El pastor, de Jonathan Cenzual burley

LA TIERRA NO SE VENDE. 

“¡Oid Ahora ricos!

Llorad y aullad por las miserías que os vendrán.

Santiago 5:1-6

Anselmo es un pastor de 55 años que vive en la casa donde nació a las afueras del pueblo, en medio de una meseta de vasta tierra, con la única compañía de su perro Pillo y sus ovejas. Su vida es humilde y sencilla, vive sin televisión, ni agua corriente ni luz. Su única distracción después del trabajo son algún chato de vino en el bar del pueblo y devorar los libros que coge de la biblioteca municipal. Un día, aparecen dos tipos que en nombre de una constructora que quiere comprar sus tierras para construir una urbanización y un centro comercial. Anselmo se niega, no quiere vender, a pesar del montante de dinero que ofrecen para convencerle. La tercera película de Jonathan Cenzual Burley (Salamanca, 1980) vuelve a los mismos escenarios de la Salamanca rural que poblaban su  debut, El alma de las moscas (2009) en la que dos hermanos de camino al funeral del padre que no conocieron se encontraban con personajes pintorescos y perdidos por las tierras de Castilla, y El año y la viña, realizada cuatro más tarde, en la que presentaba una parábola en la que un brigadista de la guerra civil acababa en la Salamanca del 2012. Las dos películas tratan temas sobre la condición humana siempre acompañadas de un sentido del humor absurdo e irreverente.

Ahora, con El pastor, Cenzual Burley cambia de rumbo, abandona el humor para adentrarse en terrenos más propios donde la sobriedad y la desdramatización cimentan su discurso, planteándonos una historia de trama sencilla, en la que hay pocos diálogos y el conflicto reside en su exhaustiva planificación formal, en la que los espacios y los silencios de la Castilla profunda se convierten en uno de los elementos que sustentan el entramado de la película, apoyados en unos intérpretes desconocidos que brillan con aplomo y sinceridad aportando verdad y naturalidad a sus personajes, entre los que destaca el trabajo de Miguel Martín dando vida al pastor solitario. La cinta, con reminiscencias a las historias oscuras y de profunda carga psicológica de Delibes, en las que plantea eficazmente el eterno conflicto entre el hombre de campo y su tierra, enfrentado al hombre de ciudad, con sus billetes y sus ambiciones. El cineasta salmantino hace de su modestia su mayor virtud, acotando su relato con pocos personajes, y pocos espacios, huyendo de los lugares manidos en este tipo de historias, sin caer en el sentimentalismo ni mucho menos en la condescendencia de otros títulos, en la que no hay ni buenos ni malos, sino personas que se mueven según sus intereses, dejando tiempo y espacio para conocer el trasfondo real de cada uno de ellos, conociendo sus situaciones personales y aquello, en algunos casos oscuro y terrible, que les hace imponer ciertas actitudes con el afán de tener y poseer todo aquello que se les niega, provocando que tomen medidas ilegales para conseguir todo aquello que se proponen.

La película y su planteamiento, nos recuerda a El prado, de Jim Sheridan, de 1990, en la que un anciano irlandés y campesino, magistralmente interpretado por Richard Harris, se veía en la tesitura de defender sus tierras que habían entrado en subasta pública, porque en El pastor, nuestro hombre no tiene que defenderse de los elementos naturales como el frío, la falta de alimento o el deterioro de su oficio (como si ocurría en El somni, de Christophe Farnarier, donde documentaba el último viaje trashumante de un pastor y sus ovejas por el Pirineo catalán), no, aquí el adversario es mucho peor, es la codicia deshumanizada de un hombre que en su afán de poder y materialismo quiere imponerse ante la voluntad del hombre tranquilo, de campo, arraigado a su tierra, a un lugar, de pocas palabras, y de existencia silenciosa y profunda. Cenzul Burley, vida y alma del proyecto, y auténtico hombre orquesta, emulando a los piones, ya que asume los roles de dirección, coproducción, guión, montaje y fotografía,  construye una película que sigue la tradición literaria española, el ya citado Delibes o Aldecoa, como la cinematográfica, con el drama rural de profundidad psicológica como La caza, Furtivos, El corazón del bosque, Tasio, etc… forman parte, no sólo de nuestro imaginario popular, sino que entronca con nuestras raíces rurales en las que los conflictos se suceden entre aquellos que desean por las buenas o las malas lo que el hombre de campo tiene y no cesarán en su empeño, haciendo todo aquello que éste en su mano para poseerlo, cueste lo que cueste. Una película de ritmo pausado, marcando sus tiempos y manteniendo el conflicto a fuego lento, in crescendo, en el que todos los personajes acabarán en su propia encrucijada, llevando al límite sus intereses, no por el bien de todos, sino en el suyo propio.


<p><a href=”https://vimeo.com/217159572″>EL PASTOR TRAILER</a> from <a href=”https://vimeo.com/dypcomunicacion”>DYP COMUNICACION</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Vulcania, de José Skaf

VulcaniaPosterTrailerMANTENED VIVO EL FUEGO.

En la novela Un mundo feliz, de Aldous Huxley, la tiranía se imponía a través del placer, en cambio, en 1984, de George Orwell, la tiranía se basaba en el miedo, a través del omnipresente Gran Hermano, la figura que todo lo veía y conocía. Vulcania, (que le debe su nombre al mito de “La Eneida”, de Virgilio, en la que el Dios Vulcano y su fragua, dedicada a la fabricación del acero dan origen a la fiesta del fuego) la película del debutante José Skaf (con experiencia en el medio publicitario y televisivo), se vale del concepto del miedo, y construye, a través de una pequeña comunidad que vive en un pueblo rodeado de montañas, un lugar oscuro y gris, en el que sus habitantes, divididos en dos bandos separados e irreconciliables, viven, piensan y sienten por y para el trabajo en “La Fábrica”, en el que las máquinas de fundición de acero no se detienen nunca.

La trama gira en torno a la figura de Jonás, que después de perder a los suyos, entra a trabajar en la zona más peligrosa de la fábrica, situación que le reporta unos poderes magnéticos en los que es capaz de mover objetos. Conoce a Marta, del otro bando, rota también por el dolor, ya que sufrió la pérdida de lo que más quería, y entre los dos, se embarcan en una durísima investigación para conocer la verdad de ese lugar sin tiempo ni espacio, basado en las tradiciones arraigadas y el respeto a la memoria de los ancestros. Skaf ha construido una distopía honesta y sencilla, que bebe de las fuentes clásicas del género, pero alejada de los convencionalismos y lugares comunes. Posee un género indefinido, porque además de la ciencia-ficción, se descubre como un film noir, en el que también hay drama personal y social, y sobre todo, se hilvana a través de un relato sencillo, filmado con personalidad y sobriedad formal, no hay nada que cambie el tono a la contención impuesta por la naturaleza de la película. Los tonos tristes y grises que se respiran en esta fábula en la que un anti héroe deberá creer en sí mismo, para poder reconciliarse con su dolor y de esa manera, emprender su camino de redención para su pueblo y ese maldito lugar en el que todo nace y muere en la explotación laboral y la falta de cualquier tipo de oportunidades personales.

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Podríamos ver la película como una alegoría del momento actual, como por otra parte, siempre han sido la naturaleza de las distopías clásicas en las que se basa la película, relatos de género construidos a través de la ciencia-ficción, en los cuales han sabido describir profundamente los temores y la falta de libertades del ser humano bajo el yugo de las tiranías. Otro de sus grandes aciertos es la sobriedad del equipo artístico, un grupo encabezado por Miquel Fernández y Aura Garrido (la princesa triste) la pareja resistente que se levanta contra la tiranía, les acompaña Jose Sacristán (el encargado y la voz suprema que se impone en el lugar, uno de los grandes, que en los últimos años se ha convertido en la piedra angular del cine emergente español, los convincentes Ginés García Millán, como el ogro en la sombra, y Ana Wagener, la mantis religiosa retorcida, entre otros). Skaf ha edificado un relato esperanzador, en el que la libertad es un derecho que hay que trabajar diariamente, porque el miedo y el yugo más atroz para los seres humanos es creer que ser libre es tener todo lo que nos ofrecen los que mandan, y no pensar que ser libre pueden ser otras cosas, diferentes, de otra manera, y sobre todo, basadas en las necesidades reales humanas, y no ficticias.


<p><a href=”https://vimeo.com/141660039″>Tr&aacute;iler Vulcania</a> from <a href=”https://vimeo.com/dypcomunicacion”>DYP COMUNICACION</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>