Tres idénticos desconocidos, de Tim Wardle

LOS HERMANOS REENCONTRADOS.

“La genética nos proporciona una tendencia a movernos en ciertas direcciones y comportarnos de ciertas maneras y es el entorno quien determina la forma en que se expresan esos impulsos biológicos”.

Lawrence Wright

La película arranca allá por el año 1980 durante el primer día de universidad, cuando Robert Shafran es recibido y saludado calurosamente por todos los demás estudiantes, ante su propia estupefacción, ya que se trata de la primera vez que pisa ese campus. Todos lo llaman Eddie. Uno de los jóvenes se percata que no se trata de Eddie, pero que su aspecto es exactamente igual que el citado. Así, que llama al tal Edward Galland y los dos jóvenes se dan cuenta que son gemelos, idénticos uno del otro. La noticia corre como la pólvora y se emite en televisión, y casualidades del destino, David Kellman, desde su casa frente al televisor, descubre que los dos gemelos son idénticos a él, y los gemelos pasan a ser trillizos, y desde ese momento, los tres se convierten en uno, amigos inseparables, convirtiéndose en un gran fenómeno, que los lleva a ser la sensación del momento: apareciendo en los programas televisivos más famosos, en una película con Madonna, siendo las estrellas de las sesiones de la famosa discoteca Studio 54 de New York, incluso irse a vivir juntos a un apartamento en la Gran Manzana, y convirtiéndose en socios cuando abren su restaurante “Trillizos”, que será el local de moda para mucha gente.

El cineasta Tim Wardle (Reino Unido, 1975) dedicado exclusivamente a realizar documentales para televisión, encontró esta historia y después de innumerables carambolas del destino, consiguió levantar este proyecto y contar la odisea de tres bebés nacidos en 1961 y separados al nacer, y posteriormente, adoptados por tres familias diferentes que no se conocían entre sí. Tres hermanos que nacieron sin conocer la existencia de los otros. Y todo tiene un porqué, los tres hermanos, junto con otros gemelos y trillizos, participaban en un experimento científico del equipo del psiquiatra Peter Neubauer, un estudio que exploraba las conductas de la personalidad de una serie de individuos separados al nacer, hijos de padres con problemas mentales, el estudio se basaba en la observación de estos individuos y su conductas, si estas alteraciones emocionales se heredaban o eran proporcionadas por el entorno en cuestión, un entorno, eso sí, que en el caso de los trillizos, eran de diferentes clases sociales.

La película de Wardle se mueve en dos espacios, primero de todo, las imágenes de archivo, donde se reconstruye la vida de los tres mellizos y su reencuentro, así como la reconstrucción de ciertos momentos de ese pasado, y un segundo espacio que sería el presente, donde a través de entrevistas, en las que se recogen de primera mano los testimonios de los hermanos, y también, el relato de algunas de las personas que participaron de manera periférica en el experimento, y el testimonio crucial y esclarecedor del periodista Lawrence Wright, que investigó profundamente el caso hasta donde le dejaron, porque los archivos referentes al experimento siguen estando en custodia, alejados de todos los ojos, con la excusa que algunos participantes del experimento desconocen completamente todo. Wardle se mueve entre varias películas, porque tenemos una alegre, divertida y muy emocionante, cuando los trillizos se reencuentran, sus vidas, su éxito y compañerismo, y por otro lado, la película se adentra en el thriller oscuro y terrorífico, en la conspiración científica, muy propia del cine político de los cincuenta y sesenta, donde se cuestiona la ética y moral del experimento y de ciertas conductas de la ciencia en pos de la verdad, o de la naturaleza de los experimentos, una época donde la Guerra Fría ayudaba a llevar a cabo ciertos estudios que en muchos casos atentaban contra la identidad y las vidas de las personas.

Wardle cuenta de manera eficaz y trepidante todo el relato, centrándose en la parte humanista de los trillizos, que tuvieron que pagar un precio demasiado alto muy a su pesar, a partir de sus testimonios y las imágenes de archivos, dotando a la película de un vaivén de informaciones pero bien estructuradas y organizadas para que el espectador conozca, pero también, se adentre en este documento agridulce sobre la condición humana, donde hay alegrías y risas, pero también, hay tristezas y dolor, donde la película no juzga, sino muestra, explicando todos sus detalles y lugares, llevándonos con firmeza e inteligencia por todos los protagonistas involucrados en el caso, todos aquellos que callaron, porque les convenía, todos aquellos que querían saber, a pesar de todo aquello malo que iban a encontrarse, como los trillizos y otros gemelos que, muy a su pesar, participaron en el estudio secreto, y todos aquellos, como el periodista, que trabajaron para desenterrar todos los detalles del experimento, derribando todos los muros que le dejaron derrocar, porque hay otros, los más profundos, que habrá muchos intereses, tanto humanos como poderosos, que prefieren seguir ocultando.


<p><a href=”https://vimeo.com/310090258″>Trailer TRES ID&Eacute;NTICOS DESCONOCIDOS</a> from <a href=”https://vimeo.com/festivalfilms”>FESTIVAL FILMS</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

El reverendo, de Paul Schrader

DIOS Y LA FE.

Todos los personajes que ha escrito Paul Schrader (Grand Rapids, Michigan, EE.UU., 1946) a lo largo de su carrera tienen en la religión su consuelo o tormento, o ambas cosas a la vez, elemento esencial en su cine, ya que el cineasta creció bajo una férrea fe calvinista, donde Dios está por encima de todas las cosas. Ernest Troller es un pastor de la iglesia de la First Reformed (que recoge el título original de la película) y no es asunto baladí, ya que el conflicto del sacerdote tiene mucho que ver con su pérdida de fe y su cuestionamiento como representante de Dios, como le ocurrió a Jesús. Troller es un personaje atormentado, ya que cuando era capellán del ejército, instigó a su hijo a ir a la guerra de Irak, donde fue asesinado. Ahora, se ha refugiado en la iglesia protestante y entre asuntos meramente cotidianos, se prepara para festejar el 250 aniversario de la orden. Pero, todo va a cambiar un día, cuando Mary, una de sus pocas feligresas, le pide ayuda para que hable con su marido, un ecologista radical que acaba de salir de la cárcel. Un chico que sufre por el futuro del planeta y no encuentra la paz interior ni con su futura paternidad. Estos encuentros llevarán al sacerdote a una profunda tensión entre su fe y las razones de su existencia, desenterrando sus traumas pasados y situándolo en una situación de graves conflictos emocionales que le harán encerrarse en sí mismo.

Schrader sitúa su relato en uno de esos pueblos del estado de Nueva York, donde parece que todo es armonía y tranquilidad, pero que en el interior de las casas se cuecen todos los problemas que desde fuera ni se ven ni se percatan. El cineasta de Michigan es un maestro en crear esas atmósferas frías y vacías (donde la luz neblina y siniestra de Alexander Dynan contribuye y de qué manera a crear ese universo tétrico y sin alma que recorre toda la película) y en construir personajes que arrastran pesadas cargas emocionales que los condicionan en su cotidiana y miserable existencia, como le ocurrían a los Travis Bickle, el taxista veterano del Vietnam de Taxi Driver, o el Jake La Motta, el boxeador empeñado en fastidiarse la vida,  Julian Kaye, el prostituto masculino agobiado por su posición social, Wade Whitehouse, el policía mísero que daña todo lo que toca, entre muchos otros, personajes marginados, autodestructivos, faltos de fe, frustrados sexualmente, y sobre todo, inadaptados, que les cuesta construir su espacio y vivir como los demás, porque no encajan y odian una sociedad hipócrita y falsa que les ha tocado vivir.

Los antecedentes de Ernest Troller podríamos encontrarlos en los personajes de Jesucristo que interpretaba Willem Dafoe en La última tentación de Cristo, de Scorsese, donde el elegido se convierte en humano, con sus cuestionamientos sobre la fe, sus dudas y pulsiones lujuriosas, y también, en Juvenal, el protagonista de Touch (1997) que dirigió Schrader, donde encontrábamos a un joven con poderes extraños para sanar al que se le acercaban personajes de toda índole. Dos almas diferentes, dos almas con dudas, dos almas perdidas que no encuentran consuelo en su fe, que se la cuestionan, y sobre todo, son humanos, como le ocurre a Ernest Troller, alguien que ya no encuentra paz en su refugio espiritual, que se cuestiona su fe, a sí mismo, y todo lo que le rodea, en este relato que nos interpela directamente poniendo sobre el foco temas como la religión y su necesidad en el mundo actual, la idea de Dios como ser omnipotente, los caminos complejos de la fe y sus cuestionamientos, los mecanismos de financiación de las iglesias, y la hipocresía que conlleva esos procedimientos, y la conservación y respeto de la naturaleza en un mundo capitalizado hasta la saciedad y falto de valores humanos.

