Tres recuerdos de mi juventud, de Arnaud Desplechin

poster_tresrecuerdosdemijuventudEL AMOR A LOS VEINTE AÑOS.

” Llevo, desde el vientre materno, un fanático corazón “

W.B. Yeats

(Remordimiento por un discurso inmoderado)

El rasgo que más define el cine de Arnaud Desplechin (1960, Roubaix, Francia) es la pasión, una pasión devoradora y excesiva, que se apodera de sus historias, y sobre todo, de sus personajes, unos individuos intensos, emocionalmente inestables, que viven y sienten de manera diferente a los demás, más propios de personajes literarios, inconformistas que emprenden una aventura, de forma caótica y descerebrada, en la que experimentan deseos personales  que a los demás espantan sólo de pensarlo. Después de su experiencia con Jimmy P. (2013), filmada en EE.UU. y en inglés, sobre la relación entre un ex combatiente indio veterano de la segunda guerra mundial que sufre trastornos mentales, y el doctor que lo trata. Desplechin vuelve a sus orígenes, por así decirlo, a recuperar el personaje de Paul, el profesor de filosofía de Mi vida sexual, que filmó veinte años atrás, con su inseparable Mathieu Amalric. Un especie de precuela que ha filmado entre su pueblo natal y París.

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Vuelve a contar con Amalric, para centrarse en la vida de Paul Dédalus, un diplomático que, tras un período en el extranjero, vuelve a su país, y debido a un problema con su identida, recuerda tres momentos de su juventud. El período más breve, a modo de prólogo, registra su infancia, en la que tiene que superar la muerte de su madre, y soportar la autoridad de un padre ausente. Le sigue el episodio de Rusia, cuando en un viaje estudiantil, ayuda a un compañero judío a entregar una valiosa documentación y dinero a unos refugiados, una parte, que alcanza la media hora, en que Desplechin disfraza su película con la apriencia de una intriga de espías, con la guerra fría de telón de fondo, en la que asistimos a una trama más propia del cine de Hitchcock o las novelas de Frederick Forsyth o John Le Carré. Finalmente, el tercer recuerdo, (que visita al Paul desde los 16 hasta los 21 años), y en el que Desplechin cambia su punto de vista, si en los dos primeros segmentos se centraba exclusivamente en la mirada de Paul, ahora bifurca la trama a través de Esther y sus amigos. La parte más significativa, y compone el grueso de la película, en la que Paul evoca la relación con Esther, el único amor de su vida. Desplechin haciendo gala de una maravillosa sutileza de composición de la mise en scene, en la que  imprime una ligereza y sensibilidad envolventes, nos introduce en aquellos años 80, en los años de juventud ardiente e inquieta, en la que Paul y Esther se enamoran, y viven una relación a distancia, él estudia en París antropología, y ella, va al instituto en Roubaix, una historia de amor pasional y agitada, en la que hay deseo, sexo, crisis, infidelidades, y todo tipo de desequilibrios emocionales.

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Desplechin ha hechado la vista atrás de forma muy personal, una mirada sentimental y amarga de sus años de juventud, en los que salir con amigos, escuchar hip-hop, fumar hierba, seducir a chicas, y soñar con una profesión para cambiar el mundo, formaba parte de la vida cotidiana. Unos años que nos recuerdan quiénes fuimos, que hacíamos, a quién amábamos, y sobre todo, en quién nos hemos convertido. Desplechin filma esta parte homenajeando a sus mentores, recuperando el espíritu que invadía el cine de aquellos años 60, aquel cine está muy presente en toda la trama, y se puede percibir el aroma de las películas románticas filmadas en libertad y por cineastas jóvenes que deseaban contar sus historias a su modo, huyendo de etiquetas y apartándose de lo que imperaba en aquel momento. Los primeros filmes de la Nouvelle Vague, los de Truffaut, Rohmer, Chabrol o Rivette, y sus elementos característicos (la voz en off que nos va explicando lo que hacen y sienten los personajes, las pantallas divididas, una cámara inqueita que sigue incesantemente a los personajes, un enfoque naturalista, la literatura como forma de conocimiento y evasión, la fuerza del erotismo, la luz parisina y los contrastes entre la realidad que viven y la que sueñan), sin olvidarnos de los otros cines que eclosionaron en los 60, con el primer Forman de Los amores de una rubia, o Jîrí Menzel en Trenes rigurosamente vigilados…, y posteriormente, las reflexiones de Pialat, Eustache o Garrel, entre otros, sobre el hecho de enamorarse y demás devaneos sentimentales. Los debutantes Quentin Dolmaire y Lou roy-Lecollinet, que interpretan a la pareja enamorada, aportan la frescura y vitalidad necesaria que impregna el unvierso de la película. Desplechin ha parido una cinta que combina el drama y la comedia, con sus familias disfuncionales, con personajes perdidos y vacíos, que luchan encarnizadamente para entender lo que les rodea, y entenderse a sí mismos, en la que mezcla de forma interesante música clásica y moderna, dotando a la película de un toque surrealista y confuso, muy propio de los años de juventud, años en los que todo parece posible y el futuro no es más que un reproche de los adultos.

La venganza de una mujer, de Rita Azevedo Gomes

473694LAS RAZONES DEL CORAZÓN.

“La civilización extrema arrebata al crimen su aterradora poesía, y así, en este tiempo de inefable y delicioso progreso, el crimen ha adquirido una extraña fisonomía”

Un narrador (que recuerda a los que nos guiaban en las obras de Shakespeare) es el encargado de introducirnos en la película, y nos irá abriendo los diferentes capítulos que la componen. Nos presenta a Roberto, un dandy fatuo y hastiado, que recuerda con cierta nostalgia, los tiempos de pomposas fiestas en palacios y amores libertinos con nocturnidad y alevosía. Una noche, mientras regresa de una fiesta, se encuentra a una joven que lo invita a su casa, con el fin de proporcionarle una noche de placer y desenfreno, aunque todo cambia de rumbo, y la mujer le abre su corazón y le cuenta algo que le ocurrió en el pasado y sigue dominando sus emociones más profundas. La cineasta portuguesa Rita Azevedo Gomes (1952, Lisboa), que tuvo a Manoel de Oliveira (1908-2015) entre uno de sus mentores, al que dedicó una película, lleva un cuarto de siglo dirigiendo películas centradas en el universo femenino.

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En la que nos atañe ahora, producida en 2012, desarrolla una adaptación libre de un relato homónimo incluido en Las diabólicas (1874), de Jules Barbey D’Aurevilly. La cineasta lisboeta acomete la película, centrada en una sóla noche, desde el punto de vista de la mujer, una desdichada señora que se casó con uno de los hombres más ricos de España, pero al que no quería, su infortunio se produjo cuando se enamoró del primo de su marido, y todo desembocó en una tragedia, que le confinó a una vida miserable, encerrada en cuatro paredes y vendiéndose a todos los hombres que se interesan por sus favores carnales. No estamos ante una película de época, sino una representación de época, una máscara, artificial, con un propósito y sentidos concretos, con múltiples referencias de poesía, pintura y teatro, enraizados en una trama que se desarrolla en dos tiempos, el presente, y el pasado, que penetra de forma natural contaminando todo lo que está sucediendo. Una mise en scene estilizada, y de calculada y milimétrica elaboración (en la que predominan las tomas largas, suaves movimientos de cámara que encuadran a los personajes, y planos generales)  nos conduce por los diversos decorados, y sobre todo, por la casa de la mujer, donde se desarrolla principalmente la historia, a través de maravillosos juegos de luces y espacios, en los que el tiempo no existe, desaparece, se aleja a nuestros sentidos, en el que nos atrapa, de forma irreversible, un espacio fílmico de abrumadora belleza, en el que se imponen los colores oscuros y apagados con predominio del rojo, ese rojo de sangre, de vida, de amor y muerte.

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Gomes nos relata una historia terrible y de gran crudeza, huyendo de dramatismos y condescendencias, sumergiéndonos de forma sencilla y honesta en el oscuro pasado de una mujer muerta en vida, desgraciada en el amor, y desgarrada de emociones, que ya no vive, sólo respira para arrastrar su no dignidad, vendiendo su cuerpo a decenas de amantes ocasionales, para vengarse de aquel que le hizo daño, aquel que no la entendió, quién la convirtió en lo que es. Una película que recupera el aroma del romanticismo, de las historias de amor fou, relatos oscuros de amores arrebatados, de locura, sin razones, en las que las almas enamoradas se dejan llevar hacía el abismo, hacía la nada. Un film que nos devuelve a la memoria heroínas desdichadas en el destino del amor como la Gertrud de Dreyer o las aproximaciones al mundo romántico de Rohmer con La marquesa de O, Perceval le Gallois o El romance de Astrea y Celadón, obras de fuerte carga emocional y conceptuales que nos invitan a dejarnos llevar por historias de amor de verdad, de las que se sienten y padecen. El exquisito trabajo de luz y composición de Acácio de Almeida (colaborador de Tanner, Ruiz, Oliveira…) que en cierta manera, recuerda al trabajo que hizo Storaro para Goya en Burdeos, y el magnífico montaje de Patrícia Saramago, refuerzan la idea formalista y teatral con la que nos presenta su historia la realizadora portuguesa. El gran trabajo de la actriz Rita Durâo (coladora en la filmografía de la directora) que compone el personaje de forma admirable, dotándolo de matices y miradas, a una protagonista envuelta en amargura y rabia, que la mata por dentro, un espectro sin rumbo que se mueve entre sombras. Y su paternaire, el actor Fernando Rorigues que impone dignidad a un tipo venido a menos y cansado, algo así como un caballero errante. Gomes ha parido una obra de grandísima belleza, que nos hipnotiza, a través de una concepción formal abrumadora, y nos sumerge en el alma oscura y terrible de una mujer desconsolada que se mueve por inercia, sin capacidad para sentir, con el alma rota y vacía, con el fin de invadir de soledad a aquel que la dejó así.


<p><a href=»https://vimeo.com/163432396″>Trailer LA VENGANZA DE UNA MUJER (Rita Azevedo, 2012)</a> from <a href=»https://vimeo.com/numax»>NUMAX</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

El rey tuerto, de Marc Crehuet

2016 - El rey tuerto - El rei borni - tt4555674 - EspañolVÍCTIMAS Y VERDUGOS.

Dos amigas que se reencuentran a través de Facebook, se citan para cenar. Van acompañadas de sus respectivas parejas, Ignacio, un activista que ha perdido un ojo por un pelotazo de goma en una manifestación, y David, antidisturbios, el autor del lanzamiento de la pelota. Bajo este decorado, angustioso y terrorífico, el cineasta Marc Crehuet (1978, Santander) filma su opera prima. Crehuet bregado en televisión creando y escribiendo series de éxito, y autor también de varios cortos, leyó la noticia de un joven italiano que había perdido un ojo durante una acción en Barcelona, casos que se repetían en los últimos años. El santanderino de nacimiento, y barcelonés de adopción, se lanzó a la escritura de la obra de teatro El rei borni, un texto que planteaba la posibilidad del enfrentamiento entre el lanzador de la pelota y la persona que perdía el ojo. La obra cosechó un gran éxito en Barcelona y Madrid. El guionista Joaquín Oristrell, después de ver la obra, instó a Crehuet a realizar una adaptación cinematografía.

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El joven realizador ha construido un artefacto incendiario y brutal, que desgraciadamente sigue estando de actualidad (caso de Esther Quintana), sobre la naturaleza de nuestras convicciones morales, los roles sociales que nos hacen ser quiénes somos, y sobre todo, la falta de orientación y confusión en un mundo caótico, sumido en una grave crisis económica y de valores. Un cuarteto protagonista en estado de gracia (implicados en el proceso de producción) componen unos personajes que se mueven como autómatas, incapaces de saber hacía adónde ir ni que hacer, unos, en paro y sin expectativas, protestan y se manifiestan con el objetivo de cambiar las cosas, y otros, cumplen sus obligaciones, aunque sean inmorales y perjudiquen a otros, sólo porque son “legales”. Víctimas y verdugos cambian de bando, se mezclan o simplemente, se quedan en tierra de nadie, sin respuestas, perdidos y vacíos.

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Una película compleja, necesaria y valiente, que huye de todo maniqueísmo facilón, en la que no hay buenos ni malos, no existe nada de eso, todo la trama se desarrolla de manera brillante, en una comedia negrísima, una sátira con una fuerte carga dramática, que desarrolla un juego de identidades e ideas asombroso, a través de una estructura compuesta por tres actos bien diferenciados, en el primero, la situación/conflicto planteada, en la segunda, como las circunstancias personales nos hacen ver las cosas de otro modo o nos hacen cambiar nuestras opiniones que hasta entonces creíamos  férreamente, y el tercer acto, y último, las consecuencias de unos actos que vienen provocados por el ambiente malsano, de falta de trabajo, y agobiado por una sociedad sin rumbo, perdida e inhumana. Una película que recuerda a planteamientos y reflexiones parecidas a las de Un Dios salvaje, de Polanski (que también había sido obra de teatro), la naturaleza fragilísima de nuestra moral, nuestras reacciones cuando se exponen conflictos con los otros, y nuestra manera de relacionarnos entre nosotros. Una película rodada en apenas 17 días, que ha contado con la colaboración y complicidad de todo el equipo, empezando por el cinematógrafo Xavi Giménez o la diseñadora artística Sylvia Steinbrecht, entre otros, y el plantel de intérpretes, los mismos actores que ya trabajaron en la obra, Alain Hernández (el portero de discoteca metido a antidisturbios), su novia, Betsy Túrnez (sin trabajo que llena su tiempo con estúpidos cursillos), Miki Esparbé (el activista social gracias al amparo paternal), y su pareja, Ruth Llopis (la modernilla que se cree la más lista de la clase), seres perdidos, todos víctimas, de un modo u otro, de un sistema podrido, de extrema competitividad, y ambicioso, que ha hecho de la codicia y el acumulamiento de riqueza su forma de vida, olvidándose de las necesidades de las personas que viven y trabajan en las ciudades.


<p><a href=»https://vimeo.com/160861261″>TRAILER EL REY TUERTO</a> from <a href=»https://vimeo.com/lastormedia»>Lastor Media</a> on <a href=»https://vimeo.com»>Vimeo</a>.</p>

Corazón gigante, de Dagur Kári

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Fúsi es enorme y tiene sobrepeso, ha pasado de los 40, pero todavía vive con su madre sobreprotectora. Trabaja en el aeropuerto transportando el equipaje, y soporta las humillaciones de sus compañeros, en sus ratos libres colecciona muñecos bélicos, juega con su vecina de 8 años, y cree ser un general en las simulaciones de batallas de la Segunda Guerra mundial que disputa con un vecino. Todas las noches conduce su automóvil hasta el puerto, y llama a la radio para que le dediquen un tema de rock. Y así, de esta manera tranquila y cotidiana pasa su existencia. Su madre, que se ha echado novio, le regala para su cumpleaños un curso de baile country, en el que conoce a Sjöfn, una mujer desorientada y falta de cariño. Bajo esta premisa y decorado, el director y músico Dagur Kári (1973, Francia), que estudió cine en Dinamarca, donde reside, y creció en Islandia, ha elegido estos antecedentes para contarnos su segundo trabajo, un relato sencillo, humanista y sensible.

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La película sigue la peripecia de este hombre corriente, reservado y silencioso, pero de enorme bondad y sentido del humor. Alguien diferente a los demás, en parte por su gran tamaño, y su carácter. Un ser que se ha encerrado en sí mismo, que le cuesta encajar, y cambiar su forma de vida. Kári ha construido una bellísima y emocionante comedia romántica, a base de detalles y elementos cotidianos, que escapa del tono sentimentalista y condescendiente de otras del mismo género, aquí nadie tiene éxito profesional ni belleza física, los personajes son seres cotidianos que nos podemos cruzar a diario, no destacan, ni lo pretenden, son gente que vive en barrios obreros, que intentan comprender a los demás y sobre todo, así mismos. El paisaje islandés hivernal y oscuro por el que se mueven los personajes, también ayuda a esa idea de película diferente, que camina por otros escenarios, el entorno es duro y frío, y el carácter nórdico, de pocas palabras, dibuja una narración apoyada en las miradas y silencios. Una cinta que explica su historia de manera tranquila, sin aspavientos ni salidas de tono, todo sucede de forma serena, construyendo las situaciones con tacto y sensibilidad, sumergiéndonos en la mirada inocente y cálida de Fúsi, ese gigante de gran corazón que protagoniza esta fábula moderna, algo así como una especie de Frankenstein o Qausimodo actual, seres que ante la intolerancia y la amenaza de los demás, debían esconderse y vivir entre las sombras, ocultos de todos.

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Kári nos habla de las dificultades que tenemos los seres humanos de aceptarnos a nosotros mismos, y relacionarnos con los demás, de nuestros miedos e inseguridades, de todo aquello que nos atenaza y acobarda. El realizador, danés de acogida, edifica una narración a base de tomas cortas, de planos cercanos, en sitios cerrados, en su totalidad, y la noche, como testigo, en la que crea esa intimidad necesaria y cercana, en la que entendemos a un personaje acomodado en el nido, que tarde o temprano, deberá volar hacía otros lugares, y librar sus propias batallas. Un grandullón que acaba conquistándonos desde lo más íntimo, casi sin pretenderlo, mostrándose como es, sin hacer nada más, en la que la extraordinaria interpretación y fisionomía de Gunnar Jónsson (cómico islandés de gran éxito) hace el resto. Estamos ante una comedia de “chico conoce chica”, y se enamoran, pero contada y filmada de otra manera, como se filmaban antes, más cercana a las comedias de Capra o Wilder, aquellas en las que los protagonistas eran poco agraciados, tenían trabajos de medio pelo, vivían en apartamentos compartidos y ruidosos, y no siempre, y para colmo de males, se acababan enamorándose de la chica que quería a otro, o simplemente, no los quería a ellos.

Esa sensación, de Juan Cavestany, Julián Génisson y Pablo Hernando

esa_sensacion_52885EL INMENSO VACÍO.

Tres directores: Juan Cavestany (1967, Madrid), autor de las imprescindibles Dispongo de barcos, El señor, Gente en sitios, entre otras, películas de costes muy reducidos que, desarrollan a través de breves secuencias, un compendio de lo absurdo de la existencia y cotidianidad, en el contexto de crisis económica, social y vital. Julián Génisson (1982, Madrid) del colectivo audiovisual Canódromo Abandonado, autor de La tumba de Bruce Lee (que se reserva un breve papel), y finalmente, Pablo Hernando (1986, Vitoria-Gasteiz), autor de los largometrajes Cabás y Berserker (2015). Y tres historias: Un extraño virus se propaga silenciosamente por la ciudad contagiando a los ciudadanos, a los que contagia sin remedio, sometiéndolos a situaciones sin sentido, en las que preguntan y formulan cuestiones sin venir al caso, dejándolos fuera de juego, y además, provocando la estupefacción de sus asombrados acompañantes. En la segunda, un hijo, vendedor de pisos, sigue a su padre que parece perdido sin tener muy claro quién es y qué hacer. Y para terminar, una mujer joven y atractiva tiene relaciones sexuales con todo tipo de objetos que se va encontrando en su camino.

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Tres miradas y tres relatos, tres formas de reflexionar y penetrar en el vacío existencial de la cotidianidad y el absurdo de nuestras vidas, desde un punto de vista irónico y sarcástico, situaciones surrealistas, incluso esperpénticas, de las que vemos cada día, pero siempre manteniendo un tono serio en lo que se cuenta. Historias que se narran de forma paralela, a modo de vidas cruzadas, en la que se opta por miradas y acercamientos diferentes: La del extraño virus, da una vuelta de tuerca más al cine reciente que ha ido haciendo Cavestany, un cine focalizado en las miserías y absurdos humanos, se mantiene fiel a sus antecesoras, pero optando por nuevos caminos, mantiene algunas de sus características, eso sí, como las abundantes localizaciones, o las tomas largas, mantiene un tono cercano y transparente, produciendo situaciones incomódas y esperpénticas, y una gran variedad de vaiopintos personajes que abarcan todas las clases de condiciones sociales y carácteres, sigue provocándonos mucha extrañeza y absurdidad, y penetra de modo salvaje, aún más si cabe, en la profunda herida de la desorientación de los ciudadanos. Continuando con la del hijo que intrigado por la actitud extraña de su padre, lo sigue por las calles y lo espía, un relato que nos habla de la fe, del descubrimiento de la fe católica por parte del padre, y el hijo, atónito por el hecho, no cesa de preguntar, buscando respuestas  pero es incapaz de  encontrar la manera de entender. Quizás, padre e hijo, se parecen mucho más de lo que uno u otro desearían. Un relato contado a modo de thriller urbano, con una cámara que funciona como testigo accidental a todo aquello que está sucediendo.

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Y para redondear la función, la de la chica enamorada de objetos, compuesta sólo por acciones, prescindiendo de diálogos, apoyada en una cámara pegada a su personaje, que sigue sin cesar a un personaje ávido de deseo que huye de un pasado que quiere olvidar, describiendo esas zonas oscuras que despiertan nuestro deseo, protagonizada por una actriz en estado de gracia, Lorena Iglesias, que mantiene de forma ejemplar la curiosa desviación sexual de su personaje, dotándolo de humanidad y extrañeza, y haciendo creíbles las situaciones con sólo gestos y miradas. Una cinta que demuestra la capacidad de nuestros creadores, que suplen la falta de medios, con una inagotable energía de talento y sabiduría, para seguir produciendo películas que hablen de los tiempos de ahora, desde miradas y puntos de vista diferentes, que actúa a modo de resistencia contra la corriente generalizada tan vacía y superficial. Cavestany, Génisson y Hernando han construido una película de ahora, contada de forma irónica y muy ácida, en la que ponen el dedo en la llaga en esa inmensa vacuidad instalada en todos nosotros, esa falta de rumbo y valores que se han perdido debido a la crisis. Una obra de nuestro tiempo, demoledora, y sin adornos, que habla de personas como nosotros, seres vacíos que no se encuentran a sí mismos, ni a los demás, que no saben adónde ir ni que hacer, individuos solitarios, faltos de vida, que deambulan como fantasmas por ciudades cada vez más extrañas y automatizadas, en un mundo caótico, materialista y falto de valores.

Reina Cristina, la mujer que fue Rey, de Mika Kaurismäki

reina_cristina-cartel-6712UN CORAZóN INDOMABLE.

El arranque de la película nos introduce de manera sutil y tenebrosa en el espíritu que transitaba en la Suecia del primer tercio del siglo XVII, un mundo lleno de caos, guerras y destrucción. Vemos a la futura reina Cristina, cuando apenas es una niña de 6 años, obligada por una madre de carácter fiero y trastornada, a besar el cadáver de su padre difunto, el rey Gustavo Adolfo II, que su madre sigue tratando como si estuviera vivo. Después de aquello, Cristina es nombrada heredera y trasladada al castillo para seguir su educación, bajo el amparo de la iglesia luterana. A los 18 años, es nombrada reina. El director Mika Kaurismäki (1955, Ormattila, Finlandia) – empezó su carrera junto a su hermano, el también director Aki, pero a comienzos de los 90 los dos hermanos separaron sus caminos, Mika se instaló en Brasil, donde ha seguido dirigiendo películas documentales, y dirigiendo en otros lugares, donde se ha labrado una interesante filmografía -.

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Kaurismäki, que ha necesitado de una década para levantar el proyecto, encontró en la figura de Michel Marc Bouchard (escritor quebequés de gran éxito, que también ha escrito para Xavier Dolan, y su obra Cristina, la reina hombre, de gran éxito en Canadá en 2012, y posteriormente, traducida al inglés en 2014) el vehículo perfecto para acercarse a la figura de la Reina Cristina. Un enorme esfuerzo de producción que ha agrupado a compañías de cuatro países como Finlandia, Canadá, Alemania y Suecia, y un rodaje de 40 días realizado en el sudoeste de Finlandia, y en la región de Bavaria en Alemania, para contar una película de época, cuidada hasta el más mínimo de los detalles, que huye de obras ambientadas en ese marco, aquí no hay heroísmos ni grandes discursos, ni la épica de grandes batallas y conquistas, la cinta viaja por otros derroteros, se centra en los personajes, empezando por la Reina Cristina, una mujer educada como un varón, ejecutiva, contradictoria, excéntrica y solitaria, que tiene que lidiar con su país, enfrascado en una guerra, llamada de los 30 años, entre católicos y protestantes, que la Reina quiere zanjar, y las continuas conspiraciones que le acechan. Una mujer adelantada a su tiempo, que tuvo que elegir entre la pasión y la razón, moderna, de espíritu libre, que lucha a espada con todos sus enemigos para modernizar su país del oscurantismo de la religión, dotando a su país de ideas nuevas, basadas en las ciencias y artes.

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Kaurismäki centra su relato en la Reina Cristina, en su mirada y sus gestos, su manera de moverse y ocupar la secuencia, una mujer que se mueve en un mundo dominado por hombres, que se enfrentará a todos y a ella misma, para ser la persona que quiere ser, y amar a quién desea, como su amor por la Condesa Ebba Sparre, a la que hace dama de compañía, y compañera de lecho, una relación oculta, y llena de deseo y pasión, que la llevará a múltiples problemas y conflictos, elegir entre su pueblo y ella, entre lo que uno siente, y lo que los demás desean. La amistad con el filósofo René Descartes le guiará a abrir su mente, a decidir por ella misma, abandonando la voluntad de Dios, y aceptar que más allá de las murallas de su reino y su vida, hay un mundo de saber y conocimiento que la espera a ser conquistado. Una película arrolladora, de excelente concepción formal, de narración enérgica, con personajes complejos y pasionales (como el canciller, aliado de la Reina), o los hombres que quieren conquistar el corazón solitario e independiente de la monarca, o la figura de la madre, que odia a su hija). Excepcional el trabajo de todo el elenco (en la que destaca la figura de Malin Buska, que interpreta con sabiduría y temple a la inquieta y confusa Reina). Una cinta de bellísima y fría luz obra de Gy Dufaux (cinematógrafo de Dennys Arcand, entre otros), que desde un tiempo pasado, aquel 1632, edifica las relaciones y lazos con la historia actual, con sus intrigas, conspiraciones y enfrentamientos políticos, en la que un mundo antiguo se niega a desaparecer y luchará para no hacerlo, enfrentado a otro, uno moderno que avanza sin cesar, a pesar de los obstáculos, para iniciar otro camino, provocando un cambio en la manera de pensar, dotado de una naturaleza más abierta, humana y honesta.

Ahora sí, antes no, de Hong Sangsoo

unnamed (26)LAS VARIACIONES DEL AMOR.

«Mi identidad está en trabajar con las cosas que conozco, e ir encontrando cosas nuevas»

Hong Sangsoo

En La vida en un hilo, de Edgar Neville, una viuda rememoraba la vida que había tenido, con un burgués aburrido, o la que podía haber tenido, junto a un alegre bohemio. El último trabajo del cineasta Hong Sangsoo (1960, Seúl) plantea una película de características parecidas, un director de cine llega a una ciudad en la que presentará su película, con tiempo por delante,  y aprovecha para visitar un monumento restaurado, donde conoce a una atractiva joven artista y pasa el día con ella, mostrando un actitud falsa y esquivando alusiones personales que le puedan ir en contra, en la segunda mitad de la película, los mismos personajes vuelven a encontrarse, con pequeñas variaciones, visitando los mismos lugares y haciendo cosas similares, pero ahora la actitud del director de cine es diferente, se muestra honesto y sincero, sin ocultar nada de su privacidad.

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El cine de Hong Sangsoo, desde que debutase hace un par de décadas, se construye a partir de historias aparentemente sencillas, pero de fuerte entramado complejo y emocional, en el que siempre vemos a personajes relacionados con el cine (directores, críticos, actores…) que conocen a mujeres con las que entablan relaciones, el tono irónico y crítico sacude todas sus historias, las continuas reflexiones sobre las relaciones entre hombres y mujeres, encierran una profunda mirada sobre el amor y sus múltiples variaciones, en un tono y formas muy definidas, en la que apenas hay movimientos de cámara (si exceptuamos algún que otro zoom, que se ha convertido en marca de la casa) y tomas largas que siguen el deambular de los personajes que retrata con sensibilidad y honestidad, contadas de forma suave y tranquila, en un estilo de comedia romántica naturalista y ligero, en su apariencia, que le acerca al cine de Rohmer o Allen. El director surcoreano emprende sus historias a partir de los lugares que conoce y los actores con los que quiere trabajar, una vez en el lugar elegido, trabaja con ellos en la búsqueda de los personajes, y de este modo, que nace mucho de la improvisación, y de los distintos caminos y propuestas que van apareciendo, Hong Sangsoo va construyendo la trama y las cosas que van a ir sucediendo, por esto, en ese sentido, sus películas son muy parecidas, pero a la vez tremendamente diferentes, en las que intuimos momentos que quizás creemos que ya se han producido, pero más lejos de la realidad, son historias que se mueven por caminos sin transitar, situaciones inesperadas, y sobre todo, contadas a través de la observación de los pequeños detalles que definen las situaciones y las relaciones entre las personas.

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Un cine que cuenta con un reducido equipo de rodaje, que se maneja con presupuestos ajustados, para de esta manera conseguir una película realizada en plena libertad artística, que pueda emprender ese viaje de búsqueda constante para adecuar la estructura a las necesidades de los lugares y los actores con los que trabaja el cineasta surcoreano. Hong Sangsoo maneja los códigos narrativos de manera sutil y excelente, dotando a sus historias de maravillosos juegos sobre el amor en el que sus personajes sienten de diversas maneras, todos encauzados en una trama que les maneja a su antojo, empujándolos a vivir situaciones extrañas, divertidas y extremadamente surrealistas, en algún que otro momento. El cineasta surcoreano sigue dirigiendo a un ritmo poderoso, casi a película por año, y en alguno, incluso dos cintas, en la que ha creado una obra sencilla, sincera, y honesta que encierra un impecable trabajo de investigación sobre las dificultades que tenemos los seres humanos en relaciones con los demás, y sobre todo, la forma de cómo nos atenazan los miedos, inseguridades y contracciones a la hora de encontrar el amor.

The Tribe, de Myroslav Slaboshpytskiy

TRIBEposter_ES_webDESAFIAR LAS REGLAS.

Antes de empezar la película, se nos anuncia que estamos ante una película realizada en lenguaje de signos. Donde no hay traducción, ni subtítulos, ni voz en off. El director ucraniano Myroslav Slaboshpytskiy (1974, Kiev) – multipremiado cortometrajista en festivales del prestigio de Berlín y Locarno – tenía en mente realizar una película muda, y encontró en el lenguaje de signos de los sordomudos el vehículo perfecto, una película sin diálogos que tenga la capacidad de comprensión sin la necesidad de añadidos, apoyada en la gestualidad corporal (una idea parecida desarrolló Murnau en la última etapa del mudo con Amanecer y El último, películas con apenas intertítulos, que lograban un lenguaje moderno, comunicativo y brillante). El realizador ucraniano se ha lanzado al abismo con una película a contracorriente, alejada de cualquier moda, y sumamente cruel y devastadora, anclada en un excepcional concepto formal (tomas filmadas en planos secuencias largos y frontales con la distancia adecuada sin condicionar la mirada de los espectadores, con ese aroma de cineastas de la talla de Tarkovski, Tarr o Aleksei German).

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La historia que se nos cuenta es sencilla, Sergey, un adolescente sordomudo llega a un internado, y pronto es reclutado por la organización delictiva “La Tribu”, (sociedad secreta que principalmente actúa de noche) capitaneada por uno de los profesores. Debido a sus buenas maneras en los robos, extorsión y demás fechorías, Sergey se convierte en uno de los elegidos. Un día, se enamora de Anna, una de las concubinas del jefe que se prostituyen para él, y entre los dos, comienza una historia de amor inocente, y clandestina a los demás. Sergey se enfrenta a su jefe y sus secuaces con el objetivo de huir con su novia. Slaboshpytskiy cimenta una película dura, terrible, y brutal sobre esos niños desamparados que encuentran cobijo en actividades violentas e inhumanas. Filmada en un barrio deprimido de las afueras de Kiev (que edificaron los presos de la segunda guerra mundial con el nombre de Stalin) donde se respira un aire gélido, seco, podrido y malsano, un ambiente alejado de humanidad, en el que asistimos atónitos a una violencia salvaje y escenas de sexo abrupto, animal, alejado de cualquier sensibilidad, exceptuando el que practican los jóvenes protagonistas, sus momentos son los únicos que se nos permite vislumbrar algo de esperanza, aunque muy a nuestro pesar, es una esperanza vana e ilusoria, muy alejada de la realidad imperante en la que se mueven, teledirigidos por hombres sin piedad.

The Tribe-Anna and Sergey

La película mantiene una estructura de fábula, en el que el niño inocente se inicia en el mundo del hampa, se enamora de la niña equivocada y acaba enfrentándose a sus jefes. Slaboshpytskiy nos habla de amor, odio, furia, ira y desesperación, dentro de un artefacto formal realista y natural, a través del lenguaje corporal de sus personajes. Una película que se escucha y nos propone un descenso a los infiernos sin retorno, dejándose llevar por unas imágenes bellas y crueles, en un mundo lleno de tristeza y vacío de valores y moral. Un cuento como los de antes, filmado de un modo ejemplar, en la que sobresalen las interpretación de sus actores, haciendo mención especial a la pareja desdichada, Grigory Fesenko que da vida a Sergey, y Yana Novikova como Anna, los jóvenes sordomudos sin ninguna experiencia previa, superaron en primera instancia un casting que se alargó un año, para luego verse sometidos a un durísimo entrenamiento de preparación de personajes, que consistía en una convivencia alejada de todo, y unas estrictas normas para conseguir la mayor naturalidad en sus interpretaciones. El gran trabajo de fotografía de Valentyn Kasyanovich (prestigioso documentalista ucraniano), también productor de la cinta, que consigue filmar esas almas de carácter frío en continuo movimiento, esa corporeidad visceral que expresa todo lo que sienten, y unas miradas que desprenden quietud y silencio. Slaboshpytskiy ha construido una película admirable, sin necesidad de diálogos ni música, sólo el sonido ambiente, pariendo unas imágenes lúcidas, pero también dolorosas, filmadas con una crueldad sincera y amarga, pero desde una prudente distancia, capturando las emociones de los personajes, en una cinta que, aparte de mostrar una violencia inmoral y extrema, encierra en su textura fílmica una de las más bellas y emocionantes historias de amor de los últimos años.

K2. Tocando el cielo, de Eliza Kubarska

poster_castUN VIAJE AL PASADO.

“Lo que uno descarta de un minuto no lo restituye una eternidad”

Kurt Diemberg

El verano de 1986, nueve expediciones se instalaron en el campamento base con el objetivo de alcanzar la cima de la montaña del K2, una de las más peligrosas del mundo, por la vía más complicada. Trece alpinistas perecieron. La cineasta y alpinista Eliza Kubarska (1978, Lodz, Polonia) – autora de prestigiosos documentales como What happened on Pam Island, filmado en Groenlandia, o Walking under water, sobre la tribu Badjao, una comunidad nómada en peligro de extinción que vive en las aguas del sudeste asiático – en compañía de cuatro de los hijos de tres alpinistas que murieron, vuelven al lugar que vieron sus progenitores por última vez, con el fin de encontrar respuestas y recordarlos.

Kubarska plantea una película breve (72 minutos) en el que recoge con su cámara la belleza y el abismo del entorno, de una manera serena y tranquila, en la que naturaleza se alza majestuosa en un lugar desolado y gélido. Un espacio que sigue atrayendo a cientos de alpinistas de todo el mundo, en la que unos alcanzarán la gloria conquistándola, y otros, encontrarán la muerte. Un documento que nos habla sobre la naturaleza humana, y sus múltiples complejidades, sobre materializar la pasión, aunque conlleve un riesgo muy alto para la vida. Las difíciles decisiones de la vida, entre elegir dar rienda suelta a la pasión que bulle en nuestros interiores, o formar una familia, asumiendo las obligaciones que lleva la maternidad. La propia directora, madre y alpinista, se pregunta a sí misma y pregunta a sus protagonistas, los hijos de aquellos que ya no están, sobre su pasado, aquella infancia alejados de sus padres, y luego, crecer sin la figura ausente.

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Habla con ellos, su cámara penetra de manera íntima y cercana en sus almas, en sus miedos, críticas e inseguridades con respecto a la vida de sus padres, mezcladas con imágenes de archivo grabadas por los alpinistas fallecidos, y a sus diarios personales, en los que van explicando lo que van sintiendo en su expedición, mientras los acompaña filmando cada uno de sus pasos, sus alientos y emociones, en una travesía de homenaje a sus padres, a su pasión, y sobre todo, a ellos mismos, a entender a unos padres, que no conocieron profundamente, que les parecen extraños, pero al fin y al cabo, eran sus padres, a los que aman y odian. Kubarska deja para el tramo final de su película, el testimonio del único superviviente de aquella expedición, Kurt Diemberg, en el que explica las razones de ser alpinista, momentos profundos e íntimos de sus amigos fallecidos, e indaga en la montaña del K2, su inagotable belleza acompañada de su extrema peligrosidad. La cineasta polaca ha conseguido una película humanista y sobrecogedora, de aparente sencillez, y extrema sensibilidad, que nunca cae en el sentimentalismo ni la compasión construyendo un documento de grandísimo valor didáctico, que no solamente recoge la experiencia de unos alpinistas fallecidos, y la memoria de sus hijos que vuelven al lugar tres décadas después, sino coloca el foco en las complejidades del alma humana, y los deseos e ilusiones que nos mueven en nuestras vidas, que nos llenan de vida, aunque contradictoriamente, también nos la pueden quitar.

Mañana, de Cyril Dion y Mélanie Laurent

manana-cartel-6780CRECER PENSANDO EN LA TIERRA.

En los últimos años, han aparecido infinidad de documentales que nos advierten y alarman sobre las catástrofes de nuestro planeta, debido a nuestro sistema capitalista de crecimiento desorbitado, en el que se aniquilan ecosistemas, con el único fin de seguir aumentando los beneficios económicos, con los riegos extremos que comporta para la salud y el bienestar de las personas. Mañana, el documental del activista y cineasta Cyril Dion (1978, Poissy, Francia) y de la actriz y directora Mélanie Laurent (1983, París, Francia), se desvía del contenido catastrófico, y emprende un viaje alrededor del mundo, que les lleva a visitar diez países, con el objetivo de encontrar nuevas formas de vida en consonancia con la naturaleza y el medio ambiente, para crecer de forma sana y natural y superar la crisis económica que sigue asolando muchas partes del planeta.

La película se estructura a través de cinco temas principales: agricultura, en la que conoceremos zonas rurales de la India, Francia, Inglaterra y EE.UU., en las cuales el trabajo de la tierra, como una manera de recuperar el modus vivendi de nuestros ancestros, en el que nos explican las actividades para regenerar el suelo y producir verduras y frutas para abastecerse y hacer de esa actividad su forma de vida, como los casos de Detroit, que después de la crisis automovilística dejó la ciudad con casi el 70% menos de población, y encontraron en la agricultura su forma de subsistir, o ciertas ciudades de Inglaterra, que han colocado infinidad de macetas en vía pública donde producen alimentos. Luego, pasamos a la energía, y nos muestran como varios países se han decantado por la sustitución de los combustibles contaminantes por formas de energía saludables y ecológicas, como en Dinamarca, en la que los organismos públicos ayudan a la integración de vehículos no contaminantes. En economía, nos llevan a zonas de Inglaterra donde han creado una moneda para reivindicar y ayudar el pequeño comercio, y las diferentes salidas y alternativas al comercio capitalista.

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En democracia, descubriremos que en muchas zonas de la India, se ha generado una política participativa en el que los ciudadanos votan democráticamente y todo se dialoga en asambleas en las que todo el mundo acude libremente y ejerce sus derechos. Para finalmente, conocer el sistema educativo de Finlandia, un país con pocos recursos económicos, en el que han potenciado la educación como vía de desarrollo social y crecimiento personal. Una forma de educar moderno, democrático y progresista, que les ayuda a vencer las carencias y educa a personas que piensen por sí mismos y tengan herramientas suficientes para desarrollarse profesionalmente en el mundo laboral, y sobre todo, como personas que vivan en plenitud con el entorno y de una manera saludable. La película funciona como un vehículo altamente didáctico, y ofrece una mirada humanista y apasionante de seres humanos que resisten de otra manera ante la invasión de un sistema atroz y superficial que sólo busca el éxito personal y económico pisando al resto. Dion, Laurent y su reducido equipo se han levantado y han prendido una marcha hacía la esperanza y la ilusión por un mundo mejor más saludable, generoso y solidario no sólo con el prójimo, sino también con nuestro único hogar, la tierra.