Cuatro manos, de Oliver Kienle

MI HERMANA Y YO.

En Hermanas (1973) una cult movie de Brian de Palma, asistíamos a la enfermiza relación de dos hermanas que siamesas de nacimiento eran separadas y se convertían en el yin en el yang. Una, era dulce y amable, mientras la otra, era cruel y asesina. Algo parecido les ocurre a Sophie y Jessica, dos hermanas que presencian el asesinato de sus padres cuando son niñas, y veinte años después, con la excarcelación de la pareja implicada, vuelven los fantasmas y mientras Sophie, olvida el macabro suceso centrándose en su carrera como pianista y en el amor. Jessica, en cambio, opta por el camino contrario, vengándose de los asesinos y una vida oscura y muy violenta. El director Oliver Kienle ( Dettelbach, Alemania, 1982) que debutó en el 2010 con Bis aufs Blut – Brüder auf Bewährung, un thriller angustiante donde retrataba la sordidez de un joven ex convicto en el brutal mundo de las drogas, con la serie Bad Banks, del que firma como creador, realizada inmediatamente después de Cuatro manos, se introducía en el cruel mundo de las finanzas.

En Cuatro manos vuelve a adentrarse en el thriller psicológico para contarnos un relato entre lo lucido y lo enfermizo, entre dos formas de gestionar lo emocional, a través de dos hermanas, dos caras completamente diferentes, dos caminos que luchan entre sí para calmar tantos conflictos y miedos internos. Kienle opta por un atmósfera inquietante y muy sombría, donde la cinematografía de Yoshi Heimmath, ayuda a conseguirla con múltiples detalles, tanto de la luz que entra en esa casa como en el exterior, con esa casa en medio de dos mundos, el de la zona residencial y el complejo industrial dividido por ese río de aspecto amenazante, y esos espacios que describen con naturalidad y detalle los dos mundos antagónicos por los que se mueven las dos hermanas. Como la precisa y envolvente música de Heiko Maile, elemento crucial en películas de este tipo, donde van sumergiéndonos en la psique de cada uno de los personajes, en esta batalla entre el olvido y la sangre que mantienen las dos mentes de las hermanas, en continua lucha y poseídas por un conflicto eterno.

Para enmarañar aún más si cabe la madeja argumental, el relato introduce un tercer elemento en discordia, el del doctor con el que Sophie sale, que se convertirá en el testimonio ideal que asiste a esa dualidad simbiótica que sufren las dos hermanas, en las que a veces, no sabrá a qué atenerse con tantas idas y venidas emocionales entre las hermanas. Uno de los aciertos de la película es su honestidad y libertad a la hora de enfrentarse a un relato de tales características, porque aunque en ciertos momentos la historia nos suena, la película huye de los tópicos del género y consigue con pocos elementos y personajes adentrarnos en esa espiral salvaje y malévola que enfrentan a las hermanas, y lo hace desde la sencillez y la pulcritud tanto a nivel formal como argumental, con esos planos cercanos, inquietantes y enfermizos que nos provocan esa tensión constante y esa idea de violencia a punto de estallar, donde el relato no para en ningún instante, llevándonos por continuos contrastes, entre las salas de música o los momentos románticos, con otros más oscuros como las zonas industriales abandonadas, los locales nocturnos llenos de sombras y gente de mal vivir, o zonas aisladas donde se ocultan esos espectros que tanto rondan a una de las hermanas.

Kienle construye un relato psicológico que nada tiene que envidiar a las cult movie del género más recordadas, como por ejemplo Inseparables, de Cronenberg, por citar una de las más redondas e inquietantes,  creando esa atmósfera inteligente y llena de aristas, donde nada es lo que parece, en la que tensa las emociones de los espectadores conduciéndolos por un laberinto infinito y psicológico de difícil resolución, con un estupendo y brillante trío protagonista fundamental en este tipo de películas, encabezados por Frida-Lovisa Hamman como Sophie, la dulce y sensible hermana pequeña que quiere ir hacia adelante e intenta construirse su vida a través del arte y el amor. A su lado, Friederike Becht da vida a Jessica, esa alma negra y hundida que fue testigo del macabro asesinato de sus padres y su vida se ha convertido en una huida hacia el abismo constante en el que busca venganza sea como sea, una vida oscura y violenta que no cesará hasta que consiga su cruel objetivo, y finalmente, Christopher Letkowski que interpreta al doctor, que dará luz y convertirá la vida de Sophie en algo amable y sensible, dando un resquicio de luz ante tanta oscuridad, y se verá envuelto en la batalla sin cuartel que mantienen las dos hermanas para detener tanta maldad y tantos fantasmas del pasado. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Jonás Trueba e Itsaso Arana

