Sinónimos, de Nadav Lapid

CONSTRUIRSE LA IDENTIDAD.

“Si estamos en contra del estado, somos apátridas. Si hacemos el bien, somos enemigos. Si hablamos la verdad, somos peligrosos. ¡Somos todo menos lo que ellos quieren!

Sócrates

Yoav aterriza, como si fuese un extraterrestre, en el París actual, caminando frenéticamente en mitad de la noche, entrando en una vivienda, sacarse la ropa y ducharse, para más tarde, quedarse dormido en la bañera, cuando alguien le ha quitado la ropa. Emile y Coraline, una pareja de vecinos lo auxilia muerto de frío y le da cobijo, ropa y cariño. De Yoav solo conocemos que es israelí, no sabemos cómo ha llegado a París, si huye de algo o alguien, y sobre todo, ni el mismo sabe quién es ahora mismo. La tercera película de Nadav Lapid (Tel Aviv-Yafo, 1975, Israel) basada en experiencias autobiográficas, sigue la misma senda de sus anteriores trabajos, ejercicios contundentes, profundos y críticos sobre la sociedad israelí y todas sus ataduras culturales, como hacía en Policía en Israel (2011) en la que a través de la experiencia de un policía experto en terrorismo, nos enfrentaba al otro, al desconocimiento del terrorista y sus verdaderos motivos y la naturaleza de sus acciones, en La profesora de parvulario (2014) una maestra se enfrentaba a una sociedad demasiado conservadora en pos de uno de sus alumnos dotados para la poesía.

El director judío sitúa su historia lejos de sus fronteras, en un París alejado de lo conocido y turístico, donde seguimos las peripecias de Yoav, un joven apátrida, alguien que cada paso que da en la ciudad de acogida, le iremos descubriendo, tanto su pasado como su cotidiano presente, acompañándolo en sus paseos por la ciudad eterna, un lugar que se nos muestra con la efervescencia de alguien que solo lo conoce de oídas, llevado por su imaginación, de alguien que lo está descubriendo a cada paso, gesto o mirada, de un tipo que huye de un pasado militar en Israel que odia, que quiere olvidar su cultura judía, su familia, sus orígenes, y empezar de cero en otro paisaje, adoptando su idioma, negándose a hablar en israelí, en una huida hacia delante a través del cuerpo y la palabra, apropiándose de las palabras, esos sinónimos que rezan en el título de la película, repitiéndolos constantemente mientras camina a ritmo frenético por la ciudad, mirando a todos sitios y a ninguno, experimentando en trabajos alimenticios, viviendo como una especie de nómada, de outsider, de fantasma que esta redescubriéndose y sobre todo, construyéndose a medida que conoce su nueva ciudad y vida.

La cámara de Lapid, como una parte del cuerpo más de Yoav, se pega a su personaje y lo sigue en constante movimiento, como una especie de diario personal, donde los espectadores nos movemos al son que esas imágenes van marcando. El cineasta israelí coloca a Yoav en medio de todo, en una estructura que nos irá revelando su pasado, con esa rabia contenida y crítica feroz que hace ante el autoritarismo y militarismo de Israel, del que solo hay un camino posible, huir y dejarlo todo atrás, como veremos en esta nueva etapa que emprende el protagonista, en sus relaciones personales con sus nuevos amigos franceses, Emile y Caroline, dos burgueses hastiados de la existencia y del amor, que lo integran en sus relaciones íntimas como intruso benefactor para sacarlos de su desesperación y frustración vital. Y en el otro lado, Yaron, israelí que trabaja en la embajada como seguridad, que se convierte en el símbolo de esas raíces que Yoav quiere abandonar, peor a la vez, es una especie de fuerza del pasado que le empuja a ser quién quiere dejar ser.

