Entrevista a Luigi Pingitore

Entrevista a Luigi Pingitore, director de la película «Jago Into the White», en el marco del BCN Film Festival, en una habitación del Hotel Casa Fuster en Barcelona, el viernes 25 de abril de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Luigi Pingitore, por su tiempo, sabiduría y generosidad, a Alba Sala, por su gran labor como intérprete, y a Miguel de Ribot de A Contracorriente Films, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Nuevos horizontes, de Mohammadreza Eyni y Sara Khaki

SOY SARA SHAHVERDI. 

“Es imposible imaginar una mujer de los tiempos modernos que, como principio básico de individualidad, no aspire a la libertad”. 

Clara Campoamor

Hace un lustro, y también distribuida por DocsBarcelona, bajo la iniciativa de El Documental del Mes, vimos Querida Sara (2021), de Patricia Franquesa, que recogía la vida y lucha política de Sara Bahai, la primera mujer taxista de Afganistán, amén de una activista por los derechos y la libertad de las mujeres afganas. Las circunstancias han decidido que otra Sara, esta vez Sara Shahverdi sea la protagonista de Nuevos horizontes (en el original, Cutting Throug Rocks), dirigida por la pareja iraní Mohammadreza Eyni y Sara Khaki, que retrata la vida y la lucha política de una mujer iraní que vive en una remota aldea del noroeste del país, y lo hacen desde la más absoluta sencillez y naturalidad, donde repasan el presente convulso al que se enfrenta diariamente una mujer que rompe las reglas en un país patriarcal que usa a las mujeres y no les concede la más mínima libertad. No obstante, estamos ante un dúo de cineastas comprometidos con las causas invisibles que protagonizan muchas personas que intentan mejorar las vidas de los oprimidos. 

La película repasa la peculiar y diferente existencia de Sara Shaverdi, con un pasado donde su padre le enseñó a conducir, a ser independiente y sobre todo, a no amilanarse ante nadie ni ante cualquier conflicto a los que se enfrentará. En el revelador prólogo al que vemos a la citada mujer siendo la decidida y valiente de nueve hermanos que lidia ante los hombres-hermanos que anteponen su poder frente a las otras hermanas, situación que Sara no permitirá y batalla contra las injusticias que quieren aprovecharse sus hermanos varones. Después vemos a una mujer que vive sola, una mujer que fue comadrona, que estuvo casada, que conduce automóviles y motocicletas, y que se presenta como concejal de su aldea, donde es la más votada y entra en un consejo donde se convierte en la primera concejala en una institución donde hay cuatro hombres y ella. La cámara se sitúa junto a ella y dentro de ella, y somos testigos de sus realidades como política: la mejoría del abastecimiento de agua, la construcción de plazas y la oposición a las formas fraudulentas de los otros hombres políticos. Amén de su profundo activismo a favor de los derechos de las esposas, y la ayuda a niñas para que no terminen casadas tan jóvenes y conozcan otras posibilidades de vida. 

Una mujer que, debido a su profunda convicción política como eje vertebrador para mejorar la vida de los aldeanos y sobre todo, la de las mujeres que son pisoteadas, se verá envuelta en profundas críticas y una oposición feroz que la quiere arrinconar inventado supuestas actitudes y enfermedades varias. Ante todo eso, Sara sigue en su camino, en su lucha, no dejándose amedrentar por los machistas y poderosos de turno. La cinematografía la firma el propio Mohammadreza Eyni construyendo una película-diario-travesía en continuo movimiento siguiendo a una mujer de aquí para allá, con una actitud a fuerza de bombas, mostrando una entereza fuera de lo común, con continuas muestras de protesta y rechazo por parte de los hombres que ven su poder limitado y totalmente cuestionado. La excelente música que firma Karim Sebastian Elias, con más de 90 títulos en su extensa filmografía, como los de Faruk y El espía honesto, que hemos visto por estos lares, ayuda a seguir con sensibilidad y fuerza la vida de alguien que lucha por un mundo mejor, por una aldea mejor, y por unas mujeres que sepan quiénes son y cómo conseguirlo. El montaje que firman el dúo de directores, condensa con maestría y energía sus 95 minutos que dejan bien claro que retratando a Sara están en el lado de la vida, sin edulcorantes ni nada que se le parezca. 

Los espectadores ávidos de historias sobre luchas y protestas encontrarán en Nuevos horizontes una película realmente emocionante en ese sentido, porque no habla de una persona cualquiera, sino de alguien que se ha visto en infinidad de tesituras para vivir como ella quería a pesar de la oposición y la crítica de su propia familia, la ala masculina. Una mujer que cree en la vida y los derechos como vía para desarrollarse y ser la persona que desea, con su trabajo, sus deseos, sus ilusiones y su peculiar forma de vivir que debe reafirmarse en su cometido diariamente, frente a un patriarcado que ve amenazado su status frente a la vida tan diferente de Sara. Un retrato emocionante que no habla de buenos y malos, sino de libertades y restricciones, de una mujer sin miedo y unos hombres muertos de miedo, porque no quieren que las mujeres tengan sus derechos y privilegios. La pareja de directores Mohammadreza Eyni y Sara Khavi han construido una película desde la verdad, desde ese espacio donde la vida, la dignidad y la humanidad toman partido cueste lo que cueste y tengan que enfrentarse a quién sea. Es evidente que estamos ante una obra sensible, profunda y reivindicativa, pero que reflexiona y no va heroínas ni gestas, sino de cotidianidad, naturalidad y esperanza ante un mundo menos injusto y más humano. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Rocío Montaño Parreño

Entrevista a Rocío Montaño Parreño, directora de la película «La casa y el ternero», en la imperdible sección de «Un impulso colectivo», en el marco del D’A Film Festival, en su habitación del Hotel Catalonia Plaza en Barcelona, el lunes 31 de marzo de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Rocío Montaño Parreño, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y al equipo del festival, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Historias del buen valle, de José Luis Guerin

LOS QUE HABITAN LA PERIFERIA. 

“Mis películas son una celebración de la realidad, de la vida, de mis amigos, de la vida cotidiana que pasa y mañana desaparece y no le prestamos atención cuando sucede”. 

Jonas Mekas

Ha pasado un cuarto de siglo desde que vimos En construcción, en la que José Luis Guerin (Barcelona, 1960), situaba su mirada-cámara en las entrañas del barrio Raval de Barcelona mientras sufría su mayor cambio urbanístico de su historia. A través de las historias más mínimas y cotidianas de sus gentes descubrimos el espacio humano más invisible, el que se instala en los márgenes, y sobre todo, el olvidado. Su película no sólo hablaba de una urbe en constante psicosis de construcción y cambio, sino en una forma de hacer y deshacer donde los ciudadanos importan poco o nada. A partir de un encargo del Macba bajo el título de “Una ciudad escondida bajo la niebla”, el cineasta barcelonés despachó una pieza en blanco y negro y muda, con música, filmada en super 8 sobre otro barrio, el de Vallbona, en el distrito de Nou Barris, seguramente el barrio más aislado, periférico y olvidado de la ciudad. Algunas imágenes de la pieza y varios testimonios nos dan la bienvenida a la película del título fordiano Historias del buen valle, donde el cineasta menciona su “Work in Progress”, una película en continuo movimiento, tanto físico como emocional. 

