Entrevista a Pepe Andreu y Rafa Molés

Entrevista a Pepe Andreu y Rafa Molés, directores de la película “Experimento Stuka”, en el marco del Festival DocsBarcelona, en el hall del Teatre CCCB en Barcelona, el viernes 25 de mayo de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pepe Andreu y Rafa Molés, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y al equipo del DocsBarcelona, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Lesa Humanitat, de Héctor Fáver

LA MEMORIA DE LOS VENCIDOS.

Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza.

Entre una España que muere y otra España que bosteza.

Españolito que vienes al mundo te guarde dios.

Una de las dos Españas ha de helarte el corazón.

Antonio Machado

La (de) construcción de la memoria a través de los estados ha sido, y será siempre, una herramienta política para ocultar las miserias de los países en tiempos de guerras y dictaduras. Un relato ficticio y completamente falso que utilizan aquellos gobernantes para convencer a las nuevas generaciones que aquellos años dolorosos forman parte de la historia del país de turno, y sobre todo, ya han sido superados, porque se ha pasado página. Aunque, en algunos casos, los gobiernos han investigado y depurado responsabilidades a todos aquellos implicados en el terror, el caso español es diferente, porque aquí se olvidó, y se cuenta una falsedad, ocultando los crímenes contra la humanidad que se cometieron durante la guerra y el franquismo, y los gobernantes se han afanado en crear una memoria histórica cercana a sus intereses partidistas y alejada de la verdad, la de todos aquellos familiares y amigos que buscan el cuerpo de tantos desaparecidos olvidados en los anales del terror franquista.

Héctor Fáver (Buenos Aires, Argentina, 1960) hombre de cine, dedicado durante más de casi tres décadas a la docencia a través del CECC, donde se han producido más de 200 cortometrajes y una decena de largometrajes (entre los que destacan títulos como Tren de sombras, de José Luis Guerín o El cerco, y nombres como Xavi Puebla, Santiago Zannou, entre muchos otros). El cuarto trabajo del director argentino afincado en Barcelona sigue por el discernir de sus anteriores documentales, si bien su primera película El acto (1989) se centraba en la fragilidad de las relaciones humanas a través de una amistad, en su segundo trabajo, La memoria del agua (1992) se detuvo en la persecución judía durante la 2ª Guerra Mundial, ocho años después, en el año 2000 se detuvo en los desaparecidos de la dictadura argentina con Invocación. Ahora, y cerrando esta trilogía sobre la memoria, su herramienta de trabajo son los desaparecidos del franquismo, y lo hace a través de un extraordinario trabajo de archivo, testimonios de implicados en la búsqueda de desaparecidos e integrantes de asociaciones que trabajan para encontrar las miles de fosas comunes esparcidas por todo el territorio nacional, y también, personas que han llevado a cabo procesos judiciales como el Juez Garzón, tanto aquí como en Argentina, y la narración concisa y sobria del actor Eduard Fernández, que ayuda a sumergirnos en las imágenes, los testimonios y filmaciones que pueblan la película y recorren la historia del país desde la guerra hasta nuestros días, a través de un grandísimo análisis dando voz y espacio a todos aquellos que no la tuvieron, y tomando como referencia la propia historia del país y la de otras naciones que han sufrido represión y terror, y cómo han trabajado la memoria.

Además, la película viaja a museos de la memoria de Argentina donde se recuerda a los desaparecidos de la dictadura y recuerda demás acciones contra el olvido y por la lucha de la memoria. Quizás, el trabajo de Fáver a veces resulta algo reiterativo, pero el conjunto se erige como un excelente documento sobre nuestra memoria, desde la guerra civil, el franquismo, la transición y su divinización o tantos males que se llevaron a cabo para olvidar lo ocurrido y no depurar responsabilidades a los implicados, como la estrecha colaboración con dictaduras extranjeras o los servicios secretos de EE.UU., hasta llegar a la democracia, que dejó pasar el tiempo y olvidar el franquismo, y sobre todo, sus muertos, y la insuficiente ley de memoria histórica, a todas luces insuficiente, que solo recuerda mínimamente, sin hacer ninguna acción a favor de la memoria ni restablecer la dignidad de todos aquellos que sufrieron el terror franquista (sin eliminar los procesos sumarísimos del franquismo, manteniendo nombres de calles y monumentos en honro a los jerarcas franquistas (como el Valle de los Caídos, tumba del dictador y donde se rinde pleitesía a los muertos franquistas de la guerra, olvidando todas las fosas comunes con presos republicanos que yacen a su alrededor) y permitiendo las exaltaciones y celebraciones a favor del fascismo, y demás actos antidemócratas que hoy en día tienen lugar en España con total impunidad.

Fáver ha hecho una película no sólo de política, sino de memoria, reparación y dignidad de todos aquellos que ya no están, y nadie sabe donde se encuentran sus restos, hablándonos sobre los cimientos endebles y vacíos de una nación que sigue arrastrando sus problemas de territorio y odio infinito en aquellas dos Españas que nos habló Machado, aquellos dos mundos irreconciliables que siguen en eterno conflicto, unos, los de arriba, que se niegan a mirar los errores del pasado y a repararlos, y los otros, los vencidos, que no encuentran el alivio después de tantos años. El documento de Fáver indaga en los orígenes y causas, realizando un exhaustivo trabajo de archivo, donde podemos ver un brutal y necesario collage de imágenes donde podemos hacernos una idea de dónde venimos y a dónde deberíamos ir, los caminos no transitados, y todos aquellos errores y vergüenzas que los diferentes gobernantes han ocultado y negado a los que murieron y los que los buscan. Un trabajo potente y didáctico con la producción de Ramón Termens (director de El mal que hacen los hombres) y la fotografía del excelente Gerard Gormenzano (colaborador de Guerín, Isaki Lacuesta, Llorca o Luis Aller, entre otros, a parte de director) para crear un sincero y honesto trabajo que ahonda en los males memorísticos del país, en la necesidad de una jurisdicción universal que ayude a restablecer la identidad y memoria de todos aquellos que desaparecieron por defender y luchar por la democracia que ahora tenemos y disfrutamos. Porque males no resueltos, son males eternos, los que siempre te acompañan, por mucho que los neguemos o los ocultemos. Siguen ahí, como ese espectro que sigue a nuestra vera.


<p><a href=”https://vimeo.com/220687282″>TEASER LESA HUMANITAT</a> from <a href=”https://vimeo.com/segarrafilms”>Segarra Films</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

 

 

 

 

 

 

Entrevista a Sonia Tercero Ramiro

Entrevista a Sonia Tercero Ramiro, directora de “Robles, duelo al sol”. El encuentro tuvo lugar el martes 17 de noviembre de 2015, en la terraza del Hotel Majestic de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Sonia Tercero Ramiro, por su tiempo, generosidad y cariño, a Nana de Juan de Prensa, por su paciencia, amabilidad y simpatía (que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación) y a la Filmoteca de Catalunya, por interesarse y programar cine documental, reflexivo y necesario.

Robles, duelo al sol, de Sonia Tercero Ramiro

robles-duelo-al-solSIN DEJAR RASTRO

“Las personas desaparecen pero las cosas que han hecho no. Sus obras, los edificios, su rastro, se queda”

A lo largo de la historia de la humanidad, hubo sucesos o casos que por mucho que algunos se empeñaron en hacer desaparecer, en borrarlos, en no dejar rastro de su existencia, el tiempo nos demuestra que en algunas ocasiones aquellos intentos resultaron inútiles, y la historia los acaba desenterrando y les devuelve la luz que otros se empeñaron en que no tuviese. El caso de José Robles Pazos fue uno de ellos, intelectual y profesor, y afín al gobierno de la República, desapareció sin dejar rastro en Valencia durante la Guerra Civil Española, una noche de noviembre de 1936. Nada más se supo de él, ni su familia, ni amigos, nadie que lo conoció sabía que le había ocurrido en realidad. La cineasta madrileña Sonia Tercero, con amplia experiencia en la producción y dirección de documentales, se ha sumergido en la vida de Robles, amigo del escritor de John Dos Passos y traductor de su obra “Manhattan Transfer”, que trabajó en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore como profesor de español durante 16 años.

La película recoge aquellos años de los periodistas foráneos en la guerra, la amistad íntima de Robles y Dos Passos, la ruptura política entre Dos Passos y Hemingway, y el viaje que hizo el escritor norteamericano a España en busca de su amigo desaparecido. El proceso de investigación empezó hace dos años y medio con la lectura de “La Ruptura”, un libro de Stephen Koach, que relata el desencuentro de Dos Passos y Hemingway, de ahí pasó a “Enterrar los muertos”, de Ignacio Martínez de Pisón, que sirvió para que la hija de Robles limpiara el nombre de su padre acusado injustamente de espía, y finalmente “Idealistas bajo las balas”, de Paul Preston, donde se daba buena cuenta de los periodistas extranjeros que vinieron durante la Guerra a España. Tres novelas que son la base de este viaje de investigación sobre lo que ocurrió con Robles y el legado de su trabajo y memoria. Tercero ha asumido el rol de investigadora arqueóloga, de desenterradora de la memoria, viajando a los lugares donde vivió Robles, la película arranca con John Dos Passos Coggin, nieto del escritor americano, el joven visita los lugares donde estuvo su abuelo, los edificios de la Gran Vía, el emblemático edificio de Telefónica, las calles del Madrid viejo, el campus de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, el pueblo de Fuentidueña de Tajo, donde se desarrolló el rodaje del documental Tierra de España, de Joris Ivens. Lugares de la memoria, escenarios donde se fraguó la batalla, en aquellos años de guerra, de incertidumbre, miedo y muerte. La película muestra cartas de los implicados, como las que escribió el propio Robles, Dos Passos o la viuda de Robles, Márgara Fernández Villegas, donde se cuenta aquellos años oscuros de guerra, y se esclarecen diversos enigmas de lo que sucedió.

dos passos y hemingway

La cinta arroja luz allí donde puede, y deja entrever el destino fatal de Robles en manos de los estalinistas a los que la guerra les llevó a otros intereses. A través de las imágenes de archivo y fotografías, que se confunden con las actuales, en un universo fascinante que la película logra fundir, pasado y presente en uno sólo, un escenario soñado donde Robles cobra vida y nos mira a nosotros. Los testimonios de la película, Martínez de Pison, Preston, la sobrina de Robles, la hija de Dos Passos, historiadores e investigadores logran arrojar luz, no toda la que desearían, porque todavía hay puertas que no se pueden abrir. Testigos y expertos que explican al Robles más íntimo y familiar, y aquel cúmulo de intereses políticos entre las fuerzas republicanas con la entrada en la guerra de los servicios secretos soviéticos, aquellos que purgaron a cientos de personas a las que consideraban traidores y enemigos de la causa comunista. Una guerra propia, entre hermanos, como ocurrió en el caso de Robles, que su hermano luchó en el bando franquista, que derivó a una ajena, donde los extranjeros vinieron a hacer su guerra y arrasaron con todos aquellos que veían contrarios a la patria, según les parecía. Tercero logra edificar una película contundente y política donde consigue domar todos los datos para descifrar algunos enigmas sobre el destino de Robles, y sobre todo, las relaciones oscuras y terroríficas que se fraguaron durante la guerra. Una película que recoge el espíritu de Asaltar los cielos, donde Rioyo y López Linares retrataban el caso de la muerte de Troski a manos del pistolero Ramón Mercader, donde nos mostraban hasta qué punto los intereses de los poderosos estaban por encima y decidían la vida de las personas, afines a ellas, en un principio, pero contrarias más tarde. Diversos géneros y formas se manifiestan en la cinta de Tercero, desde el documental de investigación y recuperación de la memoria, al cine político de espías, el western crepuscular, pasando por el cine negro más oscuro, rememorando aquellas películas donde nada es lo que parece y todos huyen sin saber porqué. El final para algunos idealistas y románticos, o el despertar para otros que vieron como sus ilusiones se veían eliminadas por intereses de otro color y condición. Un cine que desentierra a uno de los personajes más olvidados de aquella guerra donde se disparaba a todos y todos parecían ir contra todos.

Entrevista a Roger Casamajor (Rodaje “El elegido”)

Entrevista a Roger Casamajor, actor de “El Elegido”, de Antonio Chavarrías. El encuentro tuvo lugar el miércoles 10 de junio de 2015, en la Cafetería Bracafé, durante la visita al rodaje de la película.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Roger Casamajor por su tiempo, sabiduría y simpatía, y a la maravillosa Sandra Ejarque, de Vasaver, por su paciencia, generosidad y cariño.

El gran vuelo, de Carolina Astudillo Muñoz

elgranvueloINVOCAR A UN FANTASMA

“Hay muertos a los que nadie recuerda porque duelen demasiado para querer recordarlos, otros, se han vuelto incómodos. ¿Cómo hacerlos regresar?”

En Anatomía de un instante, el escritor Javier Cercas partió de una imagen (la que se produjo en el congreso cuando Tejero irrumpió a punta de pistola aquella tarde fatídica del 23 de febrero del 81, el instante en que Suárez y Carrillo no se refugiaron en sus escaños y se mantuvieron firmes ante los civiles) para reconstruir la memoria de la transición a través de un magnífico ensayo político que indagaba en las zonas más oscuras de la historia reciente de este país. Carolina Astudillo Muñoz (Santiago de chile, 1975) ha realizado un proceso similar al de Cercas, su punto de partida eran algunas fotografías y cartas de Clara Pueyo Jurnet, una de aquellas mujeres nacidas en Barcelona, que se afilió al PSUC y luchó primero a favor de la República, y luego en contra del franquismo, y continúo en la resistencia contra la dictadura hasta su desaparición en 1943, cuando salió de la prisión de Les Corts de Barcelona con un permiso falso. Ahí se pierde su huella para siempre, nadie sabe de ella, que fue de ella, que ocurrió después.

Astudillo descubrió esa imagen perdida, (como hace Rithy Panh en su obra, donde reconstruye la memoria no filmada del terror de Camboya) la de Clara, durante la realización de su pieza De monstruos y faldas (2008), donde recorría el desgraciado devenir de las mujeres que pasaron por la prisión de Les Corts. Fue en ese instante cuando arrancó el proceso de investigación histórica, en este maravilloso y emocionante viaje que se materializa con el encuentro de la cineasta con su personaje a través del cine, donde la vida y la muerte forman uno sólo, como explicaba Joan van der Keuken en Las vacaciones del cineasta (1974). Astudillo se sumió en una ardua y laberíntica investigación sobre la memoria de Clara y todos los personajes que la rodearon, no encontró imágenes, debía construirlas, en su caso optó por la reconstrucción, por el material de archivo o el found footage, rebuscó en las filmotecas películas familiares de la alta burguesía catalana y valenciana de los años 30, 40 y 50 (los lugares vitales de Clara), que recogen hechos cotidianos y explosiones de alegría, un material que con la ayuda de las dos montadoras, Georgia Panagou y Ana Pfaff, convierte esas películas ajenas en propias, en las imágenes que faltan de Clara, en esa vida no filmada, en dar luz donde no la hay, en que los espectadores sintamos que pertenecen a Clara y los suyos, unas imágenes que son de otros, de aquellos que vivían bien, ajenos y alejados a la lucha política y el terror del franquismo. Y no sólo eso, Astudillo Muñoz, además de reconstruir la biografía de Clara, fabrica un imponente ensayo fílmico en el que reflexiona y estudia esas filmaciones, como se registraban los cuerpos femeninos que hay detrás de cada retrato, la puesta en escena que escenifica como educaban a los niños en la lucha de clases.

el gran vuelo_20

Dos voces, una que nos explica el itinerario desgraciado de Clara, la juventud ilusionante, y la guerra, el exilio, y la clandestinidad, el terror del franquismo, y la paranoia comunista que ajustició a compañeros, la desilusión y el desencanto por una izquierda que acabó matándose y enterrándose a sí misma. La otra voz, nos lee las cartas de Clara, y los suyos, los amores frustrados, el desarraigo familiar, las amistades rotas, las dudas de la militancia, y la huida constante, todo aderezado con una música vanguardista, barroca, y popular, que funciona como testigo de esas imágenes que nos envuelven en las heridas del pasado que no cicatrizan. Astudillo no sólo desentierra la memoria silenciada y olvidada de Clara Pueyo Jurnet de una forma ejemplar y contundente, sino que se pregunta constantemente a sí misma, y expone unos hechos y lanza muchas cuestiones de dificultosa resolución, cediendo constantemente la palabra al espectador, para que seamos los que reflexionemos sobre lo contado. Una película humanista, honesta y tremendamente sencilla que, en ocasiones parece una película de terror y en otras, en un documento contra el olvido, cimentada en una estructura férrea plagada de sombras y espectros que escenifican a aquellas personas que siguen vagando por una historia, la oficial, que sigue negándolos, sin reconocerlos y no documenta sus vidas, porque como bien advierte el arranque de la película, hay muertos incómodos, molestos, tanto para unos como otros, quizás esa la metáfora terrible que lanza como dardo envenenado Astudillo Muñoz, que desenterrar la memoria, y ver qué y cómo sucedió, no sólo molesta a los de un lado, sino también a los del otro lado.