Presentación L’Alternativa 2016

Presentación de la 23 edición de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en la que intervienen Vicenç Villatoro, director del CCCB, Oscar Abril, director de Sectors Culturals y Innovació de l’Institut de Cultura de Barcelona (ICUB) Francisco Vargas, director de l’Area Audiovisual de l’Icec, y Cristina Riera y Tess Renaudo, codirectoras de L’Alternativa. El acto tuvo lugar el jueves 10 de noviembre en la Sala Mirador del CCCB en Barcelona.

Quiero expresar mi agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Cristina Riera, Tess Renaudo, Marc Vaillo y a todo el quipo de L’Alternativa, por su trabajo, dedicación, resistencia y cariño, a Marta Suriol y Maria Gracia de La Costa Comunicació, por su trabajo, amabilidad, paciencia y cariño, y a todas las entidades que hacen posible la existencia de L’alternativa.

Encuentro con José Luis Guerín

Encuentro con José Luis Guerín, director de “La academia de las musas”, con motivo de la proyección de clausura de l’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona. El evento tuvo lugar el domingo 22 de noviembre de 2015, en la Filmoteca de Cataluña.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a José Luis Guerín, por su tiempo, conocimiento y generosidad, al equipo de l’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, por su trabajo, resistencia y cariño, y a Octaví Martí y Pilar García de Comunicación de la Filmoteca, por su paciencia y amabilidad.

Entrevista a Aki Kaurismäki

Entrevista a Aki Kaurismäki, con motivo del ciclo que programó la Filmoteca de Catalunya. El encuentro tuvo lugar el Miércoles 21 de enero en Barcelona, en la terraza de la Cafetería La Monroe.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Aki Kaurismäki, por su tiempo y sabiduría, a Sandra Ejarque, de Vasaver, por su generosidad y paciencia, y a Pilar García, de la Filmoteca, por su colaboración y amabilidad.

Le Havre, de Aki Kaurismäki

le_havre_297x420EL HUMANISMO COMO RESISTENCIA

“La fraternidad es una de las más bellas invenciones de la hipocresía social”

GUSTAVE FLAUBERT

 Para hablar de Le Havre, no podía empezar de otra manera que citando a uno de los más insignes escritores franceses, porque la película de Kaurismäki, amén de otras cuestiones que plantearemos en esa crítica, es un homenaje a la cultura francesa, de la que el cineasta finés es un amante incuestionable. La cinta está llena de múltiples referencias y homenajes que van desde el cine y el realismo poético de los años treinta y cuarenta –Jean Renoir, Marcel Carné, Jacques Becker, Jacques Prevért, Jean-Pierre Melville, pasando por la austeridad y el fuera de campo de Robert Bresson y el humor socarrón del gran Jacques Tati; por otras apropiaciones cinematográficas, como son el plano, el fuera de campo y los colores de Jasujiro Ozu; por esos curas hablando mientras les lustran sus zapatos, que podrían haber sido filmados por Luis Buñuel,; por las obras-milagro de Cesare Zavattini y Vittorio de Sica o el humor de Chaplin o Keaton…- hasta la pintura y Monet, como se ha hace llamar uno de los personajes.

Kaurismäki recupera el personaje de Marcel Marx (clara alusión al filósofo padre-fundador del socialismo), del que ya dio buena cuenta en la extraordinario La vida de bohemia (La vie de bohème, 1992), aquel escritor que no lograba triunfar en un Páris en blanco y negro y que invertía en las primeras ediciones de Balzaz los pocos francos que disponía. Veinte años, después, volvemos a cruzarnos con la vida de este humilde pero valeroso hombre. Ahora se ha convertido en limpiabotas y vive en una ciudad porteña, junto a su mujer enferma, en un barrio humilde de gentes corrientes. Le Havre, es una película de resistencia, una cinta a contracorriente, un cuento de hadas, donde la solidaridad y la fraternidad de sus personajes nos conmueven, hacen que nos miremos en este espejo de deformidades en que se ha convertido el estado del “bienestar” europeo. Una película necesaria, un grito de ilusión y de esperanza frente al desaliento y pesimismo que nos aniquila diariamente debido a las noticias económicas que nos llegan del capitalismo infernal de los señores de Europa. Kaurismäki ha hecho una película social, pero no al uso, como podrían ser las de Ken Loach o los hermanos Dardenne; el cine social del finés es otra cosa, está bañado de un humor cínico y grotesco, a veces de puro surrealismo, pero es un cine rosselliniano, un cine que cree en los seres humanos; que cree que dentro de esta barbarie que es la sociedad imperante, siempre quedan fisuras a las que uno puede agarrarse para no dejar de ser lo que es: un ser humano que desea vivir en paz consigo mismo y con el mundo.

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Kaurismäki nos devuelve lo mejor de nosotros mismos, donde todavía podemos salvarnos en medio de esta sinrazón en la que vivimos. Se ha esforzado en ofrecernos optimismo, en alentarnos en creer que, aunque parezca que no, todavía es posible ser y vivir de otra manera. El cineasta finés es uno de los humanistas de nuestro tiempo, un hombre que a través de su obra nos muestra unos personajes que a simple vista no tienen nada, pero que en realidad tienen mucho más que los que todos nosotros podríamos llegar a imaginar. Tal y como lo plantea el crítico Sergi Sánchez: “La desdramatización se transforma en cómica estilización, y hace que el mundo se represente a sí mismo con sus mejores trajes, los de la nobleza y humildad. Por eso los últimos planos de  Le Havre, que ilustran el milagro de una resurrección, consiguen ser trascendentes sin pretenderlo: porque la vida es una ramo de violetas, una cama felizmente vacía, un cerezo en flor, un abrazo robado a la imaginación”.

Kaurismäki habla de uno de los problemas más tremendos y lamentables que asolan la vieja Europa: la inmigración; de seres desposeídos y hambrientos que se lanzan a una aventura, a veces mortal, para conseguir ser uno más en esa Europa del todo vale. Pero, gracias a su habilidad cinematográfica, el cineasta huye del panfleto, mira cara a cara esos personajes y no se plantea cuestiones de otra índole. Sólo se centra en los seres humanos y sus quehaceres diarios, como el policía que investiga al chico negro que ha huido, un personaje con muchas similitudes a aquel prefecto francés que interpretaba Claude Raines, en la inolvidable Casablanca, otra cinta que abogaba por la resistencia frente a la barbarie. Kaurismäki huye de la autoridad: no vemos la autoridad del agente, al que nos muestra fuera de campo; y de lo moderno: Marx no tiene televisión. El vecino delator utiliza el móvil para denunciar al chico negro –otro evocador homenaje, ya que es el actor Jean Pierre Léaud, el niño de Los 400 golpes, de Truffaut, quien lo interpreta, en un guiño del propio Kaurismäki, preguntándose qué fue de la vida de aquel muchacho-. El cineasta nos habla de humanidad, de seres anodinos, de desplazados, de bares corrientes que se encuentran a la vuelta de cualquier esquina, donde van las personas corrientes.

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Quisiera acabar deseándoles una buena sesión de cinematógrafo, como se decía antes, y citando las palabras del propio Kaurismäki: “No nos engañemos, la realidad no es así y dudo de que el mundo mejore con el tipo de humanidad que tenemos, pero esto es una película”.

ReMine, el último movimiento obrero, de Marcos M. Merino

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“Si luchas puedes perder, si no luchas ya has perdido”

Marcos Martínez Merino (Gijón, 1973) periodista especializado en información económica en televisión, decidió en abril de 2011, dejar su trabajo en Madrid y volver a su tierra, eligió el valle de Turón, centro neurálgico de la minería para hablar de las gentes del carbón y cómo las políticas sangrientas estaban haciendo invisibles los espacios,  elementos de partida para su primer largo. Pero, se topó con la movilización minera de mayo de 2012, cuando más de 4000 mineros se declararon en huelga indefinida contra los recortes históricos provocados por el gobierno. Su película-documento se centra en el registro de aquel conflicto, penetrando en las entrañas de la lucha social dando voz a las distintas formas de resistencia que emprenden los mineros: cortes de carreteras y enfrentamientos con la policía, encierros en los pozos a 700 metros de profundidad, marcha de 500 km hasta Madrid, asambleas, concentraciones silenciosas… Merino nos sumerge en una película política, de batalla, de guerrilla y de militancia, atento todas las formas de protesta, observándolos de cerca, siendo uno más, él y su cámara, filmando sus rostros, sus miradas, sus conversaciones y preocupaciones, su tiempo… pero sin juzgarlos en ningún momento, manteniéndose al margen, sin interferir en lo que está sucediendo, dejando que los hechos ocurran y filmando de manera directa y comprometida todo lo que va ocurriendo. Y no sólo captura a los mineros, sino que también a la retaguardia, a las mujeres: a las esposas, madres, hijas y hermanas de los mineros, que también se mantienen con el puño en alto, asociándose, reivindicando y solidarizándose con la huelga de sus hombres para defender el derecho al trabajo, a una vida digna y el mantenimiento de las cuencas mineras y su entorno. El realizador asturiano no focaliza su discurso a través de ningún personaje en concreto, ni en ningún de los pozos, sino en el colectivo, asociando su relato a todos los mineros afectados, explorando cada pozo y cómo se va desarrollando su protesta. La película retrata las diez semanas de huelga, 70 días en las barricadas alzando las voces por una vida digna. en contra de los políticos de turno que infligen los acuerdos firmados para acabar con un sector y miles de familias. Un ejercicio brillante, fiel y certero que se inspira en el cine directo de Depardon o el de agitación social de Solanas, y en el trabajo de Barbara Kopple en  Harlan County (1976), así como en propuestas centradas en la ficción de gran interés, como Qué verde era mi valle (1941), de John Ford, Actas de Marusia (1976), de Miguel Littin o Matewan (1987), de John Sayles, cine militante y político que concede la palabra a los de abajo, a la clase obrera, gentes que el poder quiere borrar y que dejen de existir.  ReMine, es una obra humanista, valiente y necesaria, llena de momentos   emocionantes, como cuando los mineros se hermanan en uno y cantan a Santa Bárbara, el canto minero en honor a su patrona, instantes que se repiten a lo largo de la película, y que actúan como enérgico leit-motiv. Una cinta de compromiso social que recoge el pulso y el aliento de unos trabajadores que se han alzado y puesto en pie ante la injusticia y la barbarie burocrática, unos hombres y mujeres que defienden su trabajo y su vida.

<p><a href=”http://vimeo.com/112346490″>Trailer 3 ReMine, el último movimiento obrero</a> from <a href=”http://vimeo.com/remine”>ReMine</a&gt; on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Equí y n’otru tiempu, de Ramón Lluís Bande

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Ramón Lluís Bande (Xixón, 1972) de amplia experiencia como escritor y realizador audiovisual, se propuso para este trabajo el reto de afrontar la memoria desde la actualidad, huyendo del documento para parir un monumento, un espacio de recuerdo para todos aquellos combatientes guerrilleros que, durante los meses de octubre de 1937 y noviembre de 1952, resistieron combatiendo el franquismo desde los montes asturianos. Bande nos sumerge en una obra contundente, que nos agarra desde el primer minuto, sumergiéndonos en un viaje hacía aquellos lugares olvidados donde perecieron los guerrilleros. Su película se estructura en tres partes o movimientos, un prólogo, donde nos muestra las fotografías de uno de los grupos de maquis más activos, unas imágenes tomadas por Constantino Suárez, que han sido rescatadas del olvido. Luego se adentra en el tronco de su discurso, un texto en asturiano sobre impresionado se apodera de un fondo negro, en el que podemos leer los nombres de los guerrilleros asesinados, y la fecha y el lugar de lo ocurrido, el sonido ambiente invade el cuadro, corte al espacio, los lugares, vacíos, desnudos, ausentes de gente, esos lugares que vieron por última vez estos hombres: fachadas de casas, plazas, caminos, claros del bosque, faldas de montaña, orillas de río… así hasta 34 sitios de la memoria, un recorrido ceremonioso donde se recupera el testimonio de los que ya no están y se invoca el espíritu de los ausentes. El realizador lo muestra a través de un plano fijo que se mantiene durante un minuto y cinco segundos como respeto a los difuntos. Su epílogo se compone de una pantalla fundida en negro, mientras escuchamos una canción popular donde una mujer nos canta evocando la lucha de aquellos guerrilleros. Bande se despoja de todo artificio cinematográfico, su película está narrada a tumba abierta, sin dilaciones ni subrayados, su tono es directo y sincero, su estructura rocosa y contundente que no deja tiempo a despistes ni vericuetos, nos muestra el camino y nos coge de la mano en esta mirada profunda y reflexiva a un tiempo de barbarie donde la sinrazón fascista acabó con toda una generación y unos hombres que se vieron desplazados y asesinados por defender la libertad. El cineasta asturiano cuida con delicadeza una forma que se funde magníficamente con el contenido político del relato. Tanto una como la otra, se desplazan por la misma vía, ejerciendo el equilibrio íntimo y perfecto que desprende toda la película. Su discurso y planteamientos no andarían muy lejos de las obras de Patricio Gúzman y Claude Lanzmann, otros maravillosos cineastas que también se han planteado la recuperación de la memoria histórica a través del presente, a través de ejemplares ejercicios que, además de desenterrar las imágenes y los lugares, se han preocupado por la forma que han empleado para contarlas. Bande ha hecho un hermosísimo y brutal poema funerario sobre el tiempo y la materia, que además se revela como una de las obras más intensas, profundas, necesarias y magnífica que se han filmado en este país sobre la memoria de los guerrilleros antifranquistas.

21 L’Alternativa – VIAJE A TRAVÉS DEL RIESGO Y LA RESISTENCIA

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La 21 edición de la Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona ha vuelto a confirmar su apuesta seria, enérgica y admirable por un cine que viaja por otras vías, cine de resistencia, cine propio y rabiosamente personal, un cine para todos que ofrece nuevas miradas dentro del contexto cinematográfico imperante. Durante una semana, la que abarca del 17 al 23 de Noviembre, los tres espacios ubicados en el CCCB, Hall, Auditorio y Teatro, se llenaron de cine radical, resistente, hermoso y fascinante. Un cine caracterizado por las óperas primas, de procedencias diversas y heterogéneas, y sobre todo un rasgo común que agrupaba a todas ellas, miradas personales y ejercicios a tumba abierta donde se planteaban las diversas formas que abarca el lenguaje cinematográfico, como el desarrollo físico fílmico, que imágenes utilizar y también, que sentido se busca con ese desarrollo elegido.

El arranque del Festival estuvo marcado por el cineasta Djibril Diop Mambéty (Senegal, 1945-1998), al que el Festival le dedicaba una retrospectiva, y su película Touki Bouki (1973), una mezcla brillante de naturalismo y surrealismo que invade la pantalla de luminosidad para contarnos una historia situada en Dakar, inmensa urbe rodeada de mar, en la que una joven pareja mantiene el sueño de emigrar y abrazar una vida mejor rodeada de lujo y dinero. Con evidentes ecos del cine de Jean Rouch (Moi un noir, 1958), es un relato trepidante y fiero donde sorprende una imagen bellísima, poética, con un montaje vertiginoso y un tratamiento del color brillante. Gran película que me ha descubierto un gran cineasta con una mirada personal y propia. En la segunda jornada, me dejé llevar por una de las secciones paralelas, la Partly Fiction, Una aproximación artística al documental. La cita era con Harry Dean Stanton: Partly Fiction (2012), de Sophie Huber, retrato minucioso, arrebatador y espléndido de uno de los actores más carismáticos e innovadores del último medio siglo del cine de EE.UU. Escuchamos el relato del actor, mientras recibe y visita a algunos de sus amigos, David Lynch, Kris Kristofferson, Wim Wenders, Sam Shepard y Debbi Harry. El intérprete mientras va bebiendo y consumiendo cigarrillos nos habla de sus amores, de sus películas y de su talento musical obsequiándonos con diferentes canciones de desamor, huellas y memoria, seduciéndonos con su filosofía vital dentro de un pragmatismo y una naturalidad asombrosa aceptando el devenir de los acontecimientos, quitando hierro a la trascendencia de la vida y sus hechos. Filmado en un maravilloso blanco y negro, es un relato lleno de melancolía con el aroma de los grandes western crepusculares. En la misma sección, también me acerqué a ver Vaters Garten – Die Liebe meiner Eltern (2013), de Peter Liechti, el director retrata a sus propios padres ancianos dando cuenta de la relación difícil y compleja que ha mantenido con sus progenitores. Situada en Suiza, y narrada a través de los testimonios enfrentados a la cámara, utilizando un tono directo y realista, la película es una especie de exorcismo paterno-filial para reflexionar de las cosas que nos separan y nos unen.

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Otro de los nombres destacados del Festival era el de Anne-Marie Miéville (Lausana, 1945), que el certamen le dedicó otra de sus retrospectivas. Fotógrafa que conoce a Jean-Luc Godard y entra en el Grupo Dziga Vertov, desde 1983 escribe y dirige algunas de sus películas. Ici et ailleurs (1976), de Jean-Luc Godard,  aguda y magnífica reflexión sobre el tratamiento de las imágenes, el invento cinematográfico y la abrumadora invasión de imágenes que se superponen, se amontonan y desconciertan a los espectadores alejándolos del tema tratado, a través de una familia francesa de clase media y la vida cotidiana de unos combatientes palestinos. Una estupenda película de sólo 53 minutos que nos invita a estudiar la verdadera naturaleza de las imágenes y nuestra figura como receptores de las mismas. Otra de las secciones más seductoras y audaces es la Panorama, donde recoge a cineastas nacionales que ofrecen un cine singular y a contracorriente. Tenía muchas ganas e ilusión por ver Hotel Nueva Isla (2014), de Irene Gutiérrez, ya que venía avalada por el éxito a su paso por varios certámenes, y todo hay que decirlo, no me defraudó en absoluto. Sorprende y seduce de forma brillante una película minimalista y realizada con tan pocos elementos. Situada en un hotel ruinoso y abandonado de La Habana vieja. La película se centra en un personaje que parece una mezcla del Quijote de Cervantes y el Robinson Crusoe de Defoe, un señor enjuto y miope que se mueve en su “hogar” como un alma en pena, que recibe visitas de su amante y convive con un amigo con mujer e hija, que también alberga sueños inalcanzables, como vender el hotel, que se cae a pedazos, y hacerse millonarios. La cineasta adopta la mirada de observadora que deviene en una brillante reflexión sobre un tiempo detenido y un pasado del que ya sólo queda algunas huellas que poco a poco se van borrando.

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En la misma sección, también me adentré en la propuesta de Movie (2014), segundo largo de Meritxell Soler González. Las buenas sensaciones que me dejó su primera obra Cinema a la fi  (2011) se han certificado en este nuevo trabajo, que también nos convoca a un viaje, si en aquel era un recorrido por Argentina visitando cines ubicados en lugares remotos, y espacios donde hubo cines, ahora se adentra en una búsqueda personal, a través del recuerdo de su padre fallecido, la realizadora viaja hasta Los Angeles buscando los lugares donde se filmaron las películas que forman parte de sus sueños. Lugares reales que no se parecen a los fílmicos, la imagen como vehículo transformador de una realidad dura y triste, el cine como herramienta para soñar y transportarnos a mundos imposibles. Otra de las películas que levantaron mi interés fue ReMine, el último movimiento obrero (2014), de Marcos M. Merino, que venía con el reciente galardón de no ficción del Festival de Sevilla bajo el brazo. El realizador nos sumerge en una película de batalla. Es un fiel y brillante retrato de la huelga que llevaron a cabo las distintas cuencas mineras asturianas del carbón, utilizando unas imágenes cercanas y directas, la película no focaliza el relato a través de ningún personaje en concreto, sino que lleva la voz y las diferentes opciones de protesta sin juzgarlas, sólo mediante la observación, el cine directo de Depardon o el cine de agitación social de Solanas tienen aquí un deudor extraordinario. Resaltar que finalizada la proyección, el público congregado en el Teatre CCCB nos levantamos y aplaudimos entusiasmados. También, dentro de la misma sección me acerqué a ver dos cortometrajes muy interesantes: por un lado, La prima bastarda de Stephen Dedalus (2014), de Marla Jacarilla, interesante y divertida pieza que, a través de 5 actos, indaga en las imposibles semejanzas entre James Joyce y la alter ego de la directora. Interesante reflexión sobre la capacidad humana de hacer verosímil cualquier historia por muy extravagante e inventada que sea. Me llamó la atención de forma agradable, Imágenes secretas (2013),  la pieza de Diana Toucedo, montadora de profesión, que narra a través de un viaje imposible, en busca de un padre marino ausente, la Patagonia sirve de escenario en este sueño frustrado de un reencuentro que no se produce, narrado a través de unas imágenes cotidianas  que nos retratan los lugares donde ha estado, las huellas dejadas y  habitaciones de hotel vacías.

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He dejado para el último tramo de este informe sobre lo visto y lo vivido en la sección Oficial, compuesta por unos trabajos interesantes, que fusionaban trabajos con realizadores conocidos con otros que acaban de aterrizar, todos ellos cargados de energía y llenos de sabiduría y talento para llevar a buen término unas propuestas arriesgadas y comprometidas que huyen del imperante sistema de cine que nos rodea y asfixia semana tras semana. Una de esas historias es Al doilea joc (2014), de Corneliu Porumboiu, cineasta rumano perteneciente a esa nueva ola de cine surgido en el país después de la caída de Ceaucescu, que tan buenas críticas se lleva de los festivales por los que pasa. A través de un partido de fútbol, que enfrenta al Steaua y Dinamo de Bucarest, los equipos del ejército y la policía de Rumania respectivamente, y a través de la conversación entre cineasta y su padre, arbitro de aquel partido celebrado en 1988 bajo una inmensa nevada, nos habla sobre el régimen dictatorial y la situación que se respiraba en aquellos momentos. Memoria histórica y retrato personal se funden en una película con algunos altibajos pero que mantiene el interés. Go Forth (2014), de Soufiane Adel, aquí el cineasta, parisino de origen argelino, se centra en la figura de Taklit Adel, su abuela materna, que relata ante la cámara, las dificultades de la colonización en Argelia, su exilio en Francia y los problemas por salir adelante. A través de imágenes de super-8 y dron, la película se pierde en abarcar demasiados puntos de vista que no acaban de encontrar su naturaleza fílmica, aunque el testimonio de la abuela es sumamente gratificante. Slimane (2013), de José A. Alayón, situada en la periferia de Tenerife, entre canteras de arena, casas abandonadas y lugares no transitados, el realizador canario se centra en un grupo de jóvenes árabes mayores de edad surgidos de centros de menores. Una mirada cotidiana y realista sobre unos jóvenes sin futuro, que viven con energía, y luchan por estar mejor. Entre el cine directo de Depardon y los Dardenne, donde  su Rosetta (1999) planearía por el epicentro de la acción, y el relato ficcionado, donde la cámara adopta la actitud de observadora a unos jóvenes que se debaten entre lo cambiante de las cosas.

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Vientos de Agosto (2014), de Gabriel Mascaro. Cineasta con experiencia en documentales que viene de Brasil, nos presenta una experiencia sensorial ejemplar y unas imágenes de gran belleza para relatarnos las vicisitudes de una pareja de jóvenes que se verán sumergidos en una historia sobre la vida, la muerte, la pérdida, la memoria y cómo los elementos de la naturaleza son utilizados como metáfora para hacernos reflexionar y conmovernos con este relato sencillo y hermosísimo. He dejado para el final, la película ganadora del certamen, Ben O Degilim (2013), de Tayfun Pirselimoglu. El realizador turco nos atrapa en un fascinante y cautivador juego de espejos y sombras que reflexiona sobre la identidad y el otro, en un  punzante y asfixiante cinta negra en el que nada es lo que parece en una historia inspirada en Vértigo (1958), de Hitchcock, que bebe de diversas fuentes, desde el extremo minimalismo de Bresson o Kaurismaki, incluido el humor negro del último, y pintado por unos colores apagados que potencian  los innumerables silencios y los pocos diálogos que nos sumergen en una fascinante exploración sobre la pérdida y lo que realmente somos, y cómo nos observan los demás.

Hasta aquí lo visto y lo vivido durante los 7 días que ha durado la 21 edición de l’Alternativa. Esperemos y deseemos que el año que viene siga con esta energía y radicalismo, y nos vuelva a sorprendernos, entusiasmarnos y cautivarnos con un cine que sea fiel reflejo de las pulsiones del mundo que nos rodea y nos ofrezca miradas personales, arriesgadas y a contracorriente. Se despide el que les ha propuesto este viaje a través de lo experimentado en los días de festivaleo. Hasta el próximo viaje!