Entrevista a Milagros Mumenthaler

Entrevista a Milagros Mumenthaler, directora de la película «Las corrientes», en el marco del D’A Film Festival, en la Sala Raval del Teatre CCCB en Barcelona, el lunes 23 de marzo de 2026.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Milagros Mumenthaler, por su tiempo, sabiduría y generosidad, y a Eva Herrero y Violeta Cussac de Madavenue, por su tiempo, cariño, tiempo y amabilidad.  JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Las corrientes, de Milagros Mumenthaler

LINA EN UN TIEMPO SUSPENDIDO.    

“Hay heridas que nunca aparecen en el cuerpo y que son más profundas e hirientes que cualquier cosa que sangre”. 

Laurell K. Hamilton 

Resulta curioso mi relación con el cine de Milagros Mumenthaler (Córdoba, Argentina, 1977), porque primero vi su segunda película La idea de un lago (2016), la historia de Inés, una fotógrafa de 25 años que emprende un viaje de búsqueda que la lleva a indagar sobre su memoria y pérdida familiar. Luego, se reestrenó Abrir puertas y ventanas (2011), su ópera prima, que nos situaba en la relación de tres hermanas y la casa familiar donde vivieron con su abuela. Dos películas de profunda sensibilidad para hablar de temas sobre los vacíos que deja el que parte y cómo afecta en nosotros, cómo construimos la memoria y la desmemoria, y sobre todo, una mirada muy íntima a lo femenino, lo doméstico y las grietas de los traumas. Su tercera película Las corrientes sigue indagando sobre estos temas, creando un mundo que se mueve entre lo conocido y lo inquietante, entre los pliegues de la razón y la sinrazón, espacios repletos de espectros, en un viaje sensorial, musical y lleno de grietas difíciles de descifrar. 

La directora argentina nos plantea una película muy sutil, sin subrayados y apenas información. Su protagonista Lina ha viajado a Ginebra (Suiza) para recibir un premio por su reconocido trabajo como estilista. En mitad de la celebración, Lina huye y se pierde por las calles de la ciudad y llega a un puente y sin pensarlo, se lanza al río. Cuando vuelve a Argentina, algo ha cambiado en ella, se vuelve una extraña de sí misma, ajena a su vida, a su cotidianidad, a su marido y a su hija, en un estado de letargo, a medio camino de algo, como si estuviese viva y muerta a la vez, en una especie de limbo que no entiende, moviéndose como una zombie, intentando estar sin conseguirlo. No sabemos qué le ocurre, tampoco la película lo explica, ni falta que hace, porque el hecho es que algo tiene y ni ella misma sabe qué, sólo sabe que quiere huir de todo y sobre todo, de sí misma, en una travesía a la deriva que la lleva a lugares y estados nada comunes, sintiendo cosas extrañas y en una deriva en la que no sabemos si el personaje está viviendo aquello o lo otro. Mumenthaler construye un relato que bien podría firmar el propio Hitchcock, con el agua como elemento referencial, en que el cabello tiene una importancia vital, como le sucedía a la protagonista de Vértigo

La cineasta cordobesa se ha rodeado de dos anteriores cómplices como el cinematógrafo Gabriel Sandru, que fue el responsable de La idea de un lago, en un trabajo de luz mortecina, típica del norte, que contrasta con los colores azules y rojos de la ropa de la protagonista, en una suerte de espejos-reflejos, en que seguimos a la protagonista, en un relato-limbo en el que es muy difícil de saber qué es real o inventado, donde lo onírico resulta capital en la historia que se nos cuenta, en un viaje hacia adelante donde el pasado trastoca los planes, como una bestia dormida que acaba de despertar así sin más. El montaje lo firma el suizo Guion-Reto Killias, que ha editado las tres películas de la directora, consiguiendo dotar a la película de ese tono y sobre todo, ritmo latente, pausado y corpóreo, donde vemos a Lina en su país de las pesadillas, o quizás, en su país de los recuerdos y la memoria detenida que se abre otra vez, en los 104 minutos de metraje llenos de incertidumbres, acertijos y claroscuros. Una música con composiciones de Gustav Holst, que ayudan a crear ese sueño pesadillesco que sufre la protagonista que recuerda a lo que vivía Laura Dern en Inland Empire, de Lynch.  

Una historia apoyada en el rostro de mirada perdida e incierta de su protagonista, debía acertar con la actriz que encarna a Lina, y lo consigue con creces con la extraordinaria composición de Isabel Aimé González Sola, una actriz argentina afincada en Francia, que hemos visto en películas como Happy Birthday, de Cédric Kahn, y la famosa serie La Révolution. Su composición de Lina es una lección de transmitir toda esa ruptura interior que siente y nos hace partícipes en la deriva en la que está, en un aquí y un allá, en un ser y no ser, en un presente y en un pasado. Esteban Bigliardi es un marido estupendo, tan ajeno como lejano, que ha trabajado con Piñeiro, Moguillansky, Carri, Rodrigo Moreno, Lisandro Alonso, Lerman y demás. Jazmín Carballo es una amiga y Ernestina Gatti es la asistente en el trabajo. Mumenthaler ha vuelta a hacer una película cautivadora y enigmática, que nos sumerge en unas aguas turbulentas y mansas, en la mitad de la nada y de todo eso, en un viaje hacia las profundidades de la mente, de sus mentiras y verdades, de sus heridas y dolor, de un pasado enigmático que agita y de qué manera a Lina, una mujer perdida, angustiada, con un cabello que le pesa como un quintal, sometida a unas emociones perturbadoras, que presagian muchas turbulencias, en un cuento de terror con apariencia de cotidianidad con el aroma de Repulsión, de Polanski y de La posesión, de Zulawski. Mujeres atrapadas por algo muy oscuro como le ocurre a Lina. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

El cine de fuera que me emocionó en el 2017

El año cinematográfico del 2017 ha bajado el telón. 365 días de cine han dado para mucho, y muy bueno, películas para todos los gustos y deferencias, cine que se abre en este mundo cada más contaminado por la televisión más casposa y artificial, la publicidad esteticista y burda, y las plataformas de internet ilegales que ofrecen cine gratuito. Con todos estos elementos ir al cine a ver cine, se ha convertido en un acto reivindicativo, y más si cuando se hace esa actividad, se elige una película que además de entretener, te abra la mente, te ofrezca nuevas miradas, y sea un cine que alimente el debate y sea una herramienta de conocimiento y reflexión. Como hice el año pasado por estas fechas, aquí os dejo la lista de 13 títulos que he confeccionado de las películas de fuera que me han conmovido y entusiasmado, no están todas, por supuesto, faltaría más, pero las que están, si que son obras que pertenecen a ese cine que habla de todo lo que he explicado. (El orden seguido ha sido el orden de visión por mi parte).

1.- TONI ERDMAN, de Maren Ade

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2.- EL VIAJANTE, de Asghar Farhadi

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3.- LA IDEA DE UN LAGO, de Milagros Mumenthaler

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4.- EL OTRO LADO DE LA ESPERANZA, de Aki Kaurismäki

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5.- SIERANEVADA, de Cristi Puiu

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6.- LA REGIÓN SALVAJE, de Amat Escalante

https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2017/09/16/la-region-salvaje-de-amat-escalante/

https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2017/09/19/encuentro-con-amat-escalante/

7.- UNA MUJER FANTÁSTICA, de Sebastián Lelio

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8.- ¡LUMIÈRE! COMIENZA LA AVENTURA, de Thierry Frémaux

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9.- EN CUERPO Y ALMA, de Ildikó Enyedi

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10.- EN REALIDAD, NUNCA ESTUVISTE AQUÍ, de Lynne Ramsay

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11.- EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO, de Yorgos Lanthimos

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12.- ALANIS, de Anahí Berneri

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13.- COLUMBUS, de Konogada

https://atomic-temporary-59521296.wpcomstaging.com/2017/12/26/columbus-de-kogonada/

14.- RECUERDOS DESDE FUKUSHIMA, de Doris Dörrie

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Abrir puertas y ventanas, de Milagros Mumenthaler

AFRONTAR LA AUSENCIA.

Nos encontramos en el exterior de una calle cualquiera, justo detrás de la puerta principal enrejada de una casa, un chico joven abre la verja y entra, la cámara lo sigue muy sutilmente. En el interior de la casa, en una habitación, tres chicas jóvenes, entre edades de final de la adolescencia y primera juventud, se hallan en ese espacio ensimismadas en sus cosas. Una de ellas, la más mayor, advierte a otra, la mediana, que viene un chico al que no quiere ver. La receptora del mensaje sale y despacha al joven, que antes de irse, observa, a través de una ventana, a la joven que quería ver y se cruzan las miradas. Nos quedamos junto a las tres chicas, y a partir de ese instante, las seguiremos en sus días, sus vidas, sus quehaceres, sus interiores, y demás. Hace unos meses, en la que vimos La idea de un lago, la segunda película de Milagros Mumenthaler (La falda, Argentina, 1977), donde nos contaba un relato acerca de la memoria, en el que la pérdida del padre desparecido, se convertía en un interesante ejercicio sobre la ausencia, donde su hija se trasladaba a aquellos espacios que compartieron y rescataba sus sensaciones interiores, atmósfera y situaciones que ya apuntaba en su cortometraje El patio.

Ahora, volvemos a su opera prima, Abrir puertas y ventanas, hermosísimo título que nos adentra en un casa habitada por tres hermanas que conviven cada una de ellas en su mundo, con sus complejidades y miedos, afrontando la pérdida de su abuela Alicia, la mujer que las vio crecer y compartieron su infancia. La casa como espacio familiar, llena de recuerdos de la vida que ya no tienen, que esconde otra ausencia, la de sus padres. Tres maneras y visiones diferentes de mirar esa pérdida y relacionarse con ella, Marina, la mayor, se refugia en sus estudios y los trabajos de la casa, Sofía, la mediana, se esconde en su ser, su figura y complementos, y la menor, Violeta, se pasea aburrida y tediosa, mientras recibe visitas de un amante mayor. Mumenthaler rescata parte de su biografía y la de muchos hijos de desaparecidos de Argentina, cuando tuvieron que pasar largas temporadas con los abuelos, debido a la ausencia paterna, pero no lo hace desde la melancolía y la condescendencia, sino desde lo íntimo de cada una de las mujeres, desde la particularidad de sus movimientos y sus quehaceres cotidianos, cada una desde sus espacios domésticos, desde sus soledades y sus amarguras, sin dialogar entre ellas, desde ese espacio ingobernable en el que nos refugiamos para entender tanto lo de fuera como lo de nuestro interior.

La cineasta argentina construye una película de climas y sensaciones, algunas amargas y otras, no tanto, centrándose en el espacio del hogar, tanto exterior como interior de la casa, y además, lo ubica en un tiempo de entretiempo, cuando el final del verano se instala en esos días donde todavía el calor parece no querer alejarse, mezclado con los primeros momentos de frío, donde las tres mujeres y hermanas, no muy alejadas de las tres hermanas de Chéjov, se mueven por esos espacios de la abuela, porque esa ausencia las condiciona y guía por esa casa en la que cada una de ellas se relaciona íntimamente con sus recuerdos y con la mujer que ahora añoran. Mumenthaler cuenta su drama íntimo y doméstico con sólo tres personajes, amén del chico al que tienen alquilado un espacio, tres miradas interiores y una exterior, a través de un ejercicio formalista, en la que apenas la cámara adquiere movimiento, sólo observamos el tedio, la falta de diálogo, y esas conversaciones vacías en las que se habla mucho y no se dice nada, gracias en buena parte al buen hacer del gran plantel de actrices que escenifan con ternura y carácter las emociones de las tres hermanas.

Recuerda a los primeros filmes de Lucrecia Martel, cuando penetraba en esa intimidad familiar sujetada por hilos muy frágiles donde todo está a punto de explotar y destapar las posiciones más extremas. La realizadora argentina nos introduce en ese espacio doméstico y en el pasado de manera sencilla y cálida, en la que cada una de las hermanas parece adoptar la identidad de la otra y viceversa, escuchando los viejos discos, probándose la ropa de la otra, o guardando celosamente objetos de la abuela, manteniendo una cotidianidad aparente, como se cada una de ellas huyera de lo que sienten respecto a la memoria de su abuelo, y utilizan la cotidianidad para ocultarse de las otras sin explicarles su dolor y lo que sienten. Una película tierna y honesta, pero oscura y perturbadora, que abre las costuras de la fragilidad, en este caso femenina, para dejar ver las herramientas emocionales que utilizan para sobrellevar la pérdida y la ausencia de su abuela, y como afrontarlas con respecto a su relación con sus hermanas, y sobre todo, con el espacio que comparten, esa casa que en su interior guarda todos los secretos que estructuran su memoria familiar y su propia identidad.

Entrevista a Milagros Mumenthaler

Entrevista a Milagros Mumenthaler, directora de «La idea de un algo». El encuentro tuvo lugar el lunes 10 de abril de 2017 en la Plaza Rovira del Barrio de Gràcia en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Milagros Mumenthaler,  por su tiempo, generosidad y cariño, y a Ramiro Ledo y Xan Gómez de Numax Distribución, por su amabilidad, paciencia y cariño.

La idea de un lago, de Milagros Mumenthaler

PAISAJES DE LA AUSENCIA.

Hay directores que por muchas películas que realicen, nunca dejan en la memoria de los espectadores alguna imagen que trascienda la propia película, convirtiéndose en una especie de icono que, en ese preciso instante, se asociará indiscutiblemente con el espíritu de la obra. En La idea de un lago, hay una de esas imágenes reveladoras de las que estamos hablando, en un día de sol espléndido de verano, vemos un Renault 4 verde (mítico vehículo que acompaña la infancia de muchos de nosotros) flotando en el agua del lago mientras Inés, una niña, lo observa con gesto de felicidad. El plano que funde lo fantástico con lo cotidiano en una suerte de tiempo atemporal y emocional, en el que las cosas adquieren otra naturaleza, y la memoria se vuelve nítida y cercana. El segundo largo de Milagros Mumenthaler (Córdoba, Argentina, 1977) después de su interesante debut con Abrir puertas y ventanas (2011) que nos contaba, a través de tres hermanas, sus convivencia con la abuela, la persona que las crió Una carrera que ya había generado expectación entre la cinefília especializada debido a sus cortometrajes, entre los que destaca El patio (2004), en la que dos hermanas esperaban la llamada de su madre que reside en el extranjero.

Mumenthaler nos habla de la memoria, de un tiempo perdido y lejano, y sobre todo, de la ausencia y la pérdida que se origina (elementos característicos que encontramos en su punzante y maravillosa filmografía) sus personajes evocan el pasado desde el presente, los recuerdos se amontonan y se transmutan, en un ejercicio complejo y extraño en el que sus criaturas intentan entenderse a sí mismas, y el tiempo actual que les rodea, a partir de esos espejos rotos ambivalentes de su memoria. La cineasta argentina toma como punto de partida Pozo de aire, de Guadalupe Gaona (libro de fotografías y poemas donde la autora construye una obra autobiográfica a partir de la desaparición de su padre en marzo de 1976 durante la dictadura cívico-militar de Argentina) para edificar un relato centrado en  Inés y sus recuerdos, en distintos tiempos, desde la actualidad donde la joven se encuentra en un estado emocional complicado, en el que está en avazando estado de gestación, y además, se acaba de separar del padre de su hijo, y para colmo de males, mantiene un relación tensa con su madre debido al tema del padre ausente, y está enfrascada en un trabajo memorístico con textos y fotografías sobre la desaparición de su padre y cómo esa ausencia ha definido su vida.

Mumenthaler nos hace viajar en el tiempo, en el que Inés de niña recuerda sus veraneos en Villa La Angustura junto al lago, en una maravillosa y portentosa elipsis (en la que a partir de una fotografía, único testigo de la memoria paterna, en la que vemos a su padre apoyado en el mencionado R4, en un instante, el padre y el automóvil desaparecen de la imagen, como borrados, el plano toma movimiento, en el que entrará una ráfaga de viento, para luego, en el mismo plano, situarnos en el pasado con Inés). Inés construye su memoria a partir de sus recuerdos, los pocos que compartió con su padre, en el que también hay pactos de sangre con su hermano, baños en el lago o juegos infantiles en el bosque nocturno con linternas (otra de las imágenes del filme). Un progenitor que ahora se ha convertido en un espectro incómodo que tensa la relación con su madre, porque no sólo se trata de un desaparecido, sino de alguien que remueve cosas del pasado que quizás es mejor dejarlas estar. Mumenthaler no sólo hace una cinta sobre la memoria histórica de un país sacudido por una dictadura atroz, sino que coloca su atención en la memoria personal e íntima de una generación que no vivió la dictadura, pero que necesita saber y concoer, alguien que siente su pasado como un álbum al que no sólo le faltan fotografías, sino que algunas se encuentran rotas y borrosas, como si ese tiempo no hubiera existido o la memoria quisiera borrarlo porque es incómodo y molesta, un cine que lo relaciona directamente con la mirada de Carlos Saura y su etapa setentera junto a Azcona en películas como La prima Angélica o Cría cuervos. .

La realizadora argentina construye un relato no convencional, en el que la película se convierte en un rompecabezas que sacude las raíces de la memoria, en el que cada pieza conecta con otra en una narrativa construida a través de las emociones y los sentimientos, en el que lo físico deja espacio para confrontarnos con ese paisaje vacío que la memoria intenta construir con los elementos frágiles que tiene a su alrededor y sobre todo, en su interior. Unas imágenes deslumbrantes, sencillas y muy conmovedoras, cocidas desde la honestidad, sin caer en ningún momento en lo maniqueo, sino todo lo contrario, cimentando un relato sobre la ausencia y la memoria personal, en el que asistimos a momentos deslumbrantes, en el que la mise en scene se construye a través del espacio vacío, ese paisaje desolado, al que le falta alguien, una sombra indefinida que ya no está, se esfumó, convirtiéndose en una memoria rota, en pedazos, en que la película lo evoca desde lo íntimo, a través de las edades de Inés, erigiéndose en un ejercicio fascinante y a la vez, doloroso, sobre la identidad y la memoria íntima de cada uno de nosotros, y todo aquello que somos y sobre todo, todo lo que hemos perdido o dejado por el camino.