Entrevista a Patrick Mille

Entrevista a Patrick Mille, director de la película “Bienvenidas a Brasil”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 11 de julio de 2018, en la oficina de la distribuidora Segarra Films en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Patrick Mille, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Xènia Puiggrós de Segarra Films y a Sonia Uría de Suria Comuniación, por su simpatía, generosidad, paciencia y cariño.

Bienvenidas a Brasil, de Patrick Mille

UNA PARA TODAS.

Los primeros veinte minutos de la película pasan por delante de nosotros a velocidad de crucero. El ritmo es trepidante, brutal y sin descanso. La cámara al hombro se mueve de forma vertiginosa, siguiendo a sus criaturas allá donde estas vayan. Agathe, su hermana pequeña Lily, y Cloé, viven juntas y hace un año que no saben nada de Katia, que las dejó tiradas. Un día, reciben noticias suyas, informándoles que se casa en Brasil con un rico heredero, y además, está embarazada. Las tres viajan al país tropical y se van a una fiesta pija y alocada. Allí, después de varias copas, algunas rayas, y algún polvo fast en el lavabo, una de ellas, Lily, violenta y de carácter, mata accidentalmente a un tipo que pretende violarla. Después de este hecho, las tres mujeres quieren huir del país, aun más cuando se enteran que el muerto es el prometido de Katia. La segunda película de Patrick Mille (Lisboa, Portugal, 1970) es un cambio de rumbo con respecto a su opera prima, Mauvaise fille (2012) un drama donde una joven se quedaba embarazada casi al mismo tiempo que le informaban que su madre padecía una grave enfermedad.

Ahora, Mille (actor con una amplia carrera en Francia donde lleva más de un cuarto de siglo trabajando) nos sumerge en una aventura en toda regla, llevándonos por ese Brasil rural, alejadísimo de la postal, para adentrarnos en una comedia feminista, disparatada y muy gamberra,  mezclada con intriga policial, ya que las mujeres deberán huir del padre del muerto, Augusto, quizás el personaje más cómic de la película, es el gran empresario, en este caso de la carne, metido a político, lleno de corruptela y malísimas artes para conseguir capturar al asesino de su hijo. La caza ha empezado, el Sr. Augusto y sus secuaces harán todo lo imposible para cazar a las mujeres, que tendrán la ayuda de un agente consular excéntrico y muy oscuro. Mille quiere divertirnos, pasar un rato agradable y disfrutar con la película, mostrándonos a unas mujeres que pasarán por todos los estados de ánimo habidos y por haber, que deberán superar sus conflictos internos para ir todas a una para seguir con vida con la que tienen encima, en esta road movie que no da tregua, que pasa de la risa al llanto en cuestión de segundos, en un relato sobre la amistad, el compañerismo y sobre todo, el cooperativismo, como la mejor arma para hacer frente a las adversidades de la existencia.

Mille nos lleva en mil y un sitios diferentes, desde las discotecas chic a cinco minutos de la pobreza, las playas de Ipanema o Copacabana asestadas de turistas, mansiones lujosas con adornos horteras o naif, las laberínticas y peligrosas callejuelas de las favelas, arsenales clandestinos de armas, bares de pueblo donde se odian a los políticos, y demás lugares, tan sorprendentes como miserables, a través de la pesadilla que vivirán las cuatro amigas huyendo del malvado Augusto, una escapada en la que se toparán con individuos de naturaleza peculiar y extravagante, como policías corruptos, trabajadores ambiguos, amazonas armadas hasta los dientes, y sobre todo, mucha corrupción, en un país lleno de contrastes, desde la belleza de sus playas y lugares, mezclado con la miseria más absoluta, de ricos terratenientes a pobres diablos, que tienen la violencia como recurso para sobrevivir en una sociedad alocada, donde prima la fiesta a la vida.

Bienvenidas a Brasil recoge con fuerza y energía ese tipo de comedia disparatadísima, alocada y extravagante, que también tiene tiempo para darnos alguna hostia que otra, esa comedia al uso de Lío en Río, la última obra dirigida por Stanley Donen, en la que dos maduros se enrollaban con sus respectivas hijas, y el embrollo estaba servido, pero ninguna quería mencionarlo, donde las casualidades, las mentiras y los miedos salían a relucir para que todo continuara igual, por miedo a enemistarse con los amigos queridos, sí, pero engañados, en otro tono más bestia, tendríamos a Airbag, de Juanma Bajo Ulloa, en la que seguía a tres palurdos en busca del anillo de prometido que se había olvidado en el trasero de una prostituta, en un viaje lleno de puticlubs, mafiosos y amor, o Very Bad Things, de Peter Berg, que hacía una versión oscurísima de aquella otra Despedida de soltero, nos adentraba en unos colegas en las que una despedida les acababa saliendo demasiada cara y altamente peligrosa.

Mille que, se reserva el personaje excéntrico y clown del agente consular francés, compone un reparto interesante con sus cuatro actrices, jóvenes y muy talentosas, en una pesadilla que pasan del miedo a la valentía, tenemos a Alison Wheeler que es Agatha, la profesora recta y teledirigida que se desmelenará un poco bastante, y se relacionará de forma compleja con Lily, que interpreta Philippine Stindel,  esa hermana pequeña difícil y malcarada, en plena guerra consigo misma, la tercera en discordia, la enamoradiza Chloé, que da vida Margot Bancilhon, dejada por enésima vez, que acabará por demostrar que bajo esa capa de superficialidad, se esconde una mujer fuerte, y finalmente, Katia que interpreta Vanessa Guide, la embarazada que tendrá que hacer frente a como ese mundo de fantasía y falso que se había montado, se cae de bruces con la realidad más inmediata. Y Chico Díaz, actor brasileño de gran prestigio como el Sr. Augusto, el malo de la función. Mille nos divierte y apabulla con su retrato del Brasil lujoso y pobre, en el que seguiremos a cuatro mujeres jóvenes, que a a medida que avanza la película, nos van recordando ese tipo de hembras propias del cine de Tarantino, en las que sus vacaciones maravillosas de desfase en Brasil, se convertirán en otro tipo de aventura, mucho más adrenalínica y peligrosa, en ocasiones triste o violenta, o ambas cosas, pero también, en un viaje hacia sí mismas, a conocerse, y sobre todo, a cuidarse y ayudarse entre ellas, y reencontrarse en medio de la nada.


<p><a href=”https://vimeo.com/241166912″>Bienvenidas a Brasil – Tr&aacute;iler Oficial HQ (VOSE)</a> from <a href=”https://vimeo.com/segarrafilms”>Segarra Films</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

El Cairo Confidencial, de Tarik Saleh

AL BORDE DEL ABISMO.

Una ciudad, El Cairo. Un tiempo, 15 de enero del 2011. Un Instante, los diez días previos al estadillo del pueblo contra el régimen autoritario de Mubarak, que darán paso a la denominada “Primavera Árabe”, en el que en varios países árabes se originaron revueltas que acabaron con el gobierno corrupto de turno. Y un hecho, el asesinato de una famosa cantante, en la que hay implicado un importante constructor que se relaciona con altas esferas del gobierno. Un personaje, el comandante Noredin, encargado del caso se persona en el escenario del crimen. El director Tarik Saleh (Etocolmo, Suecia, 1972) de origen egipcio, conjuntamente con Kristina Aberg, productora de todos sus trabajos, se inspiró en el caso real del asesinato de la cantante libanesa Suzanne Tamim en el año 2008 en Dubai, donde era sospechoso un alto cargo del gobierno. Un hecho, que conjuntamente con su idea de filmar en El Cairo (que debido a una prohibición estatal tuvo que reconstruir El Cairo en la ciudad de Casablanca, en Marruecos) ha construido una película de corte negro, con sus intensos 11 6 minutos de metraje, en el que se respira esa atmósfera decadente y revolucionaria que bulle en cada rincón de la ciudad, donde como es habitual en este tipo de tramas, cuando hay policía de por medio, la política está muy presente, y como no podía ser menos, la corrupción latente que contamina cada espacio del país.

Noredin (extraordinariamente interpretado por el actor Fares Fares) nos guía por todo tipo de lugares, desde las calles oscuras donde se realiza contrabando a plena luz del día, por los pisos y callejones lúgubres en los que malviven inmigrantes sudaneses (como la joven Salwa, testigo accidental del crimen que se investiga) o los espacios que contraponen los otros, como la casa señorial del constructor investigado, o el puticlub de lujo o los hoteles donde se chantajea a los poderosos, o esos espacios intermedios, como el apartamento triste del policía con el retrato de su boda, o la comisaría, donde se encarcela y tortura sin más, lugares por los que pululan, jefes de policía como Kammal, que sabiendo mucho calla a cambio de tajada, Shafiq, ese tipo de personajes que construye por un lado, y por otro, hace del engaño y el seño su modus operandi, y los otros, los explotados, como Salwa, la inmigrante sudanesa o las jóvenes que sueñan con hacer carrera como cantantes y acaban explotando su belleza prostituyéndose a las élites corruptas del país, supervivientes al amparo de un mundo sórdido, deprimente y deshumanizado.

Saleh mide con excelente ritmo,  agilidad y sobriedad la investigación criminal, junto con el respiradero político y social que arde en la ciudad (dando buena cuenta su labor en el campo documental en sus primeros trabajos)  una metrópolis pintada de altos contrastes en amarillo y negro, donde el tiempo cinematográfico, acotado en 10 días, irá contaminando el interior y los conflictos que van sucediendo en la película. Una trama en el que convergen personajes de distinta procedencia, en el que todos intentarán salir airosos del entuerto, donde asistimos a ese tiempo de monstruos (ese tiempo que abarca el mundo que se rompe con el que todavía no ha aparecido) tiempo de muertes en contenedores de basuras o tirados en la calle, fantasmas que pululan por una ciudad que se golpea y dispara en la calle, donde unos no quieren perder el estatus de corruptela que también les ha ido, y otros, los de abajo, luchan y a veces, hasta con su vida, para tener una vida mejor. Saleh plantea una película que nos interpela constantemente, a unos espectadores, también ciudadanos de países donde una clase dirigente ha hecho de la corrupción su modo de vida, como si se tratase de una organización criminal y mafiosa, donde la llamada ley los ampara y también recibe sus correspondientes beneficios económicos.

Noredin es ese policía solitario, triste, honesto y enamorado que pretende seguir haciendo justicia, si alguna vez existió o algo queda de ella, en un mundo a punto de caer o ya caído, del que solo quedan unos restos carcomidos, el agente de la ley idealista que se topará con la oscuridad de un mundo malsano y podrido que aparenta legalidad y honestidad, aunque sólo sea apariencia, porque en el fondo, todo se quede en un fajo de billetes llenos de sangre, mentiras y falsedades. Saleh recoge el aroma de los grandes títulos clásicos como El sueño eterno, La ciudad desnuda o Los sobornados, y los más modernos, aquellos que devolvieron al género el esplendor perdido con protagonistas más humanizados y loosers como en La noche se mueve, El príncipe de la ciudad, o los de aquí como El arreglo o La caja 507, títulos donde la investigación policial recogía el atmósfera de corrupción política y social de unos países abocados a la injustica y la desigualdad, como bien describe la película de Saleh, que además de medir la realidad social de un país, una ciudad y unas gentes, en la que todo está a punto de estallar y ya nada volvería a ser igual, o tal vez, sí.