espíritu del poeta italiano,  María Antón Cabot se planta en el parque del Retiro de Madrid durante los tres veranos que abarcan del 2015 al 2017 para retratar su paisaje, en el que encuentra a jóvenes nerviosos, jugando al amor y al deseo, entre risas, obsesionados con las pantallas de sus móviles, parloteando entre ellos sobre sus cuestiones amorosas. Cabot surgida del colectivo lacasinegra, grupo que conocíamos por su largo Pas à Gènève (2014) y sus trabajos experimentales sobre los nuevos conceptos de la imagen en la era digital, echa mano en la producción de Carlos Pardo Ros, otro “casinegra”, para acercarse a ese mundo juvenil y entrevistarlos improvisadamente, como lo hizo Pasolini, sobre sus deseos, amores y sentimientos. Las respuestas son nerviosas, entre risas y miradas confidentes entre ellos, contestan apresuradamente, cortadamente, desde esas primeras veces en el amor y en el deseo, sus primeras alegrías, besos, amores, frustraciones, desilusiones y agitaciones.

Cabot no solo se queda ensimismada en el paisaje estival, sino que lo mira y retrata desde el observador inquieto y paciente, esperando su oportunidad, su momento, su instante, capturando ese universo fugaz y efímero de la juventud, todo se mueve entre la hipérbole, la fantasía y la irrealidad, esa misma irrealidad con la que la directora madrileña nos da la bienvenida a su película-documento, con esas ilustraciones coloridas en movimiento creando esas fantasías y pulsiones que mucho tienen que ver con los sentimientos de los jóvenes que retrata, a partir de los colores que podemos encontrar en los fondos de pantalla de los móviles, indispensables herramientas para conocer, chatear y jugar al amor. El retrato que hace Cabot es sincero e íntimo, se detiene en esa amalgama de vidas e ideas y venidas que es el parque en verano, retratando a como esa juventud de aquí y ahora se mueve en los espacios del amor y el deseo, unas formas muy diferentes a la juventud de antes, pero, como viene a indicarnos la película, las personas siguen queriendo lo mismo que aquellos que los precedieron, esa incesante y compleja búsqueda del amor y sentirse deseados.

A partir de un documento que no solo retrata a la juventud actual y sus cosas del amor, Cabot va mucho más allá, y lo hace, y esto tiene mucho mérito, a través de un dispositivo sencillo y muy acertado, mirar el parque y su colectivo humano, sobre todo, el más juvenil, mirándolos como son, sin etiquetas y convenciones sociales, capturando sus miradas, gestos, cuerpos, movimientos y testimonios, cara a cara, a su misma altura, de manera directa y verdadera, donde no hay filtros ni espejos deformantes, sino una mirada lúcida, limpia y tranquila, desde la inquietud del que mira, observa y pregunta a aquellos que interesan y sobre todo, escucha sus reacciones, pensamientos y sentimientos, dándoles esa voz que quizás deberíamos darle, y no sacar conclusiones apresuradas y poco acertadas cimentadas entre la desconfianza y la desinformación, sin juzgar a las personas anónimas que les ofrecen sus testimonios y un espacio de su privacidad. Y además, el personaje de Ana que abre y cierra la película, encontrando entre tanta maraña de personas anónimas un sentido a su forma de pensar, relacionarse y sentir.

< 3 (que son el símbolo y el número para escribir un corazón rojo en los dispositivos móviles) título claramente clarificador sobre las herramientas que usan los jóvenes para relacionarse, se mira con la belleza de lo cotidiano, hipnotizado por sus cotidianas y naturales imágenes que nos van rodeando y sumergiéndonos en ese universo de primeros deseos y amores, una película que se une a otros espejos sobre la juventud de los últimos tiempos como Quién lo impide, de Jonás Trueba, donde a través de una serie de películas hibridas entre el documento y la ficción, exploran a los jóvenes y sus inquietudes sobre la vida y el amor, así como Las primeras soledades, de Claire Simon, en la que nos introducía en un instituto y daba la palabra a unos jóvenes franceses de barrios en la periferia para escuchar sus testimonios sobre la soledad, el dolor y demás oscuridades de sus vidas. < 3 es una película maravillosa, deslumbrante y viva, sobre los jóvenes de ahora, sus ilusiones y frustraciones a través del amor y el deseo, y también, es un retrato fiel y emocionante sobre la sociedad y nuestras formas de mirar, relacionarnos, amar y desear. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/294018147″>&lt; 3 / Teaser #1</a> from <a href=”https://vimeo.com/dveinfilms”>DVEIN Films</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Sara Sanz y David Hebrero

Entrevista a Sara Sanz y David Hebrero, actriz y director de la película “Dulcinea”, en el marco del BCN Film Fest. El encuentro tuvo lugar el martes 30 de abril de 2019 en el Hotel Casa Fuster en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Sara Sanz y David Hebrero, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.

