La isla de las mentiras, de Paula Cons

LAS HEROÍNAS DE SÁLVORA.

“Las mentiras más crueles son dichas en silencio”

Robert Louis Stevenson

La primera imagen de La isla de las mentiras nos muestra un recorrido por un mar agitado rompiendo contra las rocas afiladas y duras de la isla de Sálvora, en la ría de Arosa (Galicia), a 3 km de tierra firme. Una isla que en 1921, la poblaban aldeanos analfabetos que trabajaban duramente la tierra, y sobre todo, el mar, siervos del noble del turno, que los esclavizaba a su antojo. Aunque, la noche del 2 de enero de 1921, todo cambió para ellos, y sobre todo, para tres mujeres que, al ver el naufragio frente a sus costas del Santa Isabel, un vapor cargado de inmigrantes con rumbo a la Argentina. Las tres mujeres, a pesar de la espesa niebla, se lanzaron al mar, y lograron rescatar 53 personas de las 213 que perecieron en el accidente. La noticia voló como la pólvora, y las tres heroínas de Sálvora, como las llamó la prensa de entonces, fueron agasajadas por las autoridades gallegas. Luego, las acusaron de robar a los fallecidos, y el tiempo borró su heroicidad y las condenó al silencio.

La isla de las mentiras, de la gallega Paula Cons, las rescata del tiempo y las devuelve al lugar que nunca debieron perder. Cons se ha fogueado como productora en televisión y cine, tanto en ficción con títulos como Lobos sucios, en la que además era coguionista, o en no ficción, dirigiendo La batalla desconocida, en la que se exploraba la participación de España durante la Segunda Guerra Mundial. Ahora, debuta en la ficción con una cinta enclavada en el después del naufragio, en las terribles consecuencias de aquella noche aciaga del 2 de enero de 1921, a través de las tres mujeres, y concretamente, en una de ellas, en María, una mujer de carácter, dura y valiente, que deberá enfrentarse a la isla, a todos aquellos que hacen y se callan a favor al marqués. El relato, oscuro e inquietante, con un guión que firman la propia directora y un veterano como Luis Marías (escritor de Urbizu, Barroso, Eva Lesmes o Gracias Querejeta, entre muchos otros), nos va contando de forma sobria y pausada, la cotidianidad de la isla, y sobre todo, la idiosincrasia de sus habitantes, a través del personaje de León, un periodista argentino que recoge el suceso y sospecha que la isla encierra demasiados silencios.

La elegante y cuidadísima composición de los encuadres y la luz, obra de Aitor Mantxola (autor de películas como Alas de mariposa, Aunque tú no lo sepas o  Bajo la piel del lobo), que recuerda a la pintura romántica del XIX, en obras como “El caminante sobre el mar de las nubes”, de Friedrich, o la expresividad y los encuadres de Zurbarán, donde el espacio acorrala y somete al personaje. Una luz que  baña en forma de misterio, tanto la isla, convertida en un personaje esencial más. Un paisaje romántico, y a la vez, terrorífico, que guarda demasiadas historias y verdades, verdades como personajes aparecen en la película. La sutileza y la profundidad del magnífico montaje de una grande como Julia Juaniz, ayuda a esa idea de tenebrosidad y mentira que se extiende por el lugar, donde todos los personas hablan poco y callan más, hablan aquello que les conviene y sobre todo, callan lo que es mejor ocultar y que las cosas sigan como están, con esos días grises, ese trabajo rutinario, y esa isla convertida en prisión y silencio.

Una obra que sugiere más en imágenes que en palabras, en que el silencio impone su ley, necesitaba un plantel de intérpretes a la altura de sus composiciones y relato como la inconmensurable capacidad de una estupenda actriz como Nerea Barros como María, el alma mater de la historia, bruta en sus formas pero decidida en su voluntad férrea, bien acompañada por Darío Grandinetti como el periodista convertido en la búsqueda de la verdad, en ese extraño que hace estallar la armonía aparente de la isla y hará lo imposible para desenterrar lo que allí se esconde, Aitor Luna, el intelectual del lugar, alguien que está fuera de sitio o tal vez, no, y una plantilla de intérpretes gallegos entre los que destacan la mirada y el porte de Victoria Teijeiro como Josefa, la compañera de fatigas de María, o la enorme capacidad de Milo Taboada como Pepe, que compone un magnífico “retrasao” que sabe demasiado, una actuación que coloca al actor en primera plana, Ana Oca como Cipriana, la otra heroína, más joven e inexperta, Leyre Berrocal como la madre náufraga convertida en un espectro, y las presencias de María Costas y Celso Bullago, y otros intérpretes, excelentemente caracterizados, con esa gestualidad ruda y bruta, que escenifican sabiamente como se vivía y sobre todo, como se relacionan unos con otros, bajo el amparo del caciquismo del explotador de turno.

La isla de las mentiras es un excelente debut de Cons, que cuenta un hecho histórico, que lo rescata del olvido y coloca a las verdaderas heroínas del relato en su contexto y en su lugar en la historia, a María, Josefa y Cipriana,  que no solo nos habla de cómo se cocían las cosas en aquella España analfabeta y caciquil de los años veinte, y su telaraña de poder, en la que nos muestra la imagen de la mujer y de su sometimiento y desencanto, sino que también, es un relato que aborda las mentiras y las verdades que se cuentan, se dicen o se ocultan, bajo el manto de un thriller oscuro y lleno de sombras, con esos ropajes negros que rompen contra la luz tenebrosa y tenue de la isla y ese mar embravecido que los encierra, que recuerda al expresionismo alemán o la novela gótica de la época victoriana, o a películas como El secreto de la isla de las focas, de John Sayles, en su halo de misterio con una isla de por medio, o Visionarios, de Manuel Gutiérrez Aragón, en que unas visiones de la Virgen en la España republicana, convertía a los aldeanos privilegiados en objetivo de las autoridades para silenciarlo. Un cine bien contado y mejor consumado, que nos transporta a la oscuridad del comportamiento humano, a las entrañas de lo más aterrador del alma humana, y al cúmulo de intereses que nos empujan a los seres humanos a ser y actuar de una manera u otra, siempre con el convencimiento que es lo mejor que podemos hacer o lo que más nos conviene. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA 

Encuentro con Nelly Quettier, Julia Juaniz y Núria Esquerra

Encuentro con las montadoras Nelly Quettier, Julia Juaniz y Núria Esquerra, junto a Esteve Riambau y Octavi Martí, con motivo del ciclo “Elles Tallen”, que le ha dedicado L’ALTERNATIVA 25 Festival de Cinema Independent de Barcelona, en la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el jueves 15 de noviembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Nelly Quettier, Julia Juaniz y Núria Esquerra por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  al equipo de La Costa Comunicació, y a Jordi Martínez de Comunicación Filmoteca,  por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

L’ALTERNATIVA 25: QUE SIGA LA FIESTA.

El pasado domingo 18 de noviembre finalizaron las proyecciones y actividades de la edición número 25 de l’Alternativa, certamen plenamente consolidado en el panorama cinematográfico de la ciudad que, sigue manteniéndose fiel a un estilo marcado por un cine diferente, alejado de la bienintencionada industria, y nacido en los márgenes y en la resistencia y disidencia, alejado de un entramado cinematográfico, casi un coto cerrado, demasiado obsesionado en embellecerse y dar la espalda a la reflexión y el conocimiento del mundo en el que vivimos, alejándose de las realidades del hombre y su tiempo. L’Alternativa propone cine resistente, cine furioso, cine complejo, cine guerrillero, cine abierto a todas las miradas inquietas y curiosas, lleno de energía. Un cine venido de diferentes lugares del mundo, heterogéneo en su esencia, y rabiosamente contemporáneo y atemporal, pero cercano en su materia y su naturaleza, un cine que nos mira y propone nuevos caminos vistos desde infinidad de puntos de vista, cine próximo e íntimo, un cine que nos acerca y nos transporta a universos imperceptibles e invisibles, mundos que buscan miradas que los miren con atención y reposo. Unos trabajos muy necesarios que nos muestran realidades complejas, oscuras y tremendamente vivas, orgánicas y sinceras. Cine con espíritu dialoguista que huye de convencionalismos y sentimentalismos y, construido en base a una identidad muy personal que lo hace muy reivindicativo, profundo y bello. Este año el  certamen cumple 25 ediciones, casi nada, 25 batallas a favor de otro cine, de aquel que apenas tiene visibilidad, aquel que triunfa en festivales internacionales, el que grita sin que se lo oiga, aquel que sorprende y deja huella, 25 citas que iluminan el otoño de la ciudad, que alumbran con cine los primeros fríos y lluvias.

El lunes 12, a media tarde, como suele ser habitual, arrancó la nueva edición con ENTRE DOS AGUAS, de Isaki Lacuesta. Una de las películas más esperadas de la nueva temporada, después de su Concha de Oro en San Sebastián, y acompañada de tantos elogios. La película cumplió sus expectativas, y con creces, el público llenó el Teatre CCCB e Isaki presentó la película, y al acabar la proyección, mantuvo un interesante coloquio. La película vuelve, 12 años después de La leyenda del tiempo, a filmar a Isra y Cheito, los hermanos gitanos de la Isla de San Fernando. Isaki captura con naturalidad e intimidad una dura realidad de un paisaje complejo y difícil, y las pocas oportunidades de futuro que existen en la zona. Con un marcado acento al Accattone, de Pasolini, el cineasta gerundense filma a los dos hermanos de manera sencilla y conmovedora, huyendo de sentimentalismos, y atrapando todo su pasado y presente, retratando unos rostros en mitad de un paisaje bello y áspero, donde la vida se hace difícil, donde los recursos naturales y emocionales son explotados sin descanso, donde Isra se mueve como un fantasma en su propio hogar, debatiéndose entre dos frentes, la vida fácil del trapicheo o la vida convencional en familia que no encuentra por mucho que la busque. El segundo día de festival me acerqué a una película que compone la sección oficial. La elegida fue TEATRO DE GUERRA, de Lola Arias. La directora argentina convoca a seis veteranos de la guerra de las Malvinas, que allá por el año 1982 enfrentó al Reino Unido y Argentina, y a medio camino entre los recuerdos y las vivencias de unos y otros en la guerra, escenifican de manera reflexiva y directa todos los momentos horribles que les tocó vivir. Arias captura la memoria de todos ellos, en una forma de terapia cinematográfica para ayudar y ayudarlos en recordar desde la distancia, desde lo más íntimo y haciéndolo de manera honesta y cercana, hablando de todos sus miedos, inseguridades y (des) ilusiones de su juventud en la guerra, de aquellos años que tuvieron que matar a otro, y sobre todo, las secuelas psicológicas y la reintegración a la vida después de vivir todo aquel disparate de horror y muerte.

El mismo día también tuvo la oportunidad de ver TROTE, de Xacio Baño. Estrenada en Locarno y vista también en San Sebastián, el gallego vuelve a L’Alternativa con su primer largo, después de un buen puñado de exitosos cortometrajes, y lo hace adentrándose en el mundo rural gallego a través del personaje de Carmen, una mujer que por diferentes motivos ha permanecido en el pueblo cuando su alma le pide salir de allí. Convive con su padre, y durante un fin de semana que se celebra la fiesta tradicional de la “Rapa das Bestas”, reciben la visita del hermano y su novia. El ambiente opresivo, el pasado como prisión y la falta de oportunidades, condensan toda la atmósfera asfixiante que provoca la película a través de una forma dura e íntima, consiguiendo una película donde se explora la batalla interior entre razón e instinto. De la misma sección, también vi BLACK MOTHER, de Khalik Allah. El fotógrafo y cineasta establecido en Nueva York, nos sumerge en un caleidoscopio muy elaborado y rompedor sobre Jamaica y sus gentes, echando mano de Super8, 16mm y video, donde penetramos a través de un ritmo frenético y nocturno, en la idiosincrasia de sus gentes, en la que se profundiza en su historia, en su terrible pasado colonial, y su presente, vivo y colorido, siguiendo una catarsis de testimonios que dialogan con las imágenes y el sonido. La película me interesó por momentos, dejándome otros fuera, con serias dificultades para entrar en ese universo de imágenes, sonidos y demás, llevándome sin descanso a ese mundo onírico, mágico y sensorial que propone la película, aunque entré en ella, en su discurso hipnótico, sólo a medias.

Todo lo contrario me sucedió con otra película que vi en la misma sección, me refiero a AMÉRICA, de Erick Stoll y Chase Whiteside. La historia de tres hermanos mexicanos mal avenidos que se enfrentan a la tesitura de cuidar de su abuela de 93 años, les sirve a los cineastas estadounidenses para hacer un retrato contemporáneo sobre las necesidades de la juventud en dura batalla contra las obligaciones adultas, en un documento cotidiano e íntimo, en el que presenciamos de manera honesta y sencilla los problemas cotidianos de estos tres hermanos, sus diferentes puntos de vista y las discusiones y enfrentamientos que van teniendo a lo largo de los tres años que retrata la película. Una historia conmovedora y sensible sobre el tramo final de la vida, y los vínculos familiares, que huye del sentimentalismo de cartón, para adentrarnos en un retrato delicado y brutal sobre la vez y el amor a los mayores. Quizás una de las películas más inquietantes y brutales del festival de este año podríamos encontrarla en la propuesta de LA CASA LOBO, de Cristóbal León y Joaquín Cociña. Procedente de Chile y firmada por dos de los artistas jóvenes más importantes en las artes visuales, nos llega una película insólita, en su forma y fondo, una historia que ha dejado buenas sensaciones en los prestigiosos festivales de la Berlinale y Annecy, para hablarnos de María, una joven huida de una secta que llega a una casa en mitad del bosque habitada por dos cerdos que se transformarán en personas. Con la técnica de la stop-motion, llena de imaginación y creatividad, donde vemos como se construyen y deconstruyen todos los elementos de la película, en un terrorífico y fascinante cuento de hadas, que mezcla en folklore chileno y el caso horrible de la secta Colonia Dignidad que asoló en Chile. La película se convierte en un magnífico puzle de múltiples capas donde nos adentramos en un laberinto brutal de sombras, ánimas y malvados que no cesan de acecharnos.

En THE IMAGE YOU MISSED, de Donal Foreman. El cineasta irlandés nos convoca en un retrato sobre el legado de su padre, Arthur MacCaig, un documentalista que retrató durante 30 años el conflicto de Irlanda del Norte, y lo hace a través de sus imágenes en contraposición con las imágenes contemporáneas, y además, construye un impresionante retrato de la relación complicada con su padre, donde memoria colectiva y personal se fusionan en una película que nos devuelve los duros años del conflicto irlandés, y aquellos años de plomo donde la vida no valía nada, en los que en cada esquinas de las ciudades se mantenía el pulso contra el Reino Unido. Un fascinante documento sobre la historia, y sobre aquellos testigos que la filmaron, mezclándolo de manera brillante con las relaciones paterno-filiales, no siempre fáciles y sinceras. Otro de los títulos interesantes de la sección oficial lo encontré en la propuesta de UNA VEZ LA NOCHE, de Antonia Rossi. La directora ítalo-chilena, afincada en Barcelona, construye un relato sensorial y enigmático, a través de más de mil ilustraciones fijas, sobre las vidas de cuatro personas en la que nos sumergimos en su memoria personal e íntima, dando buena cuenta de su mundo onírico, donde sueños y pesadillas se mezclarán en una fábula en que el tiempo se convierte casi en un estado hipnótico y borroso, donde las cosas cambian sus formas y sus definiciones. Sus 73 minutos se agarran a nuestras mentes y nos propone un viaje fascinante a lo más profundo de la condición humana, con la compañía de los magníficos dibujos de forman forma, textura y colores, consiguiendo así una aventura hipnótica, fascinante y tenebrosa.

También tuvo la ocasión de ver un trabajo muy esperado, conociendo la filmografía de su directora y su premio en Locarno, la película LOS QUE DESEAN, de Elena López Riera. Vieja conocida del certamen, la directora alicantina, vuelve a su pueblo natal, Orihuela, para hablarnos esta vez del mundo del palomo deportivo y los hombres que hay detrás de esta afición. El estilo observacional e íntimo de la cineasta, vuelve a adentrarnos en la cotidianidad más cercana y brutal, sin excesivos formalismos ni experimentos dramáticos, siguiendo una de las competiciones y explicándonos todos los por menores que se suceden en esa jornada, siguiendo el camino trazado en sus anteriores y celebrados trabajos en Pueblo y Las vísceras, donde retrataba el alma y las inquietudes de las gentes de su pueblo. De las sesiones especiales, hubo hueco para EL SILENCIO DE OTROS, de Almudena Carracedo y Roberto Bahar. https://242peliculasdespues.com/2018/11/17/el-silencio-de-otros-de-almudena-carracedo-y-roberto-bahar/ Y también, para la película COMANDANTE ARIAN, de Alba Sotorra. https://242peliculasdespues.com/2018/11/09/comandante-arian-de-alba-sotorra/ En las secciones paralelas del festival, siempre interesantes y seductoras, se dedico a uno de los cineastas outsiders del panorama europeo, Boris Lehman (Lausana, Suiza, 1944) ofreciendo algunos de sus películas, retratos sobre sí mismo, sus amigos, su casa y su más ferviente cotidianidad, que lleva filmando desde los años 60, en una filmografía que abarca la friolera de casi 400 títulos.

Tuve la oportunidad de ver FUNÉRAILLER (De l’art de mourir) del año 2016, el último episodio de su obra BABEL, que lleva filmando hace 30 años, retratando la vida personal e íntima de este cineasta rompedor, cautivador y personal. En la película, a través de un tono ligero y cómico (muy al estilo de los documentales de Agnès Varda) nos sumerge en una despedida, en su propia muerte, desde los preparativos funerarios hasta la despedida de sus cosas, reflexionando sobre el tiempo, el pasado, el cine, la amistad, los amores, la política, y demás cuestiones sobre la vida y la sociedad, a través de una sinceridad que asombra por su delicadeza y su sobriedad ante la pantalla, consiguiendo divertirnos con lo más sencillo y también, haciéndonos reflexionar sobre los problemas sociales, políticos, culturales y económicos. Una de las grandes sorpresas de este año en la L’Alternativa, el descubrimiento de un cineasta peculiar y significativo en ese cine que reivindica tanto el festival, un cine para descubrir, reflexionar y sobre todo, vivir a lo grande. Este año, uno de  los grandes aciertos del festival ha sido el ciclo ELLES TALLEN, dedicado a las mujeres montadoras, en el que ha habido encuentros con montadoras como Ana Pfaff, Ariadna Ribas, Diana Toucedo, entre otras, que han hablado de sus métodos, formas y acercamientos al arte del montaje, teniendo una cita de esas que cualquier amante del cine no puedo dejar de aprovechar como la mesa redonda que tuvo lugar en la Filmoteca de Catalunya, bajo el nombre de “4 Camins”, donde asistí a ver a Nelly Quettier (responsable de títulos para Léos Carax, Claire Denis o la última Lazzaro Feliz, de Alice Rohrwacher) Julia Juaniz (habitual del cine de Carlos Saura ) y Núria Esquerra (reputada montadora de cine documental y de José Luis Guerín). Las tres hablaron de su trabajo con sinceridad y aplomo, abriéndonos un universo lleno de texturas, materia y colores, donde explicaron con detalle y sinceridad los problemas a los que se enfrentan, los directores con los que trabajaron y alguna que otra reivindicación sobre su condición de mujeres, su trabajo y sus múltiples experiencias y enseñanzas.

Hasta aquí mi camino por L’Alternativa 25, que ha ofrecido una gran programación en esta edición, con un nivel altísimo de gran cine, de ese cine reflexivo, auténtico, sincero, duro, inquieto y sobre todo, cine imperdible y sensible, lleno de retratos de personas de toda condición y lugar, dejando el listón muy alto para la próxima edición, que desde esperamos con expectación y contentos por haber vivido la experiencia de esta, porque L’Alternativa sigue más enérgica, más audaz, y provocadora que nunca, manteniéndose firme en sus principios y, caracterizándose como un festival fiel a su idiosincrasia, ofreciendo un cine que gustará más o menos, pero que sigue fiel a su espíritu contestatario, complejo y sumamente radical tanto en su forma como en su contenido. GRACIAS POR TODO A AQUELLOS QUE HAN HECHO POSIBLE L’ALTERNATIVA 25, muchísimas felicidades por el cumpleaños, y nos vemos el año que viene…