Entrevista a Sara Gutiérrez Galve

Entrevista a Sara Gutiérrez Galve, directora de la película “Yo la busco”, en el marco del D’A Film Festival. El encuentro tuvo lugar el martes 1 de mayo de 2018 en el hall del Teatre CCCB en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Sara Gutiérrez Galve, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Tarip Porter de Trafalgar Comunicació, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Yo la busco, de Sara Gutiérrez Galve

UNA NOCHE, UNA CIUDAD. 

Parafraseando a Truffaut, y adoptando el título de uno de sus artículos más celebrados, aquel que empezaba con Una cierta tendencia del cine… Podríamos coger una parte de aquella idea y trasladarla al cine que se hace aquí y ahora, porque es característica común que muchas de las películas de debutantes hablan desde una mirada muy personal, hablando de sus vidas y las de sus amigos y entorno, y haciendo claras referencias al propio cine, la música, la literatura, etc… Las películas de Jonás Trueba o Marc Ferrer serían ejemplos de esta idea, así como Les amigues de l’Àgata o Julia Ist, retratos de jóvenes, de sus devaneos sentimentales y sociales, invadidos por el tedio, en algunos casos, o la imposición y carencia económicas, el silencio o la huida ante los conflictos emocionales, o las rupturas interiores que se producen en sus relaciones sentimentales, que suelen ser ambiguas, complejas e inclasificables. Seres que se sienten vacíos, encarcelados en una existencia triste y solitaria, incapaces de expresarse y la imposibilidad de exponer sus sentimientos.

La puesta de largo de Sara Gutiérrez Galve (Barcelona, 1994) surge como proyecto de final de carrera en la Universitat Pompeu Fabra, tutorizada por nombres tan importantes como Javier Rebollo, Mar Coll o el propio Jonás Trueba, convertida en una película sencilla y honesta, en la que la directora, junto a la coguionista Núria Roura Benito, nos propone un retrato de gente de su edad y entorno, y capturando un día en las vidas de sus personajes, una única jornada donde asistimos a una ruptura, una ruptura que se produce en Max, cuando, de casualidad, se entera que Emma, su compañera de piso, se ha cogido un apartamento junto a su pareja. Ese instante de cambio, ese momento en el que la relación que había entre Max y Emma ha pasado a otra situación, la amistad íntima y corporal que se sentían ha quedado rota, aunque Max está afectado, no enfrenta el problema, lo que siente, y decide, de una manera torpe y casi una huida interior, salir a la calle de noche, en busca de no sé sabe qué y a quién, ni dónde.

La directora catalana apoya todo su relato en Max, en la mirada de Max, en esa ruptura interior que está viviendo y sufriendo, capturando ese deambular espectral por la noche barcelonesa, una ciudad oscura y diferente, habitada por personas que le acompañarán o lo evitarán, capturando lo invisible, lo que no vemos, lo que se escapa, aquello que nos sucede interiormente, siguiendo esa mirada rota, como buscando alguien cercano, alguien que le acompañe en su desamparo, en su pesadumbre, en esos sentimientos encontrados, extraños y complejos. La cámara (con esa luz natural y rota de Carlos Rigo Bellver) se engancha a Max y lo sigue, lo escruta y no lo deja en ningún instante. Lo acompañamos por supers de pakis abiertos toda la noche, por pubs donde pasar un rato agradable o no, por calles solitarias en compañía de alguna mujer igual de sola, por trayectos en taxis que desprenden sentimientos distantes, algún kebab en bares pringosos donde se encuentran personas cercanas, compañías poco amables que despiertan recelo, y canciones para olvidar en sitios desconocidos.

Todos los espacios que podemos encontrar en una gran ciudad de noche, donde Max acabará sin muy bien saber porqué, en esta huida nocturna, encontrando ese camino o destino que evite volver a casa y enfrentarse con su problema, con enfrentarse a su ruptura, a esos sentimientos hacía Emma, hacía lo que tenían, a todo aquello que los unía, a esa amistad íntima, casi de pareja, hablando de proyectos futuros que ahora han quedado en suspenso, que están no se sabe dónde. Gutiérrez Galve nos habla de las relaciones actuales, del modo que se construyen y cómo se desarrollan, de amistad o amistades, de amor o amores, de sentimientos y de la incapacidad que tenemos para expresarlos, de hablar de lo que sentimientos a esa persona que nos hace sentir de una manera u otra, de tantas palabras por decir y dejándonos las importantes por decir, de la dificultad de amarse sin ser pareja, de ese instante donde los amigos emprenden caminos diferentes al tuyo, y tú te sientes diferente a tu pesar, a preguntarse dónde irán a parar todas esas promesas que te hiciste o se hicieron los amigos.

Yo la busco es una película fresca, divertida y ligera, porque es profunda sin pretenderlo, porque habla de muchas cosas que ocurren sin subrayados ni discursos, siempre dentro de un lenguaje cercano, de una intimidad que traspasa y dialogando con el espectador continuamente, que navega entre la comedia y el drama, y lo fusiona, lo mezcla, en la que nos habla en susurros de las rupturas interiores que se producen cuando no se dicen las cosas, cuando se oculta lo que sentimos, y de donde nos lleva todo eso, con un protagonista fascinante, seductor y frágil,  como Dani Casellas, este tipo perdido en la noche, y triste, moviendo su soledad por la noche, de aquí para allá, intentando encontrar algo a qué agarrarse, muy bien acompañado por Laia Vidal como esa Gemma, que tampoco sabe si quiere o no quiere, debutantes los dos. Un retrato que nos devuelve el aroma de aquel cine español de finales de los setenta y principios de los ochenta, realizado por Trueba, Colomo o Martínez-Lázaro, entre otros, donde unos personajes inquietos y curiosos por la vida, se perdían en su desazón vital, incertidumbre en el amor, y la complejidad de sus emociones, que iban y venían, sin acabar de saber su origen y causa.


<p><a href=”https://vimeo.com/263135872″>YO LA BUSCO – Trailer (V.O.S.Esp)</a> from <a href=”https://vimeo.com/nanouk”>Nanouk Films</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Mauro Herce

Entrevista a Mauro Herce, director de “Dead Slow Ahead”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 26 de octubre de 2016 en el hall de los Cines Girona en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Mauro Herce, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Eva Herrero de Madavenue, por su paciencia, amabilidad y cariño, que además tuvo el detalle de tomar la fotografía que encabeza la publicación.

Dead Slow Ahead, de Mauro Herce

dead_slow_ahead-923606469-largeEN LA PROFUNDIDAD DEL CARGUERO.

El cineasta Mauro Herce (Barcelona, 1976) que se ha doctorado y de qué manera en el campo de la cinematografía, ejerciendo de director de fotografía en buena parte del cine más irreverente, resistente y a contracorriente que se ha producido en los últimos años en el territorio nacional, con títulos de gran astucia y calibre como Arraianos, Slimane, El quinto evangelio de Gaspar Hauser, A puerta fría, El perdón o Mimosas, cine combativo, de gran fuerza expresiva que cuestiona y se cuestiona las imágenes y su forma de representarlas. Para su primera película como director ha elegido un escenario harto peculiar, nos ha situado a bordo del carguero “Fair Lady” (que hace alusión a la mítica película de Hollywood, en la que un rico transformaba a una vagabunda en una distinguida dama) en medio de su travesía salida desde Ucrania hasta Jordania transportando maíz.

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Herce huye de la película descriptiva de la vida marinera de alta mar, no estamos ante un documental al uso. La propuesta de Herce va mucho más allá, su cámara penetra en el fondo del mastodonte navío, a través de encuadres y planos más propios del cine de género, y más concretamente del campo de la ciencia-ficción o el terror, porque Dead Slow Ahead (título que hace referencia a una orden de navegación traducida como “A toda máquina”) es todo eso y más, una inquietante experiencia fílmica que nos sumerge en un mundo desaparecido, un escenario misterioso en el que se mueven las sombras y fantasmas que vagan sin rumbo en un barco que parece ir a la deriva, en continuo movimiento, con unas máquinas a pleno rendimiento, y un viaje que avanza sin cesar, pero en su interior es todo lo contrario, la quietud y la oscuridad se han apoderado de su ritmo pausado y silencioso, un silencio incierto solo interrumpido por el ruido incesante que procede de su maquinaria, y los pocos diálogos de su variopinta tripulación (que apenas vemos) y las surrealistas comunicaciones vía telefónicas que éstos mantienen con sus familias, a las que no han visto en meses.

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Herce convoca el cine de antes, el cine de los inicios, el cine de espíritu primitivo que se alimentaba de otras artes como el que realizaban Murnau, Lang, Tourneur, entre otros muchos, cineastas que trabajaban con unas imágenes expresivas y pictóricas que eran el eje central de las películas, en que las imágenes iban más allá de la mera representación, para adentrarse en un mundo de sueños, a veces onírico y otras muy real. El realizador barcelonés ha creado una película-experiencia, una cinta de hermosísima ejecución, con unas imágenes muy poderosas y fascinantes, sumergiéndonos en un universo abstracto, en el que las formas desaparecen, y se crean otras diferentes, en el que asistimos a una aventura de espectros, a una alegoría de un mundo desparecido, de los restos de lo que fue, un viaje que parece no tener retorno, en un viaje sin fin, en el que el inmenso carguero avanza sin rumbo, sólo hacía adelante, sin saber porqué motivo y a que se debe ese incesante movimiento hacía ningún lugar, hacía la nada, unos tripulantes que parecen no haberse dado cuenta que quizás el mundo que conocieron ya no existe, se esfumó, y ellos se han convertido en los últimos, pero todavía lo desconocen o se niegan a aceptarlo (algo similar les ocurría a los personajes de El caballo de Turín, de Béla Tarr).

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Una película que recupera el aroma de los viajes crepusculares o espectrales, según se mire,  trayectos en que los personajes que los levan a cabo acaban fundiéndose con el ambiente por el que transitan, un ambiente que acaba devorándolos, creando un único espacio que se nutre de lo que le rodea como ocurre en mucho cine de Herzog, también, recuerda en su apariencia y análisis a Leviathan, de Lucien Castaing-Taylor y Véréna Paravel, que nos contaba de forma realista la cotidianidad de un pesquero. Herce nos invita a mirar con detenimiento, a saborear la estructura y la rugosidad de unas imágenes que nacen desde lo más profundo, acompañadas de una sonoridad absorbente y magnífica, logrando que la experiencia de mirar la película se convierta en un viaje a nuestros sentidos y a lo más profundo de nuestro interior, dejándonos llevar por este viaje que avanza hacia delante, sin detenerse, a toda marcha…

Alcaldessa, de Pau Faus

1e8d6dc02986e7e13576b16a6f372759_XLLA POLÍTICA DESDE DENTRO.

“No oblidem mai qui som, ni per què som aquí”

(No olvidemos nunca quién somos, ni por qué estamos aquí)

La película arranca de forma brillante y demoledora, una mujer (ataviada con una camiseta en contra de los desahucios) friega los platos, de repente, unos antidisturbios tira abajo la puerta e irrumpen en su caso. Le siguen imágenes, a modo de prólogo, cortantes sobre las movilizaciones de la PAH (Platafroma de afectados por la hipoteca), cuna del activismo social de Ada Colau (1974, Barcelona) el hilo conductor que vertebra la película. En uno de esos momentos, unos policías cogen en volandas a Ada Colau, desalojándola de una sentada durante una protesta, al grito de “Sí se puede”, situación que entroncara con otra imagen, que también veremos más adelante en la película, la de una felicísima Ada Colau, el día de su proclamación como alcaldesa de Barcelona, cuando la policía le va abriendo paso en una plaza Sant Jaume abarrotada y delante de una masa enfervorecida. (Instante que recuerda una anécdota de Semprún, explicaba que cuando era Ministro de Cultura, la policía le abría paso  porque llegaban tarde a una inauguración, y comentaba irónicamente con un colega, que en tiempos del franquismo, era al revés, se escondía y huía de la policía). Un viaje parecido es el que ha protagonizado Ada Colau, vecina de Barcelona, y bregada en las luchas vecinales  reivindicando el derecho a una vivienda digna y para todos.