En esa especie de limbo encontramos al joven conductor de esta aventura enmarcada en el retrato social, la profundidad personal a través de la identidad, la pérdida de valores humanos, la desorientación de muchos jóvenes cansados y alejados de una sociedad demasiado consumista y rígida en sus formas y convenciones sociales, donde encontramos drama íntimo y personal, locura, humor, surrealismo, fantasía, violencia, amor, sexo, misterio, y donde todo sucede a velocidad de crucero, donde no hay tiempo, donde todo marcha a contrarreloj, donde todo está a un tris de explotar, donde todo se mueve, se huele, se siente, a través de las palabras, el cuerpo y las emociones libres y disparadas, donde la tensión y lo febril se dan la mano, donde Yoav ha muerto de su patria, y ahora convertido en un náufrago, se reconstruye lejos de su vida hasta ahora, de su infancia, de su familia, y quiere reencontrarse con algo que le haga despertar de este letargo en un proceso muy personal de descubrimiento intrínseco que le lleve a otro lugar con destino incierto y desconocido ahora mismo.

La fascinante, brutal y conmovedora interpretación de Tom Mercier en la piel de un Yoav, uno de esas personas que rechaza totalmente a su patria, un país intolerante, sumido en la autodestrucción y en la paranoia militar, bien acompañado por los Quentin Dolmaire como Emile y Louise Chevillotte como Caroline, en esa pareja de parisinos altivos, culturales, sensuales, perdidos y aburridos que, encuentran en Yoav su propia tabla de salvación, en una cinta sobre náufragos sin patria, sin espacio ni tiempo, que recuerda a algunos títulos de Godard de los sesenta como Bande à part, Pierrot el loco, Masculino, Femenino o La chinoise, entre otros, jóvenes perdidos, alocados, politizados, y desorientados que clamaban por una libertad que desconocían en qué consistía exactamente, u otros con la misma intensidad y tratamiento como Soñadores, de Bertolucci, o trabajos de Garrel como Les Amants réguliers, donde una juventud a la deriva encontraba alicientes para defender la libertad tanto personal como social, intentando rencontrarse y relacionarse con los demás y con ellos mismos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Los informes sobre Sarah y Saleem, de Muayad Alayan

LA CONVIVENCIA IMPOSIBLE.

La puesta de largo de Muayad Alayan (Palestina, 1985) fue Love, Theft and Other Entanglements (2015) un thriller apasionante donde un vulgar ladrón de coches palestino se veía envuelto en un lío de mil demonios cuando descubría que el vehículo que había robado contenía en el maletero un militar judío secuestrado. El conflicto palestino-israelí, como no podía ser de otra manera, vuelve a centrar su segundo trabajo Los informes sobre Sarah y Saleem, en la que vuelve a jugar con los caprichos del destino, situándonos en la ciudad de Jerusalén, dividida entre el oeste, espacio judío, y el este, espacio palestino pero militarmente ocupado por el ejército israelí. En esa atmósfera represiva y asfixiantes Saleem, un palestino casado a punto de ser padre que reparte pan, mantiene una relación extraconyugal con Sarah, dueña de una cafetería y esposa de un militar israelí. Los encuentros clandestinos de los amantes mantienen su cotidianidad sin que las respectivas parejas tengan constancia de tales hechos. Pero, todo cambia, cuando una noche en la zona palestina Saleem se pelea con un tipo que acosa a Sarah.

A partir de esos instantes, las existencias de Sarah y Saleem se convertirán en una lucha ciega e intensa para salvar sus vidas y sobre todo, salir airosos del incidente que cuando entra el ejército israelí en materia comienza a aumentar su alcance y peligrosidad, sobre todo para Saleem, que es acusado de terrorista. Alayan, que creció en la zona que retrata, se apoya en un excelente guión escrito por su hermano Rami Alayan, para mezclar con intensidad y agilidad los momentos de terror cotidiano a los que deberán enfrentarse sus personajes, convirtiendo esa atmósfera inquietante y naturalista que recorre todo el metraje, en una de sus mejores armas, tanto formales como argumentales, situando al espectador en el centro de la cuestión, sin tomar partido por el cuarteto de personajes que dirime en los hechos. Los ya mencionados Sarah y Saleem, y sus respectivas parejas, Bisan, esposa de Saleem, embarazadísima que busca incansablemente alguna pista que permita la libertad de su marido, y David, el honorable y patriota militar que antepondrá su carrera a su vida y sobre todo, a la traición de su mujer.

El relato va cambiando de punto de vista según va sucediendo los hechos en cuestión, observando con minuciosidad las estrategias y perspectivas morales de cada uno de los implicados, unos anteponiendo sus razones contra las de los otros, en ese clima prebélico en el que vive una ciudad como Jerusalén, un espacio donde las divisiones entre judíos y palestinos no son solo ideológicas, sino sociales, políticas, económicas y casi en todo. Dos formas de verse, de vivir y de compartir una ciudad donde la convivencia resulta imposible, donde unos dominan y otros, los dominados se quitan esa presión como pueden, en la que la vida y la muerte están demasiado cercanas, incluso mezcladas, donde todos intentan salir adelante en un lugar oscuro y terrorífico, donde la cotidianidad de las personas se funde en esa tensión constante y brutal entre unos y otros, donde nadie se fía de nadie y donde las cosas nunca son lo que parecen.

La película con ese aroma de drama psicológico bien construido y sumergiéndonos en ese ambiente político oscuro y tenebroso se suma a títulos como El Cairo confidencial, de Tarik Saleh, y El insulto, de Zarid Doueiri, dos sendos thrillers donde describen con exactitud y brillantez todas las tensiones habidas y por haber que se manifiestan en los países árabes atenazados por los climas y conflictos políticos de difícil resolución por los múltiples intereses económicos, sociales y demás. Un excelente y brillante cuarteto protagonista que de forma naturalista e íntima, elevan el conflicto de la película a través de esas miradas y gestos tensos y profundos que describen con minuciosidad todo lo que va ocurriendo en este drama psicológico en el que nos revelan un cuento moral donde se dirimirá las cuestiones emocionales de unos y otros.

Una película que en lo narrativo y descripción de personajes se asemeja a Muerte de un ciclista, de Juan Antonio Bardem, donde a raíz de un suceso sin más, hacía un retrato prufundo y sincero de todas las cuestiones emocionales y sociales que se vivían en aquella España franquista, gris y represiva, como ocurre en ese Jerusalén invadido y convertido en cárcel para unos e invasor para otros, con la peculiaridad de toda la carga emocional de unos personajes complejos y algo sombríos, dejando a tras luz todo aquello que anteponemos en la vida en relación a unas personas con otras cuando la situación se torna peligrosa, cuando debemos decidir hacia adonde nos encaminamos, poniendo en cuestión nuestra vida, nuestros valores personales, y sobre todo, nuestros ideales, entrando en tromba a la naturaleza de las personas y aquello que bulle en su interior, sin trampa ni cartón. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El hotel a orillas del río, de Hong Sangsoo

MIENTRAS CAE LA NIEVE.

La inmensa capacidad creativa de Hong Sangsoo (Seúl, Corea del Sur, 1960) con más de la veintena de títulos en 22 años desde que dirigiese en 1996 su debut con El día que un cerdo cayó a la nieve, ya no asombra a nadie, convertida en una de sus señas de identidad como cineasta, emulando a otros colegas como Fassbinder, Woody Allen o Jess Franco, autores que han hecho de su inagotable producción una de las formas más definibles de su universo cinematográfico. Sangsoo se centra en conflictos emocionales, donde los relatos sentimentales serían uno de sus centros de observación, situados en la periferia de las ciudades o en pequeñas poblaciones, donde sus personajes, gentes dedicadas al cine o al arte, a partir de conversaciones cotidianas y triviales, esparcen sus rupturas emocionales y sus incapacidades para encontrar el amor y sobre todo, para mantenerlo. A través de una forma sencilla y ligera, en el que se cuela lo poético de modo suave y sin estridencias, donde los encuadres obedecen siempre al movimiento y al gesto de los personajes, incluso utilizando el zoom como recurso narrativo, en la que el autor surcoreano indaga en los males modernos de una sociedad cada vez más aislada, perdida y enferma.

