Día de lluvia en Nueva York, de Woody Allen

HISTORIAS DE NEW YORK.

“El amor es la emoción más compleja. Los seres humanos son imprevisibles. No hay lógica en sus emociones. Donde no hay lógica no hay pensamiento racional. Y donde no hay pensamiento racional puede haber mucho romance, pero mucho sufrimiento”.

Woody Allen

En una sociedad occidental vacía, sucia, mercantilizada y triste, todavía existen seres de otro tiempo, individuos que todavía aman vivir, sentir el aire en sus pulmones, aunque este muy contaminado, perderse por las calles antiguas de la ciudad, aquellas que todavía no han sucumbido a la locura del dólar, o que todavía mantienen algún rasgo de cuando eran calles de verdad, en las que se respiraba el aliento que respiraba la ciudad, sus olores naturales, sus aromas, su diversidad de gentes, costumbres y realidades, perderse por esos lugares de antaño, caminar sin rumbo, aunque esté lloviendo a mares, con esa luz sombría propia de los días de otoño, mientras escuchamos alguna melodía de Gershwin y pateamos con pausa las calles del Village neoyorquino, esa maravillosa luz que se mira con poesía y detalle por el talento de Storaro, cinematógrafo de las tres últimas de Allen.

Allen mira con nostalgia y melancolía un tiempo pasado, irrecuperable, un universo sin tiempo, sin lugar, un mundo aparte, un mundo que tantas veces ha retratado Woody Allen (New York , 1935) en su cine, en ese primigenio cine donde vuelve ahora, en ese cine que tanto ha evocado ese tiempo lejano, ese tiempo que jamás volverá, en el que el estado anímico era diferente, crónicamente otoñal, donde los días parecían hermosos y el amor, esas emociones y relaciones tan peculiares que Allen ha mirado de tantos puntos de vista posibles e imposibles, eso sí, sin faltar al humor, una comedia loca, excéntrica, divertida, de puros gags, o de todas las formas posibles, para soportar el tedio de la ciudad, de la sociedad, de este mundo a la deriva, donde quizás sean el amor y el humor, las dos únicas tablas de salvación, de respirar un poco.

Allen lleva medio siglo haciendo cine y ha dirigido casi medio centenar de títulos, cintas de toda clase, forma y estructura, unos mejores que otros, o podríamos decir, unos más conseguidos que otros, eso sí, incluso en las películas menos conseguidas o más convencionales, el cineasta de Brooklyn siempre se ha sacado de la chistera algún momento único, mítico y deslumbrante, de esos que quedan en la retina de los espectadores para siempre, donde sus atribulados personajes, con sus complejos, deseos, frustraciones o desilusiones, todos juntos y a la vez, se han enfrascado en imposibles romances o líos, listos para el desastre más escandaloso, pero ellos, amotinados y ciegos en su imposible causa, seguían tropezando una y otra vez contra sus sentimientos, ambivalentes, despojados de toda razón o lógica, seres así, alter ego de sí mismos, de ese cineasta bajito, feo y cómico que solamente quería llevar al baile a la reina del instituto, ahí es nada, para darse cuenta de que la realidad siempre es más terca y triste que los sueños, donde todos somos altos, guapos y triunfadores.

En Día de lluvia en Nueva York, conocemos a Gatsby (como el antihéroe de otro tiempo que magníficamente retrató F. Scott Fitzgerald) un tipo joven, de buena familia, que huyó de la Gran Manzana para estar lejos de su familia, unos snobs reprimidos, según él, y se oculta en una de esas universidades donde pasa el rato, sin todavía saber qué hacer y en qué emplear su tiempo, eso sí, lee mucho, sueña aún más, juega el póker, escucha música de antes y ve películas clásicas, las que retratan ese universo al cual le encantaría pertenecer. Ah! Y también tiene novia, una tal Ashleig, una joven guapísima de Arizona que sueña con ser una gran periodista, que nada tiene que ver con Gatsby. La acción arranca cuando Ashleigh tiene que ir a Nueva York a entrevistar a Roland Pollard, uno de esos directores independientes tan profundos e ínfulas de autor con crisis reales o fingidas, una entrevista que se enredará de tal manera que el ansiado fin de semana en la gran ciudad, planeado por Gatsby, se convertirá en un enredo de mil demonios y un juego del gato y el ratón por las calles de la ciudad.

