Entrevista a Valentina Viso

Entrevista a Valentina Viso, coguionista de la directora Mar Coll, entre muchos otros/as, en el Turó Park en Barcelona, el martes 29 de septiembre de 2020.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a Valentina Viso por hacer posible este encuentro, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Entrevista a Olivia Delcán

Entrevista a Olivia Delcán, actriz de la película “Los inocentes”, de Guillermo Benet, en la terraza de la Sucursal Aceitera en Barcelona, el lunes 8 de marzo de 2021.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Olivia Delcán, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Eva Calleja de Prismaideas, por su amabilidad, paciencia y cariño.

Los inocentes, de Guillermo Benet

UNA NOCHE, UN MUERTO, SEIS AMIGOS. 

“Ninguna culpa se olvida mientras la conciencia lo recuerde”.

Stefan Zweig

La excelente película Ciutat Morta (2013), de Xapo Ortega y Xavier Artigas, recogía el “Caso 4F”, en el que cinco jóvenes fueron procesados por unos incidentes en el desalojo de una piso okupa, que provocaron el lanzamiento de una maceta que provoco lesiones irreversibles a un agente de policía. La película destapaba las tremendas irregularidades del proceso que acusó a cinco inocentes, y crítica las corruptelas del Ayuntamiento de Barcelona y su policía municipal. En Los inocentes, opera prima de Guillermo Benet (Madrid, 1984), que conocíamos su faceta como productor al frente de Vermut Films, donde había producido grandes trabajos como Pueblo (2013), de Elena López Riera, entre otros. El retrato se detiene y mira al otro lado, a aquellos desconocidos entre los que se encuentran a los verdaderos culpables que lanzaron la maldita maceta, y en el caso de la película de ficción, el lanzamiento de una piedra que impacta contra un policía en un desalojo de una casa okupa.

Benet, y su coguionista Rafael Alberola, nos acotan su trama en la noche de los hechos, contados a partir de la situación de cada uno de los seis personajes implicados, a través de ese formato cuadrado de pantalla, que nos remite a la pantalla de móvil, con el off o fuera de campo, como premisa sine qua non, en el que siempre vemos el punto de vista de cada uno de los personajes, mediante cinco episodios que conforman la estructura de la acción. Con una intensísima y agobiante luz tenue y sombría obra del cinematógrafo Giuseppe Truppi, que ayuda a situarnos en el centro de todo, asistiendo y acompañando el inmenso agobio de los personajes en cuestión, como si fuese una carrera contrarreloj, una huida hacia ninguna parte, donde solo hay tiempo de correr, sin pensar, con algunas secuencias en ese exterior noche, para luego encerrarnos en el piso de uno de ellos donde se reencontrarán. Un montaje cortante y febril que juego mucho con la dilatación del tiempo, firmado por Perig Guinamant, en esos flashbacks que nos ayudan a conocer un poco más la deriva de los personajes, para en el trama final, donde ya todos están en la vivienda reunidos, evidenciar mucho más la confrontación y soledad que se instala en el grupo de amigos.

Una película de estas características, de guerrilla y filmada con amigos, era fundamental la participación de un grupo de cómplices intérpretes para dar vida a estos seis amigos enfrentados entre sí, y llenos de culpa y miedo, compuesto por las conocidas Susana Abaitua y Olivia Delcán (con un look y caracterización muy impactantes, que choca enormemente con la imagen que teníamos de ella, y cuesta mucho reconocerla), y los interesantes Pablo Gómez Pando, Violeta Orgaz, Pilar Bergés, Raúl de la Torre. Un grupo que, a medida que avanza la noche, la maldita noche, se encerrarán en ellos mismos, consumidos por lo sucedido, nerviosos y muy alterados, que pelearán entre ellos, sin encontrar una salida a todo lo sucedido. Unos personajes devorados por esa culpa atroz, por un miedo que los lanza al abismo, y sobre todo, cómplices en un acto que les dejará huella a todos, más allá de esa fatídica noche que parece no tener fin. La película de Benet funciona en su propósito, arma muy bien su forma y fondo, no explica ni se aventura en nada que no tenga que ver con esa noche y el suceso que los tiene encerrados, con esa estupenda planificación de guion que hace más evidente el alejamiento entre ellos, y las mentiras que se dirán, todos movidos por un miedo irracional, sometidos a una situación que les supera, que no les deja pensar, que los tiene atemorizados, que quieren huir de ella pero no saben cómo.

El director madrileño juega con inteligencia y aplomo con todo su entramado cinematográfico, escarbando en el aspecto psicológico de cada uno de los personajes, mostrándolos en soledad, o en el caos de la huida y el enfrentamiento de la policía, siempre bajo sus miradas y movimientos, y luego, enfrentándolos cuando todos están en el piso, intentando encontrar alguna salida que les libere de esa culpa que los está despedazando. Nunca veremos el hecho en sí, y mucho menos el autor material del lanzamiento de la piedra, inteligentemente la película no lo muestra, porque la cinta juega en que todos pueden ser culpables, porque todos han participado en el suceso, y nadie sabe qué ha ocurrido con exactitud, así que escucharemos los testimonios de cada uno de ellos, sus contradicciones, sus olvidos, sus vagos recuerdos, sus caracteres, y sobre todo, su aislamiento, su miedo y su culpa, y entre todo ese barullo de ideas, recuerdos y disputas, los espectadores deberemos sacar nuestras propias conclusiones, saber quién es el culpable, o simplemente, darnos cuenta la fragilidad de la condición humana y sobre todo, lo fácil que es caer en la oscuridad cuando el miedo se apodera de nosotros. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Europa, de Miguel Ángel Pérez Blanco

LAS RUINAS DEL SUEÑO.

