Tea Time (La Once), de Maite Alberdi

A0-cast(base)LOS AÑOS VIVIDOS.

La película arranca introduciéndonos en la preparación de una celebración, a través de planos detalle, asistimos a los últimos retoques de diferentes exquisiteces de repostería, con sus cremas y chocolates, y también, el relleno de panecillos, con el acompañamiento del té que está caliente y listo para ser servido, alimentos que degustarán las cinco mujeres que conoceremos a continuación. El reloj toca las cinco de la tarde, hora exacta en el que aparecen las invitadas a la mesa, una mesa ornamentada y lista para la ocasión. Cinco mujeres: Teresa, Alicia, Angélica, Ximena y Gema, que se conocieron en el Colegio católico de Santiago de Chile donde estudiaron, siguen fieles a su cita mensual de encuentrarse. Ritual, que parece de tiempos pasados, pero que siguen escrupulosamente, desde que salieron del colegio, un ritual que sigue produciéndose desde hace más de 60 años.

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La directora Maite Alberdi (1983, Santiago de Chile) que ya apuntó buenas maneras en su anterior trabajo El salvavidas (2011), vuelve al espíritu que regía su puesta de largo, y se adentra en la intimidad y cotidianidad de unas vidas anónimas en las que construye unos relatos de profunda humanidad y sensibilidad acompañados de grandes dosis de humor. Alberdi rescata un dicho popular chileno “tomar once”, que se dice cuando se queda para merendar, y filma esos encuentros, la intimidad del hogar, y más concretamente en los salones de estas mujeres que rozan o traspasan la ochentena. La directora, nieta de una de sus protagonistas, ha registrado durante cinco años los encuentros de su abuela y sus amigas, construyendo un relato breve (70 minutos) pero en el que a través de las miradas de estas mujeres conocemos un parte de la historia de Chile, filmado en primeros planos y planos detalle, todo lo que se comparte en esas citas. Mujeres de educación católica y conservadora, distinguidas y coquetas, que han llevado unas vidas de imponente moral religiosa y acomodadas de Santiago de Chile. Un retrato femenino, en el que unas mujeres se encuentran y hablan de política, de los cambios sociales, culturales y económicos que ha sufrido Chile a lo largo de más de medio siglo. También, discuten, dialogan, intercambian impresiones, a veces tienen criterios completamente diferentes, pero sobre todo, ríen, ríen mucho, no han perdido el sentido del humor, y las ansias de seguir viviendo y encontrándose con sus amigas del alma.

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Aprovechan las citas mensuales, para hablar de ellas, de sus hijos y nietos, sus enfermedades, recordar a las ausentes, ya sea por fallecimiento o enfermedad, tener un pensamiento para sus esposos, los vivos o los muertos, su vida matrimonial, y sobre todo, hablan de sus inquietudes, de sus miedos e inseguridades, del tiempo que pasaron juntas, del tiempo que murió, el tiempo compartido, y la profunda amistad que las ha unido durante tanto tiempo. También planean excursiones, que Alberdi, en un acierto de guión, sólo nos las muestra mediante fotografías, su campo fílmico se centra en las cuatro paredes de los salones, algún plano de la cocina, pero breve y conciso, se limita a la mesa, mimada al mínimo detalle, y a sus personajes, mujeres acomodadas, distinguidas y de otro tiempo, con ideas y rituales que morirán con ellas, ya nadie, sus predecesores no continuarán con estas citas mensuales. Un tiempo que comparten, desde que eran niñas, un tiempo de amistad, de vida, de muerte, de alegrías e infortunios, de compañía y soledad, de certezas y dudas, viendo a un país que en los últimos cuarenta años ha pasado de la democracia de Allende a la dictadura de Pinochet, para volver a la libertad, otra vez. Una película sencilla y honesta sobre el paso del tiempo, la vejez y sobre todo, la extraordinaria capacidad para seguir viviendo a pesar de la vida, de todo lo que vivimos y lo que nos queda por vivir.

Un amor de verano, de Catherine Corsini

un_amor_de_verano-cartel-6904_0LIBRES PARA AMAR.

“Me di cuenta de que muchas cosas que hoy doy por hechas se las debo a esas mujeres comprometidas y luchadoras […] es más, las mujeres homosexuales hicieron mucho por la emancipación de la mujer en general”.

Catherine Corsini

La película arranca en plena campiña francesa, allí, conocemos a Delphine, una joven que trabaja en el campo junto a sus padres, y mantiene oculta su condición homosexual. El yugo de la vida en el campo la ahoga, y decide irse a París. Nos encontramos en 1971, en plena efervescencia de los movimientos surgidos a raíz de mayo de 1968. Delphine se tropieza con las feministas en plena calle durante una acción (tocan los traseros de los hombres como protesta) acude a sus reuniones y participa en el activismo para reivindicar los derechos de la mujer, se contagia de su vitalidad e insolencia, de la poderosa energía del grupo, bella y desobediente, en el que discuten y gritan en el paraninfo de la Universidad, rescatan a un amigo homosexual de un psiquiátrico, donde sus padres lo han ingresado debido a su condición, e incluso, tiran carne a un médico abortista, mientras lanzan octavillas y piden lo que se les niega, su derecho a ser mujeres libres, el derecho al aborto y disfrutar de su propio cuerpo. En ese ambiente parisino y de lucha política, Delphine conoce a Carole, maestra de español que vive con Manuel, pero el deseo y la atracción que sienten se desata y la pasión las devora, y se enamoran.