Por un lado, tenemos a Ashleig que va en la búsqueda de un perdido Pollard junto a Ted Davidoff, el guionista que descubrirá algo que hará tambalear sus sentimientos, luego, acabará en una fiesta elitista donde Pollard la intentará seducir aunque también aparecerá Francisco Vega, ese apuesto latin lover dispuesto a todo. Mientras tanto, en algún otro lugar de la ciudad, Gatsby camina sin cesar bajo la lluvia, y tendrá encuentros fortuitos con Chan, la hermana de su novia del instituto, convertida en una atractiva mujer, y acudirá, muy a su pesar, al cumpleaños de su madre, donde deberá enfrentarse a su progenitora. Mención aparte tiene el estupendo reparto del que se rodea el director estadounidense, como suele pasar en sus filmes, con ese Timothée Chalamet, taciturno, triste y solitario, captando la esencia de lo tragicómico de Allen, que conmueve y enfada a partes iguales, con ese aire quijotesco y zombie moderno, bien acompañado por una pizpireta y chica de bien Elle Fanning, con una seductora e inteligente Selena Gómez, y esa retahíla de tipos del cine: Liev Schreiber como director capullo y estúpido, Jude Law como un guionista atribulado y neurótico, y Francisco Vega, en la piel de Diego Luna como el típico galán mentiroso y truhan.

Allen rememora aquellas comedias románticas clásicas del Hollywood dorado como Al servicio de las damas, de La Cava, Historias de Filadelfia, de Cukor, Lo que piensan las mujeres, de Lubitsch, entre muchas otras, llenas de inteligencia, clase y elegancia, con humor a raudales, en el que encontramos fieles y sinceros retratos sobre el amor, sus conflictos, y sobre todo, sus graves consecuencias para el alma humana y su entorno. El cineasta neoyorquino capta ese aroma intrínseco de aquellas películas y lo traslada con maestría e ingenio, marcas de la casa, a la actualidad, con una deliciosa comedia romántica en la que dispara a todo y contra todos, donde frivoliza sobre el mundo de la burguesía estadounidense, se carcajea de los cineastas y todo aquella mugre que les rodea, y no dejará títere con cabeza, en un mundo frenético, estúpido, lleno de complejos y depresivo, donde y ahí volvemos otra vez, el amor y sobre todo, el humor, el humor en todas sus vertientes, el que se ríe de todo, de todos y sobre todo, de uno mismo, será lo único que nos sigue recordando que seguimos siendo humanos o algo que se le parezca. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Jonás Trueba e Itsaso Arana

Entrevista a Jonás Trueba y Itsaso Arana, director y actriz de la película “La virgen de agosto”, en el Soho House en Barcelona, el miércoles 3 de julio de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jonás Trueba e Itsaso Arana, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Eva Herrero y Marina Cisa de Madavenue, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Presentación libro “El sol tiene una cita con la luna”, de Myriam Mézières

Presentación del libro “El sol tiene una cita con la luna”, de Myriam Mèzieres, con la presencia de la autora, del ilustrador Ignasi Blanch, el escritor Àngel Burgas y Octavi Martí, en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el martes 27 de noviembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Myriam Mézières, Ignasi Blanch, Àngel Burgas, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Pilar Caballero de Prensa, y a Jordi Martínez de Comunicación de Filmoteca, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

 

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata, de Mike Newell

LA ESCRITORA Y LOS HABITANTES DE GUERNSEY.

En la estupenda película Los otros, de Alejandro Amenábar, no situaban en la isla de Jersey, una de esas islas ocupadas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Otra de esas islas, la de Guernesy, es la que focalizan en la película La sociedad literaria y el pastel de piel de patata, que también tuvo la mala fortuna de tener como invitados a los alemanes durante la contienda. La nueva película del veterano Mike Newell (St Albans, Reino Unido, 1942) nos habla arranca en 1946, en plena posguerra británica donde conoceremos a Juliet Ashton, una escritora joven de talento que, mientras promociona su nueva novela y mantiene una relación con Mark, un oficial estadounidense, comienza a cartearse con un desconocido que le pide algún que otro libro, ocupaciones que le mantienen distraída mientras le llega la inspiración para su próximo libro, que parece costarle. Cuando Juliet se entera de la sociedad literaria que el desconocido y demás habitantes de la Isla de Guernsey mantienen todos los viernes al atardecer, no lo duda un instante, y acude con premura a conocerlos. Allí, se encontrará no sólo un grupo de entusiastas y peculiares criaturas que aman la literatura, sino que también, conocerá un caso oscuro ocurrido durante la ocupación cinco años atrás que llevó a la desaparición de Elizabeth, una de las integrantes jóvenes del grupo. Dos tiempos diferentes, dos realidades que cambiarán muchas cosas en el interior de la joven escritora.

Newell de dilatada carrera con títulos tan memorables como Bailar con un extraño, Un abril encantado, Donnie Brasco o algún Harry Potter, amén de su mayor éxito que lo obtuvo con la comedia Cuatro bodas y un funeral, convertida en todo un fenómeno internacional, muchas de sus películas están basadas en novelas de autores tan reputados como Charles Dickens o Gabriel García Márquez, adapta otra novela de título kilométrico escrita por una estadounidense, Mary Anne Shaffer y su sobrina, Annie Barrows. Un relato protagonizado por una escritora idealista e inconformista que parece encaminar su vida con la escritura y su amor con el apuesto estadounidense, aunque su crisis como escritora, la llevará hacía lo rural, dejando el asfixiante Londres que tantos recuerdos dolorosos le trae. En la isla de Guernsey encontrará una aventura, su particular catarsis emocional y conocerá otra realidad que la llevará a cuestionarse su vida y sobre todo, su futuro.

El cineasta británico nos cuenta la película a través de la mirada de Juliet, su descubrimiento personal y nos muestra la isla y sus habitantes con esa mirada inquieta, desconocedora y sobre todo, una mirada que quiere saber qué ocurrió en el pasado, un pasado que todos quieren mantener oculto. Se encontrará con Dawsey Adams, el desconocido con el que se escribía que es un granjero algo tímido y retraído, con Eben, el anciano simpático del correo postal, Isola, la solitaria de vida espiritual y amable, y Amelia, la recta que más le duele el pasado y más quiere enterrar. Todos integrantes de la sociedad literario, todos ellos, que de alguna manera u otra, tienen que ver con Elizabeth, todos ellos que prefieren olvidar el dolor y refugiarse en los libros. La película está enmarcada en un tono muy british, fotografía excelente, capturando con sobriedad y naturalidad las diferentes texturas y colores que se manifiestan en la pequeña isla, un relato lleno de intriga, jugando con los tiempos de pasado y presente, una ambientación de primera, en el que cada detalle está resuelto con imaginación y preciosismo, y unos personajes llenos de enigmas, naturales, correctos y sobre todo, amables y algo oscuros. Quizás, algunos espectadores pensarán que todos estos elementos provocan que la película sea plomiza y condescendiente, pero ni mucho menos, estos lugares comunes son interesantes.

El relato nos sumerge en una intriga bien urdida, con esos toques de humor tan british, en el que hay tiempo para descansar del dolor de ese pasado traumático, y también, para hablarnos de temas sobre la condición humana como la mentira, superar el pasado, la dificultad de sentirse bien emocionalmente, o sobre todo, de sentirse perdido cuando presumiblemente tenemos todo aquello que deseábamos tener, o temas tan emocionantes como la literatura puede ser todo en la vida de alguien que su realidad es tan terrorífica como puede ser una ocupación nazi, con el miedo y la escasez, los libros como ese refugio para soñar e ilusionarse por un mundo mejor, y la compañía con otros en semejantes condiciones, compartir la lectura, las reflexiones y los pensamientos que han provocado tantos autores. Una película radiante y cercana, íntima en sus emociones, sin necesidad de recurrir a sentimentalismos de culebrón, sino encontrando ese punto certero donde se puede hablar de todo, con tacto y sobriedad, desde política, sociedad (los cambios de vivir en una isla pequeña o en la gran ciudad) o la fraternidad de sus habitantes y el grupo que forman.

Un reparto lleno de grandes aciertos en esa mezcla interesante entre intérpretes jóvenes y veteranos, vemos a los Tom Courtnay y Penélope Wilton, bregados en mil batallas, o los interesantes Jessica Brown Findlay, Catherina Parkinson, Glen Powell o Michiel Huisman como el granjero enamorado de una fantástica e inolvidable Lily James como esa escritora inquieta y talentosa, que deslumbra con su naturalidad y elegancia y viene a ese grupo selecto de actrices jóvenes que deslumbran con sólo mirar como Saoirse Ronan, Margot Robbie o Elle Faning. Una película humanista y bella, tanto en su forma como en el fondo, que cuenta un trozo de la historia que muchos desconocerán de la Segunda Guerra mundial en una de esas islas que pocos se han parado a conocer, también, nos cuenta una bellísima historia sobre el conocimiento, ya este en los libros o en el pasado, y la fraternidad en estos tiempos modernos de individualismo y solitarios, y porque no decirlo, cuenta una bellísima historia de amor de aquellos que saben que el tiempo sólo es bello y parece mejor, cuando se está con aquellos a los que se ama.

Encuentro con Haifaa Al-Mansour

Encuentro con Haifaa Al-Mansour, directora de “Mary Shelley”. El encuentro tuvo lugar el viernes 15 de junio de 2018 en el Soho House en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Haifaa Al-Mansour, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Katia Casariego de Filmax,  por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Mary Shelley, de Haifaa Al-Mansour

LA MUJER QUE ESCRIBIÓ FRANKENSTEIN.

“No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas”.

Mary Wollstonecraft Godwin

Hay películas que se definen desde su primer instante, a través de su primera imagen, una imagen en la que se apoyará el resto del metraje, como una piedra angular donde reconocer la película, una imagen que nos acompañará siempre que recordemos la película. En Mary Shelley, esa primera imagen acontece en un cementerio, en el que vemos a la joven protagonista, con sólo 16 años, allá por el año 1813, leyendo junto a la tumba de su madre, Mary Wollstonecraft (1759-1797) escritora, filosofa, ensayista y feminista, que murió durante el parto de Mary. Esta imagen, en la que Mary, que no conoció a su madre, tiene en esa figura, el apoyo a enfrentarse a un mundo hostil, un mundo dominado por hombres, un mundo que ensombrece a las mujeres, que las oculta y las invisibiliza. La primera película rodada en inglés de la directora Haifaa Al-Mansour (Al Zulfi, Arabia Saudita, 1974) habla de una joven que deberá enfrentarse a su entorno para que le dejen ser ella misma, con sus sueños e ilusiones, transgrediendo las normas imperantes de una sociedad conservadora y acomodada en sus tradiciones. Algo parecido ya ocurría en su película debut, La bicicleta verde (2012) primera obra filmada por una mujer en Arabia Saudita, y rodada en condiciones muy adversas, en la que retrataba a una niña que quería montar en bicicleta, situación que le estaba completamente prohibida, pero ella no cejaba en su empeño por ser ella misma.

Al-Mansour nos sitúa en aquel Londres sucio, grotesco, barrizal y vivo del primer tercio del siglo XIX, en la que la joven Mary vive junto a su padre y su madrastra y hermanos, y la situación no es nada amable, la joven Mary se verá sometida a las intransigencias de la esposa de su padre, y le provocará sentirse más aislada y solitaria, situación que la llevará a la lectura y al mundo de los libros. La aparición de Percy Bysshe Shelley, poeta y atractivo, en su vida, le da amor, matrimonio, hijos, y aliento de libertad, pero que poco a poco, la volverá a arrinconar y la llevará a soportar las infidelidades de su marido, los traumas por las muertes de sus hijos y a encontrar la indiferencia propia de los hombres de aquel tiempo, más dados al libertinaje y la aventura. La directora saudí nos cuenta cinco años de la vida de Mary Shelley, y sobre todo, centrada en el proceso de creación de su novela más legendaria Frankenstein o el moderno Prometeo, que escribió con 18 años, y fue publicada en 1818 con el nombre de su esposo, una obra en la cual Mary aprovechó para escribir todos sus sentimientos, amarguras, soledades y contradicciones representados en una criatura solitaria e incomprendidad, que no entendendia un mundo que lo rechazaba.

La película está ambientada con gusto y sobriedad, centrándose en los mínimos detalles que remarcan la verosimilitud de sus objetos, muebles, vestuario y escenarios. Vamos observando las diferentes situaciones vitales y emocionales, que irán provocando en el alma de Mary la escritura de la novela, las diferentes tragedias personales que deberá hacer frente en una existencia, en muchos momentos amarga y solitaria, encontrándose desubicada y perdida, intentando hacerse un hueco y un nombre como escritora en una sociedad muy machista que apartaba a las mujeres al matrimonio y la maternidad. Al-Mansour filma su película de forma pausada y sobria, sin estridencias ni subrayados sentimentales, sino centrándose en el alma de sus personajes, sus inquietudes e inseguridades, capturando la complejidad de las situaciones y esas relaciones vaivén que pululan por todo su metraje.

Sus 120 minutos se miran con expectación y carácter, la cámara se mueve con elegancia y aplomo, contándonos la trama con naturalidad y delicadeza, sumergiéndose en ese universo del siglo XIX, muchas veces sombrío y lúgubre para las mujeres. Una película de corte social, en el que seguimos la existencia de una mujer, que al igual que su madre, fue una adelantada a su tiempo, una mujer frágil en lo emocional, pero fuerte en su voluntad de hacer aquello en lo que creía y con la firmeza de derribar muros, aunque para ello tuviese que enfrentarse a todos y todo. La película se centra en el episodio en casa de Lord Byron, en Ginebra, cuando una noche de tormenta, el insigne poeta desafió a los presentes en escribir un cuento de terror, aquella noche de la imaginación y talento de Mary Shelley nació Frankenstein (Episodio magníficamente retratado por Gonzalo Suárez en su película Remando al viento).

La maravillosa y delicada interpretación de Elle Fanning, aportando las dosis necesarias de calidez y carácter que requiere un personaje atrapado en un mundo de hombres, un personaje que plantó cara a todos para llevar a cabo su sueño, bien secundada por Douglas Booth como Percy, su marido, atractivo y elegante, pero engreído y liberal, Bel Powley como Claire, la hermanastra de Mary, que entenderá que el amor es una cosa, y los intereses particulares otra bien distinta, y finalmente, Tom Sturridge como Lord Byron, el malcarado, vanidoso e impertinente talentoso poeta, que vive en la opulencia, mujeriego declarado e irritante cuando lo pretende. Al-Mansour ha realizado una película fantástica, sombría en su aspecto, pero irradiante en su contenido, que nos lleva a un viaje introspectivo por el alma de Mary Shelley, una mujer inquieta, inteligente, decidida, y sobre todo, alguien que abrió muchas puertas a las mujeres que vinieron más tarde, otras que siguen abriendo puertas para que la igualdad y equidad sea una realidad, no un gesto de buena voluntad.

 

Presentación del libro “Vestidas para un baile en la nieve”, de Monika Zgustova

Presentación del libro “Vestidas para un baile en la nieve”, de Monika Zgustova, en la que conversa con la escritora Anna Caballé, con la presencia de Joan Tarrida de la Editorial Galaxia Gutenberg. El acto tuvo lugar el jueves 19 de octubre de 2017, en la librería Laie de Pau Claris de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Monika Zgustova, por su tiempo, conocimiento, y cariño, a Marta Sebastián de Diseño Comunicación de la editorial Galaxia Gutenberg, por su generosidad y paciencia, y a Anna Torné de la Librería Laie, por su trabajo, amabilidad y cariño.