Entrevista a Meritxell Colell

Entrevista a Meritxell Colell, directora de la película “Con el viento”, en la cafetería del Hotel Ibis en Barcelona, el viernes 16 de noviembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Merixtell Colell, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Xan Gómez de Numax Distribución, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Con el viento, de Meritxell Colell

MÓNICA Y SU FAMILIA.

La película se abre de forma abstracta y ambigua, en la que vemos a Mónica ensayar una coreografía que la hace ir y venir con movimientos rápidos y bruscos, donde su respiración se mezcla con sus agitaciones corporales. Corte a Mónica caminando de forma agitada por las calles de Buenos Aires con una cámara que se mantiene muy cerca, encima de ella, donde los planos nerviosos y rápidos se amontonan uno tras otro. Sigue a una cena entre amigos distendida. Suena el teléfono, Mónica lo coge, y su hermana Elena le comunica que el padre se está muriendo. Mónica, sin dudarlo un instante, emprende viaje a un pequeño pueblo de Burgos a reunirse con su familia y sus raíces. La puesta de largo de Meritxell Colell (Barcelona, 1983) es una película ambientada en el mundo rural, donde Mónica se reencontrará, no solo con la familia que dejó hace años para convertirse en una bailarina reputada, sino también con sus raíces, aquellos espacios y objetos que formaron parte de su infancia, un tiempo alejado, extraño, como si otro lo hubiese vivido, como si nunca hubiera existido. Mónica es una extraña en ese lugar, alguien que ha perdido el vínculo con esos espacios rurales, con esa casa fría, y con esa forma de vida ancestral que el tiempo está borrando. La muerte del padre y la idea de vender la casa, contribuirán que la relación de Mónica con su familia adquiere elementos diferentes, porque todo ese mundo que le rodea ha comenzado su epílogo, su despedida, casi sin tiempo para volver a relacionarse con la tierra, la casa, su madre y los demás, con ese viento fiel y violento que acompaña  esa atmósfera de silencios y soledad.

La cineasta barcelonesa de raíces burgalesas, hecha la mirada atrás, a su propia infancia, no obstante dedica la película a sus abuelos, para contarnos una herida, una ruptura entre Mónica y su familia, un hilo roto entre el tiempo ausente de Mónica y el tiempo vivido entre esas cuatro paredes cuando Elena, su hermana, y Berta, su sobrina, se hicieron cargo de un padre enfermo. Un tiempo que Mónica, con los días de inviernos que pasa junto a su madre y sus raíces, y las visitas de la hermana y sobrina, tendrá que aproximarse a él desde la quietud, desde lo más profundo de su alma, en silencio, expresando con su cuerpo y su baile, todo aquello que no se puede expresar en palabras, porque no se encuentran o no existen. Colell apoya su relato en el rostro y el cuerpo de Mónica, arrancando con una forma nerviosa y enérgica, de planos cortos y rápidos, una dramaturgia que irá dejando paso a planos secuencia más largos, donde la cámara dejará de ser testigo inmediato para convertirse en observador paciente y certero, convirtiendo este drama femenino de cuatro voces, íntimo y muy personal, en una disección profunda y sobria sobre la condición humana y sobre la (re) construcción de los lazos familiares.

La cinta fusiona de forma natural y magnífica dos mundos, uno vivo y enfrentado, con  las relaciones difíciles y calladas entre las hermanas, en las que existe todo un mundo de separación, y la madre y sobrina, y otro mundo, aquel que de forma antropológica nos retrata esa vida que se extingue, que desaparece, que muere junto al abuelo fallecido y con la venta de la casa familiar, como el toque de campanas a muerto, lavarse el pelo con cazos, recoger patatas, cortar y apilar leña, plantar cebolletas, o toda una serie de objetos que pertenecen a otro tiempo, otro instante que albergó esa casa, como la máquina de hacer chorizos, los arreos propios del trabajo con el trigo o las albarcas, que cómo bien dice la abuela, de poco sirven en la capital. Una relación íntima y personal con unos objetos que ya dejaron de existir, que tuvieron su tiempo, y ahora se encuentran amontonados y llenos de polvo, objetos que las nuevas generaciones como la nieta quiere conservarlos, mientras la abuela quiere desprenderse de ellos, porque sabe que su tiempo de utilidad dejó de tener vida.

Colell ha hecho una película hermosísima y llena de detalles, en la que cimenta este  pequeño y cercano universo de forma natural y concisa, mirándolo de forma honesta e íntima, sin caer en sentimentalismos ni nada que se le parezca, ya desde la ausencia de música extradiegética, sólo algunos temas, pocos, un viejo bolero o algún que otro tema clásico que acompaña a las danzas, una de Pina Bausch y otra, que sólo escucharemos. Los sonidos que escuchamos son aquellos propios de la naturaleza y domésticos, y los pocos diálogos que tiene la película, consiguiendo de esa forma ese entramado emocional de miradas, gestos y detalles por los que camina la película, en un tempo cinematográfico que irá, a medida que avanza el metraje, adquiriendo ese poso reposado, sin prisas, y sin pausa, donde la directora va cociendo a fuego lento la telaraña de relaciones y vínculos familiares que se van tejiendo a poca luz y con paciencia. La magnífica luz que nos atrapa en esa atmósfera sensible y violenta emocionalmente hablando, obra de Julián Elizalde (que también estuvo en Penélope o Las distancias, películas de reencuentros y roturas emocionales entre familia o amigos) y Aurélie Py, consiguen acercarnos de forma sencilla a ese universo de desayunos tranquilos, de partidas a la brisca, o de noches de deseos, donde los habitantes son parcos en palabras y más en gestos.

El extraordinario montaje de Ana Pfaff (imprescindible su mirada en este tipo de relatos íntimos, cargados de profundidad emocional, donde el detalle adquiere una dimensión muy profunda) contribuye a tejer con sensibilidad todo el entramado visual y emocional que arroja la película, construyendo de forma íntima toda la poesía y vida que respira el relato, conmoviéndonos desde lo más profundo, desde aquello que sentimos, donde se tejen con delicadeza los vínculos que nos hacen pertenecer a una tierra, su olor, su viento, su nieve y su aire. Una película que se mira en el neorrealismo en su forma de narrar una vida que desparece y trazar una realidad emocional difícil con múltiples detalles, o el cine de Antonioni en la relación de los personajes con el espacio, o el cine de Saura, en los tejidos familiares y el pasado como forma de entendernos y seguir caminando, donde tendría su más cercana mirada en Elisa, vida mía, donde una hija regresa a la casa del padre envuelta en recuerdos, miedos y relaciones rotas.

El fantástico cuarteto protagonista nos acerca, sin construcciones complejas, a todo ese universo de relaciones difíciles y soterradas que anidan en esa casa y entre las mujeres, empezando por Mónica García, brillante bailarina y coreógrafa,  que debuta en el cine con un personaje complicado, pero que sabe sacar adelante con brillantez, fusionando con matices todo lo que le une y separa con su tierra y los suyos, a su lado, Concha Canal, la maravillosa abuela en su primera incursión en el cine, con su maravillosa naturalidad y belleza que encarna a la tierra y a ese tiempo extinguido, con frases maravillosas como: “El frío nos conserva a todos”, “No te enteras de la fiesta” o “La brisca, mujer. Es más bonito”. A su lado, Elena Martín como esa nieta que no sabe qué hacer con su vida, si quedarse o marcharse fuera, y finalmente, Ana Fernández como Elena, la hermana mayor que ha tenido que hacerse cargo de sus padres con resignación y cariño. Cuatro mujeres, cuatro formas de entender y relacionarse con la tierra y sus raíces, que tejen en silencio y soledad todo aquello que les alegre y entristece, todo aquello que no se ve, todo aquel pasado y presente que vive y respira en esa casa, en esa tierra, en ese frío, y en ese viento.


<p><a href=”https://vimeo.com/290329355″>Trailer CON EL VIENTO (Meritxell Colell, 2018)</a> from <a href=”https://vimeo.com/numax”>NUMAX</a&gt; on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Encuentro con Ariadna Ribas y Ana Pfaff

Encuentro con Ana Pfaff y Ariadna Ribas, montadoras de “Estiu 1993” y “Julia Ist”, respectivamente, del colectivo Dostopos, con motivo de la mesa “Diálogo montadoras”, organizada y moderada por Gonzalo de Lucas, en el marco de la Universidad Pompeu Fabra. El acto tuvo lugar el miércoles 12 de julio de 2017 en una aula de la UPF en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ana Pfaff y Ariadna Ribas, por su tiempo, conocimiento, cariño y generosidad, y a Gonzalo de Lucas, por su organización, generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.

 

Encuentro con Carla Simón y Elena Martín

Encuentro con Carla Simón y Elena Martín, directoras de “Estiu 1993” y “Julia Ist”, respectivamente, con motivo de la mesa “Diàleg entre Cineastes. Filmar des de les emocions autobiográfiques. Com sostenir la idea d’una pel.lícula”, organizada y moderada por Gonzalo de Lucas. El acto tuvo lugar el martes 13 de junio de 2017 en la Sala Mompou de la SGAE en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carla Simón y Elena Martín, por su tiempo, conocimiento, cariño y generosidad, y a Gonzalo de Lucas, por su organización, generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.

Entrevista a Elena Martín

Entrevista a Elena Martín, directora de “Julia ist”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 14 de junio de 2017 en el Soho House en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Elena Martín,  por su tiempo, generosidad y cariño, y a Eva Herrero y Marina Cisa de Madavenue, por su amabilidad, paciencia, atención, generosidad y cariño.

Júlia ist, de Elena Martín

CAMINAR SOLA.

Hay películas que se definen desde su primer instante, en esas primeras imágenes encontramos su definición y su forma de contarnos el relato que vendrá a continuación, Júlia ist, de Elena Martín (Barcelona, 1992) que debuta en la dirección y asume el rol de la protagonista, es una de ellas. Su arranque nos sitúa en un viaje en coche, conduce Júlia y a su lado su novio, discuten porque ella se va de Erasmus a Berlín, el ambiente es tenso (ayudan esos planos próximos y cortantes) apenas se dirigen algunas palabras amables, parecen dos desconocidos, o simplemente, ninguno de los dos se atreve a finiquitar una relación que hace tiempo que ya se ha terminado. De ahí, nos vamos a Berlín. La bienvenida es gélida y ausente, los deseos e ilusiones de Júlia mientras estudiaba arquitectura en Barcelona, chocan con una ciudad poco acogedora, triste y extraña. A Júlia le cuesta encajar, la huida en la que se ha convertido su vida y su existencia, se enfrenta a sus propias decisiones y sobre todo, a ella misma, a empezar a caminar sola en una ciudad ajena, extranjera, un lugar que parece que se mueve en su contra.

En cierto momento, parece que su estancia en Berlín se encamina hacia algún sitio, conoce a gente, entra en un grupo de arquitectura y comienza a enrollarse con un alemán. Pero todo es apariencia, en su afán de ser una más, acaba convirtiéndose en una extraña de sí misma, en una especie de náufraga que intenta agarrarse a todas las tablas de madera que encuentra por su camino, sin saber o poder decidirse por ninguna de ellas. Júlia, lejos del amparo y la compañía de su familia, tiene que empezar a decidir su propia vida por ella misma, sin más ayuda que su fuerza, su valentía y su coraje. La película, surgida en la Universitat Pompeu Fabra, se sustenta a través de una forma cortante, llena de planos muy cercanos y tomas que siguen incansablemente a la protagonista, algo así como un diario personal fílmico que captura la experiencia agridulce y desencantada de una joven que vive su primera vez lejos de casa, en un viaje interior que se presumía atrayente y fascinante desde Barcelona, pero que la realidad de Berlín y su estado de ánimo derivan en una experiencia diferente, más cercana  a la tristeza y al encontrarse a uno mismo para descubrirnos y descifrar nuestras inquietudes y nuestro espacio en el mundo.

La experiencia de Júlia se asemeja en contexto y forma a la vivida por la  protagonista de la magnífica María (y los demás), de Nely Reguera, donde la joven librera aspirante eterna a escritora, tenía que dejar su zona de confort y empezar a vivir su vida, o también, podríamos mirarla como una especie de trasunto de Les amigues de l’Àgata, de Laura Rius, Marta Verheyen, Alba Cros y Laia Alabart, protagonizada por Elena (también surgida en la UPF, como Sobre la marxa, de Jordi Morató) en la que partiendo de planteamientos próximos, hacia un retrato íntimo de una joven que dejaba a sus amigas de siempre para empezar una nueva vida en su primer año universitario, como si Júlia ist siguiera el espacio vital de aquella Àgata, aunque las dos mujeres presentan caracteres y posturas muy diferentes. Una aproximación al programa Erasmus, más cercana al interior de Júlia, sumergiéndose en sus miedos y angustias,  muy alejada a la planteada en Un casa de locos, de Cédric Kaplisch, donde se hacía un retrato festivo y amable de la experiencia en Barcelona de un estudiante francés de económicas.

Retratos en primera persona honestos, de magnífica factura, que filman la experiencia universitaria, basándose en experiencias reales vividas por los mismos autores, en películas sobre una juventud demasiado ensimismada en sus vidas y su entorno, que se ven vacíos y abocados a un abismo vital cuando abandonan ese espacio que tanto conocen, y se ven enfrentados a un paisaje ajeno y hostil, aunque fundamental para seguir creciendo en sus vidas, y sobre todo, descubrirse a ellos mismos, y encontrar aquello que les hace sentir bien. Una película de exquisita y magnética banda sonora, que agrupa bandas de aquí y Alemania, para crear esa atmósfera enigmática e íntima para penetrar en el interior de la protagonista, una música que se convierte en un personaje más, en una mirada desencantada del deambular de Júlia. Un relato construido a través de un largo tiempo, compuesto por un equipo reducido, en el que todos opinan y trabajan codo a codo para levantar un proyecto que reflexiona sobre personas de su edad, sobre la experiencia estudiantil, y sobre los entornos próximos y extraños que les ha tocado en suerte, sabiendo que tanto unos u otros, serán importantes en su devenir vital y en la consecución de sus deseos y anhelos vitales.

Les amigues de l’Àgata, de Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius y Marta Verheyen

13263875_1226163130736240_3334221520729937491_nROMPER CON LO QUE FUIMOS.

Àgata tiene 20 años y está en primero de humanidades, y sale con sus amigas del cole (Ari, Mar y Carla). Las cuatro comparten amistad, confidencias, bromas, y lo pasan bien juntas. Pero todo va a cambiar, Àgata (el personaje que nos guiará por el relato a través de su mirada, auténtica protagonista de la trama) está cambiando emocionalmente, aunque todo se desarrolla de manera sutil, casi imperceptible, como suele ocurrir con las cosas importantes que nos pasan en la vida, casi sin darnos cuenta, la joven ha conocido otros amigos en la carrera, y cada vez se siente más alejada de las amigas de toda la vida, y más cercana a estas nuevas amistadas. Todo se manifiesta en su interior, los cambios emocionales que sufre nos lo van contando de manera cotidiana, Àgata cada vez se encuentra más ausente de sí misma y experimentando nuevas sensaciones y deseos, está empezando a pensar y sentir de modo diferente, que poco o nada ya tiene que ver con lo que le relacionaba con las amigas de siempre.

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Cuatro directoras veinteañeras, igual que sus criaturas de ficción, que debutan en el largo (Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius y Marta Verheyen) surgidas de la Universitat Pompeu Fabra de la especialidad de Comunicación Audiovisual, promoción 2014, (segundo título nacido en la casa después de la excelente Sobre la marxa – El inventor de la jungla, de Jordi Morató) y auspiciadas por unos padrinos de órdago (Gonzalo De Lucas, Elías León Siminiani e Isaki Lacuesta), en un proyecto producido a través de la plataforma de crowdfunding Verkami, y el entusiasmo, el corazón y el trabajo de un equipo lleno de juventud que ha llegado con ideas, y muchas ganas de hacerse un hueco en este oficio. Las realizadoras nos brindan una película llena de vitalidad, enérgica y emocionante, que desarrolla a través de la cotidianidad de unas jóvenes en la ciudad de Barcelona como telón de fondo (asistimos a sus tardes tumbadas en el césped de cualquier parque de la ciudad mientras charlan de sus cosas, consultan sus móviles y miran facebook, bailamos y cantamos con ellas en garitos oscuros, entre colegas, y llenos de luces y risas mientras van cayendo los cubatas, presenciamos películas en el ordenador entre bromas y angustias, nos sentamos agotados y muertos de sueños en escaleras de un metro que tarda en abrir, viajamos con ellas a una casa de la Costa Brava, en la que quizá sea su último viaje juntas. Momentos que han acompañado a Àgata y sus amigas durante mucho tiempo, instantes irrepetibles de esa infancia y primera juventud llena de plenitud, alegría, fiesta, y algún que otro llanto. Llevan años compartiendo todo eso, pero ahora todo ha cambiado, o ha cambiado para Àgata, sus necesidades y deseos son otros, y lo que antes le llenaba y era el centro de su vida, ahora ya no lo es, no ha ocurrido nada relevante ni un hecho que las haya separado o alejado, simplemente ha sucedido, una ruptura con la niña que fue, un cambio de rumbo, otra manera de caminar, porque los zapatos, aquellos que nos encantaban, ya no nos valen, hemos crecido, hay que cambiarlos por otros nuevos que se adapten mejor a las circunstancias.

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La película de las jóvenes y talentosas realizadoras tiene el latido de retrato de una juventud en continuo movimiento, las dudas de la carrera recién comenzada, o la incertidumbre de un futuro escaso de luz. Un relato eminentemente femenino, que retrata de forma cercana a sus protagonistas y los hechos que se relatan, una manera de filmar sencilla, que capta esa contemporaneidad que se respira en toda la película, es una película de ahora, del instante que se está viviendo, que conjuga y explica de forma natural y honesta esos cambios emocionales que vamos encontrándonos a medida que vamos creciendo. El fantástico cuarteto protagonista (Elena Martín, Marta Cañas, Victòria Serra y Carla Linares) nos brindan unas interpretaciones llenas de entusiasmo, intuición y calidez que tanto desprende el conjunto de la película. Tiene ese aroma de otros retratos femeninos plurales como Picnic en Hanging Rock, Foxes (de la que se ven algunas imágenes, con una jovencísima Jodi foster) Las vírgenes suicidas o la más reciente Mustang, entre otras, cintas que de de una forma u otra, han explorado los conflictos emocionales de esa transición que se produce entre la infancia que dejamos y la primera juventud que nos arrebata la inocencia, y nos conduce por los caminos incipientes de una madurez que llegará en la nos convertiremos en otros, con diferentes dudas, conflictos, deseos y anhelos.