Segundo premio, de Isaki Lacuesta y codirigida por Pol Rodríguez

LOS PLANETAS VS. LOS PLANETAS. 

“Todos es verdad, porque todo me lo he inventado”

Boris Vian 

Antes de ponernos en batalla, debemos hacer un inciso en los antecedentes. Cuando la película fue un proyecto iba a dirigirlo Jonás Trueba. Sea como fuera, el director madrileño no lo hizo y recomendó a su colega Isaki Lacuesta (Girona, 1975), quién finalmente se puso manos a la obra junto al guionista Fernando Navarro, que conocemos por sus cintas de género para directores como Paco Plaza, Kike Maíllo y Jaume Balagueró, entre otros, y nació Segundo premio, que usa el nombre de la primera canción del disco “Una semana en el motor de un autobús”, tercer álbum de la banda de rock granadina “Los Planetas”, publicado el 13 de abril de 1998. El largometraje número 11 de Lacuesta, que ha contado con la codirección de Pol Rodríguez (Barcelona, 1977), el director de Quatretondeta (2016), y ayudante de dirección de Isaki en Un año, una noche, cuenta su historia, la del proceso personal y creativo de los componentes del grupo. Pero no lo hace siguiendo un esquema racional y convencional, nada de eso, porque con el permiso de la banda, hace y deshace como le viene en gana, es decir, inventa y reinventa lo que pudo ser, lo que pudo pasar, y sobre todo, lo que el mito y la leyenda se han encargado de elaborar y mentir. No estamos ante una película al uso, nada más lejos de la realidad o la mentira, según se mire, estamos ante una película que es una mentira en toda regla, con muchísima verdad en su interior, o lo que es lo mismo, una obra que juega a imaginar una verdad, o más, bien, un estado de ánimo. 

Si recuerdan Cravan vs. Cravan (2002), la primera de Lacuesta, era una cinta que investigaba los pasos del poeta y boxeador Arthur Cravan, al igual que sucedía en Los pasos dobles (2011), con otro artista François Augiéras,  y no lo hacía desde el biopic trillado y bienintencionado, sino desde la ficción y la realidad, en un híbrido que tenía mucho de mentira y también, de verdad, de una sensación de que la mentira es el mejor vehículo para acercarse a la verdad, esa utopía enigmática, inquietante e imposible, porque tantas verdades y mentiras hay en cualquier personaje y sucesos, así que, el espectro de Cravan está muy presente en Segundo premio, desde su primera advertencia, cuando se nos informa de lo siguiente: “Esta no es una película sobre Los Planetas”, así que, a partir de esa premisa, la película nos convoca a un juego de ficción, o sea de mentira, pero una mentira que podría ser verdad, porque la llena de guiños y pistas documentadas, pero sin ser fiel a la realidad, o eso que llaman realidad, porque ni de eso estamos seguros, sino de la imaginación, de lo que mentimos, y en ocasiones, soñamos. La película sigue en la línea de los anteriores trabajos: la idea sobre el doble, la búsqueda, las huellas de los fantasmas, la investigación, la importancia de la música como eje para cimentar el relato, la hibridez de géneros, el tiempo y su fugacidad y su leyenda y mito, y sobre todo, esos reflejos del otro que nos convierten en un sinfín de identidades, personajes y de sentimientos contradictorios y reencontrados. 

Un relato contado a través de canciones-capítulos que reciben el nombre de las canciones del mencionado disco, con esa película real y a la vez, imposible, que nunca podremos ver, y la otra película, la que inventan Isaki y los suyos, y los componentes de la banda: el cantante, y ese otro reflejo que es el guitarrista, que nunca se llaman por su nombre, salvo May, de la única que se pronuncia su nombre, la bajista que dejó el grupo, ese otro vértice, que tiene tanto de uno como del otro. Tenemos las dos ciudades, la Graná de finales de los noventa, o como dice la película, la Granada del siglo XX, y esa otra, más soñada y ficticia, el New York, con esos elementos del cine de Abel Ferrara y Jarmusch, donde Sólo los amantes sobreviven (2013), tiene un reflejo muy evocador en la película de Isaki. El universo de Lacuesta bebe de infinitas fuentes, materiales, texturas y cualquier elemento real o irreal. Sus películas transitan por diferentes géneros, ya sean de ficción, en especial el western y el cine negro, y otros documentales, y los fusiona en un plano/contraplano, conformando un cine construido desde la más absoluta de las libertades, donde las piezas van casando, sin necesidad de piruetas y estridencias narrativas ni argumentales, ni mucho menos técnicas. 

Un cuadro 4/3 que nos remite al pasado, a la extrañeza y sobre todo, a la idea de la invención, como hacían los de la Nouvelle Vague, como por ejemplo Godard, en una cinematografía que firma Takuro Takeuchi, con el que Isaki coincidió en la serie Apagón, donde prima el plano claroscuro, como si estuviésemos en una especie de sueño, o en un relato que nos cuentan, en que los personajes están muy cerca, queriéndonos hablarnos desde la cercanía, a susurros, a escondidas, como si eso que nos quieren contar fuese un secreto, con esa idea de inmediatez y de letargo, donde los días y sobre todo, las noches, se funden en un tiempo lejano y cercano a la vez, un tiempo no tiempo, un estado de ánimo de verdad y de mentira a la vez, donde lo que vemos y lo que imaginamos está demasiado cerca, tan cerca que no podamos distinguir. El exquisito y rítmico montaje de Javi Frutos, del que hemos visto interesantes documentales como La muñeca del espacio y Saura(s), entre otros trabajos, aglutina con acierto los 109 minutos de metraje, que nos envuelven en esa atmósfera entre realidad, sueño y limbo, por el que se mueve la historia. 

El reparto debía tener esa idea de mentira muy de verdad y se consigue con un plantel de músicos-actores que hacen de sus personajes que se parecen a Los Planetas en la realidad paralela que explica la película. Tenemos a Daniel Ibáñez, Cristalino, Stéphane Magnin, Mafo, chesco Ruiz y Edu Rejón, entre otros, que no sólo consiguen que nos creamos que ellos podrían ser ese otro grupo, sino que transmiten con muy poco las relaciones complejas y difíciles por las que se mueven, componiendo unos personajes que parecen salidos de la Hammer: un cantante que parece un vampiro, con sus aires de egolatría y ambición desmedida, roto por la soledad de la ausencia de May, un fantasma demasiado presente, y el zombie en el que se ha convertido el guitarrista, que está metido en sus problemas de drogas, más alejado que nunca del grupo, y luego, el batería, que venía de los “Lagartija Nick”, y de esa monumental obra que es “Omega”, sobre los poemas de Lorca cantados por Enrique Morente, que se escucha un fragmento del primer corte en la película. Las canciones de Los Planetas están muy presentes, como no podía ser de otra manera, bien acompañadas por la composición de Ylia, consiguiendo esas melodías que funcionan muy bien al lado de unas imágenes no reales, inventadas, abstractas, ficcionadas, fantasmales e íntimas. 

(Fotografía de rodaje de Óscar Fernández Orengo).

Resulta altamente reconfortante que en apenas tres meses se han estrenado La estrella azul, de Javier Macipe, sobre el músico zaragozano Mauricio Aznar, el 23 de febrero, y el 24 de mayo la de Isaki y Rodríguez, también ambientada en los noventa, y que se dejan del calco habitual en los biopics, tan convencional, tan superficial y tan azucarado, para irse a otros lugares, más inventados, más de verdad, más íntimos, más libres y sobre todo, más sinceros, porque si quieres acercarte a la verdad, estás obligado a alejarse de ella todo lo que puedas, y ese lugar no es otro que la mentira, la de inventar, la de ficcionar, la de soñar, porque la verdad tiene poco que ver o nada con la realidad, como mencionaba Jimmie Ringo, el personaje que interpretaba Gregory Peck en esa obra imperecedera que es El pistolero (1950), de Henry King: “Todos piensan que soy así o de aquella otra manera. Arrastro una leyenda que no me deja libre. Y yo sólo quiero huir de ese mito”.  Pues eso, la película Segundo premio también quiere escapar del mito de Los Planetas y ser libre, y créanme que lo han conseguido, y haciéndolo de la manera más sencilla y compleja a la vez, inventando su historia, porque de esa forma tiene más verdad que la realidad que vivieron, porque esa sólo la conocen ellos, y ahora, pasados los años, la recuerdan y ya sabemos lo que miente la memoria. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Gonzalo Benavente Secco

Entrevista a Gonzalo Benavente Secco, director de la película «La revolución y la tierra», en Casa Amèrica de Catalunya en Barcelona, el viernes  30 de junio de 2023.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Gonzalo Benavente Secco, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Anna Vázquez de Comunicación de Casa Amèrica de Catalunya, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Paradise is Burning, de Mika Gustafson

NIÑAS SOLAS. 

“Ser excluido del mundo del trabajo, de la producción, del consumo, de la comunidad humana, genera un sentimiento de humillación, de inutilidad, de no existir. De eso trataba Rosetta y todavía es cierto hoy, esa soledad, es una cuestión de dignidad humana”

Jean-Pierre y Luc Dardenne en el Festival Lumière en 2020 

Muchos recordaréis la película Nadie sabe (2004), de Hirokazu Koreeda, en la que una madre abandona a sus cuatro hijos menores en un pequeño piso de las afueras de Tokio. En Paradise is burning (Paradiset brinner, en el original), el arranque es muy parecido, aunque las edades cambian sustancialmente, porque en ésta, las hermanas que se quedan solas son Laura de 16, Mira de 12 y Steffi de 7. Tres edades en tres estados emocionales bien diferentes. La primera está entrando en el mundo de los adultos, descubriéndose a sí misma, el deseo y las responsabilidades. La segunda está entrando en la adolescencia, en los cambios en el cuerpo y descubriendo que significa ser mujer. La pequeña vive una infancia difícil, llena de libertad y descubrimiento. 

Desde su película de fin de carrera Mephobia (2017), un cortometraje de 24 minutos sobre dos niñas de la periferia que deambulan por su barrio, sin más compañia que ellas mismas, la directora Mika Gustafson (Linköping, Suecia, 1988), ha deseado sus dos anteriores trabajos a trazar retratas profundos y sinceros sobre mujeres decididas, fuertes y valientes de cualquier edad, como también hizo en Silvana (2017), un contundente y transparente documental sobre la rapera feminista lituana, que se vio aquí de la mano de El documental del mes de DocsBarcelona. Por eso, para su primer largometraje, coescrito junto al actor Alexander Öhrstrand, que también tiene un breve papel, sigue profundizando sobre sus mujeres solas, sin adultos, que siguen peleando diariamente para salir del fango o no hundirse en él. Como ya anuncia su gran arranque, donde los personajes están agitados y se mueven velozmente, y la cámara las sigue encima de ellas, sin descanso, abriendo puertas y cruzando la calle, en un espacio laberíntico, lleno de obstáculos y salvaje, donde cada día es una aventura, una inquietud y sobre todo, un desamparo constante. 

La voz cantante la lleva Laura, inquieta y astuta, que está muy cerca de la mencionada Rosetta de los Dardenne. Una buscavidas a pesar del desarraigo en el que vive, con esa madre alcohólica, en ésta, ausente, de la que no sabemos nada, pero lo podemos intuir todo, porque la película muestra crudeza, no se regodea de ella, ni mucho menos, porque transita entre lo duro y lo más amable, entre el drama y el humor, entre la desesperación y la ilusión, aunque sea una tarde en una piscina de una casa que acaban de tomar con las amigas, porque hasta rodeados de miseria y sin futuro, siempre hay un lado para la esperanza, como nos decía Kaurismäki. La estupenda y cercana cinematografía de Sine Vadstrup Brooker, del que conocemos sus trabajos para televisión en series como Cara a cara (Forhoret) y El caso Hartung, entre otras,  que define con veracidad a los personajes y los lugares, que describe con sutileza, sin caer en el tremendismo ni nada que se le parezca, con una cámara que es un personaje más, incluso una hermana más. Un ser que mira, reflexiona y nunca juzga. La música del italiano Giorgio Giampà, con más de treinta títulos en su filmografía, es una composición muy presente, pero nada invasiva, que comparte espacio con las canciones del momento que escuchan, sobre todo, la hermana más pequeña, que ayuda a mirar la historia de verdad, sin interferencias ni subrayados. 

Un gran trabajo de montaje de Anders Skov, del que hemos visto excelentes películas como Sameblod, Heartstone, Border, de Ali Abbasi y Charter, entre otras, en una tarea de difícil ejecución, porque estamos ante una película contada como un diario, muy cotidiano y transparente, donde la realidad tiene muchas caras y matices, y la película se va a los 108 minutos de metraje, pero la edición del danés es ejemplar, con secuencias de puro corte y nada complaciente. La gran idea de fusionar un reparto de intérpretes naturales con otros más experimentados hace que la película emane verdad y honestidad, que nos sintamos partícipes y sobre todo, logre con esa mezcla la necesaria reflexión. Tenemos al trío de hermanas encabezado por Blanca Delbravo como Laura, Dilvin Assad es Mira y Safira Mossberg es Steffi, reclutadas de forma casual, que llenan la pantalla en sus respectivos conflictos y formas de crecer y enfrentarse a sus diferentes cambios y necesidades. Y luego, tenemos a los adultos como Ida Engvoll, que la hemos visto en Un hombre llamado Ove y en The Kingdom, de Lars von Trier, hace de Hannah, un personaje que se relaciona con Laura, y hasta aquí puedo leer, Mitja Siren es Sasha, alguien que tiene que ver con Mira y el karaoke, y Marta Oldenburg es Zara, la vecina que tiene de todo. 

Estamos ante una película bien llevada, mejor filmada y extraordinariamente interpretada, que se detiene en esos barrios alejados de todo, carne de servicios sociales, llenos de inestabilidad, familias desestructuradas, padres ausentes o desconocidos, y niñas y niños que crecen desamparados, ajenos de los adultos, creciendo como pueden, descubriendo la vida y sus alegrías y oscuridades de forma natural y quizás, demasiado pronto, en una suerte de vidas rotas y extrañas, que sobreviven con lo poco que saben y pueden, cogiendo de aquí y de más allá, vidas afeitadas, vidas salvajes, vidas golpeadas y sobre todo, no vidas como aquella que sufría Antoine Doinel en la memorable Los 400 golpes, de hace más de 60 años que, vista la actualidad más reciente, las cosas siguen ahí, siguen despedazando vidas, aunque Laura, Mira y Steffi parece que como le ocurría al joven que deseaba salir de su agujero y aislamiento adulto, ellas no se amedrentan y a pesar de sus tristes circunstancias siguen con sus vidas, compartiendo lo poco que tiene que, a veces, es todo, con sus cambios, sus pequeñas e incompletas alegrías, con las demás y con ellas mismas, y esperando que la vida les cambie o al menos, no les haga tanto daño, porque la vida puede ser muchas cosas, pero que tenga menos oscuridad y no tanta soledad, que es lo que más duele cuando se és tan pequeño todavía. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Almudena Amor

Entrevista a Almudena Amor, actriz de la película «La mujer dormida», de Laura Alvea, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 29 de mayo de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Almudena Amor, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Laura Alvea

Entrevista a Laura Alvea, directora de la película «La mujer dormida», en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 29 de mayo de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Laura Alvea, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Amanda Goldsmith

Entrevista a Amanda Goldsmith, actriz de la película «La mujer dormida», de Laura Alvea, en los Cines Renoir Floridablanca en Barcelona, el miércoles 29 de mayo de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Amanda Goldsmith, por su tiempo, sabiduría, generosidad, y a Katia Casariego de Revolutionary Comunicación, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Sirocco y el Reino de los Vientos, de Benoît Chieux

JULIETTE Y CARMEN CRUZAN AL OTRO LADO. 

“La imaginación es la única arma en la guerra contra la realidad”

Frase de “Alicia en el país de las maravillas”, de Lewis Carroll

Es de sobra conocido la importancia de la animación francesa en el campo internacional, porque es un cine técnicamente exquisito, elegante y poseedor de una desbordante imaginación, y además, es un cine donde hay un especial detalle a la elaboración de sus guiones, ya que son capaces de abordar temas de cualquier índole con la seriedad y la complejidad que así lo requiere. Un cine de dibujos animados, como se decía cuando yo era niño, en el que su principal espectador son los más pequeños, pero ahí no queda la cosa, porque un adulto, y me pongo de ejemplo yo mismo, no se aburrirá con sus historias, ni mucho menos, al contrario, las apreciará y aún más, se sentirá en una película muy especial, que lo trata como un ser pensante, reflexivo y sobre todo, un espectador inquieto, curioso y capaz de aventurarse a las películas que les proponen, porque el cine de animación de la cinematografía francesa es un cine adulto para niños de cualquier edad, y no lo digo como coletilla, lo digo por experiencia, por sus resultados en taquilla y sobre todo, sus resultados en los certámenes más prestigiosos y exigentes. 

Detrás de Sirocco y el reino de los vientos encontramos un equipo de altísimo nivel. Tenemos a su coguionista Marcel Cagnol, al que conocemos por sus direcciones en Un gato en París, Phantom Boy y la más reciente Nina y el secreto del erizo, entre otras, al músico Pablo Pico, autor de la banda sonora de Las vidas de Marona, que aya trabajó con Chieux en el cortometraje Coeur fondant (2019) al productor Ron Dyens que a través de Sacrebleu Pictures ha levantado películas como El techo del mundo, la citada Las vidas de Marona, y My Sunny Maad, entre otras, y el director Benoît Chieux (Lila, Francia, 1960), un hombre vinculado al cine de animación del país vecino, al que lleva dedicándose más de tres décadas, a partir de diversas facetas entre las de codirigir Tante Hilda! (2013), Nieve y los árboles mágicos (2014). Con Sacrebleu, el director ya hizo Le jardin du minuit, un corto de 10 minutos que cosechó una gran carrera por festivales y galardones. A partir de una historia sencilla, pero extraordinariamente bien elaborada, llena de detalles, repleta de un colorido desbordante, y una sensibilidad tan íntima y de verdad que, en muchos instantes, nos quedamos volando y sobre todo, soñando con un mundo mejor. 

Ahora, nos lleva a través de dos hermanas Juliette de 4, muy traviesa, y Carmen de 8, más tranquila, que un sábado, su madre las deja al cuidado de Agnès, una escritora especializada en literatura infantil. La adulta está agotada después de escribir el primer capítulo de su nuevo serial, y se duerme, así que las niñas aburridas, sobre todo, Juliette, coge un libro de Sirocco y el reino de los vientos y se queda fascinada con sus ilustraciones. De repente, desde el libro salta a este mundo un pequeño juguete que empieza a hablar con la niña. Carmen se acerca y el diminuto juguete dibuja una rayuela en el suelo y desaparece cuando llega al final, Juliette lo sigue y Carmen también. Las dos niñas entran al mundo de la ficción y las cosas se torcerán. Un arranque que nos recuerda a la mencionada Alícia en el país de las maravillas, de Carroll, y a otro tótem de la animación más reciente como Monstruos, donde a través de puertas entraban en otros mundos. si recuerdan Niebla, la novela de Unamuno en la que su personaje de ficción lo visitaba, ahora, la cosa no es la autora que lo visita, sino unas personas vinculadas a ésta. Allí, conocerán a Selma, una famosa cantante, que les ayudará para salir de un entuerto propiciado por el extravagante alcalde, una rana enorme y poco seso. También entrará en liza Sirocco, un extraño personaje solitario que provoca las tormentas que destruyen los pueblos, los bosques, y demás lugares. 

Sirocco y el reino de los vientos es una película imaginativa, brillante y nada convencional, con unos extraordinarios 80 minutos de metraje, que pasan volando,  con una trama en el que hay de todo: comedia, drama, música, aventura, psicodelia, social, surrealismo, poesía y sobre todo, muchísima imaginación, donde se tocan temas peliagudos como la pérdida, la muerte, la ausencia, la tristeza y demás emociones que se obvian muy a menudo en películas de este tipo, en esta no, incluso son temas muy presentes que conviven con otros más amables y claros, en una historia que los mezcla, los fusiona y los muestra, como la vida misma, o podríamos decir, como la realidad, o será la ficción, porque la película es un híbrido también de muchas cosas, texturas, realidades, ficciones y verdades y mentiras, donde la supuesta realidad actúa como espejo deformante en esa otra “realidad” o digamos ficción, u otro mundo, u otros universos, tan cercanos, iguales e íntimos como el que las dos hermanas dejan, quizás cambiamos de perspectivas pero no de sentimientos, porque tanto en uno como en otro espacio o dimensión, las cosas, más o menos, van pareciéndose, quizás hasta demasiado, y tanto monta, que parece que tienen otro aspecto pero es el mismo. 

Estoy en la obligación de agradecer enormemente la grandísima labor que lleva a cabo Pack Màgic, y esto lo hago cada vez que hablo de una de sus películas, en su buen hacer de rebuscar en el amplio abanico de producción animada y elegir con gusto, sensibilidad y excelencia las películas que distribuyen, y les hablo con toda franqueza porque no es la primera ni será la última vez que les hablo de su catálogo.  Muchas de las películas citadas en este texto han sido distribuidas por la distribuidora, que se autodefine como “Distribuidora de cinema infantil, tranquil i en català”. Un cine muy alejado de esos productos de otros lugares, más comerciales, menos profundos y poco didácticos, porque estas películas provenientes de la cinematografía francesa, en su mayoría, es un cine hecho para espectadores de todas las edades, y esto, que pueda parecer fácil, no lo es para nada, y si no lo creen, fíjense en el cine de animación que ven sus hijos o sus sobrinos. Sabrán de qué les hablo. No pierdan la oportunidad de ver Sirocco y el reino de los vientos, porque les aseguro que los pequeños lo pasarán en grande y ustedes, de más edad, también. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Entrevista a Caroline Vignal

Entrevista a Caroline Vignal, directora de la película «Iris», en la terraza del Instituto Francés en Barcelona, el miércoles 8 de mayo de 2024.

Quiero expresar mi más sincero agradecimiento a las personas que han hecho posible este encuentro: a Caroline Vignal, por su tiempo, sabiduría, generosidad, a Philipp Engel, por su gran labor como intérprete, y a Alexandra Hernández de LAZONA Cine, por su generosidad, cariño, tiempo y amabilidad. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

La mujer dormida, de Laura Alvea

¿QUÉ LE PASÓ A SARA?.

“Todo mal apareja su bien”

Sara Mesa

El arranque de La mujer dormida es modélico, porque se nutre de elementos comunes de los cuentos de terror. Tenemos a una mujer joven que llega a una casa aislada para cuidar a una mujer en coma. La joven compartirá casa con el marido, un hombre del que las mujeres del pueblo más cercano recelan. Aunque la película se aleja del prototipo actual del género, el susto fácil y la estridencia argumental que marea al espectador para crear una atmósfera pausada que no tiene prisa en ir construyendo el relato y sobre todo, la relación compleja entre los dos personajes. Una película que nace a partir del guion de Daniel González, Miguel Ibáñez Monroy y Marta Armengol, vinculados al audiovisual producido en Cataluña, tanto en series como en películas, donde a modo de historia detectivesca, nos iremos adentrando a través del personaje de Ana, no sólo en el presente sino en el pasado, un tiempo donde están las claves de lo que está ocurriendo, con una mujer recién llegada que desconoce lo que ocurrió, al igual que los espectadores. 

La directora Laura Alvea (Sevilla, 1976), lleva dos décadas trabajando en diversos departamentos en el ámbito cinematográfico, amén de haber codirigido junto a José F. Ortuño las interesantes The Extraordinary tale (of the Times Table), en 2013 y Ánimas (2018), otro cuento de terror, entre otras, y también, la serie La chica de la nieve. Con La mujer dormida debuta en solitario en la dirección con una trama psicológica, muy del gusto de Hitchcock, con bastantes reminiscencias a Rebeca y Sospecha, que rodó casi seguidas, porque estamos en ese limbo argumental, en que el pasado de Sara, la mujer dormida, tiene una presencia no sólo física sino también psicológica, y toda la película y las diferentes pesquisas de Ana, la llevan a dudar de la verdadera identidad de Agustín. Premisas del universo hictockiano, que creó una marca de fábrica en los cuarenta con títulos a los que añadiremos La sombra de una duda y Encadenados, entre otras. La directora sevillana se ha rodeado de cómplices que le han acompañado en estos años como el cinematógrafo Fran Fernández-Pardo, que combina con gran brillantez la cotidianidad de la historia, sin sobresaltos, con la parte más emocional y oscura que va sufriendo la protagonista, creando una oscuridad sin recurrir a elementos demasiado trillados en el género.

En el montaje también hay dos compañeras como Fran G. Moyano, habitual del cine de Alberto Rodríguez y Santi Amodeo, y Fátima de los Santos, ésta habitual del realizador Manuel H. Marín, que coincidieron en la serie de La peste, con una edición nada sencilla, en una película de casi dos horas de metraje, y que se cuenta con tranquilidad, saben manejar los tempos y sobre todo, ir masajeando un relato en el que no hay apenas diálogos y sí mucho de silencios, miradas y gestos. La música de Alfred Tapscott, otro compañero de viaje de la directora, del que hemos visto las interesantes La vampira de Barcelona y la más reciente Ruta salvatge, conmueve y genera ese estado de inquietud por el que transita Ana. Otro de los grandes elementos de la película es su ajustado y magnífico reparto encabezado por una gran Almudena Amor, que ya nos maravilló con sus dos estupendos debuts La abuela y El buen patrón, en la piel de Ana, una joven de aspecto frágil, pero con una mente fuerte que se enfrentará a sus alucinaciones que le harán abrir los ojos, o quizás, a darse cuenta que las apariencias nunca son lo que parecen, y en esa casa ocurren cosas que todavía no está lista para ver. 

Acompañan a Almudena Amor, el otro lado del espejo, o mejor dicho, el reflejo que nadie quiere encontrarse, el personaje de Agustín que hace como siempre el efectivo y sereno Javier Rey, ya convertido en un actor capaz de cualquier individuos, porque como le sucede a Almudena, los dos miran tan bien que transmiten todo aquello que no vemos. La tercera en cuestión, la dormida Sara, lo hace Amanda Goldsmith, que la hemos visto en series y en películas como Competencia oficial, en un personaje quieto pero no tanto, porque su presencia y ausencia interceden en el personaje de Ana para que abra los ojos. Y luego una retahíla de breves personajes que ayudan a dar profundidad y complejidad al relato como Pino Montesdeoca que hace de la madre de Sara, Alicia Lobo, Emy Cazorla y Guacimara Correa, entre otras. Otro elemento capital para la película es la casa aislada y esa carretera que la separa del pueblo, creando esa dualidad en la que se mueve en todo momento la historia, a través del personaje de Ana, en mitad de todo, o quizás, en mitad de la nada, porque ella llega nueva y debe descubrir qué ha pasado, o qué debe hacer ella con lo que está pasando. 

Hemos hablado de Hitchcock, aunque también la película bebe y mucho de ese cine de terror de los sesenta y setenta que, con presupuestos modestos, lograban crear inquietantes atmósferas metidos en relatos muy terroríficos, donde el universo de Polanski sería un referente idóneo, con su trilogía del apartamento compuesta por Repulsión, Rosemary’s Baby y El quimérico inquilino. Tres muestras del talento del cineasta polaco para generar tensión y agobio, con historias cotidianas y tremendamente domésticas, que inquietaban en lugares muy comunes como nuestras propias viviendas, en las que sumergía a unos personajes atrapados en universos demasiado pequeños y horribles, que nos vapulearon el aspecto psicológico.  Tiene Almudena Amor esa imagen de mujer frágil pero de carácter fuerte y dispuesta a todo que no está muy lejos de la Deneuve de Repulsión, la Dorléac de Cul-de-sac,  la Farrow de Rosemary’s Baby y la Adjani de El quimérico inquilino. Por estas cosas y muchas más que ustedes descubrirán, no se pierdan una película La mujer dormida, porque sin ser una obra redonda tiene grandes momentos, de esos que no se olvidan. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA

Tatami, de Guy Nattiv y Zar Amir

GANAR O MORIR.  

“Todo es política”

Thomas Mann 

Me gusta como empieza Tatami, y no lo digo por sus razones estéticas, que las tiene, y que más tarde nos detendremos en ellas, sino por su hipnótico arranque en el interior de un autobús en marcha, la cámara de forma pausada, va buscando a alguien, vamos viendo a judokas iraníes y, de repente, la música surgida de unos auriculares, nos lleva a una de ellas, y ya el cuadro no buscará más, se detendrá en ella, y la seguirá incansablemente. La judoka en cuestión es Leila Hosseini de Irán, una heroína nacional, que viaja al campeonato del mundo de 2019 que se celebra en Tiflis (Georgia), donde tiene muchas expectativas en la competición en la que puede llevarse el oro, o quizás, su gobierno tiene otros planes y no desea, por nada del mundo, un enfrentamiento contra la representante de Israel. La película se mueve entre dos universos, o quizás, entre uno, el público y el otro, el que se oculta, el de los empleados del gobierno que llevan a cabo a pies juntillas sus órdenes, sea cuáles sean, que harán todo lo imposible para que Hosseini siga las instrucciones de arriba, sin rechistar. 

Si recuerdan la excelente película Snake Eyes (1998), de Brian de Palma, sus extraordinarias tensión y agobio en mitad de un combate de los pesados, donde la cámara se deslizaba entre el público y sus inquietantes personajes, pues mucho de ésta podemos encontrar en Tatami, dirigida por Guy Nattiv (Tel Aviv-Yafo, Israel, 1973), y Zar Amir (Teherán, Irán, 1981). De él conocíamos películas como Strangers (2007), Skin (2019) y Golda (2013), y de ella, su trabajo como actriz en películas tan importantes como Shririn (2008), de Abbas Kiarostami, y la reciente Holy Spider, de Ali Abbasi, que le valió el premio en el prestigioso Festival de Cannes. Con el regusto de grandes títulos del boxeo como Más dura será la caída, Nadie puede vencerme, Cuerpo y alma y Toro Salvaje, entre otras, con todo el juego sucio y oculto que hay en el deporte, y ese primoroso y magnífico blanco y negro, que firma el cinematógrafo Todd Martin, del que vimos La aspirante (2021), de Lauren Hadaway, otra sobre el deporte y sus obsesiones, y una cámara convertida en otra extremidad de la protagonista, que observa y que viaje por los pasillos y diferentes espacios de la competición.

Un estupendo guion que firma Elham Erfani y el propio codirector, en el que se inspiran en hechos reales para contarnos la encrucijada de dos mujeres, la citada Leila Hosseini, y su entrenadora Maryam Ghanbari, que se vieron presionadas por su gobierno que las obligaba a retirarse de la competición ya que no querían un enfrentamiento con la judoka israelí. Construyen una excelente tensión que involucran al espectador, llevándolo por su asfixiante dilema, convirtiendo el cuadrilátero y los aledaños del espacio, en un laberinto sin salida, llena de miedos y prisas, con continuas llamadas de ida y vuelta, enfrentamientos y sobre todo, mucha inquietud e incertidumbre entre lo que va a suceder. Papel importante el que juegan la formidable música de Dascha Davenhauer, que ha trabajado con Kornel Mundruczó, y en la citada Golda, que no sólo va más allá de las imágenes que nos propone la película, sino que les imprime un carácter y un agobio que no dan tregua, así como el gran trabajo de montaje de Yuval Orr, que consigue gran realismo y convicción a través del ritmo con una historia que se va a los 105 minutos sin descanso y en muchos tramos contada en tiempo real y cercanísimo con leves viajes al pasado para desvelar acontecimientos importantes para el desarrollo de la trama. 

Si la parte técnica brilla, la interpretativa no se queda atrás, porque tiene a una dupla inolvidable, una pareja que pasarán por todas las fases emocionales y en un período breve de tiempo, que también vive su propio combate, con unas espectaculares Arienne Handi Leila, actriz estadounidense conocida por la serie The L Word: Generation Q, en la piel de una convincente y brutal Leila Hosseini, que pasa por su montaña rusa particular por diferentes estados de ánimo, arrastrando su miedo, su fuerza y su lucha constante, en una interpretación llena de sobriedad e ira, junto a ella, o podríamos decir contra ella, tenemos a la codirectora Zar Amir, que se mete en el difícil dilema de la entrenadora, que se debate entre cumplir las órdenes del gobierno iraní, o apoyar a su discípula para seguir en la competición e intentar que gane el campeonato. Compleja la tesitura cuando tu vida y la de los tuyos corre serio peligro. La película recibió los aplausos de un Festival de Venecia tan importante y riguroso, y no nos extraña por su bella e inquietante imagen a través de un blanco y negro que deslumbra y amarga a partes iguales, y la historia tan brutal que cuenta, situando a sus personajes al borde del abismo, sin tiempo para pensar, en una encrucijada terrible. 

Tiene la película de Nattiv y Amir un añadido, como todas las buenas películas, que es su narrativa o lo que es lo mismo, cómo se cuenta, con esas dosis de cine negro, cine político (aquí abrimos un paréntesis, y citamos a Aristóteles: “.. El estado (Pólis) es algo natural y el hombre es por naturaleza un animal político (Zoon Politikón)”), cine social, y sobre todo, cine en mayúsculas, un cine que hable de lo que pasa y que lo haga con negrura y complejidad, centrándose en las emociones y sentimientos contradictorios de unos personajes que tengan múltiples capas y espejos, porque la vida nunca es tan sencilla, y además, la existencia humana siempre está llena de situaciones que nos sobrepasa, y sobre todo, nos hace situarnos en callejones sin salida, o quizás, no. No dejen escapar una película como Tatami, ya saben las urgencias mercantilistas de este planeta en el que vivimos, porque es una película excelente que, desgraciadamente, nunca pasará nada, porque el deporte de alta competición nunca será un deporte, sino una extensión de la guerra, de quién es el más fuerte, sino que le pregunten a Mussolini y Hitler, que usaron el deporte y lo popularizaron como arma de estado, no andaban equivocados, porque seguimos en esas y lo que nos queda. JOSÉ A. PÉREZ GUEVARA