Entendiendo a Ingmar Bergman, de Margarethe von Trotta

EL LEGADO DEL MAESTRO.

“Fue uno de los pocos directores de cine  que  se  interesaba  honestamente  en  lo  que  ocurría  en  el  interior  de  los personajes femeninos”.

Gunnel Lindblom

Mucho se ha escrito y reflexionado sobre Ingmar Begman (1918-2017) y su cine, quizás mucho para algunos y poco para otros, lo que si estamos de acuerdo es que el universo cinematográfico del director sueco es muy amplio, complejo, profundo y magnífico, y son incuestionables los motivos que convierten a Bergman en uno de los mayores revolucionarios de la historia del cine, tanto en su concepción formal, narrativa y emocional, siendo uno de los cineastas que más han inspirado a legiones de cineastas alrededor del mundo. Una de esas cineastas es Margarethe von Trotta (Berlín, Alemania, 1942) una de las miradas más interesantes y críticas de aquellos “Nuevos Cines” surgida a finales de los sesenta y principios de los setenta, y más concretamente, perteneciente a la “Nueva Ola Alemana”, junto a otros nombres ilustres como Fassbinder, Wenders, Kluge, Schlöndorff. La cineasta berlinesa autora de 24 films de ficción, arranca su aventura en el documental, como si emulase el viaje al pasado igual que Isak Borg, el médico retirado de Fresas salvajes, y muy parecido al realizado por Wenders en Tokio-Ga, en el que realizaba su personal homenaje al maestro Yasujiro Ozu y recorría sus huellas. Von Trotta recoge el testigo de su coetáneo y también homenajea al maestro Bergman en el centenario de su nacimiento, mirando, analizando, reflexionando y entendiendo, como reza el título, la obra del cineasta que más le ha inspirado en su carrera, y como punto de partida la película que alumbró a Bergman y el cine a finales de los cincuenta con El séptimo sello, con la que Von Trotta inicia su película describiéndonos a modo de narrador como se hacía en las películas silentes, analizando su arranque en esa playa con ese caballero, su escudero, los caballos y la presencia de la muerte y cómo no, la partida de ajedrez, uno de los instantes míticos de la historia del cine.

Seguidamente nos trasladaremos a la ciudad de París, lugar emblemático del cine de autor, done aquellos jovenzuelos críticos de “Cahiers du Cinema” acuñaron el término de “autor” y abrieron una ventana maravillosa en la que el cine empezó a ser mirado de otra forma, desde otro punto de vista, más personal y profundo, donde el director se convertía en el autor de la película. Y cómo no podría ser de otra manera, alguien como Ingmar Bergman se convirtió en una especie de Sancta Sanctorum para muchos de aquellos amantes del cine y de los autores. Von Trotta nos conduce como narradora omnipresente por el universo cinematográfico de Bergman desde la admiración profunda al maestro inspirador y siempre presente en sus películas, también lo escucharemos en imágenes de archivo, lo recordaremos por aquellos lugares por donde transitó tanto en su vida personal como profesional, recorriendo las ciudades de Múnich, donde Von Trotta conoció personalmente a Bergman que trabaja en teatro, Estocolmo, Göteborg, y los espacios emblemáticos del cineasta como cafés, teatros, hogares, etc…

No solo eso, la cineasta alemana hace un recorrido espacial cronológico, explicándonos las vicisitudes personales que se vieron reflejadas en las películas que hacía, dando voz a personas que lo conocieron de primera mano como las actrices Liv Ullmann o Gunnel Lindblom, u otros cineastas de diferentes generaciones que reconocen su inestimable y brutal inspiración como Carlos Saura, François ozon, Mia Hansen-Love o Ruben Östlund, entre otros, mezclándolo todo con su obra, fragmentos de sus películas como  El  séptimo  sello,  Persona,  Fresas  salvajes, Noche  de  circo,  Juegos  de  verano,  Los  comulgantes,  Gritos  y  susurros,  y Fanny y Alexander, entre muchas otras, momentos que se analizan desde varias miradas y extrayendo esas conclusiones pertinentes para conocer la personalidad del cineasta de infancia difícil como nos detallará Daniel Bergman, uno de esos hijos, que nos habla de un padre ausente, de alguien que no reconocía como tal y con el que tuvo una relación compleja, como se evidencian en sus películas, siempre llenas de dificultades y oscuridad.

