Entrevista a Santiago Requejo

Entrevista a Santiago Requejo, drector de la película “Abuelos”. El encuentro tuvo lugar el jueves 3 de octubre de 2019 en los Jardines del Palau Robert en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Santiago Requejo, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Sandra Ejarque de Vasaver, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.

Entrevista a Carlos Iglesias

Entrevista a Carlos Iglesias, actor en la película “Abuelos”, de Santiago Requejo. El encuentro tuvo lugar el jueves 3 de octubre de 2019 en los Jardines del Palau Robert en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carlos Iglesias, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Sandra Ejarque de Vasaver, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.

A la vuelta de la esquina, de Thomas Stuber

CHRISTIAN SE ENAMORA DE MARION EN EL TRABAJO.

“Cuando salíamos del hipermercado al acabar el turno, afuera todo era diferente. Cuando cada uno volvía a su vida. Era como si todos cayéramos en un profundo sueño y regresáramos a casa el día siguiente”.

Sam y Jonathan, los dos vendedores de artículos de broma que pululaban por Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia, de Roy Andersson, o los Santa, Jose, Reina o Amador de Los lunes al sol, de Fernando León de Aranoa, y también, Marcel Marx, el artista sin suerte de La vida de bohemia y más tarde el limpiabotas humilde de Le Havre, a los que podríamos añadir Ilona y Lauri, los desafortunados enamorados de Nubes pasajeras, o incluso a Koistinen, el guardián nocturno apocado de Luces al atardecer, todas de Aki Kaurismäki, pertenecen a ese nutrido grupo de individuos solitarios, invisibles, ausentes de sí mismo, tipos que se mueven entre los márgenes, solitarios y cabizbajos, empeñados en la mala suerte, escapando de turbios pasados, y sobre todo, muy silenciosos, con vidas rutinarias, empleos tediosos y aspiraciones ausentes, pero eso sí, cuando hablan se vuelven personas coherentes, sinceras, reflexivas y acogedoras, como Christian, el protagonista de la película A la vuelta de la esquina.

Christian es alguien que huye de su pasado oscuro, de los que todavía conserva un sinfín de tatuajes que adornan su torso y brazos, alguien que empieza de nuevo, alguien que empieza en su nuevo trabajo en un hipermercado mayorista en el turno de noche como reponedor de bebidas junto a Bruno. Una maraña de interminables estanterías, llenos de pasillos, donde se amontonan palés de bebidas en su caso, pero llenas de productos diversos para los clientes. Las jornadas nocturnas se desenvuelven en su rutina particular, conociendo el producto, los espacios y demás compañeros, como Marion, una atractiva rubia al que todos llaman “la chica de los dulces”,  que llama la atención del callado Christian, mientras toma un café frente a la máquina. A partir de ese momento, las jornadas cambiarán de tono y aspecto, y los encuentros fortuitos y no tanto, con la adorada Marion se irán sucediendo en los meses.

Thomas Stuber (Leipzig, Alemania del Este, 1981) se enfrenta a su cuarto largometraje como director basándose en un cuento del libro Todas las luces, de Clemens Meyer, coautor junto a Stuber del guión, donde Christina se convierte en el hilo conductor de la narración, ya que junto a él, conoceremos ese mundo laboral nocturno, donde el bullicio y el trasiego del día en el hipermercado desaparece para adentrarse en un mundo silencioso, roto por algún ruido mecánico, muy espacioso, donde los trabajadores son casi meras sombras que se mueven mecánicamente en su quehacer nocturno, llevando palés a su ubicación y vuelta a empezar, parando para echar un cigarrillo en los lavabos, atrapar a hurtadillas un bocado del producto que se tira, o compartir alguna que otra broma con los compañeros de los demás pasillos. Stuber abre la película con el “Danubio Azul”, de Johan Strauss, creando esa atmósfera peculiar y extraña, casi de película de terror,  donde reina una oscuridad y  silencio sepulcrales que se genera en el hipermercado durante el turno de noche, solo roto por el ruido de las carretillas manuales y elevadoras, instrumentos que se convertirán en un aprendizaje y adaptación para Christian, en el que su manejo ocultará algo mágico para el devenir de la historia.

El cineasta que creció en la RDA, tiene un hermoso homenaje al trabajo en el país extinto a través del personaje de Bruno, alguien que guarda celosamente su vida, o podríamos decir aquello que hace cuando no trabaja. Una película que encierra una hermosa y profunda historia de amor entre dos solitarios, entre dos personas que una, Christina huye de su pasado, de quién fue, y otra, Marion, con un matrimonio infeliz, clama en silencio por un poco de paz y tranquilidad, dos seres sensibles y espectrales en el trabajo, que encuentran el amor en el lugar más insospechado, entre pasillos, cajas y productos que otros compraran. El cineasta alemán acota su película en las cuatro paredes del hipermercado, a excepción de alguna que otra secuencia en el exterior, sumergiéndonos en la idea de belleza y profundidad en un lugar donde la mecanización se apodera de los movimientos de las personas, donde todo está previsto, en que la humanidad se abre camino entre tanta máquina y cotidianidad laboral, donde estos seres sencillos, de vidas rutinarias y emociones dormidas, despertarán a la belleza de los sentidos, a la pequeña alegría de tomar un café en compañía, a escuchar al compañero y sus problemas, a la ayuda de alguien que lo necesita, a ese consejo que solo la madurez sabe dar, o a esos pequeños momentos, casi sin relevancia, que cada día se suceden mientras trabajamos.

Una pareja protagonista magnífica que destila sensibilidad y humanismo a unos personas corrientes, de esos que nos cruzamos a diario, de los que se suben al autobús después de una larga y dura jornada laboral nocturna, o que se toman una cerveza entre amigos, excepcionalmente interpretados por Franz Rogowski (que hemos visto en la última de Haneke, o en filmes de Malick o Petzold) como Christian y Sandra Hüller como Marion (que estaba extraordinaria en Toni Erdmann, de Maren Ade, una de las últimas revelaciones del cine alemán) bien secundados por Peter Kürth que da vida al noble y honesto Bruno, y actores de gran reputación como Henning Peker o Matthias Brenner, entre otros. Una película sencilla y honesta, que ahonda de manera sincera y brillante en el trabajo y todo aquello que rodea una parte esencial en la vida de las personas en el mundo, con todas sus peculiaridades, con todos esos mundos únicos y extraños que se generan, las soledades compartidas o las relaciones profundas y no tanto que se van generando entre unos y otros. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

 

Entrevista a Georgina Cisquella

Entrevista a Georgina Cisquella, directora de la película “Hotel explotación: Las Kellys”, en el Parque Jardins de Mercè Vilaret en Barcelona, el martes 4 de diciembre de 2018.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Georgina Cisquella, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, y a Carmen Jiménez de ArteGB, por su tiempo, cariño, generosidad y paciencia.

La gracia de Lucía, de Gianni Zanasi

LA MADONA SE ME APARECE.

“¿Has hablado con los hombres?”

“Oye, yo no hablo con los hombres, ¿no crees que ese es tu negocio?”.

Lucía es una joven treintañera, madre soltera de una hija adolescente muy rebelde, de vida sentimental confusa y vida profesional a tiro de mata (maravilloso su momento pícaro con el que la película presenta al personaje). Su gran oportunidad le viene con la construcción de un gran complejo turístico del ayuntamiento a las afueras de su ciudad de provincias, con el encargo topográfico del terreno. Todo parece sonreírle, aunque las ilusiones comenzarán a lastrarse cuando los planos son inexactos y peligra el ambicioso proyecto. Y no sólo eso, la aparición de una extraña mujer que se presenta como la Virgen María aún desestabiliza la vida personal y profesional de Lucía. Entre la incredulidad y el espanto, la Madona le comunica a una Lucía perpleja en todos los sentidos, que debe detener la obra e instar a los hombres a construir una iglesia. El nuevo trabajo de Gianni Zanasi (Vignola, Emilia-Romagna, 1965) gira en torno a una tragicomedia, una aventura personal y alocada sobre una joven que tiene ante sí un verdadero dilema, contar lo que le sucede con la Virgen y perder su ansiado trabajo, o mantener silencio y seguir como si nada, además de colaborar en un proyecto fraudulento que está saltándose los términos legales debido a la falsedad de los planos.

Lo que empieza como una crónica más o menos social sobre muchas mujeres jóvenes que se ganan la vida como pueden, y además, tienen que tirar su casa e hijos palante, irá desembocando en una comedia a ratos social, reivindicativa, excéntrica, romántica y sobre todo, fantástica, todo ello mezclado con grandes dosis de comedia loca, peor con los pies en el suelo, donde todo se desarrolla desde una mirada personal, que va desde lo absurdo hasta lo ecológico, pasando por los vaivenes emocionales que va sufriendo Lucía, que dentro de su caos vital, aún más se le añade la aparición de la Madona. Una Virgen María que recuerda a las apariciones del universo de Pasolini, muy alejada de la imagen icónica del arte, y más cerca a esa idea humanística, donde lo terrenal y lo místico se cruzan, creando una mujer próxima y muy emocional. Zanasi apoya su película en el rostro de Alba Rohrwacher (que ya habíamos visto como actriz en las películas de su hermana, la directora Alba Rohrwacher, y en otros títulos de nombres importantes como Bellocchio, Garrone o Guadagnino) acompaña de ese cuerpo inquieto y en continuo movimiento, al borde de un ataque de nervios, como diría Almodóvar, que se mueve entre prisas y torpezas, entre creer o no, entre ser una niña o no, entre su deber laboral o su deber espiritual, si es que todavía se acuerda de que lo tiene, o algo que se le parezca.

La cosa se complica aún más, con esa hija adolescente que no lo pone fácil, y para más conflictos, su ex, de nombre Arturo, quiere volver con ella y se le acerca, y encima, trabaja en la construcción. El mensaje ético y existencial de la Madona viene a decirnos que la codicia y la maldad de los hombres tiene que parar, y ella, Lucía, que va desde la incomprensión inicial a tomar partido, a su manera y con el escepticismo que la caracteriza, en el problemón que tiene frente a su vida y su existencia futura. Si la aparición de San Dimas era un cuento para revitalizar el maltrecho balneario en Los jueves, milagro, de Berlanga, la llegada de esta Virgen es para detener una obra corrupta y fraudulenta, y para abrir los ojos a Lucía, la interlocutora contra el más allá divino y la tierra de los hombres. Zanasi construye una tragicomedia, donde hay risas y carreras, y momentos surrealistas y caóticos, muy de aquella comedia clásica donde mujeres muy desorientadas y confusas emprendían aventuras sin pies ni cabeza, algunos a su pesar, como le ocurre a Lucía, con el fin o no, de conseguir algo o a alguien que esperaban les cambiase la vida o algo parecido, como aquel atribulado personaje que hacía la Hepburn en La fiera de mi niña, o el que hizo años después la Streisand en ¿Qué me pasa, doctor?, emulando a la primera.

Lucía sabe que algo tiene que hacer, que seguir con el proyecto y callarse no está bien, que su corazón bulle hacia la verdad, aunque todas estas reflexiones la llevarán a vivir en un tsunami emocional de aquí te espero,  pasando por muchos estados emocionales y vitales durante los 110 minutos de metraje, que mantienen un ritmo excelente y lleno de situaciones a cual más rocambolesca y vergonzosa (como ese desternillante momento de la fiesta del proyecto, cuando Lucía es zarandeada por la Madona, sin que esta se vea, ante las miradas atónitas de los allí presentes) con esa ligereza con contenido, que la hace divertida y también, reflexiva, y no en excesivo, manteniendo ese toque mágico entre la comedia y el drama, entre la vida y Dios, entre el trabajo y el deber místico, entre lo que creemos y lo que debemos creer, entre mantener el espíritu de ese niño que continua en nuestro interior, o dejarse llevar por los deberes adultos, sean o no lícitos, en definitiva, qué somos y hacia dónde vamos, se nos aparezca la Virgen María o no.

Corporate, de Nicolas Silhol

LAS MISERIAS DEL SISTEMA.

“Esta película es una obra de ficción, pero está basada en métodos administrativos reales”

Entre los años 2008 y 2009, la empresa de telecomunicaciones francesa France Télécom se convirtió en el ojo del huracán, porque 35 de sus empleados se quitaron la vida. La empresa salió en su defensa aludiendo que acabaría con el mal que le acechaba. Aunque, detrás de todos estos casos de suicidio se ocultaban métodos deshumanizados de la empresa para aniquilar psicológicamente a sus empleados y que ellos mismos optaran por la baja voluntaria. A partir de este caso real, el director francés Nicolas Silhol se ha inspirado para dirigir su puesta de largo adentrándose de forma seria y rigurosa en esta parte oscura de los trabajos sucios que emplean grandes empresas contra sus empleados, a través de un personaje, Emilie, la directora de RRHH contratada para llevar a cabo tal misión, todo parece indicar que la operación marcha bien, hasta que uno de los empleados se lanza al vacío. A partir de ese instante, el ambiente se turbará en las oficinas, y ya nada volverá a ser igual, y la aparición de una inspectora de trabajo que comenzará una investigación para averiguar las causas ocultas del suceso. Silhol nos somete a una trama que casi ocurre en su totalidad en las habitaciones de la empresa, entre pasillos y salones blancos, todo de diseño, pero que esconden las miserias más terribles, donde se suceden las reuniones, los (des) encuentros y la desconfianza que se instala en Esen, el nombre ficticio de la empresa en cuestión.

La película nos habla de la responsabilidad de nuestros actos, y de la naturaleza de nuestro trabajo, de la toma de decisiones personales, y cómo nos afectan a nosotros mismos, de los límites a los que estamos dispuestos a sobrepasar con tal de cumplir con nuestro trabajo, y las consecuencias de obedecer órdenes de los jefes que consideramos injustas y que atentan contra la dignidad de los empleados. Silhol presenta una película de corte negro, donde la investigación de las autoridades lentamente irá sacando lo peor de cada uno, y de su verdadera identidad, primero a un nivel personal, y luego a un nivel colectivo. Todo se nos cuenta a través de una frialdad que espanta, desde un punto de vista ético, donde no hay amigos, donde las cosas funcionan porque es lo mejor para la empresa, en el que el trabajo sucio se hace sin más, como si fuésemos robots, donde no hay espacio para las emociones, en el que vamos eliminando compañeros de trabajo como si fuesen piezas de ajedrez, sin asumir las terribles consecuencias para ellos.

Un sistema podrido, deshumanizado y salvaje, donde el trabajo se ha convertido en una mera excusa para acumular beneficios sin fin, donde tu trabajo y sobre todo, tu dignidad como ser humano, quedan fuera de la empresa, y dejas de ser quién eres para convertirte en un esbirro de la empresa, cumpliendo a rajatabla sus órdenes, y siempre dispuesto a asumir y sin protestar, cualquier deseo de los jefes. Corporate viene a incorporarse a este tipo de películas donde la deshumanización del trabajo convierte a sus empleados en auténticos depredadores que no tendrán ningún problema en eliminar a su adversario de  la mesa de al lado, como explicaban en Glengarry Glen Ross o en Smoking Room, en las que la aparente tranquilidad y compañerismo sólo eran una fachada de la cena de navidad, el resto del tiempo era una jungla laboral, donde se intentaba ser más que el otro, utilizando todos los métodos habidos y por haber. Silhol ha construido una película humanista, de nuestros comportamientos siniestros en el trabajo, y cómo afecta a nuestro entorno, tanto profesional como personal, en el que la investigación del suicidio, se mezcla de manera natural e inteligente en la trama y los acontecimientos del relato, siguiendo la actitud de Emilie, una mujer con carácter que deberá mirar su trabajo y sus emociones con más detalle, y asumiendo su responsabilidad en los actos horribles que ha cometido en nombre de la empresa.

Céline Sallette interpreta a Emilie, dotándola de esa frialdad que suavemente se va despojando de toda ese caparazón de indiferencia, bien acompañada por Lambert Wilson dando vida a ese jefe sin escrúpulos que todo lo hace porque la empresa lo necesita, donde sus decisiones son dolorosas pero necesarias, puro cinismo, y Violaine Fumeau, que compone a la inspectora de trabajo con esa función de ogro del relato, que deja bien claro las deficiencias del sistema para finalizar con los abusos de las empresas, y que se muestra como una mujer decidida y dispuesta a encontrar la verdad. Silhol ha hecho una película valiente, rigurosa y seria, en la que nos habla del ambiente laboral o lo que queda de él, como si estuviésemos delante de un thriller de investigación llena de oscuridad y terror,  para abrirnos los ojos de los métodos brutales y horribles de tantas empresas que campan a sus anchas, o podríamos decir de un sistema laboral que deshumaniza a sus empleados y los convierte en meros entes sin emociones y sin vida que pueden ser despedidos cuando sea necesario.

Entrevista a Julia Dahr

Entrevista a Julia Dahr, directora de “Gracias por la lluvia”. El encuentro tuvo lugar el jueves 1 de marzo de 2018 en la Plaza Gutenberg del Campus UPF en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a  Julia Dahr, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño, a Mercè, la traductora, por su amabilidad, generosidad y trabajo,  y a Ot Burgaya y Laia Aubia de El Documental del Mes, por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.