Schrader cuenta con un reparto ajustado y lleno de matices, donde destaca la inmensa y sobriedad interpretación de Ethan Hawke, en uno de sus mejores trabajos de su carrera, con esas miradas ausentes y vacías que a menudo tiene en la película, en un estado de extrañeza y completa ausencia, imbuido cada vez más en sus conflictos y en ese pasado tormentoso que no le deja en paz, en su particular camino redentor que no encuentra consuelo, cuando creía que auto engañándose sí que lo encontraría, a su lado, Amanda Seyfried, con ese bombo a cuestas, paradigmático en una película que nos habla de la falta de humanidad de nosotros mismos y hacia un planeta cada vez más contaminado y con menos vida, y les acompaña, una retahíla de excelentes secundarios como Cedric the Entertainer como pastor jefe que maneja os hilos de una iglesia con financiación compleja, y Victoria Hill, una devota feligresa y activista de la iglesia que siente algo más por Troller. Schrader ha cocido a fuego lento uno de sus ásperos y desgarradores dramas, con esa belleza formal que duele y agobia, describiendo con minuciosidad de cirujano todo esos mundos recónditos y oscuros que se ocultan en cualquier casa pulida y aceptada moral y socialmente aceptada, como esos escondites tapados en la iglesia (por donde los esclavos huían de sus amos en el siglo XIX) que está contado como si fuese un thriller, uno de esos retratos sobre las miserias humanas, sobre sus conflictos interiores y los tejemanejes capitalistas de una sociedad falsa, vacía y enferma.


<p><a href=”https://vimeo.com/287064741″>EL REVERENDO (First Reformed) – TRAILER VOSE</a> from <a href=”https://vimeo.com/user66996990″>Versus Entertainment</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

El cine de fuera que me emocionó en el 2017

El año cinematográfico del 2017 ha bajado el telón. 365 días de cine han dado para mucho, y muy bueno, películas para todos los gustos y deferencias, cine que se abre en este mundo cada más contaminado por la televisión más casposa y artificial, la publicidad esteticista y burda, y las plataformas de internet ilegales que ofrecen cine gratuito. Con todos estos elementos ir al cine a ver cine, se ha convertido en un acto reivindicativo, y más si cuando se hace esa actividad, se elige una película que además de entretener, te abra la mente, te ofrezca nuevas miradas, y sea un cine que alimente el debate y sea una herramienta de conocimiento y reflexión. Como hice el año pasado por estas fechas, aquí os dejo la lista de 13 títulos que he confeccionado de las películas de fuera que me han conmovido y entusiasmado, no están todas, por supuesto, faltaría más, pero las que están, si que son obras que pertenecen a ese cine que habla de todo lo que he explicado. (El orden seguido ha sido el orden de visión por mi parte).

1.- TONI ERDMAN, de Maren Ade

https://242peliculasdespues.com/2017/01/20/toni-erdmann-de-maren-ade/

2.- EL VIAJANTE, de Asghar Farhadi

https://242peliculasdespues.com/2017/03/08/el-viajante-de-asghar-farhadi/

3.- LA IDEA DE UN LAGO, de Milagros Mumenthaler

https://242peliculasdespues.com/2017/04/09/la-idea-de-un-lago-de-milagros-mumenthaler/

https://242peliculasdespues.com/2017/04/16/entrevista-a-milagros-mumenthaler/

4.- EL OTRO LADO DE LA ESPERANZA, de Aki Kaurismäki

https://242peliculasdespues.com/2017/04/17/el-otro-lado-de-la-esperanza-de-aki-kaurismaki/

5.- SIERANEVADA, de Cristi Puiu

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6.- LA REGIÓN SALVAJE, de Amat Escalante

