Como yo quiera, de Samaher Alqadi

LAS MUJERES EGIPCIAS EN PIE DE LUCHA.

“Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos de pie”

Emily Dickinson

El dictador egipcio Mubarak cayó en febrero del 2011 debido a las multitudinarias protestas del pueblo levantado ante tanta injusticia y pobreza. La protesta más fuerte fue la del 25 de enero, la Plaza Tahrir, la Plaza de la liberación, epicentro de la capital El Cairo, en la que unas 15.000 personas la abarrotaron. Esa es la imagen que se lanzó al mundo, el pueblo egipcio levantándose contra la tiranía de su gobierno. Aunque, ese día hubo otras historias en la plaza, en la que los hombres aprovecharon el tumulto para violar en grupo a muchas mujeres. A partir de esa imagen de horror, que contrasta profundamente con la imagen de protesta, la directora egipcia Samaher Alqadi, que creció en el campo de refugiados de Jalazon en la ocupada Cisjordania, una cineasta siempre interesada en los conflictos de oriente medio, y sobre todo, los problemas relacionados con las mujeres árabes, nos sumerge en una extraordinaria película de una grandísima fuerza, llena de tensión, capturando los acontecimientos invisibles contra las mujeres, y los años posteriores de continuas luchas contra el gobierno de los hermanos musulmanes que recogieron el relevo de Mubarak, y continuaron gobernando mal.

Alqadi lo cuenta todo desde la mirada femenina, filmando los testimonios de mujeres que reciben acoso constante, su propia experiencia y testimonio, y además, nos habla de la maternidad, de la suya propia y la de su madre, haciendo un gran recorrido histórico del sometimiento femenino en Egipto. Como yo quiera es una película que habla de un pasado reciente, pero su narración y contenido y su forma de capturarlo, parece una película rodada aquí y ahora, porque Alqadi nos conecta con la calle tomada por las mujeres, su lucha, habla con activistas, se enfrenta al acoso de los hombres y realiza una película que va mucho más allá de su tiempo, trazando una poderosísimo mensaje sobre todas las mujeres árabes y del resto del mundo que han sufrido acoso, las que continuamente deben reivindicar su condición de activismo y demás, y la lucha feminista para hacer de este mundo un lugar menos triste.

La directora egipcia construye una relato muy contundente, apasionante, político y liberador, lleno de esperanza, pero también lleno de obstáculos, tensiones y terrorífico, a través de un formidable montaje que firma Gladys Joujou, donde la intimidad de lo doméstico se confunde con lo público de la calle, como esos fantásticos encuadres desde su balcón donde vemos las disputas callejeras y la vida que va y viene por esa calle, bajamos a la guerra de la calle, con las luchas callejeras entre bandos enemigos, con la policía, las continuas manifestaciones y protestas de las mujeres, luchando por sus reivindicaciones, por sus derechos, para salir a la calle sin miedo, y sobre todo, por ser ellas mismas, con voz y voto en un país machista y conservador. Al igual que Alqadi, muchas otras mujeres cineastas han cogido la cámara y han mirada a las mujeres como Haifaa Al Mansour, Annemari Jacir, Meryem Benm’ Barek, Munia Meddour, Maryam Touzani, solo son algunas de las cineastas árabes que, a través del documentla o la ficción indistintamente, han mostrado un relato diferente al estatal, dando vida y reflejo a las mujeres árabes, las grandes olvidadas de estos países, mirándolas con detenimiento, explorando sus vidas, sus sentimientos, sus ilusiones y anhelos.

La directora Samaher Alqadi no solo ha hecho un documento sobre la realidad de las mujeres egipcias, sino que también se ha sumergido en la sociedad árabe patriarcal, en las formas de lucha política, en la libertad que será para todos y todas o no será, no solo en la lucha feminista, sino en la lucha de todos y para todos, donde la situación de sometimiento y opresión que sufre la mujer sea por siempre vencida, y la lucha sirva para que todos vivan bien, no solo los hombres. La película demuestra que hay mucho camino todavía por recorrer, pero que muchas mujeres árabes y egipcias, como describe la película, se hayan levantado y tomen las calles reivindicando sus derechos, sus vidas y sus libertades es muchísimo, y ya se ha empezado a caminar con paso firme, decidido y valiente, y esto, por mucho que hayan retrógrados y machistas del Medievo, ya no hay quién lo pare, tardará más y se enfrentará a muchas dificultades, pero seguirá hacia adelante, porque ya se han puesto de pie y se han lanzado a luchar, y eso hasta la fecha nunca había pasado. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La tercera esposa, de Ash Mayfair

EL VIAJE DE MAY.

Nos encontramos a finales del siglo XIX, en una zona rural de Vietnam, y conocemos a May, de 14 años, que se ha convertido en la tercera esposa de Hung, un rico terrateniente mucho mayor que ella, para saldar la deuda de su padre. Las primeras imágenes de la película evidencian su estilo formal y detallista en capturar los movimientos de los personajes, ceremoniosos en los detalles y la gestualidad, y en filmar los escenarios desde la estaticidad de la cámara, que espera pacientemente a los personajes, y documenta las tradiciones y costumbres a los que son sometidos diariamente. La debutante Ash Mayfair (Ho Chi Minh, Vietnam, 1985) se lanza al largometraje, después de dirigir un buen puñado de obras de teatro y cortometrajes, galardonados internacionalmente, con la historia de un viaje, el viaje de May, que llega a ese lugar que será su casa siendo una niña, y la veremos pasando a ser mujer, esposa, amante y finalmente, madre. Para May todo es nuevo, un mundo desconocido y secreto, donde rigen unas normas establecidas y rectas que hay que cumplir, donde el poder masculino no se discute, se obedece, en un sistema patriarcal, machista y conservador, donde la religión y sus ceremonias dictan la vida de las mujeres.

Mayfair aborda su relato desde el alma de May, a partir de sus sentimientos, describiendo con sumo detalle y especial sensibilidad todas las experiencias emocionales de la adolescente, y como su sexualidad se va desarrollando a medida que va teniendo los diferentes descubrimientos que la van sumergiendo en un mundo sensual, erótico y lleno de vida. Asistiremos a la casi invisibilidad del principio, donde May deberá adaptarse a ese nuevo mundo para ella, a los rituales y al mandato de su marido y la convivencia con las otras dos esposas, desde el silencio hasta la visibilidad, la iremos acompañando por las diferentes fases de adentro hacia afuera, como su primera experiencia sexual con su marido, totalmente insatisfactoria, o el descubrimiento de la sexualidad placentera, a través de la relación prohibida de Xuan, la segunda esposa y el hijo del señor, concebido con la primera esposa, y finalmente, el amor puro y sin ataduras que May sentirá por Xuan, y todas las partes positivas y negativas de estar enamorado, un amor oculto, entre las brumas de la noche, un amor imposible, un amor callado, un amor que no puede ser.

Quizás la película, en algunas ocasiones, se ensimisma dentro de su forma, y la contención que imprime a los personajes y las secuencias, pueden resultar demasiado estáticas, como si lo más importante fuese el caparazón y no el contenido, sin embargo, la película consigue introducirnos con suavidad y belleza a ese ritmo de vida, mostrando una visión tradicional y conservadora que sigue rigiendo en muchos países actuales, y la confrontación ancestral entre lo tradicional y la libertad individual de cada uno, esa lucha eterna entre la sociedad y sus costumbres contra la independencia personal de cada individuo, donde la religión como centro de la vida cotidiana marcan la aparente armonía, donde las mujeres son las principales damnificadas, donde su voluntad no existe y están sometidas y esclavizadas constantemente a la voluntad y los deseos de los hombres. Una película deudora de las películas de Mizoguchi, que también exploró el universo interior femenino, a través de sus detalles, de sus gestos y deseos ocultos, con todo aquello que evidenciaban, y aquello que callaban.

La directora vietnamita cuenta con un buen reparto, donde destaca la naturalidad y las miradas que destilan estas mujeres, todo lo que expresan, y tamibén, todo lo que callan, huye de cualquier forma manierista o condescendiente con las mujeres, auténticas protagonistas de la película, sino que opta por una película más compleja y sumamente delicada, su crítica nace desde el alma de sus mujeres, su fábula nos habla a hurtadillas, muy cerca de nosotros, explorando cada poro de sus pieles, cada mirada que se dedican, cada gesto, por banal que sea, sumergiéndonos en la intimidad de cada una de ellas, mostrando su erotismo, su sensualidad y todo el amor oculto y prohibido que desprenden, filmando su invisibilidad durante el día, y haciéndolas muy visibles durante la noche, entre sábanas, entre pieles y a escondidas, ocultas de la mirada masculina, donde el deseo y el amor contaminan cada encuadre, y donde descubrimos el amor de verdad, aquel en que dos seres, en este caso, dos mujeres, se aman en libertad, aunque sea poca, pero con libertad y voluntariamente, como veremos también en los momentos sexuales de Xuan con el hijo del marido.

Mayfair nos habla de May, y por todos los procesos que vivirá, descubrirá, y también, sufrirá, en un mundo apartado para ella, muy ajeno, que iremos de la mano con ella, porque desconocemos su pasado, de dónde viene, y quién era hasta ese momento, una recién llegada, alguien que iremos descubriendo en su intimidad y también, con la relación que mantiene con las otras dos esposas, con la más veterana, la más apartada, la que tuvo su vida marital y ahora, vive en la tristeza por el rechazo y la imposibilidad de traer más hijos. Luego está Xuan, con su belleza plena y sensual, que desprende sexualidad y deseo, que no ha podido darle un varón al marido, y mantiene una relación prohibida, y May, que se enamorará de Xuan, y descubrirá el amor, el deseo y todo lo que eso conlleva, en un cuento femenino sobre el amor, el sexo, lo prohibido y lo oculto, todo aquello que vemos, y todo aquello que oculta vive en nuestra alma, bullendo a cada instante.