En El hotel a las orillas del río, Sangsoo nos convoca en una pequeña ciudad, que apenas veremos, en el interior de un hotel cerca de un río, en mitad del invierno, donde somos testigos del frío que padecen sus personajes, implacable metáfora de los estados emocionales en los que se encuentran. Por un lado, tenemos a un viejo poeta que convoca a sus dos hijos, a los que hace tiempo que no ve,  para despedirse de ellos, ya que sueña con su muerte cercana. Por el otro, tenemos a una joven que pasa su luto junto a su amiga del alma, después de que su chico la abandonará. Dos relatos independientes, que llegarán a cruzarse en algún momento del metraje, componen un relato intimista, sincero y veraz sobre las formas de decir adiós cuando uno sabe que su tiempo ha llegado a su fin, y otra, que también necesita decir adiós y cerrar esa etapa de su vida, ese amor que no fue, para seguir adelante con su vida. Sangsoo mira su película de adentro hacia afuera, a través del interior del hotel, un espacio aislado en el que apenas se divisan los cinco personajes en liza y la recepcionista, personaje que hila los dos relatos y pone esos instantes cómicos en los que asalta a sus huéspedes para solicitarles un autógrafo.

Todo sucede en el salón y las habitaciones del hotel, exceptuando tres momentos de un paseo en la nieve, el trayecto hacia el restaurant y la comida en el restaurant. El cineasta surcoreano evidencia una pureza de estilo que encaja a la perfección con el tipo de historias que cuenta, con ese luminoso y triste blanco y negro, en que la luz natural se cuela invadiendo los espacios de la película, que acompaña aún más si cabe la situación emocional de los dos personajes protagonistas, almas en la nieve, a la deriva, situados en mitad de la nada, en un lugar que hiela el alma, los sentimientos y los sentidos, un espacio no lugar, blanco, sin tiempo ni ubicación, vacío y aislado, como si todo el mundo fuese acorde con lo que ellos sienten, esos sentimientos confusos, de pérdida, de dolor, de final del camino, de no hay nada más, de empezar de nuevo o acabar de una vez. La película se interroga constantemente lanzando ideas e hipótesis, interpelando directamente a los espectadores porque bajo ese manto blando y esas conversaciones sin más, existe un poco oscuro y sin fondo de bandazos emocionales donde los personajes se desplazan sin rumbo, sin voluntad, atados a sus emociones rotas, resquebrajadas y vacías.

Un plantel de intérpretes en estado de gracia donde destacan las presencias de Kim Minhee, musa del director, que vuelve a componer ese personaje ajado, roto  y fantasmal que se mueve por inercia, y cuando lo hace, porque la mayoría del tiempo está tumbado, dormido y sin fuerzas, roto en todos los sentidos, intentando avanzar y a cada paso que da parece dar dos para atrás, y Ki Joobong, ese poeta cansado y triste, que ya no escribe, que anda por un hotel vacío y perdido en el tiempo, invitado por un desconocido, alguien casual en un lugar en el que nada tiene que hacer, quizás sí, quizás tiene que despedirse de los suyos por eso los convoca, o quizás, siente que su vida ya alcanzado su tiempo, y ya nada más tiene que decir ni hacer. Sangsoo vuelve a alimentar nuestra alma con su cine sencillo y honesto, con su capacidad asombrosa e inagotable para seguir sumergiéndose en la psique humana y todas sus contradicciones y demás, a través de aquello más cotidiano y superficial, como compartir una comida, mientras sus personajes conversan de grafología, del tiempo pasado, de la amistad como pilar fundamental en las relaciones humanas, y sobre todo, la incapacidad emocional, como mencionaba Ingmar Bergman en su cine, mal de todos los tiempos, donde los seres humanos no somos capaces de encontrar aquello que nos hace estar bien, y cuando lo encontramos, somos incapaces de valorarlo, de expresarlo a los demás y compartir lo que sentimos. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La (des)eduación de Cameron Post, de Desiree Akhavan

RECONSTRUIRSE LA IDENTIDAD.

“Lo terrible es eso, que la identidad pasa a ser definida por el sexo. Es decir, una banalidad pasa a definir lo esencial”.

Manuel Puig

La primera película de Desiree Akhavan (Nueva York, EE.UU, 1984) Appropriate Behaviour (2014) plasmaba muchas inquietudes personales de la propia directora, ya que hablaba de Shirin, una joven estadounidense bisexual de padres iraníes que tenía que volver a reconstruirse la identidad sexual después de terminar con su novia. En su siguiente trabajo, la serie The Bisexual (2018) volvía a las mismas cuestiones sobre la identidad sexual. En su segundo largometraje, sigue profundizando sobre estos mismos temas, aunque si en los anteriores trabajos los contextos históricos eran actuales, de aquí y ahora, en este trabajo rompe con esa tendencia para situarnos en la Montana de 1993, sumergiéndonos en la cotidianidad de Cameron, una estudiante de éxito que la noche del baile de graduación es sorprendida por su novio en actitud sexual con una compañera. El revuelo es impresionante y más en el hogar de Cameron, con sus tíos como tutores de fuertes creencias evangelistas, y al cosa no pinta bien para ella, ya que la trasladan a “La promesa de Dios”, un centro de terapia para reorientar la sexualidad de jóvenes homosexuales, dirigido por la Dra. Lydia Marsh que reconvirtió a su hermano gay en heterosexual y ahora es el reverendo del centro.

Un centro que emplea terapias agresivas basadas en la reorientación sexual para odiar la propia identidad homosexual y abrazar la heterosexualidad que consisten en terapia individualiza, el dibujo de un iceberg en el que tendrán que escribir todo aquello gay que les ha llevado a confundir su orientación, sesiones de gimnasia de fuerte contenido religioso, rock cristiano donde se alza la heterosexualidad, o terapias de grupo del tipo de alcohólicos anónimos donde se discrimina la homosexualidad. Acciones para eliminar de raíz el AMS (Atracción del mismo sexo) y reconvertir en personas cristianas a todos los adolescentes encerrados emocionalmente en ese siniestro lugar. Akhavan con su guionista habitual, Cecilia Frugiuele encontraron la historia en la novela epónima de Emily M. Danforth, para construir un relato en el que se critica con dureza este tipo de centros fascistas y ultra católicos, pero no lo hace de forma siniestra y cómo una película de terror se tratase, huyendo completamente de ese tratamiento que convertiría la historia en algo parecido en un panfleto, la película no juzga, se limita a retratar a sus personajes de forma humanista y buceando en sus conflictos y contradicciones para construir un mosaico de diferentes personajes complejos que lidian con sus traumas y experiencias personales muy oscuras.

El personaje de Cameron nos ayuda a descubrir los métodos siniestros del centro, y también a los demás internos, en la que hace estrecha amistad con Jane Fonda, una chica que creció en una comuna de hippies y ahora cultiva clandestinamente marihuana y además, se mantiene un poco al margen de los métodos del centro, junto a ella, como una sombra le sigue Adam Red Eagle, de origen indio navajo, que al igual que Jane son los inadaptados del centro que harán buenas migas con Cameron. También, conoceremos a otros personajes que viven su homosexualidad a escondidas del centro, donde los encuentros homosexuales se van sucediendo. La directora iraní-estadounidense profundiza con acierto y brillantez en como un grupo de adolescentes se ve sometido al juicio implacable de su identidad sexual a tan temprana edad, situación que los arrastra a sentirse mal consigo mismos y a aprender a odiarse a sí mismos, como en un momento estallará el personaje de Cameron.

La película mantiene el espíritu del cine indie estadounidense, y se refleja, tanto en su forma como en su fondo al universo adolescente de John Hugues, un autor magnífico y profundo en su mirada hacia la adolescencia, mostrando todos sus aspectos y peculiaridades. Un reparto maravilloso, cercano y natural encabezado por la impresionante capacidad tanto de gesto como de mirada de Chloë Grace Moretz llevando a buen término el difícil trayecto vital de Cameron, con su momentazo musical interpretando el What’s up?, de los 4 Non Blondes, un hit sobre la identidad de aquellos principios años noventa, bien acompañada por Sasha Lane (que nos había fascinado como prota de American Honey, de Andrea Arnold) con ese espíritu rebelde y libre, Forrrest Goodluck da vida al introvertido e inteligente Adam Red Eagle, que además de su identidad sexual tiene en lucha otra identidad, la de su origen indio navajo, y por último, Jennifer Ehle que interpreta con aplomo y detalle a la siniestra y rígida “ama de llaves” de la función, manteniendo su oscuro y horrible centro con al religión como medio.

Akhavan plantea un relato humano y de verdad, que interprela constantemente al espectador, sin subterfugios ni sentimentalismos, siguiendo la estela de Huges, donde todo lo que se cuenta tiene vida y complejidad, acertando de lleno en su exploración sincera e íntima de su mirada hacia la adolescencia y sus conflictos, a todo aquello que sienten, que desean y las múltiples trabas de los adultos a impedirles ser como ellos sienten, en una lucha fratricida entre unos adultos que corrigen y condenan a sus hijos para que sean personajes amargadas y ocultas, y unos adolescentes en el otro lado del ring, deseando un poco de paz y tranquilidad, y sobre todo, sentirse libres en una sociedad que se empeña a seguir un orden establecido que daña a los seres humanos y les coarta su vida en pos del autoengaño y la cárcel interna que quieren mantener a toda costa, convirtiendo en tristeza e infelicidad la vida de unos adolescentes en una etapa de descubrimiento y libertad de sus vidas. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Touch Me Not, de Adina Pintilie

EL CUERPO, SUS DESEOS Y MIEDOS.

“Vivo todos los días con mi cuerpo. Pero supongo que no lo conozco. Aparte de las varices, la cicatriz. Cuando me dijo: Háblame de tu cuerpo. No tenía nada que decirle. – Tal y como yo lo veo, eres tu cuerpo, en este mismo instante. Y hablas de tu cuerpo como si fuera un desconocido”.

El cuerpo. Los cuerpos. Sus miedos, sus deseos, sus formas, sus expresiones. La intimidad de cada uno, lo que anida en lo más profundo de nuestro interior, aquello que en realidad somos, aunque nos neguemos a verlo, a ser, que, en ocasiones, se convierte en nuestro más ferviente enemigo, en aquello contra lo que luchamos, en lo nos impide disfrutar de nuestro cuerpo, de nuestra intimidad, de nuestro sexo, en realidad, de nosotros mismos, de lo que somos. La puesta de largo de Adina Pintilie (Bucarest, Rumania, 1980) es una película-híbrido que maneja formas y texturas tanto de la ficción como el documental, para sumergirnos en un relato sobre los cuerpos y nuestra relación con ellos, a partir de varios personajes que, de un modo u otro, experimentan su cuerpo y su intimidad de formas muy diferentes, desde el rechazo, desde la incapacidad, desde el descubrimiento de placeres ocultos e intensos, desde el propio yo y demás.

A partir de un marcado y especial estilo visual que podríamos decir casi desnudo, donde predomina el blanco y sus tonalidades, Pintilie nos invita un viaje a la psique humana, como en sus anteriores trabajos, para descubrirnos y descubrir a Laura, una mujer que ha pasado la cincuenta y se muestra incapaz de descubrir su cuerpo y sobre todo, el de los demás. Por su vivienda pasaran una serie de personajes que intentarán ayudarla sacándola de esa prisión interior en la que se encuentra, desde jóvenes acebos que se masturban delante de ella, un trans de su misma edad que vive su cuerpo y su sexualidad de forma libre y sin ataduras de ningún tipo, un acompañamiento sexual que a partir de contactos corporales le hará expulsar todo aquello que la ata a sus miedos que le impiden expresarse a través de su cuerpo, su intimidad y su sexualidad, y finalmente, seguirá y se acostará con Tomas, un joven que no puede olvidar a su ex y además, participa en talleres psicoemocionales sobre el cuerpo y cómo tocarlo con discapacitados, donde conoceremos a Christian, un joven con una severa discapacidad que se muestra ante la cámara con una desnudez emocional impresionante y reflexionará sobre su cuerpo, su sexualidad y sus deseos más íntimos.

La directora rumana fusiona con acierto y veracidad sus entrevistas, pero huyendo de la forma convencional para adentrarse en aspectos más emocionales e íntimos, con la pericia de Laura, el de Tomas y el de Christian, individuo que escenifican la realidad oscura de tantos seres que todavía albergan infinidad de tabúes y problemas personales acerca de cómo debe ser nuestro cuerpo y la relación que tenemos con él, como experimentamos nuestra intimidad y como nos tocamos a nosotros mismos a los demás, y que deseos ocultos y profundos albergamos en cuestiones sexuales. Pintilie lanza un grito de libertad y amor hacia nosotros mismos, a levantarnos, a auto descubrirnos cada poro de nuestra piel, de nuestros cuerpos, sin miedo ni convecciones sociales o históricas, sino simplemente dejándonos llevar por aquellos que estamos sintiendo, por aquello que nos arrebata el alma, por nuestra libido, sea cual sea, sin más, tocándonos y tocando a los demás y sobre todo, disfrutar del sexo como si fuera nuestra primera vez, descubriéndolo y descubriéndonos a nosotros mismos, materializando esos placeres y deseos ocultos que nos harán estar mejor con los demás y con nosotros mismos, que cuerpo y mente sean uno sólo, un solo espacio de diversión, placer y sexo.

Un reparto que mezcla con sabiduría y acierto los intérpretes profesionales como Laura Benson (que ha tenido a sus órdenes a cineastas tan importantes como Altman, Frears o Chéreau) compone un personaje complejo y difícil, solitario, lleno de miedos y conflictos interiores, se convertirá en nuestra guía, tanto espiritual como física, porque a partir de ella y sus procesos, físicos y emocionales, iremos descubriendo la película y los demás personajes, las diferentes formas, tácticas y estrategias para abordar los problemas con nuestro cuerpo y todo lo que conlleva, Tomas Lemarquis (al que lo hemos visto en películas como Blade Runner 2049 o Snowpiercer) un aspecto distante y frío, nos toparemos con alguien que necesita despegarse del amor frustrado para abrazar una vida más intensa y exenta de prejuicios sexuales.

Y los intérpretes no profesionales, que nos regalan sus vivencias y sus experiencias más íntimas sobre su cuerpo y su sexualidad, en el que sobresale la honestidad y capacidad de Christian, un discapacitado que no sólo a descubierto su cuerpo y el sexo, sino que ha experimentado una vida sexual placentera y llena de infinitas posibilidades, Hannah, un transexual que después de la cincuentena ha descubierto su verdadero yo y ahora disfruta de quién es, su cuerpo y el sexo, o Seani, el acompañamiento sexual que ayuda a los demás, a aquellos que se sienten desplazados por sus traumas sexuales y rechazan y desconocen su cuerpo. Una película magnífica y fascinante, que nos lleva a un viaje hipnótico y muy íntimo para descubrir el cuerpo, los cuerpos, sus intimidades, sus procesos, sus miedos, sus deseos, sus sexualidades, y sobre todo, una mirada crítica y feroz a esa sociedad tan superficial y mercantilizada que olvida a aquello que somos, que desplaza los cuerpos a una mercancía más, algo que se vende, y oculta su verdadero lugar en nuestras vidas, un espacio de experimentación muy personal y profundamente íntima para vencer aquello que nos produce temor y lanzándonos a un viaje de autodescubrimiento especial y bello para disfrutarlo y experimentar con sus formas, texturas y sexualidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El cine de aquí que me emocionó en el 2017

El año cinematográfico del 2017 ha bajado el telón. 365 días de cine han dado para mucho, y muy bueno, películas para todos los gustos y deferencias, cine que se abre en este mundo cada más contaminado por la televisión más casposa y artificial, la publicidad esteticista y burda, y las plataformas de internet ilegales que ofrecen cine gratuito. Con todos estos elementos ir al cine a ver cine, se ha convertido en un acto reivindicativo, y más si cuando se hace esa actividad, se elige una película que además de entretener, te abra la mente, te ofrezca nuevas miradas, y sea un cine que alimente el debate y sea una herramienta de conocimiento y reflexión. Como hice el año pasado por estas fechas, aquí os dejo la lista de 13 títulos que he confeccionado de las películas de fuera que me han conmovido y entusiasmado, no están todas, por supuesto, faltaría más, pero las que están, si que son obras que pertenecen a ese cine que habla de todo lo que he explicado. (El orden seguido ha sido el orden de visión por mi parte).

1.- MIMOSAS, de Oliver Laxe

https://242peliculasdespues.com/2017/01/08/mimosas-de-oliver-laxe/

https://242peliculasdespues.com/2017/01/15/entrevista-a-oliver-laxe/

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2.- PSICONAUTAS, LOS NIÑOS OLVIDADOS, de Alberto Vázquez y Pedro Rivero

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https://242peliculasdespues.com/2017/02/27/entrevista-a-alberto-vazquez-y-pedro-rivero/

3.- INCERTA GLÒRIA, de Agustí Villaronga

https://242peliculasdespues.com/2017/03/18/incerta-gloria-de-agusti-villaronga/

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https://242peliculasdespues.com/2017/03/26/entrevista-a-nuria-prims/

4.- DEMONIOS TUS OJOS, de Pedro Aguilera

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https://242peliculasdespues.com/2017/05/21/entrevista-a-pedro-aguilera/

5.- JULIA IST, de Elena Martín

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https://242peliculasdespues.com/2017/06/23/entrevista-a-elena-martin/

6.- ESTIU 1993, de Carla Simón

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https://242peliculasdespues.com/2017/07/24/entrevista-a-carla-simon/

https://242peliculasdespues.com/2017/07/11/entrevista-a-valerie-delpierre/

7.- VERÓNICA, de Paco Plaza

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8.- CONVERSO, de David Arratibel

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https://242peliculasdespues.com/2017/10/02/entrevista-a-david-arratibel/

https://242peliculasdespues.com/2017/10/16/encuentro-con-david-arratibel/

9.- HANDIA, de Aitor Arregi y Jon Garaño

https://242peliculasdespues.com/2017/10/22/handia-de-aitor-arregi-y-jon-garano/

https://242peliculasdespues.com/2017/10/27/entrevista-a-aitor-arregi/

10.- MORIR, de Fernando Franco

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11.- TIERRA FIRME, de Carlos Marques-Marcet

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https://242peliculasdespues.com/2017/12/03/entrevista-a-carlos-marques-marcet-2/

12.- LA LIBRERÍA, de Isabel Coixet

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13.- EL AUTOR, de Manuel Martín Cuenca

https://242peliculasdespues.com/2017/11/26/el-autor-de-manuel-martin-cuenca/

14.- MUCHOS HIJOS, UN MONO Y UN CASTILLO, de Gustavo Salmerón

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https://242peliculasdespues.com/2017/12/20/entrevista-a-gustavo-salmeron/

Entrevista a Pedro Aguilera

Entrevista a Pedro Aguilera, director de “Demonios tus ojos”. El encuentro tuvo lugar el viernes 28 de abril de 2017 en el hall del Teatre CCCB, en el marco del D’A Film Festival 2017 en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Pedro Aguilera,  por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Sonia Uría y Alex Tovar de Suria Comunicación, por su amabilidad, paciencia, generosidad y cariño.