Entrevista a Belén Sánchez

Entrevista a Belén Sánchez, coproductora de la película «Nosotros no nos mataremos con pistolas», de María Ripoll, en el Cine Phenomena en Barcelona, el lunes 13 de junio de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Belén Sánchez, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Katia Casariego de Vasaver, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Elena Martín y Carlos Troya

Entrevista a Elena Martín y Carlos Troya, intérpretes de la película «Nosotros no nos mataremos con pistolas», de María Ripoll, en el Cine Phenomena en Barcelona, el lunes 13 de junio de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Elena Martín y Carlos Troya, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Katia Casariego de Vasaver, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Ingrid García-Jonsson

Entrevista a Ingrid García-Jonsson, intérprete de la película «Nosotros no nos mataremos con pistolas», de María Ripoll, en el Cine Phenomena en Barcelona, el lunes 13 de junio de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ingrid García-Jonsson, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Katia Casariego de Vasaver, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Lorena López y Joe Manjón

Entrevista a Lorena López y Joe Manjón, intérpretes de la película «Nosotros no nos mataremos con pistolas», de María Ripoll, en el Cine Phenomena en Barcelona, el lunes 13 de junio de 2022.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Lorena López y Joe Manjón, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Katia Casariego de Vasaver, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Nosotros no nos mataremos con pistolas, de María Ripoll

REENCONTRARNOS CON LO QUE FUIMOS.

“La amistad es más difícil y más rara que el amor. Por eso, hay que salvarla como sea”

Alberto Moravia

La obra Nosotros no nos mataremos con pistolas, de Víctor Sánchez Rodríguez, triunfó en la sala Ultramar en Valencia en el año 2014 y más allá.  Una obra de pequeño formato, con cinco intérpretes, que habla sobre todos los jóvenes nacidos en los ochenta, muy preparados, pero que se toparon con la crisis económica y tuvieron que volver a la casilla de salida, más frustrados y con menos ilusiones, aquellos hijos del milagro económico a ladrillazo limpio, y la realidad de ahora, como demuestra el ambiente desolado de la zona con los problemas de despido en la fábrica y el abandono del campo por la falta de oportunidades. Ahora, nos llega su adaptación al cine, que viene firmada por el autor y Antonio Escámez, que mantiene su espíritu cercano y cotidiano, y nos sitúa en un día de verano, en uno de tantos pequeños pueblos valencianos preparándose para su día de fiesta mayor, y tiene como leit motiv a Blanca, la instigadora de reunir a todos los amigos de entonces, que se vuelve de Inglaterra, más triste y dejando demasiadas cosas atrás que ya no van con ella.

A partir de Blanca, nos tropezaremos con Marina, que también ha vuelto de un periplo por América, con un desamor y una criatura en la barriga. Primero, llegará Miguel desde Barcelona, que pasa apuros económicos, después de publicar un libro exitoso y ahora, ser incapaz de escribir y de enamorarse de verdad. Del mismo lugar, conoceremos a Elena, la más exitosa del grupo con su discográfica, pero pura apariencia, y adicta a la cocaína. Y por último, aparecerá Sigfrido, que vive en el pueblo, con trabajos precarios y un matrimonio que no le llena. Los cinco se reencuentran después de mucho tiempo, todos con más de treinta, rozando la cuarentena, y cargados de tristezas y vacíos de todo. El décimo largometraje de ficción de María Ripoll (Barcelona, 1964), no está muy lejos de lo que planteaba Tu vida en 65’ (2006), en la que Ripoll adaptaba otra obra de teatro, en este caso de Albert Espinosa, donde también se hablaba de amistad, de suicidio, de domingos y vidas vacías, acotada en una sola jornada como ocurre en Nosotros no nos mataremos con pistolas, en la que los personajes son más mayores, en la que el silencio se ha impuesto en el entorno de los amigos, donde ya no se dice lo que duele, y se huye de la confrontación y de todo aquello que nos hace vulnerables frente al otro.

Estamos ante una película sobre la amistad,  su evolución y realidad, sobre todo aquello que fuimos, lo que soñamos, y lo que somos ahora. Un grupo atravesado por una crisis económica terrorífica que los ha convertido en náufragos sin isla, subidos en un maltrecho trozo de madera, y a la deriva, sin saber qué hacer y mucho menos adonde ir. Podríamos dividir la filmografía de Ripoll entre esas películas-producto, donde todo está diseñado para romper taquillas, a través de relatos sobre jóvenes enamoradizos, y luego, están esas otras películas, donde hay una voluntad de contar algo más, como la citada, como Lluvia en los zapatos, su fantástico debut en solitario, Rastros de sándalo, Vivir dos veces y la película que nos compete. Historias que profundizan sobre temas que nos envuelven, elementos de aquí, ahora y siempre, en la que un reducido grupo de individuos, a los que les suele unir lazos de sangre y/o amistad, se ven envueltos en un conflicto que les rompe sus esquemas y los deja desnudos emocionalmente.

La directora tiene oficio en la dirección, cuida los detalles y sitúa la cámara siempre en el lugar apropiado, con esa ligereza y extrañeza que hay en todo el relato, con el buen trabajo en la cinematografía de Joan Bordera, al que vimos en La influencia, de Lucía Alemany, y el no menos ágil y rítmico montaje de una crack como Juliana Montañés, y los cómplices de la directora como el músico Simon Smith, cuarto trabajo juntos, y las canciones críticas y frescas de Orxata Sound System, y el sonido directo de Carlos Lidón, que ya estaba en Vivir dos veces. Un elemento esencial en el cine de Ripoll son sus grandes trabajos a nivel interpretativo, porque es raro que veamos a un intérprete mal en su cine, y en ésta, consigue una excelencia con su quinteto protagonista: Ingrid García-Jonsson como Blanca, desenfadada y nerviosísima, Lorena López como la flower power Marina, que vimos en Amor en polvo, Joe Manjón como Miguel, muy alejado del novio chungo de Bruna Cusí en Mia y Moi, Elena Martín es Elena, una actriz que nos tiene enamorados desde que la vimos en Les amigues de l’Àgata, y Carlos Troya es Sigfrido, muy habitual en el medio televisivo.

Un reparto auténtico, íntimo y sobre todo, muy humano, que transmiten el tsunami emocional que plantea la película, con esos conflictos internos y externos de todos los personajes, bien construidos y mostrados en la película, en un reencuentro que tiene mucho que ver con aquellos de Reencuentro, de Kasdan, o aquel otro de Los amigos de Peter, de Branagh, donde se habla mucho, y también, se calla mucho, porque siempre da miedo explicar a los que más quieres que la vida se ha vuelto del revés, que ya queda muy poco de aquel joven que quería comerse el mundo, o quizás, de aquel joven que lo quería todo, y ahora, veinte años después, ya no sabe lo que quiere, y además, no reconoce a los suyos y menos a sí mismo. Una película que habla de amistad, de los presentes y ausentes, ya sea en un sentido físico como emocional, donde tiene ese toque de western, tanto en su forma de filmar el espacio y a los personajes en él, de lugar ajeno a sus vidas, y también, de thriller, en una interesante mezcla de texturas, rostros, géneros y de emociones, de mirarse al espejo y ser honestos con todos y sobre todo, con nosotros. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Irene Moray

Entrevista a Irene Moray, directora de la película «Suc de Síndria». El encuentro tuvo lugar el lunes 28 de octubre de 2019 en la vivienda de la directora.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Irene Moray, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Eva Herrero y Marina Cisa de Madavenue, por su tiempo, amabilidad, generosidad y cariño.

Entrevista a Meritxell Colell

Entrevista a Meritxell Colell, directora de la película «Con el viento», en la cafetería del Hotel Ibis en Barcelona, el viernes 16 de noviembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Merixtell Colell, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Xan Gómez de Numax Distribución, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Con el viento, de Meritxell Colell

MÓNICA Y SU FAMILIA.

La película se abre de forma abstracta y ambigua, en la que vemos a Mónica ensayar una coreografía que la hace ir y venir con movimientos rápidos y bruscos, donde su respiración se mezcla con sus agitaciones corporales. Corte a Mónica caminando de forma agitada por las calles de Buenos Aires con una cámara que se mantiene muy cerca, encima de ella, donde los planos nerviosos y rápidos se amontonan uno tras otro. Sigue a una cena entre amigos distendida. Suena el teléfono, Mónica lo coge, y su hermana Elena le comunica que el padre se está muriendo. Mónica, sin dudarlo un instante, emprende viaje a un pequeño pueblo de Burgos a reunirse con su familia y sus raíces. La puesta de largo de Meritxell Colell (Barcelona, 1983) es una película ambientada en el mundo rural, donde Mónica se reencontrará, no solo con la familia que dejó hace años para convertirse en una bailarina reputada, sino también con sus raíces, aquellos espacios y objetos que formaron parte de su infancia, un tiempo alejado, extraño, como si otro lo hubiese vivido, como si nunca hubiera existido. Mónica es una extraña en ese lugar, alguien que ha perdido el vínculo con esos espacios rurales, con esa casa fría, y con esa forma de vida ancestral que el tiempo está borrando. La muerte del padre y la idea de vender la casa, contribuirán que la relación de Mónica con su familia adquiere elementos diferentes, porque todo ese mundo que le rodea ha comenzado su epílogo, su despedida, casi sin tiempo para volver a relacionarse con la tierra, la casa, su madre y los demás, con ese viento fiel y violento que acompaña  esa atmósfera de silencios y soledad.

La cineasta barcelonesa de raíces burgalesas, hecha la mirada atrás, a su propia infancia, no obstante dedica la película a sus abuelos, para contarnos una herida, una ruptura entre Mónica y su familia, un hilo roto entre el tiempo ausente de Mónica y el tiempo vivido entre esas cuatro paredes cuando Elena, su hermana, y Berta, su sobrina, se hicieron cargo de un padre enfermo. Un tiempo que Mónica, con los días de inviernos que pasa junto a su madre y sus raíces, y las visitas de la hermana y sobrina, tendrá que aproximarse a él desde la quietud, desde lo más profundo de su alma, en silencio, expresando con su cuerpo y su baile, todo aquello que no se puede expresar en palabras, porque no se encuentran o no existen. Colell apoya su relato en el rostro y el cuerpo de Mónica, arrancando con una forma nerviosa y enérgica, de planos cortos y rápidos, una dramaturgia que irá dejando paso a planos secuencia más largos, donde la cámara dejará de ser testigo inmediato para convertirse en observador paciente y certero, convirtiendo este drama femenino de cuatro voces, íntimo y muy personal, en una disección profunda y sobria sobre la condición humana y sobre la (re) construcción de los lazos familiares.

La cinta fusiona de forma natural y magnífica dos mundos, uno vivo y enfrentado, con  las relaciones difíciles y calladas entre las hermanas, en las que existe todo un mundo de separación, y la madre y sobrina, y otro mundo, aquel que de forma antropológica nos retrata esa vida que se extingue, que desaparece, que muere junto al abuelo fallecido y con la venta de la casa familiar, como el toque de campanas a muerto, lavarse el pelo con cazos, recoger patatas, cortar y apilar leña, plantar cebolletas, o toda una serie de objetos que pertenecen a otro tiempo, otro instante que albergó esa casa, como la máquina de hacer chorizos, los arreos propios del trabajo con el trigo o las albarcas, que cómo bien dice la abuela, de poco sirven en la capital. Una relación íntima y personal con unos objetos que ya dejaron de existir, que tuvieron su tiempo, y ahora se encuentran amontonados y llenos de polvo, objetos que las nuevas generaciones como la nieta quiere conservarlos, mientras la abuela quiere desprenderse de ellos, porque sabe que su tiempo de utilidad dejó de tener vida.

Colell ha hecho una película hermosísima y llena de detalles, en la que cimenta este  pequeño y cercano universo de forma natural y concisa, mirándolo de forma honesta e íntima, sin caer en sentimentalismos ni nada que se le parezca, ya desde la ausencia de música extradiegética, sólo algunos temas, pocos, un viejo bolero o algún que otro tema clásico que acompaña a las danzas, una de Pina Bausch y otra, que sólo escucharemos. Los sonidos que escuchamos son aquellos propios de la naturaleza y domésticos, y los pocos diálogos que tiene la película, consiguiendo de esa forma ese entramado emocional de miradas, gestos y detalles por los que camina la película, en un tempo cinematográfico que irá, a medida que avanza el metraje, adquiriendo ese poso reposado, sin prisas, y sin pausa, donde la directora va cociendo a fuego lento la telaraña de relaciones y vínculos familiares que se van tejiendo a poca luz y con paciencia. La magnífica luz que nos atrapa en esa atmósfera sensible y violenta emocionalmente hablando, obra de Julián Elizalde (que también estuvo en Penélope o Las distancias, películas de reencuentros y roturas emocionales entre familia o amigos) y Aurélie Py, consiguen acercarnos de forma sencilla a ese universo de desayunos tranquilos, de partidas a la brisca, o de noches de deseos, donde los habitantes son parcos en palabras y más en gestos.

El extraordinario montaje de Ana Pfaff (imprescindible su mirada en este tipo de relatos íntimos, cargados de profundidad emocional, donde el detalle adquiere una dimensión muy profunda) contribuye a tejer con sensibilidad todo el entramado visual y emocional que arroja la película, construyendo de forma íntima toda la poesía y vida que respira el relato, conmoviéndonos desde lo más profundo, desde aquello que sentimos, donde se tejen con delicadeza los vínculos que nos hacen pertenecer a una tierra, su olor, su viento, su nieve y su aire. Una película que se mira en el neorrealismo en su forma de narrar una vida que desparece y trazar una realidad emocional difícil con múltiples detalles, o el cine de Antonioni en la relación de los personajes con el espacio, o el cine de Saura, en los tejidos familiares y el pasado como forma de entendernos y seguir caminando, donde tendría su más cercana mirada en Elisa, vida mía, donde una hija regresa a la casa del padre envuelta en recuerdos, miedos y relaciones rotas.

El fantástico cuarteto protagonista nos acerca, sin construcciones complejas, a todo ese universo de relaciones difíciles y soterradas que anidan en esa casa y entre las mujeres, empezando por Mónica García, brillante bailarina y coreógrafa,  que debuta en el cine con un personaje complicado, pero que sabe sacar adelante con brillantez, fusionando con matices todo lo que le une y separa con su tierra y los suyos, a su lado, Concha Canal, la maravillosa abuela en su primera incursión en el cine, con su maravillosa naturalidad y belleza que encarna a la tierra y a ese tiempo extinguido, con frases maravillosas como: “El frío nos conserva a todos”, “No te enteras de la fiesta” o “La brisca, mujer. Es más bonito”. A su lado, Elena Martín como esa nieta que no sabe qué hacer con su vida, si quedarse o marcharse fuera, y finalmente, Ana Fernández como Elena, la hermana mayor que ha tenido que hacerse cargo de sus padres con resignación y cariño. Cuatro mujeres, cuatro formas de entender y relacionarse con la tierra y sus raíces, que tejen en silencio y soledad todo aquello que les alegre y entristece, todo aquello que no se ve, todo aquel pasado y presente que vive y respira en esa casa, en esa tierra, en ese frío, y en ese viento.


<p><a href=»https://vimeo.com/290329355″>Trailer CON EL VIENTO (Meritxell Colell, 2018)</a> from <a href=»https://vimeo.com/numax»>NUMAX</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Encuentro con Ariadna Ribas y Ana Pfaff

Encuentro con Ana Pfaff y Ariadna Ribas, montadoras de “Estiu 1993” y “Julia Ist”, respectivamente, del colectivo Dostopos, con motivo de la mesa “Diálogo montadoras», organizada y moderada por Gonzalo de Lucas, en el marco de la Universidad Pompeu Fabra. El acto tuvo lugar el miércoles 12 de julio de 2017 en una aula de la UPF en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ana Pfaff y Ariadna Ribas, por su tiempo, conocimiento, cariño y generosidad, y a Gonzalo de Lucas, por su organización, generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.

 

Encuentro con Carla Simón y Elena Martín

Encuentro con Carla Simón y Elena Martín, directoras de «Estiu 1993» y «Julia Ist», respectivamente, con motivo de la mesa «Diàleg entre Cineastes. Filmar des de les emocions autobiográfiques. Com sostenir la idea d’una pel.lícula», organizada y moderada por Gonzalo de Lucas. El acto tuvo lugar el martes 13 de junio de 2017 en la Sala Mompou de la SGAE en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carla Simón y Elena Martín, por su tiempo, conocimiento, cariño y generosidad, y a Gonzalo de Lucas, por su organización, generosidad, paciencia, amabilidad y cariño.