Razzia, de Nabil Ayouch

LAS REVOLUCIONES ÍNTIMAS.

“Dichoso aquel que puede actuar de acuerdo a sus deseos”

(Proverbio bereber)

La película arranca en las Montañas Atlas en Marruecos en 1982, hablándonos de Abdallah, un maestro rural apasionado e inquieto, que debido a la islamización del gobierno, que viene acompañada de las imposiciones de la lengua y las enseñanzas radicales árabes, tiene que abandonar su pueblo y emigrar a la ciudad huyendo del gobierno. Luego, el discurso de la cinta se traslada a la Casablanca del 2015, en pleno bullicio de esa población joven desamparada e invisible que protesta enérgicamente en las calles debido a su dura situación social. En ese entorno, y con algunos flashbacks donde los dos tiempos se irán explicando, donde entenderemos como el estallido revolucionario de la situación actual, tiene su origen en aquellos primeros años 80 con la radicalidad del gobierno. Nabil Ayouch (París, Francia, 1969) ha construido una interesante filmografía en la que explora de manera crítica la sociedad marroquí, la tierra de sus orígenes, un entorno donde la población sobrevive a pesar de los pesares, centrando su mirada en la intimidad de sus personajes, y su cotidianidad más cercana.

Abrió su carrera con Mektoub (1997) donde ofrecía un brutal retrato de una mujer violada y su posterior estrés postraumático,  en Ali Zaoua, príncipe de Casablanca (2000) explicaba las dificultadas de un puñado de niños que viven en la calle en condiciones infrahumanas y albergan el sueño de viajar a Europa, Los caballos de Dios (2012) se adentraba en un grupo de jóvenes  de los arrabales de Casablanca, en su proceso de radicalización y empujados a un atentado suicida, y en Much Loved (2015) retrataba la durísima cotidianidad de unas prostitutas en Marraquech, película que levantó las iras de los más radicales, incluso agrediendo a una de las protagonistas. Ayouch hace un cine incómodo, un cine político, un cine de preguntas, de personas, de situaciones adversas, de almas castigadas, de seres diferentes, extraños en su propia tierra, seres desfavorecidos, personas que sueñan en un mundo diferente, mejor, un mundo más tolerante, menos fiero, y sobre todo, menos difícil.

En Razzia, en un guión construido con la actriz Maryam Touzani (que interpreta a Salima) como viene siendo habitual en su cine, construye un mosaico coral de varias almas en la ciudad de Casablanca, una ciudad dura, áspera, bulliciosa y ahora, levantada en cólera, en la que nos encontramos a Salima, una mujer atractiva y sensual, que sufre las críticas por su forma de vestir, y además, tiene que soportar la intolerancia de un marido que va de moderno, pero todavía se muestra excesivamente tradicional. También, conoceremos a Hakim, un joven homosexual que sueña con ser músico y vive señalado tanto por su padre como por sus vecinos de la Medina más tradicional y pobre, y a Joe, judío dueño de un restaurante que sufre el antisemitismo de una joven prostituta, e Inés, una adolescente rica, encerrada en una vida vacía, que se mueve entre la modernidad y la tradición, mientras explora su sexualidad. Cuatro almas inquietas, diferentes y llenas de vida, en una sociedad que las persigue, las insulta, las reprueba, y las castiga por ser cómo son, por desviarse del camino correcto o convencional, por soñar con una vida alejada de toda esa radicalidad, intolerancia y violencia.

El cineasta de origen marroquí retrata con detalle y gestualidad a sus cuatro criaturas encerradas en ese agujero negro, en ese microcosmos de una ciudad a la deriva, de un espacio inquietante y radicalizado, un lugar lleno de sombras despechadas, de vidas rotas y sin futuro, en el que estas cuatro almas se convierten en un interesante y ejemplar de esas personas silenciadas, que viven sin vivir, que se mueven como espectros, que cada huyen más de sí mismos, envueltos en esa paranoia intolerante de los más radicales, que quieren un mundo uniforme, sumiso y sin alma. Ayouch penetra con suma delicadeza y sensibilidad en el alma de sus personajes, sumergiendo al espectador en sus miedos e inseguridades, a través de pequeños detalles, de retratarlos sin juzgarlos, de adentrarse en sus caracteres con proximidad pero sin conducirlos, dejándolos libres para que se muestren como son, sin explicarlos en exceso, y detallándolos con sumo cuidado, dejando a los espectadores que saquen sus propias conclusiones y evidencias, envolviendo su relato en esa mayoría silenciosa, que intenta adaptarse a un mundo imposible, sumergido en sus tradiciones deshumanizadas y atentado contra todo aquello que muestra libertad individual y nuevos aires.

Una película magnífica en su forma y fondo, describiéndonos todo ese material humano con pulcritud y sinceridad, llevándonos por las diferentes vidas a lo Altman, donde cada personaje acaba erigiéndose como un tema a tratar, sin caer en lo esquemático, sino en todo lo contrario, buceando con astucia y ritmo en los diferentes vínculos emocionales que los atraen y los separan, pero siempre desde el deseo de contarnos esas almas desde puntos de vista diferentes, extrayendo lo mejor y lo más profundo de cada uno, en el que la película se convierte en un mapa humano de primer orden, en el que Casablanca se convierte en esa ciudad, sólo mágica y exótica en el cine (con esos guiños a la famosa película) porque su realidad más inmediata nos viene a decirnos que la ciudad arde en deseos de cambio, de caminar de otra manera, de romper con lo tradicional y levantarse en una nueva sociedad, más tolerante, más viva y sobre todo, más humana, respetando a todos y cada uno de sus habitantes, sean como sean, y quieran lo que quieran.

Presentación L’Alternativa 2016

Presentación de la 23 edición de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en la que intervienen Vicenç Villatoro, director del CCCB, Oscar Abril, director de Sectors Culturals y Innovació de l’Institut de Cultura de Barcelona (ICUB) Francisco Vargas, director de l’Area Audiovisual de l’Icec, y Cristina Riera y Tess Renaudo, codirectoras de L’Alternativa. El acto tuvo lugar el jueves 10 de noviembre en la Sala Mirador del CCCB en Barcelona.

Quiero expresar mi agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Cristina Riera, Tess Renaudo, Marc Vaillo y a todo el quipo de L’Alternativa, por su trabajo, dedicación, resistencia y cariño, a Marta Suriol y Maria Gracia de La Costa Comunicació, por su trabajo, amabilidad, paciencia y cariño, y a todas las entidades que hacen posible la existencia de L’alternativa.

Encuentro con José Luis Guerín

Encuentro con José Luis Guerín, director de “La academia de las musas”, con motivo de la proyección de clausura de l’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona. El evento tuvo lugar el domingo 22 de noviembre de 2015, en la Filmoteca de Cataluña.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a José Luis Guerín, por su tiempo, conocimiento y generosidad, al equipo de l’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, por su trabajo, resistencia y cariño, y a Octaví Martí y Pilar García de Comunicación de la Filmoteca, por su paciencia y amabilidad.

Entrevista a Aki Kaurismäki

Entrevista a Aki Kaurismäki, con motivo del ciclo que programó la Filmoteca de Catalunya. El encuentro tuvo lugar el Miércoles 21 de enero en Barcelona, en la terraza de la Cafetería La Monroe.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Aki Kaurismäki, por su tiempo y sabiduría, a Sandra Ejarque, de Vasaver, por su generosidad y paciencia, y a Pilar García, de la Filmoteca, por su colaboración y amabilidad.

Le Havre, de Aki Kaurismäki

le_havre_297x420EL HUMANISMO COMO RESISTENCIA

“La fraternidad es una de las más bellas invenciones de la hipocresía social”

GUSTAVE FLAUBERT

 Para hablar de Le Havre, no podía empezar de otra manera que citando a uno de los más insignes escritores franceses, porque la película de Kaurismäki, amén de otras cuestiones que plantearemos en esa crítica, es un homenaje a la cultura francesa, de la que el cineasta finés es un amante incuestionable. La cinta está llena de múltiples referencias y homenajes que van desde el cine y el realismo poético de los años treinta y cuarenta –Jean Renoir, Marcel Carné, Jacques Becker, Jacques Prevért, Jean-Pierre Melville, pasando por la austeridad y el fuera de campo de Robert Bresson y el humor socarrón del gran Jacques Tati; por otras apropiaciones cinematográficas, como son el plano, el fuera de campo y los colores de Jasujiro Ozu; por esos curas hablando mientras les lustran sus zapatos, que podrían haber sido filmados por Luis Buñuel,; por las obras-milagro de Cesare Zavattini y Vittorio de Sica o el humor de Chaplin o Keaton…- hasta la pintura y Monet, como se ha hace llamar uno de los personajes.

Kaurismäki recupera el personaje de Marcel Marx (clara alusión al filósofo padre-fundador del socialismo), del que ya dio buena cuenta en la extraordinario La vida de bohemia (La vie de bohème, 1992), aquel escritor que no lograba triunfar en un Páris en blanco y negro y que invertía en las primeras ediciones de Balzaz los pocos francos que disponía. Veinte años, después, volvemos a cruzarnos con la vida de este humilde pero valeroso hombre. Ahora se ha convertido en limpiabotas y vive en una ciudad porteña, junto a su mujer enferma, en un barrio humilde de gentes corrientes. Le Havre, es una película de resistencia, una cinta a contracorriente, un cuento de hadas, donde la solidaridad y la fraternidad de sus personajes nos conmueven, hacen que nos miremos en este espejo de deformidades en que se ha convertido el estado del “bienestar” europeo. Una película necesaria, un grito de ilusión y de esperanza frente al desaliento y pesimismo que nos aniquila diariamente debido a las noticias económicas que nos llegan del capitalismo infernal de los señores de Europa. Kaurismäki ha hecho una película social, pero no al uso, como podrían ser las de Ken Loach o los hermanos Dardenne; el cine social del finés es otra cosa, está bañado de un humor cínico y grotesco, a veces de puro surrealismo, pero es un cine rosselliniano, un cine que cree en los seres humanos; que cree que dentro de esta barbarie que es la sociedad imperante, siempre quedan fisuras a las que uno puede agarrarse para no dejar de ser lo que es: un ser humano que desea vivir en paz consigo mismo y con el mundo.

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Kaurismäki nos devuelve lo mejor de nosotros mismos, donde todavía podemos salvarnos en medio de esta sinrazón en la que vivimos. Se ha esforzado en ofrecernos optimismo, en alentarnos en creer que, aunque parezca que no, todavía es posible ser y vivir de otra manera. El cineasta finés es uno de los humanistas de nuestro tiempo, un hombre que a través de su obra nos muestra unos personajes que a simple vista no tienen nada, pero que en realidad tienen mucho más que los que todos nosotros podríamos llegar a imaginar. Tal y como lo plantea el crítico Sergi Sánchez: “La desdramatización se transforma en cómica estilización, y hace que el mundo se represente a sí mismo con sus mejores trajes, los de la nobleza y humildad. Por eso los últimos planos de  Le Havre, que ilustran el milagro de una resurrección, consiguen ser trascendentes sin pretenderlo: porque la vida es una ramo de violetas, una cama felizmente vacía, un cerezo en flor, un abrazo robado a la imaginación”.

Kaurismäki habla de uno de los problemas más tremendos y lamentables que asolan la vieja Europa: la inmigración; de seres desposeídos y hambrientos que se lanzan a una aventura, a veces mortal, para conseguir ser uno más en esa Europa del todo vale. Pero, gracias a su habilidad cinematográfica, el cineasta huye del panfleto, mira cara a cara esos personajes y no se plantea cuestiones de otra índole. Sólo se centra en los seres humanos y sus quehaceres diarios, como el policía que investiga al chico negro que ha huido, un personaje con muchas similitudes a aquel prefecto francés que interpretaba Claude Raines, en la inolvidable Casablanca, otra cinta que abogaba por la resistencia frente a la barbarie. Kaurismäki huye de la autoridad: no vemos la autoridad del agente, al que nos muestra fuera de campo; y de lo moderno: Marx no tiene televisión. El vecino delator utiliza el móvil para denunciar al chico negro –otro evocador homenaje, ya que es el actor Jean Pierre Léaud, el niño de Los 400 golpes, de Truffaut, quien lo interpreta, en un guiño del propio Kaurismäki, preguntándose qué fue de la vida de aquel muchacho-. El cineasta nos habla de humanidad, de seres anodinos, de desplazados, de bares corrientes que se encuentran a la vuelta de cualquier esquina, donde van las personas corrientes.

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Quisiera acabar deseándoles una buena sesión de cinematógrafo, como se decía antes, y citando las palabras del propio Kaurismäki: “No nos engañemos, la realidad no es así y dudo de que el mundo mejore con el tipo de humanidad que tenemos, pero esto es una película”.

ReMine, el último movimiento obrero, de Marcos M. Merino

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“Si luchas puedes perder, si no luchas ya has perdido”

Marcos Martínez Merino (Gijón, 1973) periodista especializado en información económica en televisión, decidió en abril de 2011, dejar su trabajo en Madrid y volver a su tierra, eligió el valle de Turón, centro neurálgico de la minería para hablar de las gentes del carbón y cómo las políticas sangrientas estaban haciendo invisibles los espacios,  elementos de partida para su primer largo. Pero, se topó con la movilización minera de mayo de 2012, cuando más de 4000 mineros se declararon en huelga indefinida contra los recortes históricos provocados por el gobierno. Su película-documento se centra en el registro de aquel conflicto, penetrando en las entrañas de la lucha social dando voz a las distintas formas de resistencia que emprenden los mineros: cortes de carreteras y enfrentamientos con la policía, encierros en los pozos a 700 metros de profundidad, marcha de 500 km hasta Madrid, asambleas, concentraciones silenciosas… Merino nos sumerge en una película política, de batalla, de guerrilla y de militancia, atento todas las formas de protesta, observándolos de cerca, siendo uno más, él y su cámara, filmando sus rostros, sus miradas, sus conversaciones y preocupaciones, su tiempo… pero sin juzgarlos en ningún momento, manteniéndose al margen, sin interferir en lo que está sucediendo, dejando que los hechos ocurran y filmando de manera directa y comprometida todo lo que va ocurriendo. Y no sólo captura a los mineros, sino que también a la retaguardia, a las mujeres: a las esposas, madres, hijas y hermanas de los mineros, que también se mantienen con el puño en alto, asociándose, reivindicando y solidarizándose con la huelga de sus hombres para defender el derecho al trabajo, a una vida digna y el mantenimiento de las cuencas mineras y su entorno. El realizador asturiano no focaliza su discurso a través de ningún personaje en concreto, ni en ningún de los pozos, sino en el colectivo, asociando su relato a todos los mineros afectados, explorando cada pozo y cómo se va desarrollando su protesta. La película retrata las diez semanas de huelga, 70 días en las barricadas alzando las voces por una vida digna. en contra de los políticos de turno que infligen los acuerdos firmados para acabar con un sector y miles de familias. Un ejercicio brillante, fiel y certero que se inspira en el cine directo de Depardon o el de agitación social de Solanas, y en el trabajo de Barbara Kopple en  Harlan County (1976), así como en propuestas centradas en la ficción de gran interés, como Qué verde era mi valle (1941), de John Ford, Actas de Marusia (1976), de Miguel Littin o Matewan (1987), de John Sayles, cine militante y político que concede la palabra a los de abajo, a la clase obrera, gentes que el poder quiere borrar y que dejen de existir.  ReMine, es una obra humanista, valiente y necesaria, llena de momentos   emocionantes, como cuando los mineros se hermanan en uno y cantan a Santa Bárbara, el canto minero en honor a su patrona, instantes que se repiten a lo largo de la película, y que actúan como enérgico leit-motiv. Una cinta de compromiso social que recoge el pulso y el aliento de unos trabajadores que se han alzado y puesto en pie ante la injusticia y la barbarie burocrática, unos hombres y mujeres que defienden su trabajo y su vida.

<p><a href=”http://vimeo.com/112346490″>Trailer 3 ReMine, el último movimiento obrero</a> from <a href=”http://vimeo.com/remine”>ReMine</a&gt; on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Equí y n’otru tiempu, de Ramón Lluís Bande

equi3El espíritu de la memoria

Ramón Lluís Bande (Xixón, 1972) de amplia experiencia como escritor y realizador audiovisual, se propuso para este trabajo el reto de afrontar la memoria desde la actualidad, huyendo del documento para parir un monumento, un espacio de recuerdo para todos aquellos combatientes guerrilleros que, durante los meses de octubre de 1937 y noviembre de 1952, resistieron combatiendo el franquismo desde los montes asturianos. Bande nos sumerge en una obra contundente, que nos agarra desde el primer minuto, sumergiéndonos en un viaje hacía aquellos lugares olvidados donde perecieron los guerrilleros. Su película se estructura en tres partes o movimientos, un prólogo, donde nos muestra las fotografías de uno de los grupos de maquis más activos, unas imágenes tomadas por Constantino Suárez, que han sido rescatadas del olvido. Luego se adentra en el tronco de su discurso, un texto en asturiano sobre impresionado se apodera de un fondo negro, en el que podemos leer los nombres de los guerrilleros asesinados, y la fecha y el lugar de lo ocurrido, el sonido ambiente invade el cuadro, corte al espacio, los lugares, vacíos, desnudos, ausentes de gente, esos lugares que vieron por última vez estos hombres: fachadas de casas, plazas, caminos, claros del bosque, faldas de montaña, orillas de río… así hasta 34 sitios de la memoria, un recorrido ceremonioso donde se recupera el testimonio de los que ya no están y se invoca el espíritu de los ausentes. El realizador lo muestra a través de un plano fijo que se mantiene durante un minuto y cinco segundos como respeto a los difuntos. Su epílogo se compone de una pantalla fundida en negro, mientras escuchamos una canción popular donde una mujer nos canta evocando la lucha de aquellos guerrilleros. Bande se despoja de todo artificio cinematográfico, su película está narrada a tumba abierta, sin dilaciones ni subrayados, su tono es directo y sincero, su estructura rocosa y contundente que no deja tiempo a despistes ni vericuetos, nos muestra el camino y nos coge de la mano en esta mirada profunda y reflexiva a un tiempo de barbarie donde la sinrazón fascista acabó con toda una generación y unos hombres que se vieron desplazados y asesinados por defender la libertad. El cineasta asturiano cuida con delicadeza una forma que se funde magníficamente con el contenido político del relato. Tanto una como la otra, se desplazan por la misma vía, ejerciendo el equilibrio íntimo y perfecto que desprende toda la película. Su discurso y planteamientos no andarían muy lejos de las obras de Patricio Gúzman y Claude Lanzmann, otros maravillosos cineastas que también se han planteado la recuperación de la memoria histórica a través del presente, a través de ejemplares ejercicios que, además de desenterrar las imágenes y los lugares, se han preocupado por la forma que han empleado para contarlas. Bande ha hecho un hermosísimo y brutal poema funerario sobre el tiempo y la materia, que además se revela como una de las obras más intensas, profundas, necesarias y magnífica que se han filmado en este país sobre la memoria de los guerrilleros antifranquistas.