Entrevista a Maria Mauti

Entrevista a Maria Mauti, directora de la película “L’Amatore”, en su vivienda en Barcelona, el jueves 22 de noviembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Maria Mauti, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Aymar del Amo de Zucre Films, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia, y a Ciro Frank Schiappa (Cinematógrafo de la película) por la imagen que encabeza esta publicación.

Entrevista a Diana Toucedo

Entrevista a Diana Toucedo, directora de la película “Trinta Lumes”, en el marco del D’A Film Festival, en el hall del Teatre CCCB en Barcelona, el viernes 4 de mayo de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Diana Toucedo, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Eva Herrero de Madavenue, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Trinta Lumes, de Diana Toucedo

EL PAISAJE DE LO INVISIBLE.

En la profundidad del bosque, en aquello que no logramos ver, en lo que vive y transita entre lo oculto, se desplaza entre las sombras, en ese mundo oscuro para nuestras percepciones, en esa atmósfera en que las cosas ya no son como las conocemos, en ese otro lugar donde viven los que ya no están, en ese espacio invisible, en ese no lugar en que sólo algunos, los más inquietos y sensibles, logran traspasar esos muros no perceptibles, y adentrarse en ese otro mundo, en ese espacio donde habitan los difuntos, en ese mundo, igual que el nuestro, pero sometido a otras leyes, estructuras y sensibilidades. Una niña llamada Alba Arias, de 13 años de edad, será la figura curiosa y sensible que nos abra esas puertas que no vemos, pero viven entre nosotros, a nuestro alrededor, cerca de nosotros. Después de montar más de una veintena de títulos, entre los que destacan trabajos de Isaki Lacuesta, Eva Vila, Julia Ist, o Los desheredados, de Laura Ferrés, o A estación violenta, de Anxos Fazáns, entre otros, y dirigir un buen puñado de cortometrajes, la gallega Diana Toucedo (1982, Redondela, Pontevedra) enmarca en su tierra, su primer largo, y lo hace desde un marco muy especial, en las montañas de “O Courel”, y en otros tantos pueblos de la región, en la Galicia interior, y a través de una mirada íntima y muy personal, recoge las costumbres e idiosincrasia de esos pueblos y sus gentes, en que la película se bifurca en dos grandes ejes.

Por un lado, tenemos el documento, donde Toucedo, de forma sencilla y reposada, retrata su paisaje, sus montañas, sus cielos, su naturaleza, los fenómenos atmosféricos, donde vemos caer la lluvia, arreciar el viento o encogerse con el frío, en que el paso del tiempo se convierte en un elemento más del retrato, y también, sus gentes y costumbres, la ganadería, con esas vacas pardas caminar por las angostas calles de los pueblos, la camaradería entre sus habitantes, y los quehaceres diarios de sus gentes (como la dulce y curiosidad de la niña pequeña y su cotidianidad junto a su madre y en el colegio) haciendo especial hincapié a la despoblación de las zonas rurales y el olvido de tantos. Por el otro lado, Toucedo construya una emocionante y cotidiana fábula que transita entre lo fantástico y el terror,  siguiendo la aventura de una niña, la citada Alba (que recuerda a la llevada a cabo por la Alicia de Carroll) que ha emprendido una búsqueda a todo aquello que no entiende, a aquello que le es ajeno, a ese mundo de los difuntos, que según las costumbres galegas, siguen ahí, conviviendo entre nosotros, como uno más, aunque sólo algunos son capaces de verlos, de convivir con ellos y aceptarlos como algo natural.

Alba es una de esas personas, y con la compañía de su amigo Samuel, se adentra en ese mundo, mientras asiste a las clases, donde escuchamos la memoria de los ancestros, la fantasía y las leyendas del pasado, donde seres mitológicos convivían con los habitantes de los pueblos. Aunque estos dos relatos casan de forma natural y honesta en el marco de la película, fundiéndose en el relato, caminando a la par, y formando parte del todo, retroalimentándose una a la otra, y siguiendo firme en el transcurso de la película, retratando ese paisaje visible y evidente del que somos testigos, y es otro paisaje, más difícil de ver y de sentir, que la película logra hacer visible, desenmarañando sus brumas y acercándolo para nosotros, en un viaje espiritual, a lo más profundo de nuestros sentidos, y abriéndonos de manera clarividente a ese otro mundo, que también está aquí, entre nosotros, más vivo que nunca.