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Catherine Corsini (1956, Dreux, Francia) estructura su cine a través de las relaciones amorosas y homosexuales, dibujando personajes oscuros y sometidos a derivas emocionales de gran calado. En su anterior película, estrenada por estos lares, Partir (2009) se detenía en una burguesa casada, familiar y acomodada que mantenía una relación sexual con un español de oscuro pasado. Ahora, en su décimo título de su filmografía, acota la trama en la primavera y verano del 71, adentrándose en los convulsos años políticos de los 70, y en el movimiento feminista que tanto ayudó a emancipar a las mujeres, junto a su coguionista, Laurette Polmanss han rescatado una época de fuerte liberación del género femenino, sus referentes y fuentes de inspiración fueron Carole Roussopoulos y Delphine Seyrig (cineastas y artistas que hicieron películas feministas, de las que reivindican su figura, no obstante las dos protagonistas adoptan sus nombres), y otras figuras femeninas que, desde otros ámbitos, alzaron la voz sobre la situación discriminatoria de las mujeres, sometidas al yugo patriarcal en una sociedad que las silenciaba y las volvía invisibles.

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Corsini mezcla con naturalidad y sabiduría los contrastes de su propuesta, el bullicio y la libertad de París contra la intemporalidad y el aislamiento del campo, a ritmo de temas rockeros del momento de Janis Joplin, Colette Magny, Joe Dassin, y la música de Grégoire Hetzel, aportando el lirismo que pide en ciertos momentos la película. Dos mujeres que se aman, pero que deberán afrontar sus miedos e inseguridades para ser libres y afrontar su amor sin prejuicios. La cineasta francesa construye un relato bellísimo, vital, de pura energía e intimidad desaforada, sigue a dos almas enamoradas que, no sólo deberán luchas por sus derechos en el ámbito social, sino también en su intimidad, vencer los obstáculos reales e imaginarios que las acosan. La película, a través de una forma transparente, que da protagonismo a los personaes y sus emociones, describe la vida en la granja de forma detallista y realista, componiendo una imágenes bellísimas cargadas de una naturaleza absorbente, sin caer en ningún instante en la imagen edulcorada. La opresión del paisaje rural es evidente, la actitud de asfixia que siente el personaje de Delphine, atada por la enfermedad de su padre, y la mentalidad de su madre, y el miedo a mostrar su identidad homosexual en contraposición con la sensación de libertad de Carol, una mujer que ha vencido sus miedos y contradicciones y ha despertado en ella un mujer diferente, descubriendo un amor lleno de vida y deseo. Una pasión que la ha llevado a vivir en el campo con la persona que ama, dejándolo todo.

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Corsini nos sumerge en la vida rural de forma concisa y libre, desnudándonos los prejuicios, y filmando las escenas sexuales de forma sencilla y honesta, capturando la belleza sexual sin tapujos, mostrando esos cuerpos desnudos entre la hierba amándose libres, mientras las vacas mugen y pastan (con elementos que nos recuerdan a la pintura de Renoir o Manet, y el cine de Renoir o la Agnès Varda de La felicidad), sin olvidar ese ambiente cercado y de apariencias formado a partir de tradiciones ancestrales y conservadoras. El gran trabajo del trío protagonista, que contamina de humanidad y sensibilidad la película, con una maravillosa y lúcida Cécile De France, desnudándose física y emocionalmente, a su lado, Izïa Higelin, su tez morena, carnalidad, y aspecto rudo, componen un interesante contrapunto, y finalmente, Noémie Lvovsky, que interpreta a la madre de Delphine, anclada en una vida rural, de trabajo y supeditación marital. Corsini ha construido una historia de amor bellísima, apasionante y real, con su pasión, sexo, miedos, inseguridades y contradicciones, en un contexto histórico de reivindicaciones, acciones, y política, y sobre todo, impregnado por una lucha que, aunque se hayan conseguido muchos derechos, sigue en plena vigencia, porque hay luchas que continúan, y no sólo las sociales sino también las propias.

La Orilla (Beira-Mar), de Filipe Matzembacher y Marcio Reolon

BM-Cartaz-A3-BR-2015BENTRE NOSOTROS.

Dos amigos de la infancia Martín y Tomaz, emprenden un viaje hacía una localidad costera cercana durante el invierno. Allí, Martin tiene el encargo de su padre de visitar a sus parientes paternos para pedirles un documento. Filipe Matzembacher (1988) y Marcio Reolon (1984) son dos cineastas nacidos en Porto Alegre, Rio Grande do Sul, en Brasil (zona ubicada en el extremo sur de Brasil, en el que el clima es frío y la gente más reservada, muy alejada del estereotipo que tenemos de Brasil), y desde que se conocieron en la universidad, mientras estudiaban cine, trabajan juntos en una aventura común, que les ha llevado a infinidad de festivales con sus cortometrajes, trabajos en los que se han detenido en los problemes propios de sugeneración: la amistad, hacerse mayores y la sexualidad. Temas que también forman parte del núcleo narrativo de su primera película.

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Un relato que filma a dos jóvenes durante 48 horas, un par de días, en los que experimentaran diversos conlictos y experiencias emocionales. Los directores han optado por desarrollar una película minimalista, sencilla y profundamente poética, en la que seguimos, a  estas almas perdidas que vagan sin rumbo por la noche, apurando un cigarro, muertos de frío, sin saber muy bien qué hacer, también tienen tiempo para divertirse con amigos, y se pierden a solas en sus pensamientos y en sus cosas. Una película que explora varios niveles de narración, por un lado, tenemos a Martin, que se encuentra con el rechazo familiar, unas personas que apenas recuerda, y se muestran muy hostiles con su presencia, y lo que representa, ese padre ausente, que rehuye enfrentarse a su família, y envia a su hijo. Por el otro lado, Tomaz, que lentamente iremos descubriendo, y conoceremos los sentimientos ocultos que experimenta hacía Martin.

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La cinta, de manera sutil y tranquila, registra ese último viaje de la infancia a la edad adulta, el preciso instante en que dejamos de ser niños para convertirnos en adultos, en la responsabilidad de tomar decisiones, enfrentándonos a los demás, y sobre todo, a nosotros mismos, a preguntarnos por nuestras necesidades y deseos personales, a conocernos y relacionarnos con nuestro entorno y con las personas que lo componen. La película de Matzembacher y Reolon está contada a través de los silencios y el rumor de ese mar que no deja de zumbar, y que siempre tenemos presente, pero que apenas se deja ver, que actúa, al igual que el frío que azota el pasiaje, como refeljo de los sentimientos que inundan el interior de los personajes. Los cineastas se detienen en los tiempos muertos, en esos momentos en que estamos con nosotros, sin nadie más, en esos instantes en que aprendemos a aceptarnos y a descubrir lo que sentimos realmente. A medida que avanza la película, los personajes, distantes al principio, se irán mostrando más cercanos, y mostrando lo que sienten, a medida que van surgiendo los acontecimientos, irán descubriendo que tienen más en común lo que un primer momento creían.

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Una hermosa y cuidada película, contada con suma delicadeza y sensibiliadad, que oculta una hermosa historia de amor, que se erige como una obra que captura de forma brillante y elegante, los momentos íntimos de cada uno de los personajes, a través de una forma basada en la mirada de cada uno de ellos, mostrando los diferentes puntos de vista de los dos protagonistas que nos guían por esta fábula sobre el descubrimiento, el amor y el sexo, que tiene muchos elementos comunes con el cine de Robert Mulligan, y su Verano del 42, el cineasta estadounidense que también su po retratar ese tránsito que se produce cuando empezamos a darnos cuenta que las cosas no son como las veíamos hasta ahora, porque nosotros hemos cambiado y ya no las vemos como las veíamos, el continuo aprendizaje vital y descubrimiento en el que estamo sometidos constantemente, en ese afán por querermos a nosotros mismos, y querer a los demás,  que nos acepten y nos entiendan, un refugio para soportar los avatares emocionales a los que nos tendremos que enfrentar durante nuestra existencia.

Mi «perfecta» hermana, de Sanna Lenken

min_lilla_syster_my_skinny_sister-701289940-largeLAS MISERIAS DEL ÉXITO.

“En el mar del amor. Nadaré hasta ti. Eres tan hermosa y estás en mi corazón para siempre”

Stella tiene 11 años, no muy agraciada, y saca buenas notas. Pero ella adora a su hermana mayor, Katja, que es guapa y una excelente patinadora, y sus padres están encantados. Stella la imita, hace patinaje artístico, pero no está muy dotada para ello, e intenta llamar su atención. Un día, Stella se da cuenta de un terrible secreto que esconde Katja, y la relación entre ambas dará un vuelco inesperado. La puesta de largo de Sanna Lenken (1978, Gotemburgo, Suecia), con experiencia un par de temporadas con la serie juvenil Double life, y trabajos que le han llevado por festivales de todo el mundo.

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Su película se centra en la mirada de una niña de 11 años, en el tránsito de dejar la infancia y entrar en la adolescencia, con todos los cambios que conlleva, y la relación que tiene con su hermana, una relación de amor-odio, y sobre todo, de una idea falsa de cómo tienen que ser los adolescentes hoy en día. Una idea basada en el éxito y la perfección, elementos que nos pueden llevar a los lugares más oscuros y siniestros.Lenken cuenta su película con extrema delicadeza y sensibilidad, el conflicto va apareciendo de un modo sencillo, sin aspavientos ni grandes complejidades, de una forma cotidiana, un problema que va afectando a las dos hermanas y luego, invade de lleno el núcleo familiar. Una película compleja, que se sumerge en el oscuro mundo de las emociones, que explora el difícil mundo de la adolescencia, con todas sus contradicciones y anhelos, centrándose en los problemas de trastorno alimentario, que cada vez atacan sin piedad a los jóvenes que quieren ser las personas que se espera de ellos, y se olvidan, de quiénes son realmente. Dejan de lado sus sueños e ilusiones, para convertirse en seres obsesionados con el estudio o el deporte para ser los mejores, para llegar a más, subir más alto, para finalmente, no encontrar la satisfacción esperada.

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La cineasta sueca filma a sus criaturas optando por la cercanía, en los que podemos seguir sus respiraciones, alegrías o angustias, cierra sus planos, acotando el espacio cinematográfico para no perder detalle de lo que se nos cuenta, en la que el primer plano de los personajes se convierte en protagonista de la acción, invadiendo nuestra mirada. El excelente trabajo de todos los intérpretes, mención especial tienen las dos jóvenes protagonistas que componen a las dos hermanas, Rebecka Josephson y Amy Deasismont (escogidas después de un arduo casting que se alargó un año), que dotan de una gran humanidad y credibilidad a sus personajes. Una cinta que recoge el espíritu de la novela El retrato de Dorian Grey, de Wilde y también, cierto aroma a ¿Qué fue de Baby Jane?, en la que también hay cabida para el humor, que nos habla de secretos, de manipulación y vergüenza, del miedo que sentimos por no llegar a ser quién se espera de nosotros, y en ese mundo oscuro y terrible el que nos adentramos, para seguir siendo esa persona extraña en la que nos estamos convirtiendo, encerrándonos en nosotros y perdiendo la verdadera razón que nos empujó a disfrutar con lo que hacíamos. Una sociedad deshumanizada y perversa que nos obliga a siempre tener éxito y crecer cada día más, sin importar verdaderamente las circunstancias, siempre hacía arriba, olvidándonos de que queremos en realidad y sobre todo, de quiénes somos, de nuestra verdadera identidad y nuestros sueños.

Les amigues de l’Àgata, de Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius y Marta Verheyen

13263875_1226163130736240_3334221520729937491_nROMPER CON LO QUE FUIMOS.

Àgata tiene 20 años y está en primero de humanidades, y sale con sus amigas del cole (Ari, Mar y Carla). Las cuatro comparten amistad, confidencias, bromas, y lo pasan bien juntas. Pero todo va a cambiar, Àgata (el personaje que nos guiará por el relato a través de su mirada, auténtica protagonista de la trama) está cambiando emocionalmente, aunque todo se desarrolla de manera sutil, casi imperceptible, como suele ocurrir con las cosas importantes que nos pasan en la vida, casi sin darnos cuenta, la joven ha conocido otros amigos en la carrera, y cada vez se siente más alejada de las amigas de toda la vida, y más cercana a estas nuevas amistadas. Todo se manifiesta en su interior, los cambios emocionales que sufre nos lo van contando de manera cotidiana, Àgata cada vez se encuentra más ausente de sí misma y experimentando nuevas sensaciones y deseos, está empezando a pensar y sentir de modo diferente, que poco o nada ya tiene que ver con lo que le relacionaba con las amigas de siempre.

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Cuatro directoras veinteañeras, igual que sus criaturas de ficción, que debutan en el largo (Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius y Marta Verheyen) surgidas de la Universitat Pompeu Fabra de la especialidad de Comunicación Audiovisual, promoción 2014, (segundo título nacido en la casa después de la excelente Sobre la marxa – El inventor de la jungla, de Jordi Morató) y auspiciadas por unos padrinos de órdago (Gonzalo De Lucas, Elías León Siminiani e Isaki Lacuesta), en un proyecto producido a través de la plataforma de crowdfunding Verkami, y el entusiasmo, el corazón y el trabajo de un equipo lleno de juventud que ha llegado con ideas, y muchas ganas de hacerse un hueco en este oficio. Las realizadoras nos brindan una película llena de vitalidad, enérgica y emocionante, que desarrolla a través de la cotidianidad de unas jóvenes en la ciudad de Barcelona como telón de fondo (asistimos a sus tardes tumbadas en el césped de cualquier parque de la ciudad mientras charlan de sus cosas, consultan sus móviles y miran facebook, bailamos y cantamos con ellas en garitos oscuros, entre colegas, y llenos de luces y risas mientras van cayendo los cubatas, presenciamos películas en el ordenador entre bromas y angustias, nos sentamos agotados y muertos de sueños en escaleras de un metro que tarda en abrir, viajamos con ellas a una casa de la Costa Brava, en la que quizá sea su último viaje juntas. Momentos que han acompañado a Àgata y sus amigas durante mucho tiempo, instantes irrepetibles de esa infancia y primera juventud llena de plenitud, alegría, fiesta, y algún que otro llanto. Llevan años compartiendo todo eso, pero ahora todo ha cambiado, o ha cambiado para Àgata, sus necesidades y deseos son otros, y lo que antes le llenaba y era el centro de su vida, ahora ya no lo es, no ha ocurrido nada relevante ni un hecho que las haya separado o alejado, simplemente ha sucedido, una ruptura con la niña que fue, un cambio de rumbo, otra manera de caminar, porque los zapatos, aquellos que nos encantaban, ya no nos valen, hemos crecido, hay que cambiarlos por otros nuevos que se adapten mejor a las circunstancias.

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La película de las jóvenes y talentosas realizadoras tiene el latido de retrato de una juventud en continuo movimiento, las dudas de la carrera recién comenzada, o la incertidumbre de un futuro escaso de luz. Un relato eminentemente femenino, que retrata de forma cercana a sus protagonistas y los hechos que se relatan, una manera de filmar sencilla, que capta esa contemporaneidad que se respira en toda la película, es una película de ahora, del instante que se está viviendo, que conjuga y explica de forma natural y honesta esos cambios emocionales que vamos encontrándonos a medida que vamos creciendo. El fantástico cuarteto protagonista (Elena Martín, Marta Cañas, Victòria Serra y Carla Linares) nos brindan unas interpretaciones llenas de entusiasmo, intuición y calidez que tanto desprende el conjunto de la película. Tiene ese aroma de otros retratos femeninos plurales como Picnic en Hanging Rock, Foxes (de la que se ven algunas imágenes, con una jovencísima Jodi foster) Las vírgenes suicidas o la más reciente Mustang, entre otras, cintas que de de una forma u otra, han explorado los conflictos emocionales de esa transición que se produce entre la infancia que dejamos y la primera juventud que nos arrebata la inocencia, y nos conduce por los caminos incipientes de una madurez que llegará en la nos convertiremos en otros, con diferentes dudas, conflictos, deseos y anhelos.

 

Francofonia, de Aleksandr Sokúrov

af_cartel_francofonia_web_9962EL ESPACIO HUMANÍSTICO.

“El cine no puede aún pretender ser un arte y, aunque aspire a serlo, todavía está lejos. Algunos pueden fabular, inventar historias sobre su muerte; yo opino, por el contrario, que ni siquiera ha nacido. Le falta todo por aprender, especialmente de la pintura, porque la apuesta principal es pictórica. La elección más importante para el cine sería renunciar a expresar la profundidad, el volumen, nociones que no le conciernen y que incluso revelan impostura: la proyección ocupa siempre una superficie plana, y no pluridimensional. El cine no puede ser sino el arte de lo plano. Este principio me permite, cuando trabajó en una película, permanecer concentrado en uno o dos aspectos, y dedicar a ellos el tiempo necesario”.

Aleksandr Sokúrov

El universo cinematográfico de Aleksandr Sokúrov (1951, Podorvikha, región de Iskutsk, Rusia) se instala en los espacios de la memoria o las relaciones personales, plantea un cine de fuerte cargada poética que penetra en las profundidades de la condición humana, extrayendo las partes más oscuras y complejas del alma de los individuos que filma, a través de experiencias visuales, que nos convocan a ensoñaciones en las que nos envuelven mundos oníricos, en los que la materia desaparece, para convertirse en un estado imperceptible fuera del alcance de nosotros mismos. Planteamientos artísticos desarrollados en su admirable díptico: Madre e hijo (1996) y Padre e hijo (2003), y no menos su aproximación al poder, mediante tres figuras políticas, en una trilogía: Moloch (1999), sobre Hitler, Taurus (2000), sobre Lenin, y cerrada con El sol (2004), en la que se acercaba a Hirohito. El arte siempre ha tenido un valor importante en el imaginario de Sokúrov, en el 2001, en Elegía de un viaje, filmó en gran parte en el museo Bojmans de Rotterdam, en Holanda. Aunque, el precedente más valioso lo encontramos en El arca rusa (2002), mastodóntica y excepcional obra filmada en el Ermitage de San Peterburgo, con la maravilla técnica de haber rodado en un solo plano secuencia de 96 minutos, en la que introduciéndonos en los diversos espacios del museo reflexionaba sobre la historia de Rusia.

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Ahora, se traslada al museo del Louvre, en París, y nos convoca a un instante crucial de la vida del museo, cuando las tropas nazis entraron en la capital parisina aquella primavera de 1940. Sokúrov plantea una película con múltiples capas narrativas y temporales, que no sigue una estructura marcada, sino más bien, se alimenta de procesos más propios de los vaivenes mentales, en las que coexisten varios aspectos de representación cinematográfica: maneja herramientas propias del cine-ensayo de Marker o Huillet/Straub, como la utilización de material de archivo de la época, mezclado con la ficción que representa aquel instante histórico, el encuentro entre Jacques Jaujard (director del Louvre) con el Conde Franziskus Wolff-Metternich, oficial nazi de la ocupación, además, de filmar mediante dron tomas aéreas en las que vemos el París actual con el museo imponente en mitad de la imagen, actuando como símbolo de la memoria de la humanidad que hay que preservar, y completa con imágenes del propio cineasta (que también actúa como narrador omnipresente) en las que lo encontramos encerrado en una habitación trabajando, en las que reflexiona sobre el arte de nuestro tiempo y su representación, mientras intenta comunicarse con un amigo que capitanea un barco que transporta obras de arte, en medio de una tempestad. Excelente y contundente metáfora que funciona como espejo deformante de la importancia de los museos en el contexto de la civilización.

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Recorremos el museo a través de varios personajes, por un lado, los personajes de ficción, el director y oficial nazi, que defendieron a ultranza las obras del museo, algunas trasladadas a lugares seguros antes de la llegada de los invasores, y otro, el invasor, que acabó fulminado de sus funciones por no obedecer las órdenes de incautar y robar las obras para el Tercer Reich. Por otro lado, nos acompañan dos figuras de la historia francesa, Napoleón, el dictador que pretendía dominar el mundo, y también el arte, que con sus delirios de grandeza observa las obras en las que el mismo protagoniza, acompañado de la Marianne, el emblema de Francia, que asombrada por la grandiosidad de las obras que tiene delante, va exclamando, “Liberté, égalité, fraternité”. Un recorrido asombroso por los pliegues y costuras de la historia del siglo XX, capturado por la excelente luz velada y  etérea del cinematógrafo Bruno Delbonnel (que ya trabajó en Fausto con Sokúrov).

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Una película asombrosa, una obra grandiosa y humanista del experimentado cineasta ruso, dotada de argumentos y reflexiones sobre la preservación del arte como forma de resistencia ante una humanidad acuciada y en constante peligro, no estamos ante una película documental, ni de ficción, ni tampoco sobre el museo del Louvre, sino en una película en la prima la experiencia museística como legado humano, en el que nos sumerge en un espacio de pensamiento sobre el arte, sobre la memoria, sobre nuestro pasado, y por definición, nuestro futuro, una película sobre el valor de la humanidad, sobre lo que somos, también sobre aquellas obras que no consiguieron sobrevivir ante los atentados enloquecidos de la humanidad, también, es una obra sobre nuestro acercamiento a la historia, como la política, y sus malvados intereses, han contribuido a la desaparición de ese gran legado humano, esos testimonios mudos e irremplazables del pasado que nos explican el tiempo pasado y presente, y debemos proteger y conservar como patrimonio de la humanidad como medio indispensable para reflexionar sobre nuestros antecesores, lo que somos, y aquello que nos deparará el porvenir.

Sexo, maracas y chihuahuas, de Diego Mas Trelles

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El mundo del espectáculo está lleno de nombres que en su día fueron grandes,  pero el implacable paso del tiempo los ha ido olvidando, dejándolos ocultos en las grietas de una memoria asfixiada por la actualidad. Xavier Cugat (1900-1990) fue una de esos nombres, nacido en Girona, luego, junto a su familia emigrado a Cuba, donde despuntó como violinista precoz, de allí, guiado por el tenor italiano Caruso, a conquistar la gran manzana, y acabar instalado en Hollywood, en la meca del cine, donde destacó como arreglista y director de sus orquestas, amenizando con ritmos latinos las noches sin fin, primero en la radio, y luego, en clubs, salones de hotel y casinos controlados por la mafia. Su fama y popularidad lo llevó al cine, en el que participó en películas musicales, rodeado de grandes estrellas, en las que hacía de sí mismo y en otras, actuaba. Fue un gran coleccionista de dinero y mujeres, principalmente jóvenes, que descubría, y las convertía en cantantes y bailarinas en sus espectáculos, y sobre todo, amantes (llegó a casarse en cinco ocasiones).

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El director Diego Mas Trelles (argentino de nacimiento, con nacionalidad francesa), fogueado en televisión realizando documentales,  ha rastreado hemerotecas, archivos y filmotecas para rescatar fotografías, imágenes y todo tipo de material para reconstruir la vida y milagros de Cugat, “Cugui”, como lo denominaban en Hollywood. La película se adentra en sus inicios miserables y de fatiga, de emigración, para situarse en su época en Hollywood, en la “Fábrica de sueños”, en ese lugar maravilloso de palmeras, sol, chicas guapas, grandes sumas de dinero, y lujo por doquier. Un mundo dominado por las apariencias y el hedonismo, donde Cugat apareció en el momento justo, con su música, sus ritmos latinos, la rumba como especialidad de la casa, que hacía bailar hasta el amanecer, creando un fabuloso mundo de juegos, colores y diversión que actuaba como vía de escape de una realidad oscura y triste, con miseria, guerras y hambre. Mas Trelles construye su película a través de una estructura lineal, un found footage admirable, de ritmo vertiginoso y lúcido, en el que hay cabida para todo tipo de géneros, el drama, el musical, la novela rosa, y el espectáculo elevado a la máxima potencia. Un retrato humano sobre alguien que creyó en sí mismo, y trabajó para conseguirlo. Del blanco y negro al color, imágenes que nos trasladan a otro tiempo, en el que vemos a un Cugat anciano que va narrando aquellos momentos vividos, y además, escuchamos los testimonios de músicos, historiadores y demás personajes que, de alguna manera u otra, conocieron o admiran a Cugat, y descontextualizan su legado artístico, y su figura en el mundo del show business.

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Un hombre de su tiempo, que era un gran dominador de la escena, tanto dentro como fuera, empresario, y vendedor de su imagen a ultranza, vendió todo tipo de productos con su imagen (era un gran caricaturista), e incluso chihuahuas, todo aquello que se pudiese vender, Cugat lo vendía. Su don de gentes le hizo rodearse de la gente bien posicionada, los nombres legendarios de Rodolfo Valentino, Fred Astiare, Frank Sinatra, Rita Hayworth (que descubrió y bautizó artísticamente), Lana Turner, entre muchos otros, e incluso trabajó para Al Capone, personajes de un mundo ya perdido, olvidado, de un mundo en el que todo era posible, en el que los sueños se hacían realidad, con música, dinero, mujeres y lujo. Una película que rescata de la memoria, y reivindica una figura esencial en el mundo de la música latina, que abrió muchas puertas a otros que vendrían, y además retrata a un “bon vivant”, alguien que se hizo a sí mismo, que se vendió como nadie, y acabó sus días viviendo en el Hotel Ritz de Barcelona, con peluquín y arrugado, resistiéndose a envejecer, vendiendo extravagancias (un toque Daliniano que siempre le acompañaba) moviéndose en un flamante Rolls Royce por la ciudad, explicando sus años en Hollywood, y quién fue, genio y figura hasta la sepultura, al que siempre le gustaba estar acompañado de alguna mujer, aunque no lo amasen, a él le daba igual, porque el si que las amo, vivió en una continua fiesta de dinero y mujeres, como la canción de Julio Iglesias, siempre rodeado de gente y bellas mujeres, huyendo de esa soledad que no le gustaba.

Siria: una historia de amor, de Sean McAllister

resizerEL CORAZÓN HERIDO.

El reputado documentalista Sean McAllister (1965, Kingston upon Hull, Reino Unido) construye un cine humanista, un cine que indaga y penetra de forma íntima en la existencia de personas sometidas a conflictos armados, y cómo afectan a sus vidas, yendo más allá de su oficio de cineasta, implicándose de manera muy personal. Su película arranca en Siria, en el año 2009, donde conocemos a Amer, palestino, y sus tres hijos, que viven separados de la madre Raghda, encarcelada por motivos políticos, el padre, recuerda que 20 años atrás, conoció a su esposa en la cárcel cuando los dos estaban condenados por motivos políticos. McAllister penetra en su intimidad, filma sus pensamientos, reflexiones, miedos… Somos testigos de la situación angustiosa en la que viven, la situación política inunda cada rincón de esa casa, invade sus vidas y sobreviven con la esperanza de que las cosas cambien y puedan liberar a su madre.

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McAllister nos invita a seguirles de un modo tranquilo, y muy honesto, la cercanía que transmiten sus imágenes es digna de un gran observador, que además se implica con aquello que está filmando, lo acogen convirtiéndolo en uno más de la familia, le cuentan lo que sienten y además, dialogan y le piden ayuda. Cuando estallan las revoluciones de la llamada “Primavera árabe”, en la que algunos regímenes árabes fueron derrotados, en Siria, debido a la enorme presión en la calle e internacional, Raghda es liberada y se reúne con su familia. McAllister capta todos estos instantes de felicidad en el seno familiar, e inmediatamente después, el director británico es detenido y la familia, por miedo a nuevas represalias, se exilia al Líbano, y más tarde, encontrarán refugio en Francia. Pronto, los conflictos emocionales se desatan y contaminan todo el ambiente, seguimos de modo íntimo la cotidianidad del hogar, la depresión de la madre, la angustia de los hijos que van creciendo en una vida errante e inestable. McAllister captura las emociones de forma sencilla, y deja espacio para que los propios espectadores escuchen a los personajes implicados, y después, podamos extraer nuestras propias reflexiones.

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El cineasta británico ha realizado un viaje emocional en el interior de una familia siria, en el corazón herido que late con pocas fuerzas, en el drama que viven los refugiados, la nostalgia de la tierra amada, el desgaste del amor, las dudas, contradicciones e inseguridades que nos dominan cuando pasamos por situaciones de peligro, desamparo y desilusionados con el futuro de una guerra que parece no tener fin. Es un relato sobre la ausencia, sobre lo que fuimos, que hacíamos, cómo nos sentíamos, y como la represión y el horror del estado ha borrado todo eso, y nos deja huérfanos de lo que éramos, y ahora tenemos que volver a empezar, construirnos de nuevo, en otro lugar, en otro país, algo muy ajeno a nosotros, y el desgaste emocional que sufrimos debido a todos esos cambios, a esa huida constante de uno mismo, y de todos los demás. Una familia rota, que la mayoría del tiempo está triste, grita en silencio las muertes y la destrucción de su país, el lugar que aman, vivían y el dictador le arrebato todo eso. McAllister filma a esta familia durante cinco años, un grupo humano que pasa por todos los estados emocionales inimaginables, cayéndose y levantándose constantemente, intentando sobrevivir en una situación irrespirable, buscando lo que todos necesitamos y queremos, un poco de paz y alguien que nos cuide, nos ayude y sobre todo, nos quiera.

Fatima, de Philippe Faucon

fatima_100579MADRE EN TIERRA EXTRAÑA.

“Un día mi corazón suspira y al siguiente siente rabia”

Fatima tiene 44 años, es argelina, y vive sola con sus hijas: Nesrine, la mayor, tiene 18 años, es una chica aplicada, obediente y estudiante, y acaba de empezar primero de medicina, Souad, la pequeña, tiene 15 años, es de carácter rebelde e irascible, no estudia, protesta, y además, insulta a su madre. Fatima trabaja de sol a sol como limpiadora de hogar para poder sacar adelante a su familia y ayudar a sus hijas. El cineasta Philippe Faucon (1958, Oujda, Marruecos) lleva más de un cuarto de siglo realizando un cine naturalista, de índole social, en el que explora y reflexiona sobre los problemas de los inmigrantes en Francia, en su mayoría. Ahora, basándose en los poemas, fragmentos y pensamientos de Fatima Elayoubi recogidos en los libros Prière à la lune y enfin je peux marcher toute seule, se ha detenido en un relato sobre mujeres, sobre tres mujeres árabes que viven en Francia, tres generaciones diferentes, la madre, la que emigró buscando una vida mejor, y las dos hijas, ya nacidas en Francia, con otras inquietudes y necesidades.

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Tres formas de vida que conviven, se mezclan, dialogan y discuten, en un contexto social de grandes dificultades, en el que el trabajo es precario, y las escasas oportunidades demandan un gran sacrificio y esfuerzo. Faucon instala su cámara en ese microcosmos de relaciones familiares, en el que conviven el árabe y el francés, el idioma que dificulta las relaciones entre madre e hijas, en los diferentes puntos de vista de cómo afrontar la dura realidad cotidiana, y todos los conflictos que van surgiendo en un ambiente difícil de llevar. Las barreras idiomáticas, las costumbres árabes que chocan contra el estilo de vida y costumbres del país en el que viven, y la compleja situación que genera entre una madre que trabaja hasta la extenuación en un empleo y la hija pequeña que denigra y no acepta esa condición. Una película breve (apenas su metraje alcanza los 79 minutos) contenida, de tono naturalista, en la que Faucon captura de manera sensible y delicada las relaciones, las pequeñas alegrías y los sinsabores que se van generando entre madre e hijas. Las luchas diarias para ser esa persona que quieres ser, y sobre todo, la tenacidad, la valentía y el sacrificio que hace una madre por el bienestar de sus hijas.

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El cineasta francés huye de cualquier sentimentalismo y convencionalismo dramático, su película nace de la necesidad de contar una realidad que viven y sufren miles de personas adultas de origen humilde cuando llegan al país europeo, para alcanzar una vida mejor que la que dejan, aprender otro idioma, las envidias y críticas de los paisanos que no aceptan otro tipo de existencias, y las terribles dificultades para acceder a un mercado laboral deshumanizado y fascista que sólo obedece a los números. El trío protagonista compuesto por Soria Zéroual, actriz no profesional que encarna a esta heroína de corazón noble y carisma de león, Zita Hanrot (que se llevó el revelación en los premios César de la Academia Francesa) actriz en ciernes, que compone un personaje valiente, sacrificado y noble, y la benjamina, Kenza-Noah Aïche, la intransigente y díscola que pasa de estudiar, y sólo disfruta en la calle con sus amigos. Un grupo humano de inusitada capacidad para la interpretación que revela el contenido esencial y sensible que destila la película, una narración sencilla y honesta que muestra una realidad cotidiana, a partir de una mirada sensible y cercana en el que se acerca a los conflictos de forma transparente y humana.

Alcaldessa, de Pau Faus

1e8d6dc02986e7e13576b16a6f372759_XLLA POLÍTICA DESDE DENTRO.

“No oblidem mai qui som, ni per què som aquí”

(No olvidemos nunca quién somos, ni por qué estamos aquí)

La película arranca de forma brillante y demoledora, una mujer (ataviada con una camiseta en contra de los desahucios) friega los platos, de repente, unos antidisturbios tira abajo la puerta e irrumpen en su caso. Le siguen imágenes, a modo de prólogo, cortantes sobre las movilizaciones de la PAH (Platafroma de afectados por la hipoteca), cuna del activismo social de Ada Colau (1974, Barcelona) el hilo conductor que vertebra la película. En uno de esos momentos, unos policías cogen en volandas a Ada Colau, desalojándola de una sentada durante una protesta, al grito de “Sí se puede”, situación que entroncara con otra imagen, que también veremos más adelante en la película, la de una felicísima Ada Colau, el día de su proclamación como alcaldesa de Barcelona, cuando la policía le va abriendo paso en una plaza Sant Jaume abarrotada y delante de una masa enfervorecida. (Instante que recuerda una anécdota de Semprún, explicaba que cuando era Ministro de Cultura, la policía le abría paso  porque llegaban tarde a una inauguración, y comentaba irónicamente con un colega, que en tiempos del franquismo, era al revés, se escondía y huía de la policía). Un viaje parecido es el que ha protagonizado Ada Colau, vecina de Barcelona, y bregada en las luchas vecinales  reivindicando el derecho a una vivienda digna y para todos.

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Con producción de Nanouk films (con Ventura Durall, que además de productor es coguionista, autor de los interesantes documentales El perdón y Bugarach, entre otros). El director Pau Faus (1974, Barcelona) documentalista y artista visual, del que ya conocíamos su película Si se puede. Siete días en PAH Barcelona (2014), no sólo se ha centrado en la figura de Ada Colau, sino que ha introducido sus cámaras en las entrañas de un movimiento social que se inició en las calles, en las movilizaciones contra los desahucios, y en las protestas por una sociedad mejor, más igualitaria, justa y digna. La película empieza 10 meses antes de las elecciones, y finaliza con la investidura de Ada Colau como alcaldesa, y se abre cuando un grupo de ciudadanos decide presentar la candidatura “Barcelona en comú”, con el objetivo de presentarse a las elecciones municipales de Barcelona en mayo del 2015. En ese instante, seguimos este apasionante viaje, donde veremos de todo, con la cabeza visible de Ada Colau, pero rodeado de un equipo de ciudadanos anónimos que invierten su tiempo y trabajo para levantar y hacer crecer una candidatura que represente a los de abajo, que sean visibles, y sobre todo, cambiar las reglas de un juego que ya no funciona, que sólo obedece al capital y se niega a escuchar las necesidades del pueblo. Faus filma todo ese proceso histórico, los momentos íntimos de las personas, enfrascadas en hacer política, en la complejidad que todo eso comporta, en los problemas y conflictos que se van sucediendo, las negociaciones con otras formaciones políticas, la imagen de campaña, los debates para explicar sus ideas, los ataques de los enemigos, las estrategias a abordar, las diferentes opiniones e ideas que se debaten y discuten entre todos, valorando todas las reflexiones, buscando la mejor manera de entenderse por el bien común. También, asistimos a unas sesiones de video diario, a modo de cuaderno de bitácoras, en el que Ada Colau, en primera persona, va explicando sus vivencias cotidianas, sus inseguridades, debilidades, contradicciones y dudas.

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Faus ha construido una película emocionante, viva, libre y apasionante, que recoge el espíritu de Primary (1960, Robert Drew), el maravilloso y aleccionador documento sobre las primarias de Winconsin, protagonizado por los dos candidatos John Fitzgerald Kennedy y Hubert Humphrey, un cine de observación que se adentra en las profundidades de la política, mostrando un retrato íntimo y personal sobre el lado humano de los políticos, ese rostro que se escapa de la actualidad fugaz. La película de Faus se toma su tiempo, es serena,  nos introduce de forma sencilla y honesta en el epicentro del grupo político, con sus aciertos y errores, con las emociones y sentimientos a flor de piel, nos cuenta una verdad que se siente y se puede tocar, no hay trampa ni cartón, huye del panfleto y del maniqueísmo. La película rezuma verdad por los cuatro costados, su narración sigue este viaje desde el activismo hasta las instituciones, en el que la protagonista es una mujer corriente, alguien que lucha contra la injusticia, que se levante ante el poder capitalista, pero también alguien con miedo, con dudas, que se equivoca y que a veces, se siente sin fuerzas, cansada, echando a faltar a su hijo, y con dificultades para tirar pa’lante, pero que tiene un gran equipo de personas a su lado, que la apoya, la asesora, la ayuda a seguir con este viaje histórico, un proceso que la ha convertido en la primera mujer alcalde de Barcelona.