Border, de Ali Abbasi

LA HUMANIDAD DEL MONSTRUO.

Había una vez una mujer llamada Tina que trabajaba como agente de aduanas y poseía un gran olfato que le permitía oler la culpa de los demás. Un día, se encuentra con Vore, un tipo de aspecto monstruoso como ella, que oculta algo, pero Tina, no logra adivinar. Además, Tina se siente fuertemente atraído por el misterioso personaje. La segunda película de Ali Abbasi (Teherán, Irán, 1981) vuelve a estar enmarcada por los mismos derroteros que su opera prima Shelley (2016) en la que alrededor de un bosque, una pareja que no podía tener hijos, contrata un vientre de alquiler que tendrá consecuencias terribles. Con la apariencia de fábula, en un espacio natural, apartado de todo, vuelve a contarnos el relato de una pareja triste, una pareja sin sexo. Él, un apasionado de las competiciones caninas, vago y aburrido. Ella, Tina, con su quehacer diario en el trabajo, sus largos paseos en el bosque y las visitas al geriátrico donde está su padre. Todo cambiará con la aparición de Vore, con una apariencia física parecida a la de Tina, alguien que repele a Tina, pero a la vez seduce y engancha, y la hará descubrir secretos ocultos de su pasado, una nueva ilusión, su verdadera identidad, y también, el otro lado del espejo, una malévola actividad que realiza Vore y que intentará arrastrar a Tina con él.

Abbasi disfraza su relato de película fantástica, en la que casan de maravilla la parte social con lo terrorífico, para hablarnos de la soledad, la tristeza, el ser diferente, las capacidades naturales, sentirse de otro mundo, la maternidad, la falta de amor, el lado oscuro de la condición humana, y demás temas que nacieron de la novela homónima del escritor sueco John Ajvide Lindqvist, coautor del guión junto al director e Isabella Eklöff. Autor entre otras, de la novela Déjame entrar, que fue adaptada al cine por el director Tomas Alfredson, en la que a través del vampirismo, nos contaban una historia sobre acoso escolar, soledad en la infancia y el deseo de escapar. Muchos de estos temas vuelven a tocarse en Border, título que alude a esa frontera en la que se encuentra Tina en relación a Vore, un ser extraño, repelente y singular, que le cambiará toda su existencia, para bien y para mal, sin medias tintas, que descubrirá placeres como el sexo y la felicidad, y también, tormentos, como la monstruosidad de los seres humanos o no, y las consecuencias de unos actos deleznables.

Abbasi realiza una película de género, sin ser de ningún género en concreto, porque la mezcla es brutal, hay secuencias de cine social que dejan paso a otras más de terror, de puro fantástico, e incluso esa parte thriller de investigación, donde los personajes de un medio u otro, se mezclan, se confunden e interactúan, en cierta manera, estamos ante un cuento fantástico donde humanos y monstruos conviven, se relacionan y viven de manera natural, aunque sin ocultar sus grandes diferencias y secretos, en que la naturaleza se convierte en paradigma de la libertad y la felicidad, pero también, de lo más terrible, donde se ocultan grandes maldades, en que la línea que separa el bien del mal es tan fina que es imposible reconocer, donde seres de diferentes mundos y condición, se mezclan de tal manera que es imposible definirlos, y saber de qué materia están hechos, de qué color es su alma, y cuáles son sus ilusiones y anhelos.

