Hogar, de Àlex y David Pastor

LA VIDA QUE TE MERECES.

“Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero”

Voltaire

La película arranca de forma imaginativa y arrolladora, con ese anuncio que evidencia los valores materialistas del protagonista. Empezando por su lujoso automóvil, la casa enorme con piscina, la esposa encantadora y el hijo obediente. Una vida perfecta, una vida basada en lo material. Una vida de pura apariencia. Una vida ficticia que la publicidad se encarga de imponer como norma, a través de ese ansiado tesoro que nos hará a todos bellos y felices. Una vida soñada para muchos y al alcance de muy pocos. Ante este prólogo donde conocemos el interior de la personalidad de Javier, un tipo que ha perdido su empleo y no logra colocarse de nuevo en la publicidad. Javier tendrá que dejar su lujoso piso en una de las zonas más exclusivas de la ciudad, y trasladarse junto a su mujer, Marga, que se dedicará al servicio de limpieza, y su hijo, un niño acosado en el colegio. Ante este panorama, la vida de Javier se desmorona y tiene que empezar de cero. Pero, por azar, consigue la llave de su antiguo hogar y entra en él a escondidas y sueña con esa vida que ya no tiene.

La tercera película de los hermanos Àlex (Barcelona, 1981) y David Pastor (Barcelona, 1978) después de años dedicados al entretenimiento estadounidense, es un salto adelante en su filmografía, dejando de lado las aventuras de ciencia-ficción que poblaron sus dos primeras películas, Infectados (2009) filmada en EE.UU., nos hablaba de una pandemia que dejaba a los habitantes del planeta sumidos en el caos y en la supervivencia, y Los últimos días (2013) rodada en España, imaginaban una extraña enfermedad que confinaba bajo tierra a la población, mezclada con la misión de un joven que quiere reencontrarse con su novia desparecida. Dos muestras interesantes y desiguales en los que los hermanos Pastor ya trataban muchos de sus temas preferidos: el deseo, la ambición y la locura, a través de las relaciones humanas y la compleja convivencia en situaciones extremas. Javier, el protagonista de Hogar, no anda muy desencaminado de aquellos otros personajes de los Pastor, ya que debe enfrentarse a una situación hostil, ya que ha perdido todo lo que tenía y hará lo imposible por recuperarlo, utilizando todas las energías que tenga a su alcance.

Los directores barceloneses enmarcan su relato en un profundo e intenso thriller psicológico, que tiene mucho que ver con los que hace Oriol Paulo, en el que Javier vuelve al lugar que él considera que pertenece y empezará a urdir un plan diabólico para arrebatar esa vida que desea. Conocerá y entablará una relación con los nuevos inquilinos de su ex casa, el matrimonio formado por Tomás y Lara, y su pequeña hija. Javier indagará en sus puntos débiles, como la rehabilitación de Tomás para superar sus problemas con el alcohol. Javier es ese “Intruso destructor”, término que empleaban Jordi Balló y Xavier Pérez, en la La semilla inmortal, su magnífico libro sobre los temas universales del cine. Ese intruso que parece amigo y buen tipo, pero en el fondo desea lo tuyo, expulsarte de tu vida para colocarse él. Hogar tiene esa textura de thriller para también hablarnos de forma intensa y honesta sobre los inexistentes valores que emanan en la sociedad actual, donde lo material ha expulsado a lo humano, que la felicidad se ha vestido de lujo y dinero.

El guión de los Pastor avanza linealmente, como los buenos thrillers siempre desde la mirada de Javier, ese malvado protagonista, que como solía decir Hitchcock, los Pastor dejan bien claro su maldad desde el primer momento, y la película anda en la tesitura de lo conseguirá o no. Pero no solo se queda ahí, Javier encontrará piedras en el camino, bien urgidas y filmadas, como la aparición de ese jardinero que le traerá alguna que otra sorpresa al protagonista. Los Pastor enmarcan su película con una imagen sofisticada y oscura, muy inquietante, obra de Pau Castejón, filmando en esa Barcelona alejada de los lugares comunes, revistiendo de cuento de terror urbano, social y doméstico. Bien acompaña por la partitura sutil y sobria de Lucas Vidal (que al igual que hizo en otro cuento de terror íntimo como Mientras duermes, de Balagueró, atrapa desde el detalle y el horror más cercano) y el montaje suave e incisivo de Martí Roca, que vuelve a ponerse a las órdenes de los Pastor después de Los últimos días.

Una película de espejos deformantes y vidas dobles, basada en continuos reflejos de apariencias y bienestar neoliberal no debe de faltar un buen plantel de intérpretes que consigan dar vida a toda esa complejidad emocional que irradia durante la película. Hogar descansa en la extraordinaria composición de Javier Gutiérrez, un actor con una inmensa capacidad para enfundarse en los tipos más intensos y humanos, como ya demostró, entre otras, en El autor, donde su Álvaro, el escritor a la caza de un tema para su novela, podría ser un sosías muy cercano de este Javier maquiavélico, ya que, al igual que el otro, también utiliza a los demás para sus propósitos personales. A su lado, en roles más secundarios, encontramos a un correcto e interesante Mario Casas, como el tipo intentando redimirse de su adicción que encuentra un amigo en Javier que resulta que no lo es tal, y las dos magníficas mujeres de la función, Bruna Cusí, que vuelve a demostrar que necesita muy poco para enfundarse en la piel de Lara, esa mujer que tiene muchas batallas delante y quizás, no atenderá a la más importante, y Ruth Díaz, que a base de detalles y suspicacia, logra transmitir verdad en su personaje de Marga, la esposa de Javier en la sombra. Los Pastor han vuelto al largometraje con una película bien planteada y profunda, un excelente ejercicio de thriller psicológico que ahonda en el vacío de los valores de una sociedad sumida en la decadencia, totalmente desorientada y obsesionada con lo fútil y lo material. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El pastor, de Jonathan Cenzual burley

LA TIERRA NO SE VENDE. 

“¡Oid Ahora ricos!

Llorad y aullad por las miserías que os vendrán.

Santiago 5:1-6

Anselmo es un pastor de 55 años que vive en la casa donde nació a las afueras del pueblo, en medio de una meseta de vasta tierra, con la única compañía de su perro Pillo y sus ovejas. Su vida es humilde y sencilla, vive sin televisión, ni agua corriente ni luz. Su única distracción después del trabajo son algún chato de vino en el bar del pueblo y devorar los libros que coge de la biblioteca municipal. Un día, aparecen dos tipos que en nombre de una constructora que quiere comprar sus tierras para construir una urbanización y un centro comercial. Anselmo se niega, no quiere vender, a pesar del montante de dinero que ofrecen para convencerle. La tercera película de Jonathan Cenzual Burley (Salamanca, 1980) vuelve a los mismos escenarios de la Salamanca rural que poblaban su  debut, El alma de las moscas (2009) en la que dos hermanos de camino al funeral del padre que no conocieron se encontraban con personajes pintorescos y perdidos por las tierras de Castilla, y El año y la viña, realizada cuatro más tarde, en la que presentaba una parábola en la que un brigadista de la guerra civil acababa en la Salamanca del 2012. Las dos películas tratan temas sobre la condición humana siempre acompañadas de un sentido del humor absurdo e irreverente.

Ahora, con El pastor, Cenzual Burley cambia de rumbo, abandona el humor para adentrarse en terrenos más propios donde la sobriedad y la desdramatización cimentan su discurso, planteándonos una historia de trama sencilla, en la que hay pocos diálogos y el conflicto reside en su exhaustiva planificación formal, en la que los espacios y los silencios de la Castilla profunda se convierten en uno de los elementos que sustentan el entramado de la película, apoyados en unos intérpretes desconocidos que brillan con aplomo y sinceridad aportando verdad y naturalidad a sus personajes, entre los que destaca el trabajo de Miguel Martín dando vida al pastor solitario. La cinta, con reminiscencias a las historias oscuras y de profunda carga psicológica de Delibes, en las que plantea eficazmente el eterno conflicto entre el hombre de campo y su tierra, enfrentado al hombre de ciudad, con sus billetes y sus ambiciones. El cineasta salmantino hace de su modestia su mayor virtud, acotando su relato con pocos personajes, y pocos espacios, huyendo de los lugares manidos en este tipo de historias, sin caer en el sentimentalismo ni mucho menos en la condescendencia de otros títulos, en la que no hay ni buenos ni malos, sino personas que se mueven según sus intereses, dejando tiempo y espacio para conocer el trasfondo real de cada uno de ellos, conociendo sus situaciones personales y aquello, en algunos casos oscuro y terrible, que les hace imponer ciertas actitudes con el afán de tener y poseer todo aquello que se les niega, provocando que tomen medidas ilegales para conseguir todo aquello que se proponen.

La película y su planteamiento, nos recuerda a El prado, de Jim Sheridan, de 1990, en la que un anciano irlandés y campesino, magistralmente interpretado por Richard Harris, se veía en la tesitura de defender sus tierras que habían entrado en subasta pública, porque en El pastor, nuestro hombre no tiene que defenderse de los elementos naturales como el frío, la falta de alimento o el deterioro de su oficio (como si ocurría en El somni, de Christophe Farnarier, donde documentaba el último viaje trashumante de un pastor y sus ovejas por el Pirineo catalán), no, aquí el adversario es mucho peor, es la codicia deshumanizada de un hombre que en su afán de poder y materialismo quiere imponerse ante la voluntad del hombre tranquilo, de campo, arraigado a su tierra, a un lugar, de pocas palabras, y de existencia silenciosa y profunda. Cenzul Burley, vida y alma del proyecto, y auténtico hombre orquesta, emulando a los piones, ya que asume los roles de dirección, coproducción, guión, montaje y fotografía,  construye una película que sigue la tradición literaria española, el ya citado Delibes o Aldecoa, como la cinematográfica, con el drama rural de profundidad psicológica como La caza, Furtivos, El corazón del bosque, Tasio, etc… forman parte, no sólo de nuestro imaginario popular, sino que entronca con nuestras raíces rurales en las que los conflictos se suceden entre aquellos que desean por las buenas o las malas lo que el hombre de campo tiene y no cesarán en su empeño, haciendo todo aquello que éste en su mano para poseerlo, cueste lo que cueste. Una película de ritmo pausado, marcando sus tiempos y manteniendo el conflicto a fuego lento, in crescendo, en el que todos los personajes acabarán en su propia encrucijada, llevando al límite sus intereses, no por el bien de todos, sino en el suyo propio.


<p><a href=”https://vimeo.com/217159572″>EL PASTOR TRAILER</a> from <a href=”https://vimeo.com/dypcomunicacion”>DYP COMUNICACION</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Vulcania, de José Skaf

VulcaniaPosterTrailerMANTENED VIVO EL FUEGO.

En la novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley, la tiranía se imponía a través del placer, en cambio, en 1984, de George Orwell, la tiranía se basaba en el miedo, a través del omnipresente Gran Hermano, la figura que todo lo veía y conocía. Vulcania, (que le debe su nombre al mito de “La Eneida”, de Virgilio, en la que el Dios Vulcano y su fragua, dedicada a la fabricación del acero dan origen a la fiesta del fuego) la película del debutante José Skaf (con experiencia en el medio publicitario y televisivo), se vale del concepto del miedo, y construye, a través de una pequeña comunidad que vive en un pueblo rodeado de montañas, un lugar oscuro y gris, en el que sus habitantes, divididos en dos bandos separados e irreconciliables, viven, piensan y sienten por y para el trabajo en “La Fábrica”, en el que las máquinas de fundición de acero no se detienen nunca.

La trama gira en torno a la figura de Jonás, que después de perder a los suyos, entra a trabajar en la zona más peligrosa de la fábrica, situación que le reporta unos poderes magnéticos en los que es capaz de mover objetos. Conoce a Marta, del otro bando, rota también por el dolor, ya que sufrió la pérdida de lo que más quería, y entre los dos, se embarcan en una durísima investigación para conocer la verdad de ese lugar sin tiempo ni espacio, basado en las tradiciones arraigadas y el respeto a la memoria de los ancestros. Skaf ha construido una distopía honesta y sencilla, que bebe de las fuentes clásicas del género, pero alejada de los convencionalismos y lugares comunes. Posee un género indefinido, porque además de la ciencia-ficción, se descubre como un film noir, en el que también hay drama personal y social, y sobre todo, se hilvana a través de un relato sencillo, filmado con personalidad y sobriedad formal, no hay nada que cambie el tono a la contención impuesta por la naturaleza de la película. Los tonos tristes y grises que se respiran en esta fábula en la que un anti héroe deberá creer en sí mismo, para poder reconciliarse con su dolor y de esa manera, emprender su camino de redención para su pueblo y ese maldito lugar en el que todo nace y muere en la explotación laboral y la falta de cualquier tipo de oportunidades personales.

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Podríamos ver la película como una alegoría del momento actual, como por otra parte, siempre han sido la naturaleza de las distopías clásicas en las que se basa la película, relatos de género construidos a través de la ciencia-ficción, en los cuales han sabido describir profundamente los temores y la falta de libertades del ser humano bajo el yugo de las tiranías. Otro de sus grandes aciertos es la sobriedad del equipo artístico, un grupo encabezado por Miquel Fernández y Aura Garrido (la princesa triste) la pareja resistente que se levanta contra la tiranía, les acompaña Jose Sacristán (el encargado y la voz suprema que se impone en el lugar, uno de los grandes, que en los últimos años se ha convertido en la piedra angular del cine emergente español, los convincentes Ginés García Millán, como el ogro en la sombra, y Ana Wagener, la mantis religiosa retorcida, entre otros). Skaf ha edificado un relato esperanzador, en el que la libertad es un derecho que hay que trabajar diariamente, porque el miedo y el yugo más atroz para los seres humanos es creer que ser libre es tener todo lo que nos ofrecen los que mandan, y no pensar que ser libre pueden ser otras cosas, diferentes, de otra manera, y sobre todo, basadas en las necesidades reales humanas, y no ficticias.


<p><a href=”https://vimeo.com/141660039″>Tr&aacute;iler Vulcania</a> from <a href=”https://vimeo.com/dypcomunicacion”>DYP COMUNICACION</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>