La maravillosa y fascinante luz de Lara Vilanova (que recuerda a los mejores trabajos de Luis Cuadrado o Teo Escamilla) con esos poderosos interiores claroscuros (como la sorprendente secuencia en el interior de la casa a oscuras con Alba y Samuel) y la captación de esa naturaleza en continuo movimiento, con sus peculiaridades y demás, bien acompañada por el envolvente sonido obra de Oriol Gallart, y la música con tonos fantásticos de Sergio Moure de Oteyza, nos sumergen en este viaje de travesía fantástica, en que todo es posible, en que las cosas más ocultas y enterradas, asumen su evidencia a través de lo más íntimo y personal. Sin olvidarnos del inmenso trabajo de montaje que Toucedo comparte con Ana Pfaff (Responsable en trabajos firmados por Carolina Astudillo, Carla Simón o Meritxel Colell, entre muchos otros) dotando a la película de ese ritmo pausado pero alejado del ensimismamiento que quitaría fuerza a lo contado.

Toucedo ha vuelto a su tierra a través del cineasta inquieto que se acerca a lo más íntimo, a contarnos la vida de sus gentes, y de sus paisajes, del que mira con curiosidad la tierra que dejó hace tiempo, del que vuelve con su cámara a retratarnos sus sensaciones, reflexiones y miedos ante un mundo cambiante, diferente y continuamente amenazado, que todavía se resiste a morir, como en algún momento explican algunos de sus personajes, esa resistencia de vivir en ese lugar, a través del tiempo, compartiendo con aquellos que no están, y los que están, sintiendo que cada camino, cada piedra y cada aliento nos retrotrae a ese mundo en el que conviven de forma natural la vida y la muerte, o lo que es lo mismo, los vivos y los difuntos, a través de ese fascinante personaje de Alba, una niña que recuerda y de qué manera a aquella Ana, que viajaba al mundo de los espíritus, en El espíritu de la colmena, de Víctor Erice, una película con la que Trinta Lumes, esos puntos de luz en forma de ánimas, comparte muchas cosas, igual que con las recientes Penélope, de Eva Vila (en que Toucedo es su montadora) y Con el viento, de Meritxell Colell (en la que Pfaff es su montadora) en que el viaje de vuelta al pueblo, a lo rural, a las raíces, revela mucho más a sus personajes de lo que ellos se esperaban, convirtiendo sus travesías en una forma de lucha interna entre aquello que dejaron y aquello que se encuentran, descubriendo y descubriéndose en esos espacios, sus allegados, esas costumbres y sus tradiciones.


<p><a href=”https://vimeo.com/306661916″>&quot;TRINTA LUMES&quot; – Trailer</a> from <a href=”https://vimeo.com/elamedia”>Elamedia Estudios</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a León Siminiani

Entrevista a León Siminiani, director de la película “Apuntes para una película de atracos”, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el sábado 8 de diciembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a León Siminiani, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Paula Álvarez de Avalon, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Apuntes para una película de atracos, de Léon Siminiani

EL CINEASTA Y EL ATRACADOR.

No se puede concebir ver y oír la realidad en su transcurrir más que desde un solo ángulo visual: y este ángulo visual siempre es el de un sujeto que ve y oye. Este sujeto es un sujeto de carne y hueso. Porque si nosotros en un film de acción también elegimos un punto de vista ideal y, por lo tanto, en cierto modo abstracto y no naturalista, desde el momento en que colocamos en ese punto de vista una cámara y un magnetófono, siempre resultará algo visto y oído por un sujeto de carne y hueso (es decir, con ojos y oídos).”

Pier Paolo Pasolini

La película nos da la bienvenida con la voz del propio autor explicándonos que siempre ha querido hacer una película de atracos, mientras vemos algunos de esos títulos clásicos que han creado su memoria cinematografía, como Rififí, de Jules Dassin, el clásico por excelencia del método del butrón (en el cual los atracadores utilizan el alcantarillado público para perpetrar sus delitos) también veremos secuencias de atracos de películas españolas como Apartados de correos 1001, de Julio Salvador, El ojo de cristal, de A. Santillán, Los atracadores, de Rovira Beleta o A tiro limpio, de Pérez-Dolz, entre otras, películas referentes para el autor que además, le sirven para introducirnos en su elemento esencial, el cine como reflejo de una sociedad y de su tiempo.

El autor es Léon Siminiani (Santander, 1971) que lleva dos décadas construyendo relatos de ficción, y también, de auto-ficción, enmarcados en el ensayo, en una simbiosis perfecta entre realidad y ficción, en la que nos introduce en su universo cinematográfico donde hay cabida para todo, para la ficción convencional, la autoreferencia, la vida propia, y sus acompañantes que van construyendo su propia realidad ficcionada a medida que avanza el metraje, en el que se interpretan a sí mismos y a otros, en un maravilloso y fascinante juego de espejos donde todo se cruza, y se retroalimenta, en que vida y cine acaban siendo uno sólo, y los dos elementos o medios se lanzan de la mano en pos de la historia que contar. Su serie de Conceptos clave de la vida moderna, con su grupo de cortometraje, evidenciaba esa forma tan natural y personal de abordar temas candentes de los tiempos de ahora, o en su trabajo en Límites 1ª Persona, en el que documentaba la última imagen del ser amado, en su cierre de aventuras junto, un viaje por el desierto. Todas estas reflexiones y pensamientos que ya anidaban en su cine, desembocaron en su primer largo, Mapa (2012) en el cual capturaba el final de una relación sentimental y el posterior desamor del protagonista, interpretado por sí mismo, que vivía su duelo a través de un viaje por la India.

Ahora, para su segundo largo, vuelve a transitar por sus lugares conocidos y nos sumerge en la historia de una amistad, entre el propio director y Flako, un atracador de bancos por el método del butrón, desde sus inicios, cuando supo de su existencia a través de los medios por su detención en el verano del 2013, pasando por sus correspondencias en forma de carta y visitas a la cárcel, hasta sus encuentros face to face cuando Flako empezó a disponer de permisos. Mediante un tono documental, entre la vida y el cine, Siminiani construye una película sobre la representación cinematográfica, cuando las imágenes ideadas no son posibles de materializarlas por no disponer de uno de los personajes en cuestión, también, sobre los límites del propio elemento cinematográfico, en que la visibilidad de ese mismo protagonista podría atentar contra sí mismo, en que la película a modo de diario-ensayo, como ya existe en buena parte del cine de Siminiani, va recogiendo todos los avances, obstáculos y pormenores de estos apuntes, que hace referencia a aquellas películas sesenteras de Pasolini amén de Localizaciones en Palestina para el evangelio según San Mateo (1965) donde recogía el viaje a Tierra Santa y las huellas de Cristo, en Apuntes para una película en la India (1968) viajaba hasta el país asiático para capturar su idiosincrasia, y finalmente, en Apuntes para una Orestíada africana (1970) explicaba los trabajos de preparación para la película frustrada que finalmente no pudo hacer.

Para Siminiani, el ensayo-prueba de la posible película se convierte en la película, donde convergen todo aquello que quería hacer, una película con atracos pasados, y atracadores presentes, y su modus operandi, tanto del atracador como del cineasta, donde la reconstrucción y reelaboración de la pre-película adquiere la dimensión de la película en sí misma, donde la reconstrucción de la biografía de Flako desde su infancia en Vallecas, la compleja relación con sus padres, y más con su progenitor, donde la figura paterna se erige como elemento distorsionador en la vida de Flako y su entorno, y su propio mito, acentúan más si cabe todo el entramado de Siminiani, en que director y personaje se acaban fusionando en uno mismo, en que se reflexiona sobre la paternidad y el legado a los hijos desde todos los ángulos posibles, de los padres ausentes, y los que vendrán, ya que Flako es padre y Siminiani lo va a ser.

Una película sencilla y personal, íntima y transparente, que registra el pre-encuentro y luego, la amistad construida, en el que hay fascinación y rechazo sobre alguien que atraca bancos con violencia y determinación, pero también, es un padre de familia y un esposo enamorado, y quiere llevar otra vida. La cinta rezuma verdad y ficción por los cuatro costados, en que también hay comedia y reflexión, tanto de los límites cinematográficos como de su representación, su reconstrucción y la propia ficción dentro del documento, donde todo se utiliza al servicio de la historia, en una película inquieta, llena de energía y magnética, en el que se narra el encuentro emocionante del cineasta que quiere contar su historia, la del otro y la suya propia, y la del otro, el atracador condenado que (que con esa máscara que utiliza para ocultar su identidad, aún los encuentros adquieres dimensiones más cinematográficas e íntimas) debe confiar y lanzarse al vacío para rememorar y reconstruir sus hazañas delictivas y reflexionar sobre sí mismo, y sobre su futuro.

Entrevista a Samuel Alarcón

Entrevista a Samuel Alarcón, director de la película “Oscuro y Lucientes”, en el marco de L’Alternativa 25. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el Hotel Cèntric  en Barcelona, el martes 13 de noviembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Samuel Alarcón, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Carmen Jiménez de ArteGB, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

Morir para contar, de Hernán Zín

EL ALMA DEL REPORTERO DE GUERRA.

“En la guerra, en una semana tienes una vida condensada. No hay engaños, no hay máscaras, hay subidón, hay éxtasis, hay miedo, hay compromiso ético, hay empatía, pero no estás negando la esencia de la vida, que es todo arbitrario, y que es muy efímero y, eso es muy atractivo.”

Hernán Zin

El soldado que desactivaba bombas en Irak en En tierra hostil, la magnífica película de Kathryn Bigelow, se llenaba de dudas, miedos y traumas cuando volvía a casa y se enfrentaba a sus quehaceres diarios con los suyos. En la guerra era todo lo contrario, el peligro cotidiano, las balas silbando y las bombas cayendo, y su temible tarea, le activaban todos sus mecanismos humanos, y el miedo y su temeridad, le hacían vivir con intensidad y lleno de adrenalina. Algo parecido les ocurre a los reporteros de guerra, seres intrépidos que se lanzan a los conflictos armados para narrar lo que ven, para ser testigos de lo que ocurre para contarlo a los demás, profesión que definió Arturo Pérez- Reverte, que se pasó 21 años como reportero de guerra, de la siguiente manera: “Vamos a la guerra en busca de aventuras, pero volvemos con una maleta cargada de cadáveres.”

Las cuestiones que no se ven del reportero de guerra, lo que no recoge su testimonio periodístico y todo lo que les queda en su interior después de haber vivido situaciones de muchísimo peligro, la angustiosa vuelta a la realidad más cotidiana, y mucho más, es lo que recoge el nuevo trabajo documental de Hernán Zin (Buenos Aires, Argentina, 1971) que se pasó durante veinte años de su vida como reportero de guerra, pero un accidente en Afganistán en el 2012, lo retiró, y tras tantos años siento testigo privilegiado de tanta muerte y violencia, todo se desbordó y sufrió los males psicológicos de tantos años de miseria y terror. Todo aquel proceso traumático le ha llevado a hablar en primera persona de sus experiencias como reportero, contando con los testimonios de otros compañeros que también han vivido el reporterismo desde dentro, viendo, escuchando y documentando todas las barbaridades que han visto. Zin sazona la película con sus reflexiones sinceras, críticas y sentidas, abriéndose en canal, hurgando en sus heridas y dejando que los espectadores vean una cara de la guerra completamente diferente a la que conocen, desde la mirada de esos transmisores del horror.

El cineasta bonaerense lo hace con la ayuda de esos 17 testimonios que narran las interioridades de la guerra, de su cotidianidad del horror y la miseria humana, explicando face to face, sin trampa ni cartón, sus verdades, sus miradas, desde el compañerismo entre ellos hasta lo más desgarrador que han presenciado, registrando más de 20 años de guerras en África, Asia y Europa, hablándonos al oído de todo lo vivido, lo sufrido, de aquellos que no están, compañeros que perdieron la vida en la guerra, como Julio Fuentes, Miguel Gil o José Couso, y tantos otros, y de sus traumas derivados a tantos años de dolor ajeno, porque nada es ajeno, o aquellos que sufrieron violencia y fueron secuestrados, nos hablan de frente, sin dejarse nada fuera, narrando su cautiverio físico y emocional, explicando sus batallas íntimas y personales de su alma herida, sus pesadillas, sus noches de insomnio y demás roturas psicológicas. Zin vuelve a adentrarse en una película de anclaje social y humano, siguiendo el camino trazado en sus anteriores trabajos, en los que impone una mirada crítica y sincera sobre los males de este mundo, como la pobreza extrema que relató en Villa miseria (2009) o las consecuencias horribles en los más débiles en los conflictos armados como la violación contra las mujeres en La guerra contra las mujeres (2013) o los niños, tanto palestinos en Nacido en Gaza (2014) como sirios huyendo de la guerra en Nacido en Siria (2017) poniendo voz a aquellos que sufren la guerra cada día, a la deshumanización del individuo enfrentado a la brutalidad de la violencia y la muerte.

Escuchamos los diferentes relatos sobre un oficio que les apasiona, un oficio que consideran útil y necesario,  para todos ellos que sobreviven en el horror para contar lo que ocurre en la guerra, porque si no, no habría testigos, ni fotos, ni documentos que certificaran las atrocidades que allí se cometen, hombres y mujeres que se lanzan a contárnoslo y registrarlo, seres humanos que acaban pagando un precio altísimo de tantos años soportando humillaciones, sufrimientos y dolor, heridas a las que deberán enfrentarse con amor y paciencia, sabiendo que su trabajo, y el de todos los demás haya servido para hacer de este mundo un lugar más habitable y sociable, aunque a veces cueste tanto creer que eso pueda llegar a ser posible. Zin también nos habla de esperanza e ilusión, porque entre tanto caos y destrucción, enfoca su mirada a los niños, los más inocentes y perjudicados en las guerras, porque aunque estén lejos de sus hogares, embarrados y hambrientos, perdidos en un campo de refugiados, siempre habrán niños que quieran seguir siendo niños, y jueguen con aquello que encuentren, con los desechos o la basura, pero sin dejar de sonreír, y mirar la cámara inquietos y agitados,  sin abandonar una actitud alegre y bella.


<p><a href=”https://vimeo.com/296409016″>Trailer MORIR PARA CONTAR</a> from <a href=”https://vimeo.com/dypcomunicacion”>DYP COMUNICACION</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>