El cine es un arte de la subjetividad y la fragmentación, y Guerin sigue esas premisas desde el más absoluto respeto de aquello que tiene delante y primero, lo mira, más tarde, habla con sus habitantes, y posteriormente, lo filma desde la lejanía, acercándose desde el cuidado, desde la honestidad y sobre todo, sin pretender que olvidemos la mirada del cineasta, el forastero que llega para retratar un lugar y sobre todo, retratarse a sí mismo. A partir de la cinematografía de Alicia Almiñana construye una fragmentación totalmente cuidadosa y muy trabajada, en la que cada encuadre y plano obedece a una extensión del que observa, del que mira, de una curiosidad infinita, donde lo que importa no es lo que sucede, sino la carga de memoria que hay en cada mirada, gesto y palabra. Vemos un barrio a trozos, como una especie de caleidoscopio en que lo más local y cotidiano se confunde con aquello más complejo e inherente en cada uno de los habitantes que nos vamos encontrando. Una película que sabe recoger con paciencia y sin prisas, situándonos a los espectadores en una especie de tempo donde todo va mucho más tranquilo, un espacio apartado de todo y todos, rodeado de “enemigos” como las infinitas estructuras del mal llamado progreso que no cesa en su psicosis de construir carreteras y vías férreas que van consumiendo el espacio del barrio y aislando aún más, amén del canal-río que lo vertebra. 

Guerin sabe que el foco nunca está en la primera vista, sino que hay que observar con más profundidad para que aquello más oculto y difícil se revele, porque el tiempo presente del cine escarbe lo que sucede y cómo, ahí aparecen los más ancianos del lugar testimoniando el barrio de antes, sus costumbres y sus historias, venidos del sur del país, y los de ahora, venidos de muchos países como India, Marruecos, Ecuador, Portugal, Ucrania y demás, recogiendo su historia de inmigración, de refugio, de vida y de conflictos. Los habitantes-personajes hablan de frente, de todas las edades y procedencias, como le hablasen a un amigo, como atestiguan los tres años de proceso de filmación, y lo hacen emocionados amontonando recuerdos, vivencias y demás. La película capta con mucha naturalidad y transparencia todas las escenas que se van produciendo: las diferentes reuniones a la vera del bar mientras hablan de lo suyo, mientras cantan los gitanos y portugueses las rumbas y melodías que describen sus existencias, amores, sus frustraciones y tristezas. Las reuniones en el canal usado como baño municipal, donde la música, la alegría y las risas forman parte, así como las realidades de cada uno. Una arquitectura que se mueve entre lo urbano y lo rural, fragmentos de vida y verdad que se van intercalando con diferentes espacios del barrio y sus alrededores, con el omnipresente sonido del tren que lo circunda, y la excelente y concisa música de Anahit Simonian, que nos remite a lo más puro de la imagen.  

Una película que, entre otras muchas más cosas, viene a documentar un barrio que jamás había sido filmado, reflejo de su olvido por su condición de espacio para desheredados. Guerin rompe esa condición maldita a la que el barrio y sus habitantes han sido relegados, y cómo sucede en su cine, su cámara está para escucharlos y filmarlos para dejar su testimonio y dar validez y sobre todo, dotar la importancia que se merece como individuo en que el cine le devuelve la dignidad y la humanidad arrebatada. Uno de los personajes mayores del lugar, le menciona al cineasta: “Que la película sobre Vallbona podría ser un western”. Si que hay de eso en la cinta, y mucho más, porque la imágenes filmadas viajan por muchos lugares: la ficción, el documento, lo social, y lo humanista, donde los diferentes humanos y sociales van emergiendo de forma natural, sin pretender ni ajustar nada, tomándose el tiempo necesario para que los rostros y sus testimonios se sientan importantes y se expresen con transparencia a través de la cámara que los filma. La acumulación de personas, historias y vidas de antes y ahora están sumamente cuidadas y respetadas y funcionan con ese tempo cinematográfico donde la mirada y la palabra escenifican lo universal del relato, porque cada retrato es mucho más de lo que vemos, atrapando su esencia más profunda y sensible.  

Guerin construye un relato que se alimenta del cine en su más pura esencia y ornamento, en que el cine mudo, ya presente en su fantástico prólogo, va apareciendo remitiéndose a aquellos maestros como Flaherty, Renoir, Murnau y Grierson, y cómo no, sus anteriores trabajos, como esas fantasmagorías que construyen a los ausentes en relación con los presentes que ya estaba en la mítica Tren de sombras (1997), y esos encuadres que van delimitando las diferentes personas, espacios y edificios que ya vimos en Inisfree (1999) y Guest (2010) y sus celebradas piezas como Le Saphir de Saint-Louis (2015) y De una isla (2019), entre otros. Un prodigio y conciso montaje del propio Guerin, muy trabajado y elegante, que nada está al azar, como ese tramo final, donde el cine se eleva a cotas que muy pocos cineastas pueden conseguir, que nos hace viajar por cualquier tiempo, espacio, memoria, presente y demás, y cómo no, todos los presentes y fantasmas que habitan en cada espacio y en nuestro interior en los 122 minutos de metraje que nos devuelven el cine de verdad, aquel que mira, que observa, que filma y sobre todo, que cuenta y se cuenta con lo más mínimo, la materia física y sobre todo, invisible que está llena de emoción y de vida. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Ramón Lluís Bande

Entrevista a Ramón Lluís Bande, director de la película «Retaguardia», en el marco del BCN Film Festival, en su habitación del Hotel Catalonia Plaza en Barcelona, el miércoles 2 de abril de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Ramón Lluís Bande, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y al equipo del festival, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Catalina Villar

Entrevista a Catalina Villar, directora de la película «Ana Rosa», en el marco del Brain Film Festival, en un espacio habilitado en el Teatre CCCB en Barcelona, el viernes 14 de marzo de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Catalina Villar, por su tiempo, sabiduría y generosidad, a Óscar Fernández Orengo, por retratarnos con tanto amor, y a Ana Sánchez de Trafalgar Comunicació, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Juan Palacios

Entrevista a Juan Palacios, directora de la película «Meseta», en el marco de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en el Parc de les Aigües en Barcelona, el viernes 29 de noviembre de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Juan Palacios, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Óscar Fernández Orengo, por su retratarnos de forma tan maravillosa. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Jana Montllor Blanes

Entrevista a Jana Montllor Blanes, directora de la película «On eres quan hi eres?», en el Espai Delmiro de Caralt de la Filmoteca de Catalunya en Barcelona, el miércoles 17 de diciembre de 2025.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Jana Montllor Blanes, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Ana Sánchez de Trafalgar Comunicació, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

On eres quan hi eres?, de Jana Montllor Blanes

LA IMAGEN PERDIDA. 

“Et busco. Busco fotos de tots dos. Em bloquejo quan em fan parlar de nosaltres. Intento possar paraules del que em passa, però no las trobo. O pitjor encara, no las sé afrontar. ¿Què li ha passat a la meva memòria?. Em barallo amb les respostes. No sé si tinc pocs records perquè era una nena. O perquè vam viure poques coses junts. No sé si em veies. Tampoc sé si volies que et veies. M’encantaria poder parlar amb tu. Tinc moltes preguntes”. 

El cine puede ser muchas cosas aunque, si en algo es muy poderoso, es mirar el pasado desde el presente, o lo que es lo mismo, su invocación a los fantasmas, porque su propia materia genera la posibilidad de compartir la ausencia, eso sí, la misma materia que lo hace posible, también lo hace imposible. Quizás las películas se quedan en ese limbo entre una cosa y la otra, entre los vivos y los muertos. A los cineastas se les abre una infinidad de conflictos cuando se acercan al ausente, al que no está, y la memoria que deja, ya sea de documentos y la más íntima, la que comparte con sus allegados. Acercarse a ese espacio es, ante todo, un desafío porque debes encontrar imágenes propias para tu película donde no hay imágenes propias o simplemente no existen. 

La cineasta Jana Montllor Blanes (Barcelona, 1979), ha dirigido películas como Ciutat abandonada (2007), Aquí viu gent (2008) y Disonar (2022), amén de ser una de las socias fundadoras de La Selva. Ecosistema Creatiu donde producen cine y crean proyectos comunitarios. La directora barcelonesa, segunda hija del músico, actor y poeta Oivid Montllor (1942-1995), se acerca a la figura de su padre con On eres quan hi eres? (sobresaliente título que encierra el macguffin de la película), no desde un ámbito público, si no de la intimidad compartida, y lo hace a través de rebuscando su archivo más íntimo, a través de sus fragmentos de películas, de canciones, fotografías y documentación y demás. Toda película, y más el documental, va de una búsqueda, de un encuentro, ya sea real o inventado a través de las imágenes, de construir una narrativa donde las imágenes, sonidos y sensaciones se parezcan a esa memoria frágil, vulnerable, lejana y en muchos casos, ficcionada, porque a través de la inventiva nos acerquemos a aquello imposible que deseamos. La película es un viaje de una hija que tiene la necesidad de hablar con su padre fallecido, de sus recuerdos, de poner en cuestión su memoria confrontada con la de él, en ese espacio tan íntimo entre un padre y una hija, entre todo aquello que se aleja del foco y lo público. 

A partir de un guion coescrito por Liliana Díaz Castillo, Lucía Dapena González y la propia directora, socias de La Selva, junto a Marc Vila Bosc, tejen una asombrosa y sensible historia donde los pliegues de la memoria se escenifican a través del agua, elemento que los espectadores descubrirán su importancia, las imágenes borrosas, encuentros con los amigos más íntimos de su padre como el gran guitarrista Toti Soler y el pintor Toni Miró, así como Montse Blanes, la madre de Jana. Una cinematografía que firma Maria Grazia Goya, de la vimos recientemente El rugir de las llamas, en la que prima lo experimental y lo formal como base en la que se buscan las imágenes, los testimonios, los documentos y demás archivo, siempre desde lo íntimo y lo invisible para acercarse y capturar la imagen que revele lo que la memoria no acaba de concretar. El gran trabajo de sonido en que encontramos el conciso y magnífico trabajo de diseño sonoro por parte de la gran Eva Valiño, y mezclado por Alejandro Castillo, construyen un espacio sonoro envuelto en brumas, en una especie de laberinto en el que los sonidos nos van guiando por el mar revuelto de la memoria. El montaje de Pepa Roig Camarasa, que ha trabajado en las interesantes Un bany propi y la reciente Dios lo ve, consigue un relato lleno de interés y muy profundo donde sus 74 minutos de metraje contribuyen a esa incesante búsqueda de quizás un imposible o algo que sirva para recordar y recordarnos. 

La película On eres quan hi eres?, de Jana Montllor estaría en el mismo tono de otras excelentes películas que han abordado la memoria íntima como Stories We Tell (2012), de Sarah Polley, La metamorfosis de los pájaros (2020), de Catarina Vasconcelos, desde la ficción Aftersun (2022), de Charlotte Wells, Soc filla de ma mare (2023), de Laura García Pérez, y la actual Flores para Antonio, de Isaki Lacuesta y Elena Molina, entre muchas otras. Tres formas de acercarse a la memoria familiar, ya sea del padre o madre, donde se construye un relato que indague en el pasado más íntimo, en una materia muy profunda y sensible, en el que se acercan desde lo más honesto y transparente, en que el cine nos devuelve su trazo más fuerte y sólido, porque las imágenes resultantes edifican eso que llamamos memoria y la intimidad que se busca, en un ejercicio de catarsis personal donde lo imposible se mezcla con lo posible, generando ese limbo del que hablaba más arriba, de ese espacio donde todo es posible, donde la memoria deviene una materia orgánica a la que se puede mirar de frente, con sus contradicciones y complejidades, pero de forma sincera y nada complaciente, porque todo viaje al pasado, y por ende, a la memoria, siempre deja heridas y curas, de conocernos más y saber de dónde venimos y las cosas que vivimos y lo que recordamos en un constante viaje de idas y vueltas, de tiempos e imágenes perdidas, de vivos y muertos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA