Mysterious Object at Noon, de Apichatpong Weerasethakul

mysterious_object_at_noon_52664LOS ORÍGENES DEL CINEASTA.

“Prefiero presentar las imágenes como una instalación, liberándolas unas de otras”

Apichatpong Weerasethakul.

Arranca la película de manera subjetiva, desde el interior de un automóvil, un vendedor de pescado ambulante recorre los caminos de un pueblo ofreciendo su mercancía, mientras una voz masculina en off nos cuenta una historia de desamor. El cineasta solicita nuestra mirada desde el primer instante. Un rato después, en la parte trasera del vehículo, el propio director filma a una mujer que le cuenta cómo sus padres la vendieron, cuando termina, el director le pregunta: ¿Tienes otra historia que contarnos? Puede ser real o imaginaria. A partir de esta premisa, el cineasta Apichatpong Weerasethakul (1970, Bangkok) ha construido su universo cinematográfico a lo largo de sus 7 largometrajes. Un mundo onírico y abstracto, que mezcla de forma audaz y tranquila, conceptos tan variados como el metacine, el documental, fantástico, ficción, entrelazado por diferentes dispositivos cinematográficos para sumergirnos en unas obras de gran poderío visual, de fascinante estructura, y personajes envolventes que nos cuentan historias sin tiempo, que viven y sienten en un estado emocional, en una forma espiritual que va más allá de lo tangible para instalarse en una especie de limbo en el que los sentidos se apoderan de la forma y la película vive intensamente en cada uno de los espectadores de formas diferentes y opuestas.

9_mysterious

Su primera película arrancó su rodaje en 1997, y luego se traslado un año más tarde (en Bangkok) para seguir con un año de montaje, para finalizar la película en el año 2000. Un aventura que nació con la idea de filmar en blanco y negro, las zonas rurales de Tailandia y sus habitantes, en la que se lanzó con un reducido equipo (sólo de 5 personas) a capturar sus rostros y sus vidas, un conjunto que desprende una proximidad y cercanías absolutas, dotándolo de una fuerza mágica y terrenal. Después de un breve prólogo, en el que somos testigos de la búsqueda del dispositivo que estructurará su película (como ocurre en los universos de Kiarostami o Guerín, entre otros), Weerasethakul edifica su narración a través de un cuento, (característica muy presente en su cine, en Tropical Malady, se explicaba “La historia del Tigre mágico”, que curiosamente, también escucharemos aquí), que nos habla de un niño paralítico con superpoderes y su maestra. Después de asistir a la representación del acontecimiento, el cineasta tailandés se lanza en un juego de cadáver exquisito ( muy en boga de los surrealistas) en el que filmará, a través de tomas largas, a las personas que se encuentra, mientras le van contando su versión del cuento, a través de diferentes lenguajes: entrevistas, la inclusión de intertítulos del cine mudo, representación de una obra cantada, lenguaje de sordomudos, etc… Diferentes maneras de contarnos un suceso, ya sea real o imaginario.

140213

El director prefiere no decantarse por ninguna de las posibilidades, y nos cede la palabra a los espectadores, para que sigamos su película, y nos detengamos y reflexionemos sobre la forma en que se presentan las distintas versiones del hecho en sí. Weerasethakul, como acostumbra en su cine, tiene espacio para indagar en otros aspectos como la difícil situación política (la crítica a la americanización del país o la corrupción militar) , documentar su particular visión sobre las zonas rurales del país, y el elemento de la memoria (exprimiendo las costumbres y tradiciones intrínsecas de su tierra), y sobre todo, investigar las formas de representación del cine y los mundos físicos y sobretodo, espirituales que nos rodean en nuestras existencias. Cine estructural (nacido de las vanguardias de los años 20), que ya aparecía en sus cortometrajes, que investigue sobre las formas, en la que el planteamiento narrativo sólo funciona como una mera excusa para indagar de forma seria y concisa sobre las posibilidades de los múltiples lenguajes cinematográficos. Una vuelta a los orígenes del cine, a través de las diferentes texturas y sus diversas e infinitas formas de representación, además de manifestarse en una reflexión profunda de la forma de construirlas y mirarlas.

Entrevista a Joan Capdevila

Entrevista a Joan Capdevila, codirector de «Rumba 3, de ida y vuelta». El encuentro tuvo lugar el jueves 14 de abril de 2016, en la Cafetería Café Café de Nou Barris de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Joan Capdevila, por su tiempo, generosidad y cariño, y a Carme Escales de El Periódico, por su paciencia, amabilidad y simpatía, que tuvo el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación.

Toro, de Kike Maíllo

CARTEL-TOROTHRILLER A LA ANTIGUA USANZA.

Desde tiempos inmemoriales, el buen cine se ha revelado como un fiel reflejo de la situación social, política y económica del país en cuestión, erigiéndose como metáfora en la que se reflejaban todos los males de una sociedad enferma, perdida y corrupta. Después de la interesante e hipnótica Eva (2011) con la que debutó en el largo Kike Maíllo (1975, Barcelona), su nuevo trabajo supone una vuelta de tuerca en relación a la citada película. Si en Eva, componía un relato a medio camino entre la literatura de ciencia-ficción clásica, la búsqueda interior y una “love story” interrumpida, bajo una imagen estética de gran belleza, en la que se imponía una historia a la que le faltaba algo más de emoción. En Toro, se ha decantado por dos guionistas de gran calado y experiencia como Fernando Navarro (Anacleto, agente secreto) y Rafael Cobos (habitual de Alberto Rodríguez), en la que no falta de nada: ese sur, el de Marbella, Torremolinos…, de fuertes costumbres y tradiciones, la arquitectura vacacional de edificios con aliento espectral que desafían los límites arquitectónicos y estéticos, el mundo oscuro de los bajos fondos, persecuciones rodadas con gran nervio y sentido del espectáculo, y un buen puñado de personajes con enjundia emocional, apoyados por una fuerte estilización de la imagen que impregna la historia de ese aroma de pérdida, desilusiones y mugre que contamina todo el ambiente y a los personajes.

toro3

El film se sumerge en una trama frenética y sangrienta, nos mete de lleno en 48 horas, en las que un pardillo e inmaduro tipejo que se hace llamar López, ha robado al capo, a Don Rafael Romano, éste envía a sus matones para cobrar, y López acojonado, pide ayuda a su hermano pequeño, Toro, que dejó ese mundo de mafiosos y gentuza, y está a punto de pasar al tercer grado de una condena de cinco años. Toro ha cambiado de vida, conduce un aerotaxi y vive con su novia. Pero todo cambia, y para peor, Toro, López, y la hija de este se sumergen en un huida a toda hostia, en la que deberán esconderse como alimañas perseguidas por Don Rafael y sus secuaces. La quemada y abstracta luz que impone Arnau Valls (responsable de la imagen de Eva, Anacleto o Naufragio, de Pedro Aguilera) actúa de forma impecable para llenar de contrastes y desazón todo lo que sienten unos personajes al límite y llenos de malasangre. Un montaje punzante y eléctrico obra de Elena Ruiz (las últimas de Coixet, entre otras) que mezcla con sabiduría los momentos que van a toda velocidad con los de apaciguamiento, llenan una película valiente, honesta y rabiosa, que se ve con mucho interés y atrapa desde el primer instante (con ese sublime arranque de luz tenebrosa en la que Don Rafael se encuentra con la echadora de cartas, en la que el destino toma la palabra y las emociones se disparan).

toro

Una cinta de buenos personajes, desde los matones a sueldo que limpian la mierda del jefe, destacando a Ginés, su hombre fiel, un tipo que obedece a un diablo con apariencia paternal, López (contenido y fantástico Tosar) en un personaje miserable, cobarde y vilipendiado, que no hace más que meter en líos a sus hermano, y vagar como un pobre diablo, Don Rafael Romano (como aquel Pepe, figura del macho en La Casa de Bernarda Alba, de Lorca, que además de citar a los clásicos, suelta perlas del tipo: “España es un país de malos hermanos” ó “La mala memoria, otros males de este puñetero país”), interpretando magistralmente por José Sacristán (convertido en icono y figura esencial en el cine español actual) que realiza toda una inacabable gama de recursos interpretativos, desde su forma de mirar, hablar y moverse. Sacristán es el capo del dinero sucio, la figura paternal para ellos, de los que saca toda la sangre y la vida, lo mejor de cada uno de ellos para su beneficio, un señor elegante, señorito andaluz, de la vieja escuela, vestido de los pies a la cabeza, sin escrúpulos, cofrade mayor, y que se maneja como Dios en ese inframundo de gentuza sin escrúpulos que mata sólo con oler el dinero.

toro-luis-tosar

Y para finalizar, Toro (con un Mario Casas en plena forma física y emocional, que defiende un personaje fuerte pero sensible) representa a ese joven que ha dejado el mundo de Don Rafael, pero inevitablemente tiene que volver a él, y peor aún, enfrentarse a su figura. Toro es esos chicos de infancia perdida, de sinsabores y huidas constantes, que han sido amamantados por seres infectos e inmorales, que los han utilizado y exprimido para su beneficio económico y emocional, que no han conocido otra vida. Toro no puede dejar su pasado atrás, lucha contra fuerzas superiores que no puede vencer, su camino es ingrato y lleno de miseria y podredumbre, está condenado a un destino que lo persigue y lo ahoga sin remedio, sin posibilidad de escape, como los Cagney, Bogart, etc…, que también describía el cine clásico de los 30 y 40. La película no esconce sus referencias, los clásicos setenteros de Peckinpah, Lumet, Siegel, Pakula, Boorman o Pollack, por citar algunos, o el Spaghetti western de los Leone, Corbucci, etc… están muy presente, o los más cercanos en el tiempo y estructura, los thrillers asiáticos, o los trabajos de Díaz Yanes (Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto ó Sólo quiero caminar), Urbizu (La caja 507 ó No habrá paz para los malvados) ó Rodríguez (Grupo 7 ó La isla mínima), películas que demuestran el buen pulso del género patrio, y que convierten a Toro, en una buena muestra de ese cine, en el que se mezclan las raíces más intrínsecas de lo nuestro, patria, religión, sangre y familia, con la mentira, extorsión y el retrato de un país amoral, lleno de sinvergüenzas que mienten, roban, y llegados al caso, asesinan y te borran del mapa.

Romance en Tokio, de Stefan Liberski

100X70_ROMANCE_TOKIO-01AMÉLIE EN EL PAIS DEL SOL NACIENTE.

“Tout ce que l’on aime devient fiction”

(Todo lo que uno ama se vuelve ficción)

Amélie Nothom

Amélie es belga y tiene 20 años. Nació y estuvo hasta los cinco años en Tokio. Ahora vuelve, fascinada por su cultura y con la intención de empaparse de todo lo que le ofrezca ese país. Pone un anuncio para dar clases de francés y conoce a Rinri, un joven de su misma edad, de familia burguesa y amante de la cultura francesa, y además, está deseando convertirse en su alumno. Se caen bien, quedan y les encanta pasar tiempo juntos hasta que se enamoran y comienzan una relación.

El director Stefan Liberski (1951, Bruselas), graduado en filosofía y literatura, y con experiencia de becario de Fellini, acomete su tercera película (basada en la novela Ni de Eva ni de Adán, de la hipnótica y fascinante Amélie Nothomb), en la que se adentra en una fábula moderna, con una estructura de cuento tradicional, en la que una joven apasionada, espontánea y aventurera se enfrenta a un país diferente al que dejó, en el que tendrá que lidiar con el choque cultural, las diferentes costumbres, el peculiar sentido del humor japonés, y sobre todo, tendrá de dirimir diferencias consigo misma, con sus miedos, contradicciones, ilusiones y demás derivas emocionales. Liberski ha fabricado una película sencilla, directa y mágica, pero también oscura y brumosa, como algunos de los ambientes por los que se mueve nuestra heroína. El relato rezuma vitalidad y sensibilidad, recorre las calles de la inmensa urbe de Tokio a modo de documental, capturando cada rincón, cada mirada, la descubrimos a través de los inquietos ojos de Amélie, su mirada será la que nos muestre ese país lleno de contrastes: por un lado, el respeto hacia los ancestros y las costumbres que conllevan rituales milenarios contrastan con problemas de la modernidad capitalista como los maratonianos horarios laborales y esa obsesión hacía el juego. Pero la piedra angular del relato, reside en la historia de amor romántica y pasional que tienen Amélie y Rinri, que descubre en la joven una sensualidad y sexualidad a través de una belleza que desconocía, y sobre todo, la conduce a un proceso de tránsito, de madurez , en el que abandonará el recuerdo de la infancia en Tokio para introducirse en la difícil existencia de la vida adulta con sus soledades, desilusiones, dudas y otros sentimientos.

TOKYO FIANCEE 10

Resulta sumamente revelador, cuando en un momento de la película, Amélie le confiesa a Christine, una amiga belga que reside en Tokio, que ser japonesa es difícil, a lo que la amiga le responde afirmativamente. Situación que perseguirá a Amélie durante todo el metraje, esa sensación de no saber quién eres ni a donde perteneces. La película también juega y muy sabiamente con el humor negro y ácido que alivia ligeramente los momentos difíciles por los que atraviesa la joven protagonista. Es de agradecer la ligereza con la que Liberski cuenta su película, pero que encierra las emociones más profundas, con ese aire poético que impregna toda narración, como cuando nos envuelve entre las brumas del bosque del monte Fuji por el que camina Amélie, ese acento tenebroso que el realizador belga impone a ese instante, que ayuda a descubrir el sentido interior que está viviendo la joven, y también las aguas termales de la isla de Onsen, donde la película desprende sensualidad y serenidad. Otro de los grandes aciertos, es la química que desprenden la pareja protagonista, que componen de forma sincera unos personajes que parecen distantes por momentos, y en otros, muy cercanos, destacando la vitalidad y complejidad de la interpretación de la joven Pauline Étienne (vista en las interesantes La religiosa y Eden). La frialdad e independencia del japonés enfrentada a la sinceridad y espontaneidad de la belga ayuda a conocer la naturaleza de un relato que pretende contarnos eso tan complicado que nos pasa en nuestras vidas, en el instante que dejamos de soñar con el niño que fuimos para convertirnos en el adulto que queremos ser, sin miedos y con la suficientemente valentía para afrontar los retos emocionales y profesionales que nos encontraremos por el camino de nuestras vidas.

Rumba Tres. De ida y vuelta, de Joan Capdevila y David Casademunt

Rumba_Tres_de_ida_y_vuelta-412937002-largeCUANDO SE APAGAN LAS LUCES.

Arranca la película con un plano cenital, en el que observamos sobre una mesa un plato lleno de gusanos, junto a una cuchara y un vaso vacío. Una imagen relevante que explica la infancia oscura y terrible que vivieron los hermanos de Rumba Tres. En ese momento, irrumpe la música y la película deja paso a contarnos como les cambió la vida a tres chicos de barrio que consiguieron ser una referencia en el mundo de la rumba con su música, sus grandes éxitos, las giras multitudinarias por España, Latinoamérica y Europa.

Joan Capdevila (1977, Barcelona), hijo de uno de los integrantes de Rumba Tres, y David Casademunt (1984, Barcelona), nacidos en el seno de la ESCAC, con experiencia en producción, videoclips y publicidad, se lanzan en su puesta de largo a explicarnos las luces y sombras de un grupo que en la década de los 70 y 80 lograron uno de los mayores éxitos de la historia de la música española, con sus rumbas alegres y pegadizas, en las que contaban sus sueños, ilusiones y amores. Los directores barceloneses abren varios frentes dotando a su film de un rompecabezas en el que el espectador deberá reconstruir la trayectoria humana y profesional de Pedro y Juan Capdevila, y Pepe Sardaña. Utilizan material de archivo (fotografías, imágenes de televisión y recortes de prensa), entrevistan a familiares, mujeres e hijos, artistas, gentes del espectáculo, periodistas musicales (filmados desde un ángulo dejando el plano inundado por el espacio, para que podamos intuir el entorno que rodeaba al grupo), y finalmente, ficcionan, de forma estilizada y con ese “look” de películas setenteras, con aroma a “quinqui”, para filmar aquellos momentos alejados de las luces de neón, pero que vivieron de forma apasionada y humana los tres amigos.

Ficción%20años%2070

Una película dividida por 8 capítulos, en los que en los dos primeros tercios, nos presentan los éxitos y la multitud que rodeaba al grupo, la parte brillante, llena de luces y bambalinas, las anécdotas y los sucesos que rodean a los grupos de éxito, a la parte de mito y espectáculo que acaban convirtiendo a estos hombres y mujeres en seres de éxito donde no faltan los aplausos y las felicitaciones, donde sólo los vemos a partir de otros, los que los conocieron, rieron con ellos, amaron, y compartieron ese mundo extraño y complejo de la fama, filmado de un modo enérgico, con un ritmo apabullante, de montaje apasionante y lleno de luz y calidez. Para el último tercio, los directores cambian el tono, plantan su cámara, y el ritmo se apaga, adquiere otra naturaleza, más serena y tranquila, y el primer plano inunda el relato. La película se recoge hacía dentro y nos presentan con entrevistas a los componentes de Rumba Tres, volvemos al plano del inicio, en la que nos hablan de su dura y terrible infancia en un colegio infernal que les marcó el resto de su vida, cómo la música actúo de terapia para superar los malos momentos, la pérdida de sus seres queridos, y la trayectoria de Rumba Tres y cómo el éxito se fue apagando y dejando paso a un olvido injusto. La película de Capdevila y Casademunt nos habla de aquella España de posguerra hambrienta y oscura, de los años setenta de aperturismo y nuevos tiempos, y los divertidos y veloces ochenta (aquellas carreteras secundarias, los casetes y los vinilos, las melenas cardadas, el fenómeno fan, los pantalones acampanados, etc…)  para adentrarse en la locura inmobiliaria de los noventa, y cómo los tiempos iban cambiando, y los gustos del público también. Una obra sincera y honesta, que penetra de forma vital a las luces y sombras de un grupo pionero en la rumba de nuestro país, de la parte humana que están construido los sueños y cómo estos se materializan, a veces de forma abrupta, y como todo sueño finaliza de la misma forma, casi sin darse cuenta, condenándolos a un olvido sucio y oscuro, como se abandonan los zapatos viejos, que diría Sabina.


<p><a href=»https://vimeo.com/140774929″>RUMBA TRES, DE IDA Y VUELTA</a> from <a href=»https://vimeo.com/user43470042″>Rumba Tres</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Encuentro con Daniel Sánchez Arévalo y José Antonio Félez

Encuentro con Daniel Sánchez Arévalo y José Antonio Félez, director y productor de «Gordos», entre otras, con motivo de la proyección de la película en las sesiones ESCAC. El evento tuvo lugar el jueves 31 de marzo de 2016, en la Filmoteca de Cataluña.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Daniel Sánchez Arévalo y José Antonio Félez, por su tiempo, conocimiento y generosidad, al equipo del ESCAC, por organizar estos encuentros, y a Esteve Riambau y al equipo de la Filmoteca, por su paciencia, amabilidad y cariño.

Mi amor, de Maïwenn

169429AMAR EN EL ABISMO.

«L’Âge d’Or es también —y sobre todo— una película de amour fou (amor loco), de un impulso irresistible que, en cualesquiera circunstancias, empuja el uno hacia el otro a un hombre y una mujer que nunca pueden unirse.»

Luis Buñuel

Enamorarse puede ser la emoción más profunda y placentera que existe, aunque también, puede convertirse en todo lo contrario, en una emoción destructora y terrible. La actriz-directora Maïwenn (1976, Les Lilas, Francia) que ha trabajado como actriz bajo las órdenes de directores como Becker, Besson o Lelouch, entre otros, aquí se pone tras las cámaras, en su cuarto título de directora, para contarnos una historia de amour fou, de amor al límite, que arranca de forma pasional y placentera, para derivar en una historia de amor destructivo, neurótico y catártico.

Maïwenn nos conduce por las existencias de una mujer, Tony, abogada, que pasa de los cuarenta, atractiva, pero no guapa, que conoce a Giorgio, que lleva un restaurante con clase, de la misma edad, pasional, alocado, manipulador y actractivo, acostumbrado a una vida desordenada, excesiva y visceral. La bomba del amor, y todo lo que eso conlleva, estalla entre los dos y comienzan una relación al límite, no hay tregua, todo es irracional, sin tiempo, a velocidad de vértigo, se aman, se gritan, y se matan. El tiempo se va fugazmente y el futuro no existe, existe el aquí y ahora, pero de una forma combativa y sin tregua, entre el uno y el otro. Se dejan llevar y viajan a través de un abismo que los mantiene a flote en una cuerda floja que tensan y rompen, que los hunde, pero se levantan, se caen y así van. Se casan y tienen un hijo, y empiezan las disputas de carácter, de relación, de modo de ver las cosas y sobre todo, de manera de vivir. La cámara de Maïween se mueve entre ellos de forma íntima y cercana, pegados a ellos, los escruta, filma sus miradas, sus cuerpos de manera naturalista y honesta, el sexo se vive de forma contundente y verdadera, no hay ningún truco, la cámara los acaricia y seduce, respira a su ritmo, escucha sus respiraciones, huele lo que desprenden, y todo aquello que ronda a su alrededor, amigos, familia, trabajos, y lugares por donde transitan su relación oscura, terrorífica y demoledora.

g3izypu1_o0pjzb

La directora francesa opta por el punto de vista de ella para contarnos la historia. Arranca desde el presente, cuando Tony ha sufrido un accidente, se ha roto la pierna y se encuentra en un centro de rehabilitación recuperándose. Tony nos cuenta la historia, a modo de flashback, de esos diez años con Giorgio, cómo se conocieron, se enamoraron y compartieron su vida. La película viaja de un tiempo a otro, sin vacilar, con energía y fortaleza, mostrando la fragilidad del amor, de nuestros sentimientos y las relaciones que mantenemos con los demás, los instantes de felicidad y tristeza, los altibajos que sentimos, todos esos momentos mezclados, fusionados, difíciles de llevar, que nos hacen sentir vivos, pero también nos hacen sufrir, espacios donde no existe el equilibrio, todo es blanco o negro, y nosotros yendo de una emoción a otro, la que nos hace vibrar o nos ahoga, la que amamos o nos acojona, la que mataríamos por ella, y la que nos mata. Maïwenn ha hecho una película brutal, llena de vida, y tremendamente visceral, de un amor duro y en ocasiones violento, de ese amor que te engancha y trastorna, que no te deja aire para respirar, que te asfixia, pero no puedes dejarlo, no sabes porque, pero no puedes, sigues en el cómo si te fuese la vida en ello, no lo entiendes, pero sigues. Una pareja protagonista en estado de gracia, que interpretan unos personajes devoradores y apisonadores, Vincent Cassel, al que amamos pero también detestamos, por su forma de vivir y relacionarse, y ella, Emmanuelle Bercot, interpretación que le valió la Palma de Oro en Cannes, se lanza al vacío con este personaje que lucha, grita de dolor, llora de rabia, pero ama con locura y vive agitada por el viento, el aroma de la pasión, pero también conoce lo oscuro de amar y todas sus consecuencias.

Entrevista a Daniel Grao

Entrevista a Daniel Grao, actor de «Julieta», de Pedro Almodóvar. El encuentro tuvo lugar el lunes 4 de abril de 2016, en el vestíbulo del Cine Phenomena de Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Daniel Grao, por su tiempo, generosidad y cariño, a Ainhoa Pernaute, y al equipo de prensa de El Deseo, por su paciencia, amabilidad y simpatía, que además tuvieron el detalle de tomar la fotografía que ilustra esta publicación.

Julieta, de Pedro Almodóvar

CcYTjc-WoAI3KIxEL ALMA DE UNA MADRE.

“Tu ausencia llena mi vida y la destruye”.

La película número 20 de Pedro Almodóvar (1949, Calzada de Calatrava, Ciudad Real) se abre de forma icónica y relevante. El plano nos muestra la forma de una vagina que inmediatamente, cuando el cuadro se abre, observamos que se trata del albornoz que lleva Julieta, la protagonista, e inmediatamente aparece el título de la película que inunda todo el cuadro. Julieta es el hilo conductor elegido por el cineasta para contarnos tres décadas de su vida, las que abarcan de 1985 hasta el 2015. Almodóvar se vuelve a su universo femenino, a centrarse en la maternidad, en el peso emocional que significa ser madre, el hecho de tener una hija y sobre todo, en las difíciles relaciones materno filiales. No obstante, desde su segunda película Laberinto de pasiones, las madres son una figura crucial e importante en su cine. Exceptuando a Gloria, la heroína de ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, que representaba la tristeza y la soledad más extremas, y se debatía en sentirse viva con cualquier extraño o abandonar a su familia y vivir su vida. Las madres que aparecían en sus primeras películas, solían ser madres dominantes, castradoras y tremendamente manipuladoras. Aunque a partir de 1999, con Todo sobre mi madre, la imagen de las madres almodovarianas mudó de piel, se convirtieron en figuras protectoras, luchadoras que se desviven por el bienestar de sus primogénitos, actitudes que en algunos casos les lleva a tener relaciones complejas y dolorosas con sus hijos y entorno. Recordemos a la Manuela de la citada Todo sobre mi madre, la Raimunda e Irene de Volver, o la Julieta de ahora.

1459760457_280131_1459760752_noticia_normal

Julieta nace a partir del imaginario de la escritora premio nobel, Alice Munro (1931, Wingham, Cánada), unos relatos cortos que suponen la tercera película de Almodóvar basada en un texto ajeno – las anteriores fueron Carne trémula, de Ruth Rendell y La piel que habito, basada en Tarántula, de Thierry Jonquet -. Una película que originalmente se iba a llamar Silencio e iba a rodarse en inglés, pero el proyecto tomó otra forma muy diferente. La trama arranca en la actualidad, en un piso vacío, en una situación de despedida, de tránsito, de dejar algo, Julieta (maravillosa Emma Suárez, que se convierte en uno de esos personajes femeninos emblemáticos que construyen el universo Almodóvar, mujeres solitarias, perdidas y rotas de dolor) deja Madrid para empezar una nueva vida en Portugal junto a su chico Lorenzo. Un encuentro fortuito cambia sus planes, y decide escribirle una carta a su hija Antía, una carta que llevaba mucho tiempo intentando escribir. Julieta le cuenta una experiencia que le cambió la vida, y arranca treinta años antes. Nos trasladamos a 1985 (no es casualidad que el período temporal de la película sea el mismo período de vida de El Deseo, la productora de los hermanos Almodóvar) y allí, en una noche de temporal, en un tren, Julieta (emocionante Adriana Ugarte) conoce a Xoan del que se enamora (guapísimo y masculino Daniel Grao) un hombre, pescador de oficio, que funciona como arquetipo, como un símbolo premonitorio de la tragedia. Julieta empieza una nueva vida en Galicia, junto al mar. Allí nace su hija Antía y el tiempo va pasando. Algo sucederá que reventará la tranquilidad de la vida de pueblo marina, algo que lo cambiará todo y desencadenará el drama de la película.

tumblr_ny167sOche1tcxkqzo1_r1_1280

El film viaja de una época a otra de manera sutil y tranquila, Almodóvar nos cuenta, a través de abundantes primeros planos con los que encuadra a su heroína, el drama de forma sencilla, avanzando lentamente, cuidando las situaciones con esmero, no adelantándose a los acontecimientos y dejando que todo vaya fluyendo. En relación a sus últimos melodramas, aquí el drama es diferente, otra vuelta de tuerca sabia de los infinitos recursos cinematográficos del manchego, que en esta ocasión, se cimenta a través del silencio, de la derrota psicológica y el interior emocional. Todo funciona de manera contenida, hay dolor, llanto, culpa y rabia, pero todo se desata en el interior de Julieta. Sí, estamos frente a una alma en pena que vaga sin rumbo y golpeada terriblemente por el peso del pasado, pero todo se sobrevive de manera callada, en silencio, no tiene fuerzas para gritar hacía fuera, y lo hace hacía dentro. El dolor la destruye y la mata, no es vida, se arrastra y no encuentra fuerzas para mantenerse en pie, pero hace todo lo posible para seguir hacía algún sitio, porque no es hacía delante, quizás su camino sea hacía el limbo de la pérdida y el dolor que mata pero no del todo. Almodóvar utiliza dos actrices para encarnar a la desdichada Julieta (cómo hacía Buñuel en Ese oscuro objeto de deseo, o Bergman en Persona, con la que comparte espejos deformantes de similitud y forma), resulta francamente extraordinario el momento que cambia de espacio temporal, en el mismo encuadre, en una elipsis de fuerza sobrecogedora, sólo utilizando una toalla.

julieta_h

Dos mujeres rubias, dos miradas que abarcan treinta años, tres décadas de cambio, de un país de luz a otro muy oscuro, de aquellos años de vida y alegría, a estos de ahora, invadidos por la negritud y la incertidumbre. El melodrama se siente, se huele, nace desde las entrañas de Julieta, de su dolor, su culpa, y su vida amarrada a una ilusión que se desvanece como las flores en invierno. Aquí no hay espacio para la comedia, Almodóvar prescinde de esos momentos marca de la casa, que contribuían a aligerar peso en medio de la tragedia de sus personajes femeninos, en esta no hay espacio, sólo silencio, no hay tiempo para reír, sólo para penetrar en el interior de Julieta, cómo nos propone desde el primer plano de la película. Almodóvar no quiere que te distraigas, quiere que permanezcas atento a la pantalla, que sólo tengas ojos para Julieta, que sigas su camino redentor, como un barco a la deriva, sin rumbo, que observes sin juzgar esa alma destrozada y apagada, pero fuerte, que se resiste a tirar la toalla.

Sin-titulo-5

Almodóvar viste sus películas con colores fuertes y vivos con predominio del rojo, que ya forman parte de un elemento característico en su cine, cada detalle y objeto están pensados y estudiados, nada es producto del azar, todo tiene su importancia, cada detalle por muy insignificante que parezca, forma parte de un todo. La luz de Jean-Claude Larrieu (habitual del cine de Isabel Coixet) impregna los encuadres de una forma tenebrosa y oscura en la parte de Galicia, (como la secuencia del tren con esa luz abstracta, casi de película de terror, escena que nos recuerda a momentos de la película Una noche, un tren, de André Delvaux) y esa luz apagada, que no brilla en los de Julieta adulta. La música de Alberto Iglesias (habitual del manchego en los últimos 9 títulos) envuelve a los personajes con unas melodías suaves que se agarran a fuego en la piel de Julieta. Como es habitual en el cine de Almodóvar, la dirección de actrices es extraordinaria, el director sabe manejar cada mirada y cada gesto dotándolo de las fuerzas necesarias, que aunque los personajes tengan menos apariciones, cada uno de ellos tenga su peso importante en la trama que se nos cuenta. El personaje de Inma Cuesta como la escultora Ava, o Beatriz, que interpreta Michelle Jenner, amiga de la infancia de Antía o Lorenzo, el hombre que viene al rescate que compone Dario Grandinetti. Almodóvar ha construido un melodrama clásico, como sus añorados Stahl o Sirk (con alusiones claras a Imitación a la vida), ese drama que se agarra al alma y no te suelta, que te conmueve desde la sutileza, sin aspavientos ni exaltaciones, a través de lo contenido, de ese dolor que crece en el interior, que no te deja, que te ahoga y te mata lentamente, cada día un poco más.

 

El juez, de Christian Vincent

EL_JUEZ_CARTEL_A42SENTIR TU MIRADA.

Michel Racine es el temido y respetado presidente del Tribunal de lo penal, en cambio en su casa, su mujer (con la que está en trámites de divorcio) lo menosprecia e ignora. A Racine se le conoce en el Palacio de Justicia por el magistrado de dos cifras, porque sus condenas siempre pasan de 10 años. Ahora, se enfrenta a un caso de muerte de un bebé de escasos meses en manos de su padre. Mientras se elige al jurado popular que juzgará el caso, una de los miembros elegida, una mujer atractiva y elegante, conoció a Racine en el pasado.

La nueva película de Christian Vincent (1955, París) después de la comedia La cocinera del presidente (2012), no sitúa en una pequeña localidad de provincias del norte, Saint-Omer (que nos recuerda a los lugares provincianos y herméticos tan apreciados por la mirada de Chabrol) y en el transcurso de un juicio. El cineasta francés construye su película a través de dos personajes, el presidente Racine y Ditte, la miembro del jurado. Una relación basada en miradas íntimas y cercanas, en gestos torpes, y movimientos inquietos. Vincent se centra en los pocos días que durará el juicio, un juicio con tono naturalista y sincero, muy alejado de otras miradas más esteticistas e irrealistas del desarrollo de un juicio, buscando lo morboso y espectacular. Escuchamos a todos los implicados exponer sus argumentos y explicaciones, el juez que actúa de manera sobria y seria, los diferentes testigos que en ocasiones les cuesta responder, las intervenciones del fiscal y los abogados defensores, y alguna pregunta de los miembros del jurado. Mientras, Vincent, a través de un guión ajustado y elegante, lleno de matices y sugerencias, en la que mezcla la seriedad del juicio con la distensión de las charlas en las cafeterías, llenas de diálogos ocurrentes y sutiles, nos va introduciendo la relación que mantuvieron en el pasado sus dos protagonistas, y cómo va creciendo en ellos una bella, maravillosa y sutil historia de amor.

"L'Hermine" de Christian Vincent

El director francés nos habla de personas reales, personas que podríamos encontrarnos en cualquier lugar, gentes como nosotros, con posturas diferentes en torno a las relaciones de doctor y paciente, a personas que mantienen luchas internas con lo que sienten. La excelente pareja protagonista consigue conmovernos de manera sencilla, entender a sus personajes, envolvernos con paciencia y sutilidad, y dejarnos llevar por lo que está ocurriendo en sus interiores. Dos actores en estado de gracias, por un lado, el eficaz y emocionante trabajo de Fabrice Luchine (maravilloso intérprete de muchas películas de Rohmer) interpretando al oscuro y malhumorado Racine, que encima arrastra un tremendo catarro, que vuelve a trabajar con Vincent después de 25 años cuando hizo La discreta (debut del director). Y por otro lado, la belleza y elegancia de Sidse Babett Knudsen (la actriz danesa protagonista de la serie política Borgen), en su primer trabajo en francés, realiza una composición brutal de un personaje que está feliz con su vida, y se erige como lo contrario a Racine. Dos miradas, dos mundos, un pasado que los une, dos sentimientos, y todo ello en mitad de un juicio. Un película que se ve con naturalidad a través de las miradas y los silencios que se dedican los protagonistas, una historia sencilla, emocionante y que atrapa desde el primer encuentro que tienen, como suele suceder con el amor, que llega sin que nos demos cuenta.