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Con producción de Nanouk films (con Ventura Durall, que además de productor es coguionista, autor de los interesantes documentales El perdón y Bugarach, entre otros). El director Pau Faus (1974, Barcelona) documentalista y artista visual, del que ya conocíamos su película Si se puede. Siete días en PAH Barcelona (2014), no sólo se ha centrado en la figura de Ada Colau, sino que ha introducido sus cámaras en las entrañas de un movimiento social que se inició en las calles, en las movilizaciones contra los desahucios, y en las protestas por una sociedad mejor, más igualitaria, justa y digna. La película empieza 10 meses antes de las elecciones, y finaliza con la investidura de Ada Colau como alcaldesa, y se abre cuando un grupo de ciudadanos decide presentar la candidatura “Barcelona en comú”, con el objetivo de presentarse a las elecciones municipales de Barcelona en mayo del 2015. En ese instante, seguimos este apasionante viaje, donde veremos de todo, con la cabeza visible de Ada Colau, pero rodeado de un equipo de ciudadanos anónimos que invierten su tiempo y trabajo para levantar y hacer crecer una candidatura que represente a los de abajo, que sean visibles, y sobre todo, cambiar las reglas de un juego que ya no funciona, que sólo obedece al capital y se niega a escuchar las necesidades del pueblo. Faus filma todo ese proceso histórico, los momentos íntimos de las personas, enfrascadas en hacer política, en la complejidad que todo eso comporta, en los problemas y conflictos que se van sucediendo, las negociaciones con otras formaciones políticas, la imagen de campaña, los debates para explicar sus ideas, los ataques de los enemigos, las estrategias a abordar, las diferentes opiniones e ideas que se debaten y discuten entre todos, valorando todas las reflexiones, buscando la mejor manera de entenderse por el bien común. También, asistimos a unas sesiones de video diario, a modo de cuaderno de bitácoras, en el que Ada Colau, en primera persona, va explicando sus vivencias cotidianas, sus inseguridades, debilidades, contradicciones y dudas.

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Faus ha construido una película emocionante, viva, libre y apasionante, que recoge el espíritu de Primary (1960, Robert Drew), el maravilloso y aleccionador documento sobre las primarias de Winconsin, protagonizado por los dos candidatos John Fitzgerald Kennedy y Hubert Humphrey, un cine de observación que se adentra en las profundidades de la política, mostrando un retrato íntimo y personal sobre el lado humano de los políticos, ese rostro que se escapa de la actualidad fugaz. La película de Faus se toma su tiempo, es serena,  nos introduce de forma sencilla y honesta en el epicentro del grupo político, con sus aciertos y errores, con las emociones y sentimientos a flor de piel, nos cuenta una verdad que se siente y se puede tocar, no hay trampa ni cartón, huye del panfleto y del maniqueísmo. La película rezuma verdad por los cuatro costados, su narración sigue este viaje desde el activismo hasta las instituciones, en el que la protagonista es una mujer corriente, alguien que lucha contra la injusticia, que se levante ante el poder capitalista, pero también alguien con miedo, con dudas, que se equivoca y que a veces, se siente sin fuerzas, cansada, echando a faltar a su hijo, y con dificultades para tirar pa’lante, pero que tiene un gran equipo de personas a su lado, que la apoya, la asesora, la ayuda a seguir con este viaje histórico, un proceso que la ha convertido en la primera mujer alcalde de Barcelona.