Entrevista a Jonás Trueba e Irene Escolar

Entrevista a Jonás Trueba e Irene Escolar, director y actriz de la película «Tenéis que venir a verla», en los Cinemes Girona en Barcelona, el miércoles 22 de junio de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jonás Trueba e Irene Escolar, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Relabel Comunicación y a Diana Santamaría de Atalante Cinema, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Tenéis que venir a verla, de Jonás Trueba

UN DÍA DE VERANO DESPUÉS DE UNA BREVE NOCHE DE INVIERNO.

“En estos tiempos en los que todo el mundo ansía tener éxito y vender, yo quiero brindar por aquellos que sacrifican el éxito social por la búsqueda de lo invisible, de lo personal, cosas que no reportan dinero, ni pan, y que tampoco te hacen entrar en la historia contemporánea, en la historia del arte o en cualquier otra historia. Yo apuesto por el arte que hacemos los unos para los otros, como amigos”

Jonas Mekas, Manifiesto contra el centenario del cine, 1996

Nunca sabremos dilucidar que partes pertenecen a la vida y qué otras al cine. Quizás la cuestión no va encaminada por ahí, sino que debería darnos igual, porque en el fondo son dos elementos a la par. Es decir: la vida y el cine forman parte de un todo, de una forma de vivir y acercarse a la vida, de mirarla, con sus pequeños detalles cotidianos, invisibles y ocultos, pero que son la verdadera esencia de las cosas. Detenerse a mirar y mirarse y a partir de ahí, construir una película que es un reflejo propio y ajeno de la vida, representarla ante una cámara y registrarla para que otros, los espectadores sean participes de ese trozo de vida, de ese trozo de cine.

El cine de Jonás Trueba (Madrid, 1981), está, como no podría ser de otra manera, íntimamente relacionado con su vida, porque el director madrileño filma su entorno, a sus amigos, donde escuchamos la música que escucha, y leemos los libros que le interesan, donde todo su mundo vital adquiere una transformación cinematográfica. Una vida que mira al cine y se refleja en él. Con Los ilusos (2013), su segunda película, empezó una forma íntima de ser, hacer y compartir el cine. Relatos sobre sus amigos y él, sobre todo aquello que los rodeaba y en especial, la circunstancia obligada, porque la película nacía de una necesidad de devolver al cine su esencia, sus orígenes, en una película que hablaba sobre lo que hace la gente que hace cine cuando no hace cine, toda una declaración no solamente sobre el cine, sino sobre cómo hacer cine. A aquella, que dio nombre a la productora, le siguieron Los exiliados románticos (2015), La reconquista (2016), La virgen de agosto (2019) y Quién lo impide (2021), todas ellas películas que hablan de amistad, de amor, de tiempo, de hacerse mayor, de frustraciones, de (des) ilusiones, de vida y también, de cine.

La pandemia ha afectado a sus dos últimas películas, como no podía ser de otra manera. En Quién lo impide, se iniciaba y finalizaba con una conversación de zoom entre Jonás y sus “adolescentes”, un monumental fresco cotidiano de casi cuatro horas donde se filmaba a un grupo de adolescentes y sobre todo, se les escuchaba. Nuevamente la pandemia ha transformado su nuevo trabajo, Tenéis que ir a verla, todo un no manifiesto ya desde su esclarecedor título. Por un lado, tenemos un aparte central de la trama, porque una de las parejas lanza la frase a la otra pareja amiga en referencia a su nueva casa de fuera de Madrid, a media hora en tren desde Atocha. Y por otro lado, un título que remite al hecho del cine, de ir al cine en las salas de cine, en el que la película en cuestión y el cine de Jonás en general, siempre aboga, y no solo en el hecho de ir a un cine, sino de compartir el cine y disfrutar de ese pequeño gesto que, debido a la pandemia ha provocado que muchos espectadores no vuelvan al cine. Jonás vuelve a contar con sus “Ilusos” habituales, Lafuente en producción, Racaj en cinematografía, Velasco en la edición, M. A. Rebollo en arte, Silva Wuth y Castro en sonido, Renau en gráfica, y sus “ilusos” intérpretes: Itsaso Arana, Francesco Carril y Vito Sanz, y la gran incorporación de Irene Escolar.

¿Qué nos cuenta la última película de Jonás Trueba?.. La trama es muy sencilla, de un tono ligero y cercanísimo, como suele pasar en el cine del director. Empieza en un café de Madrid una noche invierno mientras dos parejas amigas escuchan al genial pianista Chano Domínguez. Escuchamos dos canciones. Luego, escuchamos a las dos parejas. Una, la que vive en una casa fuera de Madrid, le pide a la otra, que vive en un barrio de Madrid, que vayan a visitarles. Seis meses después, vemos a la pareja en un tren camino a visitar la casa de los de fuera de Madrid. Esta vez los personajes de Jonás no van al cine, pero el cine siempre está presente, como esa secuencia en el tren, o ese encuadre cuando llegan a la casa, pero sí que hay esos momentos musicales, como el inicio con música en directo, que remite indudablemente a las canciones del desparecido músico Rafael Berrio, y otras canciones como “Let’s move to the Country”, de Bill Callahan, remitiendo a dejar la ciudad y vivir en el campo. También, hay libros, en este caso, el de “Has de cambiar de vida”, de Peter Slotendijk, del que nos leerán algunos fragmentos, todo un ensayo profundo y analítico sobre las ideologías en este tiempo actual, y la forma de hacer una sociedad más justa, solidaria y equitativa, entre otra muchas cosas.

El día de verano, donde se concentra casi toda la acción, o en el caso del cine de Jonás, podríamos decir el día en que se concentra todo el encuentro o el reencuentro, o quizás, el desencuentro, porque ese día, aparentemente construido con una sorprendente ligereza, hay toda una estructura férrea y profundísima de cuatro amigos, o lo que queda de su amistad, que hablan, también escuchan, de los temas que les atañen como vivir en la ciudad o en el campo, sobre ideologías y lo que queda de ellas, sobre embarazos o no, sobre ellos o lo que queda de ellos, sobre todas esas ilusiones de juventud, de todo lo que la pandemia ha despertado o enterrado, porque sigue tan presente en la película con las mascarillas todavía haciendo acto de presencia. Los cuatro amigos visitan la casa, comen, juegan al ping-pong, y pasean por el bosque, como explica la canción, que quizás no sea volver al campo a vivir o quizás sí, pero también es volver a ser o al menos, parecerse a lo que éramos antes y mejor, aunque esa sea la mayor de las ilusiones.

Tenéis que venir a verla es una película de metraje breve, apenas una hora, suficiente para filmar de forma ligera, transparente e íntima a las cuatro vidas que retrata la película, y hacerlo de una forma tan auténtica, como si pudiéramos tocar la película, olerla y sentirla, despojando al cine de su artificio y dejándolo libre y sin ataduras, como hacían los Rohmer, Tanner, Eustache, las primeras obras de Colomo y Fernando Trueba, Weerasethakul, Miguel Gomes y su reciente Diarios de Ostoga, también parida en pandemia, con muchos trazos, texturas y elementos próximos a la de Jonás, porque como abríamos este texto, el cine y al vida no tienen diferencias, sino todo lo contrario, el cineasta vive y filma, o dicho de otra manera, la vida provoca que se haga cine, un cine de verdad, que hable de nosotros, como hace Jonás, no solo un cineasta genial, sino un excelente cronista vital y sentimental de la gente de su edad, de su entorno y de todas las ilusiones que esperemos que la pandemia no haya acaba por eliminar, porque Tenéis que venir a verla, aboga a volver al cine, los que todavía no lo han hecho, y no solo es una película sobre cuatro personas, sino también, un acto de resistencia, de lucha, de política, de volver al cine, y volver a hacer cine natural, sobre nosotros, sobre todo aquello que sentimos y tan maravilloso. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA