Marisa en los bosques, de Antonio Morales

PERDIDA FRENTE AL ESPEJO.

Paul Hackett deambula por la noche neoyorquina de arrastrado por una alocada rubia que lo enredaba para su beneficio. Pepa Marcos hacía lo propio, pero por las calles madrileñas, perdiéndose en su desesperación por la usencia de su amante. Tanto uno como otra obedecen a personas confusas, desorientadas y completamente perdidas en la gran ciudad, sino en la existencia de su propia vida. A esta pareja de solitarios sin destino, añadimos a Marisa, una dramaturga de 35 años que, después de las últimas representaciones en un teatro independiente de su obra, se siente frustrada y sin ganas de seguir hacia adelante, aunque las circunstancias le obligan a consolar a Mina, su mejor amiga que acaba de dejarlo con su chico. Entre idas y venidas para ayudar a Mina, Marisa convierte su vida en una tragicomedia en el que cada vez hay menos risas y más tristezas, en una existencia ensombrecida de sí misma, como si otra mujer viviera su propia vida o como si ella se convirtiera en su propia doble que nunca logra alcanzar su verdadero yo.

La puesta de largo de Antonio Morales (Almería, 1977) nace de su propia experiencia como dramaturgo y director en la escena off teatral madrileña, centrándose en la solitud y frustración de una chica que parece que cada cierto tiempo tiene que empezar de nuevo, y al que su entorno siempre la busca para que les solucione sus problemas, olvidándose Marisa de los suyos propios, en una idea de centrarse en los conflictos ajenos para no afrontar los propios. El relato se centra en una noche, una noche donde a Marisa le ocurrirá de todo, en un intento de perderse en su propio laberinto mental hablando con unos y con otros, a través de su propio desconcierto, una noche donde se perderá entre los participantes del orgullo, se tropezará con un antiguo compañero de clase que ahora es una mujer, acudirá al teatro donde actúa una maga cómica, se enrolará en una fiesta en la que no conoce a nadie, y se (des) encontrará con su pasado por casualidad, como si el destino hubiera planeado esa noche para ella, una noche donde perderse de sí misma, sin fuerzas para encontrarse, con esa idea de fundirse con la oscuridad y ocultarse de los demás, y sobre todo, de sí misma.

Morales sigue a su antiheroína con la cámara pegada a su cogote, sin dejarla ni a sol ni a sombra, como ese espejo deformador de su propia vida, siguiéndola sin descanso en este laberinto nocturno que se transforma la noche madrileña, con sus personajes pintorescos, sus situaciones rocambolescas y sus puertas y espacios que se abren y se cierran sin tiempo a descubrirlos y entrar en ellos, casi un mundo fantástico y onírico donde nada de lo que vemos parece real, como si entráramos en un letargo donde todo lo que vemos lo produce el caos mental de la protagonista, como si todas las personas, los espacios y objetos estuvieran ahí porque ella, en cierta manera, lo ah dispuesto de esa manera. El cineasta andaluz se rodea de un nutrido grupo de actores de la escena off teatral madrileña entre los que destaca Patricia Jordá que da vida y cuerpo a Marisa, con sus rostros tristes y esa huida sin fin que emprende esa noche aciaga y extraña, junto a ella Aida de la Cruz, Mauricio Bautista o Yohana Cobo, entre muchos otros, que dan vida a esos personajes que cruzan en la noche de Marisa, sin poder echar un cable, por pequeño que sea, a la incapacidad de Marisa por encontrarse algo a que agarrarse y sobre todo, encontrar a alguien que la escuche (en cierta manera, Marisa se ha convertido en un recurso para sus allegados cuando tienen problemas, como el sucedía a Amélie Poulan, que harta de servir de flotador al resto, empezó a quererse y a ayudarse a sí misma).

Una película donde se mezclan la alegría y la tristeza, la luminosidad de la ilusión o la oscuridad que acompaña la perdida, con un gran esfuerzo técnico y artístico por parte de todo su equipo, que emulando a las comedias clásicas estadounidenses o al cine de Waters, y la comedia madrileña de comienzos de los ochenta con Trueba, Colomo o Almodóvar, ha conseguido una tragicomedia sobre los problemas existenciales y económicos de los jóvenes de hoy en día, cone se tono atemporal, donde coexisten móviles y vinilos, en el que hay cabida para cosas y elementos tan dispares como Broken Blossoms, de Griffith (en la que deja evidente el instante donde Lilian Gish forzaba esa sonrisa ante ese mundo cruel e injusto que le había tocado sufrir) o ese disco de Vainica Doble (dejando entrever que hasta las cosas más complejas siempre tenían un punto sencillo) pamelas en mitad de la urbe (donde la extrañeza y la confusiónd e su mundo se hacen patentes, como taparse la cara con el fular y las gafas) o vestidos ajustados de lentejuelas en un bosque mágico y a la vez, fantasmal, en el que todo parece tener sentido o no.

Metamorphosis, de Manuel Pérez

verkami_84ef5f5179a0b84913b92aeb453514f4LA POLÍTICA EN PRIMERA PERSONA.

“I bueno, el tema de política així també, no? Que es… No només es una visió global i externa a tu, sino quotidiana, de currar-se les relacions. Bàsicament, perquè del que es tracta la política es de fer més fácil el dia a dia, no? I de poder fer aflorar lo bo de les persones i no aquesta lluita constant que es la que a vegades ens costa la vida. Com ens pot costar tant algo, quan en realitat es la base i el sentit propi”

Laia Forné

Es de bien sabido que, hasta que el pueblo no coja las riendas de su destino, las cosas no cambiarán, y continuarán como hasta ahora, una población presa de los poderes económicos. Manuel Pérez (1978, Barcelona) creció en la cantera del CECC, y a partir de ahí, se ha forjado una mirada crítica y constructiva de la realidad a través de sus trabajos en la publicidad, televisión y otros medios audiovisuales. Debutó en el 2013 con Frontera (premiado en diversos festivales) en los que contaba a modo de ficción, la experiencia de un grupo de teatro en el interior de una prisión. Su nuevo trabajo es un documento que sigue la trayectoria de Guanyem Barcelona, desde su nacimiento, allá por octubre del 2014, siguiendo su conversión en Barcelona en comú, y su victoria en las elecciones municipales de Barcelona en mayo del 2014.  Siete meses intensos, divididos en tres partes, crisálida, ninfa y eclosión, los tres porcesos a los que alude el título, en los que vivimos todos sus procesos políticos, pero lo hace desde la mirada de Laia Forné (socióloga especializada en el análisis y la gestión de los espacios públicos) una de esas ciudadanas/os invisibles que altruistamente colaboran, trabajan y construyen una idea que se convertirá en un partido político.

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Pérez filma la transformación de modo sencillo y honesto, penetra con su cámara en los cimientos de una idea, y cómo se va desarrollando a lo largo de los meses. Asistimos al rostro más transparente y sincero de unas personas anónimas que, cansadas de un sistema deshumanizado y sucio, quieren cambiar las reglas del juego, mediante otra idea de política, más humana, cercana a los problemas reales de los ciudadanos, y sobre todo, una política que haga frente a los poderes económicos que sacuden inexorablemente las vidas de los de abajo. El cineasta barcelonés se sumerge en las entrañas de la política, somos testigos de excepción de la fundación, construcción y vida de un partido político que quiere conquistar el ayuntamiento de Barcelona. El alma inquieta y activa de Laia (que conoceremos más intimimamente a través del videodiario en el que la joven explica sus emociones, reflexiones y contradiciones de su experiencia en el partido) nuestra maravillosa heroína, junto a su mirada inquieta, llena de energía y entusiasmo cada fotograma de la película, convirtiéndose en el personaje ideal de este viaje maravilloso, desde la indignación de las calles, a la agrupación y el trabajo de muchas gentes que creen en un proyecto común, diferente y sólido, que vuelva a despertar a la gente y la llene de vida e ilusión por la política, dejando atrá las decepciones que ha provocado en tantos que creían en ella, como arma de cambio, en este país.

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Laia trabaja en la comisión e logística junto a otros compañeros, y se enfrentan a los problemas cotidianos que los acechan sin cesar: la búsqueda de financiación, agruparse con otras formaciones, confluir las diferentes ideas y opiniones que existen en torno al proyecto. Todo se dialoga y discute en las diferentes asambleas democráticas en que todos, cada uno de sus participantes, tienen derecho a exponer sus argumentaciones y reflexiones para luego emitir su voto, y entre todos, caminar hacía el objetivo común. Una película que emociona, que remueve por dentro, desde su simplicidad y honestidad, es una película sobre la política, desde dentro, sin máscaras, ni dobles sentidos, transparente y enérgica, huyendo del temido panfleto, como hacen otros trabajos que se han introducido en el mismo campo, con un montaje enérgico, sin concesiones ni postureo de Marta Forné, que permite esa filmación basada en el detalle y la sensibilidad, tomando la adecuada distancia, necesaria en estos trabajos, en el que prevalecen los rostros y las personas que los componen, sus miradas entrecruzadas, los conflictos que surgen irremediablemente, y las contradicciones que los asaltan en esta aventura sin precedentes en este país. Un camino de piedras, pero también de deseos e ilusiones realizados, a base de muchísimo trabajo, en los que un grupo de personas que vienen del activismo social y la lucha continua en barrios, plazas, ciudades, protestando y exigiendo una forma diferente de política, que ayude a los más necesitados, y camine de la mano con los ciudadanos, escuchándolos y trabajando para que tengan una vida digna y humana.

563197740_1280x720Una película de guerrilla, financiada a través del entusiasmo de personas que creen en un tipo de cine que refleje lo que acontece a los ciudadanos, un cine arriesgado, a contracorriente, que vive en los márgenes, y encuentra el apoyo financiero a través de la cooperación de emprendedores como Cornelius Films, Compacto, Kamikaze Studio, y una campaña de crowfunding para reunir el presupuesto necesario para levantar una película que, recupera aquel cine político, primoroso, necesario y reflexivo que reinó en los convulsos 60 o 70, en la que Primary, sería la gran abanderada, a la par que su coetánea Alcaldessa, de Pau Faus, películas del mismo viaje, pero a través de distintos personajes, en las que nos muestran la política desde dentro, sin trampa ni cartón, en la que intervienen personas como nosotros, personas que creen que a través de la cooperativa y el trabajo en común, se pueden cambiar las cosas y abrir nuevos caminos por los que transitar, a pesar de los obstáculos que aparecerán, pero con la convicción de ir todos a una, se pueden lograr muchas cosas, incluso inimaginables, como el ayuntamiento de una ciudad tan importante como Barcelona, para empezar.


<p><a href=”https://vimeo.com/161053786″>Metamorphosis, de las plazas a los ayuntamientos – Trailer Documental</a> from <a href=”https://vimeo.com/compacto”>COMPACTO.coop</a&gt; on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

 

Les amigues de l’Àgata, de Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius y Marta Verheyen

13263875_1226163130736240_3334221520729937491_nROMPER CON LO QUE FUIMOS.

Àgata tiene 20 años y está en primero de humanidades, y sale con sus amigas del cole (Ari, Mar y Carla). Las cuatro comparten amistad, confidencias, bromas, y lo pasan bien juntas. Pero todo va a cambiar, Àgata (el personaje que nos guiará por el relato a través de su mirada, auténtica protagonista de la trama) está cambiando emocionalmente, aunque todo se desarrolla de manera sutil, casi imperceptible, como suele ocurrir con las cosas importantes que nos pasan en la vida, casi sin darnos cuenta, la joven ha conocido otros amigos en la carrera, y cada vez se siente más alejada de las amigas de toda la vida, y más cercana a estas nuevas amistadas. Todo se manifiesta en su interior, los cambios emocionales que sufre nos lo van contando de manera cotidiana, Àgata cada vez se encuentra más ausente de sí misma y experimentando nuevas sensaciones y deseos, está empezando a pensar y sentir de modo diferente, que poco o nada ya tiene que ver con lo que le relacionaba con las amigas de siempre.

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Cuatro directoras veinteañeras, igual que sus criaturas de ficción, que debutan en el largo (Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius y Marta Verheyen) surgidas de la Universitat Pompeu Fabra de la especialidad de Comunicación Audiovisual, promoción 2014, (segundo título nacido en la casa después de la excelente Sobre la marxa – El inventor de la jungla, de Jordi Morató) y auspiciadas por unos padrinos de órdago (Gonzalo De Lucas, Elías León Siminiani e Isaki Lacuesta), en un proyecto producido a través de la plataforma de crowdfunding Verkami, y el entusiasmo, el corazón y el trabajo de un equipo lleno de juventud que ha llegado con ideas, y muchas ganas de hacerse un hueco en este oficio. Las realizadoras nos brindan una película llena de vitalidad, enérgica y emocionante, que desarrolla a través de la cotidianidad de unas jóvenes en la ciudad de Barcelona como telón de fondo (asistimos a sus tardes tumbadas en el césped de cualquier parque de la ciudad mientras charlan de sus cosas, consultan sus móviles y miran facebook, bailamos y cantamos con ellas en garitos oscuros, entre colegas, y llenos de luces y risas mientras van cayendo los cubatas, presenciamos películas en el ordenador entre bromas y angustias, nos sentamos agotados y muertos de sueños en escaleras de un metro que tarda en abrir, viajamos con ellas a una casa de la Costa Brava, en la que quizá sea su último viaje juntas. Momentos que han acompañado a Àgata y sus amigas durante mucho tiempo, instantes irrepetibles de esa infancia y primera juventud llena de plenitud, alegría, fiesta, y algún que otro llanto. Llevan años compartiendo todo eso, pero ahora todo ha cambiado, o ha cambiado para Àgata, sus necesidades y deseos son otros, y lo que antes le llenaba y era el centro de su vida, ahora ya no lo es, no ha ocurrido nada relevante ni un hecho que las haya separado o alejado, simplemente ha sucedido, una ruptura con la niña que fue, un cambio de rumbo, otra manera de caminar, porque los zapatos, aquellos que nos encantaban, ya no nos valen, hemos crecido, hay que cambiarlos por otros nuevos que se adapten mejor a las circunstancias.

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La película de las jóvenes y talentosas realizadoras tiene el latido de retrato de una juventud en continuo movimiento, las dudas de la carrera recién comenzada, o la incertidumbre de un futuro escaso de luz. Un relato eminentemente femenino, que retrata de forma cercana a sus protagonistas y los hechos que se relatan, una manera de filmar sencilla, que capta esa contemporaneidad que se respira en toda la película, es una película de ahora, del instante que se está viviendo, que conjuga y explica de forma natural y honesta esos cambios emocionales que vamos encontrándonos a medida que vamos creciendo. El fantástico cuarteto protagonista (Elena Martín, Marta Cañas, Victòria Serra y Carla Linares) nos brindan unas interpretaciones llenas de entusiasmo, intuición y calidez que tanto desprende el conjunto de la película. Tiene ese aroma de otros retratos femeninos plurales como Picnic en Hanging Rock, Foxes (de la que se ven algunas imágenes, con una jovencísima Jodi foster) Las vírgenes suicidas o la más reciente Mustang, entre otras, cintas que de de una forma u otra, han explorado los conflictos emocionales de esa transición que se produce entre la infancia que dejamos y la primera juventud que nos arrebata la inocencia, y nos conduce por los caminos incipientes de una madurez que llegará en la nos convertiremos en otros, con diferentes dudas, conflictos, deseos y anhelos.