Wendy, de Benh Zeitlin

LA VALENTÍA DE WENDY.

“No dejes nunca de soñar. Solo quien sueña aprende a volar”.

Desde que el escritor escocés James Matthew Barrie escribiría Peter Pan en 1904 para el teatro, el niño que no quería crecer ha tenido innumerables adaptaciones al cine, teatro, televisión, literatura, etc… Quizás la adaptación más popular es la que realizó Disney en 1953, pero como cualquier obra que se convierte en un fenómeno popular ha tenido adaptaciones muy fieles y otras muy infieles, eso sí, sin dejar de mantener el espíritu de aventura, vitalidad, sueño que tienen los niños perdidos de la original. En Hook (1991), Spielberg, convirtió a los niños en adultos, pero con la misma fuerza y valentía para vivir su propia aventura y combatir con el temido Garfio. Ahora, nos llega una nueva adaptación de la mano de Benh Zeitlin (New York, EE.UU., 1982), del que ya vimos Bestias del sur salvaje (2012), en la que a través de una niña de seis años, nos hablaba del respeto a la naturaleza con simbolismo y humanidad. En Wendy, su segundo trabajo como coguionista y director, coloca el foco en el personaje de la niña que sigue a Peter Pan al país de nunca jamás, acompañada de sus hermanos gemelos.

Wendy es vital, alegre y soñadora, pero con los pies en el suelo, disfruta de ese mundo soñado, de vivir y ser libre, alejada de los adultos, pero no olvida su pasado, lo que ha dejado atrás, a su madre, disfruta de los placeres de su nueva vida y la experimenta como la que más, pero se resiste a dejar todo y olvidar, y más cuando el paraíso muestra su lado oscuro, o simplemente, a aquellos adultos que fueron niños que no querían crecer, y la rivalidad que existe. Es una niña libre, con carácter, que no se deja llevar con facilidad, que le discute a Peter Pan su forma de actuar, y que aboga por un mundo en paz entre niños y adultos. La simbología y el humanismo de su primera película, vuelve con fuerza a Wendy, porque Zeitlin coge el original y lo lleva a un terreno diferente, a un espacio donde vida y crecimiento van de la mano, donde ese mundo de sueños y fantástico, tiene una parte muy oscura, porque el pasado no era tan horrible, ni la nueva vida perfecta, con ese contenido emocional que hará de Wendy una persona diferente, alguien que se cuestiona esa realidad que también tiene el país de nunca jamás, que quiere ser ella sin necesidad de mirar para otro lado, siendo consciente de la realidad que existe.

La armonía y belleza que captura la película, a través de la cinematografía de Sturla Brandth Groulen (que tiene en su filmografía películas tan interesantes como Victoria, Rams, el valle de los carneros o Heartstone, entre otras), cuidando de forma magnífica toda la belleza y esplendor que emana ese universo soñado por los niños, con esa cámara en continuo movimiento, captando todas las acciones y aventuras de los personajes, filmando esa vida febril y apasionante que no tiene respiro alguno, que se mueve constantemente de un lugar a otro, en volandas, sin pausa, a toda prisa. Quizás, la película, más interesada en mostrar ese mundo de fantasía y sueño, se olvida un poco de la historia propiamente dicha, y en algunas partes, el film se reduce a mirar y apabullarnos con su grandísima planificación y preciosismo, pero la parte final, con el encuentro con esos adultos que crecieron a su pesar, todo encaja mejor, y vemos las verdaderas naturalezas de los personajes, cuestionando muchas cosas de la isla, de Peter Pan y esa negación a crecer y convertirse en adulto, los momentos más conmovedores y magníficos de la película, donde Wendy tomará una gran decisión, y sobre todo, entenderá que ese mundo no era tan bonito ni ideal como lo pintaba Peter Pan, y quizás, lo de fuera de ese “paraíso soñado”, se ve con ojos muy diferentes.

Un elemento primordial en Wendy es su excelente reparto, que combina intérpretes profesionales con maravillosos debutantes que dan vida a los niños, encabezados por una maravillosa Wendy, en la piel de la jovencísima actriz Devin France, con sus penetrantes ojos azules, su mirada inquieta, y su gesto valiente, se convierte en el foco de la función, bien acompañada por  Yashua Mack como Peter Pan, y los hermanos gemelos de Wendy, a los que dan vida los gemelos Gage y Gavin Naquin. Zeitlin no solo habla de la infancia como una especie de paraíso perdido, sino como un proceso de crecimiento interior, de darse cuenta de las alegrías y tristezas de la vida, y a pesar de lo malo, la necesidad de seguir descubriendo, de sentir las cosas, y sobre todo, entender que la vida hay que vivirla, con todo lo que eso conlleva, con su felicidad cuando la hay, su amargura cuando llega, y seguir avanzando y sentir que todo se convierte en una oportunidad, que la vida siempre nos quita y nos regala cosas, y en ese sentido el personaje de Wendy lo entiende mejor que nadie. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

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