Dulcinea, de David Hebrero

ALGUIEN QUE NOS QUIERA.

Connor tiene graves problemas emocionales, se ha construido una realidad paralela en la que se engaña a su familia y sobre todo, se miente a sí mismo. Después de una de sus huidas para no enfrentarse a los demás, vuelve y su novia se ha liado con su hermano, pierde su empleo, su madre ha fallecido y su padre no quiero ni verlo. Ante este panorama, Connor recae en sus problemas y opta por el suicidio, pero con la ayuda de su terapeuta Martha se aborta el intento. A partir de ese instante, y con la ayuda de un anillo mágico, la vida de Connor se abrirá a su desidia y huidas constantes, y experimentará una segunda oportunidad para relacionarse con los demás y reencontrarse a sí mismo. El director español David Hebrero de apenas 23 años que debuta en el largometraje, estudió en Madrid y luego se trasladó a Los Ángeles con 18 años, en la que trabaja como cinematógrafo y gaffer, donde conoció al actor Steven Tulumello y juntos escribieron el guión de Dulcinea, un relato en el que hay ingredientes de la famosa novela de El Quijote, de la que su protagonista está obsesionado desde que era un niño,  la ciudad de Madrid, temas como la búsqueda de la felicidad, la insatisfacción personal, y el ideal del amor escenificado en el personaje de Dulcinea, ese amor inventado que el caballero de la triste figura buscaba sin cesar en sus aventuras imaginarias con su fiel escudero Sancho.

Hebrero y Tulumello han levantado una película a golpe de timón y muy independiente, en una historia que se filmó durante un año y medio, en varios países, en la que el propio director hace la cinematografía, y junto a Tulumello coproducen la cinta. El relato es una comedia romántica con toques fantásticos, y se cuenta con agilidad, ritmo y frescura, llevándonos a través del desdichado Connor, aunque buena culpa tiene él mismo de su mala fortuna, por diferentes ciudades, desde L. A., la ciudad donde reside hasta Madrid, la ciudad soñada, la ciudad que su amor por la clásica novela de Cervantes le ha llevado a visitar, esa ciudad donde cree que conocerá al amor de su vida, en esa continua espiral de huida en la que todo acaba siendo imaginado o soñado, alejándose de una realidad en la que todo resulta duro y complejo para Connor. En Madrid, entre la realidad y el sueño, o entre lo inventado o lo vivido, conocerá a Isabella, una joven pintora que se pierde por las calles ilustrando aquello que le fascina. Entre Connor e Isabella nacerá el amor, aunque hay gato encerrado y las cosas nunca son fáciles, porque el anillo mágico que le cedió Martha, la terapeuta tiene algo de trampa, y Connor se verá imposibilitado de iniciar una relación con Isabella.

Ante tantas idas y venidas de Connor, y ese continuo volver a empezar, la idea de evasión del anillo se convierte en todo lo contrario, un laberinto emocional de difícil solución, y sobre todo, más telarañas en la existencia del perdido Connor. La película tiene comicidad, naturalidad, sueño, como esos instantes donde el relato se envuelve en misterio y aventura con la aparición de Alonso, una especie de Quijote de nuestro tiempo que todavía cree en ese amor ideal de Dulcinea, y también, en amor, o podríamos decir, en ese búsqueda incesante en ese amor ideal, que no real, que sufren la mayoría de mortales occidentales de nuestro tiempo, en esa idea confusa e idealizada del amor como tabla de salvación de todos los males habidos y por haber. Una fábula de nuestro tiempo, con ese aroma a películas como Atrapado en el tiempo, Lluvia en los zapatos o la más reciente Amor a segunda vista, donde desafortunados jóvenes entraban en un laberinto de tiempo y amor en el que tenían que volver a empezar cada día para reconciliarse con el amor perdido, como le ocurre a Connor, en esta comedia romántica con la que podríamos darnos de bruces en cualquier esquina de nuestra ciudad, con esa pareja que se acaba de conocer y caminan y ríen por las calles, conociéndose y conociendo una ciudad, en la fabulan sobre su pasado, su presente y quizás, su futuro.

El buen hacer interpretativo de Steven Tulumello dando vida a Connor, un tipo peculiar que hace y deshace su universo soñado según le conviene, que deberá aprender que la vida real es mucho más interesante que la soñada, aunque en ocasiones los sueños nos pueden salvar de una realidad demasiado dura e incómoda, junto a él, la calidez y belleza de Sara Sanz, convertida en Isabella, ese ideal romántico que pretende Connor, llevado en volandas por el sueño quijotesco del amor ideal, o de la abnegación de una realidad tan aburrida y superficial, o Germán Torres que da vida a un peculiar y actual Don Quijote, con su aire de caballerosidad y esperpento, personaje imaginario-real que se tropieza Connor mientras recita en castellano pésimo a Cervantes, y vive con él alguna aventurita que otra mientras los dos se imaginan a caballo reconquistando doncellas de encantadora belleza ya enamoradas o ínsulas perdidas en el subconsciente, o Thelma de Freitas como Martha, la terapeuta que ayuda a Connor, y una especie de hada madrina, como en los cuentos, que abre la puerta de un paraíso perdido a Connor, aunque como todos los universos soñados también tienen su parte oscura y tenebrosa, quizás Connor deberá descubrirlas y vivir con ellas y sabrá que en la mayoría de ocasiones la aventura más extraordinaria de nuestras vidas siempre se vive en nuestro interior y quizás, muy cerca de casa. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Jonás Trueba e Itsaso Arana

Entrevista a Jonás Trueba y Itsaso Arana, director y actriz de la película “La virgen de agosto”, en el Soho House en Barcelona, el miércoles 3 de julio de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jonás Trueba e Itsaso Arana, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Eva Herrero y Marina Cisa de Madavenue, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

La virgen de agosto, de Jonás Trueba

CUENTO DE VERANO.

“Hacerse una persona de verdad… ¿Cómo se llega a ser quién uno es realmente…?”

El universo cinematográfico de Jonás Trueba (Madrid, 1981) está plagado de jóvenes a la deriva, enfrascados en conflictos existencialistas, vidas en el limbo, perdidos en continuo conflicto emocional, sin encontrar su espacio o un lugar donde quedarse o donde sentirse bien, individuos que deambulan de un sitio a otro casi por necesidad no por un deseo personal, personas con dificultades laborales y sentimentales, llenas de dudas, de miedos, llenas de todo y de nada a la vez, náufragos sin isla desierta, perdidos en un no lugar y cerrado a la vez, con pocas o nulas perspectivas de futuro, personajes muy reconocibles que podíamos encontrar en nuestros amigos y en nosotros mismos, almas en permanente búsqueda de sí mismos, en medio de la nada, reflejos de estos tiempos actuales tan confusos e impredecibles al igual que sus vidas. Si hacemos un recorrido memorístico por las cuatro películas anteriores del cineasta madrileño, los relatos están apoyados principalmente en los personajes masculinos, dejando la mirada femenina en un segundo plano. Aunque eso sí, los personajes femeninos que abundan en su cine son complejos, llenos de matices y dubitativos, las mismas sensaciones que padecen los masculinos.

Con su anterior película La reconquista (2016) el reencuentro en la juventud de unos antiguos novios de la adolescencia, las tornas se equiparaban, dándole el mismo protagonismo tanto a unos como otros, conociendo los diferentes puntos de vista de la relación pasada y el citado reencuentro. Como si de un espejo deformador se tratase, cualidad que define mucho el cine de Jonás Trueba, en una suerte de compendio íntimo y especial donde sus películas dialogan constantemente unas con otras, creando una especie de infinita sala de espejos en las que se van reflejando, creando pequeños vínculos que continuamente se van abriendo y cerrando. Después de Quién lo impide, su proyecto en marcha asentado en el universo de la adolescencia, volvemos a reencontrarnos con su cine en el personaje de Manuela de La reconquista, o alguien muy parecida a aquella sería Eva, interpretada por la misma actriz Itsaso Arana, también en labores de coguionista junto a Jonás en La virgen de agosto, convertida en el hilo argumental del que tira el director para contarnos un cuento de verano en la ciudad, una fábula-diario de los primeros quince días de agosto, donde la citada Eva (no es casualidad el nombre, ya que tiene resonancias bíblicas) hospedándose en un piso prestado, vivirá los días y las noches vagando por la ciudad de Madrid, (re) encontrándose con personajes del pasado, del presente y quizás de ese futuro que desconocemos en ese momento, algo así como le ocurría al protagonista de Canción de Navidad, de Dickens, donde conversarán, filosofaran y reflexionarán sobre los tiempos actuales, sus deseos, ilusiones, frustraciones, y demás sentimientos.

Eva se reencontrará con amigas que hace mucho que no ve que han sido madres, amigos que van de aquí para allá agobiados de estar en la ciudad en agosto y apáticos con su trabajo, con artistas inquietas que le fascinan, con madrileños inmigrantes nietos de brigadistas que visitan la ciudad con amigos ingleses, nuevas amigas que le ayudarán a sentirse mejor durante la menstruación con la que hablarán de feminismo, o un día de pantano donde dialogar y dejarse llevar, algún que otro reencuentro inesperado en la puerta de un cine, o ese chico extraño que parece diferente a los demás o no, eso sí, (des) encuentros mientras las verbenas de los diferentes barrios se suceden, tiempo para pensar, para conocer, experimentar, soñar, tomar copas o simplemente bailar al ritmo de canciones de Soleá Morente, melodías que interpelan directamente a la situación emocional de Eva, una mujer que mira la ciudad desde la distancia, como si no fuera con ella, una ciudad que Jonás Trueba retrata desde el bullicio y las gentes que como Eva se quedan en la ciudad por diversos motivos, con ese tono entre la ficción y el documento en la que el sonido de Amanda Villavieja (habitual de Isaki Lacuesta o José Luis Guerín)  se convierte en un personaje más, convirtiendo ese entorno en un espejo más que transforman las imágenes de la película.

El cineasta madrileño se rodea de sus cómplices habituales, Santiago Racaj en la cinematografía, con esa luz especial y cálida que baña a la figura de Eva, con ese instante tan profundo durante el baño en el río, o ese otro momento con las lágrimas de San Lorenzo, que retrata la magia de lo cotidiano, ese mirar detenido donde todo puede suceder, donde lo más mínimo adquiere connotaciones espirituales, donde la luz del día como de la noche se tornan únicas, delicadas e íntimas, como si asistiéramos a una fantasía cercana y lejana a la vez, como si no fuese con el personaje de Eva, Marta Velasco en el montaje o Miguel Ángel Rebollo en el Arte, y sus intérpretes habituales que le acompañan en cada viaje-película como la mencionada Itsaso Arana, Vito Sanz, Mike Urroz, Isabelle Stoffel, las breves apariciones de Francesco Carril y del cineasta Sigfrid Monleón, criaturas todas ellas que nos cuentan, nos seducen, también nos interpelan, y sobre todo, nos muestran formas y puntos de vista diferentes.

Jonás Trueba vuelve a mirar a sus maestros y referentes, ya sean literarios como la cita que abre la película: “Cada cual quiere ser cada una; no vaya a ser menos”, obra de Agustín García Calvo, perteneciente al himno de Madrid, o la mención en el bellísimo prólogo del libro de Stanley Cavell sobre la comedia de enredo sentimental en Hollywood en torno a la búsqueda de la felicidad, o citas cinematográficas como la idea de Renoir de la vida como celebración festiva entre amigos, o las dudas existenciales que tanto padecen los personajes de las películas de Rohmer, en la que Delphine, la protagonista de El rayo verde, sería una especia de antítesis de Eva, ya que aquella buscaba acompañante para las vacaciones, y Eva desea quedarse y conocerse en la ciudad,  y Hong Sang-soo, o las miradas a la ciudad de Madrid desde Fernán-Gómez o Patino, donde la ciudad se convierte en el reflejo idóneo de ese estado vital, donde todo parece raro y extraño a la vez.

Unos días de agosto en los cuales Eva se encuentra una ciudad que nace y muere a cada paso, emocionalmente hablando, donde los paseos diurnos o nocturnos adquieren connotaciones místicas, en los que se producen encuentros, desencuentros o reencuentros esperados, inesperados, agradecidos, frustrantes o simplemente, sorpresivos, en que Eva, la protagonista de la película, un actriz que ya no se reconoce en esos espejos vitales, que ni sabe lo que quiere ni se encuentra, que no sabe que hace ni adónde va, alguien que se debate entre los conflictos interiores que tiene, en ese tiempo de transición, en esos 15 días que parece que todo puede suceder, tanto lo bueno como lo menos bueno, donde quizás encuentre un camino diferente al transitado, al que la ha llevado a ese estado, y se tropezará con algo o alguien que la enganche a su vida y a sus sentimientos, quizás no sea definitivo pero al menos será un comienzo, un camino diferente por el que comenzar a caminar, un comienzo de algo que no sabemos a qué lugar la llevará. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a María Antón Cabot

Entrevista a María Antón Cabot, directora de la película “<3”, en el marco del D’A Film Festival, en el Hotel Pultizer en Barcelona, el jueves 2 de mayo de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a María Antón Cabot, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo del D’A Film Festival, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Entrevista a León Siminiani

Entrevista a León Siminiani, director de la película “Apuntes para una película de atracos”, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el sábado 8 de diciembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a León Siminiani, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Paula Álvarez de Avalon, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.