Entrevista a Jonás Trueba y Itsaso Arana, director y actriz de la película “La virgen de agosto”, en el Soho House en Barcelona, el miércoles 3 de julio de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jonás Trueba e Itsaso Arana, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Eva Herrero y Marina Cisa de Madavenue, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

City For Sale, de Laura Álvarez

RESISTIR FRENTE EL MONSTRUO.

“Un turismo que no toma en cuenta a la comunidad, genera grandes sacrificios en el orden moral, espiritual y material en los integrantes de la comunidad en que se instala”.

Laura E. Anguiano

Algunos expertos en la cuestión definen al turismo masificado como “La enfermedad el siglo XXI para las ciudades y sus ciudadanos”. Una epidemia que está arrasando la vida y las vidas de las ciudades, porque aparte de la masificación en los centros de las ciudades por cantidades ingentes de turistas, se suma algo mucho más grave, la acumulación de hoteles y pisos turísticos para albergar a tanto visitante, que lleva consigo la expulsión de los vecinos de toda la vida, acosados por los propietarios para echarlos y construir sus edificios para turistas que les harán subirse al carro de los pelotazos económicos, y aún hay más, la desaparición de los comercios de la zona, sustituidos por un comercio turístico construido por y para ese visitante de usar y tirar. Situación que lleva a una ciudad parque temático que entierra toda identidad y belleza de su patrimonio histórico y su verdadera idiosincrasia. Ciudades sin vida, vacías, llenas de gente de todos los colores, eso sí, con dinero, que invaden y transforman todo aquello que ven, escuchan y tocan.

La puesta de largo de Laura Álvarez (Barcelona, 1985) periodista de formación televisiva, se adentra en todas las consecuencias de este turismo invasivo y masificado de Barcelona, pero no lo hace desde las instituciones, escuchando las reflexiones de expertos en la materia ni disparándonos cifras por doquier, sino que lo hace desde lo íntimo y personal de aquellos vecinos que lo han sufrido, lo sufren y lo sufrirán, entrando en las vidas y los hogares de estas personas que de forma anónima y asociativa resisten frente al monstruo del turismo de masas, y el impacto demoledor que sufre una ciudad de poco más de 1’6 millones de habitantes que suele recibir unos 30 millones de turistas anuales. Álvarez nos muestra cuatro formas de lucha y resistencia, cuatro vidas que se han convertido en existencias difíciles bajo la presión de los propietarios de viviendas que harán lo imposible para expulsarlos y así tener ese espacio para el turista, convertido en un nuevo producto de riqueza brutal.

Conoceremos de primera mano los casos de Montse y Joan, un matrimonio de vecinos inquilinos de renta antigua del barrio Gótico que sufren moobing inmobiliario, en la que nos mostrarán las barbaridades del propietario con obras interminables, polvo, suciedad y agua con el fin de cansarlos y que se vayan por su propio pie como han hecho el resto de los vecinos de la finca.  El caso de Mai y Pepi, hija y madre de la Barceloneta, antiguo barrio de pescadores, ahora convertido en ese turismo de fiesta y borrachera constante, que nos hablarán de la pérdida de identidad del barrio y los cambios salvajes de subida del precio de la vivienda y el deterioro del barrio en pos al comercio turístico, y la invasión de su playa, pero no se rinden porque se asocian con los demás afectados y se movilizan con protestas.  El caso surrealista, de película de Berlanga, que vive Jordi, un jubilado que resistió en su piso pese al moobing, y ahora vive en un hotel, rodeado de apartamentos turísticos, pero él sigue en la batalla comprometido en la lucha vecinas a través de la asociación que ayuda a los casos de moobing que van llegando. Y finalmente, el caso de Carolina que es propietaria de vivienda en el barrio de Santa Caterina, en pleno centro, y debido al turismo ruidoso y masificado tiene que irse a un barrio más alejado porque su trabajo necesita paz y tranquilidad.

La cineasta barcelonesa filma a sus personajes de forma observadora e íntima, apoyándose en un guión medido y sincero escrito al alimón con Laia Manresa (colaboradora de Joaquim Jordà y codirectora de Morir de día, sobre la entrada de la heroína en la Barcelona de los 80, entre otros trabajos) que se sumerge con precisión y paciencia en el fondo de los casos, explorando todas las cuestiones del problema desde la veracidad y la consecuencia de los hechos, ofreciendo la palabra a los afectados, creando ese espacio de intimidad entre la cineasta y la persona que muestra su vida y su conflicto, hablándonos no de esa Barcelona que nos venden con cifras y palmadas condescendientes, sino de aquella otra, desde otra perspectiva más real, más cruda y oscura, como ya lo hicieron el citado Jordà en su monumento implacable que fue De nens (2003) en el que ya estaba Laia Manresa, que emergía sin titubeos el caso de pedofilia más vergonzoso de la ciudad, o En construcción (2001) de Guerín, que ya nos hablaba de la transformación del barrio emblemático del barrio chino desde la mirada de sus vecinos, a los que habría que añadir los más recientes de Ciutat morta, de Xavier Artigas y Xapo Ortega, que nos hablaba de uno de los casos de corrupción policial e institucional de la ciudad, o Alcaldessa, de Pau Faus y Metamorphosis, de Manuel Pérez, que desde puntos de vista diferentes se sumergían en formas de entender la política desde los barrios y para las personas.

Álvarez habla del tabú del turismo desde lo íntimo y personal, en una obra necesaria, de denuncia, de guerrilla y política, desenterrando la realidad de un conflicto que parece no importar a las instituciones, filmando una ciudad deshumanizada que está en venta, toda ella, incluso sus habitantes que parecen sobrar de sus edificios, dando voz a aquellos que sufren esa venta en sus vidas diariamente, desde un punto de vista crítico y humanista, explicándonos sus causas y sus consecuencias de frente y sin sentimentalismos, sino de forma austera y magnífica, en una ciudad, que al igual que otras grandes capitales de Europa, debe empezar a trabajar para concienciar sobre ese tipo de turismo salvaje, consumista y sangrante para las ciudades y sus ciudadanos, en pos de un turismo más tranquilo, consumidor y sobre todo, conciliador con los espacios que visita y empático social con las personas que viven en ese entorno, un espacio que debería ser común, social y humano. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/272171970″>CITY FOR SALE – Tr&aacute;iler [ESP SUB]</a> from <a href=”https://vimeo.com/cityforsalefilm”>cityforsalefilm</a&gt; on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Tres idénticos desconocidos, de Tim Wardle

LOS HERMANOS REENCONTRADOS.

“La genética nos proporciona una tendencia a movernos en ciertas direcciones y comportarnos de ciertas maneras y es el entorno quien determina la forma en que se expresan esos impulsos biológicos”.

Lawrence Wright

La película arranca allá por el año 1980 durante el primer día de universidad, cuando Robert Shafran es recibido y saludado calurosamente por todos los demás estudiantes, ante su propia estupefacción, ya que se trata de la primera vez que pisa ese campus. Todos lo llaman Eddie. Uno de los jóvenes se percata que no se trata de Eddie, pero que su aspecto es exactamente igual que el citado. Así, que llama al tal Edward Galland y los dos jóvenes se dan cuenta que son gemelos, idénticos uno del otro. La noticia corre como la pólvora y se emite en televisión, y casualidades del destino, David Kellman, desde su casa frente al televisor, descubre que los dos gemelos son idénticos a él, y los gemelos pasan a ser trillizos, y desde ese momento, los tres se convierten en uno, amigos inseparables, convirtiéndose en un gran fenómeno, que los lleva a ser la sensación del momento: apareciendo en los programas televisivos más famosos, en una película con Madonna, siendo las estrellas de las sesiones de la famosa discoteca Studio 54 de New York, incluso irse a vivir juntos a un apartamento en la Gran Manzana, y convirtiéndose en socios cuando abren su restaurante “Trillizos”, que será el local de moda para mucha gente.

