Entrevista a Cristina Linares

Entrevista a Cristina Linares, directora de la película “Semillas de alegría”. El encuentro tuvo lugar el miércoles 4 de septiembre de 2019 en la terraza del Café Salambó en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Cristina Linares, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.

Entrevista a Carla Pozos

Entrevista a Carla Pozos, actriz en la película “Semillas de alegría”, de Cristina Linares. El encuentro tuvo lugar el miércoles 4 de septiembre de 2019 en la terraza del Café Salambó en Barcelona.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Carla Pozos, por su tiempo, amistad, generosidad y cariño, y a Sonia Uría de Suria Comunicación, por su tiempo, paciencia, generosidad y trabajo.

Semillas de alegría, de Cristina Linares

LA INFANCIA QUE RESISTE.

“La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir; nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras”

Jean-Jacques Rousseau

En Aranjuez (Madrid), Isabel y su madre soltera tienen serias dificultades para mantener una vida decente y ante la imposibilidad de seguir manteniendo su vivienda acuden a un centro de acogida. En Calula (Angola), Miguel se sube a un árbol para protestar ante la falta de atención sanitaria en su poblado. Y en Cartagena de Indias (Colombia), Jhon, un niño músico intenta convencer a su padre, de oficio pescador,  con la ayuda de su abuela que no venda su casa para paliar sus problemas económicos por la falta de un trabajo estable. Tres historias de desigualdad, tres relatos sobre la infancia ante los problemas que sacuden el mundo a diario, tres formas de combatir esos conflictos con la ayuda de las ideas y la imaginación, como se dirá en algún instante de la película, del cooperativismo y sobre todo, el arte como el baile, la música o el teatro. Tres historias demasiado cercanas, esas que podemos ver cada día a nuestro alrededor, aunque desgraciadamente suelen pasar desapercibidas ante nuestros ojos y los del mundo. Tres episodios que luchan por hacerse visibles y llamar la atención de los problemas a los que cada día se enfrentan niños de todo el mundo.

La directora Cristina Linares, nacida en Bogotá (Colombia) debuta en el largometraje con una película de corte social, reivindicativo y llena de luz, siguiendo la línea temática que arrancó en el 2015 con sus cortometrajes sobre la infancia y sus problemas, con la productora Tus Ojos como principal valedora, con la que lleva años trabajando codo con codo con la compañía responsable de la película En el mundo a cada rato (2004) que en cinco episodios alertaba sobre los graves problemas sociales y humanitarios a los que se enfrentaba la infancia alrededor del mundo. En Semillas de alegría continúan con ese espíritu social, combativo y resistente para concienciar sobre los problemas de la infancia, en investigar sobre su presente difícil y presentar todas las herramientas que tienen a su alcance y las que no para trabajar desde el presente, desde el aquí y el ahora, y así construir un futuro más amable y sobre todo, más humano.

La película tiene una estructura episódica, instalada en tres lugares del mundo, en Aranjuez, que pertenece al primer mundo, observamos las dificultades de una madre sin trabajo que lleva a Isabel, su hija a no poder continuar con sus clases y finalmente, acudir a un centro a pedir ayuda. La aparición en sus vidas de Diego, un niño de clase acomodada pero que no conoce a su padre será crucial para ver la vida con otros ojos. En Calcula, un poblado en Angola, Miguel emprende una lucha personal subido a un árbol para reivindicar una atención sanitaria en su pueblo. Y en Cartagena de Indias, en un histórico barrio humilde, Jhon intenta convencer a su padre que no venda su casa y así seguir en la lucha por un barrio más digno y humano a través de la música y la ayuda. Quizás hay algún episodio más redondo que otro, o que su forma de contarlo resulta más interesante que otro, pero lo que no cabe ninguna duda el espíritu a contracorriente de la propuesta, de dar voz a la infancia, a detenerse en tres miradas completamente diferentes, peor que tienen tanto en común en sus formas de construir herramientas que les ayuden a poder salir de sus existencias sombrías, de la ayuda como único camino posible en un mundo cada vez más individualista, globalizado y dormido.

Un relato a medio camino entre el documento y la ficción, que tiene en su reparto una de sus grandes bazas, con intérpretes infantiles como los españoles Carla Pozos y Diego Poch, o la actriz Isabel Mata e Inma Díaz, el colombiano Jhon Narváez, habitual en los últimos trabajos de Ciro Guerra, el popular actor congoleño David Enoque Caracol, bien acompañados por niños como Jhon Gómez o Fabricio Malaquias, y el resto de intérpretes, todos debutantes, muchos de los cuales nunca habían visto una cámara ni asistido a la filmación de una película. La película nace para concienciar, para mostrar conflictos de la infancia, y sobre todo, huye del panfleto y del discurso bienintencionado, no hay nada de eso, en cambio, sí que hay una forma de acercarse a los problemas desde la naturalidad y la intimidad, mostrando todos los detalles tanto del ámbito doméstico como social de los conflictos que bullen en cada lugar, en el que nos convertimos en participes en todo aquello que nos van contando, conformando no solo una obra reivindicativo, que también lo es, sino una obra humanista, bella en su ejecución y resistente en su fondo, mostrando realidades demasiado naturalizadas y contra las que hay que luchar cada día con las herramientas que tengamos a nuestro alcance, y si no las tenemos, tenemos el deber y la obligación de construirlas ya sea a partir de la cooperación, la música, el baile, el teatro o la conciencia social y personal. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA


<p><a href=”https://vimeo.com/293530277″>TRAILER 1 SEMILLAS DE ALEGR&Iacute;A</a> from <a href=”https://vimeo.com/tusojostv”>Tus Ojos</a> on <a href=”https://vimeo.com”>Vimeo</a&gt;.</p>

Entrevista a Laura Álvarez

Entrevista a Laura Álvarez, directora de la película “City For Sale”, en el Carrer de la Riera de Sant Miquel en Barcelona, el martes 18 de junio de 2019.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laura Álvarez, por su tiempo, sabiduría, generosidad y cariño,  y al equipo del DocsBarcelona,  por su amabilidad, generosidad, tiempo y cariño.

Las invisibles, de Louis-Julien Petit

MUJERES EN LUCHA.

El cine social, en muchas ocasiones, peca de condescendiente y compasivo, creando una especie de burbuja ajena a la realidad que acomete, siendo paternalista con el relato que nos cuenta, y sobre todo, con los personajes que maneja, mostrando una realidad simple y gastada, alejándose a las múltiples realidades que nos encontramos diariamente, y las infinitas contradicciones que se mueven en este tipo de temas. Las invisibles, de Louis-Julien Petit (Salisbury, Reino Unido, 1983) se aleja de todo esto, mostrando una realidad sincera y compleja, donde cohabitan la realidad manejada por el sistema, construida a partir de resultados efectivos, que en muchos casos se alejan muchísimo de la realidad, y la realidad que viven las trabajadores sociales que trabajan diariamente con estas mujeres sin techo, mujeres que vienen de realidades durísimas, mujeres que luchan por volver a la vida, quizás con un tiempo más lento, que choca con el sistema de números y superficialidades. Petit se basa en el libro Sur la route des invisibles, femmes das la rue de Calire Lajeunie (que ya había hecho un documental sobre el tema de título Mujeres invisibles, sobreviviendo en la calle) se muestra comprometido con lo social ya que debutó en el cine con Discount (2014) en el que exponía la peripecia de un grupo de empleados que se las ingeniaba con astucia para proteger sus empleos con la aparición de cajeros automáticos, le siguió Carole Matthieu (2016) en la que exploraba las técnicas agresivas de las empresas a sus empleados por medio de una médica laboral que denunciaba tales abusos, dos retratos sobre la lucha encarnizada entre un sistema fascista que funciona a base de números y beneficios en contra a unos trabajadores sumidos en la lucha de sus trabajos, y de su vida.

En Las invisibles, el cineasta francés vuelve a plantearnos un dilema directo y de ahora, centrándose en un centro social de día, donde las mujeres sin nada encuentran aseo, algo de cariño y herramientas para salir de su existencia precaria, un centro que debido a sus pocos resultados de inserción de estas mujeres, la administración les obliga al cierre, dejando sin amparo a tantas mujeres, y las trabajadoras del centro deciden luchar y saltándose las reglas impuestas del sistema, optan por ocupar un centro adyacente completamente clandestino en el que seguirán atendiendo a sus mujeres. Petit nos habla de la realidad de las trabajadores sociales, con sus formas de afrontar el entuerto y sus vidas personales fuera de su trabajo, y también, de la realidad de algunas de estas mujeres sin techo, muchas de ellas reclutadas en un casting sin experiencia previa en la actuación.

El relato se centra en este microcosmos de lucha, reivindicación y armonía, con sus alegrías y tristezas, sus discusiones y risas, en una excelente y audaz tragicomedia, huyendo de ese tono frío, pesimista y compasivo de muchas de estas películas con tintes sociales, en la película de Petit, a través de una cámara de cine directo y en muchas ocasiones, casi documental, con la luz de David Chambille (cinematógrafo de las tres películas de Petit) que muestra sin filtros esas miradas y gestos de estas mujeres, que juntas emprenden un sueño, casi utópico, de afrontar estas duras realidades desde el amor y el cariño, ocupándose de cada caso, ayudándolas desde la proximidad y alegrándose y sufriendo con ellas, como una amiga más, una hermana, alguien que extiende su trabajo como una forma de vida y de afrontar los males sociales de cada día.

Un elenco maravilloso y natural encabezado por Audrey Lamy como Audrey, esa enérgica y valiente idealista que lucha con uñas y dientes para sacar adelante a estas mujeres, mientras su vida personal se resiente por su total dedicación a su trabajo, Corinne Masiero como la directora de todo este jaleo (tercer trabajo con el director) como esa jefa que avanza con determinación poniendo en peligro su trabajo, Noémie Lvovsky como Hèlène, la voluntaria de matrimonio en crisis que encuentra en ayudar a estas mujeres una tabla de salvación a su maltrecha vida, Deborah Lukumuena como Angélique, la niña rescatada de la prostitución y la calle que, ahora encuentra un sentido a su vida ayudando a aquellas que un día estuvieron como ella, Sarah Suco como Julie, la joven rebelde y difícil que no acepta sus problemas con las drogas y su jodida situación, Adolpha Van Meerhaeghe como Chantal, la mujer que sale de la cárcel, con su tragedia y humor, que ve las cosas de manera sencilla y áspera.

Petit ha construido una película comprometida, necesaria y valiente, que mira de frente, sin argucias ni vericuetos argumentales, mostrando un grupo de mujeres que afronta sus problemas desde lo más profundo del alma, enfrentándose a sus problemas con coraje y fuerza, visibilizando un sinfín de realidades que preferimos no ver, que están ahí junto a nosotros, que se ocultan por vergüenza, por miedo al rechazo, por incomprensión de todos, una realidad que se muestra en la película desde todos los ámbitos, con libertad y crítica, desde el estado y sus administraciones, más pendientes en los resultados efectivos que en las personas, la mirada de las trabajadores sociales, su implicación y sensibilidad hacia un tema que necesita tiempo, recursos humanos y económicos y sobre todo, mucho amor para resolverlo, y las mujeres de la calle, que necesitan ilusionarse y volver a aquella vida que un día, por circunstancias propias o ajenas, tuvieron que dejar o simplemente la perdieron. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Razzia, de Nabil Ayouch

LAS REVOLUCIONES ÍNTIMAS.

“Dichoso aquel que puede actuar de acuerdo a sus deseos”

(Proverbio bereber)

La película arranca en las Montañas Atlas en Marruecos en 1982, hablándonos de Abdallah, un maestro rural apasionado e inquieto, que debido a la islamización del gobierno, que viene acompañada de las imposiciones de la lengua y las enseñanzas radicales árabes, tiene que abandonar su pueblo y emigrar a la ciudad huyendo del gobierno. Luego, el discurso de la cinta se traslada a la Casablanca del 2015, en pleno bullicio de esa población joven desamparada e invisible que protesta enérgicamente en las calles debido a su dura situación social. En ese entorno, y con algunos flashbacks donde los dos tiempos se irán explicando, donde entenderemos como el estallido revolucionario de la situación actual, tiene su origen en aquellos primeros años 80 con la radicalidad del gobierno. Nabil Ayouch (París, Francia, 1969) ha construido una interesante filmografía en la que explora de manera crítica la sociedad marroquí, la tierra de sus orígenes, un entorno donde la población sobrevive a pesar de los pesares, centrando su mirada en la intimidad de sus personajes, y su cotidianidad más cercana.

Abrió su carrera con Mektoub (1997) donde ofrecía un brutal retrato de una mujer violada y su posterior estrés postraumático,  en Ali Zaoua, príncipe de Casablanca (2000) explicaba las dificultadas de un puñado de niños que viven en la calle en condiciones infrahumanas y albergan el sueño de viajar a Europa, Los caballos de Dios (2012) se adentraba en un grupo de jóvenes  de los arrabales de Casablanca, en su proceso de radicalización y empujados a un atentado suicida, y en Much Loved (2015) retrataba la durísima cotidianidad de unas prostitutas en Marraquech, película que levantó las iras de los más radicales, incluso agrediendo a una de las protagonistas. Ayouch hace un cine incómodo, un cine político, un cine de preguntas, de personas, de situaciones adversas, de almas castigadas, de seres diferentes, extraños en su propia tierra, seres desfavorecidos, personas que sueñan en un mundo diferente, mejor, un mundo más tolerante, menos fiero, y sobre todo, menos difícil.

En Razzia, en un guión construido con la actriz Maryam Touzani (que interpreta a Salima) como viene siendo habitual en su cine, construye un mosaico coral de varias almas en la ciudad de Casablanca, una ciudad dura, áspera, bulliciosa y ahora, levantada en cólera, en la que nos encontramos a Salima, una mujer atractiva y sensual, que sufre las críticas por su forma de vestir, y además, tiene que soportar la intolerancia de un marido que va de moderno, pero todavía se muestra excesivamente tradicional. También, conoceremos a Hakim, un joven homosexual que sueña con ser músico y vive señalado tanto por su padre como por sus vecinos de la Medina más tradicional y pobre, y a Joe, judío dueño de un restaurante que sufre el antisemitismo de una joven prostituta, e Inés, una adolescente rica, encerrada en una vida vacía, que se mueve entre la modernidad y la tradición, mientras explora su sexualidad. Cuatro almas inquietas, diferentes y llenas de vida, en una sociedad que las persigue, las insulta, las reprueba, y las castiga por ser cómo son, por desviarse del camino correcto o convencional, por soñar con una vida alejada de toda esa radicalidad, intolerancia y violencia.

El cineasta de origen marroquí retrata con detalle y gestualidad a sus cuatro criaturas encerradas en ese agujero negro, en ese microcosmos de una ciudad a la deriva, de un espacio inquietante y radicalizado, un lugar lleno de sombras despechadas, de vidas rotas y sin futuro, en el que estas cuatro almas se convierten en un interesante y ejemplar de esas personas silenciadas, que viven sin vivir, que se mueven como espectros, que cada huyen más de sí mismos, envueltos en esa paranoia intolerante de los más radicales, que quieren un mundo uniforme, sumiso y sin alma. Ayouch penetra con suma delicadeza y sensibilidad en el alma de sus personajes, sumergiendo al espectador en sus miedos e inseguridades, a través de pequeños detalles, de retratarlos sin juzgarlos, de adentrarse en sus caracteres con proximidad pero sin conducirlos, dejándolos libres para que se muestren como son, sin explicarlos en exceso, y detallándolos con sumo cuidado, dejando a los espectadores que saquen sus propias conclusiones y evidencias, envolviendo su relato en esa mayoría silenciosa, que intenta adaptarse a un mundo imposible, sumergido en sus tradiciones deshumanizadas y atentado contra todo aquello que muestra libertad individual y nuevos aires.

Una película magnífica en su forma y fondo, describiéndonos todo ese material humano con pulcritud y sinceridad, llevándonos por las diferentes vidas a lo Altman, donde cada personaje acaba erigiéndose como un tema a tratar, sin caer en lo esquemático, sino en todo lo contrario, buceando con astucia y ritmo en los diferentes vínculos emocionales que los atraen y los separan, pero siempre desde el deseo de contarnos esas almas desde puntos de vista diferentes, extrayendo lo mejor y lo más profundo de cada uno, en el que la película se convierte en un mapa humano de primer orden, en el que Casablanca se convierte en esa ciudad, sólo mágica y exótica en el cine (con esos guiños a la famosa película) porque su realidad más inmediata nos viene a decirnos que la ciudad arde en deseos de cambio, de caminar de otra manera, de romper con lo tradicional y levantarse en una nueva sociedad, más tolerante, más viva y sobre todo, más humana, respetando a todos y cada uno de sus habitantes, sean como sean, y quieran lo que quieran.

Presentación L’Alternativa 2016

Presentación de la 23 edición de L’Alternativa. Festival de Cinema Independent de Barcelona, en la que intervienen Vicenç Villatoro, director del CCCB, Oscar Abril, director de Sectors Culturals y Innovació de l’Institut de Cultura de Barcelona (ICUB) Francisco Vargas, director de l’Area Audiovisual de l’Icec, y Cristina Riera y Tess Renaudo, codirectoras de L’Alternativa. El acto tuvo lugar el jueves 10 de noviembre en la Sala Mirador del CCCB en Barcelona.

Quiero expresar mi agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Cristina Riera, Tess Renaudo, Marc Vaillo y a todo el quipo de L’Alternativa, por su trabajo, dedicación, resistencia y cariño, a Marta Suriol y Maria Gracia de La Costa Comunicació, por su trabajo, amabilidad, paciencia y cariño, y a todas las entidades que hacen posible la existencia de L’alternativa.