Demonios tus ojos, de Pedro Aguilera

ESE OSCURO OBJETO DEL DESEO.

“Cuidado con lo que ves… puede cambiar tu manera de mirar”

La película arranca de manera brillante, con esa atmósfera oscura e inquietante, que no nos abandonará el resto del metraje, en un breve prólogo que deja claro las intenciones del protagonista como de la película que acabamos de empezar a ver. En una noche, en un tren, un director de cine que, viaja acompañado de su novia, duerme. Se despierta y observa a una mujer mayor que comienza a grabar con el móvil, la mujer se levanta molesta y se va. Inmediatamente después, un periodista lo entrevista y le pregunta sobre cuando perdió su inocencia, y Oliver, que es como se llama el cineasta, le explica una historia de niño cuando murió accidentalmente su mascota. A partir de ese instante, y después de visionar un video sexual explícito de Aurora, su hermanastra pequeña, siente la necesidad de viajar a su encuentro en Madrid. La tercera película de Pedro Aguilera (San Sebastián, 1977) explora los límites del deseo, las perversiones oscuras y demoledoras que nos atrapan y nos arrastran hasta lugares oscuros y profundos, también remite a nuestra forma de mirar y relacionarnos con las imágenes, en un mundo contaminado y devastado de vídeos que muestran con vehemencia la intimidad de cualquiera, donde nuestra vida y nuestros cuerpos están expuestos a lo público, observados por múltiples miradas desconocidas.

Aguilera ya había dado cuenta de su talento con La influencia (2007) donde seguía los pasos de una madre perdida, sin nada que intentaba salir adelante con la ayuda de sus hijos, le siguió Naufragio (2010) en la que se adentraba en la dura existencia de Robinson, un sin papeles que se buscaba la vida en una España vacía y sin sentimientos. El cineasta donostiarra sigue acercándonos a personajes a la deriva, náufragos de nuestro tiempo, personas buscándose a sí mismas, sin rumbo fijo, de pasados turbulentos y terribles, que hacen todo lo posible por relacionarse de manera sana con los demás, aunque muy raras veces lo llegan a conseguir. Oliver es un tipo que se presenta en Madrid, después de muchos años de ausencia y casi sin saber nada de su familia, dice que anda buscando la inspiración para su próxima película, o anda buscándose a sí mismo, o quizás ambas cosas a la vez, quién sabe. Fascinado por la belleza e inocencia de Aurora comienza a espiarla a través de una cámara que filma su habitación. Oliver mira las imágenes que descubren la intimidad de Aurora, en un provocador y perverso juego de voyeur, en el que no puede dejar de mirar e inquietarse con aquello que ve.

La inocencia imperturbable de Aurora se ve amenazada por el deseo animal y visceral de Oliver que lentamente va traspasando los límites del simple voyeur para traspasar la pantalla y adentrarse en ese mundo prohibido, inmoral y siniestro que representa Aurora. La forma en la que miramos las imágenes, nuestro imaginario, y la fantasía que nos provocan estas imágenes son la parte estructural de la película de Aguilera, una cinta que juega a los contrastes, desde su peculiar formato, el 1:33, y esa imagen, más propia del cine setentero o principios de los ochenta, donde los colores vivos se mezclan con la oscuridad de la noche, donde parecen suceder todas las perversiones que no pueden controlar sus personajes. El director nos encierra casi en las cuatro paredes de esa casa acomodada de las afueras, de familia con pasado turbio, con un padre en común, que se mueve entre lo afable y lo siniestro, y unas vidas en tránsito, donde nada es lo que parece y los más bajos instintos se ocultan bajo el amparo de la comodidad de la intimidad.

Una película que nos devuelve el cine que transita por nuestros más bajos instintos sexuales y depredadores de la condición humana, remitiéndonos a títulos como Peeping Tom (donde los rostros femeninos asesinados provocaban el placer del individuo) o la atmósfera terrorífica de juegos eróticos de las películas de Hitchchock como Vértigo (donde el protagonista se sentía fascinado por resucitar a una muerte)  Psicosis (en el que el torturado Norman Bates era un mirón que acababa con las vidas de las mujeres que despertaban su deseo) e incluso La sombra de una duda (donde la amenaza de un tío dejaba a su sobrina a su merced), o el deseo sexual reprimido del cine de Buñuel como Belle de jour, Susana (Demonio y Carne) o Ese oscuro objeto del deseo (que curiosamente también arrancaba en un tren), o los viajes psicóticos de Arrebato, de Zulueta, donde el cine transformaba a sus espectadores llevándolos a traspasar la imagen y formar parte de ella, o el cine español de los sesenta, y sobre todo de los setenta, en sus relatos de tipos amargados reprimidos sexualmente, sin olvidarnos de cierto cine underground, donde el sexo es un motor de desinhibición y escapismo ante las frustraciones vitales,  o las películas más oscuras y tenebrosas de Almodóvar como La ley del deseo o Los abrazos rotos (con el cine como motor de oscuras perversiones) o La piel que habito (en el que un ser atormentado emprendía una venganza siniestra).

Una pareja protagonista de altos vuelos interpretados por los estupendos Julio Perillán (con ese aspecto varonil, animal y misterioso, de lobo hambriento, que se adentra en el bosque para seducir lo prohibido) e Ivana Baquero (la lolita frustrada en una relación monótona con un novio pavo que descubre junto a su hermanastro cineasta las perversiones sexuales más oscuras). Aguilera nos invita a un cuento erótico, a cine dentro del cine, una fábula de cazadores, de pasiones desatadas, y deseos que se buscan irremediablemente, que destila una sensualidad desbordante, de calor sofocante, de cuerpos calientes, y sentidos a flor de piel, en un inquietante juego sexual en el que desconoces quién atrapa a quién y quién busca a quién, donde todo se mezcla y los dos hermanastros se sumergen a un perverso descenso a los infiernos en el que no hay vuelta atrás, en este viaje endiablado hacia el interior, en el que no existen fronteras ni límites, en el que tampoco hay luz, sólo oscuridad y tinieblas,

Análisis de sangre y azul, de Blanca Torres y Gabriel Velázquez

poster_20170231_ok_72EL ESPECTRO DEL VALLE.

En 1997, José Luis Guerín realizó Tren de sombras, una película mágica, reveladora y fantástica, que evocaba no sólo al cine de los orígenes, sino que imaginaba a unas gentes, un tiempo y un lugar perdidos en la memoria que, a través de la tecnología, volvía a revivir delante de nuestros. La película de Blanca Torres (Zaragoza, 1977) y Gabriel Velázquez (Salamanca, 1968) que lleva por título Análisis de sangre y azul, es hija de la película de Guerín, perdiéndose en los límites del tiempo y filmando como nuestros ancestros, utilizando las mismas técnicas y las mismas pulsiones artísticas que devoraban a aquellos cineastas primitivos y amateurs.

Velázquez arrancó su filmografía dirigiendo cortos que le valieron el reconocimiento de los festivales, luego, fue guionista del documental De Salamanca a ninguna parte (2002), que recogía las famosas conversaciones de los cineastas españoles de la citada ciudad a mitad del siglo pasado, que dirigió Chema de la Peña, con el que codirigió Sud Express (2006), una road movie que mezclaba historias cotidianas y sociales entre los viajeros de un tren. Dos años después, con la guionista Blanca Torres, dio un giro a su carrera con Amateurs, a la que siguió Iceberg, en el 2011, y Ärtico, en el 2014, todas ellas historias protagonizadas por adolescentes, en ese tránsito entre la inocencia y la edad adulta, en la que a través de un corte social y comprometido, investiga todos los conflictos y necesidades dentro de unos ambientes deprimidos y tristes, con una hábil mezcla de documental y ficción.

asa_internos-sanatorio-3

En esta nueva aventura, nacida de Torres (debutante en la dirección) en la que firman juntos por primera vez la dirección, se embarcan en un viaje hacia el pasado, provistos de cámaras de super8, filmaron en los Pirineos aragoneses una película de los años 30, concretamente arranca en los primeros días de 1933, cuando el Dr. Psiquiatra Pedro Martínez encontró en el Monte Perdido a un hombre de aspecto extranjero de melenas y barbas largas rubias, y tez pálida, un individuo que desconocía su nombre y que hacía allí, sólo habla inglés, y así fue como lo bautizó el doctor, “El Inglés”. Lo recogió y lo ingresó en el sanatorio mental que regentaba, un centro en medio de un valle perdido. Allí, fascinado por el descubrimiento, empezó una serie de experimentos científicos para conocer su estado mental y físico. El inglés, rodeado de otros enfermos, actúa como un aristócrata y se muestra muy amable con el género femenino. El tiempo va pasando y el Dr. Sigue filmando sus películas domésticas/científicas (emulando a otro colega, el Dr. Charcot y sus famosas fotografías de las histéricas de Salpêtrière), y analizando a sus pacientes y estudiando sus reacciones y actitudes.

asa_los-pirineos

Torres y Velázquez han construido una cinta que evoca el espíritu de las películas de Murnau, con ese aroma de misterio, ciencia y fantasía, así como a Las Hurdes. Tierra sin pan, de Buñuel, el documento fascinante y terrorífico que realizó allá por el año 1932 sobre una tierra aislada, miserable y anclada en la servidumbre del caciquismo. Los cineastas no sólo escenifican de manera prodigiosa aquellas filmaciones de antaño, sino que su película también funciona como un documento antropológico y etnográfico sobre las zonas perdidas de los montes. El super8, y algunas filmaciones en 16 mm de la época, y el blanco y negro velado, aparecen en el formato de 4 tercios, con las consiguientes ralladuras y demás imperfecciones en la película que vemos, creando un ambiente de fascinación que mezcla la naturaleza bellísima del entorno con las películas de misterio y terror, pobladas de fantasmas y seres de otro mundo, que se filmaban por aquellos años.

asa_los-nin%cc%83os-2

Dividida en dos segmentos, el primero abarca meses de 1933, y el segundo, arranca en 1938, cuando El Inglés que se acabará haciendo llamar Sr. Valdemar Torn, en una especie de mesías que viene a anunciar un nuevo mundo, adopta una nueva identidad y una nueva vida, en la que asume su condición de semental de la institución, después que los hombres hayan huido por miedo a ser reclutados en la Guerra Civil. Las filmaciones cesan en 1942, cuando en una de esas excursiones tan apreciadas por el Dr., El inglés, desparece y nunca más se supo de él. Torres y Velázquez han construido una carta de amor al cine, a los primitivos, a sus imágenes y a los orígenes de una técnica, siguiendo los preceptos de la época, en la que han contado con el actor sueco Anders Lindström y el grupo de teatro Arcadia, que rehabilita e integra a enfermos de salud mental (una experiencia parecida al del cineasta Bruno Dumont que en Camille Claudel 1915, situó a Juliette Binoche rodeada de enfermos mentales para contar la desdichada existencia de la famosa escultora), en la que interpretan a unos personajes objetos de las filmaciones de una película a contracorriente, bellísima y que nos traslada a las primeras imágenes, unas imágenes inocentes y naturalistas, en las que el tiempo, el espacio y los personajes parecen detenidos, envueltos en el ensimismamiento de sus miradas y gestos capturados por la cámara.


<p><a href=”https://vimeo.com/188161633″>TRAILER AN&Aacute;LISIS DE SANGRE AZUL</a> from <a href=”https://vimeo.com/user16762804″>Gabri Vel&aacute;zquez (GA)</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Andrés Duque

Entrevista a Andrés Duque, director de “Oleg y las raras artes”. El encuentro tuvo lugar el martes 22 de noviembre de 2016 en los Jardines del recinto de la Escuela Industrial en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Andrés Duque, por su tiempo, generosidad, amistad y cariño, a Eva Calleja de Prismaideas y Pablo Caballero de Márgenes, por sus complicidades, amabilidades, paciencias y cariño, y al estudiante transeúnte, que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación.

Las plantas, de Roberto Doveris

las-plantas-posterLA INVASIÓN DE LOS CUERPOS.

“Todo se detiene, el tiempo se paraliza. Es hora de dormir, es tiempo de soñar. Porque nadie puede estar despierto hoy. Nadie puede ser testigo de lo que va a ocurrir aquí. Nada puede detener lo que está predestinado. La fiesta nacional el sueño ha comenzado. Todos duermen en Buenos Aires, menos nosotras, las plantas nocturnas. Llegué un poco tarde a la fiesta. Así que esto era la fiesta nacional del sueño? Todos duermen. Aviones de guerra. Que hacen acá? Nosotros estamos en medio de todo es y juntos somos únicos, somos únicos…”

Florencia tiene 17 años, acude al instituto y es un amante del anime y del baile que ensaya con un par de amigos. Además, visita a su madre hospitalizada y cuida de su hermano vegetativo. La existencia de la adolescente es cotidiana, aburrida y solitaria, las visitas de sus amigos apenas llenan el vacío de una vida no completa, en la que sus familiares ausentes, por un lado, y una casa con jardín, vacía y casi sin vida, por el otro, no acaban de completar la falta que tiene la vida de Florencia.

las-plantas_13

El cineasta Roberto Doveris, natural de Chile, aborda en su primer largometraje, un tiempo de transición, un tiempo de cambios, de descubrimiento, en el que Florencia pasará de ser una niña a coger las riendas de su vida y sobre todo, su cuerpo y sexualidad, afrontando los retos de cuidar de un hermano inerte, y de experimentar con sus deseos más íntimos, como vía de escape de esa existencia en el que las horas parecen pesar y los días se mantienen quietos, parados, como si el tiempo hubiera pasado de largo de su vida. Doveris plantea un relato íntimo y cercano, en el que las acciones repetitivas de sus trayectos al instituto, las horas compartidas con sus amigos, o las salidas con éstos, forman parte de algo que no acaba de hacer sentir a Florencia lo que debería. Doveris filma todos estos momentos desde la distancia, con planos y encuadres no frontales, siempre desde una perspectiva en la que los objetos o la poca luz invaden el espacio, como si fuésemos testigos ausentes de esa vida que ya no avanza, que se ha quedado detenida. Florencia descubrirá en internet, y a través de chat calientes, una forma de ser ella misma, de penetrar en un mundo oculto, donde dejarse llevar por sus deseos íntimos, en el que los jóvenes se masturbaran ante ella, a través de un cristal, sin atreverse a abrir la puerta y tocarse, ir más allá, dejarse llevar por un mundo que le atrae, pero también, le produce inquietud.

las-plantas_12

El cineasta chileno nos cuenta su cinta de manera pausada, sin sobresaltos ni estridencias, siguiendo a su criatura, el drama, que lo hay, es sutil y preciso, planteando una película que coquetea con lo social, el género fantástico, a través del universo paralelo que se plantea a través del cómic, una aventura en la que las plantas poseen el cuerpo de los humanos, algo así como ocurría en el clásico de serie B, La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1956), en que la ficción es capaz de producir lo que la realidad no admite, en el que el estatismo de su vida, de su casa y su hermano, adquieren vida y movimiento. Doveris ha construido una película iniciática, con el aroma de Verano del 42  o No amarás, pero con la salvedad que aquí el objeto de deseo no  es una mujer, sino un hombre, aquí es la niña-mujer (magnífica la interpetación de la joven Violeta Castillo, que a través de su mirada, su rostro y su cuerpo se convierten en el motor del relato) que experimenta su sexualidad, a través de esos encuentros en los que muestra su cuerpo y sus partes sexuales, experimentando un mundo a través del juego de la seducción y la pasión, en el que descubrirá un mundo nuevo, un mundo en el que las cosas pueden ser de otra manera, en el que la realidad no cuesta tanto, en el que su entorno parece con otro color, más vivo, más suave, en la que los sentidos adquieren su protagonismo, apartándose de esa realidad gris y oscura, y demasiado triste.


<p><a href=”https://vimeo.com/195323832″>Las Plantas</a> from <a href=”https://vimeo.com/filmburo”>Film Bur&oacute;</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Chevalier, de Athina Rachel Tsangari

Chevalier_poster_cat_ok¿QUIÉN LA TIENE MÁS LARGA?.

En La gran comilona (1973), de Marco Ferreri, cuatro amigos burgueses se encerraban en una casa para comer y fornicar hasta la muerte. Ferreri describía un capitalismo agonizante, y perdido en el más asoluto de los vacíos, un estado que sólo podia alimentarse a través de la avarícia, la gula y la lujuría, para soportar el irreparable tedio del que todo lo tiene e incomprensiblemente, le falta lo que ya no sabe. Athina Rachel Tsangari (Atenas, Grecia, 1966) cuarenta años después del artefacto satírico de Ferreri, aborda el capitalismo valiéndose también de un grupo de amigos, en este caso seis, seis almas que se encierran en un lujoso yate, en medio del Mar Egeo, donde dirimen sus cualidades físicas, a través de juegos y desafíos  que se disputan entre ellos. Con la colaboración en la escritura de Efthymis Filippou (guionista, entre otras, de Canino, Alps o Langosta, todas ellas dirigidas por Yorgos Lanthimos, y producidas, las dos primeras, por Tsangari). Tsangari que en su primera película Attenberg (2010), retrataba de forma cruda la vida de la joven Marina que, hastiada de todo, evitaba cualquier contacto humano, refugiándose en sus deseos más profundos.

chevalier_01

Ahora, sigue el camino iniciado, aunque ahora su entorno ha cambiado, nos muestra la Grecia alejada de la postal turística, y se desplaza hasta la Grecia ajena a la crisis económica, la de aquellos burgueses que, aburridos de sus vidas y sus preocupaciones, compiten por placer a ser mejor que el otro, sumidos en una estúpida competición, como lo suelen ser todas, por otro caso, en la que se ponen en juego sólo las cualidades físicas. Aquí, la intelectualidad ha desaparecido, no tiene cabida en este ambiente. El paisaje de la burguesía de nuestros días, no anda muy lejano a lo que plantea Tsangari, ese barco que navega para el placer y el hedonismo, donde no hay rastro de cultura ni valores humanos, sólo hay espacio para competir absurdamente y erigirse en el mejor que el contrario, y de esta manera convertirse en el líder al que todos seguiran y admiraran como ejemplo. Tsangari construye una película mordaz y extremadamente ácida, sus planos y encuadres transmiten el absurdo y la idiotez de este grupo, a cual más cretino y narcisista, cuestiona la masculininidad desde aspectos de servidumbre y patetismo, en una carrera sin cabeza para demostrarse, y sobre todo, demostrar a los demás, esa fuerza bruta carente de sentimientos, siguiendo los estereotipos de jefe de la manada, un tipo de hombre aburguesado que ha encontrado en el capitalisme más feroz y sangrante una manera de materialitzar sus instintos más bajos, en una existencia completamente vacía, rodeada de dinero, placer y tedio.

chevalier_07

La propuesta de la realitzadora griega no es nada convencional, su juego no tiene términos medios, o gusta o no, su mirada es desoladora y brutal, describe de forma sencilla y honesta a sus personajes, esas almas enfrentadas no al otro, sino a sí mismos, el de demostrarse continuamente que pueden superarse y ser mejores, aunque sea en los juegos o pasatiempos más absurdos e inútiles, en una espiral sin sentidcomo los que juegan a lo largo del metraje, aunque quizás la secuencia que mejor define la propuesta de Tsangari es aquella en que los hombres compiten a ver quién monta el mueble tipo Ikea en la mayor brevedad posible u otro, en el que uno de ellos reivindica su erección y el tamaño de su pene. Hay tiempo para momentos de total absurdidad como el número musical que se marca uno de ellos (que no desmerece en absoluto al que protagonizaban las dos Hermanas siniestras de Canino).

chevalier_04

Tsangari  ha creado una película valiente, desoladora y crítica contra una sociedad deshumanizada y a la deriva, que no encuentra nada que valga la pena, en la que después de amasar dinero y todo tipo de bienes materiales, luego, no hay nada que hacer, no se les ocurre nada útil hacia los demás y lo que les rodea, sólo tienen tiempo para medir las fuerzas con el otro, al que convierten en un contrario, una especie de amenaza al que hay que ganar, humillar y reirse de él, en una existencia muy vacía y tediosa, que ha encontrado en la competición una manera de llenar esa existencia sin expectativas humanas ni nada que se le parezca. El cine de Tsangari recupera elementos del cine de Lanthimos, haciéndolo a través de la descripción distante de lo que retrata y una profunda mordacidad en las situaciones dramáticas que plantean, que sobrepasan la realidad para convertirse en artefactos surrealistas que retratan unos personajes y un entorno devastadores, aunque también, podríamos decir que, el cine contemporáneo griego ha sabido transmitir las miserias de este capitalismo en crisis y la falsedad de esta Europa unida en hermandad, no ahondando en ejercicios sobre la crisis y los problemas sociales de los habitantes, de un modo realista, sino de otro modo, en comedias absurdas y siniestras, donde las cosas parecen suceder dentro de un orden establecido y complaciente, pero nada más lejos de la realidad, en el fondo, si nos detenemos a mirar esa aparente felicidad, encontramos la mugre y el hedor más repugnante de la compleja, oscura  y profundidad del alma humana.

Entrevista a Isaki Lacuesta e Isa Campo

Entrevista a Isaki Lacuesta e Isa Campo, directores de “La próxima piel”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 19 de octubre de 2016 en el hall de los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Isaki Lacuesta e Isa Campo, por su tiempo, generosidad, amistad y cariño, a Sandra Ejarque y Ainhoa Pernaute de Vasaver, por su paciencia, amabilidad y cariño, y a mi querido Óscar Fernández Orengo, que tuvo el detalle de tomar la fotografía que encabeza la publicación

Entrevista a Mauro Herce

Entrevista a Mauro Herce, director de “Dead Slow Ahead”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 26 de octubre de 2016 en el hall de los Cines Girona en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Mauro Herce, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Eva Herrero de Madavenue, por su paciencia, amabilidad y cariño, que además tuvo el detalle de tomar la fotografía que encabeza la publicación.