“Sueño con un precipicio sobre el que se extiendo el horizonte. A lo lejos la ciudad brilla por encima de sus edificios. Tú y yo la atravesamos de un amanecer a otro. Y ocultos entre sus calles, contemplamos nuestro futuro”

Dos amantes celebran la entrada del nuevo año 2018, recorriendo las calles de una ciudad vacía, perdidos sin saber hacía adónde ir y que hacer, como si el mundo que hasta entonces habían conocido estuviera ausente, huido o simplemente desaparecido. Se internan en una montaña, y aparecen en las primeras horas del 1 de enero de 2000, siguen manteniendo la misma edad, pero sus nombres son otros. Se pierden en el bosque y sus vidas desaparecen entre la fiesta, la naturaleza y el nuevo milenio. La puesta de largo de Miguel Ángel Pérez Blanco (España, 1984) es una apuesta formalista, de prodigio visual, en la que nos sumerge en los sueños no realizados y frustraciones de los jóvenes de su edad, y de la ilusión de aquel continente que despertaba en aquel lejano 2000 con la energía de crear una sociedad más justa, igualitaria y llena de posibilidades. Dieciocho años más tarde, la desilusión se ha apoderado de todos, las posibilidades de trabajo son escasas y precarias, y los jóvenes y la sociedad camina perdida, sin rumbo, a la deriva, desesperada, y sobre una sociedad ruinosa, podrida y sin futuro.

Después de dos celebrados cortometrajes, Carretera al Atlántico (2011) y Los dinosaurios ya no viven aquí (2014), donde también había dos amantes, un viaje en coche y un bosque. El cineasta español nos invita a un viaje sobre nosotros mismos, y el continente europeo, sobre estos 18 años transcurridos del nuevo milenio, que sigue cosechando y coleccionando errores pasados, donde las desigualdades siguen creciendo y la “tierra prometida” de un futuro mejor se esfumaron, en los albores del tiempo, de una vida que cada vez es peor, y deja a una generación de jóvenes aislados y desorientados como si fuesen espectros que no tienen espacio en este continente deshumanizado. La película se estructura a través de dos tiempos, dos tiempos que se mezclan, que parecen idénticos, como si el tiempo no hubiera pasado, o como si se hubiera detenido en algún lugar irreconocible, en el que conocemos a dos amantes que vagan por una ciudad muerta, y que experimentan un viaje al pasado, al principio de todo, a aquella noche, en aquella montaña, en el cientos de jóvenes como ellos, celebraban una rave para dar la bienvenida al nuevo siglo, a todo aquello que iba a llegar.

Pérez Blanco construye una película puramente estética, de fuertes contrastes, y con esa luz apagada y oscura, en la que perviven tímidamente algunos neones fluorescentes que dan algo de luz, mínima, en el que nos conduce por espacios postmodernos, pero sin nadie, sin vida, sin alma, en el que los dos amantes los recorren sin saber dónde ir, en una huida sin fin, sin retorno, en el que ya nada tiene sentido. La película mezcla texturas, sonidos y música, consiguiendo una atmósfera penetrante y velada, que recuerda al thriller o la ciencia-ficción, con planteamientos cercanos al cine de Tsai Ming-Liang, en el que cada encuadre rezuma perdida, vacío, a través de un paisaje denso, inquietante y brutal. Pérez Blanco ha creado un distópico itinearioe hacía un no tiempo que ya no existe, hacía un tiempo perdido, un espacio que sigue teniendo vida pero sin vidas, sin corazones latiendo, sin relaciones personales de verdad, sólo fantasmas que se mueven de un lado a otro, y se desplazan sin más, movidos por algo que desconocen, por aquello que ya no es, aunque siga ahí.

Los dos amantes que siguen siendo ellos, pero con otros nombres (o es una ilusión de todos aquellos jóvenes del 2000 que apostaban por el nuevo milenio) se adentran en el otro lado del espejo (como le ocurría a Alicia) encaminándose hacia una fiesta que más que celebración parece una despedida, un adiós a un tiempo y a unas ilusiones que se quedaron en algún momento del tiempo, un tiempo que ya no avanzo más, y arrastro y sigue arrastrando a tantos cada día, a la realidad sucia y putrefacta de un continente enfermo, en estado terminal, que ya no existe, que ya no es. Una película del aquí y ahora, de nuestros sueños no realizados, de la precariedad de nuestras relaciones personales, de una sociedad infeliz y muerta, y de todo aquello que queríamos ser y jamás podremos ser, a través de una factura prodigiosa, en una cinta multilingüe, con dos intérpretes internacionales que dan vida a estos amantes ausentes, como si mirasen al mundo o a lo que queda de él, desde la lejanía, desde la ausencia, en un viaje emocional que penetra en nuestros sentidos y en el alma de los espectadores, llevándolos hacía lugares donde ya no valen las palabras, ni los gestos, sino todo aquello que sentimos y nos hace sentirnos vivos.


<p><a href=”https://vimeo.com/250644161″>EUROPA de Miguel &Aacute;ngel P&eacute;rez Blanco -Trailer subtitulado en espa&ntilde;ol (HD)</a> from <a href=”https://vimeo.com/user4180562″>Miguel &Aacute;ngel P&eacute;rez Blanco</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>