Veremos fragmentos de películas de Von Trotta como el de Las hermanas alemanas, película muy valorada por Bergman, e incluida en la lista de mejores películas que elaboró el cineasta sueco junto a otras de Kurosawa, Fellini, Chaplin, Wilder o Victor Sjöström y La carreta fantasma, la mejor película de la historia del cine para Bergman, y su inestimable homenaje a Sjöström dirigiéndole en su emblemático personaje en Fresas salvajes. Trotta invoca al maestro, su obra y sus fantasmas y obsesiones como la Edad Media,  la  hermandad  entre  mujeres,  Chéjov, y muchos otros de sus temas predilectos y recurrentes en su cine. Y como no podía ser menos visitaremos la pequeña isla de Farö, lugar mítico en el cine de Bergman y su vida personal, un espacio lleno de fantasmas, algunos errantes y otros no tanto, donde el cineasta se recogía del mundanal ruido y escribía y pensaba en futuras películas, en obras de teatro, donde se recoge su experiencia y trayectoria en el momento que visitamos Múnich.

Descubrimos aquello oculto y desconocido, diferentes miradas y visiones de cineastas, colaboradores y demás que nos explicarán sus relaciones, sus conflictos y tantas otras cosas que descubrimos por primera vez sobre Bergman, conociendo al obsesivo cineasta, su mirada más íntima y personal, sus miedos y angustias, sus incapacidades y aciertos, como sus personajes, todo ese mundo que nacía cuando se apagaban las luces, cuando el reconocido e inspirador cineasta dejaba paso al hombre, a la persona que debía de batallar con sus problemas, alegrías y demás. Un documento-homenaje sobre Ingmar Bergman magnífico e íntimo, desde la premisa del cineasta hijo que recuerda el legado del maestro padre, viendo su vida, como si fuera por una mirilla, acercándose a aquellos que lo conocieron y trataron, ofreciéndonos un análisis amplio y profundo de su carácter y como nacían y se desarrollaban sus ideas, sus proyectos y sus películas, como influyeron, como influyen y como influirán. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Border, de Ali Abbasi

LA HUMANIDAD DEL MONSTRUO.

Había una vez una mujer llamada Tina que trabajaba como agente de aduanas y poseía un gran olfato que le permitía oler la culpa de los demás. Un día, se encuentra con Vore, un tipo de aspecto monstruoso como ella, que oculta algo, pero Tina, no logra adivinar. Además, Tina se siente fuertemente atraído por el misterioso personaje. La segunda película de Ali Abbasi (Teherán, Irán, 1981) vuelve a estar enmarcada por los mismos derroteros que su opera prima Shelley (2016) en la que alrededor de un bosque, una pareja que no podía tener hijos, contrata un vientre de alquiler que tendrá consecuencias terribles. Con la apariencia de fábula, en un espacio natural, apartado de todo, vuelve a contarnos el relato de una pareja triste, una pareja sin sexo. Él, un apasionado de las competiciones caninas, vago y aburrido. Ella, Tina, con su quehacer diario en el trabajo, sus largos paseos en el bosque y las visitas al geriátrico donde está su padre. Todo cambiará con la aparición de Vore, con una apariencia física parecida a la de Tina, alguien que repele a Tina, pero a la vez seduce y engancha, y la hará descubrir secretos ocultos de su pasado, una nueva ilusión, su verdadera identidad, y también, el otro lado del espejo, una malévola actividad que realiza Vore y que intentará arrastrar a Tina con él.

Abbasi disfraza su relato de película fantástica, en la que casan de maravilla la parte social con lo terrorífico, para hablarnos de la soledad, la tristeza, el ser diferente, las capacidades naturales, sentirse de otro mundo, la maternidad, la falta de amor, el lado oscuro de la condición humana, y demás temas que nacieron de la novela homónima del escritor sueco John Ajvide Lindqvist, coautor del guión junto al director e Isabella Eklöff. Autor entre otras, de la novela Déjame entrar, que fue adaptada al cine por el director Tomas Alfredson, en la que a través del vampirismo, nos contaban una historia sobre acoso escolar, soledad en la infancia y el deseo de escapar. Muchos de estos temas vuelven a tocarse en Border, título que alude a esa frontera en la que se encuentra Tina en relación a Vore, un ser extraño, repelente y singular, que le cambiará toda su existencia, para bien y para mal, sin medias tintas, que descubrirá placeres como el sexo y la felicidad, y también, tormentos, como la monstruosidad de los seres humanos o no, y las consecuencias de unos actos deleznables.

Abbasi realiza una película de género, sin ser de ningún género en concreto, porque la mezcla es brutal, hay secuencias de cine social que dejan paso a otras más de terror, de puro fantástico, e incluso esa parte thriller de investigación, donde los personajes de un medio u otro, se mezclan, se confunden e interactúan, en cierta manera, estamos ante un cuento fantástico donde humanos y monstruos conviven, se relacionan y viven de manera natural, aunque sin ocultar sus grandes diferencias y secretos, en que la naturaleza se convierte en paradigma de la libertad y la felicidad, pero también, de lo más terrible, donde se ocultan grandes maldades, en que la línea que separa el bien del mal es tan fina que es imposible reconocer, donde seres de diferentes mundos y condición, se mezclan de tal manera que es imposible definirlos, y saber de qué materia están hechos, de qué color es su alma, y cuáles son sus ilusiones y anhelos.

Eva Melander como Tina y Eero Milonoff como Vore son los dos magníficos intérpretes que dan vida a estos seres fantásticos, estos trols, bajo un espectacular maquillaje, en una composición que opta más por las miradas y los gestos que por las palabras, donde los hechos prevalecen al verbo, donde sus acciones describirán sus interiores y aquello que sienten, en una película que recuerda a esas fábulas donde monstruos y humanos convivían y se mezclaban, con una apariencia física que aterra, pero que también atrae, como le sucede al personaje de Tina con Vore, esa frontera, ese muro emocional que deberá franquear o no, en el que se sentirá especial y rota por dentro, en el que descubrirá lo mejor y lo mejor de la condición humana, el alma que se esconde y oculta agazapada en su interior, en un viaje emocional hacia lo más bello y lo más oscuro del alma, en el que la magia y la realidad que Abbasi envuelve toda su película, consiguiendo momentos realmente poéticos y sobrecogedores, como las secuencias sexuales entre los dos trols, que esconden toda la belleza y lo grotesco en un mismo acto, o el tempo narrativo que hace gala la cinta, en la que de forma pausada y detallista nos mueven de un lugar a otro, de una mirada a otra, de un carácter a otro, de un espacio a otro, de forma natural y poética, dejando que el espectador se sumerja en un mundo diferente, salvaje, humanista, y lleno de sensaciones bellas, oscuras y contradictorias, donde la vida y nuestros sentidos palpitan y estallan, a veces de felicidad, y otras de terror.

Silvana, de Mika Gustafson, Olivia Kastebring y Christina Tsiobanelis

FEMINISMO A RITMO DE RAP.

“Siempre me decían que algo fallaba en mí, pero yo sabía que no era cierto”.

La película se abre de una forma clara y sencilla, cuando vemos a Silvana Imam (una cantante de rap feminista y homosexual, que canta contra toda forma de opresión) en su vuelta a la tierra de su infancia, Lituania, y accede al interior de una iglesia ortodoxa, y mantiene una leve conversación con uno de sus sacerdotes, que escucharemos en off, charla que dejará presente la diferencia y el conflicto existentes entre lo que canta Silvana y la postura de la iglesia en cuestión. Dos mundos diferentes, uno, el de Silvana que ama y canta a favor de lo diferente y el humanismo, y en cambio, el otro, el de la iglesia, que oprime, que habla de amor, cuando divide y mantiene las fronteras entre los que ellos aceptan, y los que no. Después de este breve prólogo, las tres directoras Mika Gustafson (1988) Olivia Kastebrin (1987) y Christina Tsiobanelis (1987) que debutan en el largo con Silvana, donde retratan durante un par de años, a modo de diario personal, a una joven de padre sirio y madre lituana, que a mediados de los 90, aterrizaron en Suecia, y su trayectoria desde el anonimato del arte underground a convertirse en un icono contemporáneo, a través de las letras inconformistas, políticas y de lucha contra toda forma de opresión contra aquello diferente o que simplemente, no encaja en el modelo de sociedad convencional.

