Tea Time (La Once), de Maite Alberdi

A0-cast(base)LOS AÑOS VIVIDOS.

La película arranca introduciéndonos en la preparación de una celebración, a través de planos detalle, asistimos a los últimos retoques de diferentes exquisiteces de repostería, con sus cremas y chocolates, y también, el relleno de panecillos, con el acompañamiento del té que está caliente y listo para ser servido, alimentos que degustarán las cinco mujeres que conoceremos a continuación. El reloj toca las cinco de la tarde, hora exacta en el que aparecen las invitadas a la mesa, una mesa ornamentada y lista para la ocasión. Cinco mujeres: Teresa, Alicia, Angélica, Ximena y Gema, que se conocieron en el Colegio católico de Santiago de Chile donde estudiaron, siguen fieles a su cita mensual de encuentrarse. Ritual, que parece de tiempos pasados, pero que siguen escrupulosamente, desde que salieron del colegio, un ritual que sigue produciéndose desde hace más de 60 años.

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La directora Maite Alberdi (1983, Santiago de Chile) que ya apuntó buenas maneras en su anterior trabajo El salvavidas (2011), vuelve al espíritu que regía su puesta de largo, y se adentra en la intimidad y cotidianidad de unas vidas anónimas en las que construye unos relatos de profunda humanidad y sensibilidad acompañados de grandes dosis de humor. Alberdi rescata un dicho popular chileno “tomar once”, que se dice cuando se queda para merendar, y filma esos encuentros, la intimidad del hogar, y más concretamente en los salones de estas mujeres que rozan o traspasan la ochentena. La directora, nieta de una de sus protagonistas, ha registrado durante cinco años los encuentros de su abuela y sus amigas, construyendo un relato breve (70 minutos) pero en el que a través de las miradas de estas mujeres conocemos un parte de la historia de Chile, filmado en primeros planos y planos detalle, todo lo que se comparte en esas citas. Mujeres de educación católica y conservadora, distinguidas y coquetas, que han llevado unas vidas de imponente moral religiosa y acomodadas de Santiago de Chile. Un retrato femenino, en el que unas mujeres se encuentran y hablan de política, de los cambios sociales, culturales y económicos que ha sufrido Chile a lo largo de más de medio siglo. También, discuten, dialogan, intercambian impresiones, a veces tienen criterios completamente diferentes, pero sobre todo, ríen, ríen mucho, no han perdido el sentido del humor, y las ansias de seguir viviendo y encontrándose con sus amigas del alma.

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Aprovechan las citas mensuales, para hablar de ellas, de sus hijos y nietos, sus enfermedades, recordar a las ausentes, ya sea por fallecimiento o enfermedad, tener un pensamiento para sus esposos, los vivos o los muertos, su vida matrimonial, y sobre todo, hablan de sus inquietudes, de sus miedos e inseguridades, del tiempo que pasaron juntas, del tiempo que murió, el tiempo compartido, y la profunda amistad que las ha unido durante tanto tiempo. También planean excursiones, que Alberdi, en un acierto de guión, sólo nos las muestra mediante fotografías, su campo fílmico se centra en las cuatro paredes de los salones, algún plano de la cocina, pero breve y conciso, se limita a la mesa, mimada al mínimo detalle, y a sus personajes, mujeres acomodadas, distinguidas y de otro tiempo, con ideas y rituales que morirán con ellas, ya nadie, sus predecesores no continuarán con estas citas mensuales. Un tiempo que comparten, desde que eran niñas, un tiempo de amistad, de vida, de muerte, de alegrías e infortunios, de compañía y soledad, de certezas y dudas, viendo a un país que en los últimos cuarenta años ha pasado de la democracia de Allende a la dictadura de Pinochet, para volver a la libertad, otra vez. Una película sencilla y honesta sobre el paso del tiempo, la vejez y sobre todo, la extraordinaria capacidad para seguir viviendo a pesar de la vida, de todo lo que vivimos y lo que nos queda por vivir.

Siria: una historia de amor, de Sean McAllister

resizerEL CORAZÓN HERIDO.

El reputado documentalista Sean McAllister (1965, Kingston upon Hull, Reino Unido) construye un cine humanista, un cine que indaga y penetra de forma íntima en la existencia de personas sometidas a conflictos armados, y cómo afectan a sus vidas, yendo más allá de su oficio de cineasta, implicándose de manera muy personal. Su película arranca en Siria, en el año 2009, donde conocemos a Amer, palestino, y sus tres hijos, que viven separados de la madre Raghda, encarcelada por motivos políticos, el padre, recuerda que 20 años atrás, conoció a su esposa en la cárcel cuando los dos estaban condenados por motivos políticos. McAllister penetra en su intimidad, filma sus pensamientos, reflexiones, miedos… Somos testigos de la situación angustiosa en la que viven, la situación política inunda cada rincón de esa casa, invade sus vidas y sobreviven con la esperanza de que las cosas cambien y puedan liberar a su madre.

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McAllister nos invita a seguirles de un modo tranquilo, y muy honesto, la cercanía que transmiten sus imágenes es digna de un gran observador, que además se implica con aquello que está filmando, lo acogen convirtiéndolo en uno más de la familia, le cuentan lo que sienten y además, dialogan y le piden ayuda. Cuando estallan las revoluciones de la llamada “Primavera árabe”, en la que algunos regímenes árabes fueron derrotados, en Siria, debido a la enorme presión en la calle e internacional, Raghda es liberada y se reúne con su familia. McAllister capta todos estos instantes de felicidad en el seno familiar, e inmediatamente después, el director británico es detenido y la familia, por miedo a nuevas represalias, se exilia al Líbano, y más tarde, encontrarán refugio en Francia. Pronto, los conflictos emocionales se desatan y contaminan todo el ambiente, seguimos de modo íntimo la cotidianidad del hogar, la depresión de la madre, la angustia de los hijos que van creciendo en una vida errante e inestable. McAllister captura las emociones de forma sencilla, y deja espacio para que los propios espectadores escuchen a los personajes implicados, y después, podamos extraer nuestras propias reflexiones.

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El cineasta británico ha realizado un viaje emocional en el interior de una familia siria, en el corazón herido que late con pocas fuerzas, en el drama que viven los refugiados, la nostalgia de la tierra amada, el desgaste del amor, las dudas, contradicciones e inseguridades que nos dominan cuando pasamos por situaciones de peligro, desamparo y desilusionados con el futuro de una guerra que parece no tener fin. Es un relato sobre la ausencia, sobre lo que fuimos, que hacíamos, cómo nos sentíamos, y como la represión y el horror del estado ha borrado todo eso, y nos deja huérfanos de lo que éramos, y ahora tenemos que volver a empezar, construirnos de nuevo, en otro lugar, en otro país, algo muy ajeno a nosotros, y el desgaste emocional que sufrimos debido a todos esos cambios, a esa huida constante de uno mismo, y de todos los demás. Una familia rota, que la mayoría del tiempo está triste, grita en silencio las muertes y la destrucción de su país, el lugar que aman, vivían y el dictador le arrebato todo eso. McAllister filma a esta familia durante cinco años, un grupo humano que pasa por todos los estados emocionales inimaginables, cayéndose y levantándose constantemente, intentando sobrevivir en una situación irrespirable, buscando lo que todos necesitamos y queremos, un poco de paz y alguien que nos cuide, nos ayude y sobre todo, nos quiera.