Eva Melander como Tina y Eero Milonoff como Vore son los dos magníficos intérpretes que dan vida a estos seres fantásticos, estos trols, bajo un espectacular maquillaje, en una composición que opta más por las miradas y los gestos que por las palabras, donde los hechos prevalecen al verbo, donde sus acciones describirán sus interiores y aquello que sienten, en una película que recuerda a esas fábulas donde monstruos y humanos convivían y se mezclaban, con una apariencia física que aterra, pero que también atrae, como le sucede al personaje de Tina con Vore, esa frontera, ese muro emocional que deberá franquear o no, en el que se sentirá especial y rota por dentro, en el que descubrirá lo mejor y lo mejor de la condición humana, el alma que se esconde y oculta agazapada en su interior, en un viaje emocional hacia lo más bello y lo más oscuro del alma, en el que la magia y la realidad que Abbasi envuelve toda su película, consiguiendo momentos realmente poéticos y sobrecogedores, como las secuencias sexuales entre los dos trols, que esconden toda la belleza y lo grotesco en un mismo acto, o el tempo narrativo que hace gala la cinta, en la que de forma pausada y detallista nos mueven de un lugar a otro, de una mirada a otra, de un carácter a otro, de un espacio a otro, de forma natural y poética, dejando que el espectador se sumerja en un mundo diferente, salvaje, humanista, y lleno de sensaciones bellas, oscuras y contradictorias, donde la vida y nuestros sentidos palpitan y estallan, a veces de felicidad, y otras de terror.

Silvana, de Mika Gustafson, Olivia Kastebring y Christina Tsiobanelis

FEMINISMO A RITMO DE RAP.

“Siempre me decían que algo fallaba en mí, pero yo sabía que no era cierto”.

La película se abre de una forma clara y sencilla, cuando vemos a Silvana Imam (una cantante de rap feminista y homosexual, que canta contra toda forma de opresión) en su vuelta a la tierra de su infancia, Lituania, y accede al interior de una iglesia ortodoxa, y mantiene una leve conversación con uno de sus sacerdotes, que escucharemos en off, charla que dejará presente la diferencia y el conflicto existentes entre lo que canta Silvana y la postura de la iglesia en cuestión. Dos mundos diferentes, uno, el de Silvana que ama y canta a favor de lo diferente y el humanismo, y en cambio, el otro, el de la iglesia, que oprime, que habla de amor, cuando divide y mantiene las fronteras entre los que ellos aceptan, y los que no. Después de este breve prólogo, las tres directoras Mika Gustafson (1988) Olivia Kastebrin (1987) y Christina Tsiobanelis (1987) que debutan en el largo con Silvana, donde retratan durante un par de años, a modo de diario personal, a una joven de padre sirio y madre lituana, que a mediados de los 90, aterrizaron en Suecia, y su trayectoria desde el anonimato del arte underground a convertirse en un icono contemporáneo, a través de las letras inconformistas, políticas y de lucha contra toda forma de opresión contra aquello diferente o que simplemente, no encaja en el modelo de sociedad convencional.

Silvana que siempre ha tenido que esconder su condición sexual, y se ha trabajado todo lo que es, trabajando cada día desde lo más profundo, no es alguien que se calle ante las injusticias, alguien que sigue firme ante lo convencional, el fascismo y aquello ancestral que no respeta al otro por ser diferente. Una mujer de pie y con el puño en alto, que se define como lesbiana, feminista y antirracista, y utiliza su música rapera para protestar contra lo establecido, contra lo que oprime, contra todo estado, grupo o persona que atenta contra colectivos que luchan porque se respete su condición sexual o su manera de vivir, por muy diferente que sea con lo estándar. Las tres cineastas construyen una película de aquí y ahora, recogiendo de forma natural y honesta todo lo que pasa por su cámara, en un documental que nos abre una ventana dignísima y veraz, recogiendo con ojo avizor todo aquello que ocurre en la juventud sueca, en sus referentes musicales, y en esa protesta política e inconformista de muchos jóvenes de los países escandinavos, cada día acusados y maleados por ser como son.