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https://242peliculasdespues.com/2017/09/19/encuentro-con-amat-escalante/

7.- UNA MUJER FANTÁSTICA, de Sebastián Lelio

https://242peliculasdespues.com/2017/10/13/una-mujer-fantastica-de-sebatian-lelio/

8.- ¡LUMIÈRE! COMIENZA LA AVENTURA, de Thierry Frémaux

https://242peliculasdespues.com/2017/10/19/lumiere-comienza-la-aventura-de-thierry-fremaux/

9.- EN CUERPO Y ALMA, de Ildikó Enyedi

https://242peliculasdespues.com/2017/10/29/en-cuerpo-y-alma-de-ildiko-enyedi/

10.- EN REALIDAD, NUNCA ESTUVISTE AQUÍ, de Lynne Ramsay

https://242peliculasdespues.com/2017/11/25/en-realidad-nunca-estuviste-aqui-de-lynne-ramsay/

11.- EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO, de Yorgos Lanthimos

https://242peliculasdespues.com/2017/12/03/el-sacrificio-de-un-ciervo-sagrado-de-yorgos-lanthimos/

12.- ALANIS, de Anahí Berneri

https://242peliculasdespues.com/2017/12/21/alanis-de-anahi-berneri/

13.- COLUMBUS, de Konogada

https://242peliculasdespues.com/2017/12/26/columbus-de-kogonada/

14.- RECUERDOS DESDE FUKUSHIMA, de Doris Dörrie

https://242peliculasdespues.com/2017/12/31/recuerdos-desde-fukushima-de-doris-dorrie/

 

Entrevista a Julia Solomonoff

Entrevista a Julia Solomonoff, directora de la película “Nadie nos mira”, en el marco del D’A Film Festival. El encuentro tuvo lugar el miércoles 2 de mayo de 2018 en el hall del Holtel Pulitzer en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Julia Solomonoff, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Eva Herrero de Madavenue, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Nadie nos mira, de Julia Solomonoff

EXTRAÑO DE SÍ MISMO.

En una de las primeras secuencias de la película, vemos a su protagonista, Nico, 30 años, argentino y actor, cuidando de un bebé, junto a otras mujeres de origen latino que hacen lo propio, en un parque céntrico de Nueva York. De repente, ocurre algo, y una estadounidense avisa a la policía, y como si fuese un efecto rebote, casi todas las mujeres con sus respectivos bebés, huyen a escape del lugar. Un instante que marcará todo el estado de ánimo de la película, un lugar de oportunidades, sí, pero también, un lugar oscuro, donde si no eres legal, te conviertes en un perseguido, en un clandestino, en alguien en perpetua huida, situación, que vivirá constantemente el protagonista de la cinta. El tercer trabajo como directora de Julia Solomonoff (Rosario, Argentina, 1968) nos habla de soledad, desarraigo, huida y pérdida, temas que ya estaban en sus dos primeras películas, en Hermanas (2005) exploraba los años de la dictadura argentina a través del (des) encuentro de dos hermanas después de años de desaparición, y en El último verano de la Boyita (2009) se centraba en una niña en ese tránsito de la infancia a la adultez, a través del descubrimiento de la vida en un ambiente rural, ambas películas ambientadas en los ochenta.

En Nadie nos mira, la trama que pivota en el aquí y ahora, gira en torno a Nico, un tipo que se gana la vida cuidando un bebé de una paisana, y como camarero, instalado en Nueva York, huyendo de la fama de actor de telenovelas en Argentina, y también, dejando una relación tóxica. Su vida en la Gran Manzana no es la esperada, se mueve como si estuviese en un laberinto, de aquí para allá, con esa incertidumbre del que todo es temporal, de su sitio no está en ese lugar, porque simplemente está de paso no sabe hacia adonde. Nico sueña con encontrar la oportunidad de demostrar su valía como actor, en un país difícil y complejo, donde las oportunidades escasean y además, deberá enfrentarse a la durísima competitividad, y a los prejuicios propios del estadounidense medio. Un argentino rubio y de piel clara, no es el prototipo de latino que las barras y estrellas consideran como tal.

Solomonoff no juzga a su personaje, no emite ninguna posición ni emocional ni ideológica, lo filma desde todos los puntos posibles, y lo relaciona con personas de diferentes clases sociales, desde la argentina que se ha casado con el yanqui y se ha convertido en uno de ellos, de aquellos estadounidenses más liberales, pero que en el fondo sus ansías de posición económica los lleva a sentirse de una manera, pero actuar de otra, muy convencional, o el actor argentino, amigo de Nico, que viene de visita y se queda maravillado por el lugar, desde la perspectiva del turista, que no conoce los verdaderos cimientos en los que se sustentan toda esa maquinaria de luces y neones, o la propia perplejidad y contradicciones de Nico, que no sabe muy bien que hace en una ciudad que da poco y exige tanto, en un estado de extrañeza constante y pérdida de sí mismo, de desconocerse cada día un poco más, y de náufrago a la deriva en esa inmensa isla, donde tampoco las relaciones íntimas le ofrecen estabilidad emocional, porque todavía arrastra ese pasado que le agobia y le ha llevado a esta huida sin fin y traumática.

La fantástica y contenida interpretación de Guillermo Pfening dando vida a Nico, consigue traspasar su mirada y descubrir su interior, todo aquello que hierve en esa alma rota e inquieta, en ese cuerpo que se mueve de un lugar a otro, ya sea en bici o en metro, ya sea con un bebé que no es suyo, pero que lo quiere como tal, o a la espera de que ocurra algo, aunque a veces haya perdido toda fe en eso, o lo que es más grave, haya perdido la fe en sí mismo, porque no desconoce qué hacer, y sobre todo, hacia adónde ir. Y no sólo la composición de Pfening, sino cada uno de los intérpretes que aparece en la película transmite verdad y naturalidad, componiendo un caleidoscopio interesante y diferente de una ciudad cosmopolita, interesante, atractiva, pero también salvaje, despiadada y que en ocasiones, puede resultar muy hostil y oscura para los recién llegados o aquellos a los que les cuesta adaptarse a sus costumbres y reglas, y a su ritmo endiablado.

 Solomonoff es una gran todoterreno en esto del cine, ya que ha sido asistente de gente como Puenzo o Salles, ha producido a Celina Murga o Julia Murat, entre otros/as, y lleva años dando clases en EE.UU., y en Nadie nos mira, parece explicarnos su experiencia como extranjera en ese país de acogida, sus sentimientos y percepciones como diferente, como latina, aunque sea como su protagonista, rubia y de piel clara, rompiendo los estereotipos de ese ciudadano medio yanqui, en un relato que nos muestra como un diario del inmigrante que llega a esa ciudad querida y soñada, peor que se dará de bruces con la realidad del lugar, y sobre todo su propia realidad, porque como bien reflexionaba Muñoz Molina: “Uno cuando viaja, no deja sus problemas en casa, sino que los lleva consigo mismo”, y el bueno de Nico, tiene todavía muchas cuentas pendientes no con Argentina o Nueva York, sino consigo mismo, con sus emociones y sentimientos, con el hombre al que amó o todavía ama, y su destino como actor, y en un espacio ajeno y extraño, en una huida constante, no de nada ni nadie, sino de sí mismo.


<p><a href=”https://vimeo.com/265529148″>Trailer Nadie nos mira</a> from <a href=”https://vimeo.com/user66996990″>Versus Entertainment</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Columbus, de Kogonada

LA ARQUITECTURA DEL ALMA.

“El cine es toda una posibilidad. Una posibilidad esencial, porque el cine es el arte del tiempo. Por lo tanto, lo es todo, porque el arte del tiempo lo engloba todo”

Kogonada

En los últimos planos que cerraban la magistral El eclipse, de Antonioni, recorríamos las calles y plazas vacías que anteriormente habían sido transitadas por los amantes. Ahora, esos mismos espacios mostraban un vacío implacable donde la quietud y el silencio se apoderaban irremediablemente de las miradas atónitas de los espectadores. El paisaje en consonancia con la forma en el cine de Antonioni le servía al maestro italiano para criticar con extrema dureza la alineación y la invisibilidad del individuo en las sociedades modernas. En cambio, en el cine de Kogonada adquiere un significado opuesto, donde los edificios y la forma devienen un poder curativo y sanador para los individuos. La puesta de largo de Kogonada (nombre artístico que homenajea a Kogo Noda, guionista de Yasujiro Ozu) parece un reflejo continuador y estilístico de sus celebrados trabajos sobre Ozu, Tarkovski, Kubrick, Wes Anderson, Bergman, etc… Piezas de apenas de cinco minutos o menos, donde el reputado crítico y estudioso cinematográfico eleva el ensayo fílmico para estudiar y reflexionar sobre las eternas posibilidades de las formas, estructuras, simetrías y demás elementos cinematográficos de los cineastas, piezas cortas hechas por encargo para Sight & Sound, Criterion Collection o el British Film Institut (celebrado es su pieza sobre el Neorrealismo donde comparaba las diferentes versiones de la película Estación Termini).

Kogonada nacido en Seúl (Corea del Sur) pero que ha crecido en EE.UU., nos lleva hasta Columbus, en el estado de Indiana, la meca de la arquitectura moderna, donde las escuelas especializadas de Europa fueron invitadas para poblar de edificios y estructuras urbanas la zona creando un nuevo modernismo donde la luz y el espacio se fundían con el paisaje, predominando una estética de formas y colores que se mezclaban con lo urbano de forma precisa y natural. Allí, en ese lugar, conoceremos a Cassey (extraordinaria la interpretación de Haley Lu Richardson) una joven recién graduada que trabaja en la biblioteca que pospone su sueño de estudiar arquitectura para vivir junto a su madre, en pleno proceso de redención después de una vida desestructura por su adicción a las drogas, que entablará una amistad con Jin (precisa y acogedora la composición de John Cho) un traductor surcoreano que se ha trasladado a la pequeña ciudad por la enfermedad de su padre, un reputado arquitecto. Kogonada acoge a sus personajes y los envuelve del paisaje urbanístico de Columbus, mientras hablan sobre sus estados anímicos, las difíciles relaciones junto a sus progenitores y el desamparo y el vacío que sienten en sus vidas actuales, y lo hace de manera inteligente y elegante, con suavidad y detalle, en el que tanto sus personajes como los edificios acaban formando uno sólo, en una de las películas más audaces y soberbias donde la forma y el fondo casan magistralmente.

Las largas conversaciones acompañadas de los espacios arquitectónicos, donde se reflexiona sobre estos, así como su historia y sus creadores, los Eero Saarinen, Richard Meier o I. M. Pei, entre otros, y sus formas y estructuras, adquieren en la película de Kogonada una inmersión visualmente extraordinaria, donde la corrección formal y la profundidad de sus personajes y sus conflictos interiores funcionan sin darnos cuenta, con extrema sabiduría cinematográfica, donde el tiempo y el espacio adquieren otra dimensión, en el que asistimos a la emoción de la amistad de dos seres atrapados en un lugar que parece diferente, quizás demasiado tranquilo y lleno de quietud, pero sí observamos con detenimiento y tomándonos el tiempo preciso, descubrimos muchísimo más de lo que vemos a simple vista, quizás descubramos algo de nosotros en su interior, algo que bulle en lo más profundo del alma.

Kogonada recoge con audacia y precisión el espíritu del cine independiente americano (ciudades pequeñas donde la vida parece detenida y demasiado corriente, personajes algo o bastante perdidos y desorientados que no acaban de encontrar su lugar en el mundo, y un paisaje urbano o rural, donde en ocasiones los personajes se muestran acogidos y en otras, seres extraños, filmados a través de planos largos mientras tienen largas conversaciones filosóficas sobre la vida, el entorno o sus vidas) y también invoca a sus maestros, aquellos que fueron material ensayístico de sus magistrales y celebradas piezas, como los Ozu, Bresson, Kubrick, Tarkovski y Antonioni en su concepción formal, donde la cinematografía de Elisha Christian (que ya había demostrado su capacidad en In your eyes, y en otros trabajos) es una gran aliada para mostrar las estructuras de los edificios modernistas, tanto su forma como lo que no vemos, su interior, sus estados de ánimo, lo que encierran dentro de su ser,  que actúa como reflejo del alma de los personajes, unos eres que los observan desde fuera y pasean por su interior, descubriéndolos y sobre todo, descubriéndose a ellos mismos.