Silvana que siempre ha tenido que esconder su condición sexual, y se ha trabajado todo lo que es, trabajando cada día desde lo más profundo, no es alguien que se calle ante las injusticias, alguien que sigue firme ante lo convencional, el fascismo y aquello ancestral que no respeta al otro por ser diferente. Una mujer de pie y con el puño en alto, que se define como lesbiana, feminista y antirracista, y utiliza su música rapera para protestar contra lo establecido, contra lo que oprime, contra todo estado, grupo o persona que atenta contra colectivos que luchan porque se respete su condición sexual o su manera de vivir, por muy diferente que sea con lo estándar. Las tres cineastas construyen una película de aquí y ahora, recogiendo de forma natural y honesta todo lo que pasa por su cámara, en un documental que nos abre una ventana dignísima y veraz, recogiendo con ojo avizor todo aquello que ocurre en la juventud sueca, en sus referentes musicales, y en esa protesta política e inconformista de muchos jóvenes de los países escandinavos, cada día acusados y maleados por ser como son.

Además, la crónica de estos dos años, recoge y filma con absoluta libertad y naturalidad, diversos aspectos de la vida de Silvana, desde sus reflexiones más íntimas, que tienen que ver con su condición y carácter, sus orígenes familiares, a través de la relación de sus padres y de videos caseros filmados cuando la cantante apenas tenía 7 años de edad, sus momentos de composición musical, sus conciertos, en las que incluye performances espectaculares y llenas de fuerza y valentía, la relación sentimental con otro ídolo de masas como Beatrice Eli, cantante de pop feminista y lesbiana. Una relación de amor que huye de todos los estereotipos sociales y convenciones para mostrar un amor de respeto, libre y muy vivo. Finalmente, la película explora otro aspecto muy importante en la vida de Silvana, su relación con el éxito fulgurante, en el que la exposición de su vida pública y sobre todo, la Silvana convertida en referente ensombreciendo su personalidad, todos aspectos que también una joven tiene que lidiar para no morir de éxito, y dejar de luchar por todo aquello en lo que había creído y peleado.

Gustafson, Kastebring y Tsiobanelis han creado una película llena de fuerza, y con un ritmo trepidante y vapuleador, como una canción de rap que canta Silvana, en que la película vive y respira al son de la artista, siguiéndola y entrando en su vida y en su alma, desde la espontaneidad y la honestidad hacia todo aquello que está filmando, y el respecto a una mujer libre y de carácter, que lanza al mundo, a través de las letras de sus canciones, proclamas que claman a favor de la igualdad, el respecto y la diferencia, como único camino hacia un mundo más justo, más igualitario y lleno de amor. Silvana Imam es una persona liberadora de estereotipos, que ha derribado convenciones sociales, que sigue en la carrera, sin dejar de correr, yendo de aquí para allá, convertida en una referencia para muchas jóvenes de países escandinavos, que la siguen, que la escuchan, que la aman, que grita con alegría y viveza proclamas reivindicativas y llenas de energía como: “Gracias a Dios, soy homosexual”. Una mujer segura, luchadora y reivindicativa, que sabe que hay mucho trabajo por hacer, y muchos más muros de ignorancia y fascismo que derribar, pero ella, mientras siga viva, seguirá en la brecha, sin descanso, llena de sinceridad y amor.

Master Class de Katinka Faragó

Master Class de la cineasta Katinka Faragó, script y Jefa de producción de Ingmar Bergman, con motivo de la retrospectiva que le dedica de su obra la Filmoteca de Cataluña, junto a Esteve Riambau, director de la Filmoteca. El encuentro tuvo lugar el miércoles 12 junio de 2018 en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Katinga Faragó, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  a la labor de la traductora Carol Badia, y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Encuentro con Katinka Faragó

Encuentro con la cineasta Katinka Faragó, script y Jefa de producción de Ingmar Bergman, con motivo de la retrospectiva que le dedica de su obra la Filmoteca de Cataluña, junto a Esteve Riambau, director de la Filmoteca. El encuentro tuvo lugar el miércoles 12 junio de 2018 en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Katinga Faragó, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  a la labor de la traductora Carol Badia, y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

The square, de Ruben Östlund

DESTAPAR LAS MISERIAS.  

La película sigue la existencia de Christian, uno de esos hombres triunfadores y rodeados de buenos sentimientos. Christian es un hombre alrededor de los cuarenta y bien parecido, es de esos tipos felices con su trabajo, dirige uno de los museos más importantes de arte contemporáneo y además, se muestra satisfecho con su vida. Conduce un coche moderno y eléctrico, y tiene un apartamento de alto standing. Divorciado y padre de dos hijas impertinentes y consentidas. Toda su vida marcha sobre ruedas. Pero, una mañana, una como otra cualquiera, después de ser alertado por un incidente cotidiano en plena calle, le sustraen la cartera y el móvil sin darse cuenta. A partir de aquí, su vida girará en torno a recuperar sus objetos, y además, sin sarde cuenta, o dándose mucha, se cuestionarán sus ideales y valores humanos frente a sus actos, si éstos reflejan realmente sus pensamientos de solidaridad y justicia.

Ruben Östlund (Styrsö, Suecia, 1974) vuelve a la carga con sus sátiras morales donde reflexiona sobre la fragilidad humana envuelta en situaciones morales que los hacen replantearse su existencia, como viene explorando, desde su debut en Involuntario (2008) donde a partir de 5 episodios cuestionaba el poder del grupo sobre el individuo, en Play  (2011) se centraba en niños negros e hijos de inmigrantes que se excusaban en el racismo y los prejuicios sociales para desplumar a chicos de su edad, y finalmente, en Fuerza mayor (2014) resquebrajaba los ideales de la familia a partir de la situación de un padre de familia que anteponía su salvación a la de su mujer e hijos, ante una avalancha de nieve. El cineasta sueco construye parábolas morales sobre el individuo y la construcción de sus valores, muchos de ellos incuestionables y defendidos a capa y espada, aunque llegados a sus materializaciones físicas en la sociedad, esas situaciones incómodas, en las que esos valores que se creían sólidos desaparecen en pos a un instinto de individualismo y egoísmo.

Östlund, al que podríamos definir como un alumno aventajado de Haneke o de Roy Andersson, eso sí en un tono diferente, pero en esa idea de arremeter contra los prejuicios sociales y cuestionar los aparentemente valores que estructuran nuestras existencias que materializados adquieren cuanto menos un disfraz de hipocresía, vanidad y condescendencia. La película penetra en el mundo del arte contemporáneo, siguiendo la cotidianidad del museo, y lo hace desde la mirada extraña y crítica, a través de una exposición que revela más de cómo somos y sobre todo, como actuamos, en la que se plantea la confianza que tenemos depositada en los otros, esos extraños que no conocemos, a partir de un cuadro en mitad de una plaza, que expone nuestra voluntad de ayudar a los demás por encima de nuestras necesidades individuales, una especie de altruismo, que no lo es tanto (instalación llevada a cabo por el propio director en el museo Vandalorum en Suecia). Östlund no sólo mide el grado de esnobismo y caparazón de mucho del arte contemporáneo de la actualidad, en la impostura que vende, sino su propia utilidad y utilización en el mundo de fuera, en la realidad de ricos y pobres que estructura nuestra sociedad, sino que también, penetra en las relaciones superficiales y desinhibidas que se producen en ese ambiente de nuevas tecnologías (de lo que llegamos a hacer para vender el producto a toda costa) los falsos valores hipócritas tanto de los que dirigen y trabajan en el museo, como esos mecenas que lo alimentan, todos ellos se mueven en un coto cerrado que tiene poco o nada que ver con el exterior, ensimismados en su superficialidad.

Östlund construye una película de largas secuencias, como es habitual en su cine, macerando sus historias introduciendo aspectos inquietantes que nos causan una gran extrañeza e incomodidad (como el chimpancé real que vive con la periodista o la performance del hombre actuando como un simio ante el asombro de todo ese público que se mueve en ese falso oropel y virtuosismo humano) sin olvidarnos de una forma y fondo que nos cuestiona continuamente a los espectadores, obligándonos a tomar partido de aquello que estamos viendo, en una suerte de juego de espejos en el que el reflejo que nos devuelve nos arrincona y nos da la vuelta, posicionándonos en ese espacio de falsedad, apariencia y terror, elementos en los que hemos posado nuestra vida, aspectos de nuestro carácter que odiamos, aunque cuando nos aprietan un poco las clavijas y nos sumergen en ambientes y situaciones en las que nuestra tranquilidad y confort se ven amenazados, aparecen nuestras miserias y actuamos como el más vulgar de los semejantes, convirtiéndonos en eso que criticamos de los demás, o en esa bestia salvaje descontrolada.

Mi “perfecta” hermana, de Sanna Lenken

min_lilla_syster_my_skinny_sister-701289940-largeLAS MISERIAS DEL ÉXITO.

“En el mar del amor. Nadaré hasta ti. Eres tan hermosa y estás en mi corazón para siempre”

Stella tiene 11 años, no muy agraciada, y saca buenas notas. Pero ella adora a su hermana mayor, Katja, que es guapa y una excelente patinadora, y sus padres están encantados. Stella la imita, hace patinaje artístico, pero no está muy dotada para ello, e intenta llamar su atención. Un día, Stella se da cuenta de un terrible secreto que esconde Katja, y la relación entre ambas dará un vuelco inesperado. La puesta de largo de Sanna Lenken (1978, Gotemburgo, Suecia), con experiencia un par de temporadas con la serie juvenil Double life, y trabajos que le han llevado por festivales de todo el mundo.

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Su película se centra en la mirada de una niña de 11 años, en el tránsito de dejar la infancia y entrar en la adolescencia, con todos los cambios que conlleva, y la relación que tiene con su hermana, una relación de amor-odio, y sobre todo, de una idea falsa de cómo tienen que ser los adolescentes hoy en día. Una idea basada en el éxito y la perfección, elementos que nos pueden llevar a los lugares más oscuros y siniestros.Lenken cuenta su película con extrema delicadeza y sensibilidad, el conflicto va apareciendo de un modo sencillo, sin aspavientos ni grandes complejidades, de una forma cotidiana, un problema que va afectando a las dos hermanas y luego, invade de lleno el núcleo familiar. Una película compleja, que se sumerge en el oscuro mundo de las emociones, que explora el difícil mundo de la adolescencia, con todas sus contradicciones y anhelos, centrándose en los problemas de trastorno alimentario, que cada vez atacan sin piedad a los jóvenes que quieren ser las personas que se espera de ellos, y se olvidan, de quiénes son realmente. Dejan de lado sus sueños e ilusiones, para convertirse en seres obsesionados con el estudio o el deporte para ser los mejores, para llegar a más, subir más alto, para finalmente, no encontrar la satisfacción esperada.

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La cineasta sueca filma a sus criaturas optando por la cercanía, en los que podemos seguir sus respiraciones, alegrías o angustias, cierra sus planos, acotando el espacio cinematográfico para no perder detalle de lo que se nos cuenta, en la que el primer plano de los personajes se convierte en protagonista de la acción, invadiendo nuestra mirada. El excelente trabajo de todos los intérpretes, mención especial tienen las dos jóvenes protagonistas que componen a las dos hermanas, Rebecka Josephson y Amy Deasismont (escogidas después de un arduo casting que se alargó un año), que dotan de una gran humanidad y credibilidad a sus personajes. Una cinta que recoge el espíritu de la novela El retrato de Dorian Grey, de Wilde y también, cierto aroma a ¿Qué fue de Baby Jane?, en la que también hay cabida para el humor, que nos habla de secretos, de manipulación y vergüenza, del miedo que sentimos por no llegar a ser quién se espera de nosotros, y en ese mundo oscuro y terrible el que nos adentramos, para seguir siendo esa persona extraña en la que nos estamos convirtiendo, encerrándonos en nosotros y perdiendo la verdadera razón que nos empujó a disfrutar con lo que hacíamos. Una sociedad deshumanizada y perversa que nos obliga a siempre tener éxito y crecer cada día más, sin importar verdaderamente las circunstancias, siempre hacía arriba, olvidándonos de que queremos en realidad y sobre todo, de quiénes somos, de nuestra verdadera identidad y nuestros sueños.