Además, la crónica de estos dos años, recoge y filma con absoluta libertad y naturalidad, diversos aspectos de la vida de Silvana, desde sus reflexiones más íntimas, que tienen que ver con su condición y carácter, sus orígenes familiares, a través de la relación de sus padres y de videos caseros filmados cuando la cantante apenas tenía 7 años de edad, sus momentos de composición musical, sus conciertos, en las que incluye performances espectaculares y llenas de fuerza y valentía, la relación sentimental con otro ídolo de masas como Beatrice Eli, cantante de pop feminista y lesbiana. Una relación de amor que huye de todos los estereotipos sociales y convenciones para mostrar un amor de respeto, libre y muy vivo. Finalmente, la película explora otro aspecto muy importante en la vida de Silvana, su relación con el éxito fulgurante, en el que la exposición de su vida pública y sobre todo, la Silvana convertida en referente ensombreciendo su personalidad, todos aspectos que también una joven tiene que lidiar para no morir de éxito, y dejar de luchar por todo aquello en lo que había creído y peleado.

Gustafson, Kastebring y Tsiobanelis han creado una película llena de fuerza, y con un ritmo trepidante y vapuleador, como una canción de rap que canta Silvana, en que la película vive y respira al son de la artista, siguiéndola y entrando en su vida y en su alma, desde la espontaneidad y la honestidad hacia todo aquello que está filmando, y el respecto a una mujer libre y de carácter, que lanza al mundo, a través de las letras de sus canciones, proclamas que claman a favor de la igualdad, el respecto y la diferencia, como único camino hacia un mundo más justo, más igualitario y lleno de amor. Silvana Imam es una persona liberadora de estereotipos, que ha derribado convenciones sociales, que sigue en la carrera, sin dejar de correr, yendo de aquí para allá, convertida en una referencia para muchas jóvenes de países escandinavos, que la siguen, que la escuchan, que la aman, que grita con alegría y viveza proclamas reivindicativas y llenas de energía como: “Gracias a Dios, soy homosexual”. Una mujer segura, luchadora y reivindicativa, que sabe que hay mucho trabajo por hacer, y muchos más muros de ignorancia y fascismo que derribar, pero ella, mientras siga viva, seguirá en la brecha, sin descanso, llena de sinceridad y amor.

Master Class de Katinka Faragó

Master Class de la cineasta Katinka Faragó, script y Jefa de producción de Ingmar Bergman, con motivo de la retrospectiva que le dedica de su obra la Filmoteca de Cataluña, junto a Esteve Riambau, director de la Filmoteca. El encuentro tuvo lugar el miércoles 12 junio de 2018 en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Katinga Faragó, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  a la labor de la traductora Carol Badia, y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Encuentro con Katinka Faragó

Encuentro con la cineasta Katinka Faragó, script y Jefa de producción de Ingmar Bergman, con motivo de la retrospectiva que le dedica de su obra la Filmoteca de Cataluña, junto a Esteve Riambau, director de la Filmoteca. El encuentro tuvo lugar el miércoles 12 junio de 2018 en la Filmoteca de Cataluña en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Katinga Faragó, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  a la labor de la traductora Carol Badia, y a Jordi Martínez de Comunicación de la Filmoteca, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

The square, de Ruben Östlund

DESTAPAR LAS MISERIAS.  

La película sigue la existencia de Christian, uno de esos hombres triunfadores y rodeados de buenos sentimientos. Christian es un hombre alrededor de los cuarenta y bien parecido, es de esos tipos felices con su trabajo, dirige uno de los museos más importantes de arte contemporáneo y además, se muestra satisfecho con su vida. Conduce un coche moderno y eléctrico, y tiene un apartamento de alto standing. Divorciado y padre de dos hijas impertinentes y consentidas. Toda su vida marcha sobre ruedas. Pero, una mañana, una como otra cualquiera, después de ser alertado por un incidente cotidiano en plena calle, le sustraen la cartera y el móvil sin darse cuenta. A partir de aquí, su vida girará en torno a recuperar sus objetos, y además, sin sarde cuenta, o dándose mucha, se cuestionarán sus ideales y valores humanos frente a sus actos, si éstos reflejan realmente sus pensamientos de solidaridad y justicia.

Ruben Östlund (Styrsö, Suecia, 1974) vuelve a la carga con sus sátiras morales donde reflexiona sobre la fragilidad humana envuelta en situaciones morales que los hacen replantearse su existencia, como viene explorando, desde su debut en Involuntario (2008) donde a partir de 5 episodios cuestionaba el poder del grupo sobre el individuo, en Play  (2011) se centraba en niños negros e hijos de inmigrantes que se excusaban en el racismo y los prejuicios sociales para desplumar a chicos de su edad, y finalmente, en Fuerza mayor (2014) resquebrajaba los ideales de la familia a partir de la situación de un padre de familia que anteponía su salvación a la de su mujer e hijos, ante una avalancha de nieve. El cineasta sueco construye parábolas morales sobre el individuo y la construcción de sus valores, muchos de ellos incuestionables y defendidos a capa y espada, aunque llegados a sus materializaciones físicas en la sociedad, esas situaciones incómodas, en las que esos valores que se creían sólidos desaparecen en pos a un instinto de individualismo y egoísmo.

Östlund, al que podríamos definir como un alumno aventajado de Haneke o de Roy Andersson, eso sí en un tono diferente, pero en esa idea de arremeter contra los prejuicios sociales y cuestionar los aparentemente valores que estructuran nuestras existencias que materializados adquieren cuanto menos un disfraz de hipocresía, vanidad y condescendencia. La película penetra en el mundo del arte contemporáneo, siguiendo la cotidianidad del museo, y lo hace desde la mirada extraña y crítica, a través de una exposición que revela más de cómo somos y sobre todo, como actuamos, en la que se plantea la confianza que tenemos depositada en los otros, esos extraños que no conocemos, a partir de un cuadro en mitad de una plaza, que expone nuestra voluntad de ayudar a los demás por encima de nuestras necesidades individuales, una especie de altruismo, que no lo es tanto (instalación llevada a cabo por el propio director en el museo Vandalorum en Suecia). Östlund no sólo mide el grado de esnobismo y caparazón de mucho del arte contemporáneo de la actualidad, en la impostura que vende, sino su propia utilidad y utilización en el mundo de fuera, en la realidad de ricos y pobres que estructura nuestra sociedad, sino que también, penetra en las relaciones superficiales y desinhibidas que se producen en ese ambiente de nuevas tecnologías (de lo que llegamos a hacer para vender el producto a toda costa) los falsos valores hipócritas tanto de los que dirigen y trabajan en el museo, como esos mecenas que lo alimentan, todos ellos se mueven en un coto cerrado que tiene poco o nada que ver con el exterior, ensimismados en su superficialidad.

Östlund construye una película de largas secuencias, como es habitual en su cine, macerando sus historias introduciendo aspectos inquietantes que nos causan una gran extrañeza e incomodidad (como el chimpancé real que vive con la periodista o la performance del hombre actuando como un simio ante el asombro de todo ese público que se mueve en ese falso oropel y virtuosismo humano) sin olvidarnos de una forma y fondo que nos cuestiona continuamente a los espectadores, obligándonos a tomar partido de aquello que estamos viendo, en una suerte de juego de espejos en el que el reflejo que nos devuelve nos arrincona y nos da la vuelta, posicionándonos en ese espacio de falsedad, apariencia y terror, elementos en los que hemos posado nuestra vida, aspectos de nuestro carácter que odiamos, aunque cuando nos aprietan un poco las clavijas y nos sumergen en ambientes y situaciones en las que nuestra tranquilidad y confort se ven amenazados, aparecen nuestras miserias y actuamos como el más vulgar de los semejantes, convirtiéndonos en eso que criticamos de los demás, o en esa bestia salvaje descontrolada.

Mi “perfecta” hermana, de Sanna Lenken

min_lilla_syster_my_skinny_sister-701289940-largeLAS MISERIAS DEL ÉXITO.

“En el mar del amor. Nadaré hasta ti. Eres tan hermosa y estás en mi corazón para siempre”

Stella tiene 11 años, no muy agraciada, y saca buenas notas. Pero ella adora a su hermana mayor, Katja, que es guapa y una excelente patinadora, y sus padres están encantados. Stella la imita, hace patinaje artístico, pero no está muy dotada para ello, e intenta llamar su atención. Un día, Stella se da cuenta de un terrible secreto que esconde Katja, y la relación entre ambas dará un vuelco inesperado. La puesta de largo de Sanna Lenken (1978, Gotemburgo, Suecia), con experiencia un par de temporadas con la serie juvenil Double life, y trabajos que le han llevado por festivales de todo el mundo.

Mi-Perfecta-Hermana-encarteleraonline-313

Su película se centra en la mirada de una niña de 11 años, en el tránsito de dejar la infancia y entrar en la adolescencia, con todos los cambios que conlleva, y la relación que tiene con su hermana, una relación de amor-odio, y sobre todo, de una idea falsa de cómo tienen que ser los adolescentes hoy en día. Una idea basada en el éxito y la perfección, elementos que nos pueden llevar a los lugares más oscuros y siniestros.Lenken cuenta su película con extrema delicadeza y sensibilidad, el conflicto va apareciendo de un modo sencillo, sin aspavientos ni grandes complejidades, de una forma cotidiana, un problema que va afectando a las dos hermanas y luego, invade de lleno el núcleo familiar. Una película compleja, que se sumerge en el oscuro mundo de las emociones, que explora el difícil mundo de la adolescencia, con todas sus contradicciones y anhelos, centrándose en los problemas de trastorno alimentario, que cada vez atacan sin piedad a los jóvenes que quieren ser las personas que se espera de ellos, y se olvidan, de quiénes son realmente. Dejan de lado sus sueños e ilusiones, para convertirse en seres obsesionados con el estudio o el deporte para ser los mejores, para llegar a más, subir más alto, para finalmente, no encontrar la satisfacción esperada.

116097.jpg-r_1280_720-f_jpg-q_x-xxyxx

La cineasta sueca filma a sus criaturas optando por la cercanía, en los que podemos seguir sus respiraciones, alegrías o angustias, cierra sus planos, acotando el espacio cinematográfico para no perder detalle de lo que se nos cuenta, en la que el primer plano de los personajes se convierte en protagonista de la acción, invadiendo nuestra mirada. El excelente trabajo de todos los intérpretes, mención especial tienen las dos jóvenes protagonistas que componen a las dos hermanas, Rebecka Josephson y Amy Deasismont (escogidas después de un arduo casting que se alargó un año), que dotan de una gran humanidad y credibilidad a sus personajes. Una cinta que recoge el espíritu de la novela El retrato de Dorian Grey, de Wilde y también, cierto aroma a ¿Qué fue de Baby Jane?, en la que también hay cabida para el humor, que nos habla de secretos, de manipulación y vergüenza, del miedo que sentimos por no llegar a ser quién se espera de nosotros, y en ese mundo oscuro y terrible el que nos adentramos, para seguir siendo esa persona extraña en la que nos estamos convirtiendo, encerrándonos en nosotros y perdiendo la verdadera razón que nos empujó a disfrutar con lo que hacíamos. Una sociedad deshumanizada y perversa que nos obliga a siempre tener éxito y crecer cada día más, sin importar verdaderamente las circunstancias, siempre hacía arriba, olvidándonos de que queremos en realidad y sobre todo, de quiénes somos, de nuestra verdadera identidad y nuestros sueños.

Reina Cristina, la mujer que fue Rey, de Mika Kaurismäki

reina_cristina-cartel-6712UN CORAZóN INDOMABLE.

El arranque de la película nos introduce de manera sutil y tenebrosa en el espíritu que transitaba en la Suecia del primer tercio del siglo XVII, un mundo lleno de caos, guerras y destrucción. Vemos a la futura reina Cristina, cuando apenas es una niña de 6 años, obligada por una madre de carácter fiero y trastornada, a besar el cadáver de su padre difunto, el rey Gustavo Adolfo II, que su madre sigue tratando como si estuviera vivo. Después de aquello, Cristina es nombrada heredera y trasladada al castillo para seguir su educación, bajo el amparo de la iglesia luterana. A los 18 años, es nombrada reina. El director Mika Kaurismäki (1955, Ormattila, Finlandia) – empezó su carrera junto a su hermano, el también director Aki, pero a comienzos de los 90 los dos hermanos separaron sus caminos, Mika se instaló en Brasil, donde ha seguido dirigiendo películas documentales, y dirigiendo en otros lugares, donde se ha labrado una interesante filmografía -.

_MG_4976 copy copia

Kaurismäki, que ha necesitado de una década para levantar el proyecto, encontró en la figura de Michel Marc Bouchard (escritor quebequés de gran éxito, que también ha escrito para Xavier Dolan, y su obra Cristina, la reina hombre, de gran éxito en Canadá en 2012, y posteriormente, traducida al inglés en 2014) el vehículo perfecto para acercarse a la figura de la Reina Cristina. Un enorme esfuerzo de producción que ha agrupado a compañías de cuatro países como Finlandia, Canadá, Alemania y Suecia, y un rodaje de 40 días realizado en el sudoeste de Finlandia, y en la región de Bavaria en Alemania, para contar una película de época, cuidada hasta el más mínimo de los detalles, que huye de obras ambientadas en ese marco, aquí no hay heroísmos ni grandes discursos, ni la épica de grandes batallas y conquistas, la cinta viaja por otros derroteros, se centra en los personajes, empezando por la Reina Cristina, una mujer educada como un varón, ejecutiva, contradictoria, excéntrica y solitaria, que tiene que lidiar con su país, enfrascado en una guerra, llamada de los 30 años, entre católicos y protestantes, que la Reina quiere zanjar, y las continuas conspiraciones que le acechan. Una mujer adelantada a su tiempo, que tuvo que elegir entre la pasión y la razón, moderna, de espíritu libre, que lucha a espada con todos sus enemigos para modernizar su país del oscurantismo de la religión, dotando a su país de ideas nuevas, basadas en las ciencias y artes.

_MG_7113 copia

Kaurismäki centra su relato en la Reina Cristina, en su mirada y sus gestos, su manera de moverse y ocupar la secuencia, una mujer que se mueve en un mundo dominado por hombres, que se enfrentará a todos y a ella misma, para ser la persona que quiere ser, y amar a quién desea, como su amor por la Condesa Ebba Sparre, a la que hace dama de compañía, y compañera de lecho, una relación oculta, y llena de deseo y pasión, que la llevará a múltiples problemas y conflictos, elegir entre su pueblo y ella, entre lo que uno siente, y lo que los demás desean. La amistad con el filósofo René Descartes le guiará a abrir su mente, a decidir por ella misma, abandonando la voluntad de Dios, y aceptar que más allá de las murallas de su reino y su vida, hay un mundo de saber y conocimiento que la espera a ser conquistado. Una película arrolladora, de excelente concepción formal, de narración enérgica, con personajes complejos y pasionales (como el canciller, aliado de la Reina), o los hombres que quieren conquistar el corazón solitario e independiente de la monarca, o la figura de la madre, que odia a su hija). Excepcional el trabajo de todo el elenco (en la que destaca la figura de Malin Buska, que interpreta con sabiduría y temple a la inquieta y confusa Reina). Una cinta de bellísima y fría luz obra de Gy Dufaux (cinematógrafo de Dennys Arcand, entre otros), que desde un tiempo pasado, aquel 1632, edifica las relaciones y lazos con la historia actual, con sus intrigas, conspiraciones y enfrentamientos políticos, en la que un mundo antiguo se niega a desaparecer y luchará para no hacerlo, enfrentado a otro, uno moderno que avanza sin cesar, a pesar de los obstáculos, para iniciar otro camino, provocando un cambio en la manera de pensar, dotado de una naturaleza más abierta, humana y honesta.