El cineasta Tim Wardle (Reino Unido, 1975) dedicado exclusivamente a realizar documentales para televisión, encontró esta historia y después de innumerables carambolas del destino, consiguió levantar este proyecto y contar la odisea de tres bebés nacidos en 1961 y separados al nacer, y posteriormente, adoptados por tres familias diferentes que no se conocían entre sí. Tres hermanos que nacieron sin conocer la existencia de los otros. Y todo tiene un porqué, los tres hermanos, junto con otros gemelos y trillizos, participaban en un experimento científico del equipo del psiquiatra Peter Neubauer, un estudio que exploraba las conductas de la personalidad de una serie de individuos separados al nacer, hijos de padres con problemas mentales, el estudio se basaba en la observación de estos individuos y su conductas, si estas alteraciones emocionales se heredaban o eran proporcionadas por el entorno en cuestión, un entorno, eso sí, que en el caso de los trillizos, eran de diferentes clases sociales.

La película de Wardle se mueve en dos espacios, primero de todo, las imágenes de archivo, donde se reconstruye la vida de los tres mellizos y su reencuentro, así como la reconstrucción de ciertos momentos de ese pasado, y un segundo espacio que sería el presente, donde a través de entrevistas, en las que se recogen de primera mano los testimonios de los hermanos, y también, el relato de algunas de las personas que participaron de manera periférica en el experimento, y el testimonio crucial y esclarecedor del periodista Lawrence Wright, que investigó profundamente el caso hasta donde le dejaron, porque los archivos referentes al experimento siguen estando en custodia, alejados de todos los ojos, con la excusa que algunos participantes del experimento desconocen completamente todo. Wardle se mueve entre varias películas, porque tenemos una alegre, divertida y muy emocionante, cuando los trillizos se reencuentran, sus vidas, su éxito y compañerismo, y por otro lado, la película se adentra en el thriller oscuro y terrorífico, en la conspiración científica, muy propia del cine político de los cincuenta y sesenta, donde se cuestiona la ética y moral del experimento y de ciertas conductas de la ciencia en pos de la verdad, o de la naturaleza de los experimentos, una época donde la Guerra Fría ayudaba a llevar a cabo ciertos estudios que en muchos casos atentaban contra la identidad y las vidas de las personas.

Wardle cuenta de manera eficaz y trepidante todo el relato, centrándose en la parte humanista de los trillizos, que tuvieron que pagar un precio demasiado alto muy a su pesar, a partir de sus testimonios y las imágenes de archivos, dotando a la película de un vaivén de informaciones pero bien estructuradas y organizadas para que el espectador conozca, pero también, se adentre en este documento agridulce sobre la condición humana, donde hay alegrías y risas, pero también, hay tristezas y dolor, donde la película no juzga, sino muestra, explicando todos sus detalles y lugares, llevándonos con firmeza e inteligencia por todos los protagonistas involucrados en el caso, todos aquellos que callaron, porque les convenía, todos aquellos que querían saber, a pesar de todo aquello malo que iban a encontrarse, como los trillizos y otros gemelos que, muy a su pesar, participaron en el estudio secreto, y todos aquellos, como el periodista, que trabajaron para desenterrar todos los detalles del experimento, derribando todos los muros que le dejaron derrocar, porque hay otros, los más profundos, que habrá muchos intereses, tanto humanos como poderosos, que prefieren seguir ocultando.


<p><a href=”https://vimeo.com/310090258″>Trailer TRES ID&Eacute;NTICOS DESCONOCIDOS</a> from <a href=”https://vimeo.com/festivalfilms”>FESTIVAL FILMS</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Andrea Jaurrieta

Entrevista a Andrea Jaurrieta, directora de la película “Ana de día”, en el marco del D’A Film Festival, en el Hotel Pulitzer en Barcelona, el domingo 6 de mayo de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Andrea Jaurrieta, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Martín Samper, coproductor de la película, y a Eva Calleja de Prismaideas, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Ana de día, de Andrea Jaurrieta

LAS MÁSCARAS IMPUESTAS.

“La mayoría de las personas son otras: sus pensamientos, las opiniones de otros; su vida, una imitación; sus pasiones, una cita.”

Oscar Wilde.

Los lectores más fieles recordarán la novela de El hombre duplicado, de José Saramago, en la que explicaba la trama de un hombre que un día se topaba con un actor idéntico a él, y a partir de ese instante, emprendía una búsqueda sobre quién era el real, y quién no, a partir de la confrontación con el otro. La puesta de largo de Andrea Jaurrieta (Pamplona, 1986) se mueve en esos paralelismos, pero Ana, la protagonista de la película, no buscará la confrontación, sino que huirá, replanteándose su propia identidad y existencia, emprendiendo un viaje interior que la llevará a asumir otro aspecto físico, y sobre todo, viviendo todas esas vidas que nunca se atrevió a vivir. Jaurrieta ya había reflexionado en sus cortos con la idea del personaje huyendo de sí mismo, encerrados en una vidas impuestas por la sociedad y por ellos mismos, vidas programadas y teledirigidas, vidas por inercia, pero, vidas vacías, vidas frustradas que no acaban de llenar a la persona en cuestión. De todo esto y más nos habla la película, una cinta que ha tenido un laborioso proceso de producción que le ha llevado ocho años, una película de carácter independiente y libre, que aborda muchas de las cuestiones que sufrimos los jóvenes, conflictos sobre nuestra identidad, sobre qué vida queremos, y que cosas tenemos que hacer.

La cineasta navarra aborda todos estos problemas a través de un arranque surrealista, que firmaría el mismísimo Buñuel, cuando Ana, de buena familia, abogada y a punto de casarse, se topa con una mujer idéntica a ella, alguien que ha asumido su vida, alguien que ha usurpado su propia identidad, alguien que la ha sustituido. Pero, Ana, la que nos muestran como original, no busca la confrontación para descubrir quién es la copia o qué demonios ocurre, sino que emprende la huida, planteándose como una oportunidad de escapar de su propia vida hasta la fecha, y descubrirse a sí misma adoptando una nueva identidad, la de Nina, una bailarina que acaba de llegar a Madrid y busca trabajo, un empleo que lo encontrará en la noche, en una especie de cabaret venido a menos, pero con encanto, al que todos llaman “Radio City Music Hall”, en alusión a la época dorada de Hollywood. Nina se hospedará en una pensión de tres al cuarto, y bailará, y también, se prostituirá guiada por Marcelo (apuesto y varonil Álvaro Ogalla) una especie de Don Juan nocturno, que frecuenta el cabaret, y además, también la introducirá en una espiral de sexo libre.

La vida de Ana la vivirá esa otra que ha aparecido, y Nina, la ex Ana, vivirá su particular existencia rodeada de neones y plumas, interpretando a otra, quizás aquella que nunca se atrevió a ser, o quizás a aquella que nunca quiso ser, por miedo o vergüenza, o por no saber adónde ir. Nina vive de noche, baila en el cabaret, entabla amistad con el “Maestro” (estupendo Fernando Ulbizu, como gigante bonachón y de gran corazón) un trotamundos del espectáculo, que se refugia en las catacumbas del cabaret, y se convierte en su mejor compañía, y después está Marcelo, un tipo oscuro y enigmático, del que nada sabemos de él, y menos Nina, que se deja llevar por él, y comienza a experimentar un sexo libre, sin ataduras y bestial, ese que nunca había sentido. Nina se levanta por las tardes, y se relaciona con Sole, la dueña de la pensión, mujeres que vivieron la represión y siguen martirizadas por no vivir sus propias vidas, y también, pululan otros personajes, a cuál más extraño y apocado. La película se mueve tras los pasos de Nina, sus inquietudes, su amargura, sueños y (des) ilusiones en su nueva existencia, amparada por la noche, casi alguien que tiene la necesidad de huir de su pasado, de quién era, pero sin conocer su destino, buscándose entre las brumas de la noche, entre las tinieblas de cualquier galán de turno, y esperando descubrirse a sí misma, sacar de sus entrañas todo aquello reprimido, todo lo que dejó un día de hacer o sentir.

Jaurrieta construye su película desde lo social, pero también, desde lo onírico y extravagante, jugando con las formas, texturas, colores y sonidos, y esa música, áspera y axfixiante, mezclada con temas populares de desamor y desgarro emocional, donde en ocasiones, asistimos a una aventura sórdida y marginal, y en otras, estamos en un cuento de hadas donde encontramos a una heroína de barrio que está perdida y sin ganas de seguir luchando por encontrar la salida del laberinto. Una película de seres extraños y oscuros, personajes que se ocultan de la realidad, que desaprecen del mundo para construirse otro, de ese mundo exterior implacable y brutal con los que se niegan a seguir el ritmo, a seguir siendo uno más, dejando atrás lo que ellos son, como Madame Lacroix, interpretado por la veterana Maria José Alfonso, antigua vedette, que ahora lima sus últimos coletazos rodeada de un glamur de pandereta, de un garito lleno de plumas y lentejuelas del chino, de un espacio casi marginal, que sirve de escaparate para torpes borrachos, salidos de mierda, o desahuciados de otros lares más lujosos, una especie de invitación para prostituir a las chichas. Quizás la misma moneda, pero vista desde otro ángulo, tenemos a Sole (maravillosa la interpretación de Mona Martínez, que recuerda a Saturna, la criada que hizo Lola Gaos en Tristana, de Buñuel) esa mujer con tantas carencias emocionales, que quiere a Nina como una hermana pequeña, algo así como esa mujer que vive la vida que Sole nunca podrá tener por miedo y agallas.

Y qué decir de la inmensa interpretación de Ingrid García-Jonsson, en un doble rol, con esa fragilidad y naturalidad que captura, y no menos, de esa sexualidad desatada que despierta como forma de descubrimiento personal y de liberación, siendo valiente para enfrentarse a su cuerpo, su sexo y su forma de sentir diferente, a su manera, haciendo otro tipo de cosas inesperadas y diferentes, esas que no esperaba sentir. Jaurrieta no esconde sus referencias, que son muchas y diversas, adoptándolas para narrar su visión de la identidad de la gente de su generación, de la gente como ella, con la frescura, transgresión y la libertad del primer cine de la transición como Bigas Luna, Pedro Almodóvar, Iván Zulueta o Fernando Colomo, o a través de esos mundos sórdidos y marginales que tanto le gustaban poblados de esos personajes que se ocultan de sí mismos y nunca acaban de decantarse por ninguna identidad como le gustaban a Cassavetes o Fassbinder, y esos mundos fríos y de falsas morales tan propios de Chabrol o Haneke, y tantos submundos e inframundos que pululan en las grandes ciudades, pero pasan completamente inadvertidos para la mayoría, esos lugares anclados en un tiempo que ya no es tiempo, movidos por la falsa ilusión de tener o pertenecer a algo, aunque sepan a ciencia cierta, que todo es mera cobardía para no enfrentarse a sí mismos, y más aún, para vivir las vidas que realmente quieren vivir, porque en realidad, la película plantea la identidad desde un modo directo y natural, como enfrentarse a esos espejos a los que no queremos reflejarnos, todo por miedo a no reconocernos en ellos.

Girl, de Lukas Dhont

LA LUCHA INTERNA.

Todos los que hemos experimentado la adolescencia conocemos ese período de cambios, un espacio de transición entre la infancia que vamos dejando y la edad adulta a la que llegamos llenos de dudas e incertidumbre. Todo nuestro alrededor cambiará drásticamente, nuestras ideas, nuestros objetivos, nuestros miedos y sobre todo, nuestro cuerpo, un cuerpo al que iremos descubriendo nuevamente, como si la vida y nuestro cuerpo se reiniciarán y todo empezase de nuevo. Un cuerpo que en algunos momentos nos satisfará, y en otros, en cambio, nos disgustará y mucho. Lara nació Víctor. Ahora, tiene 15 años y vive como una mujer, y trabaja duro por seguir su sueño, ser bailarina de danza. La puesta de largo de Lukas Dhont (Gante, Bélgica, 1991) se desarrolla en el marco de la adolescencia, de alguien que a los 15 años deberá de ser contra sí misma y contra su entorno social, una chica que quiere ser ella misma, y se levanta cada mañana para demostrarse a sí misma que puede hacerlo, que nada ni nadie significará un obstáculo en su camino.

El cineasta belga que ya había tocado la danza, la transformación y la identidad en sus anteriores trabajos, se lanza a contarnos una fábula actual, de tremenda cotidianidad, en el que seguimos la vida de Lara, su lucha contra ese cuerpo que es masculino, pero ella hace lo imposible, incluso dejándose la salud, para convertirlo en femenino, o al menos que tenga ese aspecto para los demás, mientras espera (im) pacientemente el día de la operación. Su ansiedad, sus conflictos físimos y sobre todo, emocionales, provocarán en Lara diversos cambios de actitud y carácter que le harán meterse en un pozo oscuro. El apoyo incondicional y humanista de Mathias, ese padre sin esposa (porque la madre de Lara está ausente) y el hermano pequeño Milo. Dhont propone un retrato íntimo y transparente de la cotidianidad del instituto y las clases de danza, de la exigencia de Lara y los problemas físicos y emocionales que le provoca su cuerpo, convertido para ella en una especie de condena de la que quiere escapar cuanto antes. La película nos habla de identidad, de género y la perseverancia de conseguir lo que uno quiere en su vida, y de perseguir sus sueños, cueste lo que cueste, aceptando las dificultades del camino y superando los diferentes obstáculos que se vaya encontrando.

Su tono frío y desangelado, acompañado por esa ciudad pequeña, donde parece que todo funciona con normalidad, ayuda a entrar y conocer mejor la vida de Lara, sus miedos e inseguridades, su soledad y sus conflictos con ella misma, con su cuerpo, convertido en su mayor enemigo, y las dificultades de tener una relación con los demás, como las tensiones con sus compañeras de danza, o con el chico que le gusta. Dhont teje un intenso y áspero drama, a medio camino entre el documental y la ficción, sobre la transexualidad en la adolescencia, sobre nuestro lugar en el mundo y nuestra identidad, sobre todos los problemas internos que nos ocasiona nuestro físico y la incapacidad de la sociedad por aceptar al diferente tal y cómo es, sin cortapisas ni prejuicios. El inmenso y extraordinario trabajo de los actores principales encabezados por Víctor Polster dando vida a Lara, nuestra heroína cotidiana que luchará contra ella misma, su cuerpo y su entorno para entender y entenderse, para llegar al final de su proceso, donde emocionalmente y sobre todo, físicamente, se sentirá bien con su cuerpo y podrá desarrollarse emocionalmente como siempre ha deseado, a su lado, Arieh Worthalter, que interpreta a Mathias, ese padre coraje que estará al lado de su hija y de sus problemas, aunque deberá ser paciente para aceptar todos esos cambios y ayudar a Lara cuando esta se deje ayudar.

Dhont cimenta con maestría y aplomo una película sin juicios ni sentimentalismos, con un par de personajes dentro de un entorno académico y vital que se convertirán en jueces implacables para el devenir de Lara, una mirada que bebe del cine inmediato con raíces en el documental que tanto practicaban Pialat o Vittorio De Seta, y más recientemente, los hermanos Dardenne, donde explican con minuciosidad y detalle los conflictos morales, físicos y emocionales de sus personajes, y sobre todo, de su entorno, una sociedad que le cuesta aceptar a todo aquello que desconoce, que desaprueba socialmente, en las que las películas se convierten en durísimos y desgarradores dramas sociales en el que impone una manera de narrar donde tanto la forma (con esas cámaras inquisitivas que se mueven con naturalidad y se erigen como espejos deformantes sobre nosotros y la sociedad en la que vivimos) como su contenido, en el que priman las dificultades de los más desfavorecidos, tanto a un nivel social como emocional.