Todo lo que fuimos, de Cherien Dabis

LA HISTORIA DE MI FAMILIA PALESTINA. 

“Soñaré, no para fijar ningún significado externo. Más bien, para restaurar mi interior abandonado”. 

Mahmoud Darwish

Las dos películas anteriores de Cherien Dabis (Omaha, Nebraska, EE. UU.,  1976), son Amreeka (2009), con una madre palestina y su hijo intentando tener una vida en un pequeño pueblo de Illinois, y May in the Summer (2013), con una escritora de éxito que vuelve a su Jordania natal y se encuentra con una realidad muy diferente. Su tercera película como directora Todo lo que fuimos vuelve a Palestina para construir un fresco protagonizado por una familia a través de tres generaciones bajo la atenta mirada de un niño Salim, arrancando en 1948, con la creación del estado de Israel y la precipitada huida del citado niño y su familia. Después pasamos a 1978, con Salim adulto y padre y los problemas que tiene con su hijo, su mujer y su padre en un campo de refugiados en Cisjordania ocupada, y finalmente, llegamos a 1988, cuando el hijo de Salim sufre un disparo del ejército israelí. Tres momentos que definen la tragedia palestina bajo el foco de una familia como otra cualquiera que lleva casi ochenta años sufriendo la ocupación. 

La directora, también actriz, recientemente la vimos en Eagles of th Republic, de Tarik Saleh, construye una excelente historia, marcada por el humanismo y la intimidad que crea en cada situación que se plantea, en la que huye de los grandes nombres y momentos de la historia para centrarse en lo que no se ve, en lo invisible, en todos aquellos seres anónimos que son parte fundamental de la historia en mayúsculas, pero que nunca son mencionados. La película sirve también para eso, visibilizar lo más cercano y natural, a todas aquellas personas, las que nunca aparecen en los libros de historia ni se les dedica ninguna calle o plaza o cosas por el estilo. Personas que viven como pueden a pesar de todo, que se enamoran, que crean familias, que están y tienen nombres y apellidos. Una familia es la protagonista del relato. Una familia que define con profundidad la historia de Palestina durante la segunda mitad del siglo XX y todas las heridas y huellas que siguen heredando unos de otros en una historia que entra dentro de las casas, dentro de unas vidas con miedo, llenas de incertidumbre y también, de memoria, recuerdos y algo de esperanza. 

Dabis se ha rodeado de grandes nombres como el cinematógrafo Christopher Aoun que, a pesar de su corta filmografía, ya ha trabajado en películas tan extraordinarias como Cafarnáum, de Nadine Labaki y El hombre que vendió su piel, de Kaouther Ben Hania, entre otras. Su luz busca la cercanía y lo natural, huyendo de la artificialidad y explorando los rostros y los cuerpos de los diferentes personajes, en unos espacios reducidos, en una atmósfera de inquietud en el que se encuentran los mencionados protagonistas. La música está firmada por un grande como Amine Bouhafa, con más de 70 títulos en su extensa filmografía, que le ha llevado a trabajar para el citado Ben Hania, Philippe Faucon, Rachid Bouchareb y Abderrahmane Sissako, entre otros. Una música que recoge lo más íntimo, lo humano y lo cotidiano en una historia que abarca casi ocho décadas. El montaje lo firma Tina Baz, que tiene en su curriculum a nombres tan interesantes como Naomi Kawase con la que ha hecho 6 películas, y Abdellatif Kechiche. Una edición con fuerza y nada artificiosa, en un trabajo excelente ya que recorre con astucia y detalle los pormenores de una familia que pasa de padres a hijos y a nietos en sus 145 minutos de extraordinario metraje. 

Un elenco que transmite pureza, mucha fuerza y sensibilidad en sus personajes empezando por la propia directora que se reserva el papel de Hanan, el personaje que nos cuenta la película y esposa de Salim interpretado por Saleh Bakri, un actor que hemos visto en La banda nos visita, La sal de este mar, y las más recientes Costa Brava, Líbano y El caftán azul. El personaje de Sharif, padre de Salim, clave en la historia, es desdoblado en dos intérpretes. Adam Bakri, hermano de Saleh, lo hace cuando es joven que fue uno de los protagonistas de Omar, de Hnay-Abu Assad, y de Ali y Nino, junto a Maria Valverde. Mohammad Bakri lo hace de mayor, un excelente actor, padre de Saleh y Adam, con una carrera extraordinaria junto a Costa-Gavras, Amos Gitai, los hermanos Taviani, y el citado Saleh. Ver una película como Todo lo que fuimos, de Cherien Dabis, no es solamente una lección de historia para ignorantes, sino que es un acto de humanidad que celebra un país secuestrado e invadido como Palestina, y es un acto revolucionario en estos tiempos actuales donde el pueblo palestino ha vuelto a ser azotado ferozmente con un genocidio de violencia y asesinatos impunes. El cine no tiene la capacidad de parar guerras, pero si tiene la capacidad de mostrar a personas y sus historias, por muy oscuras y terribles que sean, así que celebramos una película como esta, porque el cine si sirve de algo es para dejar constancia de lo humano y sus circunstancias. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA