Magallanes, de Lav Diaz

EL VIAJERO INFINITO. 

“Encontraremos algo en ninguna parte”

Fernando de Magallanes 

Si pensamos en el cine comercial actual tan frenético, de ritmo electrizante, argumentos simpatizantes y sobre todo, una estimulación constante para enganchar a los distraídos espectadores. El cine de Lav Diaz (Datu Paglas, Filipinas, 1958) estaría en las antípodas de toda esa estructura de cine mainstream, porque su universo se caracteriza por la profundidad y sensibilidad acercándose a la historia de su país, los traumas, la resiliencia, las injusticias y las continuas luchas en que lo humano está muy presente en sus diferentes formas, complejidades y contradicciones. Sus películas se alejan muchísimo del corte de 90 minutos convencional, ya que sus films alcanzan duraciones de más de tres horas, incluso rebasando las cinco horas. Su narrativa también es diferente, alterna el color con el blanco y negro, apoyándose en fascinantes largos planos secuencia fijos y muy largos, en que la cámara se sitúa en un estado de observador, con un tiempo dilatado en unos encuadres de enorme empaque visual en los que penetra en lo físico y en lo espiritual de forma sencilla y huyendo de artificios, triquiñuelas argumentales y narración epatante, dando tiempo y reflexión a los curiosos e hipnotizados espectadores. 

Con Magallanes se acerca a la mítica figura del inquieto y empedernido viajero Fernando de Magallanes (1480-1521), pero no dibuja a un líder por encima del bien y el mal, recurriendo a la épica para vanagloriar su figura, sino todo lo contrario, le extrae toda la leyenda y el mito que lo rodean, para hacer una película sobre un hombre de carne y hueso, un individuo con sus alegrías y tristezas, con sus aciertos y equivocaciones, alguien ambicioso y también, alguien con miedo. La película nos cuenta su ruptura con la Corona portuguesa y con sus enemigos lusos para convencer al Rey de España de su viaje, de su aventura, de su ambición y su metamorfosis al llegar al archipiélago malayo. La película se asienta en la mirada y el cuerpo de Magallanes, de su amor Beatriz, y de sus relaciones con su tripulación y con los filipinos, porque el relato se centra, en su mayor medida, en sus (des) encuentros con los filipinos que conoce en sus largos y peligrosos viajes. Sus conquistas, sus conversiones católicas, sus devaneos, sus guerras interiores y exteriores, y sus huidas imposibles y demás situaciones que la cinta de Diaz relata de forma cercana y a la vez, observando como un privilegiado testimonio, en un poderoso ejercicio de desmitificación, abstracción y espiritualidad, donde cada instante de sus inquietantes planos nos sitúan en una zona limbo donde es tan importante lo que vemos y lo que se queda fuera de cuadro, en un off que alimenta los sueños. 

El aspecto técnico del universo de Lav Diaz siempre está muy pensado, es meticuloso, nada dejado al azar, en que cada encuadre escenifica un algo y más allá. Una cinematografía que firma el propio director y Artur Tort, el cinematógrafo habitual de Albert Serra, que actúa como coproductor, junto a Montse Triola,  en una composición de planos y encuadres en que el plano general se impone, a través de magníficos tableau vivants, hizponitantes y poderosos, donde el tiempo se va diluyendo, y el ritmo latente y reposado se va imponiendo a lo que ocurre y lo que no, en una especie de limbo inquietante y asfixiante, en el que todo ese poder magnético que va sumergiendo a los espectadores en un estado ambivalentes difíciles de descifrar donde cada secuencia aporta un tiempo no presente, donde pasado se fusiona con un no sé qué. El gran trabajo de sonido del dúo Emmanuel Bonant y Cecil Buban, esencial en una película donde el tiempo es muy físico, en un puzzle infinito de sonidos ambientales y fantasmales. El excelente trabajo de dirección artístico y de vestuario también ayudan a hacer de la historia esa credibilidad de verdad y leyenda, o lo que es lo mismo, ficción, por donde se mueve la película. El montaje también lo firman Tort y Diaz que, en sus 160 minutos de metraje, nos meten de lleno en esa quietud, pérdida y alucinante vida vivida y no vivida del inquieto viajero, en que el tiempo es una parte esencial del metraje, con sus saltos a modo de capítulo. 

La dificultad de poner rostro y cuerpo a Magallanes no ha sido una tarea fácil para Diaz, pero viendo la composición de Gael García Bernal, no solo estamos ante una especie de metamorfosis en que nos creemos la cara del actor mexicano ya como la real del explorador portugués, en una poderosa simbiosis donde en ese espacio intermedio, un limbo de actuación en el que se produce el encuentro entre la piel y la máscara que desaparecen para ver al navegante no cómo creemos que era, sino como es en la piel, el gesto y la mirada de García Bernal. Como sucede en el cine de Diaz, donde tiene la mecánica de mezclar intérpretes profesionales con actores naturales, en Magallanes también encontramos esta premisa con actores como el también mexicano Darío Yazbek Bernal, que hemos visto en películas de Michel Franco, Ángela Azevedo es la hermosa Beatriz, el luso Rafael Morais, habitual del director portugués Joâo Canijo, el también portugués Tomás Alvés, visto en el cine de Bruno Gascón, el conocido en la cinematografía portuguesa Paulo Calatré, el actor filipino Ronnie Lazaro, siete películas con Diaz, amén de Brillante Mendoza, y demás, y los naturales que escenifican todo el entramado físico y espiritual por el que se mueve la cinta, como su magnetizante arranque donde se produce el encuentro de los originarios y occidente, tan extraño como íntimo.

Como hay pueblos que se hermanan, también hay cine que también lo hace, la película de Diaz se podría fraternizar con Aguirre, la cólera de Dios (1972), de Werner Herzog, ya que el Lope de Aguirre de la historia en la piel de Klaus Kinski, imposible verlo en el rostro de otro intérprete, escenifica la locura, el terror y lo espiritual de su aventura al invierno, en su vía crucis particular por las cosas americanas, con la guía que trazó Conrad en la inolvidable El corazón de las tinieblas, en que Charlie Marlow no sólo se enfrenta al sin escrúpulos Kurtz, sino a todos sus fantasmas, los habidos y por venir, en un viaje sin fin, en una mezcla de aventura, miedo y catástrofe, donde la figura es un tipo como otro, con ternura, con rabia, deseoso de ser, llegar y seguir navegando, enfrentándose a sus yos, y a los otros, y los del más allá, y su conflicto con Lapu-Lapu, misterio, invento o quizás, un fantasma que ejerce contra los invasores, contra los viajeros del tiempo que llegar de otros mundos, como si fueran astronautas. Magallanes, de Lav Diaz es cine en mayúsculas, si entendemos y sentimos el cine como un misterio a revelar o no, en un viaje personal e íntimo en que exploramos a otros investigando a nosotros, o lo que creemos que somos, en una travesía hacia el otro mundo, o lo que queda más allá de la razón, donde habitan los monstruos del espejo y los que no se reflejan en él. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Solomamma, de Janicke Askevold

EDITH CONOCE A SU DONANTE. 

“Dicen que la curiosidad mató al gato, pero no cuentan si lo que descubrió merecía la pena”. 

José Saramago 

Los nombres de Ruben Östlund, Joachim Trier, Eskil Vogt, Thomas Alfredson y demás han dado buena cuenta de una mirada muy personal procedente del norte de Europa, a partir de retratos que indagan en la profundidad psicológica con una sensibilidad muy cercana y nada sensiblera. A esa terna, podemos añadir otro nombre ilustre, el de Janicke Askevold (Stavanger, Noruega, 1980) que, aunque se licenció en el prestigioso Atelier Theatral de Création para luego dirigir obras teatrales en Francia, presenta Solomamma, su ópera prima que nos habla de la maternidad en solitario de una mujer que se llama Edith, periodista de profesión y muy curiosa que, al enterarse de la identidad de su donante de esperma, se lanza a saber de él, a conocerlo y de esa forma, conocer mucho más a su hijo de 4 años. La historia pivota a través de la cotidianidad de Edith, y esta aventura que tiene mucho de inconsciente mezclada con el conocimiento y una forma de huida para soportar una existencia que se complica con su trabajo, su rol de madre soltera y la incipiente demencia de su madre. 

Un guion escrito por Jorgen Faroy Flasnes, que trabajó en la serie Nudes (2019), Mads Stegger, que tiene en su haber la película Hipnosis (2023), de Ernest de Geer, y la propia directora, en el que hay mucha verdad transformada en drama existencial, comedia inteligente, alguna que otra aventura, mucha reflexión y azote contra una sociedad que va de moderna y juzga todo aquello que es diferente o incluye miradas alejadas a los cánones establecidos de lo que debe ser esto o aquello. Edith es una mujer que rompe con lo establecido, aunque la película no embellece su decisión y mucho menos alecciona sobre ella, sino que la muestra de frente, sin subterfugios ni amarillismo, sino de una forma muy íntima y real, la que se saca de la auténtica realidad en la que vivimos todos. Un retrato tangible y humanista, en el que se cuentan situaciones tan reales que dan miedo, y esa característica particular de Edith que, tras conocer la identidad de su donante, no puede quedarse quieta y ante los problemas del futuro a los que se enfrentará con su hijo, decide que sabiendo más del donante, dispondrá de más herramientas para hacerlas frente y sobre todo, aprender de su origen, aunque como pasa en la vida y las cosas que creemos de una forma u otra, la realidad siempre se encarga de darnos una hostia y ver la dura realidad o incluso, desnudarnos para que no finjamos más y seamos sinceros con nosotros. 

Para su puesta de largo la directora noruega ha contado con la cinematografía de Torjus Thesen, que ha trabajado en las series Ida Takes Change y Amor sin wifi, en un trabajo serio y riguroso, que llama la atención por los planos cercanos que se ayudan del zoom para encuadrar más cerca a los personajes cuando están detenidos, situación novedosa en el cine actual que, en cambio, ayuda a centrarse mucho más cuando la situación se vuelve más a tumba abierta. La música está firmada por el trío lituano, Karlis Auzans, Paulina Kilbauskas y Vygintas Kisevivius, no obstante la película es una coproducción de Noruega, Dinamarca, Lituania y Letonia, en un gran trabajo porque la banda sonora, amén de algún tema muy popular en una secuencia inolvidable, cimenta con calma y atención todos esos momentos donde la historia se torna más íntima. El montaje lo firma Patrick Larsgaard, habitual del cineasta André Ovredal, el director de Troll Hunter y La autopsia de Jane Doe, entre otras. Una edición con mucho ritmo y muy agitada, con esa vida de altibajos en el que vive Edith, en un retrato muy actual por el que pasan muchas madres y la posibilidad de conocer lo desconocido, aunque eso sea arriesgarse mucho en sus interesantes 99 minutos de metraje. 

Uno de los grandes aciertos de la película es contar con la actriz Lisa Loven Kongsli, un actriz versátil de gran trayectoria que le ha llevado a trabajar con nombres tan importantes como el citado Ruben Östlund, Erik Poppe y Cristian Mungiu, entre otros. Una intérprete magnífica que sostiene con su rostro y su tristeza y su vulnerabilidad todo su trayecto emocional. A su lado, Herbert Nordrum, un gran actor que le da una réplica brutal porque él hace de donante conocido, al que hemos visto en películas brillantes como La peor persona del mundo, del mencionado Trier y la señalada Hipnosis. Una gran pareja sobre los miedos e inseguridades de ser madre soltera. Una película como Solomamma, de Janicke Askevold invita a reflexionar sobre las decisiones que tomamos y sobre cómo afectan a las personas de nuestro entorno, porque cómo somos, cómo vemos las situaciones y la gente que nos rodea define nuestra existencia por completo. Por eso, lo importante es saber hacia adónde vamos, pese a quién pese y pase lo que pase, porque solo tenemos una vida y la debemos vivir como podamos que, con lo que cuesta, ya tenemos suficiente sin importarnos lo que juzguen los demás, como hace la protagonista, con sus aciertos y desaciertos, pero aceptando su miedo, inseguridades y demás. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Laura García Alonso

Entrevista a Laura García Alonso, directora de la película «Corredora», en el hall de los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 26 de mayo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laura García Alonso, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Alba Saéz

Entrevista a Alba Saéz, intérprete de la película «Corredora», de Laura García Alonso, en el hall de los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 26 de mayo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Alba Saéz, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Corredora, de Laura García Alonso

CRIS FRENTE AL ESPEJO. 

“No debemos olvidar que lo que el espejo nos ofrece no es otra cosa que la imagen más fiel y al mismo tiempo más extraña de nuestra propia realidad”. 

Ana María Matute

Encontramos muchas películas que nos hablan de deportistas enfrascados en los vaivenes de su actividad, inmersos en duras peleas,  propias y ajenas, donde se dirime si acabarán ganadores o perdedores. Una película como Corredora, de Laura García Alonso (Madrid, 1990), su primer largometraje en solitario, debutó con la película colectiva Los inocentes (2013), surgida de la Escac, donde se formó.  Un guion que se aleja de lo esperado para profundizar en la salud mental en el deporte, coescrito por Pol Corteans, del que conocemos sus series junto al director Pau Freixas, Sé quien eres, Bienvenidos a la familia, Todos mienten y Los sin nombre, y la propia directora, se centra en Cris, una joven y atleta extraordinaria de alta competición que entrena en un centro de alto rendimiento y todo parece llevar el camino correcto. Un día, un día como cualquier otro, la joven sufre un brote psicótico que la hace alejarse de las pistas, encontrar refugio junto a su hermana mayor, Natàlia e iniciar un camino lleno de obstáculos que le harán parar y pensar en su vida. 

Una trama transparente e íntima que se posa en la mirada, el cuerpo, el gesto y los silencios de la protagonista, donde seguimos como si fuese una competición contra ella misma y contra el mundo, en que la agitación y la tensión constante en la que existe esta joven, que lucha contra una fuerza muy superior, sus capacidades y sus límites, o dicho otra cosa, su mente contra su cuerpo, en una batalla sin cuartel en el que se implican su entorno. Una hermana mayor-amiga que la ayuda, la abraza y la mira, que no resultará nada sencillo, y un padre, acogedor y preocupado que también le dará su apoyo y se mostrará duro con las intenciones de la joven de volver a competir cuanto antes. Estamos ante una home movie casi, de pocos escenarios, muy cotidianos y extremadamente domésticos, con esa atmósfera férrea y asfixiante que recuerda a algunos cineastas de la reconocida Escuela de Loza como Polanski, Zulawski, Skolimowski y Kieslowski, entre otros, que construyeron duros dramas sobre las capacidades e incapacidades mentales y todo lo que eso conlleva, a partir de retratos sinceros, agobiantes y nada complacientes, protagonizados por individuos atrapados en telas de araña construidas por sí mismos enfrentados a unos entornos hostiles y violentos. 

Una cinematografía brutal y ejemplar sacude cada encuadre de la película, con la omnipresente Cris, que firma Gina Ferrer, responsable de películas significativas en los últimos años como Panteres, Tros, La maniobra de la tortuga, 20000 especies de abejas y Sorda, entre otras. La cámara se pega a la protagonista siendo una extensión más, como una extremidad que la acoge, la zarandea y la engulle, todo a través de esa luz mortecina que impone esa imagen velada que construye cada elemento y cada emoción de los diferentes personajes. La música de Susana Hernández “Ylia”, responsable de la música de Segundo premio, de Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez, es una composición que huye de la condescendencia y la puntualización para crear un espacio centrado en los altibajos emocionales que sufre Cris. El montaje de Marta Velasco, una grande con más de medio centenar de títulos entre los que destaca los films de Fernando, David y Jonás Trueba, amén de otros igual de interesantes. Una duración de 96 minutos de metraje que pasan de una volada, sumergiéndonos en la gestión emocional de una mujer que a pesar de todo, sigue queriendo, quizás demasiado rápido o en contra de sus límites.

La apuesta de la película con Alba Sáez encarnando a la vulnerable Cris ha sido un gran acierto, porque la actriz demuestra una capacidad asombrosa para enfundarse en la piel de Cris, y extraer de ella todos los matices y detalles de un personaje metido en un cuento de terror doméstico y demasiado cercano que pone los pelos de punta. Le acompañan las buenas interpretaciones de Marina Salas como la hermana y Àlex Brendemühl como padre, amén de los “otros” corredores reales que arropan y dan esa verdad que resulta vital para el desarrollo de la película. No dejen de ver una película como Corredora, de Laura García Alonso, porque nos habla de salud mental, de todos los ritmos y exigencias que nos imponemos para llegar más lejos o antes que los demás. Estamos seguros que la película da un gran toque de atención a los tiempos febriles y las actividades asfixiantes que hacemos constantemente y no sólo eso, que las hemos naturalizado como algo que debemos de hacer. Cuidado con los Mr. Hyde en los que nos estamos convirtiendo, porque nos puede ocurrir como Grey, que finjamos ser una cosa y en un cuadro/espejo por ahí perdido se muestra nuestro reflejo, tan lleno de heridas que somos incapaces de verlas y de vernos a nosotros mismos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Isabel Rocatti

Entrevista a Isabel Rocatti, intérprete de la película «Cowgirl», de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens, en una de las salas de los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 19 de mayo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Isabel Rocatti, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y Sandra Ejarque de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Miguel Llorens

Entrevista a Miguel Llorens, codirector junto a Cristina Fernández Pintado de la película «Cowgirl», en una de las salas de los Cinemes Girona en Barcelona, el martes 19 de mayo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Miguel Llorens, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y Sandra Ejarque de Revolutionary Comunicación, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Cowgirl, de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens

LA VAQUERA Y SUS CIRCUNSTANCIAS.     

“Cada momento es un nuevo comienzo”.

T. S. Elliot

Es muy raro ver en el cine actual historias sencillas y cotidianas. Historias que nos hablen de personas maduras tan cercanas como las que podamos ser nosotros. Historias que se ambientan en espacios alejados del mundanal ruido, donde la vida tiene otro tiempo, quizás, un tiempo más de verdad y sincero. Como la película Cowgirl, el segundo trabajo del tándem valenciano Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens, protagonizada por Empar, un mujer de sesenta años que viven en un pueblo rodeado de montañas en la provincia de Castellón con su inseparable Tona, una vaca que quiere embarazar para seguir con su vida y su trabajo. La oportunidad, porque esta película va de eso, de aprovechar las circunstancias para seguir hacia adelante, la tiene Bernat, el vaquero más caudaloso del lugar. La cosa se complica con una idea mercantilista del alcalde ambicioso de turno, además, de la llegada de Riqui, un joven que oculta muchas cosas. Estamos ante una trama sobre personajes que son personas de carne y hueso, y a los que les suceden cosas sencillas pero altamente emocionales y dificultosas.

Después de Coses a fer abans de morir (2020), el dúo creativo Pintado y Llorens dejan la juventud y la despedida de un gran amigo, para adentrarse en el otoño crepuscular de unos personajes como Empar y Bernat que registra el magnífico guion de Rafa Albert coescrito junto a los directores, en esta curiosa mezcla de western y drama social y rural, en el que todo fluye sin necesidad de aspavientos ni grandes sucesos, todo gira en torno a tres personajes y la vaca. Una mujer madura en pleno duelo y necesitada de un nuevo ternero para su existencia, para seguir creyendo y no vencerse ante las hostias de la vida. Un maduro de larga estancia en las Américas que regresa al pueblo, a sus raíces y quizás, a tantas cosas que dejó para irse o huir. Y finalmente, el joven Riqui, un náufrago que desea echar alguna raíz y dejar tanta negrura que ha habido en su vida. Los directores no hacen gala de condescendencia ni nada que se le parezca, porque andan por otros lares, los de construir personajes que transmiten verdad, que se alegran y se entristecen, que patalean y que intentan vivir a pesar de los pesares, porque estamos ante una cinta que no se aleja de lo humano, sino que lo observa, se acerca de forma honesta y sobre todo, lo refleja de la forma más profunda y sensible.  

Un equipo técnico sobresaliente empezando por la excelente música de Clara Peya, que ya descubrimos su gran talento en documentales como EnFemme, y con cineastas como Laura Jou y Javier Ruiz Caldera, y más recientemente en Un altre home, de David Moragas. La música de Palafrugell construye una soundtrack llena de poesía, cercanía y ambiental, que se difumina con los quehaceres diarios y los diversos conflictos que van brotando en la trama. La transparente y precisa cinematografía que firma uno de los codirectores Miguel Llorens, con una amplia carrera como cinematógrafo al lado de grandes nombres como Marc Recha, con el que hizo sus dos de sus primeras películas El cielo sube y L’arbre de les cireres, amén de Pau Durà y Pedro Pérez-Rosado, entre otros. La luz se muestra natural y nada embellecedora, sino capturando los grises que desprende cada encuadre. El gran trabajo de montaje de Alfons Suárez, que trabajó en la miniserie Mítics 70 (2024), del mencionado Llorens, que consigue dotar de equilibrio y elegancia a una trama que se va a los 109 minutos de metraje, en el que nunca tenemos la sensación de cansancio y mucho menos de derivas innecesarias, sino de un ritmo latente dentro de un entramado de miradas, gestos y silencios.

Un gran reparto encabezado por la excelente Isabel Rocatti que, después de medio siglo dedicada a la interpretación le llega el primer protagonismo con Empar, una mujer a la que la gran actriz le da misterio, grandeza y resistencia. Le acompañan un estupendo Pep Munné, otro de los rostros más conocidos de nuestro panorama, ahora metido en la piel de Bernat, el Mitchum de The Lusty Men, el tipo que retorna a sus raíces, a su anterior vida, a sí mismo. El tercero en discordia es Carlos Cuevas, un joven actor que hace del fugitivo que se hace amigo de un personaje en concreto. Después tenemos una retahíla de buenos actores valencianos como el eficiente veterinario Joaquín Climent, el pelotazo alcalde Carles Sanjaime, el impertinente ovejero Àngel Fígols, que ya estaba en Coses a fer abans de morir, entre otros. La película Cowgirl, de Cristina Fernández Pintado y Miguel Llorens tiene esa autenticidad de una historia bien contada, con sencillez, alejada de moderneces del momento, y mostrando unos personajes de verdad, de esos que hablan y callan sus cosas, las de antes y las de ahora, y siguen como pueden en un lugar vaciado pero sigue resistiendo los embates del mal llamado progreso y la especulación emocional y física en la que existimos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Luigi Pingitore

Entrevista a Luigi Pingitore, director de la película «Jago Into the White», en el marco del BCN Film Festival, en una habitación del Hotel Casa Fuster en Barcelona, el viernes 25 de abril de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Luigi Pingitore, por su tiempo, sabiduría y generosidad, a Alba Sala, por su gran labor como intérprete, y a Miguel de Ribot de A Contracorriente Films, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA